Repasando algunas de mis entradas

mentira

Ex 23, 7: Aléjate de la mentira. No harás morir al inocente ni al justo, porque yo no perdonaré al culpable.
Proverbios 12, 22: Los labios mentirosos son abominables para el Señor, pero los que practican la verdad gozan de su favor.
1 Juan 2:3-4; Si alguien dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandatos, ése es un mentiroso y la verdad no está en él. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.

Mentir es uno de los pecados más graves, a los ojos de Dios, como se nos dice en proverbios (de facto entra en uno de los mandamientos del decálogo dado por Dios a Moisés). Y debe ser así porque a diferencia de otros pecados, que se quedan en uno mismo -aunque todos afectan al cuerpo místico de Cristo- este pecado, en concreto, no solo afecta a la persona que miente al perder su credibilidad, sino que atenta también, directamente, contra la buena fe de la persona engañada y, por consiguiente, a la inocencia de esta. En ocasiones la persona mentirosa daña no solo a un individuo (que no es poco, ya que por mentir se ha llegado a acabar con el equilibrio emocional de muchas personas); sino que puede hacerlo con multitudes. Así sucede, cuanto el mentiroso es un político, un eclesiástico, un profesor, un policía, un pastor, etc., ya que con su imagen involucra a la institución o al grupo al que sirve y representa. De hecho, no pocas personas dejan de confiar en las instituciones cuando algunos de sus cargos más relevantes mienten reiteradamente, o sus soflamas no están en consonancia con su estilo de vida. Y no solo eso, sino lo que arrastra, parejo a su incoherencia, ya que la persona defraudada, si carece de fuertes convicciones (las cuales solo pueden sostenerse cuando tenemos un sentido trascendente de la vida), termina imitando la conducta del mentiroso y, por ende, afectando este individuo, del mismo modo, al conjunto de personas con las que interactúa en su cotidianidad, es decir, sembrando la desconfianza de todos contra todos. Esto se observa, especialmente, en los países desarrollados, si te has dado cuenta, en demasiadas ocasiones se puede advertir en las personas con las que te cruzas por la calle, el rostro tenso y la mirada rígida, cuasi desafiante. Hoy no solo se miente, sino que hemos llegado a una degradación moral tal, que se aplaude la mentira y al mentiroso con un eufemismo que tiene el nombre de posverdad. De este modo, ya no interesa para nada la moral que nos edifica como individuos y como sociedad, ni la realidad, ni la ciencia, ni la historia, ni la tradición, ni la ley, ni la comunión con Dios; si acaso nos interesamos por algo, es por el bienestar social ya que a unos les da votos y a otros buena imagen. De este modo hemos sustituido a Dios por la criatura; y al hedonismo y la economía por los valores que emanan de la Palabra de Dios y que son los únicos que en realidad pueden transformar a la persona y por extensión a la sociedad, sino te lo crees vuelve tu mirada hacia la vida de los Santos (personas de carne y hueso, como los demás, que transformaron su entorno y, en ocasiones, hasta el rumbo de la historia). La pérdida de la fe (si es que alguna vez se tuvo) y una doctrina lait, acomodaticia, de moral de situación, relativista, ha ido perpetuando un buenismo paternalista, de connivencia con los pecados sociales e individuales, que me ha planteado interrogantes y dudas, llegando a la conclusión de que este grado de corrupción e inmoralidad en el que vivimos, en parte, tiene mucho que ver con todas las instituciones que por varias décadas, tal vez, generaciones, han estado al cargo de la educación de niños, de jóvenes y, también, de mayores. Hagamos un mea culpa, empecemos de nuevo (con lo poco que nos queda) y démosle la importancia y el valor que tiene, en sí mismo lo sagrado, y en manos de quien lo ponemos; especialmente, a la Palabra de Dios y a una vida acorde con esta. Pero por otra parte ¿cómo le vamos a dar ese valor si no la conocemos, y cómo influenciará un cambio en mi vida y en la sociedad, si no la medito, y cómo la vamos a meditar, si no le dedico tiempo y me recojo en oración como Jesús y María, para dejarme sorprender en su lectura? Para terminar vuelvo de nuevo a la Palabra de Dios (Mateo 4,4) Jesús le respondió: —Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”

P. CH.

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quire decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Correo electrónico: karpenss@hotmail.com

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