Misericordia

Es bueno mantener el sentido del humor haciendo chistes en medio de estos días difíciles en el que está en riesgo nuestra salud y nuestra vida a causa del coronavirus, pero también es necesario, por otro lado, darse un baño de realidad, y hacernos conscientes de la dimensión real del problema. Para algunos esta situación se les habrá impuesto irremisiblemente, por la muerte cercana de algún fallecido, porque estuvieron luchando contra él en primera línea de batalla, como médicos y enfermeros, o por la angustia que sufrieron muchos cajeros y repositores de supermercados por el contacto próximo con el público. Otros que sufrirán este problema una vez que haya pasado serán aquellas personas que se queden sin trabajo, autónomos o empleados.

Sin embargo, para una buena parte de la población sólo les tocará de lejos a causa del encierro domiciliario, o menos, incluso, debido a que vivan en un chalet o en una casa de campo con posibilidad de esparcimiento y recreo.

Mi reflexión va dirigida especialmente a estos últimos, sería conveniente no olvidar esta lección que nos da la naturaleza y Dios, que a fin de cuentas está en el control de todo y tiene un proyecto de salvación para la humanidad y una visión que sobrepasa todo límite, los que tiene el conocimiento humano. Esta realidad que nos ha desbordado y que a muchos nos ha parecido como si estuviésemos viviendo una pesadilla o en medio de una película de ciencia ficción, no lo es (si no fuese por el hecho de que algunos ven tras este virus una conspiración urdida en un laboratorio a instancia de algún gobierno) y, por ello, antes de pasar página y dejar este periodo de nuestra historia encerrado en el baúl de los recuerdos, para contarlo como anécdota algún día a hijos o nietos, debería situarnos frente a lo que somos -nuestros limites- con tal de sacar alguna lección, especialmente que el ser humano no está en el control de todo como creía, que no podemos ser tan prepotentes, indiferentes a los sentimientos de los demás -porque como dice la palabra de Dios, no solo de pan vive el hombre- e individualistas, buena muestra de ello es que el circulo de nuestra propia identidad y relaciones humanas cada vez se está estrechando más, antes era la humanidad porque todos teníamos un mismo padre, a saber Dios; luego el Imperio, después la nación; más tarde la región o comunidad autónoma; finalmente nos quedaba la familia, pero esta también se destruyó primero a causa del hedonismo con el aborto y las separaciones (dejó de ser el núcleo protector natural de la persona desde su concepción) y, últimamente, en aras a una supremacía de sexos por el interés de los políticos a hacerse con el voto de la mitad de la población. Lo último que viene es secuestrar la inocencia de los niños para que sea el gobierno de turno y no los padres los que puedan ejercer autoridad sobre ellos. De este modo lo que ha quedado es un individuo aislado, atrincherado e insensible que es conducido, no por el amor y la confianza -como debería de ser- sino por el miedo. Miedo a ser denunciado por la mujer, miedo a ser asesinada por el hombre, miedo a ser denunciado por mis hijos, miedo a la libertad de expresión porque hay un poder político que impone a fuerza de leyes y comités de vigilancia (no sé con qué eufemismo lo nombran ahora para que parezca menos estalinista) para imponer su concepción ideológica del mundo y del ser humano al resto de la población. Esta es la sociedad que tenemos y de la que nos hemos dotados desde nuestra ignorancia (de ahí el intento de muchos políticos en anular la asignatura de filosofía) y perjuicios ideológicos de clases, azuzados por los políticos, que nos quieren inocular el odio, haciéndonos ver que hay buenos y malos según los bienes materiales que se tengan, y no por lo que cada uno sea o cultive desde su corazón (malos o buenos sentimientos).

Sí, sería bueno que no olvidásemos este virus cvd 19, que nos está confrontado con la realidad de nuestros límites humanos (para otros, en cambio, con su lado más humano y solidario) con el límite de nuestra ignorancia para combatir un minúsculo microorganismo acelular, al igual que pasa con el cáncer y otras muchas enfermedades; con el límite, igualmente, de movernos por intereses egoístas y partidistas procrastinando tareas en las que está en juego la vida de personas; ni que decir tiene, del límite de nuestros propios miedos personales acaparando comida y mascarillas en detrimento de otros que lo necesitaban con más urgencia.

Sin embargo, como contrapartida, este parón en la actividad diaria, puede servir como revulsivo -mientras dure- para conocer mejor a los hijos, a la pareja; también para hacernos más pacientes y tolerantes en una convivencia, casi impuesta, de la que no puedo huir; así mismo para emprender nuevos retos y activar algunas de nuestras áreas creativas, o para cultivarme en una lectura sana. Y no digamos para apreciar y agradecer más los regalos que cada día nos da Dios con las bondades de la naturaleza o la convivencia al aire libre con familiares y amigos.

No obstante, este no es el peor virus de todos, ya señalé alguno anteriormente, el del individualismo y la indiferencia hacia los demás (tantas tareas nos hemos impuesto que olvidamos la principal, preocuparnos e interactuar con los otros, tal vez por no oír a nuestra conciencia: es mejor andar con prisas que pensar o entregar el corazón), pero entre otros virus mortales que acaban al año con miles o millones de personas están el del materialismo, nos olvidamos de los que pasan hambre e injusticias y se los queremos endosar al estado, como si nosotros, como individuos, no tuviésemos la necesidad de cuidar por fe, del hermano, o por solidaridad, de la especie (nos vendemos por cinco euros más de paga al mes, como Esaú lo hizo, por un plato de lentejas, y, de este modo, hemos reducido todos los valores a uno solo, al Dios dinero). No digamos ya del virus del hedonismo o la comodidad: por él se desatiende a los hijos y se rompen miles de familias al cabo del año; la consigna es debo ser feliz a toda costa (felicidad mal entendida porque esta sólo la puede dar la paz interior y el equilibrio emocional) en detrimento de la responsabilidad familiar y de luchar y trabajar por salvarla hasta dar la vida por ella, como Jesús si fuese necesario. Tenemos el virus de las pasiones que rompe igualmente a miles de familias por el apego a los juegos de azar, a las drogas; o a la esclavitud que trae consigo la adicción al sexo y la pornografía. Tenemos en definitiva el virus del ombliguismo que es el culto a nuestra propia imagen, esta idolatría nos ha separado de Dios, que es el único que nos da la verdadera dimensión y conocimiento de nosotros mismos. Esa falsa idolatría nos ha hecho creer que somos buenos, cuando Jesús nos pone en claro que uno solamente es bueno; a saber, nuestro Padre que está en el cielo; es más, nos añade, que si no estamos unidos a Él, que es el único camino, la única verdad y la única fuente de vida, no podremos poseer los bienes celestiales, al Padre mismo. Así es, sin Jesús, perdemos el horizonte del verdadero camino, del verdadero conocimiento, y de la verdadera fuente de gozo, la que nos trae el Espíritu Santo.

No hay mal que por bien no venga y tal vez este virus nos haga salir de nuestra ceguera espiritual y nos retorne al verdadero camino, al camino que nos arrebató el pensamiento modernista haciéndonos creer, con sus luces de bohemia, que el hombre, sin contar con Dios, era capaz de todo.

Cita bíblica Mateo (11, 25-29): En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Os dejo un enlace para que os descarguéis la novela a la divina misericordia. La Divina Misericordia es una devoción que se instauró en la Iglesia a raíz de unas apariciones que tuvo de Jesucristo una hermana, Sor Faustina koswalka, a la cual el mismo Jesús, le pidió que encargarse a un pintor, un cuadro con la misma apariencia con que Él se le había hecho presente. Os dejo un enlace para descargar la novena al móvil u ordenador, o por si la queréis imprimir, y otro para saber más sobre esta devoción. Pidamos al Señor que nos defienda del coronavirus y nos guarde para la vida eterna llevándonos a la conversión:

http://webcatolicodejavier.org/divinamisericordia.html

https://drive.google.com/open?id=1-F97zswaGX8I-MAExcu6NOT-zofUGChe

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quire decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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  1. Acabo de leer tu entrada. Suscribo todo lo que escribes. DIOS tiene una paciencia infinita. ¡¡¡Lo que ha tardado este baño de realidad que tanto necesitamos!!! La humildad, tanto como lo VERDAD están proscritas y eso lo único que provoca es destrucción. Y todo lo que no sea VERDAD, está transido del mal. Te agradezco mucho que haya escrito esta entrada, me parece magistral. Una vez más, muchas gracias por todo. DIOS te bendiga.

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