Jesús es el médico, porque sólo en él reside la verdad, el amor y la vida.

¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o ‘Levántate y camina’?

Hay una enfermedad que es más grande que cualquier otra, y es la enfermedad del alma. Dice la Palabra de Dios que el pecado es muerte para la vida del hombre y así es. El pecado insensibiliza al hombre, lo hace egoísta y encerrarse en sí mismo, sin importarle lo que pase a su prójimo (aborto, eutanasia, divorcio, hedonismo, etc) lo saca de su propia realidad natural hasta llegar a negar la misma como pasa con la ideología de género. De esta manera, lo enajena mentalmente sublimado sus sentimientos por encima de la razón, la ciencia, el sentido común, la ley natural, y no digamos ya de la ley de Dios. El pecado debilita al hombre haciendolo reo de sus instintos siempre insatisfechos, cuando no de su orgullo y vanidad intentando, como en las guerras, reducir al que tiene otra visión a la nada y al polvo, antes que llegar a un acuerdo (la vida de las personas no cuentan, solo los delirios de grandeza de los que están en el poder y la esclavitud de sus gobernados). El pecado mata la convivencia, porque ve al otro como un objeto antes que como una persona libre, un compañero o compañera que debe saber siempre que pasa por mi mente y como satisfacer todos mis vacíos y deseos insatisfechos. El pecado lleva, igualmente, a que enferme el cuerpo en muchos casos, porque alma y cuerpo forman una unidad sustancial e indivisible que se afectan mutuamente.
Por eso hoy si nos presentásemos ante Jesús para que curase todas nuestras enfermedades, tal vez lo primero que diría éste, al igual que le dijo al paralítico (esclavo de su incapacidad física, pero más de su pecado): «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados». Así pues pidamos antes que la salud física, la salud del alma, una voluntad libre, sin ataduras, un corazón inflamado de amor, capaz de acercarse a la realidad tal y como es, no como me la presenta el mundo que ha renunciado no sólo a Dios, sino a la verdad. A demás de pedirle igualmente a Jesús discernimiento para no caer en las trampas del díablo que son tan sutiles que casi parten de la mismo punto; del punto que conduce a Dios, pero el suyo (el del enemigo del alma) en sentido inverso. Dos líneas en sentido diametralmente opuestos, que mientras una conduce a la vida, la segundo a la muerte y sin que está última sea percibida como tal.

Oración: Señor hoy te pido una sanación integra de mi alma, ayúdame a ver mi ceguera espiritual: a sanar las heridas de mi alma; ayúdame a perdonar de corazón; a dar la vida y a dar vida antes que a pedir cuentas; dame un arrepentimiento sincero de todos mis pecados y haz que caiga a mis pies, por mucho que me duela, toda la oscuridad que hay en mi interior.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-30

Recomiendo ver también el comentario al Evangelio que viene hoy de San Cirilo de Alejandría por medio del enlace

Sobrevino una gran calma…

Evangelio según San Mateo 8,23-27.

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!».
El les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Comentario San Agustín (354-430) obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia.

“Sobrevino una gran calma.”

El sueño de Cristo es la manifestación de un misterio. Los tripulantes de la barca representan las alma que atraviesan la vida de este mundo sobre el leño de la cruz. Además, la barca es el símbolo de la Iglesia. Sí, realmente,… el corazón de cada fiel es una barca que navega sobre el mar; no puede naufragar si el espíritu se ocupa en buenos pensamientos.

Alguien te ha injuriado: es el viento que sopla a latigazos. Has montado en cólera: es la corriente que te arrastra. Surge la tentación: sopla el viento. Tu alma se turba: las olas se encrespan. ¡Despierta a Cristo, deja que hable él! “¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?” (Mt 8,27) ¡Imita el viento y el mar: obedece al creador! El mar escucha la orden de Cristo y tú ¿te vas a quedar sordo? El mar obedece, el viento se aplaca ¿vas tú a continuar soplando? ¿Qué queremos decir con esto? Hablar, agitarse, meditar la venganza ¿no es continuar soplando y rehusar apaciguarse por las palabras de Cristo? Cuando vuestro corazón está turbado ¡no os dejéis engullir por las olas! Si, con todo, el viento nos puede, -porque no somos más que hombres- ,si se excitan las pasiones malas del corazón, ¡no desesperemos! ¡Despertemos a Cristo, para poder continuar nuestro viaje sobre un mar apaciguado y así llegar a nuestra verdadera patria.

Te deseo un feliz Martes en la confianza de ser un hijo muy amado de Dios en toda circunstancia, también en la adversidad.

«Maestro, te seguiré adonde vayas».

Evangelio según San Mateo 8,18-22.

Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.
Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».
Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre».
Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos«.

Hoy San Alfonso María de Ligorio (1696-1787)
obispo y doctor de la Iglesia nos hace un interesante comentario sobre este Evangelio y por eso he preferido abstenerme de hacer yo cualquier otra reflexión u observación al mismo.

«El Hijo del hombre no tiene donde reposar su cabeza»
Dios es Él mismo su riqueza, porque Él es el bien infinito… Este Dios siendo rico se hizo pobre haciéndose hombre, con el fin de enriquecernos a nosotros, miserables pecadores. Esto es lo que dice expresamente el apóstol Pablo: «Jesús se hizo pobre, siendo rico, con el fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8,9) ¿Cómo? ¡Un Dios… llega al extremo de hacerse pobre! ¿Con qué intención? Difícil de comprender.

Los bienes de la tierra no pueden ser más que tierra y fango; pero este fango ciega totalmente a los hombres para que no vean los bienes verdaderos. Antes de la venida de Jesucristo, el mundo estaba totalmente en tinieblas, porque estaban llenos de pecados: «Toda carne ha pervertido su conducta» (Gn 6,12). Es decir: todos los hombres habían oscurecido en ellos la Ley natural grabada en su interior por Dios; vivían como bestias, únicamente preocupados en buscar placeres y bienes de aquí abajo, ignorando totalmente la existencia de bienes eternales. Es por efecto de la divina misericordia que el Hijo de Dios vino Él mismo a disipar estas profundas tinieblas: «Sobre aquellos que habitaban en tinieblas y sombras de muerte, la luz ha resplandecido»(Is 9,1).

Más este divino Maestro, ha tenido que instruirnos, no solo por la palabra, sino mucho más y sobre todo, por los ejemplos de su vida. «La pobreza, dijo San Bernardo, es ausencia de cielo; sólo se puede encontrar en la tierra. Maldito el hombre que no conocía el premio, y, por lo tanto, no lo había buscado. Para volverse precioso a nuestros ojos y digno de todos nuestros deseos, ¿qué hizo el Hijo de Dios? Descendió del cielo a la tierra y la ha escogido por compañera para toda su vida.»

¡Dichosa tú que has creído…!

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 41-51
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que le dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Comentario: hoy la Iglesia celebra el inmaculado Corazón de María, corazón que no conoció la corrupción porque fue preservada del pecado original, para que a su vez pudiese contener al hombre Dios sin mancha que debería llevar en su seno. De este modo el corazón de María estaba predestinado para llevar a Jesús pero ante esta gracia Divina ella responde, igualmente agradecida, con un sí, porque su voluntad y su libertad como criatura humana no habían sido anuladas. Y responde con un Sí, porque antes había enterrado todos sus apegos, y todos sus miedos a la voluntad de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano y ante la cual, como hacia ella, solo había que responder con un hágase tu voluntad y con silencio, porque su vida, no era suya sino que le pertenecía al Dios por el cual todo había sido creado y todo, a su vez, subsistía. María es la esclava del Señor, la sin derechos, por convicción y voluntad propia, modelo de la humanidad, para que Dios pueda obrar sus designios de redención en la historia. María por ese desapego de si misma, en favor a Dios, no se altera ante los engaños y apariencias de la vida, es la Nueva Eva, que por su obediencia al igual que su hijo retoma el camino de la verdadera Vida -de la salvación- que anteriormente se había perdido por esta otra mujer, la cual hizo un mal uso del amor que Dios había depositado en ella y de su misma libertad. María es madre de la esperanza porque nunca desespera, y madre del silencio, porque en el silencio es dónde Dios habla. María es Inmaculada porque su única posesión era Dios obrando con plena libertad en ella: Y, por tanto, donde Dios habita, no puede cohabitar la corrupción, ni el pecado.
¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá!
Dichosa fue, de tal modo que a pesar del dolor, nisiquiera pudo derribarla la muerte cruenta de su hijo, porque su confianza en Dios seguía inalterable, más allá de toda sinrazón. María poco después de ser atravesada por esa espada de dolor, vio cumplidas todas las promesas viendo a su hijo Jesús glorioso y resucitado. La historia no ha terminado y nosotros veremos también, el triunfo definitivo no solo de su hijo, sino de ella misma, bien en esta vida, o bien después de la muerte, por muchas sinrazones que ahora no podamos entender y que igualmente nos atraviesen el alma.

Te carga sobre sus hombros con amor de hijo predilecto.

Sagrado Corazón de Jesús, Solemnidad y día de S. Juan.

Evangelio según San Lucas 15,3-7. 

  Jesús les dijo entonces esta parábola:
“Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido».
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».

Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148)
monje benedictino y  cisterciense

Oraciones para meditar, 8,6; SC 324.          


Con alegría la toma sobre sus hombros.

   Por mis manos, Señor, que hicieron lo que no debían, tus manos han sido traspasadas por clavos, y tus pies por mis pies. Para sanar mi ceguera, tus ojos se durmieron en la muerte, y tus oídos por mis oídos. La lanza del soldado abrió tu costado, para que, por tu herida, fluyan todas las impurezas de mi corazón tanto tiempo encendido y roído por la enfermedad. Para terminar, moriste para que yo viva; fuiste sepultado con el fin de que yo resucite. Tal es el beso de tu dulzura, dado a tu Esposa; este es el abrazo de tu amor… Este beso, el ladrón lo recibió sobre la cruz después de su confesión; Pedro lo recibió cuando su Señor le miró mientras que le negaba, y salió para llorar. Muchos de los que te crucificaron, se convirtieron a ti después de tu Pasión, e hicieron alianza contigo en este beso…; cuando abrazaste a los publicanos y pecadores, te hiciste su amigo y su convidado…

    Señor, ¿a dónde llevas a aquellos que tú abrazas y estrechas entre tus brazos sino hasta tu corazón? Tu corazón, Jesús, es aquel dulce maná de tu divinidad, que guardas en tu interior en el vaso de oro de tu alma que sobrepasa todo conocimiento. (cf Hb 9,4) Felices aquellos que son llevados hasta allí por tu abrazo. Felices aquellos que, sumergidos en estas profundidades, han sido escondidos por ti en el secreto de tu corazón, aquellos que tú llevas sobre tus hombros, al amparo de las turbaciones de esta vida. (Sal 30,21) Felices aquellos cuya única esperanza es la dulzura y la protección bajo tus alas. (Lc 13,35; Sal 90,4)

    La fuerza de tus hombros protege a aquellos que tú escondes en tu corazón. Ahí pueden descansar tranquilamente. Una dulce expectación los alegra en el aprisco amurallado (Sal 67,14) de una conciencia pura y de la espera de recompensa que tú has prometido. Su debilidad no los inquieta, ni cosa alguna los turba.

¡Construyo sobre la Roca o sobre mi nada!

Comentario al Evangelio del día según San Mateo 7,21-29

Los dones que Dios otorga son irrevocables, pero estos no son los que salvan al hombre porque ellos provienen de Dios y no de nuestro esfuerzo personal, como tampoco una iglesia llena, enlazando con el evangelio de ayer, tiene que ver -siempre- con los frutos que el espíritu Santo deja en nosotros (bandera que esgrimen algunos, tanto desde sectores conservadores como liberales, para decir que les asiste la razón) también las sectas tienen el poder de atraer a multitud de personas, así como ha pasado con grades líderes políticos que, a la postre, resultaron ser genocidas. De esta manera vemos que la única manera de agradar a Dios es haciendo su voluntad. Tenemos un ejemplo muy claro en el libro de Job, allí vemos como el personaje que nos presenta este libro, a la vista de todos los paisanos que le rodeaban podía estar cargado de frutos por su cercanía a Dios y su bondad; de tal manera que todo le iba bien, la familia, la economía, las amistades, la servidumbre, etc. Sien embargo, el diablo que es un ser puramente intelectual, que no se fía de las apariencias, pide a Dios tentar a Job, para ver si realmente está edificado sobre roca (sobre su voluntad), o se desmoronaría cuando todo lo que había recibido de Dios le fuese arrebatado. Como podemos ver en ese mismo libro del antiguo testamento, el Diablo “salió con el rabo entre las patas» (nunca mejor dicho), perdió su apuesta ante Dios, después de comprobar que Job estaba edificado sobre cimiento firme.

Así, pues, Job guardaba una relación íntima con Dios, le conocía, sabía que Dios es Dios, que no pierde su esencia y su ser en razón de que a él le fuera bien o mal, y aunque no entendía lo que le estaba pasando y pedía razones a Dios, Job permaneció firme, aceptando la voluntad del Señor. Job por esa cercanía con Dios sabía bien *la nada* que era ante el Todopoderoso, y por eso dice en (Job 1, 21-22): «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!».
En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

Jesús hoy nos invita, por tanto, a edificar sobre Roca, y edificar sobré Roca significa, como él mismo explica a renglón seguido, poner en práctica sus enseñanzas (su Palabra), de tal modo que vemos -muy al contrario de lo que dicen algunos- que la sola fe no basta.
Construyamos pués sobré la Roca, la Roca de Jesucristo, para que realmente demos los frutos que el Espíritu Santo nos deja cuando así edificamos; a saber, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-23

Por sus frutos los reconocerán

«Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas».

Esta es la recomendación que Jesús nos hace en el Evangelio de hoy, y para ver que es un falso profeta solo hay que ir al antiguo testamento, a la misma palabra de Dios. El profeta era aquella persona capaz de exponer su vida y prestigio personal por hacer llegar al rey y al pueblo la palabra que Dios le había mandado comunicar, él era una simple herramienta en manos de Dios, los falsos profetas en cambio no hacían de transmisores de la palabra de Dios, sino que se servían de su inteligencia y de su capacidad argumentativa, o de lo que ya habían dicho otros profetas en la antigüedad para otros intereses terrenales que no eran los de Dios. El profeta era una persona coherente, vivía conforme a los mandamientos de Dios, sin tergiversar sus palabras. Por otro lado, la obediencia a Dios estaba por delante de cualquier otra persona o cosa que se opusiera a la misma, incluso la del Rey. El profeta hablaba con palabras contundentes sin dudar, con la convicción que sabía que no eran suyas, sin añadir ni quitar, aunque, esas mismas palabras no fuesen agradables a oídos del pueblo y sacudiesen su conciencia; el falso profeta, por el contrario, creaba falsas expectativas, pregonaba un porvenir halagüeño, el mismo que él no podía asegurar, para ganarse el favor de la gente sin importarle, en realidad, la corrupción en la que había caído el pueblo. El verdadero profeta era una persona de oración que además de llevar la palabra de Dios, intercedia ante Él por su pueblo, para que el castigo que se les avecinaba fuese suavizado por Dios; los falsos profetas, en cambio, no les importaba el que el pueblo se hubiera alejado de Dios, sino salvar su posición de privilegio, a demás de carecer de discernimiento, por su misma perversión personal y lejanía de Dios para anticipar lo que se les venía encima. El verdadero profeta denunciaba el sincretismo religioso del pueblo y del rey; el haber aceptado la idolatría y otras costumbres, entre ellas, las prácticas esotéricas y animistas de los pueblos que convivían con ellos y de otros cercanos. Al falso profeta, sin embargo, no le preocupaba está contaminación de la que Dios advertía continuamente para que no entrasen en el terreno del del Enemigo, el terreno de la oscuridad, de confusión, del desorden, la perversión y la falsas prácticas que separan del único Dios de la Vida. El verdadero profeta era escuchado por Dios, el cual respondía a su súplicas y era protegido en momentos difíciles por la omnipotencia divina; el falso profeta, en cambio, al final quedaba en evidencia delante del rey y del pueblo, porque no contaba con el favor de Dios.
Bueno, estas son algunas pistas que encontramos en la Biblia y que nos sirven hoy, igualmente, para discernir si realmente estamos ante un profeta, un hombre de Dios, o ante un títere en manos de su propios deseos o delirios personales, avesces incluso bajo la misma influencia del Diablo llevado de su vanidad, soberbia, orgullo o, incluso miedos.

«Himno matutino»
Manual de Oracion, libro Encuentro.

«Creador sempiterno de las cosas
que diriges el curso de los tiempos,
Tú restauras la fuerza de la tierra
alternando los días y las noches.
Ya pregona la aurora vigilante
la llegada feliz del nuevo día,
presurosos salgamos a su encuentro, emprendamos alegres la mañana.
Pon tus ojos, Jesús, sobre nosotros, no nos cubra la noche del pecado, a tu luz las tinieblas se iluminan, las maldades en llanto se desatan.
Enardece, Señor, los corazones,
multiplica el anhelo de las almas,
suba a Ti como ofrenda mañanera
la oración y los cantos de tus siervos.
Bendición, alabanza y poderío
a Dios Padre y al Hijo, luz del mundo, en unión del Espíritu divino desde siempre,
por siempre y para siempre. Amén

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-22

Amplia es la puerta que lleva a la perdición.

«Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.»

Estas palabras del Evangelio de hoy, son un toque personal para el examen de conciencia. Hoy deberíamos preguntarnos qué puerta he elegido, si no me diferenció de la mayoría de la gente, si acepto la cultura de la muerte (o la mayoría de sus propuestas), de igual modo que la cultura que atenta contra la propia naturaleza humana que nos impone normalizar lo anormal alejando al hombre de su propia y genuina identidad imagen y semejanza de Dios, si acomodo el evangelio a los tiempos que vivimos (mis palabras dice Jesús, no pasaran), si primo los intereses económicos y políticos, por encima de la ética y la moral, etc., es que estoy entrando por la puerta ancha, la puerta que lleva a la perdición, donde mi fe va por un lado y mi vida por otro, algo de lo que Jesús también nos ponía en guardia hace unos días diciendo que «no podéis servir a dos señores». No es fácil en ocasiones salirse del bucle donde nos hemos metido o al que otros nos han arrastrado, pero no podemos de dejar de vivir la fe por miedo a morir, la muerte va allegar de todos modos y, en cualquier caso no hay peor muerte que la que lleva al alma al territorio de la oscuridad y la decadencia, podremos disfrutar de esta vida todo lo que queramos y sin límites, pero a la vuelta de la esquina nos encontraremos con nosotros mismos, porque el vacío que llevamos de amor, de sentido y eternidad solo lo puede llenar Dios. Los mártires cristianos no buscaban la muerte física pero tampoco la temían porque no vivían ya para si mismos sino para Aquel que completaba el sentido de su existencia y de todo lo creado. Aquel que los coronaria con la gloria de su plenitud. Gloria que ninguna otra criatura posee por si mismo.
Parece contradictorio, muchos de los que viven para no morir al final terminan suicidándose, y los que mueren cada día a si mismo para hacer la voluntad de Dios se encuentran con la vida, misma vida del Resucitado, paz y gozo.

Resultado de lo que decimos: la primera causa de muerte no natural en España es el suicidio, también entre los jóvenes y seguirá en aumento, porque la sociedad y los políticos no quieren ver que el problema es de orden moral, no estructural como ellos pretenden hacernos creer para persistir en su error, en la cultura de la muerte y el asesinato del hijo Dios.

Oración: GENEROSIDAD

Señor, enséñame a ser generoso,
a dar sin calcular,
a devolver bien por mal,
a servir sin esperar recompensa,
a acercarme al que menos me agrada,
a hacer el bien al que nada puede retribuirme,
a amar siempre gratuitamente,
a trabajar sin preocuparme del reposo.
Y, al no tener otra cosa que dar, a donarme en todo y cada vez más a aquel que necesita de mí esperando sólo de Ti la recompensa.
O mejor: esperando que Tú Mismo seas mi recompensa. Amén.
P. Ignacio Larranaga.
https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-21

Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo…

Evangelio según San Mateo 7,1-5.

Jesús dijo a sus discípulos:
No juzguen, para no ser juzgados.
Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.
¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Deja que te saque la paja de tu ojo’, si hay una viga en el tuyo?
Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Comentario: Jesús con el Evangelio de hoy nos está invitando a la autocrítica y a la misericordia. En muchas ocasiones nos volvemos demasiado intransigentes e inflexibles con los demás, olvidando nuestro pasado e incluso nuestro presente con nuestros defectos congénitos. De esta manera, pedimos a los demás -de un día para otro- lo que a nosotros mismos nos ha costado soltar, por un lado, y aprender, por otro, durante años o meses en el mejor de los casos. No todo el mundo, tiene la madurez y la entereza para ver y afrontar ciertas realidades de si mismo, necesita ir asimilándolas poco a poco, porque de ello depende incluso su estabilidad psíquica y física, a nadie le gusta asomarse a lo que ocultan sus tinieblas (solo Dios puede restablecer nuestro pasado y la trampa en la que caímos) así que seamos pacientes y misericordiosos con el hermano, como Dios lo ha sido y lo sigue siendo con nosotros. Por ello aprendamos un día más del Maestro: de la misma manera que Él cargó con nuestros pecados en la cruz, así hemos de hacer nosotros con los defectos de los demás. Pensemos que ellos mismos son los primeros a los que les gustaría tener otro carácter para ser amados y respetados por todos.
Así, pués, pongámonos en el lugar del otro, sabiendo que ninguno hemos elegido la familia donde nacer, el barrio, la vecindad, la nación e incluso los amigos de la infancia que en cierta manera moldearon lo que ahora somos, junto con las decisiones erróneas que yo mismo tomé, por otro lado. Realidades todas ellas de las que sólo podremos distanciarnos (las que nos tengan atados) con la ayuda de Dios, sin victimismos y asumiendo también nuestra responsabilidad, porque en nuestra manos está cambiar el rumbo de la historia, especialmente la de la nuestra. Por lo dicho, quitémonos pues, la viga del ojo, como nos recomienda Jesús, para poder quitar después la del hermano; ya que no hay nada más eficaz que predicar con el ejemplo. El señalar continuamente los defectos de los otros no va a quitar el tuyo o hacer que éste no se vea, al contrario, hará que la gente pierda su confianza en ti y se reserven en tu presencia.

Oración: La Gracia de la Humildad (P. Ignacio Larrañaga)

Señor Jesús, manso y humilde.

Desde el polvo me sube y me domina esta
sed insaciable de estima, esta apremiante
necesidad de que todos me quieran. Mi
corazón está amasado de delirios imposibles.

Necesito redención.
Misericordia, Dios mío.
No acierto a perdonar,
el rencor me quema,
las críticas me lastiman,
los fracasos me hunden,
las rivalidades me asustan.

Mi corazón es soberbio. Dame la gracia de la
humildad, mi Señor, manso y humilde de corazón.

No sé de dónde me vienen estos locos deseos de
imponer mi voluntad, eliminar al rival, dar curso
a la venganza. Hago lo que no quiero.
ten piedad, Señor, y dame la gracia de la humildad.

gruesas cadenas amarran mi corazón: este corazón
echa raíces, sujeta y apropia cuanto soy y hago,
y cuanto me rodea. Y de esas apropiaciones me
nace tanto susto y tanto miedo, ¡infeliz de mí,
propietario de mí mismo! ¿ Quién romperá mis
cadenas? ¡Tú gracia, mi señor, pobre y humilde.
¡ Dame la gracia de la humildad…!
La gracia de perdonar de corazón.
La gracia de aceptar la crítica y la contradicción,
ó al menos de dudar de mí mismo cuando me corrijan.
Dame la gracia de hacer tranquilamente la autocrítica.

La gracia de mantenerme sereno en los desprecios,
olvidos e indiferencias; de sentirme verdaderamente
feliz en el silencio y el anonimato; de no fomentar
autosatisfacción de los sentimientos, palabras y
hechos.

Abre, Señor, espacios libres dentro de mí para que
los puedas ocupar Tú y mis hermanos.

en fin, mi Señor Jesucristo; dame la gracia de ir
adquiriendo paulatinamente un corazón desprendido
y vacío como el tuyo; un corazón manso, paciente y
benigno. Cristo Jesús, manso y humilde de corazón,
haz mi corazón semejante al tuyo.

Centro de Gravedad.

«Nadie puede servir a dos señores».
Esta frase contiene todo el Evangelio de hoy, y con ella Jesús nos está pidiendo determinación, que nos definamos porque no hay camino intermedio, éste solo es un autoengaño con el cual apaciguamos nuestra conciencia, pero un engaño que, a fin de cuentas, no nos salva, que es de lo que se trata. Y sino miremos que le pasó a Judas, podemos engañar a los hombres, pero no a Dios: Jesús conocía, de antemano, el doble corazón de Judas antes de que este lo traicionara: que confiaba más en su propio a fan y en las riquezas que en Dios. Precisamente también hoy Jesús nos habla de afán -de las preocupaciones de la vida- y nos dice algo que ya sabemos todos, pero que pocos interiorizamos y llevamos a la vida por falta de fe. De este modo Jesús hoy nos dice que «a cada día le corresponde su afán», un afán en el que Dios está de nuestro lado como lo está con los pájarillos del cielo o las flores del campo que viven despreocupados por el mañana, sin que por ello les falte el vestido o la comida. Toda una lección para hombres y mujeres que como sabemos, somos infinitamente más valiosos para Dios que estás criaturas sin libertad, amor e inteligencia.
Para concluir insistir en algo que ya ha salido en otros comentarios, y es que no podemos seguir a Dios a nuestra manera, según nuestra conveniencia, como tampoco hacer de él un Dios a nuestra imagen, porque Dios no tiene límites ni fronteras, mientras que nosotros sí los tenemos. Por tanto, volvemos a insistir en la palabra de Dios, no podemos servir a Dios y servirnos a nosotros mismos, porque Dios marca el camino y el camino tiene nombre propio que es Jesús hecho carne en nosotros, y es único. En cualquier caso Dios es paciente y estará siempre con las manos abiertas esperando nuestra decantación final, esperemos que sea antes de que la noche se nos eche encima. Esa noche en la que se paran todos los relojes.

Oración: Centro de Gravedad. P. Ignacio Larranaga

Para cantarte, mi Señor Jesús, ¡cómo me gustaría tener ojos de águila, corazón de niño y una lengua bruñida por el silencio!

Toca mi corazón, Señor Jesucristo; tócalo y verás cómo despiertan los sueños enterrados en las raíces humanas desde el principio del mundo.Todas nuestras voces se agolpan a tus puertas. Todas nuestras olas mueren en tus playas. Todos nuestros vientos duermen en tus horizontes.

Los deseos más recónditos, sin saberlo, te reclaman y te invocan. Los anhelos más profundos te buscan impacientemente. Eres noche estrellada, música de diamantes, vértice del universo, fuego de pedernal. Allí donde pesas tu planta llagada, allí el planeta arde en sangre y oro.

Caminas sobre las corrientes sonoras y por las cumbres nevadas. Suspiras en los bosques seculares. Sonríes en el mirto y la retama. Respiras en las algas, hongos y líquenes. Por toda la amplitud del universo mineral y vegetal te siento nacer, crecer, vivir, reír, hablar.

Eres el pulso del mundo, mi Señor Jesucristo. Eres Aquel que siempre está viniendo, desde las lejanas galaxias, desde el centro ígneo de la tierra, y desde el fondo del tiempo; vienes desde siempre, desde hace millones de Años Luz.

En tu frente resplandece el destino del mundo y en tu corazón se concentra el fuego de los siglos. Deslumbrado mi corazón ante tanta maravilla, me inclino para decirte: Tú serás el rey de mis territorios.

Para Ti será el fuego de mi sangre. Tú serás mi camino y mi luz, la causa de mi alegría, la razón de mi existir y el sentido de mi vida, mi brújula y mi horizonte, mi ideal, mi plenitud y mi consumación. Fuera de Ti no hay nada para mí.

Para Tí será mi última canción. ¡Gloria y honor por siempre a Ti, Rey de los Siglos!

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-18

Entre la vida y la muerte no hay vía intermedia

Evangelio según San Mateo 6,19-23.

Jesús dijo a sus discípulos:
No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban.
Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.
Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado.
Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

Comentario: está claro que la riqueza no da la felicidad y que la ambición desmedida y el deseo por lo ajeno, nos cierran la puerta al cielo. La felicidad solo nos puede venir de parte de Dios, que es el que nos da la sabiduría y la paz para caminar desapegados de lo material, e incluso atravesar la enfermedad sin que está nos abata.
La riqueza nos esclaviza, y nos roba la paz: nos exclaviza porque hay que estar pendiente todo el tiempo por velar y de defender lo adquirido y, por otro lado, nos roba la paz porque entramos en el temor de perder lo ya adquirido. Y siendo esto malo, no es lo peor, lo malo como dice más abajo el evangelio es que el ojo -la puerta del alma- contamina y oscurece todo nuestro ser. Cuando préstamos demasiado atención a lo ajeno, sin agradecer a Dios lo que hemos recibido, nos vamos deslizando por una cloaca de dificil retorno, donde la envidia, la crítica, las sospechas infundadas, y el rencor, llevan a la división, a las luchas fraticidas, e incluso a desear el mal ajeno; esto si que contamina nuestro ser y nos separa de Dios.

Hay que poner límites a los sentidos especialmente a la vista, porque no sólo nos hace exclavos de la riqueza, sino de los apetitos carnales. Deseos que, enmuchos casos, llevan a la infidelidad destruyendo a las familias; cuando no, nos destruyen a nosotros mismos porque el pecado nos introduce, como dice la Palabra de Dios, en la muerte. (Romanos 6:23)
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Oración: hoy Señor, me presento ante tí agradecido por todo lo que me has dado y que en ocasiones no se apreciar porque lo tengo a diario. Señor dame la alegría y la conformidad del pobre que pone toda su confianza en tí. Dame el ojo de los santos, para saber apreciar la transitoriedad de este mundo y aspirar solamente a los bienes espirituales, aquellos que me dan vida y paz, y me hacen vivir en tu Espíritu. Señor, dame fortaleza ante la tribulación y las mentiras del enemigo del alma que desea separarme de tí y, por ende, que no goce de tus promesas. Señor dame tu sabiduría -tu Santo Espíritu- para saber que viene de tí, y que viene de la concupiscencia de mi carne.
Señor te amo, no dejes que nada, ni nadie nos separe de tu amor. Gracias Padre Eterno, por habernos llevado a tu hijo, y darnos su salvación. Ten misericordia de todos los pecadores como la has tenido con nosotros, y aún más, para mayor gloria de tu Nombre. ¡Amén!

Padre, que yo santifique tu Nombre en espíritu y con obras.

Muchas veces hemos convertido la oración en una letanía de peticiones sin fin, y todos los días repetimos lo mismo como si Dios no nos escuchará, y bien está, si por otro lado no descuidasemos la alabanza, la adoración, la acción de gracias, los salmos, la contemplación y la escucha de la Palabra reposada y en silencio para descifrar la voluntad de Dios en mi vida y el camino que me va trazando. El cual, por otro lado, es una respuesta en muchas ocasiones a eso mismo que no ceso de pedir.

No se puede sostener una amistad cuando no se da un intercambio (no hay una escucha reciproca del amigo), y sólo lo tengo como medio de desahogo y refugio en momentos de crisis, algo que no está mal, pero como sabemos la amistad conlleva también complicidad, agradecimiento de palabras y obras, realzar las virtudes y bondades del amigo, que, en el caso de Dios, ha deir acompañada, como ya anticipabamos, de cantos, alabanzas, imnos, adoración, respeto y temor (en el buen sentido, este último, del término, reconociendo nuestra nada ante la plenitud del Todo).

El que mucho habla mucho hierra, dice el refrán, postrémonos ante Dios, pobres, humildes, pidiendo al Espíritu que sea él el que interceda por nosotros y ore en nosotros como mejor convenga para no ofender a Dios.

De esta manera, hoy Jesús nos enseña en el Evangelio la oración del Padre Nuestro, que, dicha de corazón y reflexivamente para llevarla a la vida, encierra todo lo necesario para no desfallecer en la transitoriedad de este mundo que Dios nos ha regalado para hacernos, no solo seres vivientes y conscientes, sino lo más grande de todo, hijos suyos para la Vida Eterna.

También recomiendo leer hoy el comentario que aparece después del Evangelio. Los Santos, siempre aportación un plus por su unión estrecha con el Espíritu de Dios.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-16

La justicia que no se ve, es la más eficaz

Jesús hoy nos indica con este evangelio que nuestra conversión a de ser sincera, de corazón, una conversión que no busca ninguna otra recompensa que no sea hacer la voluntad de Dios -que es perfecta-, huyendo de cualquier compensación pública (que se me devuelva en otro momento lo que ahora doy) o personal (saciar mi vanidad con la admiración de los otros por mis actos caritativos o actividades religiosas), e incluso como pretexto ante Dios para saltarme otros preceptos morales (como si a Dios se le pudiese comprar o chantajear). La justicia de Dios es aliviar las cargas del hermano porque también ellos son hijos de Él: poseedores de la tierra y coherederos del Cielo, no por derecho propio sino por su amor creador y redentor.
También Jesús nos da unas indicaciones de como debemos orar: esta ha de ser de corazón a corazón, creando un clímax propicio donde dejar atrás los ruidos del mundo, pero también soltando fuera las preocupaciones que este nos trae; ya que sólo puede darse intimidad en el abandono, en el alma desposeída, en actitud de entrega y escucha receptiva, que no necesita de demasiadas palabras, como dos corazones enamorados. Silencio total sin emitir palabras, como se nos recomienda en el comentario de hoy, para que el enemigo del alma, sin saber que estamos con Dios venga a perturbar la oración.
También Jesús nos habla del ayuno, que como ofrenda agradable a Dios, prepara también nuestra alma para la intimidad con Dios, sin buscar la admiración de los demás porque de esta manera tampoco será tenido en cuenta. De cierto, cuando ayunamos es cuando más ataques del enemigo recibimos, porque en cierta medida estamos sometiendo nuestros apetitos y deseos carnales, como el mismo Jesús hizo sometiendo su voluntad ante el Padre, y por tanto su carne, en el momento de su pasión y muerte (Padre si es posible que pase de mi este cáliz).

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-15

Amar aunque duela, amar sin dolor.

El evangelio de hoy nos vuelve a hablar del amor al prójimo, en este caso del amor al enemigo. Y la verdad es que, bien mirado, no somos muy diferentes a ellos, a los que consideramos malos o que actúan de mala manera contra nosotros. Por lo dicho, sólo hay que volver la vista atrás para darnos cuenta que no somos mejores que ellos, que en muchas ocasiones, llevados por los miedos, los complejos, los celos, la envidia, las pasiones de la carne, las mentiras del mundo, etc., hemos estado en el sitio que ellos están ahora, antes de conocer a Jesús; y que, incluso ahora, no estamos exentos de tropezar en alguna ocasión en la misma piedra como se suele decir. Por lo comentado anteriormente, hoy y siempre, como nos pide Jesús, tenemos que amar al enemigo, llevarlos al conocimiento del verdadero Amor de Jesús, que viene a liberarnos de todo lo que nos roba la paz, nos esclaviza, nos impide ver la luz y nos arrastra al individualismo y al enfrentamiento.
De esta manera pues, y reconociendo que no somos mejores que nuestros enemigos, que somos tan vulnerables como ellos, también sabemos que sólo en la Santísima Trinidad (Dios Padre, Hijo y Espitu Santo), junto con los Sacramentos, la Palabra y la esperanza de la Vida Eterna, encontramos el alimento que sostiene nuestro empeño para dejar atrás el hombre viejo de pecado que todos llevamos dentro, y que todos también, de una manera u otra deseamos soltar.

Oración: hoy te damos gracias Señor por tus entrañas de misericordia, porque como viajero asaltado y vapuleado en el camino, te has compadecido de nosotros, te has parado al borde de la cuneta, te has manchado con nuestra sangre, has lavado y limpiado nuestras heridas, nos has cargado a tus espaldas, nos has puesto a buen resguardo en tu Iglesia, junto a otros heridos, y nos has dado el alimento de vida para recuperar el aliento y las fuerzas. Señor, gracias, infinitas gracias te doy, porque cuando te hacía de lado, o incluso te injuríaba de palabra o de obras, nunca dejaste -como la mejor de las madres- de esperar en mí, de confiar en ese corazón que tú mismo me diste.


https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-14

Devolver bien por mal, la nueva ley

Hoy Jesús, invalidando la ley de Talión, la ley que todos conocemos como ojo por ojo y diente por diente, nos está mostrando el único camino posible para la paz, porque también la primera ley que surge de nuestro interior herido por el pecado, cuando nos sentimos agredidos o rechazados (realmente o imaginariamente) es el deseo de venganza, el cual a su vez, se convierte en una espiral interminable de violencia, porque muy pocos son capaces de reconocer su culpabilidad cuando surge un conflicto por cualquier motivo.

De esta manera, pues, Jesús que conoce bien al hombre y su historia, los hilos que en él ha tejido el pecado y que lo lleva a su propia destrucción en forma de venganza… Es Él, el primero en poner en práctica su enseñanza, lo vemos cuando manda a su apóstol Pedro a envainar la espada poco después de enfrentar a los soldados romanos que venían a apresar a Jesús; y lo volvemos a ver, igualmente, durante todo el proceso de su pasión y muerte en la que incluso llega a suplicar perdón por sus verdugos al Padre (Lucas, 23: 34) «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Con este Evangelio observamos la mentalidad que el pensamiento cristiano ha sembrado en el mundo especialmente con los Derechos Humanos, al igual que pasó con ciertos movimientos pacifistas de mediados del S. XX, pero que alejándose de él, en estas últimas décadas, propone ahora todo lo contrario, que es “armar a los pueblos para preservar la paz.»
Redundando en lo anterior, lo único que puede preservar la paz es, entonces, reconocer la culpabilidad propia y, de no haberla, dar sin medida al que te pida, y en caso de violencia no responder al agresor, hasta la sublimación, si fuese necesario, de dar la vida como así hizo nuestro Salvador.

Oración por la paz, P. Ignacio Larranaga.

¡ Señor !
¡ Colma de esperanza mi corazón
y de dulzura mis labios!
Pon en mis ojos la luz que acaricia y purifica,
en mis manos el gesto que perdona.

Dame el valor para la lucha,
compasión para las injurias,
misericordia para la ingratitud y la injusticia.

Líbrame de la envidia
y de la ambición mezquina,
del odio y de la venganza.

Y que al volver hoy nuevamente
al calor de mi lecho, pueda,
en lo más íntimo de mi ser,
sentirte a Tí presente.
Amén.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-13

El Reino de Dios ya está entre nosotros

San Bernabé, apóstol, Memoria

El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 10,7-13.

Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.»
No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Comentario:
Concilio Vaticano II
Constitución sobre la Iglesia “Lumen gentium”

“Proclamad que el Reino de los cielos está cerca
Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cf. Hch 2, 17-18; Ap 19, 10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social. Se manifiestan como hijos de la promesa en la medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo presente (Ef 5, 16; Col 4, 5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. Rm 8, 25)… Tal evangelización, es decir, el anuncio de Cristo pregonado por el testimonio de la vida y por la palabra, adquiere una característica específica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en las condiciones comunes del mundo.

En esta tarea resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado por un especial sacramento, a saber, la vida matrimonial y familiar. En ella el apostolado de los laicos halla una ocasión de ejercicio y una escuela preclara si la religión cristiana penetra toda la organización de la vida y la transforma más cada día. Aquí los cónyuges tienen su propia vocación: el ser mutuamente y para sus hijos testigos de la fe y del amor de Cristo. La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada. De tal manera, con su ejemplo y su testimonio arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad.

Por consiguiente, los laicos, incluso cuando están ocupados en los cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelización del mundo.

Yo añadirá a este comentario algo más que dice el evangelio y que al mismo tiempo proclama la grandeza de nuestro Dios. El cual sabiendo que no todos están dispuestos a escuchar al que evangeliza sea laico o consagrado viene a darnos una palabra de consuelo. De esta manera, Jesús para evitar nuestra frustración, la frustración del que predica como si lo hiciese con la arena del desierto (sin ser bien recibido y, mucho menos, escuchado) nos dice que la paz y el amor que deseamos transmitir con la palabra de Dios volverá a nosotros. Así hermanos que con Dios en todo salimos ganando, porque como dice en otra parte: al que recibe a uno de estos pequeños, a mi me recibe. Paz y bien a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el día de hoy. Un fuerte abrazo en Cristo resucitado y triunfante que sigue escribiendo su biografía en cada uno de nosotros y, ésta, con final feliz. ❤️❤️❤️

Un hogar como el de Nazaret

El evangelio de hoy nos da muestras de la importancia del sacramento del matrimonio una unión que es vinculante no solo con los miembros de la pareja sino con Dios y para siempre. Una unión que a ejemplo de la Santísima Trinidad, si allí son un solo Dios, aquí se hacen una sola carne que, en unidad, reúnen todas las características necesarias y complementarias de roles y tareas (a semejanza también de la Trinidad) para ejercer el mandato Divino de procrear y dominar la tierra, trayendo hijos al mundo, para mayor gloria de Dios que desea, de esta manera, llevar a su fin la misma obra de la creación que él comenzó. No sólo nos hace participe en su obra creadora sino que nos ha hecho participar a través de ellas de sus mismos vínculos paterno filiales, que van mucho más allá de cualquier vínculo de conveniencia para salvaguardar intereses comunes. Por eso Dios no dudó en entregar su hijo por nosotros, sabiendo que después lo rescataría, como un padre o una madre no vacilan en dar su vida por sus hijos.
En esa comunidad vinculante de amor, entrega y servido para con Dios y con ella misma, el Señor hoy nos pide, para no ponerla en riesgo, fidelidad hasta la muerte, que solo se puede llevar a cabo mediante la pureza corazón y de obras. Pureza que da estabilidad a toda la familia y que hace que los hijos crezcan sanos y protegidos por las alas del Espíritu Santo.
También el Señor da las pautas en este Evangelio para conservar dicha pureza, nos dice que lo debemos hacer con firmeza y sin contemplaciones, con una determinación a prueba de bomba, donde no se de ninguna opción a los deseos de la carne, que es lo que quiere quiere expresar cuando dice lo de arrancar el ojo o la mano si ellos te escandalizan (te ponen a prueba). Jesús sabe de nuestra fragilidad, pero también de la importancia de la familia para tener una sociedad sana y santificada, por eso hoy con estas palabras tan extremas, nos está indicando que no tenemos que dejar el mínimo resquicio a la impureza y, si ésta llega, rechazarla antes de dar entrada al pecado; el cual, como enemigo que es, viene no para visitarnos, sino a tomar las riendas de nuestra casa, de nuestra libertad, de nuestra mente y de nuestra vida.

Oración: por un hogar feliz

Señor Jesús, Tú viviste en una familia feliz.
Haz de esta casa una morada de tu presencia,
un hogar càlido y dichoso.

Venga la tranquilidad a todos sus miembros,
la serenidad a nuestros nervios,
el control a nuestras lenguas,
la salud a nuestros cuerpos.

Que los hijos sean y se sientan amados
y se alejen de ellos para siempre
la ingratitud y el egoísmo.

Inunda, Señor, el corazón de los padres
de paciencia y comprensión,
y de una generosidad sin límites.

Extiende, Señor Dios, un toldo de amor
para cobijar y refrescar, calentar y madurar
a todos los hijos de la casa.

Danos el pan de cada día,
y aleja de nuestra casa
el afán de exhibir, brillar y aparecer;
líbranos de las vanidades mundanas
y de las ambiciones que inquietan y roban la paz.

Que la alegría brille en los ojos,
la confianza abra todas las puertas,
la dicha resplandezca como un sol;
sea la paz la reina de este hogar
y la unidad su sólido entramado.

Te lo pedimos a Ti que fuiste un hijo feliz
en el hogar de Nazaret junto a María y José.

Oración extraída del libro Encuentro.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-10

La ley nos acusa el espíritu nos vivifica.

Evangelio según San Mateo 5,17-19.

Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

Comentario: Jesús ha venido a inaugurar un nuevo tiempo, en el cual la muerte espiritual que es la separación de Dios y de sus bienes no tiene la última palabra. Por la ley tenemos conciencia de pecado, sabemos que es contrario a Dios y por tanto territorio del enemigo. También sabemos que la sola ley nos condena por cuánto todos somos pecadores, sin embargo también sabemos que hemos sido redimidos por Jesús mediante su sacrificio en la cruz de todo pecado que nos acusa ante Dios.
Desde Jesús la ley no tiene la última palabra, porque ya no estamos sujetos al pecado por la debilidad de nuestra carne, sino a la vida de la gracia mediante el espíritu que nos perfecciona y nos da la fuerza y los medios para salir vencedores en la tentación. Si vivo por Cristo ya no estoy pendiente de la condena sino de llevar su misma vida donde él pecado y la muerte han sido crucificados para dar vida al mundo, la misma vida que yo tengo ahora y estoy llamando, a mi vez, a transmitir y dar para que su sangre redentora alcance a todos los corazones y se salven.

Oración libro Encuentro:

Llegaste a mí, humilde y discretamente,
para ofrecerme tu amistad.

Me elevaste a tu nivel, abajándote Tú al mío,
y deseas un trato familiar,
pleno de abandono.

Permaneces en mí misteriosamente,
como un amigo siempre presente,
dándoseme siempre,
y colmando por completo
todas mis aspiraciones.

Al entregártenos,
poseemos contigo toda la creación,
pues, todo el universo te pertenece.
Para que nuestra amistad sea perfecta,
tú me asocias a tus sufrimientos y alegrías,
compartes conmigo tus esperanzas,
tus proyectos, tu vida.

Me invitas a colaborar en tu obra redentora,
a trabajar contigo con todas mis fuerzas.

Quieres que nuestra amistad
sea fecunda y productiva,
para mí mismo y para los demás.

Dios amigo del hombre,
Creador amigo de la creatura,
Santo amigo del pecador.

Eres el Amigo ideal,
que nunca falla en su fidelidad
y nunca se rehúsa a sí mismo.

Al ofrecimiento de tan magnífica amistad,
quisiera corresponder
como Tú lo esperas y mereces,
procediendo siempre como tu amigo. Amén.

Luz y sal, vida y gozo en el camino

“Ustedes son la sal de la tierra». Con estas palabras de Jesús comienza el Evangelio de hoy. El cristiano y en concreto nosotros los católicos hemos de ser la sal de la tierra, ese condimento en la comida que siendo humilde en el plato sazone y de sabor a todo lo demás. En ocasiones los cristianos acomplejados por ser la parte menos numerosa y más opuesta a la cultura de la muerte de la sociedad actual, pretendemos pasar desapercibidos (insípidos), cuando no convertirnos en verdura o carne; pronto seremos langostas, gusanos o píldoras que será la alimentación del futuro. Poco a poco nos vamos diluyendo en medio del mundo sin darle sabor a éste, vivimos acomplejados en medio de de una sociedad que va a la ruina y al suicidio colectivo (ya real a gran escala en algunos sectores de la población) y poco, o nada hacemos, para decirle al mundo que hay una solución y que la solución, no es más de lo mismo (no es el materialismo, ya sabemos que a más dinero para educación y política de igualdad, menos preparación, más asesinatos y más violaciones) es decir, no es más ideología, sino más Jesús, que es el que nos da el sentido del hombre sobre la tierra por ser Él su creador y su imagen, y por tanto el sentido de toda realidad, de la naturaleza misma de las personas y las cosas. Nosotros somos la luz del mundo, pero para ser la luz del mundo tenemos que ser portadores de la luz de Cristo, que siendo sencillo, humilde, honesto, coherente, caritativo, misericordioso, entregado y obediente, no renunció por otro lado, a ser testigo de la verdad (a ser luz) a enseñar a los discípulos, a corregirlos, y a denunciar, por otro lado, la doble moral de los fariseos, no para que dejasen de predicar y reunirse en las sinagogas, sino para que se convirtiesen de corazón y dejasen una religión de memoria y preceptos exculpatorios, que no comprometían la vida personal, por el verdadero amor a Dios y al prójimo, que desde Moisés se les había prescrito. Ahora ya no tenemos justificaciones porque a partir de la venida de Jesús, no solo tenemos la prescripción, sino que también tenemos los medios, para poder concretarlo en obras, estos medios que Jesús nos ha dejado son, a saber, empezando por los evangelios, la vida de comunidad en la Iglesia, los sacramentos, la oración y toda la tradición y sabiduría que esa iglesia nos ha dejado a través de lo siglos por la acción del Espíritu Santo en ella.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-07