¿Quién como Dios? YO

Hoy como ayer uno de los mayores pecados del hombre es el orgullo y la vanidad, creer que tiene el conocimiento de Dios y situarse por encima incluso de la revelación traída por Jesús. En nombre de Dios mataron a Jesucristo aquellos que pensaban tenían el don de interpretar las escrituras, en nombre de Dios, se levantaron muchas erigía a lo largo de la historia de la iglesia, en nombre de Jesucristo y de los mismos apóstoles nos revela San Pablo, que algunos cristianos ya en la Iglesia primitiva enseñaban doctrinas falsas; y en nombre de Dios, igualmente, este mismo apóstol profetiza que habrá quienes asesinen a muchos cristianos; algo que, por cierto, ya está sucediendo. En nombre de Dios, de la investigación y del estudio, algunos, también en nuestro tiempo, siguen tergiversando las escrituras o adulterando, para sorpresa del rebaño de Dios, el mismo mensaje de Jesús: unas veces extrapolando el modo de razonar de Dios al del hombre, y otras, en aras a una concepción de Dios, una ideología religiosa, una teología, una estrategia psicológica, un sentirse identificado con un grupo para no quedar aislado, y en ocasiones, también, como un modo de autoengaño para justificar las propias tendencias de la carne, enseñando medias verdades y ocultando otras al más puro estilo de los políticos de nuestro tiempo. Como vemos, el hombre es un producto de su época y los cristianos con los consagrados a la cabeza, que no deberían ser del mundo tal y como enseña su maestro, quedamos igualmente contaminados de la cultura de nuestro tiempo para no ser menos que la mayoría o, como hemos señalado antes, por otros muy diversos motivos. Esto en el caso de los consagrados y de los que enseñan en el nombre de Dios y de la Iglesia es aún más grave, porque no se representan a sí mismos si no a la Iglesia; no a la iglesia que les gustaría en su idiario imaginario, sino con aquella que confiesan en el credo y que conocían ya antes de que se comprometiesen unos y consagrasen e hiciesen profesión de votos otros. En ocasiones, me temo que ni siquiera esta relación íntima con Dios es suficiente, para que salgan de esa dicotomía, a la que nos están llevando también a la feligresía, entre la revelación dada por Jesucristo y acogida por la Iglesia -que se sitúa en muchas ocasiones más allá de la lógica humana; en el misterio y en lo sobre natural- y la búsqueda insaciable, a veces rayana en el absurdo, por dar una explicación materialista (cientificista) y racional a algo tan inconmensurable como es el mundo espiritual y sus manifestaciones. Búsqueda, por otra parte, frontalmente opuesta a la vida del creyente, con Abrahám a la cabeza, que siempre ha caminado más por fe, que por demostraciones veladas del misterio y de las promesas. Sí hermano, el hombre es, por lo general, el producto de la cultura de su tiempo (a diferencia de la palabra de Dios que es inmutable) y por eso muchos, también en la Iglesia, en mayor o menor grado, nos hemos contaminado con el relativismo, el buenismo y lo correctamente político para no herir sensibilidades y no entrar en conflicto con el mundo y con la propia conciencia. Pero tal renuncia y deriva de la fuente doctrinal y de las escrituras hacia el relativismo moral, no puede salirnos gratuita (del mismo modo que sucede con todo aquello que se aparta de la voluntad de Dios) tras él hemos sido arrojados, al igual que Jean Paul Sartre, a la nada y al vacío más absoluto. Así pasa porque, en el todo vale copiado del mundo, al final lo que no vale es nada: cuando todo se mueve (todos los fundamentos y dogmas del cristianismo son ahora cuestionados) al final sin suelo firme donde apoyarte, o te caes o desiste de andar el Camino, para aferrarte a otros itinerarios más seductores que ofrece el mundo, tal y como puede ser el materialismo o, bien, los totalitarismos con sus afirmaciones inmutables pseudorreligiosas. Para reseñar algunos dogmas cuestionados, sin entrar en todos y sin analizar en detalle, diremos que es el mismo evangelio que enseña Jesús el que se pone en entredicho: el demonio es poco menos que una figura literaria, los ángeles tampoco existen con identidad propia porque son una representación de Dios, el infierno si existe llega a ser menos que el purgatorio ¡vamos, como un tostarse, a pleno sol, dos días de playa!, los demonios que Jesús expulsaba eran locos (locos que reconocían al hijo de Dios, ¿qué extraño no?) la Gracia un regalo sin propósito que no debe mover la voluntad del hombre a la conversión, ya que de lo contrario no sería regalo (mezclando don, con la percepción que tenemos de regalo humano); en definitiva que Jesús era masoquista y se puso a ocupar el lugar nuestro en una cruz, pagando por nuestros pecados, para que cada uno se quedase como está, el fornicario fornicando, el ladrón robando, el calumniador calumniando, etc, etc. Dirán que soy un exagerado, pero he escuchado una predicación (aunque hay muchos que se identifican con este sentir, no voy a dar nombres) en la que el sacerdote nos decía a los feligreses, en plena cuaresma, que él no venía a hablarnos de conversión -que hasta ahí puede ser razonable siempre que tuviese algo nuevo y provechoso que comunicarnos- para continuar, y esta fue mi sorpresa, diciendo una y otra vez hasta la saciedad, que Dios no nos pide nada (quedémonos pues, si Dios no nos pide nada, contemplando el cielo a ver si nos cae algo de lo alto). No sé como se puede interpretar así la biblia cuando las primeras palabras que el evangelista Marcos pone en boca de Jesús de forma imperativa, ya incluso al comienzo de su Evangelio, son las siguientes: (Marcos 1, 15) «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos (otros traductores sustituyen por: Renuncien a su mal camino) y creed la Buena Noticia. También en Marcos 2, 17 podemos encontrar: Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Es tan obvio que Dios llama a un movimiento de nuestra voluntad, que me apena tener que hacer esta reflexión; sin embargo, estas cosas están sucediendo y hay que darlas a conocer a pesar de que se digan con buena intención, pero ya conocemos lo que dice el refrán a cerca de los bien intencionados. Dios, por tanto, no usa una varita mágica, a especie de Ada Madrina, para cambiar al hombre sin que este ponga de su parte y colabore con la gracia de Dios para que esta produzca su efecto en el caminar diario. ¿Qué sucedería entonces, si no caminasen en fe y obediencia, con todas aquellas personas que no han sido arrebatados de modo espectacular por el Espíritu Santo o no han tenido un encuentro profundo con Dios?
Creo que me he desviado un poco del tema con el que inicié esta reflexión, pero en cualquier caso lo que quería expresar es que no podemos encerrar a Dios en nuestros esquemas mentales y parámetros psicológicos, porque de hacerlo corremos el gran peligro de fabricar un Dios a nuestra medida, un ídolo falso, que a través de la imagen que ha creado de Dios, se de culto a sí mismo. Tal postura dicta mucho de la humildad y obediencia de los santos y del mismo Jesús, que nos revela, entre otras cosas, que ha venido a cumplir la voluntad del Padre la cual, como sabemos, no siempre llegó a coincidir con la suya. Por otro lado, atendiendo a las mismas escrituras deducimos, que el conocimiento de Dios no es alcanzable por el esfuerzo del hombre, aunque este pueda, eso sí, mover la voluntad de Dios; de hecho, hay personas que han leído la biblia o se han puesto a estudiarla y no llegan más allá de ver en esta una obra puramente literaria. Para confirmar lo anterior miremos en (Isaías 55, 8-9) donde se nos revela que el pensamiento del hombre no es el pensamiento de Dios, y (Mt 11, 27) por otra parte, que “nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”; por lo general a aquellos que se hacen como niños, que aceptan el misterio de Dios, como la Virgen María, escape éste o no de su condicionado y finito entendimiento. Ahora vemos como a través de un espejo decía S. Pablo, y eso ¡ojo! que tuvo revelaciones directas de Dios; y San Juan de la Cruz en su libro “Subida al Monte Carmelo”: “Solo empiezan a tener sabiduría de Dios, quienes dan de mano a su saber, como si fuesen niños ignorantes, y sirven a Dios con amor”. Pues sí hermanitos, hoy se cuestionan muchos dogmas de la Iglesia y enseñanzas bíblicas, mientras que son los ateos, los que ponen un poco de luz, paradójicamente, a lo que perdimos por el camino. Sin más os dejo este enlace para que lo confirméis: La lucida teología del ateo

Pd. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18, 8)

P. Ch.

¿Es igual temor de Dios que temer a Dios?

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No es lo mismo temor de Dios que temer a Dios. Hay muchas personas que temen a Dios, pero no tienen temor de Dios. De este modo viven un cristianismo mediocre y tibio que rehuye del compromiso, porque piensan que Dios es un tirano y les va a coartar su libertad y el disfrute de los placeres de la vida. Han malinterpretado el mensaje, concibiendo más bien a Dios como un agua fiestas, un ser despiadado, que los oprime, antes que como a un libertador que los sana y rompe las cadenas que les impiden realizar el proyecto para el que fueron concebidos. Se han quedado en el Dios del NO, no hagas esto, no hagas lo otro, etc. Sin embargo, el Dios que nos revela Jesús, es el Dios del sí: si puedes cantar, si puedes bailar (como David), si puedes gozar de tus sentidos: de una bruma suspendida en el horizonte, de un sol crepuscular sobre el océano, de una buena charla de sobremesa con la familia, de la sonrisa de un niño, de la caricia de un anciano, de la lectura de un buen libro, de la complicidad y carcajada con un amigo. Nuestro Dios (el único que existe) no es el Dios de la negación, aquel que te lee la cartilla a cada tropiezo, sino el Dios que te da la mano para levantarte, el que te señala y alumbra el camino para que no te desvíes por la vereda que desemboca en el lodazal. El que te dice que sí, que puedes, porque no cuentas con tus solas fuerzas, sino con las suyas: yo soy un Dios de poder, él único que existe, el Dios que está por encima de la enfermedad, del pecado y de la muerte. No soy un Dios teoría, soy tu hermano, tu papá, tu fortaleza (es hora de que te lo creas y no de que lo repitas como un papagayo, como el que oye llover, sin más), porque hoy como ayer cumplo mis promesas; estoy aquí para darte vida, curar tus heridas y restaurar lo que hay roto dentro de ti; para sacarte de tu ceguera espiritual, tus miedos, tus hábitos nocivos; para darte luz en la lucha con el tentador, con el seductor, con el engañador, con el padre de la mentira, con el que te dice a cada instante: no, tú no puedes, eres débil, cobarde, un fracasado, estás solo, Dios es una ficción, no hay otra vida, aquí se acaba todo: el fracaso es tu meta, y el placer tu destino y tu Dios. A lo único que puedes aspirar es a vengarte, son todos iguales: ladrones, mentirosos, lujuriosos ¿para que luchar contra corriente si solo intentan quitarte lo que es tuyo? haz tú lo mismo la santidad es para meapilas, el mundo no tiene remedio. Y así, mentira tras mentira, el engañador, el diablo, te va debilitando, quiere que pierdas la fe, que no alcances la vida eterna, que seas como él, un fracasado; el más grande de los fracasados, porque teniéndolo todo, lo perdió todo por vanidad, por vileza, por creerse más que Dios, por rebeldía y por poder. Sí, despierta, el enemigo del alma y de la vida, no quiere que salgas de tu pecado, que cantes ¡Victoria al Rey de Reyes!, que tu jubilo sea gritar por las plazas ¡el Señor, el Dios de Abrahán, el Dios de Jacob y de Moisés; el Dios de Israel y de la Iglesia; aquel que ha cortado las cadenas que me ataban al pecado y me esclavizaban arrastrándome, día y noche, por el lodo! El mentiroso quiere, por tanto, que sigas poniéndote de rodillas ante tus miedos, tus vicios; prefiere verte prisionero como él; condenado para siempre, sin salida; cercado por el fuego que no se puede atravesar. Dios, Jesucristo, sin embargo, cura, sana, abre un horizonte donde la esperanza, la paz, el amor y la eternidad están presentes en una mesa inagotable. Él es alcohol que cauteriza, pero al mismo tiempo bálsamo que regenera. Te dice que tú puedes porque estás ante el Dios de la Creación para el cual nada es imposible, el Dios que hizo caminar sobre el agua a Pedro; un Dios persona, real y resucitado. Estoy contigo y para siempre, mis noes son síes: si a la vida, al amor, a la misericordia, a la verdad, al compartir y repartir, a la libertad de anteponer el amor a la tiranía del cuerpo y a las insidias del maligno: porque Ęl te ha dejado su espíritu, el Espíritu Santo que realiza la obra en ti, cuando desde tu libertad confías en Él y renuncias al pecado. Ahora ha llegado el momento de que pases de tener miedo a Dios, al temor de Dios, que es vislumbrar su grandeza. Lo cual quiere decir que Dios puede suspender en cualquier momento las leyes de la naturaleza, porque Jesús ya venció al pecado al que estaba sometida la naturaleza. Y de este modo la higuera dará su fruto fuera de tiempo, el meteorito será desviado si sus hijos se lo piden y confían; el fuego, desolador, apagado por la lluvia del creador, la enfermedad no tiene la última palabra, ni la muerte. Dios así ya lo ha confirmado en la vida de multitud de personas que han decidido seguirle a lo largo de los siglos, milagro hay todos los días, y el mayor de ellos es que sigamos vivos a pesar de nuestra incredulidad y ceguera para no ver a Dios en la creación y en la buena noticia que nos trajo Jesús: que estamos salvados y redimidos en Él si renunciamos a satanás y al pecado y aceptamos, al mismo tiempo, que Jesús es el camino y la puerta de la vida, de la libertad, de la única salvación posible. Temor de Dios es saber reconocer que frente a Él, al poder infinito de Dios, su bondad y su sabiduria, somos polvo y nada. ¡Bendito sea el Dios que me Salva! ¡Gloria a su nombre Santo!

P. Ch.

Lecciones para la vida

Dos breves relatos para adoctar como pautas de vida: 1.-“Los ríos no beben su propia agua; los árboles no comen sus propios frutos. El sol no brilla para si mismo; y las flores no esparcen su fragancia para si mismas. Vivir para los otros es una regla de la naturaleza.
La vida es buena cuando tu estás feliz; pero la vida es mucho mejor cuando los otros son felices por causa tuya”!!!
2.- Una joven conducía junto con su padre y se toparon con una tormenta. La joven le preguntó a su padre: ¿Qué debo hacer?
Su Padre le dijo: “Sigue conduciendo”.
Los carros empezaron a orillarse, la tormenta estaba empeorando.
Qué debo hacer papá?
-“Sigue conduciendo”, respondió su Padre.
Más adelante, un trailer también se estaba orillando.
Ella le dijo: “Papá, debo detenerme? Es terrible y todo el mundo se está deteniendo!”
Su Padre le dijo: “¡No, sigue conduciendo!”
Ahora la tormenta era más fuerte, pero ella obedeció a su papá, y pronto pudo ver un claro más adelante. Después de un par de kilómetros volvió a estar en una zona tranquila, calmada y con el sol.
Su padre le dijo: “Ahora puedes parar y salir.”
Ella dijo: “¿Pero por qué ahora?”
Él le dijo: “Cuando salgas, mira atrás, todas las personas que se rindieron todavía están en la tormenta, tú no te rendiste y tu tormenta ha quedado atrás.
Si estás pasando por “tiempos difíciles”.
Recuerda aunque todos los demás, incluso los más fuertes, se detengan o se den por vencidos, tu sigue adelante, porque pronto tu tormenta terminará y el Sol brillará y resplandecerá sobre ti otra vez…
Isaías 60, 1-3: ¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!. Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.

En resumen: 1. –El hombre, junto al resto de la naturaleza, fue concebido para salir de sí y donar su vida a semejanza del Dios que lo creó. Tu alma no descansará, pues, hasta que este principio no se haga realidad en tu vida. Hoy, día del Domún, es el mejor momento para empezar. 2.- El logro y la gloria está en vencer los obstáculos del camino y en llegar a la meta. Tenemos un gran enemigo que desea que no se cumplan los planes de Dios en nosotros. Ese enemigo se llama Satanás, y se sirve de las personas, de los elementos y de nuestra mente (con gran capacidad de autoengaño) para que desistas en el propósito.

Conclusión: ¡Nunca te rindas! porque el sol brilla con más luz después de cada tormenta. Y, sobre todo, porque tenemos un garante que nos cuida en medio de las tinieblas y las piedras del camino: Jesús ya venció, al miedo, a la enfermedad y a la muerte. Él vela por ti con el poder del Espíritu Santo.

Autor de los relatos desconocido.

Más les valdría no haber nacido.

Ni una tilde

NI UNA TILDE

¡Ay de aquellos que dicen servir a Dios y reinan con su propio criterio por encima de su palabra (de la palabra de Dios) y sus dictados! ¡Más les valdría no haber nacido! Aún estáis a tiempo, clamad a Dios para que os aumente la fe, y para poder vivir de su gracia y de la humildad de reconocerse criatura que sirve a Dios sin servirse de Él.  Deja que Dios sea Dios.

 Tú eres el rey poderoso que ama la justicia, tú has establecido lo que es recto

Abrir el enlace para confirmar la Palabra. ¡El Señor nos guarde y nos bendiga.  Buenas noches hermanos. P. CH.

http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PIW.HTM

La promesa está asegurada ¡adivina cómo…!

abraham-recibe-las-promesas-de-diosEn ocasiones me pregunto Padre Eterno, porque no se cumplen en mí las promesas que espero de ti, cierto es papá que ya me has agasajado con grandes bendiciones incluso más de lo que podía esperar en principio, sin embargo, hace tiempo que espero otras de ti, y no acaban de realizarse o van por un camino demasiado lento. Así te pido, en numerosas ocasiones, que me saques de esta sequedad espiritual y que me des la llenura del Espíritu, que acabes de arrojar lejos de mí ciertos miedos o que me permitas conocer con más nitidez hacia donde he de dirigirme en tu seguimiento. Hoy por fin, como otras tantas veces, me has hablado por medio de tu palabra, abriendo la biblia al azar, y me has susurrado que antes de pedir la promesa (el Espíritu Santo) e de pedir fe y perseverar, porque Dios no falta a su juramento (Hebreos 6, 12) «Así, en lugar de dejarse estar perezosamente, imitarán el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas… Y por su paciencia, Abraham vio la realización de esta promesa». Sí, sabemos por la biblia que Abraham primero creyó la promesa y se puso a los 75 años rumbo a un mundo desconocido (FE) y con 100 alcanzó la promesa del hijo, que Dios dijo le daría por medio de su esposa que, como sabemos, era estéril (perseverancia). Luego Señor, me revelas en el mismo capítulo, que tú no faltas a tus promesas, que las cumples siempre, cuando se dan los requisitos ya señalados, aunque en otras ocasiones sea, según tu inerrante parecer, de modo inmediato. (Hebreos 17-19) «Por eso Dios, queriendo dar a los herederos de la promesa una prueba más clara de que su decisión era irrevocable, la garantizó con un juramento. De esa manera, hay dos realidades irrevocables –la promesa y el juramento– en las que Dios no puede engañarnos. Y gracias a ellas, nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece. Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo». Ahora Padre mío quedo tranquilo porque es un consuelo saber que la promesa llegará y que tu amor permanece inalterable para siempre, como me has demostrado en tantas ocasiones y lo acabas de hacer en este momento. ¡Bendita sea tu Santísima Trinidad! con el regalo del Espíritu Santo que viene siempre a confortarnos. ¡A ti toda la gloria Señor ahora y por siempre!

Dios, con este modo de hacer suyo, nos va puliendo; no se trata de que quiera provarnos, al estilo humano, para ver como reacionamos cuando no nos dá lo que le pedimos: Dios es obsniciente y conoce el fondo de nuestro corazón y nuestro modo de proceder de antemano. Sí, estoy convencido que este modo de proceder suyo es una manera de perfecionarnos (no megusta la expresión pero describe bien lo que quiero decir) de hacernos más semejantes a Él. ¿Porque qué seria de nostros si alcanzasemos todas las promesas al momento? ¿creeriamos que son dones de Dios? seguramente nos inflariamos de orgullo creyendo que aún pecadores y miserables basijas de barros, nos las merecemos o que incluso nos pertenecen. Buenas noches Padre amado; buenas noches hermanos, Dios bendiga vuestras vidas.

P. D. Según algunos estudiosos de la biblia, dicen que esta contiene hasta 3000 promesas de Dios.

Autor: P. Chaves.

Tal vez tenga que ver conmigo…

42182175_2194924190537455_9166498603907153920_nUna mujer le preguntó: “¿A cuánto estás vendiendo los huevos?”
El viejo vendedor respondió: a 1 peso el huevo, señora”.
Ella le dijo: “Tomaré 6 huevos por 5 pesos o me iré”.

El anciano vendedor respondió: “Esta bien señora, llévelos al precio que usted quiera”. Puede ser, que este sea un buen comienzo, porque hoy no he podido vender ni un solo huevo.

Ella tomó los huevos y se fue sintiendo que había ganado. Se subió a su automóvil y se fue a un elegante restaurante con una amiga.

Allí, ella y su amiga, ordenaron de la carta, lo que mas les gustaba. Comieron un poco y dejaron mucho de lo que ordenaron. Luego ella fue a pagar la cuenta. La cuenta le salió $380.00 Ella dio $400.00 y le pidió al dueño del restaurante que se quedara con el cambio.

Este incidente podría haber parecido bastante normal para el propietario pero, muy doloroso para el pobre y anciano vendedor de huevos.

La cuestión es:
¿Por qué siempre demostramos que tenemos el poder cuando compramos a los necesitados? ¿Y por qué somos tan generosos con aquellos que ni siquiera necesitan nuestra generosidad? ¿Por qué nos gusta tanto vivir de las apariencias?

“Mi padre solía comprar productos simples a los pobres a precios altos, aunque no los necesitaba. A veces solía pagarles más.
Me preocupé por este acto y le pregunté por qué lo hacía. Entonces mi padre respondió: “Es una caridad envuelta en dignidad, hijo mío”

Si sienten que la gente necesita ver esto, difundanlo. Bendiciones.

Autor desconocido.

LA GRAVEDAD DE MENTIR

mentira Ex 23, 7: Aléjate de la mentira. No harás morir al inocente ni al justo, porque yo no perdonaré al culpable.
Proverbios 12, 22: Los labios mentirosos son abominables para el Señor, pero los que practican la verdad gozan de su favor.
1 Juan 2:3-4; Si alguien dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandatos, ése es un mentiroso y la verdad no está en él. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.
Mentir es uno de los pecados más abominables, a los ojos de Dios, como se nos dice en proverbios (de facto entra en uno de los mandamientos del decálogo dado por Dios a Moisés). Y debe ser así porque a diferencia de otros pecados, que se quedan en uno mismo -aunque todos afectan al cuerpo místico de Cristo- este pecado, en concreto, no solo afecta a la persona que miente, porque pierde credibilidad, sino que atenta contra la buena fe de la persona a la que se le miente y a su inocencia. En ocasiones la mentira o la persona mentirosa daña más que a un solo individuo (que no es poco porque por una mentira grave se puede aniquilar a una persona), dependiendo del cargo que represente. De este modo sucede, en el caso de un político, de un eclesiástico, de un profesor, de un policía, etc., porque no solo se representa a sí mismo, sino a la institución o al grupo al que sirve o en el que trabaja, del cual andan pendiente muchas personas. Cuando se trata de un eclesiástico aún más, porque no sólo representa a una institución como es la Iglesia, sino a Dios mismo, que es mucho más grave. No pocas personas dejan de confiar en las instituciones cuando algunos de sus cargos mienten reiteradamente una y otra vez; o sus soflamas no están en consonancia con su modo de vida. Y no solo eso, sino lo que arrastra parejo a ello, en cuanto que, si la persona defraudada carece de fuertes convicciones (las cuales por lo general solo proceden de fe), termina imitando la conducta del mentiroso, degradando a la sociedad en la que vive, y propagando a su vez la mentira, es decir, la desconfianza de todos contra todos. Esto se nota muy bien, especialmente, en los países desarrollados, cuando notas en las facciones de las personas con las que te cruzas por las calles, tensión en su mirada y riguided en su rostro. Hoy no solo se miente, sino que hemos llegado a una degradación moral tal, que se aplaude la mentira y al mentiroso con un eufemismo que tiene el nombre de posverdad. De este modo, ya no interesa para nada la verdad, ni la realidad, ni la ciencia, ni la historia, ni los resultados, ni la ley, sino alcanzar mis metas personales (que en ocasiones las identifico con las de un grupo, para que mi conciencia no me reprenda y con un culpable), sin importar a quien me lleve por delante, aunque sea a miles de personas o a una nación entera. Volvemos a las andadas y hoy de nuevo como anteayer, propagando la mentira, se inocula el odio de todos contra todos hasta la destrucción.

El amor que se retiene es un cadaver que te lastima y deja mal olor.

 Señor estamos saturados de oír hablar de amor y de misericordia, pero qué difícil me resulta amar como tú amas; sin intereses de por medio. No solamente no pongo la otra mejilla, sino que, incluso, me cuesta no devolver mal por mal. Si, Padre, que fácil me es, ser amable con aquel que es amable conmigo, ser cariñoso con el me brinda su amistad; guardar respeto a aquellos que respetan mi privacidad y mi espacio. Qué fácil, por otra parte, Señor, me resulta ejercer la misericordia con el dinero que me sobra, con la ropa que ya no me pongo, y de compartir el tiempo que igualmente me sobra. Pero qué difícil me resulta, en cambio, compartir aquello a lo que estoy apegado (sobre todo a mí mismo) que otros necesitan urgentemente ¡Y eso que el juicio del que soy examinado todos los días, también el final, sólo versa sobre el amor que he retenido; aquel que me he guardado. ¡Señor, qué difícil me resulta, no dejarme llevar por el rencor cuando me critican; qué cuesta arriba, no rechazar a quién me envidia, qué arduo no hacer el vacío al que me incomoda, que dificultoso no contestar a aquel que desea humillarme en público, qué quemazón no reaccionar con irá ante aquel que solo me busca para acusarme de los fallos y nunca pone en alza mis virtudes! ¡Cuánto de tu amor Señor, en definitiva, dejó de entregar cada día…! Por eso vengo a confesarme en público y ante ti, que lo ves todo, de que no amo, de que práctico la misericordia con cuentagotas, de que siempre perdono fuera de tiempo, de que me no me quedo callado, practicando la humildad, recogiendo en silencio como tú madre María, las espadas hirientes que laceran mi alma ante las traiciones que nos depara la insignificancia humana en los otros. ¡Cuántos años llevan hablándonos de misericordia y qué pocas veces me examino de ella cuando llega la noche! ¡Cuántas me han hablado de caridad y he hablado de la misma! y cuantas veces he ultrajando tus enseñanzas Jesús mio con críticas al prójimo y juicios temerarios.
Sin embargo, tú Señor y Dios mío, me has declarado puro, entregando tu sangre a cambio de la mía en la cruz, porque ves mis deseos sinceros de cambio. Por ello, cómo respuestas a tu inmenso amor, te suplico de rodillas, que me hagas sensible a tus palabras para ponerlas luego en práctica; que las escuché y que las acoja en mí como buena tierra arada. O mejor como lo hacia tu propia madre, guardándolas y examinándolas en el corazón, sin pasar por ellas de largo. Señor hazme fuerte como Cirineo para cargar con las cruces que los demás no quieren cargar, sus propias cruces; hazme sensible para ayudar en tiempo propicio al que lo necesita. Señor, por último, quiero pedirte que sanes mi historia de dolor, pero que me libres, ante todo de mis egoísmos, de mis miedos y de mis dudas.

Tiempos dificiles.

Tiempos dificiles para la Iglesia de Jesucristo. En cierta ocasión escuché una profecía que hablaba de que llegaría un tiempo (el tiempo ya se ha cumplido) en que los católicos se parecerían a los protestantes y los protestantes a los católicos. Así es porque en este presente para algunos teólogos católicos, todo, prácticamente todo lo que está en las Sagradas Escrituras, hasta lo que está meridianamente claro, es reinterpretable. Del mismo modo que se realza hasta la sublimación ciertos aspectos de las enseñanzas de Jesucristo para obviar otras o pasar de puntillas por ellas. Al Papado, por otra parte, se le pretende desposeer de su principio de autoridad para dárselo a las iglesias particulares o, cuando no, al sentir individual de cada persona. Si esto es así ¿porqué he de obedecer a mi obispo, si da igual que obedezca al Papa? o  ¿porqué debo atender a la interpretación de unos teólogos y no a la de otros, o a la que la propia Iglesia ha ido marcando durante 21 siglos de existencia? Si las escrituras sólo se escribieron para los teólogos y entendidos (es decir para los que pueden reinterpretar lo que está claro como el agua) que sentido tienen las palabras de Jesús cuando dice (Lucas 10, 21): En aquella misma hora Él se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. De lo dicho anteriormente se desprende que el principio de autoridad (bien entendido, claro está) se está dinamitando desde dentro de la propia Iglesia, cuando en otras épocas los disidentes dieron la cara enfrentándose frontalmente a la Iglesia o se salieron de ella para constituir una nueva. Por otra parte, tampoco es algo que nos caiga por sorpresa, ya que estos tiempos fueron anunciados en los evangelios (Mateo 24:24), por el apóstol Pablo y también por el Papa Pablo VI (al que dentro de muy poco se va a canonizar) cuando dijo que “el humo de satanás ha entrado en la iglesia”.  A los protestantes al menos les queda la autoriadad de la Biblia, porque la nuestra lo mismo vale para inferir todo lo contrario de lo que en ella está escrito.  Al hilo de lo que acabo de comentar aprovecho para pasar este video de un profeta de nuestro tiempo, dotado de ciencia infusa por una experiencia mística, que cuenta con una fundación, Peregrinos del Amor -con el visto bueno de la santa sede- el mismo que recorre el mundo, incasablemente, dando conferencias de todo cuanto le quedó infuso por el Espíritu Santo en su experiencia mística.

EL PESO DE LA CULPA

pornografia-pecado-mortal-afecta-vidaTodos sabemos que Jesús murió por nuestros pecados, es decir para conmutarnos la pena por cada uno de nuestros pecados. Y no solo eso, sino que Jesús nos dice que aquel que confiese su pecado será purificado de toda maldad (1 Juan 1, 9). Esto es así de sencillo y de claro, aunque no terminamos de creerlo de todo, atendiendo a nuestro modo de actuar. Así es, puesto que pensamos que nos salvamos en virtud del cumplimiento de la ley de Dios (de nuestro merito), sin tener en cuenta que es la misma ley la que nos condena porque nadie está libre de pecado. La ley se interpone entre nosotros y la gracia de Jesucristo que es superior a nuestras tendencias e inclinaciones: la ley nos condena porque nadie ha sido capaz de vivir según la ley, sino Jesucristo el único Justo ante Dios Padre. Es la fe en Cristo entonces, vivir bajo sus promesas, tal y como ABRAHAM creyó en la promesa de Dios la que nos da Vida en Cristo, con él cual formamos un solo cuerpo, al haber sido revestidos de Cristo por el bautismo. Y si formamos un solo cuerpo con él, también hemos recibido su mismo Espíritu, el cual nos conducirá a causa de nuestra fe a la meta de la santidad y la Vida eterna, imposible por otro lado bajo el imperio de la ley que solo sirve para señalar nuestro pecado ante Dios.
Me diréis a qué viene todo esto, pues tiene una simple explicación, estaba yo muy apesadumbrado esta tarde por haber pecado. ¡Y como no…! ahí intervino el Diablo para persuadirme de no seguir en el seguimiento de Cristo, de que no tenia remedio, como si fuese yo por mis méritos y no por los méritos de Cristo en la cruz, que perdono ese pecado y todos los anteriores, el que me dio una nueva vida hace años atrás y me abrió las puertas del cielo. Pero Dios que comenzó su obra en mi desde el vientre de mi madre no me dejó tirado en medio de mi miseria. De este modo le pedí una palabra de aliento en las Escrituras, como otras tantas veces, para salir adelante en la acusación que me hacia el diablo para desistir, para abandonar en mi fragilidad. Y esa palabra vino a mí por el Espíritu Santo, que me mostró, a través de la carta a los Galastas cap 3 y de 1 de Juan 1, 9-10, lo que anteriormente he querido comunicarles, que es Cristo que se ha hecho uno con nosotros por el bautismo, el que nos purifica de todo pecado, nos da una nueva vida de hijos, y él que puede vencer la tendencia del pecado en nosotros, como ya lo hizo en su misma persona, por medio de su Espíritu, que obra en nosotros la Santidad. El que cree esto se salvará, porque ha creído en la promesa de Jesús y ha asumido su propia debilidad para confesar su pecado, su incapacidad para salvarse por sí mismo. Dios te bendiga hoy y siempre en el nombre todo poderoso de Jesucristo.