Martes de la 6a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 8,14-21.
Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes».
Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.
Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida.
Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan
cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?». Ellos le respondieron: «Doce».
«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?». Ellos le respondieron: «Siete».
Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?».
Juan Pedro de Caussade (1675-175)
jesuita
El abandono a la providencia divina, II 1 (§ 26)
«¿No veis? Todavía no comprendéis?»
Si horadamos el velo, y si estamos vigilantes y atentos, Dios se nos revelará sin cesar, y gozaremos viendo su acción en todo lo que nos ocurre; a cada nueva cosa diremos: «¡Dominus est, ¡es el Señor!» (Jn 21,7). Y nos encontraremos con que en todas las circunstancias recibimos un don de Dios.
Consideraremos a las criaturas como instrumentos muy débiles en las manos de un obrero todopoderoso; y reconoceremos fácilmente que nada nos falta, y que el continuo cuidado de Dios hacia nosotros le lleva a desistir, a cada instante, de lo que nos conviene. Si tenemos fe acogeremos a gusto todas las criaturas; las acariciaremos, e interiormente les agradeceremos que, utilizadas por la mano de Dios, sirvan y favorezcan nuestra perfección. Si vivimos sin interrupción nuestra vida de fe, estaremos en continuo intercambio con Dios; le hablaremos boca a boca.
La fe es la intérprete de Dios: sin sus aclaraciones no se entiende nada del lenguaje de las criaturas. Es como una escritura hecha en cifras que no se ve más que confusión; es un montón de espinas de en medio de las cuales no sospechamos que Dios pueda hablar. Pero la fe nos hace ver, como a Moisés, el fuego de la caridad divina ardiendo en el corazón de estas espinas (Ex 3,2); la fe nos da la clave de estas cifras, y nos hace descubrir en la misma confusión las maravillas de la sabiduría que viene de lo alto. La fe da un rostro celeste a toda la tierra; es por ella que el corazón es transportado, radiante, para conversar en el cielo… La llave de estos tesoros, la llave del abismo, la llave de la ciencia de Dios.
