No debemos torturarnos con nuestra manera de ser, con el peso de nuestros pecados: torturarnos, entristecernos, no aceptar nuestra limitación y nuestro propio cuerpo, es como ir en contra de la obra por excelencia del Padre, que nos modeló y pensaba en nosotros, incluso, antes de ser concebidos -según reza en la biblia- en el seno de nuestra madre (de ahí la relevancia que tiene para la iglesia el tema del aborto). Por otro lado, también, es ir contra la voluntad de su hijo Jesús, que aceptando la voluntad del Padre Eterno, se dio a sí mismo como único sacrificio agradable para redimirnos de nuestro pecados y así cargar Él, con el peso de nuestras culpas reconciliándonos con el Padre. Y seria, por último, ir en contra del Espíritu Santo, porque, nosotros, somos su templo y Dios no puede hospedarse en un templo abatido y triste,  que desea ocupar el lugar del mismo Dios  al no aceptarse como criatura, como vasija de barro quebradiza y pecadora. No es de extrañar que hayamos entendido mal, en muchos momentos de la historia del cristianismo, la obra redentora de Jesús. Tal vez porque se, sobre, abundó en el Dios Justiciero y se obvio el Dios misericordioso. Por tanto, deben ser estos motivos, expuestos anteriormente,  por los que, la misma Cuaresma y la Semana Santa, deberían ser tiempos de alegría, de canto y de gozo; ya que no  es por nuestros sacrificios, ni por nuestro dolor, por lo que somos salvos. Desde hace más de dos mil años, todos y cada uno de nuestros pecados, están asumidos en la sangre derramada del Cordero. No aceptar esto, sería ir en contra de la propia voluntad del Padre que eligió a su hijo, Jesucristo, como único sacrificio agradable, para la reconciliación, el amor y la Salvación Eterna. Por tanto, no estemos tristes, ha llegado la hora de hacer fiesta por todos los rincones de la tierra: toquemos palmas, cantemos exultantes, vitoreemos, bailemos, levantemos nuestras cabezas, alegremos nuestros corazones, vitoreemos a Jesucristo, en cuyo cuerpo reside, únicamente, nuestra posible y deseable Salvación. Si Dios, todo poderoso, puede perdonar nuestras miserias ¿Acaso vamos a ser, nosotros, menos indulgentes con nuestras debilidades? Levantemos, pues, el animo y enfrentemos  el nuevo día con la certeza de que, por medio de la gracia que nos otorga el Espíritu Santo, podemos ser hechos hombres nuevos; siempre y cuando, nosotros, le constituyamos en el único Dios de nuestra vida.

En Almendralejo a 06-07-2014                                                    Pedro Chaves Rico

Carta a los hebreos 10, 6-10:
6. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.
7. Entonces dije: ¡He aquí que vengo – pues de mí está escrito en el rollo del libro – a hacer, oh Dios, tu voluntad!
8. Dice primero: Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron – cosas todas ofrecidas conforme a la Ley –
9. entonces – añade -: He aquí que vengo a hacer tu voluntad. Suprime lo primero para establecer el segundo.
10. Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced al sacrificio hecho de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo.

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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