Solo una cosa merecen tus lagrimas

Jueves de la 33a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 19,41-44.
Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».

Comentario: San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars

Sermón para el 9º domingo después de Pentecostés
“Jesús lloró por la ciudad” (Lc 19,41)
Nuestra alma está destinada a pasar su eternidad en el seno de Dios. Mis hermanos, digamos todo en unas palabras: nuestra alma es tan grande, tan preciosa, que sólo Dios la supera. (…) Según esto, mis hermanos, piensen si tenemos que asombrarnos cuando Dios llora amargamente la pérdida de un alma. Además, los dejo reflexionar sobre el cuidado que tenemos que tener para conservar todas las bellezas del alma. (…) Tres cosas son capaces de hacernos llorar. Sólo una es capaz de meritar nuestras lágrimas: cuando lloramos nuestros pecados o los de nuestros hermanos. (…) Es decir, llorar la muerte espiritual del alma, el alejamiento de Dios, el perder el cielo. “¡Oh preciosas lágrimas, raras y escasas son!” ¿Por qué esto, mis hermanos? ¿No es porque ustedes no se dan cuenta de la enormidad de su desdicha, en el tiempo y la eternidad? (…) ¡Lástima! Mis hermanos, es el temor de esta pérdida que ha despoblado el mundo, para llenar de cristianos los desiertos y los monasterios. Ellos comprendían mejor que nosotros que si perdemos nuestra alma, todo está perdido. Ella debe tener un alto precio, para que al mismo Dios le importe tanto. Sí, mis hermanos, ¡los santos han sufrido mucho para poder guardar su alma para el cielo!

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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