No eres ni un número, ni una etiqueta.

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Comentario a las lecturas de hoy:
En la primera lectura el apóstol pone en alza el ser Joven (la juventud es una etapa de la vida en la que se puede amar y servir a Dios, con tanta entrega o más que cualquier otra), invita igualmente el apóstol al discípulo joven a vivir en valores morales, aquellos que emanan del evangelio, y a vivir coherentemente la Fe, porque es el único modo de que otros se conviertan y se salven. En el salmo, que va en consonancia con la 1 lectura, el salmista nos recuerda, que los preceptos de Dios son Eternos y Perfectos, y el hombre o mujer que los acoge en su corazón para hacerlos suyos, es una persona que se hace sabía (sabía porque Dios es Conocimiento Perfecto que es el que los proclama y, por tanto, conoce lo que nos conviene) termina el salmista diciendo que el que teme al Señor (es decir el que le da crédito a sus palabras y vive conforme a su voluntad) ese es un hombre prudente: esta persona es, por tanto, lo contrario a una persona temeraria (imprudente) que vive según sus propios criterios o bajo los criterios de otro humano semejante a el. El evangelio me habla, te habla, del amor que Dios nos tiene. No eres un número más para Dios, entre muchas otras personas, no le importa la etiqueta con que te haya bautizado el mundo, él sabe de tus luchas, soledades, anhelos. También conoce tus miserias, tus limitaciones, tus tropiezos, y a pesar de todo ello, te levanta, te valora, no mira la etiqueta para tirarte a la basura o darte de lado. El rompe moldes, rompe esa etiqueta y te dice al corazón, te amo hijito mio, hijita mía, el mundo no te conoce yo sí, porque te cree de la nada, te di un pedacito de mi corazón, estás diseñado para amar y para amarte (así que perdónate como yo te perdono) y comienza a andar de nuevo, que yo estaré a tu lado todos los días de tu vida, dándote mi Gracia, para que alcances, con ella y con tu entrega, el ideal conque yo te diseñé: alcanzar la vida eterna y ser la imagen visible de mi mismo, del AMOR; de Dios Padre, Hijo y E. Santiago.
Sigue el enlace arriba en azul para ver las lecturas.

Pd. Que Dios te bendiga y que tengas un día en paz.

Solo Tú tienes palabras de Vida

Señor hoy muchos hombres quieren poner tus mandamientos a precio de saldo, sin embargo, en la primera lectura Tú nos recuerdas que tus mandamientos no son superiorres a nuestras fuerzas y que están al alcance nuestro: en mi boca y en mi corazón. Te pido Señor que nunca, nuca, yo engañe a mi corazón y que mi boca no sirva de instrumento para predicar palabras de hombres o sugerencias del Diablo. Los hombres son como veletas, ninguno más grande a otro, porque todos participan de la misma naturaleza y, por cuánto, todos, también, pecaron y no están exentos de error. Señor tú Palabra es mi pilar y mi fundamento, la roca y el, único, refugio donde estoy a salvo (así, lo he experimentado en mi vida). Qué yo te siga conociendo y amando más cada día, para no defraudar las expectativas que tú pusiste en mi, dando tu sangre y tu vida a cambio de la mía.

¡Aún, Señor, me siento débil y temeroso como un niño, pero seguiré asido de tu mano confiando en tí…! ¡Bendito seas Señor por enamorarme tanto! A ti la honra y la gloria por siempre! Amén.

A la memoria de mi Padre

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Para mí, papá, fuiste un gran hombre, un hombre bueno, y por eso no me hubiera atrevido a exigirte más de lo que a cualquier otro señor eminente de tu tiempo. Naciste ocho años después de que comenzase a rodar el siglo XX. Yo vine al mundo cuando tú tenías cincuenta y tres años cumplidos. No obstante, a pesar de tu edad avanzada, nunca eché de menos un padre joven. A esa edad trabajabas como uno de treinta, me dabas tu protección y, aunque no fuiste especialmente afectuoso, jamás pusiste tu mano sobre mí para castigarme. Tampoco es que te hiciese falta, ya que tu modo de imponer respeto consistía en saber estar en tu lugar en todo momento.

Por aquellas fechas muchos trabajos del campo se hacían a mano, así, pues, papá, a pesar de que tenías las tuyas bien curtidas, se te agrietaban con surcos semejantes a los que hacían las rejas de tu arado, en tierra firme, con el rigor de las temperaturas invernales. Aquellas manos, padre, solamente me las mostraste en una ocasión; no para buscar mi compasión, sino para que supiese la dureza que comportaba el trabajo a la intemperie. Ese era tu habitual modo de proceder, ya que raramente nos hablabas de tus preocupaciones, de tus luchas y fatigas. Sí, padre, déjame que lo cuente: yo te observaba y, en tu determinación recia, descubrí que tenías corazón de niño, un corazón sensible que hizo que aflorasen, en más de una ocasión, lágrimas a tu rostro; especialmente en las bodas de mis hermanos. Ni que decir tiene que respetabas a mi madre y que de tu boca raramente salió un improperio que te afeara. Recuerdo con nostalgia mis vacaciones, porque aprovechabas ese periodo de mi vida para llevarme contigo al trabajo. Me despertabas de madrugada para salir de casa, montados a lomo de mula, antes de que apuntase el alba: yo iba sentado a horcajadas delante de ti y, en el trayecto que había hasta llegar a la finca, aprovechabas para cantarme, al oído, uno de los milagros que Dios tuvo a bien concederle a San Antonio de Padua siendo aún niño.

El canto relataba un hecho insólito, sucedió mientras el padre de Antoñito asistía a la misa dominical matutina en su ciudad. Antes de dirigirse a la celebración su padre le encargó que protegiese el huerto familiar del ataque de las aves. Antoñito, obediente a su padre, en lugar de espantar a los pajarillos, se puso a hablar con ellos, invitándolos a recogerse en una nave que había, en el mismo huerto, hasta que finalizase la misa. Así lo hicieron las aves que, escuchando atentamente sus indicaciones, le obedecieron. Cuando llegó el padre de la celebración dominical, sin dar crédito a lo que veían sus ojos, rápidamente se dirigió al pueblo para dar cuenta al obispo; el cual, a su vez, animó al resto de paisanos para ir a presenciar tan insólito suceso. Los lugareños al oír la noticia -aunque quedaron un tanto perplejos- siguieron al padre y al obispo para verificar lo que había pasado in situ, donde contemplaron, efectivamente, a los pajarillos que aún estaban parados en la nave, inquietos, esperando a que Antoñito les diese la orden de batir sus alas para reemprender el vuelo. Sí, papá, acuérdate, me gustaba de tal manera aquella canción que te la hacía repetir, una y mil veces, hasta que llegábamos a la finca, si es que íbamos de camino, o hasta entrar en casa en el trayecto de vuelta.

Para terminar con la evocación de lo que fue la personalidad de mi padre quiero hacer mención, entre otras virtudes, al buen humor que destilaba: siempre que salía de casa para el trabajo iba canturreando y, no solo eso, ya que una de sus aficiones preferidas consistía en alegrar la vida de las personas con sus ocurrencias y sus chistes. De este modo sacaba punta a cualquier acontecimiento cotidiano que se prestase para ello: se trataba, por lo general, de un chascarrillo sano, con el cual arrancaba la sonrisa a todos los amigos que pasaban por casa. Por lo ya comentado sobre él, por su estoicismo, por su paciencia y por otras cualidades que le hacían brillar con luz propia, tengo que concluir diciendo que, por encima de todo, fue un hombre bueno y sencillo, que pasó por la vida haciendo favores sin desear mal a nadie: un señor que respetaba y se hacía respetar, un hombre que se conformó con lo que le ofrecía su entorno y que, por lo mismo, necesitó tan pocos accesorios y bienes para vivir, que los únicos objetos personales que le encontré en su mesilla de noche cuando falleció fueron, a saber, un reloj de cubierta de plástico, una petaca en la que guardaba algunos documentos sin importancia y el equivalente, dentro de la misma, de lo que vendrían a ser hoy unos doce euros; monedas que iba juntando, poco a poco, no para sus gastos sino para convidar a los nietos por su cumpleaños. Con esas pequeñeces, con su buen talante, con ver a sus hijos felices, con llevar el sustento diario a casa y poco más, se daba por satisfecho.

De tal modo su aquiescencia constituyó uno de los principales motores de su vida, que nunca le vi lamentarse por no haber alcanzado una posición social relevante en su entorno; aunque no le faltase inteligencia para ello. Es más, en muchas ocasiones, me relataba la historia de un hijo que, a modo de cuento de la lechera (especulando en su imaginación), iba exponiendo ante su papá, uno por uno, los logros que alcanzaría a medida que se hiciese mayor. Al glosario del mozalbete el padre contestaba a cada uno de los logros que el hijo le mostraba: ¿y después qué más conseguirás hijo mío? así una y otra vez ¿y después qué otro logro más, hijo mío? hasta conducir al hijo a sus últimos días, frete a la vejez, en el precipicio de la muerte. Entonces mi padre, al llegar a ese punto del relato, callaba con la intención de hacerme meditar sobre la ambición desmedida. Ahora se lo agradezco, porque no he llegado a tener éxito en la vida, ni a triunfar tal y como lo entiende el mundo actual; sin embargo, no me he frustrado por ello y he podido saborear el éxito que para Dios y para mi padre eran suficientes: dormir en el lecho, al caer la noche, con la certidumbre de estar en paz conmigo mismo y de no haber pisoteado a nadie por el camino; al menos, no, conscientemente.

La Esperanza (hermosa compañera)

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Gracias Señor porque en la segunda lectura de este Domingo -festividad de la Santísima Trinidad- una vez más, Tú nos das la promesa en la esperanza. Y de este modo conocemos que nuestra lucha, nuestro esfuerzo, nuestra fidelidad, en tu amor, será recompensado. Así es, pues ya, de un modo u otro, Tú nos haces experimentar las primicias de ese Amor=Gozo. Gracias Señor, porque la Esperanza permanece firme, en todo lo alto, sabiendo además, como nos reveló San Pablo en otra de sus Cartas, que las tribulaciones de este mundo no son nada en comparación con la retribución que espera a los que te aman, a los que te amamos, una vez hayamos partido de este destierro. que es, como sabemos, el mundo material. ¡Bendito seas Señor por confirmarnos, un día más, en la fe; por enchir nuestro corazón de tu amor, de tu Paternidad inconmensurable ante la insignificancia de nuestras pobrezas y limitaciones! ¡A tí y solo a tí sea la gloria!

P. Ch.

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Milagro Eucarístico

MILAGRO o, al menos, hecho sin posible explicación humana.
Enviado por el Padre Justo Lofeudo, Misionero de la Sagrada Eucaristía. Como se puede ver el video es real. Lo envió después de verificarlo. Fue el sábado pasado 8 de junio en la Catedral de Resistencia (Chaco. Argentina) en la capilla de adoración perpetua. Los fogonazos de luz intermitentes son parecidos a los del milagro del sol en Fatima y en otros lugares con apariciones Marianas. Muchas señales nos está enviando el Señor en los úlmos años. Es posible que su venida cada vez esté más cerca y nos esté llamando, con ello, la atención de que se nos acababa el tiempo para el arrepentimiento y la conversión.  El video habla por si solo de la presencia de Jesús vivo en el Eucaristia.

LA PEDAGOGÍA DE DIOS

maestroNo decaigas ante la opresión y las pruebas, no desandes el camino ya recorrido. Dios tiene su pedagogía y ésta, como Él mismo, es perfecta. También a ti te invita, en este pasaje bíblico, a pasar de la angustia a un lugar espacioso y sin estrechez, donde tu mesa, bien servida, estará llena de manjares (de las delicias de Dios). Siguel el enlace:

http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PLC.HTM?fbclid=IwAR0lvQ7VhhZny7KkmNgjxULMV1B0a8PdBP5kHRlxd4Xc7c1KnJQMtdJ6CHI

Dando vida a los pensamientos

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Difícil es vivir sin autoengañarse; mecanismo de autodefensa que nos hace la vida más cómoda, pero, a la vez, menos comprometida y genuina.

Cuanto más descubro el mundo y sus mecanismos más pequeño me reconozco en él. Como dice el Padre Ignacio Larrañaga: Todo seguirá igual después de mi muerte.

No hay nada que haga madurar más deprisa que el dolor y nada menos inmovilista que nadar contra corriente. Hoy la corriente de la cultura global es torrencial y muy pocos se deciden a cuestionarla y mucho menos a combatirla.

Puedo proponer un modelo de sociedad, pero teniendo siempre presente (por aquello de la imposición en que incurren todos los gobiernos sin contar con el pueblo) que la persona no es una rata de laboratorio con la que se deba experimentar. El hombre se cimenta en cinco pilares básicos: la familia, la moral, la tradición, la libertad y la historia. Cuando se prescinde o anula uno de ellos la sociedad se desmorona por vivir ajena a la realidad de sí misma: algo en lo que incurren todas las ideologías.

Las personas cambian los sistemas de gobierno, por el contrario, se perpetúan. Por tanto, si me dan la posibilidad de elegir prefiero hacerlo entre personas, que no entre sistemas; esto siempre y cuando ¡claro está! que yo tenga la posibilidad de elegir personalmente a quien desee que me represente, y no a quien me impongan unas listas cerradas.

No al paternalismo y a la compasión para con los desheredados, no sea que vayamos a fomentar la mendicidad y el pesebrismo. Démosle, por el contrario -si realmente es cierto que creemos en la igualdad entre personas- lo que les pertenece por justicia y derecho. Estamos en campaña y no hace mucho se presentó por estos lares un gobernante a prometernos más subsidios, en lugar de prometer fomentar el empleo. Mientras tanto, la región se despuebla, por falta de oportunidades, de su valor más preciado; a saber, la juventud.

No te prometo nada, Señor, solo autenticidad a cada paso del camino recorrido, porque como dijo el Gran Poeta «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» y mi única pretensión seria, que al final del recorrido del mío, encuentre tu mano extendida para salvar el precipicio del absurdo aparente de la vida.

Hoy he contemplado un paisaje que cualquier pintor lo hubiese querido retener en su memoria plástica, para inmortalizarse en él. En aquel éxtasis de placer y gratitud, escuche una voz interior que me decía: no te diluyas en mí, tu misión consiste en ser testigo del Sueño de su Creador, para que tanta belleza y tanto amor no se precipiten en el vertedero del olvido de las prisas de los hombres y mujeres de este siglo.

Un psiquiatra, no recuerdo ahora quien, sentenció: “buscamos lo auténtico, pero cuando lo encontramos lo rechazamos por su envoltorio” ¿Es posible que esto mismo nos haya pasado con Jesús? Él entró en la historia de la humanidad como uno más entre los pobres, entre los humildes; sin obstentación y sin ambiciones personales de poder.

Prefiero asirme a Dios antes que a la nada y al sentido común antes que a la tiranía alienante de la moda y del sistema cerrado de las Ideologías.

Etiquetar a una persona o a un grupo de personas es destruirlo, al final las palabras son espíritu y el espíritu es vida. Uno termina por creerse lo que dicen de él y con eso lo cercenan e incluso lo matan. Si Jesús hubiese mirado la etiqueta que arrastraba la mujer adúltera, y no a su corazón, esta nunca habría cambiado de vida. Y ello, simplemente, porque los “buenos” hubiesen terminado con su vida.

No te etiquetes a ti mismo como bueno o de estar en el grupo de los buenos, porque como dice Jesús: Uno solo es bueno, Dios. Y si Uno solo es bueno… solo éste, también, conoce que es lo que conviene y lo que no conviene. Cuando uno se cree bueno, también se cree con derecho a decidir sobre la vida y a la muerte de los demás. Los políticos deben creerse, en su inmensa mayoría, estar en el grupo de los buenos, ellos han decidido ya por Dios, quien debe vivir y quien no.

El amor da vida, el egoísmo asesina.

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Miscelanea de una tarde melancólica y reflexiva

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1. ¡Qué grande es la fuerza del amor¡ ¡Dios mío, gracias!
2. El sectario sigue a su dirigente(es) como oveja mansa y no como hombre libre capaz de tomar decisiones propias, ¡ojo! los hay en todos los colectivos humanos ya sean estos ideológicos, profesionales y religiosos.
3. ¿hay mayor cordura que ser consciente del adoctrinamiento de los gobiernos y los medios de comunicación?
4. Siempre que el materialismo gana posiciones el hombre las pierde. El mayor de los materialismo radica en las ideologías que explican al hombre y a la historia en razón exclusiva a la economía.
5. Si no atisbo la brisa en la superficie de mi epidermis, despiértame no sea que mi ausencia pueda herirte.
6. Te quiero es fácil decir si no hay intimidad y difícil cuando se tiene. Nos mata el orgullo.
7. Cuando retorne a ti no sé que pasará, aunque me invade la certeza que no me rechazarás por haber sido yo.
8. Nunca estuviste a mi alcance para abrasarme en ti, pero cuando llegues a mi vida no te aprisionaré, dejaré volar tus alas al impulso de tu corazón para que, cuando sientas desaliento, pueda de nuevo atraparte entre mis brazos he insuflarte sabia nueva.
9. ¡Cuánto por conocer y cuan poco el tiempo de la prueba y el aprendizaje¡¡Tantas las ganas de Ser y tantos los sentimientos de rechazo…! Que cuando busco siempre encuentro una voz musitando en lo más profundo de mi corazón: no te detengas, el camino no se anda mirando lo perdido si no percibiendo lo ganado.
10. La discriminación llega más veces por el corporativismo (militante o no) que intenta conservar sus privilegios, que por la convivencia real y diaria con el diferente. El corporativismo militante y ciego en diferentes ideologías no es más que un subterfugio donde muchos enmascaran su inseguridad e insustancialidad; también un modo de marcar diferencia para sentirse mejor que el resto. Aunque ya sabemos que uno solo es bueno: escrito está.
11. Cansada y apesadumbrada mi alma se desgasta, al querer discernir lo humano y lo divino, viendo que el alcance es ínfimo; pero no importa puesto que una sonrisa cómplice me envuelve en esta hora.
12. Reclamos de pájaros inundan la alcoba sombría de mi corazón, la vida fluye a cada suspiro pujando por abrirse camino con voracidad de felino hambriento. Da igual, no importa lo aprisa que corran los otoños y las primaveras porque yo sé que llegará tu respuesta; ya está llegando, ya llegó. ¡Aleluya!
13. Prefiero correr el riesgo a equivocarme y tener malos gobernantes, malos escritores e ineptos zapateros cada uno de ellos con sus propios principios y servidumbres; a tener gobernantes, escritores y zapateros superdotados comiendo todos ellos de un mismo pesebre y siervos de un a misma moneda, sea esta del signo que sea.
14. La libertad es un derecho que corresponde a todos por igual; no a aquellos iluminados paternalistas que solo creen en la infancia eterna del pueblo. Muchas veces he intentado explicarme ese afán de dominio que unos hombres quieren ejercer sobre otros, pero nunca encuentro la respuesta: para mí simplemente es inconcebible. Según algunos psicólogos corresponde a complejos de inferioridad e inseguridad. De ahí se deriva que intenten dominar y controlar al resto de congéneres.

P. CH.

A -L -B -O -R -A -D -A

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Hace unos años atrás -bastantes- escribí estas líneas que me brotaban del corazón, para una revista. Hoy, por casualidad, he tropezado con ellas y os las muestro de nuevo un tanto retocadas. La decisión que tomé por entonces fue la correcta y ya está dando sus frutos, no los voy a describir porque los frutos caen por su propio peso y, en el suelo, hablan por sí mismos: llegó la hora de la cosecha, el hortelano hizo su cometido y el árbol le fue agradecido. ¡A Dios sea la gloria!

La noche va extendiendo su amplia sombra, sobre la superficie del globo translúcido de nuestro planeta Tierra, atrapando a muchos de sus inquilinos en un sueño atormentado de pasiones insatisfechas y dudas que les paralizan como en una película de terror. Sin embargo, la noche es finita como todo lo demás, y el día la va destronando de su asiento para que en una inspiración y henchir de alvéolos pulmonares nos percatemos que, con el alba, el mundo se renueva o muere, al igual que nosotros mismos nos abrimos a la vida o nos entregamos a la muerte bajando los brazos en el abandono. ¡No, no hay que resignarse al fatalismo, aunque exista en todo hombre una cierta atracción hacia la decadencia: es decir hacia el abismo y la oscuridad, en otros tiempos se decía hacía el pecado, aunque todos estos vocablos son necesarios por complementarse.

En ese vértigo estaba cuando una esperanza, una luz, brilló y sigue alumbrando mí horizonte. Le hablé siendo niño, en el momento que, derramando lágrimas amargas de dolor, imploré ayuda a esa luz -que era Jesús- y me escuchó. Sin embargo yo por aquellas fechas, aún, no lo conocía.

¡Sí, me acercaré de nuevo a Él, como antaño, al igual que lo hizo el hijo pródigo. Mientras tanto reflexionaba de esta manera: el hombre es el único animal capaz de cambiar su historia, y por eso mismo, voy a ser parte activa de este mundo; quiero implicarme en él para no sentir la noche desgarrando -con su pesadez aplastante- mi alma en jirones de soledad, miedos y recuerdos inconfesos.

¡No, no puedo esperar que el mundo cambie para entregarme al Amor y a la Vida, porque yo también soy mundo! Por ende, voy a ser transparente, regaré de vida y fecundidad una tierra prestada que otro ocupará cuando la Eternidad forme parte de mi definitiva existencia. Al mismo tiempo voy a huir de toda comparación, porque la comparación traumatiza y asfixia: cada cual tiene su propio ritmo y, por cierto, yo tengo el mío; lento pero ascendente.

Para finalizar, mi último propósito para esta nueva e inédita etapa la centraré en la búsqueda de mi libertad, la libertad que Dios me dio entre seguir mi propio parecer, o elegir mi verdadera y genuina identidad; la de aceptar que soy su hijo y, como tal, conocerle y amarle como Él me conoce y me ama. Creo que no hay otro camino más eficaz, para que se plasme en mí su propio sello (el sello del Espíritu Santo), que el de buscar la intimidad con Dios a través de la oración y el consejo de la Palabra en mi corazón. Ese fue el camino que el mismo Jesús nos mostró, cuando se apartaba en solitario a orar, buscando la intimidad con el Padre, para conocer su voluntad y, por otro lado, se dirigía a las sinagogas, a escuchar la Tanaj de manos de los maestros de la ley.

Sí, Jesús mío y Dios mío ¿para que me voy a engañar? yo sé que solo Tú tienes palabras de Vida; palabras Eternas.

P. CH.