Una sola carne, un solo corazón, una prole viva y sana

Evangelio según San Mateo 19,3-12.

Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?».
El respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;
y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?».
El les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.
Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio».
Los discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse».
Y él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.
En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!»

Comentario: Jesús con el evangelio de hoy proclama la indisolubilidad del matrimonio, llamados desde el principio varón y hembra -porque así los creó Dios- a formar una sola carne en una comunidad de amor, bendecida y sellada por Dios mediante el sacramento del matrimonio. El matrimonio que no consiste en otra cosa, según las catequesis de S. Juan Pablo ll, que en perfeccionar aún más la imagen de Dios en él hombre: Él cual siendo tres personas distintas son la manifestación de un único Dios que ama sin límites hasta el punto de crear al hombre, para que éste, a su vez, mediante una unidad plena, también, e indisoluble (una sola carne) de frutos de amor en los hijos y estos se sientan seguros, amados y parte igualmente de un todo, donde él vínculo principal es el amor que circula entre Dios y todos su miembros. Amor que engendrará por expansión, una sociedad, también unida, sana, fuerte, fructífera y compasiva donde los más débiles, sean a su vez, los más queridos y protegidos, como Dios proclama en las bienaventuranzas, y como los mismos padres hacen con los hijos más débiles en el seno familiar.
Si de este modo Dios lo dispuso desde el principio -la indisolubilidad en una sola carne- también los padres, atendiendo a esta llamada de Jesús en el Evangelio de hoy, deben poner todo su empeño por echar cada día leños al fuego del hogar, para que permanezca viva la llama del amor, que trasciende lo puramente físico y cuyo fin último es extender el Reino de Dios por el vínculo del amor a través de la prole. Echar leña al fuego que hace que cada uno viva para el otro, y cierra puertas para todo aquello que pueda venir de fuera a poner en peligro el matrimonio. Con la ayuda de Dios y la colaboración nuestra, manteniéndonos unidos a él, es más fácil quitar los obstáculos que se presenten.

Sin perdonar no podemos agradar a Dios.

Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo».
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Comentario: Jesús nos ha amado hasta el extremo; es decir, hasta dar su propia vida por nosotros y eso para poder reconciliarnos con el Padre y consigo mismo, ya que el agravio de nuestra desobediencia a Dios, de nuestro pecado, es tan grande (aunque nosotros seamos incapaces de percibirlo) debido al salto cualitativo entre creador y criatura, se puede decir que insalvable, que solo alguien que esté en el mismo rango que Dios, podía saldar la deuda del hombre contraída con Dios por su pecado. Pero como sabemos Dios solo hay uno, y tuvo que ser su hijo entonces, por ser Dios también, el único que podía pagar mediante su sangre, el agravio a Dios por nuestros pecados. De esta manera si Dios ha sido infinitamente generosos con nosotros, bastante más incluso que el rey de la parábola, que no dio la vida por su servidor y porque a fin de cuentas, siervo y rey eran hombres, criaturas iguales por su naturaleza humana. ¿Cuanto más deberíamos serlo nosotros, perdonando al prójimo, como nos pide hoy Jesús, con éste ejemplo? Pues también Jesús nos da la respuesta en el Evangelio de hoy, hasta setenta veces siete, que para la mentalidad judía quería decir hasta el infinito; es decir siempre. Y además nos pide que lo hagamos de corazón. También este de corazón lo podemos encontrar en su vida, porque la vida y los gestos de Jesús no contradicen sus palabras, y este ejemplo lo encontramos cuando pide perdón al Padre en la cruz, por los allí presentes que le estaban dando muerte pero, en el fondo, por toda la humanidad; por tí y por mí, pues a causa de nuestras transgresiones dió su vida, porque en realidad, cuando ofendemos a Dios, ni siquiera tenemos una visión, un perspectiva clara, de la gravedad y el alcance de nuestros pecados. ¡Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen! No sabían que estaban dando muerte a su mismo creador.
Como dice en otra parte de la palabra, no es más el siervo que su Señor y, por eso, sí deseamos alcanzar la gloria y la resurrección a la Vida Eterna, como Jesús, también tenemos que ser obedientes a sus mandamientos, como el mismo Jesús lo fue, a su vez, con el Padre.

Oración: La gracia de respetarnos. Padre Ignacio Larranaga.

Jesucristo, Señor y hermano nuestro.

Pon un candado a la puerta

de nuestro corazón

para no pensar mal de nadie,

no prejuzgar,

no sentir mal,

para no suponer ni interpretar mal,

para no invadir el santuario sagrado de las intenciones.

Señor Jesús, lazo unificante de nuestra fraternidad.

Pon un sello de silencio en nuestra boca para cerrar el paso a toda murmuración o comentario desfavorable, para guardar celosamente hasta la sepultura las confidencias que recibimos olas irregularidades que observamos, sabiendo que la primera y concreta manera de amar es guardar silencio.

Siembra en nuestras entrañas fibras de delicadeza. Danos un espíritu de alta cortesía para reverenciarnos unos a otros como lo haríamos contigo mismo. Y danos, al mismo tiempo, la exacta sabiduría para enlazar convenientemente esa cortesía con la confianza fraterna.

Señor Jesucristo, danos la gracia de respetarnos. Así sea

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-11

El que quiera servirme será honrando por mi padre.

Evangelio según San Juan 12,24-26

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Comentario: las escrituras de hoy están bastante claras, aunque me gustaría destacar de ella, como el corazón y el pensamiento de Dios, es cuasi el anverso de el del hombre, y de este modo nos dice, «que para vivir hay que morir». Hay que morir a todo egocentrismo que mata el amor en nosotros y disminuye al hermano, y hay que morir a toda clase de idolatría; por tanto a toda doctrina, culto, filosofía, cultura, que no proceda de Dios, pués el corazón del hombre está contaminado al igual que su pensamiento por el pecado, y por lo mismo no exento de error, como tampoco de la influencia de Satanás, es por esto que la misma Palabra nos advierte en varias ocasiones de esto mismo con otras palabras, verbigracia: «no apartaos ni a izquierda ni a derecha» «Yo soy el Señor, y no hay ningún otro; Fuera de Mí no hay Dios. Yo te fortaleceré, aunque no me has conocido.» Como bien dice uno de los más grandes predicadores de la Iglesia Católica en este siglo: todos los ismos, conducen al abismo y todas las alternativas a Dios, que solo es uno y único, al vacío, la nada, cuando no, al engaño.

Por otro lado también sorprende, por ser el revés del mismo pensamiento humano, las últimas palabras de Jesús en el evangelio de hoy, todo un Dios omnipotente, creador de todo cuanto existe, incluyendo al ser humano, honrando al hombre, su criatura. Como vemos una manera de actuar muy diferente a los gobernantes y poderosos de la tierra que, a fin de cuentas, son como cualquier otra cosa creada: polvo y nada.
Para concluir, decir, que hoy celebramos la festividad de San Lorenzo, diácono y mártir de la iglesia, y con respecto a esta onomástica también viene un comentario muy interesante en el enlace que dejó a continuación:

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-10

¡Ay de aquél que escandalice a uno de estos pequeños…!

En el Evangelio de hoy Jesús nos invita al cambio y nos pone como modelo a los niños, que son alegres, sencillos, espontáneos, generosos; que viven sin prisas, fuera del tiempo, gozando de la naturaleza, del juego, de la amistad a la que se entregan sin prejuicios. Siempre confían, se dan sin medida, especialmente confían en su Padre que los sacará de todo peligro; con él de la mano, pueden pasar por enmedio de un campo de batalla sin ningún temor. Ellos, por otro lado, no guardan rencor eternamente, no juzgan e interpretan lo que hay en el cofre del corazón ajeno, porque si en el suyo no hay maldad tampoco la puede haber en el de los demás (ni se lo plantean). Cuando aman, lo hacen de verdad, desinteresadamente, sin buscar recompensa.

Con este corazón puro nos creó Dios, a imagen suya, y a él desea que regresemos para que se realice ese paraíso en la tierra que Él, desde un principio, tenía en su pensamiento para nosotros. Por eso Jesús, amonesta de manera contundente a todos aquellos que se aprovechan de la inocencia y la bondad de un niño; porque rompen desde temprana edad el corazón de Dios en esos pequeños, y los predispone a caer en terreno del enemigo (de Satanás), a la desconfianza, al miedo, a la inseguridad, a la venganza, a la depresión; tal vez, incluso, arrepentir el modelo del que abusó de él, que es aún peor. ¡Hay de aquél que escandalice a uno de estos pequeños…! Incluso a aquellos que conservan de mayores el corazón de un niño. Pidamos entonces a Dios que libre a los inocentes del mal, tal y como nos enseña el Padre nuestro, que no nos olvidemos de ellos en nuestras oraciones. Pero que también libre a los adultos, sin juzgar a nadie, de las garras del enemigo, de la perversión, de los complejos, del pecado, porque son el modelo en que se miran esos pequeños y el futuro de un mundo mejor o, por el contrario, de un mundo cada vez más insufrible, un mundo que nos cierra las puertas del Reino de Dios.

Hoy con este evangelio, se hace más necesario que nunca recitar con todo fervor y poner en práctica la oración de S. Francisco por la paz.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Maestro, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
Amén.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-09

Jesús vela por los suyos.

Evangelio de hoy
según san Mateo (17,22-27):

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?»
Contestó: «Sí.»
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?»
Contestó: «A los extraños.»
Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Comentario: Jesús en este evangelio anuncia a sus discípulos anticipadamente su muerte y resurrección, para ir preparándolos para acontecimiento tan traumático y desgarrador para ellos. Jesús, además, sabía cual de sus discípulos lo iba a entregar y por eso en la última cena, en la que celebra la Pascua Judía con sus discípulos, también señala quien seria de ellos, y a continuación le dice a Judas, que hiciese lo que tenía que hacer; es decir que concluyese su traición. De esta manera vemos como Jesús, en el Plan Divino, se entrega voluntariamente a la muerte, porque a diferencia de otras veces, en la que escapó cuando intentaron arrestarlo o matarlo, en ésta, conociendo los planes del Padre para la salvación del hombre, no detiene a Judas, ni siquiera se esconde o huye para escapar de esa muerte tan cruel que le esperaba y que, como ya dijimos conocía por anticipado. De esta manera vemos, como Jesús estaba, más volcado sobre los demás (preparando a sus discípulos para que pudiesen afrontar su muerte) que sobre su propio bienestar, o sobre la tragedia que se cernía sobre su vida, la cual dejaba siempre en manos del Padre Celestial, en el cual tenía depositada toda su confianza.
En segundo lugar podemos observar, como a pesar de la venida de Jesús y de dar su vida, para nuestra conversión, muchos, y cada vez parece que más, pasan de largo desatendiendo sus palabras y vemos cómo hoy, al igual que entonces, los gobernantes ponen grandes yugos sobre sus gobernados, mientras ellos ponen a salvo sus vidas, las de sus familiares y amigos, con la recaudación de impuestos de extraños, es decir del resto del pueblo.

Quedémonos, no obstante, con lo positivo, sabiendo que Jesús a cambiado a lo largo de los siglos, y lo sigue haciendo hoy en día, el corazón de multitud de personas (muchos de ellos, incluso, con vidas desechas) sus testimonios se pueden encontrar en las mismas redes sociales, y al menos, para ellos, para su entorno y para gloria del Reino de Dios, la muerte de Jesús no ha sido en vano hasta el día que llegue su manifestación definitiva sobre el hombre y sobre la tierra.

Oración: buenos días Señor y Dios nuestro, te alabamos y te bendecimos en este nuevo amanecer que nos otorgas. Te pedimos que nos alejes del mal y que, igualmente, nostros tampoco le demos entrada en nuestro corazón. Por otro lado, agradecemos, los méritos de tu pasión y muerte, porque con ella nos has devuelto la filiación divina, y nos has hecho participes de las alegrías del cielo; en el cual también nos preparas una morada Junto al Padre.
Para terminar, mi querido Jesús, te pedimos ese amor semejante al tuyo, más volcado sobre las necesidades de los demás, y su Salvación Eterna, que por el bienestar propio, el cual a ejemplo tuyo, depositamos en el tierno y generoso corazón del Padre Celestial.

El que quiera salvar su vida, la perderá…

El Señor nos llama hoy de nuevo a hacernos pequeños, a desposeernos de todo aquello que es incompatible con el amor, que es él mismo, y que nos enreda en nuestro orgullo y egoísmo, al igual que en una multitud de pasiones y desenfrenos que dañan la convivencia entre hermanos, y desintegran nuestra propia alma, porque mata el amor para el cual Dios nos había creado desde un principio. El mundo quiere vivir, vivir a su modo, y lo que encuentra en cambio es muerte, el mundo está sembrado de cadáveres por doquier y el mundo se niega a verlo, incluso cuando acechan a la puerta de su casa o los tiene ya dentro. No queremos renunciar a nosotros mismos para vivir de Dios, y la muerte llega en forma de depresión (los antidepresivos son los medicamentos más solicitados después de los analgésicos), los suicidios es la primera o la segunda causa de muerte no natural en países desarrollados dependiendo de la edad, la primera entre jóvenes, se niega la vida al inocente desde el seno materno, por que unos padres quieren vivir la vida, la misma que perderán luego por que mataron el amor desde su propios cuerpos. Queremos vivir, y miles de jóvenes dan muerte a su futuro vendiendo su cuerpo en páginas pornográficas por dinero, y esto parece no importarle a nadie: es normal los gobiernos quieren esclavos o muertos, antes que personas libres, duenas de su destino y que no se les opongan. La ideología de género parece insaciable, el diablo quiere dar muerte al hombre en su identidad, al igual que matar las relaciones entre hombre y mujeres; y, por consiguiente, a la misma familia, de tal modo que uno se sienta más inseguro en su propia casa (por miedo a una denuncia falsa) que viviendo solo o renunciado a la propia condición. Vamos buscando la vida y encontramos cadáveres andantes con nombres y apellidos, por todos lados, nada parece satisfacernos, la gente se pelea por dos céntimos en las grandes superficies, para descuidar la tienda del vecino; no digamos ya de las peleas a causa de las herencias o escalar en las empresas a costa del compañero; y de este modo vamos sembrado cadáveres para asegurar un futuro, que no tardará en llegar a su final, si es que este no lo encontramos antes de que se ponga el sol. Queremos salvar la vida y lo que encontramos a cambio es el lazo del cazador, de la ideología, del poder (guerras por todos lados), del dinero, de los placeres mundanos que raramente no terminan en vicios, del individualismo. No queremos a Dios autor de la Vida, y por eso a cambio encontramos la muerte, muerte que nos hace ciegos e insensibles al amor y, por consiguiente, a oler la putrefacción del cadáver que cargamos dentro. Hoy más que nunca se cumplen las palabras de Jesús, «el que busque su vida la perderá y el que la pierda por mí la encontrará»

Oración por la paz en el mundo:
Señor Jesús, tú guías sabiamente
la historia de tu Iglesia y de las naciones,
escucha ahora nuestra súplica.
Nuestros idiomas se confunden
como antaño en la torre de Babel.
Somos hijos de un mismo Padre
que tú nos revelaste
y no sabemos ser hermanos,
y el odio siembra más miedo y más muerte.
Danos la paz que promete tu Evangelio,
aquella que el mundo no puede dar.
Enséñanos a construirla como fruto
de la Verdad y de la Justicia.
Escucha la imploración de María Madre
y envíanos tu Espíritu Santo,
para reconciliar en una gran familia
a los corazones y los pueblos.
Venga a nosotros el Reino del Amor,
y confírmanos en la certeza
de que tú estás con nosotros
hasta el fin de los tiempos. Amén.
Paz.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-05

Y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella, y eso, por mucho que se visualice ahora en calaveras.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del Infierno no prevalecerá contra ella

Con estás palabras del Evangelio de hoy Jesús quiere que todos los cristianos permanezcan unidos bajo la guía de uno de sus apóstoles -de Pedro en particular- al cual, a su vez, le concede el poder para decidir sobre el gobierno de ésta su Iglesia, de tal modo que, algunas de sus decisiones son admitidas en el mismo cielo con carácter irrevocable ya que Jesús así lo ha dispuesto por deseo explícito de su voluntad, delegando en Pedro su misma autoridad cuando dice: «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
De este modo la Iglesia, con el sucesor de Pedro a la cabeza, se ha ido perpetuando a través de la historia, cumpliéndose así también la profecía que Jesús lanza en este mismo evangelio cuando dice: «y el poder del Infierno no prevalecerá contra ella
Dios, ha querido cimentar la asamblea de sus fieles (que es lo que significa Iglesia) en un hombre pecador y poco instruido para que de algún modo veamos también el poder de Dios en ella, es decir la acción del Espíritu Santo en la misma, especialmente en este hombre débil, al cual Inspiró desde un principio para darle a conocer que estaba delante del Mesías, delante del enviado de Dios, su hijo unigénito.
Dios se sirve de nuevo de lo débil, como ya pasara en el antiguo testamento con sus profetas y Reyes, para de este modo dar a conocer a su propio pueblo, pero también al resto de naciones, que este Dios y ésta Iglesia, no es un invento de hombres sabios y fuertes como puede suceder con cualquier otra institución terrenal y religiosa que se precie, sino que emana directamente de su decisión personal, para establecer una alianza con sus seguidores (lo cual quiere decir que es de mutuo acuerdo) y de este modo llevarlos a su Reino. Reino que no tiene fin, reino de amor, paz y justicia para todo el que se acoge a él, Reino de gloria al que ningún otro poder derribará por mucho que algunos lo intenten, porque este Goliat tiene los pies de barro, mientras que el Dios al cual quiere derribar (con todas sus doctrinas erráticas) es el mismo Dios que dió forma y consistencia a ese barro, porque como dice la Palabra en el Génesis: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás». Esta es la paga del pecado cuando no nos acogemos a la redención de Cristo, y ésta por medio de su Iglesia -su cuerpo- también considerada su Esposa, aquí en la tierra.

El mal avanza pero, no debemos estar tristes por ello, ya que, cuánto más avance este, más se aproxima también el día de nuestra liberación definitiva y el triunfo de Dios sobre todo mal.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-04

La fe, y no la ley es la que hace hijos.

Evangelio según San Mateo 15,21-28.

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio».
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!».
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

Comentario: El pasaje bíblico de hoy recoge al mismo tiempo tanto la humanidad de Jesús como su divinidad. Jesús viene a un pueblo ya elegido por Dios, muchos siglos antes, para llevar acabo a través de él, su obra de redención que se extenderá luego por voluntad propia a todos los hombres de todos los pueblos de la tierra. Esa humanidad de Jesús se muestra en este pasaje bíblico asumiendo la cultura de ese pueblo donde nació y utilizando el mismo lenguaje, porque de lo contrario, nadie le hubiese hecho caso desde un principio. En esa cultura judía el perro era considerado un animal impuro, poseído por un espíritu de lujuria que además podía traer desgracia para las embarazadas. En esa mentalidad, también se consideraban impuros los pueblos cercanos a Israel que no observaban estrictamente la ley Judía aunque en algunos casos tuviesen como padre a Abraham cómo pasaba con los Samaritanos. Por tanto decir perro a una persona no perteneciente al pueblo Judío era como decirle que no estaba en disposición por su contaminación espiritual de recibir los bienes reservados por Dios al pueblo Judío. De esta manera, Jesús, sin rechazar a la mujer Cananea -porque de lo contrario ni siquiera hubiese entrado en diálogo con ella- se expresa con el el mismo lenguaje de su pueblo, manifestando así su humanidad, pero actúa en su divinidad escuchando a la mujer necesitada, superando esos mismos parámetros y perjuicios culturales, sin importar lo que pensaran sus paisanos allí presentes. Es por ello que obra el milagro, según la fe de aquella mujer impura, porque la fe está por encima de toda ley, no pertenece a ningún pueblo en concreto, sino que es universal porque es un don Divino y crece exponencialmente en todo corazón confiado que acepta la Palabra de Dios, hecha carné en Jesús y explicitada mediante su Evangelio. Es así que la mujer Cananea, por su fe, muestra que es incluso más hija de Dios, que muchos de los Judíos que no creyeron en Jesús y que llegaron hasta el extremo de tacharlo de hijo de Satanás. Jesús con sus palabras, pues, pone aprueba la fe de la mujer Cananea, al mismo tiempo que nos da a entender que la perseverancia en la oración tiene sus frutos, porque nuestro Padre del Cielo siempre nos escucha a causa de él precio que su hijo, mediante su sangre, pagó para limpiar nuestros pecados y quitar nuestras impurezas, algunos de los mismos demonios que se habían apoderado de la hija de la mujer Cananea.

Buenos días hermanos feliz Miércoles, paz y bien para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Sin fe es imposible agradar a Dios

“Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

Muchas veces nos pasa como al apóstol Pedro, que todo va bien con Dios, mientras tenemos prosperidad, la vida familiar va más o menos bien, tenemos una salud aceptable, etc., Pero, sucede que, sin tardanza, comenzamos a dudar como Pedro, cuando algo se tuerce -cuando la tempestad arrecia- o, incluso, cuando no salen las cosas a la medida de nuestro deseo. Sin embargo, es en estos momentos, donde se prueba, precisamente, nuestra fe, y los que hacen que salvemos las situaciones más difíciles, sin hundirnos más aún en el fango, o en las aguas torrenciales de la tempestad. Hay muchas cosas que nosotros no podemos controlar porque no están en nuestras manos (bien por las leyes que rigen la naturaleza, como el caso de este evangelio, bien por la libertad que Dios a dado al hombre, incluso para desobedecer sus prescripciones, pues libre a imagen suya lo hizo), es en estos momentos, pués, en los que se demostramos, que tan grande es nuestra confianza en Dios, aquella que nos ayuda a sortear los obstáculos con calma, manteniendo puesta nuestra mirada fija en Dios, él cual conoce nuestra angustia, sin dejar de caminar en su dirección, dónde todo está en calma y despejado. Detenerse, o volver hacia atrás, en cambio, es seguir la dirección del viento, de la tempestad, para dejar que está nos devore. La duda es el terreno del enemigo, que espera que te rindas para, finalmente, darte su hachazo definitivo y terminar su obra, que es muerte y destrucción total. Porque ya lo dice claramente la biblia, la paga del pecado es la muerte, solo Jesús, libre de pecado ha salvado la muerte, y nosotros sólo la sortearemos si permanecemos en él por el vínculo de la fé y la voluntad de mantenernos firmes a su lado sin claudicar. Sin claudicar frente al mar tempestuoso de la tentación, del egoísmo y de las contrariedades de la vida.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-02

El Dios que quiere hacerse uno conmigo.

Evangelio según San Mateo 14,13-21.
Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie.
Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».
Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».
«Tráiganmelos aquí», les dijo.
Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.
Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Comentario:

Jesús con este gesto de bendecir el pan alimento sencillo y humilde, al alcance casi de todo el mundo, nos está de algún modo anticipando el sacramento de la Eucaristía signo visible, el pan, de otra realidad invisible que es el mismo Jesús hecho carne para alimento y sostén de nuestra vida de fe, esperanza y caridad. Jesús multiplica el alimento, sacia a la multitud hambrienta no solo del pan que sacia el cuerpo, sino del alimento imperecedero, que es Él mismo (de Verdad y de Vida) y por eso, la multitud, como dice en otro pasaje, «desorientada, como oveja sin pastor», víendose saciados con este otro alimento espiritual que nadie podía darles, le seguía por todos lados sin dejarlo descansar.
Jesús, el mismo Mesías que perseguía el pueblo por Galilea buscando saciar su falta de sentido, de propósito en este mundo, es el mismo alimento que se nos da en el pan consagrado por el sacerdote, en la Eucaristía. Jesús mediante este sacramento nos va transformando y fortaleciendo como nuevos discípulos, para que nosotros al igual que los doce apóstoles, nos hagamos repartidores, a su vez, de los bienes celestiales que Dios nos ha concedido como adoradores y consumidores de este Pan de Vida, de Jesús, que nunca deja de confortarnos y saciarnos.

ORACIÓN: «PRESENCIA ESCONDIDA»
(Del Libro «Encuentro». De P.Ignacio Larrañaga,Fundador de los TOV)

«No estás. No se ve tu Rostro. Estás.Tus rayos se disparan en mil direcciones.Eres la Presencia Escondida.
Oh Presencia siempre oculta y siempre clara,
Oh Misterio Fascinante
al cual convergen todas las aspiraciones.
Oh Vino Embriagador
que satisfaces todos los deseos.
Oh Infinito Insondable
que aquietas todas las quimeras.
Eres el Más Allá y el Más Acá de todo.
Estás sustancialmente presente
en mi ser entero.
Tú me comunicas la existencia
y la consistencia.
Me penetras, me envuelves, me amas.
Estás en torno de mí y dentro de mí.
Con tu Presencia activa alcanzas
hasta las más remotas y profundas zonas
de mi intimidad.
Eres el alma de mi alma,
la vida de mi vida,
más yo que yo mismo,
la realidad total y totalizante,
dentro de la cual estoy sumergido.
Con tu fuerza vivificante
penetras todo cuanto soy y tengo.
Tómame todo entero,
oh Todo de mi todo,
y haz de mí
una viva transparencia de tu Ser
y de tu Amor.
¡Oh Padre queridísimo!»

Cuidado de toda avaricia.

Evangelio según San Lucas 12,13-21.
En aquel tiempo: Uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».
Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?».
Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».
Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’.
Después pensó: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’.
Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Comentario: San Basilio (c. 330-379)
monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia

Homilía 31
Construir otros graneros
“Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?”. La conducta del rico del Evangelio es más irrisoria que riguroso es el castigo eterno. En efecto, este hombre, que va a ser llevado de este mundo dentro de poco tiempo, ¿qué proyectos tiene en su espíritu? “Derribaré los graneros y construiré otros más grandes.” Yo, muy a gusto le diría: Haces bien, porque no merecen otra cosa que ser destruidos los graneros de la injusticia. Con tus propias manos, destruye de arriba abajo, lo que has construido deshonestamente. Deja derribar tus reservas de trigo; nunca han reconfortado a nadie. Haz desaparecer toda construcción refugio de tu avaricia, quita los tejados, derriba los muros, expone al sol el trigo enmohecido, saca tus riquezas de la prisión en que las tienes encerradas…“Derribaré los graneros y construiré otros más grandes.” Una vez hayas llenado cada uno de ellos, ¿qué sacarás de hacer esto? ¿Los derribarás también para de nuevo construir otros? ¿Hay peor locura que atormentarse sin fin, construir encarnizadamente y volverse a encarnizar para destruir? Si tú lo quieres tienes como graneros allí donde moran los indigentes. Atesorad tesoros en el cielo. Lo que allí se deposita “ni los gusanos se lo comen, ni la herrumbre los oxida, ni los ladrones se lo llevan” (Mt 6,20

Cuando la vanidad vale más que la vida

El Evangelio del día

Evangelio según San Mateo 14, 1-12.

En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,
y él dijo a sus allegados: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,
porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla».
Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes
que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran
y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.
Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús

Comentario: En este Evangelio de hoy vemos, una vez más, como el profeta resulta incómodo porque denuncia el pecado e invita al cambio de vida. Ante esta denuncia se suelen dar por parte de los amonestados tres respuesta: una, no hacer caso al profeta e incluso perseguirlo para quitarse de enmedio un testigo de cargo; otra, reconocer que dice la verdad pero luego no hacerle caso por comodidad, o miedo; y la tercera, sería la respuesta razonable, la que Dios espera de mi, ya que por eso nos lo envía: escuchar al profeta, reconocer que su denuncia busca el bien, porque es conforme a los designios de Dios, para luego, y a renglón seguido, obrar en consecuencia cambiando de vida o de modo de proceder. De está manera, observamos que en el evangelio de hoy sedan por parte de Herodes y Herodías las dos respuestas primeras, que a su vez son las que también han dado las personas, mayoritariamente, a lo largo de la historia cuando han tenido que afrontar la denuncia de un profeta o la corrección fraterna. Aquí tendríamos que detenernos un momento y preguntar ¿con cuál de éstas actitudes respondo yo, o he respondido de aquí para atrás, cuando alguien me muestra, para que me corrija, un pecado, un vicio o algún defecto?
En Herodes y Herodias se concentran, por otro lado, algunos de los pecados y formas de vida que más se dan también en nuestra época; entre otros la vanidad, que no es otra cosa que vacío de Infinito, vacío de Dios. De esta manera, Herodes prefiere la muerte de un Justo a apearse de su promesa para no quedar mal delante de sus invitados buscando la estima y admiración de los mismos; llenar su vacío existencial, su vacío de Dios. Además, está vanidad, de Herodes, viene precedida de otros dos pecados, el de lujuria y embriaguez, de ahí que hiciese a la hija de Herodías, Salomé, seducido por la sensualidad que mostró en baile, una promesa tan desproporcionada a lo que fue la presentación de la joven.

Oración: buenos días Padre mío y Dios mío, tú mejor que nadie sabes de la fragilidad de los hombres, porque sufriste en propia carne el vaivén de nuestras inseguridades y vacíos en modo de conspiración y desprecio. Es por esto que hoy vengo a suplicarte que me libres, del deseo de quedar bien, de ser amado a cualquier precio, y de no dejarme llevar de la lujuria y la embriaguez, para no vender mi alma al mal y, como consecuencia de ello, poner en riesgo la vida también de otras personas. Te pido que mi amor por ti y por la verdad que me muestras nunca quede subyugada por mi orgullo, vanidad. Del mismo modo te pido, la suficiente humildad, para aceptar la corrección de aquellos hermanos, que en tu Nombre desean para mí el camino de la Salvación.

¡Gracias Señor por un día más de vida, por esta nueva oportunidad que me brindas de ensanchar mi corazón y mis venas con tu propia sangre, la sangre con la que me compraste para la Vida Eterna, para el Verdadero Amor, que nunca se agota, que nunca se cansa y que no tiene límites, ni fin! ¡Alabado y glorificado seas por siempre, mi Señor, mi Dios!

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-30

Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.

El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 11,19-27.

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.

Comentario: hoy celebramos la memoria de Santa Marta, hermana de Lázaro y María. Mujer que sin dejar de pisar la tierra y sus responsabilidades cotidianas, como podemos ver por otro pasaje evangélico, no por ello dejaba atrás su vida espiritual, porque de lo contrario no hubiese tenido la fe, a prueba de bomba, que muestra en este episodio de su vida y, por ende, hubiera reconocido a Jesús como él Mesías el hijo de Dios, capaz de hacer volver a la vida a su hermano fallecido.
Hay dos tipos de vida y dos tipos de resurrección, existe como vemos la resurrección del último día, donde está tendrá lugar en un cuerpo inmaterial, fuera del tiempo y el espacio, y donde unos resucitarán para gloria y otros para condenación según las mismas palabras de Jesús. Y luego existe la resurrección a esta misma vida mortal, y en el mismo cuerpo, a la que sólo podemos regresar por intervención divina, ya que en el plano natural y científico la muerte física del cuerpo es un hecho irreversible (a diferencia de lo que proponen otras “religiones» fuera de toda lógica y realidad, como es la re-encarnación, donde no existe un Dios creador al cual queda sometida toda la creación). Fue esta última la que se dió en Lázaro en respuesta de Jesús a la fe de Marta y porque así mismo el Señor lo quiso.
También como señalamos al principio hay dos tipos de vida como se desprende del evangelio de hoy, la vida carnal que solo atiende a satisfacer los placeres y apetitos de la carne, y existe la vida en el espíritu, la vida en Abundancia de la que se nos habla en otros pasajes bíblicos, la cual inicia su recorrido en esta vida presente cuando reconocemos a Jesús como él Mesías, el hijo de Dios, el único que puede hacernos vivir la verdadera vida del hombre hecho a imagen y semejanza de Dios; vida que trasciende la vida natural del hombre para su propio bien, porque desde ella puede someter las fuerzas de la vida animal en él, que solo se ordenan, como en las demás especies animales, a perpetuarse en este mundo por la descendencia.
Dicha vida espiritual como, ya hemos anticipado, nos la da Jesús por la fe y un acto libre de nuestra voluntad, es superior a la vida natural y no termina con esta vida, porque Jesús es la Resurrección y la Vida Eterna, el único que la posee en si mismo junto al Padre y al Espíritu Santo. Por esto la persona que en Él cree no morirá jamás, porque ya ha comenzado a vivir en la Inmortalidad del mismo Espíritu de Dios que habita en él cuando se pliega a su voluntad.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-29

Navegar en las aguas del Reino

El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 13,47-53.

Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

Comentario: hoy Jesús vuelve con otras palabras a explicar cómo es el Reino de Dios, el Reino que el Inaugura aquí en la tierra con su venida. Reino que abre las puertas para todos los creyentes con su Muerte y Resurrección; Reino cuyo motor es el Espíritu Santo y Reino que se prolonga más allá de esta vida con una recompensa final para todas las personas que, de buena voluntad, se hayan adherido a él poniendo por obra sus enseñanzas. De esta manera, Jesús, por un lado, nos vuelve a recordar hoy, que el esfuerzo tendrá su recompensa una vez traspasado el umbral de esta vida mortal. Y por otro, con el ejemplo del Escriba (que no solo entendía de contabilidad, sino de las escrituras), que Él viene a inaugurar un nuevo tiempo sin romper con lo ya revelado por Dios, al pueblo Judío, porque no se trata de un Dios diferente, sino del mismo Dios hecho hombre que en propia persona viene a dar plena luz a todo lo que anteriormente estaba en penumbra e inacabado por la misma inconsistencia y limitación humana. Dios inaugura así una nueva era que no tendrá fin a diferencia, de los procesos culturales humanos, donde él examen final, consistirá fundamentalmente, en el amor: el amor a Dios sobre Todas las cosas (del antiguo testamento) con un Mandamiento Nuevo e inédito hasta su predicación o más bien con dos, en el que nos pide por un lado amar al enemigo señalándonos a demás que para ello hay que entrar por la puerta estrecha y cuya entrada es Él mismo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre» (Juan 14, 6-7)

Me quedo con el tesoro que sacia y no se agota.

Evangelio según San Mateo 13,44-46.

Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»

Comentario: Muchas veces por prejuicios, normalmente por una persecución contra la iglesia por aquellos que solo la conocen superficialmente, en el mejor de los casos, y en el peor por voca de ganso, existe un rechazo cuasi visceral a navegar mar adentro para tratar de conocer toda la belleza, sabiduría y armonía que uno puede encontrar en este Reino. Reino del cual, como hemos visto en evangelios de días anteriores, el sembrador de la cizaña, Satanás, quiere separarnos, por pura maldad y envidia, que es lo que impera en su dominio; dominio del odio, la amargura, la división, el caos y la frustración continua porque el alma -creada por Dios para el amor- siempre, en ese territorio del enemigo, sentirá, aún sin saberlo, el vacío del bien, que solo se puede encontrar en Dios, porque todo lo demás, fuera del Dios de laRevelación, sólo son como espejismos en el desierto: ilusiones de la mente humana, muy dada al autoengaño. Es este el motivo y no otro, por el cual miles de hombres y mujeres a lo largo de la era cristiana, después de encontrarse con Jesús; es decir, con su Reino y todo lo que esté trae consigo de bien, estabilidad, paz, armonía, sabiduría, alegría, certeza, esperanza, justicia, etc., lo han dejado todo, algunos ocupando incluso puestos de gran poder y prestigio humano, para “comprar el campo”, donde sabe está el gran tesoro al que, anteriormente, miraba con recelo, e incluso combatía con las armas de este mundo, como ya le sucediera al mismo San Pablo, que de perseguir a la Iglesia (portadora de este mismo tesoro), paso a ser perseguido por unirse a ella. ¡Cómo no será de inconmensurable dicho Reino…! que por él se pierden todos miedos a dejar los bienes de este mundo, para afrontar, si fuese necesario, en propia carne, los padecimientos que ya sufriera el mismo Señor del Reino, de Jesucristo.
A la iglesia de Cristo no le dejan de faltar mártires en todas las épocas y, de este modo, con su sangre, como la de su Maestro, van dando la vida para que otros pueda alcanzar por su testimonio, el Reino de Dios.

Al final de la jornada, aquel que se salva sabe y el que no, no sabe nada

Evangelio según San Mateo 13,24-30

Hoy el Señor nos habla del Reino de Dios con otra parábola. Este Reino que pertenece a Dios, lo ha querido compartir entre otras criaturas por él creadas, los ángeles por ejemplo, con el hombre. Pero para que esté último pueda tener cabida en el Reino ha de dar, ha su debido tiempo, el fruto de buena simiente que su Dueño planta en él; es decir, debe dar las buenas obras que se esperan por la Palabra que Dios anteriormente puso en su corazón. Pero resulta que hay siempre alguien opuesto, por soberbia y envidia, principalmente, ha hacer fracasar los planes de Dios, este es Satanás, ya excluido del Reino, que desea que el hombre, criatura inferior a él, tampoco alcance las maravillas que Dios tiene reservadas para los que acogen la simiente de su Palabra. ¿De que forma se opone entonces Satanás? Lo hace imitación a Dio, pero en su caso, sembrado simientes estériles con las que poder paralizar por estrangulamiento el crecimiento de la verdadera semilla, portadora está última del mismo espíritu de amor y bien de su sembrador, de Dios.

Con el tiempo, por la libertad que Dios ha otorgado al hombre, este se inclina por abonar una simiente más que otra, Judas, por ejemplo, prefirió hacer más caso al dueño de la cizaña, pero como sabemos, aunque aparentemente ganará la cizaña poniendo a Jesús en la cruz, finalmente como también pasará con la segunda venida de Jesús, Dios sale vencedor, en el primer caso con la resurrección de Jesús, en el segundo poniendo a Satanás en su lugar, sin poder de influencia sobre los hijos de Dios.

Como sabemos, Dios cumple su palabra, así sucedió con la resurrección y muerte de Jesús su hijo, que fue anunciada por los profetas siglos antes de que estos hechos aconteciesen, al igual que sucede con las palabras que Jesús nos alecciona en el Evangelio de hoy, donde dice que no se debe separar la cizaña del trigo hasta que lleguen los días de la cosecha. De tal modo, que, Jesús, sabiendo que Judas lo entregaría a sus enemigos, no lo separó del resto de sus discípulos, hasta que él mismo Judas se excluyo del grupo entregando al maestro en manos de los que querían darle muerte. La lección que hoy nos brinda Jesús, es que el poder del Diablo viene más por el escándalo que crea la división y el enfrentamiento, que por el poder mismo de Satanás, que frente a Dios no es ninguno, de echo ya ha sido vencido en la cruz con la posterior resurrección del Maestro, al igual que es vencido con todos y cada uno (multitudes) de los que en XXI siglos de cristianismo han aceptado a Jesús como él Mesías, como hijo de Dios, segunda persona de la Trinidad, y han seguido después sus enseñanzas. Es más, cuanto más cerca está la segunda venida de Jesús, como ya dijimos, menos tiempo le queda también a su enemigo para ser derrotado definitivamente. Por tanto, dedícate a cultivar la buena simiente de la palabra en tu corazón si deseas entrar en la lista de los ganadores, porque como decía S. Teresa de Ávila: al final de la jornada, aquel que se salva sabe y el que no, no sabe nada.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-23

¡Verdaderamente Jesús ha resucitado!

«¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!»
Hoy celebramos la festividad de María Magdalena mujer curada por Jesús de la que salieron siete espíritus inmundos. Esta mujer canonizada luego por la Iglesia es una de las primeras testigos de la resurrección del Señor y de anunciar gozosa al resto de discípulos tamaño acontecimiento para la historia del hombre. Así es, sin la resurrección del Señor y la venida del Espíritu Santo luego, sobre los apóstoles y los bautizados, la historia de la humanidad hubiese sido otra bien distinta, una historia sin esperanza, sin libertad, sin amor, sin progreso. Porque el progreso -ahora que el hombre de nuevo vuelve a dar la espalda a Dios- no es el aborto, ni la eutanasia, ni la ideología que disocia a la persona de su genética y rechaza su propio cuerpo atentando contra él, algunas de estas prácticas ya existían en culturas precristianas bajo diferentes cultos y creencias desde las cavernas. Por esto podemos decir, clara y nítidamente que el progreso para la humanidad ha sido Cristo, a través del cual el hombre recobra su dignidad como hijo de Dios e imagen suya, quedando así fuera de la arbitrariedad de lo que otros semejantes decidan que es y que no es bueno para el hombre. Es este Jesús, al que María Magdalena identifica con el nombre de Maestro, al que escuchó atentamente en su vida pública y por el cual empezó a llevar una vida nueva, libre de ataduras y pecados, el mismo Maestro que los cristianos seguimos hoy, el cual nos enseña, muy por el contrario, que el más grande en el Reino de los Cielos es el más débil en este mundo; débil por carecer de recursos propios para defenderse, por marginación, enfermedad, e incluso ignorancia de lo que es, y por eso son estos a los que más hay que proteger, cuidar y orientar. María Magdalena es testigo de la resurrección de Jesús, la que llena al mundo de esperanza, porque Jesús es el primogénito de entre todos los que con él y gracias a él, resucitaremos para la Vida Eterna, aunque ya antes, también como está discípula de Jesús, hemos resucitado a la libertad de los hijos de Dios, en esta vida mortal, libres de las cadenas del pecado, libres de los apegos a las personas y a las cosas, libres de la desesperanza de pensar que aquí se acaba todo, libres para amar sin recibir. Por el bautismo y por la conversión, gracias a Cristo somos testigos de que él nos está anticipando las primicias del cielo, hemos resucitado a la verdadera vida, la que da sentido a todo cuanto sucede a nuestro al rededor, por más dramático que sea, la que nos llena de amor y esperanza cada día, porque Dios viene a nuestro rescate, también, cada día. Dios se nos ha aparecido, en miles de circunstancias y maneras, nosotros hoy como María Magdalena, somos testigos de ello, y no podemos esconder nuestra alegría y nuestra esperanza. ¡Verdaderamente Jesús ha Resucitado! ¡Alabado sea el hijo de Dios! Lo más grande, se hizo nada por mí, pará que yo alcanzará la inmortalidad y participase de su misma Grandeza de su misma Vida.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-22

No me mueve, mi Dios, para quererte…

«Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido»

Con estas palabras entresacadas del Evangelio de hoy Jesús nos está dando a entender hasta que punto el hombre ha llegado a alejarse de Dios y a ensoberbecerse, que ni siquiera hablándole en un lenguaje cuasi infantil, en parábolas, pueden entender un mensaje destinado a su propia salvación. De tal manera que ante la luz del mundo están ciegos y no ven y ante la Palabra de Vida prefieren la muerte con tal de no doblar sus rodillas.

Aquí cabría muy bien como contrapartida a este hombre insensible cerrado a ver y oír, el soneto anónimo de «No me mueve, mi Dios, para quererte» cuyo autor abre los ojos del corazón para ver sin necesidad de recibir, y es que sin fe, es imposible agradar a Dios. Fe y amor pesan lo mismo en la balanza de Dios, pero también en la balanza del hombre que desea que los demás crean en él sin necesidad de tener que demostrar nada, porque si hay necesidad de demostrar continuamente algo es que lo que prima en la relación es el interés y no el amor. De tal modo que se puede afirmar que no hay nada en el plano humano (Dios nos hizo a su imagen y semejanza) que gratifique más a un padre que sus hijos confíen en él, lo mismo pasa con el hijo de recta intención, no hay nada más satisfactorio para él que sus padres depositen en él su confianza.

No puede haber salvación sin amor, sin fe, porque de lo contrario nuestra libertad, condición inherente al ser humano, estaría vendida a los resultados y Dios nos manejaría -por lo ya comentado- a golpe de golosina como se maneja a un perro, que viéndola en mano de su dueño, mueve la cola, se acerca y obedece.

Oración: Soneto anónimo

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-21

Oír no es sinónimo de recibir.

¡El que tenga oídos que oiga!

Así concluye hoy el evangelio sobre la parábola del sembrador, Dios es el sembrador que con su palabra esparce la semilla sobre la tierra que somos nosotros, pero dependiendo en que clase de tierra caiga su palabra, ésta dará fruto o no en el hombre.
En ocasiones la Semilla de la Palabra cae sobre piedra, estos son los que reciben la palabra con agrado pero no echa raíces en ellos por muy diferentes motivos, entre otros, porque se le presenta poca atención, no hay un convencimiento pleno de que la verdadera vida del hombre se sustenta en la Palabra de Dios y en ponerla en práctica, y es así como, finalmente, presta más atención a las tareas de este mundo pensando que todo depende de él.

Los que la siembra cae al borde del camino, en el tiempo actual, se les podría comparar con los inconstantes, con los que quieren estar en todos lados a la vez (se pierden en las redes sociales o en otras distracciones en su afán de novedad) terrenos muy abonados del enemigo que se envuelve bajo la apariencia de bien para arrebatarles la semilla, de tal modo que no puedan dar los frutos del Reino de Dios. Otros que igualmente encajarían dentro de este grupo son aquellos a los que la Palabra les resbala, pasan de seguido de una lectura a otra, como si de un cuento se tratara, y a lo sumo aplican la misma a los demás, y de este modo dicen: ¡Esto le vendría de maravilla a fulanito de tal!

Están de otro lado aquellos en los que la simiente cae entre espina; es decir un ambiente contrario que ahogaría la Palabra en ellos como pueden ser diferentes ideologías donde Dios es el mismo hombre y la religión, por tanto, como mucho, debe estar subordinada a sus teorías, e incluso a su provecho.

Espinas para la Palabra también son los ambientes desfavorable donde uno está insertado en la sociedad, en ocasiones desde la más tierna infancia, ahí entraría la cultura individualista, relativista, materialista, hedonistas y atea de este tiempo, la cual nos va adoctrinando desde todos los medios de comunicación y a todas las horas del día sin que nos demos cuenta. También un ambiente familiar desfavorable, amistades mundanas e incluso un mal ejemplo de personas que se dicen creyentes y de consagrados. Todo esto influye aunque no sea definitivo, ya que por un lado Dios nos hizo libres para elegir y por otro la Palabra va destinada a cada persona en particular, por tanto nuestra salvación no depende de lo que hagan los demás.

Finalmente está la simiente que cae en buena tierra, aquellos que en un momento dado se encuentran con esta palabra de Vida y Esperanza, la escuchan para acogerla receptivamente (sin prejuicios), la meditan detenidamente en su corazón y la ponen seguidamente por obra. Estos últimos son los que dan abundante frutos según la capacidad de cada uno.

Reflexión:
Hoy Jesús me invita a preguntarme, con esta parábola, en que grupo de los mencionados estoy yo y que debo hacer para dar más fruto.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-20