76974_176832385667386_153589284658363_675446_5246197_nLectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,36-41)

       El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: «Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.»
Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
Pedro les contestó: «Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos.»
Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: «Escapad de esta generación perversa.»
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

En esta lectura el aposto Pedro, nos está invitando a través del pueblo de Israel a la conversión, no importa el pecado donde estemos parados, para Jesucristo Resucitado eso es lo de menos, porque como él mismo dijo, no vino a por los sanos sino por los enfermos, aquellos que reconocen sus faltas. El apóstol había aprendido bien esta lección a través de sus mismos errores y del perdón recibido, después, por el Señor resucitado. Es por esto, que invita al mismo pueblo que había dado muerte a Jesús -también a ti y a mí- a que aceptemos nuestras culpas y reconozcamos que hemos dado muerte al Mesías, a Dios, al mismo tiempo que nos pide Pedro que nos bauticemos en el nombre de Jesús, bajo el cual ahora formamos una nueva familia de redimidos y salvos por el Don de Espíritu Santo.
Qué alegría hermanos, Jesús no mira para atrás, hacia nuestro pasado, sino que nos lleva en volandas, en las alas del Espíritu Santo, a conquistar para nosotros su misma divinidad, traspasada de dolor y amor en la tierra y de gloria en la vida eterna. ¡Aleluya! ¡Alegría! ¡Gloria a Dios en el cielo, por todos los hombres de buena voluntad!
Si hermanos escapemos, como nos pide el apóstol Pedro de esta generación perversa, hedonista, ególatra, suicida, y cobarde, porque de lo contrario pereceremos con ella, arrastrados por su misma miopía, huyamos de aquellos que nos piden que contemporicemos con el mundo, porque el mundo ya ha elegido a sus propios mesías.
¡Despierta hermano! Dios te pide por medio de Pedro, a que confieses tu fe y des un paso al frente aceptando ahora, como adulto, aquella entrada que dieron tus padres por ti cuando te bautizaron en el nombre de Cristo. No estamos en un club de personas que comparten unas ideas, sino de personas que se han decidido a vivir la misma vida de Cristo, porque para eso vino Jesús, a restablecer nuestra filiación divina con el Padre, no para que siguiésemos igual que antes de su venida, actuando como hijos separados.

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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