¿Te consideras una persona digna?

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Que significa para un creyente tener dignidad o ser digno. Parece que el centurión del evangelio que pide a Jesús sanidad para su sirviente, tenía bastante más claro que muchos fariseos -que ponían la dignidad de la persona en el cumplimiento de la ley- que es ser digno delante de Jesús. De algún modo el centurión intuyó -por el poder de sanación de Jesús, por lo que había oído hablar de Él, y por lo que llegó a captar en ese bis a bis que tuvieron de palabras cuando se encontraron- que él, frente a Jesús, era un ser insignificante. El centurión que ostentaba un rango ya de por sí relevante dentro del imperio romano y que, a su vez, velaba por que se cumplieran las leyes romanas dentro de los territorios conquistados, como era Palestina; no vio en Jesús un súbdito, un lacayo al cual ordenar imperativamente o coercitivamente la sanación de su sirviente. Con sus palabras (Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará) el centurión desvela su rico mundo interior, él se da cuenta que su poder terrenal actúa en un plano inferior al poder sobrenatural de Jesús, y por eso mismo se siente pobre e indigno de que tal personaje, Jesús, visite su casa. El centurión que es capaz de hacer “comer tierra” a sus subordinados, se siente nada, ante a aquel personaje que curaba a los enfermos e incluso resucitaba a los muertos.
Pero esta lectura del evangelio, como toda Palabra de Dios, es tan actual hoy como ayer, y muchas veces son los más alejados o los más sencillos, los que dan lecciones de fe y esperanza a los teólogos o a los más entendidos, contaminados por la lectura al entrar en contacto con filosofías y antropologías que no tienen en cuenta a Dios.
Así es y me explico: no en pocas ocasiones he leído o escuchado de articulistss y predicadores dentro de la iglesia, también fuera por supuesto (porque como acabo de decir esto viene por una contaminación de filosofías materialistas y escépticas) de que el hombre pierde su dignidad cuando pierde su trabajo, cuando es explotado, cuando está postrado por una grave enfermedad, cuando es maltratado, cuando no alcanza cierto nivel de renta, etc. Pues bien, frente a este pensamiento ¿alguien podría decir que Jesús perdió su dignidad, cuando fue despreciado por sus parientes y por su pueblo? ¿cuándo fue torturado hasta la extenuación? ¿cuándo tuvo que pagar tributo ante un imperio que tenia sometido a su pueblo? En ningún momento Jesús perdió su dignidad, sino más bien todo lo contrario, ya que la supo mantener, en esos momentos, en los niveles más sublimes que se pueden esperar de cualquier ser humano. Jesús sabia donde residía la dignidad humana, no en circunstancias externas y pasajeras que no depende de la propia persona que la sufre, sino en el interior del hombre. El hombre es Imagen de Dios, y el hombre pierde su dignidad cuando desea conscientemente ocupar el lugar de Dios y decide por sí mismo que hace a un hombre digno o no. ¿Qué persona es la que pierde su dignidad, aquella que se queda sin trabajo (que tiene a Dios por baluarte y defensa) o aquella que despide al trabajador para aumentar la cuenta de resultados a fin de año? ¿Quién es la persona indigna aquel que explota a su prójimo, o aquella que aguanta el chaparrón porque sabe que sus hijos tienen que comer todos los días y a pesar de ello cumple en su trabajo? ¿Quién es la persona indigna, el pobre que está en la calle tirado, o la persona que se dirige al supermercado a llenar el carro de la compra y pasa a su lado con la mayor de las indiferencias?
El hombre pierde su dignidad, cuando pierde la imagen de Dios en él. Qué hacer entonces para no perder la imagen de Dios en nosotros, que, como ya hemos dicho, no consiste en circunstancias externas a la persona. Lo que debemos hacer es atender a la revelación, a las Escrituras, allí se nos da a conocer quien es Dios y como actúa Dios en la segunda persona de la Trinidad, para que copiemos su imagen en nosotros oscurecida por el pecado original. La dignidad viene, cuando al igual que Jesús, obedecemos al Padre, del cual procede todo menos el pecado, y damos la vida, literalmente, por nuestros hermanos. «Un mandamiento nuevo os doy, dice Jesús, que os améis unos a otros como yo os he amado»; es decir, renunciar a mí mismo, como el grano de trigo que se pudre en la tierra para dar fruto, y renacer, después, en la otra vida con la misma identidad de Cristo: en la Eternidad disfrutando de su compañía, de su morada y de su gozo.
Señor que no olvidemos nunca que el protagonista de la historia eres tú, y que el hombre por sus propios medios, olvidando tu imagen y su destino, es lo que es y vuelve a donde lo tomaste antes de darle tu aliento de vida: al polvo de la tierra
Y tomando la palabra Jesús, les enseñaba diciendo:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.Bienaventurados los mansos , porque ellos posseerán en herencia la tierra.Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

P. Ch.

Cómo salir de la adicción sin autoengaños

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Uno de los principios más importantes que te ayudarán a salir de tu adicción se puede identificar con estas alegorías: quitarse la máscara, dejar el traje, arrancar de raíz, soltar por la borda, enterrar el cadáver.
Me explico: sabemos que todas las adicciones o la mayoría de ellas van ligadas en buena medida a una huida de la realidad, a un trauma, a una carencia afectiva o a una mimetización de un rol familiar.
También es conocido, que hasta los 13 o 14 años son pocas las personas que se han iniciado en el consumo de sustancias adictivas. Lo cual quiere decir, que si hasta los trece o catorce años hemos podido vivir sin ellas y enfrentar muchas contrariedades, pataletas, desencuentros y que, a su vez, hay muchas personas que siguen enfrentando los problemas (la gran mayoría), después de esa edad, sin necesidad de agarrarse a la muleta del alcohol, de las drogas, del juego, y de otras prácticas igualmente adictivas, …del mismo modo también, la persona que deja la adicción podrá afrontar los problemas y vivir la vida con las capacidades naturales que Dios le otorgó, principalmente la inteligencia, además de la familia -pilar fundamental- y los verdaderos amigos que, como todos sabemos, son contados pero que siempre están ahí para apoyarnos. Sin olvidar que la terapia en la mayoría de los casos resulta de gran ayuda, como otros apoyos para el proceso de desintoxicación, especialmente los medicamentos. De este modo pues, si hubo vida antes de ser adicto hay vida después de serlo, la misma, solo que ahora eres dueño y señor para decidir en cada momento lo que te apetece hacer.
En todo ese proceso de dejar las adicciones, por lo general, se da un autoengaño del individuo -unas veces inconscientemente y otras solapadamente- que consiste en dejar la adicción, pero sin radicalidad; es decir, postergar la vuelta a la bebida, al tabaco, al sexo compulsivo, a la cocaína, al juego, etc., etc., hasta el momento en que se recupere lo que las drogas y los malos hábitos le robaron en su día, a unos la familia, a otros la salud, a otros el trabajo, a otros la libertad para dedicarse a tareas más nobles, a otros la pareja, etc. El problema estriba, entonces, en que muchos adictos no son conscientes de que, por encima de su creencia de poder controlar su adicción -ahora que se sienten fuertes al haber recuperado su posición inicial después de un tiempo de abstinencia- está la huella que su conducta aditiva dejo en su cuerpo y en su cerebro; en el cuerpo, en todas sus células que reconocen la sustancia y no necesitan adaptarse a la misma -poco a poco- como cuando empezaron, y en el cerebro porque aquel hábito de conducta se memorizó en sus neuronas y se activa con la asociación de situaciones y circunstancias medioambientales que acompañaban a la conducta aditiva, por ejemplo: un olor, un sonido, un problema, un relax, una amistad, unas imágenes, un recuerdo, un conflicto, un lugar, etc., etc.
Como prepararse pues, para no recaer en la adicción con la trampa del autoengaño (hasta que esté mejor, hasta que recupere mi trabajo, mi familia…) cortando de raíz, como se hace con la mala hierba, para que no vuelva a desarrollarse y crecer; es decir mentalizándome de dejar de por vida la sustancia o la conducta que me doblega (y no, hasta que… o voy a ver qué pasa) así sea que el mundo se me venga encima como le puede pasar a cualquier otra persona que no es adicta. Cortar de raíz, o cortar el tronco con el hacha desde su cimiento.

Poniendo un ejemplo aún más grafico diremos, que hay que soltar y soltar para siempre algo de lo que me he apropiado como si fuese yo mismo. El alcohol como cualquier otra sustancia o habito, lo podemos comparar con una máscara, un traje, un amuleto (aunque como dice el refrán los ejemplos son siempre odiosos) el cual decidí probarme un día y con el cual, días después me identifiqué, como si fuese parte de mi mismo -como una coraza- para no tener que afrontar mis propias carencias, complejos o vacíos afectivos.

No obstante, el adicto tiene la gran suerte y posibilidad de soltar y dejar esa sustancia con la cual no nació, que le esclaviza y que además disminuye sus capacidades: una máscara, un traje, un amuleto de quita y pon que lo anula.
Imprescindible para la vida es el corazón, el cerebro y las cualidades morales y actitudes físicas que me definen como ser único y genuino dentro del universo de la creación. Ahora bien, hay dos maneras de soltar la máscara o el traje de la adicción: una, la de dejar el traje en el armario, con lo cual cabe la posibilidad de retomarlo en un momento de debilidad (es más, el subconsciente sabe que cuenta con él y me crea ansiedad porque lo tengo a mi alcance) (hasta que…); y la otra posibilidad es la de tirarlo a la basura como lo que es; algo que no forma parte de mí, que me estorba, que me esclaviza y que no me identifica como persona. De este modo me desprendo de ese lastre, de esa máscara, de ese traje para no tocarlo más, sin posibilidad de retorno; es decir, sabiendo que lo he dejado para siempre. Y lo que se suelta para siempre trae paz a tu vida, porque lo borras del pensamiento como algo que ya no te pertenece, no forma parte de ti.
La biblia, para la persona creyente lo de soltar o dejar, lo define de una manera muy gráfica, llamativa e incluso más radical. Lo define con estas palabras: «si tu ojo te escandaliza, sácatelo, si tu mano te escandaliza córtatela», lo cual quiere decir que no se puede ser condescendiente con las ataduras, sino que hay que cortarlas de raíz. No literalmente tal y como describe la Escritura -sacándote el ojo- pero sí con firme decisión, porque de lo contrario pasa igual que con la persona que se acerca al perro encadenado, que de tanto acercarse para burlar al animal, confiando en la cadena y en sus posibilidades para huir, termina siendo devorado. A demás, has de ser consciente en que esa decisión firme (de para siempre) nadie la puede tomar por ti, o te salvas tu mismo, o te condenas tu mismo, el mundo ofrece muchas posibilidades, no te dejes llevar por la corriente que te lleva al precipicio: el que te matas eres tú, no busques otros culpables fuera de ti.
Que cuesta ¡pues claro…! como todo lo valioso, hay personas que dedican buena parte de su vida a sacarse una carrera, unas oposiciones, a lograr unas metas deportivas, dejar la adicción para siempre es sacrificado en principio, pero no lleva tanto tiempo y a cambio te reporta el beneficio más valioso de todos, el control de tu vida; tu libertad, tu salud física y mental; la vida misma.

P. Ch.

Evangelio de hoy -gracias a la constancia salvarán sus vidas-

http://www.rezandovoy.org/reproductor/adulta/110

Una forma nueva y diferente de acceder al evangelio a través de reflexiones en audio, acompañadas de música relajante que te llevan a meditar la palabra con más profundidad y concentración.

Para acceder al audio pulsa en el enlace que aparece a continuación y seguidamente en la fecha del dia. http://rezandovoy.org/

Marta vs María, la gran polémica.

Tratando de dar una explicación a las palabras de Jesús entre la reverencia de María echada a los pies del Señor y el trabajo denodado de Marta por tener todo bien dispuesto a la hora de servir la comida.

marc3ada-y-martaLo mismo que hizo Marta para el Señor: tener todo listo para que se sintiese bien atendido Jesús y sus discípulos, se suele hacer con cualquier otra persona, un amigo, un familiar, un invitado, etc.
Cierto es que el Señor no menosprecia el trabajo y la dedicación de Marta, no le dice que esté haciendo mal, sino que su hermana a elegido la mejor parte. ¿Y porque le dice esto Jesús a Marta? porque Él sabe delante de quien está postrada María; delante del hijo de Dios creador de todo cuanto existe y, por tanto, al que se le debe todo el honor, la honra y la gloria. Es muy digna y encomiable la tarea de Marta, enmarcada dentro de una cultura, como la semita, de acoger al forastero o al que está de paso, pero la cultura atiende, por lo general, las realidades terrenas y pasajeras, porque este mundo -si realmente creemos en la palabra de Dios- pasará y detrás de él se inaugurará un cielo nuevo y una tierra nueva. Con estas palabras lo que Jesús da a entender a la humanidad (ya que la palabra de Dios es hoy tan actual y viva como en su momento) es que el Reino de Dios que viene a traernos a la tierra, parte de Él y se dirige a Él como principio y fin. Ese Reino de paz y Justicia; de vida, amor (fraternidad) y verdad, que nos muestra con sus palabras y con su ejemplo, y que busca la dignidad del hombre, no se debe a los méritos del hombre o a una dignidad que el hombre se haya dado a sí mismo, sino que esta dignidad le viene de Dios. De ahí que el salmo ocho en el versículo seis proclame, loando a Dios, en referencia al hombre: «Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies». Por tanto, el Reino de Dios lo trae Jesús con su persona, lo proclama Jesús con sus palabras (con todas); lo certifica con la nueva alianza sellada con su sangre, por la que se nos perdonan nuestros pecados; lo dirige Jesús por la obra del Espíritu Santo, y lo concluye el Padre, cuando determine la segunda venida de su Hijo; de la cual, ni siquiera el mismo Jesús conoce el día ni la hora. Por tanto, hemos de bajarnos del caballo o de la burra, para tener bien presente, que nosotros somos colaboradores en construir el Reino de Dios, que el Reino de Dios existe desde siempre y para siempre -en el hombre, en su corazón porque somos templos del Espíritu Santo- y en la concreción de las realidades temporales dejándonos guiar por el Espíritu Santo para colaborar en la economía de la salvación, porque de lo contrario construiremos cualquier cosa menos el Reino De Dios; por lo general, nuestro propio paraíso aquí en la tierra. El hombre no puede dar lo que no tiene y si primero no transforma su corazón -no nace de nuevo- tal y como le dice Jesús a Nicodemo, no podrá afectar la vida de los demás. ¿Y como nace uno de nuevo? Siendo siervo, siervo de Dios como María (he aquí la esclava del Señor hágase en mi según tu palabra) siervo como Jesús (no he venido a cumplir mi voluntad, si no la de mi Padre que está en los cielos), renunciando, por tanto, a uno mismo para entrar en la voluntad de Dios, porque en esa renuncia encontramos la paz interior y la liberación de todas nuestras servidumbres y ataduras. Aunque lo ideal seria que esa renuncia fuese por amor y no por interés, y no es para menos después de que Jesús diese la vida por nosotros con dolores de espanto, y con temores y angustias insondables, por las que llegó a sentirse abandonado hasta de su mismísimo Padre. ¡A precio de Sangre nos compró para hacernos herederos de su Reino!
P.D. Tener caridad, ser justo, buscar la fraternidad, todo esto lo puede hacer un ateo, pero traer el Reino de Dios a la tierra, sólo lo puede hacer el Espiritu Santo en nosotros y con nosotros.

P. Ch.

¿Quién como Dios? YO

Hoy como ayer uno de los mayores pecados del hombre es el orgullo y la vanidad, creer que tiene el conocimiento de Dios y situarse por encima incluso de la revelación traída por Jesús. En nombre de Dios mataron a Jesucristo aquellos que pensaban tenían el don de interpretar las escrituras, en nombre de Dios, se levantaron muchas herejías a lo largo de la historia de la iglesia, en nombre de Jesucristo y de los mismos apóstoles nos revela San Pablo, que algunos cristianos ya en la Iglesia primitiva enseñaban doctrinas falsas; y en nombre de Dios, igualmente, este mismo apóstol profetiza que habrá quienes asesinen a muchos cristianos; algo que, por cierto, ya está sucediendo. En nombre de Dios, de la investigación y del estudio, algunos, también en nuestro tiempo, siguen tergiversando las escrituras o adulterando, para sorpresa del rebaño de Dios, el mismo mensaje de Jesús: unas veces extrapolando el modo de razonar del hombre al de Dios, y otras, en aras a una concepción de Dios, una ideología religiosa, una teología, una estrategia psicológica, un sentirse identificado con un grupo para no quedar aislado, y en ocasiones, también, como un modo de autoengaño para justificar las propias tendencias de la carne, enseñando medias verdades y ocultando otras al más puro estilo de los políticos de nuestro tiempo. Como vemos, el hombre es un producto de su época y los cristianos con los consagrados a la cabeza, que no deberían ser del mundo tal y como enseña su maestro, quedamos igualmente contaminados de la cultura de nuestro tiempo para no ser menos que la mayoría o, como hemos señalado antes, por otros muy diversos motivos. Esto en el caso de los consagrados y de los que enseñan en el nombre de Dios y de la Iglesia es aún más grave, porque no se representan a sí mismos si no a la Iglesia; no a la iglesia que les gustaría en su ideario imaginario, sino con aquella que confiesan en el credo y que conocían ya antes de que se comprometiesen unos y consagrasen e hiciesen profesión de votos otros. En ocasiones, me temo que ni siquiera esta relación íntima con Dios es suficiente, para que salgan de esa dicotomía, a la que nos están llevando también a la feligresía, entre la revelación dada por Jesucristo y acogida por la Iglesia -que se sitúa en muchas ocasiones más allá de la lógica humana; en el misterio y en lo sobre natural- y la búsqueda insaciable, a veces rayana en el absurdo, por dar una explicación materialista (cientificista) y racional a algo tan inconmensurable como es el mundo espiritual y sus manifestaciones. Búsqueda, por otra parte, frontalmente opuesta a la vida del creyente, con Abrahám a la cabeza, que siempre ha caminado más por fe, que por demostraciones veladas del misterio y de las promesas. Sí hermano, el hombre es, por lo general, el producto de la cultura de su tiempo (a diferencia de la palabra de Dios que es inmutable) y por eso muchos, también en la Iglesia, en mayor o menor grado, nos hemos contaminado con el relativismo, el buenismo y lo correctamente político para no herir sensibilidades y no entrar en conflicto con el mundo y con la propia conciencia. Pero tal renuncia y deriva de la fuente doctrinal y de las escrituras hacia el relativismo moral, no puede salirnos gratuita (del mismo modo que sucede con todo aquello que se aparta de la voluntad de Dios) tras él hemos sido arrojados, al igual que Jean Paul Sartre, a la nada y al vacío más absoluto. Así pasa porque, en el todo vale copiado del mundo, al final lo que no vale es nada: cuando todo se mueve (todos los fundamentos y dogmas del cristianismo son ahora cuestionados) al final sin suelo firme donde apoyarte, o te caes o desiste de andar el Camino, para aferrarte a otros itinerarios más seductores que ofrece el mundo, tal y como puede ser el materialismo o, bien, los totalitarismos con sus afirmaciones inmutables pseudorreligiosas. Para reseñar algunos dogmas cuestionados, sin entrar en todos y sin analizar en detalle, diremos que es el mismo evangelio que enseña Jesús el que se pone en entredicho: el demonio es poco menos que una figura literaria, los ángeles tampoco existen con identidad propia porque son una representación de Dios, el infierno si existe llega a ser menos que el purgatorio ¡vamos, como un tostarse, a pleno sol, dos días de playa!, los demonios que Jesús expulsaba eran locos (locos que reconocían al hijo de Dios, ¿qué extraño no?), el sacramento de la confesión denostado y un paripé para los más incautos, ya que se da la comunión, a sabiendas y consentidamente (no todos), a personas que viven en pecado publicamente; la Gracia un regalo sin propósito que no debe mover la voluntad del hombre a la conversión, ya que de lo contrario no sería regalo (mezclando don, con la percepción que tenemos de regalo humano); en definitiva que Jesús era masoquista y se puso a ocupar el lugar nuestro en una cruz, pagando por nuestros pecados, para que cada uno se quedase como está, el fornicario fornicando, el ladrón robando, el calumniador calumniando, etc, etc. Dirán que soy un exagerado, pero he escuchado una predicación (aunque hay muchos que se identifican con este sentir, no voy a dar nombres) en la que el sacerdote nos decía a los feligreses, en plena cuaresma, que él no venía a hablarnos de conversión -que hasta ahí puede ser razonable siempre que tuviese algo nuevo y provechoso que comunicarnos- para continuar, y esta fue mi sorpresa, diciendo una y otra vez hasta la saciedad, que Dios no nos pide nada (quedémonos pues, si Dios no nos pide nada, contemplando el cielo a ver si nos cae algo de lo alto). No sé como se puede interpretar así la biblia cuando las primeras palabras que el evangelista Marcos pone en boca de Jesús de forma imperativa, ya incluso al comienzo de su Evangelio, son las siguientes: (Marcos 1, 15) «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos (otros traductores sustituyen por: Renuncien a su mal camino) y creed la Buena Noticia. También en Marcos 2, 17 podemos encontrar: Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Es tan obvio que Dios llama a un movimiento de nuestra voluntad, que me apena tener que hacer esta reflexión; sin embargo, estas cosas están sucediendo y hay que darlas a conocer a pesar de que se digan con buena intención, pero ya conocemos lo que dice el refrán a cerca de los bien intencionados. Dios, por tanto, no usa una varita mágica, a especie de Ada Madrina, para cambiar al hombre sin que este ponga de su parte y colabore con la gracia de Dios para que esta produzca su efecto en el caminar diario. ¿Qué sucedería entonces, si no caminasen en fe y obediencia, con todas aquellas personas que no han sido arrebatados de modo espectacular por el Espíritu Santo o no han tenido un encuentro profundo con Dios?

Creo que me he desviado un poco del tema con el que inicié esta reflexión, pero en cualquier caso lo que quería expresar es que no podemos encerrar a Dios en nuestros esquemas mentales y parámetros psicológicos, porque de hacerlo corremos el gran peligro de fabricar un Dios a nuestra medida, un ídolo falso, que a través de la imagen que ha creado de Dios, se de culto a sí mismo. Tal postura dicta mucho de la humildad y obediencia de los santos y del mismo Jesús, que nos revela, entre otras cosas, que ha venido a cumplir la voluntad del Padre la cual, como sabemos, no siempre llegó a coincidir con la suya. Por otro lado, atendiendo a las mismas escrituras deducimos, que el conocimiento de Dios no es alcanzable por el esfuerzo del hombre, aunque este pueda, eso sí, mover la voluntad de Dios; de hecho, hay personas que han leído la biblia o se han puesto a estudiarla y no llegan más allá de ver en esta una obra puramente literaria. Para confirmar lo anterior miremos en (Isaías 55, 8-9) donde se nos revela que el pensamiento del hombre no es el pensamiento de Dios, y (Mt 11, 27) por otra parte, que “nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”; por lo general a aquellos que se hacen como niños, que aceptan el misterio de Dios, como la Virgen María, escape éste o no de su condicionado y finito entendimiento. Ahora vemos como a través de un espejo decía S. Pablo, y eso ¡ojo! que tuvo revelaciones directas de Dios; y San Juan de la Cruz en su libro “Subida al Monte Carmelo”: “Solo empiezan a tener sabiduría de Dios, quienes dan de mano a su saber, como si fuesen niños ignorantes, y sirven a Dios con amor”. Pues sí hermanitos, hoy se cuestionan muchos dogmas de la Iglesia y enseñanzas bíblicas, mientras que son los ateos, los que ponen un poco de luz, paradójicamente, a lo que perdimos por el camino. Sin más os dejo este enlace para que lo confirméis: La lucida teología del ateo

Pd. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18, 8). Puedo aseverar, que cuando me vino este versiculo al pensamiento anoche y lo agregé al articulo editado y publicado horas antes, aún no sabia que coincidia con el final del evangelio de hoy 17/11/2018. !Las cosas del Espiritu…¡

P. Ch.

¿Es igual temor de Dios que temer a Dios?

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No es lo mismo temor de Dios que temer a Dios. Hay muchas personas que temen a Dios, pero no tienen temor de Dios. De este modo viven un cristianismo mediocre y tibio que rehuye del compromiso, porque piensan que Dios es un tirano y les va a coartar su libertad y el disfrute de los placeres de la vida. Han malinterpretado el mensaje, concibiendo más bien a Dios como un agua fiestas, un ser despiadado, que los oprime, antes que como a un libertador que los sana y rompe las cadenas que les impiden realizar el proyecto para el que fueron concebidos. Se han quedado en el Dios del NO, no hagas esto, no hagas lo otro, etc. Sin embargo, el Dios que nos revela Jesús, es el Dios del sí: si puedes cantar, si puedes bailar (como David), si puedes gozar de tus sentidos: de una bruma suspendida en el horizonte, de un sol crepuscular sobre el océano, de una buena charla de sobremesa con la familia, de la sonrisa de un niño, de la caricia de un anciano, de la lectura de un buen libro, de la complicidad y carcajada con un amigo. Nuestro Dios (el único que existe) no es el Dios de la negación, aquel que te lee la cartilla a cada tropiezo, sino el Dios que te da la mano para levantarte, el que te señala y alumbra el camino para que no te desvíes por la vereda que desemboca en el lodazal. El que te dice que sí, que puedes, porque no cuentas con tus solas fuerzas, sino con las suyas: yo soy un Dios de poder, él único que existe, el Dios que está por encima de la enfermedad, del pecado y de la muerte. No soy un Dios teoría, soy tu hermano, tu papá, tu fortaleza (es hora de que te lo creas y no de que lo repitas como un papagayo, como el que oye llover, sin más), porque hoy como ayer cumplo mis promesas; estoy aquí para darte vida, curar tus heridas y restaurar lo que hay roto dentro de ti; para sacarte de tu ceguera espiritual, tus miedos, tus hábitos nocivos; para darte luz en la lucha con el tentador, con el seductor, con el engañador, con el padre de la mentira, con el que te dice a cada instante: no, tú no puedes, eres débil, cobarde, un fracasado, estás solo, Dios es una ficción, no hay otra vida, aquí se acaba todo: el fracaso es tu meta, y el placer tu destino y tu Dios. A lo único que puedes aspirar es a vengarte, son todos iguales: ladrones, mentirosos, lujuriosos ¿para que luchar contra corriente si solo intentan quitarte lo que es tuyo? haz tú lo mismo la santidad es para meapilas, el mundo no tiene remedio. Y así, mentira tras mentira, el engañador, el diablo, te va debilitando, quiere que pierdas la fe, que no alcances la vida eterna, que seas como él, un fracasado; el más grande de los fracasados, porque teniéndolo todo, lo perdió todo por vanidad, por vileza, por creerse más que Dios, por rebeldía y por poder. Sí, despierta, el enemigo del alma y de la vida, no quiere que salgas de tu pecado, que cantes ¡Victoria al Rey de Reyes!, que tu jubilo sea gritar por las plazas ¡el Señor, el Dios de Abrahán, el Dios de Jacob y de Moisés; el Dios de Israel y de la Iglesia; aquel que ha cortado las cadenas que me ataban al pecado y me esclavizaban arrastrándome, día y noche, por el lodo! El mentiroso quiere, por tanto, que sigas poniéndote de rodillas ante tus miedos, tus vicios; prefiere verte prisionero como él; condenado para siempre, sin salida; cercado por el fuego que no se puede atravesar. Dios, Jesucristo, sin embargo, cura, sana, abre un horizonte donde la esperanza, la paz, el amor y la eternidad están presentes en una mesa inagotable. Él es alcohol que cauteriza, pero al mismo tiempo bálsamo que regenera. Te dice que tú puedes porque estás ante el Dios de la Creación para el cual nada es imposible, el Dios que hizo caminar sobre el agua a Pedro; un Dios persona, real y resucitado. Estoy contigo y para siempre, mis noes son síes: si a la vida, al amor, a la misericordia, a la verdad, al compartir y repartir, a la libertad de anteponer el amor a la tiranía del cuerpo y a las insidias del maligno: porque Ęl te ha dejado su espíritu, el Espíritu Santo que realiza la obra en ti, cuando desde tu libertad confías en Él y renuncias al pecado. Ahora ha llegado el momento de que pases de tener miedo a Dios, al temor de Dios, que es vislumbrar su grandeza. Lo cual quiere decir que Dios puede suspender en cualquier momento las leyes de la naturaleza, porque Jesús ya venció al pecado al que estaba sometida la naturaleza. Y de este modo la higuera dará su fruto fuera de tiempo, el meteorito será desviado si sus hijos se lo piden y confían; el fuego, desolador, apagado por la lluvia del creador, la enfermedad no tiene la última palabra, ni la muerte. Dios así ya lo ha confirmado en la vida de multitud de personas que han decidido seguirle a lo largo de los siglos, milagro hay todos los días, y el mayor de ellos es que sigamos vivos a pesar de nuestra incredulidad y ceguera para no ver a Dios en la creación y en la buena noticia que nos trajo Jesús: que estamos salvados y redimidos en Él si renunciamos a satanás y al pecado y aceptamos, al mismo tiempo, que Jesús es el camino y la puerta de la vida, de la libertad, de la única salvación posible. Temor de Dios es saber reconocer que frente a Él, al poder infinito de Dios, su bondad y su sabiduria, somos polvo y nada. ¡Bendito sea el Dios que me Salva! ¡Gloria a su nombre Santo!

P. Ch.

Lecciones para la vida

Dos breves relatos para adoctar como pautas de vida: 1.-“Los ríos no beben su propia agua; los árboles no comen sus propios frutos. El sol no brilla para si mismo; y las flores no esparcen su fragancia para si mismas. Vivir para los otros es una regla de la naturaleza.
La vida es buena cuando tu estás feliz; pero la vida es mucho mejor cuando los otros son felices por causa tuya”!!!
2.- Una joven conducía junto con su padre y se toparon con una tormenta. La joven le preguntó a su padre: ¿Qué debo hacer?
Su Padre le dijo: “Sigue conduciendo”.
Los carros empezaron a orillarse, la tormenta estaba empeorando.
Qué debo hacer papá?
-“Sigue conduciendo”, respondió su Padre.
Más adelante, un trailer también se estaba orillando.
Ella le dijo: “Papá, debo detenerme? Es terrible y todo el mundo se está deteniendo!”
Su Padre le dijo: “¡No, sigue conduciendo!”
Ahora la tormenta era más fuerte, pero ella obedeció a su papá, y pronto pudo ver un claro más adelante. Después de un par de kilómetros volvió a estar en una zona tranquila, calmada y con el sol.
Su padre le dijo: “Ahora puedes parar y salir.”
Ella dijo: “¿Pero por qué ahora?”
Él le dijo: “Cuando salgas, mira atrás, todas las personas que se rindieron todavía están en la tormenta, tú no te rendiste y tu tormenta ha quedado atrás.
Si estás pasando por “tiempos difíciles”.
Recuerda aunque todos los demás, incluso los más fuertes, se detengan o se den por vencidos, tu sigue adelante, porque pronto tu tormenta terminará y el Sol brillará y resplandecerá sobre ti otra vez…
Isaías 60, 1-3: ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!. Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.

En resumen: 1. –El hombre, junto al resto de la naturaleza, fue concebido para salir de sí y donar su vida a semejanza del Dios que lo creó. Tu alma no descansará, pues, hasta que este principio no se haga realidad en tu vida. Hoy, día del Domún, es el mejor momento para empezar. 2.- El logro y la gloria está en vencer los obstáculos del camino y en llegar a la meta. Tenemos un gran enemigo que desea que no se cumplan los planes de Dios en nosotros. Ese enemigo se llama Satanás, y se sirve de las personas, de los elementos y de nuestra mente (con gran capacidad de autoengaño) para que desistas en el propósito.

Conclusión: ¡Nunca te rindas! porque el sol brilla con más luz después de cada tormenta. Y, sobre todo, porque tenemos un garante que nos cuida en medio de las tinieblas y las piedras del camino: Jesús ya venció, al miedo, a la enfermedad y a la muerte. Él vela por ti con el poder del Espíritu Santo.

Autor de los relatos desconocido.

Más les valdría no haber nacido.

Ni una tilde

NI UNA TILDE

¡Ay de aquellos que dicen servir a Dios y reinan con su propio criterio por encima de su palabra (de la palabra de Dios) y sus dictados! ¡Más les valdría no haber nacido! Aún estáis a tiempo, clamad a Dios para que os aumente la fe (nos) y así poder vivir de su gracia. Deja que Dios sea Dios.

Tú eres el rey poderoso que ama la justicia, tú has establecido lo que es recto

Abrir el enlace para confirmar la Palabra.

http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PIW.HTM

El Señor nos guarde y nos bendiga. Buenas noches hermanos.

P. CH.

La promesa está asegurada ¡adivina cómo…!

abraham-recibe-las-promesas-de-diosEn ocasiones me pregunto Padre Eterno, porque no se cumplen en mí las promesas que espero de ti, cierto es papá que ya me has agasajado con grandes bendiciones incluso más de lo que podía esperar en principio, sin embargo, hace tiempo que espero otras de ti, y no acaban de realizarse o van por un camino demasiado lento. Así te pido, en numerosas ocasiones, que me saques de esta sequedad espiritual y que me des la llenura del Espíritu, que acabes de arrojar lejos de mí ciertos miedos o que me permitas conocer con más nitidez hacia donde he de dirigirme en tu seguimiento. Hoy por fin, como otras tantas veces, me has hablado por medio de tu palabra, abriendo la biblia al azar, y me has susurrado que antes de pedir la promesa (el Espíritu Santo) e de pedir fe y perseverar, porque Dios no falta a su juramento (Hebreos 6, 12) «Así, en lugar de dejarse estar perezosamente, imitarán el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas… Y por su paciencia, Abraham vio la realización de esta promesa». Sí, sabemos por la biblia que Abraham primero creyó la promesa y se puso a los 75 años rumbo a un mundo desconocido (FE) y con 100 alcanzó la promesa del hijo, que Dios dijo le daría por medio de su esposa que, como sabemos, era estéril (perseverancia). Luego Señor, me revelas en el mismo capítulo, que tú no faltas a tus promesas, que las cumples siempre, cuando se dan los requisitos ya señalados, aunque en otras ocasiones sea, según tu inerrante parecer, de modo inmediato. (Hebreos 17-19) «Por eso Dios, queriendo dar a los herederos de la promesa una prueba más clara de que su decisión era irrevocable, la garantizó con un juramento. De esa manera, hay dos realidades irrevocables –la promesa y el juramento– en las que Dios no puede engañarnos. Y gracias a ellas, nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece. Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo». Ahora Padre mío quedo tranquilo porque es un consuelo saber que la promesa llegará y que tu amor permanece inalterable para siempre, como me has demostrado en tantas ocasiones y lo acabas de hacer en este momento. ¡Bendita sea tu Santísima Trinidad! con el regalo del Espíritu Santo que viene siempre a confortarnos. ¡A ti toda la gloria Señor ahora y por siempre!

Dios, con este modo de hacer suyo, nos va puliendo; no se trata de que quiera provarnos, al estilo humano, para ver como reacionamos cuando no nos dá lo que le pedimos: Dios es obsniciente y conoce el fondo de nuestro corazón y nuestro modo de proceder de antemano. Sí, estoy convencido que este modo de proceder suyo es una manera de perfecionarnos (no megusta la expresión pero describe bien lo que quiero decir) de hacernos más semejantes a Él. ¿Porque qué seria de nostros si alcanzasemos todas las promesas al momento? ¿creeriamos que son dones de Dios? seguramente nos inflariamos de orgullo creyendo que aún pecadores y miserables basijas de barros, nos las merecemos o que incluso nos pertenecen. Buenas noches Padre amado; buenas noches hermanos, Dios bendiga vuestras vidas.

P. D. Según algunos estudiosos de la biblia, dicen que esta contiene hasta 3000 promesas de Dios.

Autor: P. Chaves.

Tal vez tenga que ver conmigo…

42182175_2194924190537455_9166498603907153920_nUna mujer le preguntó: “¿A cuánto estás vendiendo los huevos?”
El viejo vendedor respondió: a 1 peso el huevo, señora”.
Ella le dijo: “Tomaré 6 huevos por 5 pesos o me iré”.

El anciano vendedor respondió: “Esta bien señora, llévelos al precio que usted quiera”. Puede ser, que este sea un buen comienzo, porque hoy no he podido vender ni un solo huevo.

Ella tomó los huevos y se fue sintiendo que había ganado. Se subió a su automóvil y se fue a un elegante restaurante con una amiga.

Allí, ella y su amiga, ordenaron de la carta, lo que mas les gustaba. Comieron un poco y dejaron mucho de lo que ordenaron. Luego ella fue a pagar la cuenta. La cuenta le salió $380.00 Ella dio $400.00 y le pidió al dueño del restaurante que se quedara con el cambio.

Este incidente podría haber parecido bastante normal para el propietario pero, muy doloroso para el pobre y anciano vendedor de huevos.

La cuestión es:
¿Por qué siempre demostramos que tenemos el poder cuando compramos a los necesitados? ¿Y por qué somos tan generosos con aquellos que ni siquiera necesitan nuestra generosidad? ¿Por qué nos gusta tanto vivir de las apariencias?

“Mi padre solía comprar productos simples a los pobres a precios altos, aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles más.
Me preocupé por este acto y le pregunté por qué lo hacía. Entonces mi padre respondió: “Es una caridad envuelta en dignidad, hijo mío”

Si sienten que la gente necesita ver esto, difundanlo. Bendiciones.

Autor desconocido.