JESÚS SÍ, IGLESIA NO

san_pedro_cabeza_de_la_iglesia¿Porqué decimos Cristo Iglesia no o, por otro lado, es más importante obedecer a Jesús que a la Iglesia, si ambos no se contraponen, ni están en litigio, sino que buscan y persiguen el mismo fin y les asiste el mismo Espíritu? Hay varias razones que motivan a tomar esta posición: en lo que se refiere a Cristo, porque hemos fabricado en el pensamiento un Dios que se acomoda a mi ideología y a mis intereses personales, un Cristo subordinado a mi concepción de Dios, del mundo o a mi forma de vivir. En cuanto al rechazo hacia la Iglesia se debe unas veces a los escándalos que provocan algunos de sus miembros, otras porque estorba a los intereses de poder de los políticos (la iglesia en su labor profética incomoda); y por último a la mala imagen que de ella presentan novelistas y periodistas con diversos fines, normalmente ideológicos y económicos: el morbo vende. En cuanto a los escándalos habría que decir que algunas personas se han infiltrado en la Iglesia para tener una tapadera, debido a su buena imagen, donde encubrir sus debilidades, y otros en cambio, no siendo malo esto que voy a subrayar, un lugar donde buscar refugio para aliviar su soledad, su angustia, o el milagro para sanar de su enfermedad. En definitiva, muchos nos hemos aproximado a Jesús y a su Iglesia de forma interesada, algo que forma parte de la condición humana, lo malo es cuando nos quedamos estancados ahí, y después de conocer a Jesús, por medio de la Iglesia, no optamos por el cambio y renovación de vida que nos pide y nos ofrece Jesucristo a través de su palabra y de su esposa, que es la Iglesia.

Ahora bien, yo me pregunto ¿porque decimos Jesús sí iglesia no, cuando el mensaje de Jesús y el de la Biblia (si aún creemos que esta es Palabra de Dios) es, si cabe, más radical que el de la misma Iglesia, la cual como bien sabemos su única misión es ayudar a vivir el evangelio de Cristo en comunidad, a conservar la tradición de los apóstoles y de la iglesia primitiva y, por último a fijar la doctrina aclarando las Escrituras cuando estas se mal interpreten intencionadamente o no? Con un poco de lógica, no es difícil de adivinar, Jesús no está ahora entre nosotros, se ha ido junto al Padre Eterno para que la Salvación y el Reino que él nos trajo (paz, amor, justicia, verdad y vida), mediante su Palabra y su sacrificio en la cruz, sea parte también del proyecto del hombre, no como una imposición de Dios, sino como una tarea a realizar y una conquista de cada individuo (asistido por el Espíritu Santo) que se adhiere, libremente, al proyecto de Dios que culminará en la Eternidad en toda su plenitud. Como decía san Agustín: Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti; es decir, en contra de tu voluntad. Pero como Jesús se ha ido y hace las cosas, por lo general, de modo natural -contando con el hombre y respetando su libre albedrío (no a lo Harry Potter)- va a respetar esa libertad que nos ha dado, para que hagamos incluso, muy a su pesar, un uso sesgado, partidista e interesado (muchas veces mediante el auto-engaño) de su Palabra. Muy al contrario, de lo ya comentado, es lo que sucede con la Iglesia, que al acompañarnos en nuestro devenir cotidiano a lo largo de los siglos, puede -porque así se le ha conferido- sentar doctrina y llamarnos a obediencia. Por tanto, Dios se vale del mismo orden natural del mundo y de las reglas de los hombres, para que no erremos en el camino que nos conduce a la Plenitud de Vida que nos propone. De este modo queda claro, porqué decimos la Iglesia no o la Iglesia en parte, mientras que aprobamos a Jesús siempre: porque a Jesucristo “lo puedo manejar a mi antojo” interpretando las escrituras a conveniencia. Lo que yo veo aquí es falta de fe o ignorancia; puesto que si bien Jesús no va a aparecer para amonestarte en persona, si que habrá un Juicio particular y con consecuencias, atendiendo a la misma palabra de Dios, después de la muerte.

Pero este poder que tiene la iglesia de discernir, corregir, rectificar, fundamentar, disciplinar y apartar, estaría fuera de lugar si se lo hubiese dado ella así misma, que no es el caso. Es un poder que le ha dado Jesucristo a Pedro como fundamento y a sus apóstoles; el cual, además se ha ido transfiriendo de generación en generación, en la historia de la iglesia, hasta nuestros días a sus sucesores. En las escrituras se pone de manifiesto en varias ocasiones lo ya comentado, en una de ellas Jesús delega en Pedro su misma autoridad diciéndole: (Mateo 16, 18-19) Ahora yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Jesús no delega condicionalmente, y además lo hace con solemnidad y énfasis, colocándose a sí mismo en primera persona (Ahora yo te digo).

Por otro lado, sabemos, también por las Escrituras, que la Iglesia es presentada en varios pasajes como la Esposa del Cordero, es decir la Esposa de Jesús, ¿y que nos dice S. Pablo de esta esposa en Efesios (5, 31-32) comparándola a un matrimonio? «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; más yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia». Si forman un solo cuerpo ¿cómo podemos nosotros, pobres mortales, dividir ese cuerpo y otorgar más crédito a uno que a otro, si es el mismo Jesús, quien la guía, la purifica, la alimenta, y ha delegado en ella su misma autoridad?

Para hacer más énfasis en lo que acabo de decir y con mucha más documentación les dejo a continuación el siguiente enlace, donde se pone de relieve el celo de la Iglesia por el rebaño de Cristo, personificado en la persona del padre Luis Toro, nombrado por el Papa Francisco Apóstol de la Misericordia. El celo no solo por el rebaño en general, sino por cada persona en particular, como aquí manifiesta el padre ante un joven mormón, con mucho dolor de su parte, para que no se pierda en el engaño de una secta sin fundamento y en la trampa de la individualidad de los sentimientos personales (el suicidio también es un sentimiento). El video no tiene desperdicio de principio a fin, dura tres horas, por eso te recomiendo, o bien que te tomes tu tiempo, o que lo veas por etapas. En él se ve una demostración, más, de como las puertas del Infierno no prevalecerán sobre la Iglesia, la iglesia católica, la única fundada por Cristo.

La Iglesia Catolica recoje de algún modo este mandato de Jesús en los numeros 112 y 113 del Catecismo, confirmar en el siguient enlace cf: https://w2.vatican.va/content/dam/wss/archive/catechism_sp/p1s1c2a3_sp.html

Felicitación navideña para todos mis seguidores, Dios los bendiga.

Preciosa canción muy bien interpretada

¡Tarde me hallé, tarde te encontré, Señor¡

La Palabra

San Agustín lo dice de otra manera, con más belleza que yo y de modo más contundente: Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva…
Como a Dios no se le puede engañar, y cuando uno lo hace con los hombres, a quienes nos engañamos es, ante todo, a nosotros mismos; porque la verdad siempre termina por abrirse paso. Tengo que decir, que tarde empecé a conocer a Dios, porque a mar, lo que se dice amar a Dios, es una palabra que hoy por hoy aún me queda demasiado grande. Alguno se extrañará de que diga esto, porque todo el que me conoce sabe que Dios, de un modo u otro, siempre estuvo en mi pensamiento. Pues no se equivocan, porque realmente es cierto, pero una cosa es tener a Dios en el pensamiento y otra muy distinta, ser un verdadero discípulo de Jesús y, sobre todo, amarlo. Pienso que un discípulo que decide seguir a un guía, si lo hace, es porque cree que le puede ayudar a alcanzar el objetivo que busca. El discípulo, para serlo, antes que plantearse amar a su maestro (en el buen sentido del término, entiéndeme, que hoy hay que especificarlo todo) lo que procura con denuedo, además de aprender las lecciones teóricas, es obedecer a su guía e imitarlo para alcanzar, cuanto antes, las metas anheladas así como la misma perfección del maestro. Lo de la empatía y el cariño vendrá después, si tiene que venir, caso de que haya una relación de complicidad.

Más adelante se comprenderá porqué he escrito el preámbulo anterior. Ahora, no obstante, voy a contar algo que durante la oración me quitaba el sosiego esta tarde: pues bien, estaba yo cavilando, a que podía deberse tantas adversidades como he tenido en la vida (ya sé que cada uno tiene las suyas, pero a mi me duelen las mías, como es natural) y porqué aún, hoy en día, sigo con tantas incertidumbres en mi vida de cristiano. Al igual que que otras veces fui a indagar en la Biblia a ver si el Espíritu Santo tenia a bien aclararme dicha situación, eligiendo una página al azar en la misma; sin embargo, está vez, a diferencia de otras, no hubo respuesta ya que me la tenía guardada para más adelante. Así sucedió, horas después, cuando me dirigí a leer las lecturas de la Palabra del día. Allí el Señor me abrió los ojos, para rebelarme porqué mi trayectoria por la vida, sobre todo en algunas etapas -bastantes prolongadas, por cierto- había sido cuasi de pesadilla. La Palabra de Dios, hablándome en positivo, porque no enumeraba mis pecados sino lo que había dejado de hacer bien, me estaba poniendo de manifiesto, lo que ya comentaba al principio de este post, que había sido un mal discípulo, un discípulo indisciplinado; un discípulo que había seguido mi propio consejo, o cuando menos el consejo de mi Maestro a medias. De este modo, mi vida va a medio gas, todavía, aunque en una medida incomparablemente menor que antaño (de lo contraria habría muerto ya) porque seguir al que debe convertirse en mi amado, el amado de San Agustín y el de tantos y tantísimos Santos, es una batalla dura de librar -al menos en principio- con el principie de este mundo, con el Diablo y sus astutas argucias, para que no alcancemos la meta: el Reino de Dios en nosotros, ahora, y en la Eternidad después.

La lectura que corrió el velo de mi desinteligencia y desasosiego, y la que ha dado argumento para este post fue la de Isaías (48,17-19): Esto dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar, tu descendencia como la arena, como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido aniquilado, ni eliminado de mi presencia».

Pd: Sabemos, no obstante, que Jesucristo después de Isaías, por su sangre, selló un nuevo pacto con el hombre, para que retomara en cualquier momento, por la obediencia a sus mandatos, el camino de la libertad, del amor, del bienestar y de la justicia.

Oración: Señor por esta palabra que hoy me das, me comprometo a trabajar con más ahínco aún, por llevar acabo tu voluntad y tus mandatos. ¡Deseo amarte como tú te mereces, Señor; aunque lo haga un poco tarde! y, desde el fondo de mi corazón, ya casi me surgen las palabras de San Agustín, pero aún no me atrevo a pronunciarlas.

¡Cuánto tiempo he perdido Señor, Dios mío! ¡Cuánto tiempo perdido, sin amarte!

P.Ch.

Evangelio de hoy -gracias a la constancia salvarán sus vidas-

http://www.rezandovoy.org/reproductor/adulta/110

Esta es una forma nueva y diferente de acceder al evangelio a través de reflexiones en audio, acompañadas de música relajante que te llevarán a meditar la palabra en silencio, con más profundidad y con menos distraciones.

Para acceder al audio pulsa en el enlace que aparece a continuación y seguidamente en la fecha del dia. http://rezandovoy.org/

¿Cómo espero a Jesús?

pastoresHace unos días una amiga, me pedía que escribiese algo sobre el adviento y la navidad, pues bien, voy a intentarlo. Para empezar, diré que no soy muy dado, pese a ser católico, a profundizar en los tiempos litúrgicos que va marcando la iglesia; aunque no por ello dudo de que tengan su importancia para madurar en la fe o como catequesis. Esto se debe, sobre todo, a que el llamado de Jesucristo, en mí, lo entiendo como algo permanente que empieza al levantarme y termina, también, en el lecho con el descanso nocturno. De esta manera, la relación con Dios, no es un apéndice más en las varias tareas o facetas que tengo que desempeñar en el día a día, sino que es mi vida misma; es decir, el sentido de mi vida, el impulso para empezar cada mañana; mi meta, mi esperanza de felicidad eterna; al mismo tiempo, que se convierte en mi trabajo para dar a conocer esta esperanza y este gozo, que es Jesús, a las personas; es el aire que respiro, es mi salud y mi resistencia en la enfermedad. Él está presente en los días aciagos y en los días radiantes; en mis batallas para conocer que espera de mí. Él, también, por medio de su Palabra, es la fuente en la cual descifro su modo de concebir este mundo -que es el suyo- y cómo lo dirige a través del Espíritu Santo.
De lo dicho anteriormente se deprende, que la venida de Jesús la espero a cada instante, mi tarea es tener la tierra (mi alma) siempre removida para que cuando Él quiera plante su semilla y, ésta, de fruto en su momento. Cómo dice S. Pablo (Romanos 9, 16) la cuestión no está en el querer y o el correr (el hacer) mío, porque entonces me apropiaría la obra de redención de Jesús, y la verdad es, que el pecado nos separa y nos aleja tanto de Dios, que tras la caída de nuestros primeros padres, hemos sido redimidos por pura misericordia de Dios, ya que como se nos dice en la mismas Escrituras: La paga del pecado es la muerte (Satanás lo tiene bien claro, a él no se le ha dado una segunda oportunidad como al hombre). Sí hermanos, espero al Señor en este momento y siempre, siendo consciente de que es Jesús, el que se hace el encontradizo y determina el momento de su llegada a mi corazón. María, la virgen, estaba preparada para aceptar la llegada de Jesús a sus entrañas y a su vida, pero no sabía cuando vendría y si sería ella la elegida. Por lo tanto, lo importante de la navidad no es buscar a Jesús, porque es posible que lo busquemos con conceptos erróneos humanos y equivocados, lo importante para recibir a Jesús -que llega siempre- es tener un corazón receptivo; un corazón pobre, humilde, necesitado y obediente. Un corazón de niño, que cada vez que escucha la Palabra de Dios, lo hace no solo con los oídos, sino con los ojos, el semblante, con todo su cuerpo; y, como María, le da vuelta a esa palabra en sus entrañas par descifrar su misterio. El misterio de un Dios, todo poderoso e inconmensurable, que se hace esclavo y siervo de la voluntad del Padre, un Dios que se deja triturar por amor y para dar vida abundante a aquel, que la quiera recibir.

P. Ch.

¿Te consideras una persona digna?

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Que significa para un creyente tener dignidad o ser digno. Parece que el centurión del evangelio que pide a Jesús sanidad para su sirviente, tenía bastante más claro que muchos fariseos -que ponían la dignidad de la persona en el cumplimiento de la ley- que es ser digno delante de Jesús. De algún modo el centurión intuyó -por el poder de sanación de Jesús, por lo que había oído hablar de Él, y por lo que llegó a captar en ese bis a bis que tuvieron de palabras cuando se encontraron- que él, frente a Jesús, era un ser insignificante. El centurión que ostentaba un rango ya de por sí relevante dentro del imperio romano y que, a su vez, velaba por que se cumplieran las leyes romanas dentro de los territorios conquistados, como era Palestina; no vio en Jesús un súbdito, un lacayo al cual ordenar imperativamente o coercitivamente la sanación de su sirviente. Con sus palabras (Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará) el centurión desvela su rico mundo interior, él se da cuenta que su poder terrenal actúa en un plano inferior al poder sobrenatural de Jesús, y por eso mismo se siente pobre e indigno de que tal personaje, Jesús, visite su casa. El centurión que es capaz de hacer “comer tierra” a sus subordinados, se siente nada, ante a aquel personaje que curaba a los enfermos e incluso resucitaba a los muertos.
Pero esta lectura del evangelio, como toda Palabra de Dios, es tan actual hoy como ayer, y muchas veces son los más alejados o los más sencillos, los que dan lecciones de fe y esperanza a los teólogos o a los más entendidos, contaminados por la lectura al entrar en contacto con filosofías y antropologías que no tienen en cuenta a Dios.
Así es y me explico: no en pocas ocasiones he leído o escuchado de articulistss y predicadores dentro de la iglesia, también fuera por supuesto (porque como acabo de decir esto viene por una contaminación de filosofías materialistas y escépticas) de que el hombre pierde su dignidad cuando pierde su trabajo, cuando es explotado, cuando está postrado por una grave enfermedad, cuando es maltratado, cuando no alcanza cierto nivel de renta, etc. Pues bien, frente a este pensamiento ¿alguien podría decir que Jesús perdió su dignidad, cuando fue despreciado por sus parientes y por su pueblo? ¿cuándo fue torturado hasta la extenuación? ¿cuándo tuvo que pagar tributo ante un imperio que tenia sometido a su pueblo? En ningún momento Jesús perdió su dignidad, sino más bien todo lo contrario, ya que la supo mantener, en esos momentos, en los niveles más sublimes que se pueden esperar de cualquier ser humano. Jesús sabia donde residía la dignidad humana, no en circunstancias externas y pasajeras que no depende de la propia persona que la sufre, sino en el interior del hombre. El hombre es Imagen de Dios, y el hombre pierde su dignidad cuando desea conscientemente ocupar el lugar de Dios y decide por sí mismo que hace a un hombre digno o no. ¿Qué persona es la que pierde su dignidad, aquella que se queda sin trabajo (que tiene a Dios por baluarte y defensa) o aquella que despide al trabajador para aumentar la cuenta de resultados a fin de año? ¿Quién es la persona indigna aquel que explota a su prójimo, o aquella que aguanta el chaparrón porque sabe que sus hijos tienen que comer todos los días y a pesar de ello cumple en su trabajo? ¿Quién es la persona indigna, el pobre que está en la calle tirado, o la persona que se dirige al supermercado a llenar el carro de la compra y pasa a su lado con la mayor de las indiferencias?
El hombre pierde su dignidad, cuando pierde la imagen de Dios en él. Qué hacer entonces para no perder la imagen de Dios en nosotros que, como ya hemos dicho, no consiste en algo externo a la persona. Lo que debemos hacer es atender a la revelación, a las Escrituras, allí se nos da a conocer quien es Dios y como actúa Dios en la segunda persona de la Trinidad, para que copiemos su imagen en nosotros, oscurecida por el pecado original. La dignidad reside en la persona cuando, al igual que Jesús, obedecemos al Padre, del cual procede todo menos el pecado, y damos la vida, literalmente, por nuestros hermanos. «Un mandamiento nuevo os doy, dice Jesús, que os améis unos a otros como yo os he amado»; es decir, renunciar a mí mismo, como el grano de trigo que se pudre en tierra para dar fruto y renacer, después, en nueva vida y para dar vida; en el caso del hombre con la misma identidad de Cristo: por eso muchos santos hasta recibieron los estigmas de cristo, e incluso la incorrutibilidad de su cuerpo o parte de él.
     Oración: Señor que no olvidemos nunca que el protagonista de la historia eres tú, y que el hombre, por sus propios medios, olvidando tu imagen y su destino, es lo que es (egoismo)y vuelve a donde lo tomaste antes de darle tu aliento de vida: al polvo de la tierra.
      Y tomando la palabra Jesús, les enseñaba diciendo:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.Bienaventurados los mansos , porque ellos posseerán en herencia la tierra.Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

P. Ch.

Cómo salir de la adicción sin autoengaños

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Uno de los principios más importantes que te ayudarán a salir de tu adicción se puede identificar con estas alegorías: quitarse la máscara, dejar el traje, arrancar de raíz, soltar por la borda, enterrar el cadáver.
Me explico: sabemos que todas las adicciones o la mayoría de ellas van ligadas en buena medida a una huida de la realidad, a un trauma, a una carencia afectiva o a una mimetización de un rol familiar.
También es conocido, que hasta los 13 o 14 años son pocas las personas que se han iniciado en el consumo de sustancias adictivas. Lo cual quiere decir, que si hasta los trece o catorce años hemos podido vivir sin ellas y enfrentar muchas contrariedades, pataletas, desencuentros y que, a su vez, hay muchas personas que siguen enfrentando los problemas (la gran mayoría), después de esa edad, sin necesidad de agarrarse a la muleta del alcohol, de las drogas, del juego, y de otras prácticas igualmente adictivas, …del mismo modo también, la persona que deja la adicción podrá afrontar los problemas y vivir la vida con las capacidades naturales que Dios le otorgó, principalmente la inteligencia, además de la familia -pilar fundamental- y los verdaderos amigos que, como todos sabemos, son contados pero que siempre están ahí para apoyarnos. Sin olvidar que la terapia en la mayoría de los casos resulta de gran ayuda, como otros apoyos para el proceso de desintoxicación, especialmente los medicamentos. De este modo pues, si hubo vida antes de ser adicto hay vida después de serlo, la misma, solo que ahora eres dueño y señor para decidir en cada momento lo que te apetece hacer.
En todo ese proceso de dejar las adicciones, por lo general, se da un autoengaño del individuo -unas veces inconscientemente y otras solapadamente- que consiste en dejar la adicción, pero sin radicalidad; es decir, postergar la vuelta a la bebida, al tabaco, al sexo compulsivo, a la cocaína, al juego, etc., etc., hasta el momento en que se recupere lo que las drogas y los malos hábitos le robaron en su día, a unos la familia, a otros la salud, a otros el trabajo, a otros la libertad para dedicarse a tareas más nobles, a otros la pareja, etc. El problema estriba, entonces, en que muchos adictos no son conscientes de que, por encima de su creencia de poder controlar su adicción -ahora que se sienten fuertes al haber recuperado su posición inicial después de un tiempo de abstinencia- está la huella que su conducta aditiva dejo en su cuerpo y en su cerebro; en el cuerpo, en todas sus células que reconocen la sustancia y no necesitan adaptarse a la misma -poco a poco- como cuando empezaron, y en el cerebro porque aquel hábito de conducta se memorizó en sus neuronas y se activa con la asociación de situaciones y circunstancias medioambientales que acompañaban a la conducta aditiva, por ejemplo: un olor, un sonido, un problema, un relax, una amistad, unas imágenes, un recuerdo, un conflicto, un lugar, etc., etc.
Como prepararse pues, para no recaer en la adicción con la trampa del autoengaño (hasta que esté mejor, hasta que recupere mi trabajo, mi familia…) cortando de raíz, como se hace con la mala hierba, para que no vuelva a desarrollarse y crecer; es decir mentalizándome de dejar de por vida la sustancia o la conducta que me doblega (y no, hasta que… o voy a ver qué pasa) así sea que el mundo se me venga encima como le puede pasar a cualquier otra persona que no es adicta. Cortar de raíz, o cortar el tronco con el hacha desde su cimiento.

Poniendo un ejemplo aún más grafico diremos, que hay que soltar y soltar para siempre algo de lo que me he apropiado como si fuese yo mismo. El alcohol como cualquier otra sustancia o habito, lo podemos comparar con una máscara, un traje, un amuleto (aunque como dice el refrán los ejemplos son siempre odiosos) el cual decidí probarme un día y con el cual, días después me identifiqué, como si fuese parte de mi mismo -como una coraza- para no tener que afrontar mis propias carencias, complejos o vacíos afectivos.

No obstante, el adicto tiene la gran suerte y posibilidad de soltar y dejar esa sustancia con la cual no nació, que le esclaviza y que además disminuye sus capacidades: una máscara, un traje, un amuleto de quita y pon que lo anula.
Imprescindible para la vida es el corazón, el cerebro y las cualidades morales y actitudes físicas que me definen como ser único y genuino dentro del universo de la creación. Ahora bien, hay dos maneras de soltar la máscara o el traje de la adicción: una, la de dejar el traje en el armario, con lo cual cabe la posibilidad de retomarlo en un momento de debilidad (es más, el subconsciente sabe que cuenta con él y me crea ansiedad porque lo tengo a mi alcance) (hasta que…); y la otra posibilidad es la de tirarlo a la basura como lo que es; algo que no forma parte de mí, que me estorba, que me esclaviza y que no me identifica como persona. De este modo me desprendo de ese lastre, de esa máscara, de ese traje para no tocarlo más, sin posibilidad de retorno; es decir, sabiendo que lo he dejado para siempre. Y lo que se suelta para siempre trae paz a tu vida, porque lo borras del pensamiento como algo que ya no te pertenece, no forma parte de ti.
La biblia, para la persona creyente lo de soltar o dejar, lo define de una manera muy gráfica, llamativa e incluso más radical. Lo define con estas palabras: «si tu ojo te escandaliza, sácatelo, si tu mano te escandaliza córtatela», lo cual quiere decir que no se puede ser condescendiente con las ataduras, sino que hay que cortarlas de raíz. No literalmente tal y como describe la Escritura -sacándote el ojo- pero sí con firme decisión, porque de lo contrario pasa igual que con la persona que se acerca al perro encadenado, que de tanto acercarse para burlar al animal, confiando en la cadena y en sus posibilidades para huir, termina siendo devorado. A demás, has de ser consciente en que esa decisión firme (de para siempre) nadie la puede tomar por ti, o te salvas tu mismo, o te condenas tu mismo, el mundo ofrece muchas posibilidades, no te dejes llevar por la corriente que te lleva al precipicio: el que te matas eres tú, no busques otros culpables fuera de ti.
Que cuesta ¡pues claro…! como todo lo valioso, hay personas que dedican buena parte de su vida a sacarse una carrera, unas oposiciones, a lograr unas metas deportivas, dejar la adicción para siempre es sacrificado en principio, pero no lleva tanto tiempo y a cambio te reporta el beneficio más valioso de todos, el control de tu vida; tu libertad, tu salud física y mental; la vida misma.
Esa radicalidad de para siempre, consistirá en algunos casos en soltar amistades, otras dejar de frecuentar ciertas zonas, puede que sea necesario hasta que tengas que cambiar de ciudad o de trabajo, pero benditos cambios o desprendimientos si con ellos salvas tu vida y la de las personas que te importan.
P. Ch.

Marta vs María, la gran polémica.

Tratando de dar una explicación a las palabras de Jesús entre la reverencia de María echada a los pies del Señor y el trabajo denodado de Marta por tener todo bien dispuesto a la hora de servir la comida.

marc3ada-y-martaLo mismo que hizo Marta para el Señor: tener todo listo para que se sintiese bien atendido Jesús y sus discípulos, se suele hacer con cualquier otra persona, un amigo, un familiar, un invitado, etc.
Cierto es que el Señor no menosprecia el trabajo y la dedicación de Marta, no le dice que esté haciendo mal, sino que su hermana a elegido la mejor parte. ¿Y porque le dice esto Jesús a Marta? porque Él sabe delante de quien está postrada María; delante del hijo de Dios creador de todo cuanto existe y, por tanto, al que se le debe todo el honor, la honra y la gloria. Es muy digna y encomiable la tarea de Marta, enmarcada dentro de una cultura, como la semita, de acoger al forastero o al que está de paso, pero la cultura atiende, por lo general, las realidades terrenas y pasajeras, porque este mundo -si realmente creemos en la palabra de Dios- pasará y detrás de él se inaugurará un cielo nuevo y una tierra nueva. Con estas palabras lo que Jesús da a entender a la humanidad (ya que la palabra de Dios es hoy tan actual y viva como en su momento) es que el Reino de Dios que viene a traernos a la tierra, parte de Él y se dirige a Él como principio y fin. Ese Reino de paz y Justicia; de vida, amor (fraternidad) y verdad, que nos muestra con sus palabras y con su ejemplo, y que busca la dignidad del hombre, no se debe a los méritos del hombre o a una dignidad que el hombre se haya dado a sí mismo, sino que esta dignidad le viene de Dios. De ahí que el salmo ocho en el versículo seis proclame, loando a Dios, en referencia al hombre: «Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies». Por tanto, el Reino de Dios lo trae Jesús con su persona, lo proclama Jesús con sus palabras (con todas); lo certifica con la nueva alianza sellada con su sangre, por la que se nos perdonan nuestros pecados; lo dirige Jesús por la obra del Espíritu Santo, y lo concluye el Padre, cuando determine la segunda venida de su Hijo; de la cual, ni siquiera el mismo Jesús conoce el día ni la hora. Por tanto, hemos de bajarnos del caballo o de la burra, para tener bien presente, que nosotros somos colaboradores en construir el Reino de Dios, que el Reino de Dios existe desde siempre y para siempre -en el hombre, en su corazón porque somos templos del Espíritu Santo- y en la concreción de las realidades temporales dejándonos guiar por el Espíritu Santo para colaborar en la economía de la salvación, porque de lo contrario construiremos cualquier cosa menos el Reino De Dios; por lo general, nuestro propio paraíso aquí en la tierra. El hombre no puede dar lo que no tiene y si primero no transforma su corazón -no nace de nuevo- tal y como le dice Jesús a Nicodemo, no podrá afectar la vida de los demás. ¿Y como nace uno de nuevo? Siendo siervo, siervo de Dios como María (he aquí la esclava del Señor hágase en mi según tu palabra) siervo como Jesús (no he venido a cumplir mi voluntad, si no la de mi Padre que está en los cielos), renunciando, por tanto, a uno mismo para entrar en la voluntad de Dios, porque en esa renuncia encontramos la paz interior y la liberación de todas nuestras servidumbres y ataduras. Aunque lo ideal seria que esa renuncia fuese por amor y no por interés, y no es para menos después de que Jesús diese la vida por nosotros con dolores de espanto, y con temores y angustias insondables, por las que llegó a sentirse abandonado hasta de su mismísimo Padre. ¡A precio de Sangre nos compró para hacernos herederos de su Reino!
P.D. Tener caridad, ser justo, buscar la fraternidad, todo esto lo puede hacer un ateo, pero traer el Reino de Dios a la tierra, sólo lo puede hacer el Espiritu Santo en nosotros y con nosotros.

P. Ch.

¿Quién como Dios? YO

Hoy como ayer uno de los mayores pecados del hombre es el orgullo y la vanidad, creer que tiene el conocimiento de Dios y situarse por encima incluso de la revelación traída por Jesús. En nombre de Dios mataron a Jesucristo aquellos que pensaban tenían el don de interpretar las escrituras, en nombre de Dios, se levantaron muchas herejías a lo largo de la historia de la iglesia, en nombre de Jesucristo y de los mismos apóstoles nos revela San Pablo, que algunos cristianos, ya en la Iglesia primitiva, enseñaban doctrinas falsas; y en nombre de Dios, igualmente, este mismo apóstol profetiza, que habrá quienes asesinen a los seguidores de Cristo; algo que, por cierto, ya está sucediendo. En nombre de Dios, de la investigación y del estudio, algunos, también en nuestro tiempo, siguen tergiversando las escrituras o adulterando, para sorpresa del rebaño de Dios, el mismo mensaje de Jesús: unas veces extrapolando el modo de razonar del hombre al de Dios, y otras, en aras a una concepción de Dios, una ideología religiosa, una teología, una estrategia psicológica, un sentirse identificado con un grupo para no quedar aislado, y en ocasiones, también, como un modo de autoengaño para justificar las propias tendencias de la carne, enseñando medias verdades y ocultando otras al más puro estilo de los políticos de nuestro tiempo. Como vemos, el hombre es un producto de su época y los cristianos con los consagrados a la cabeza, que no deberían ser del mundo tal y como enseña su maestro, hemos sido igualmente contaminados de la cultura de nuestro tiempo, para no ser menos que la mayoría o, como hemos señalado antes, por otros muy diversos motivos. Esta influencia, en el caso de los consagrados y de los catequistas es, aún, más grave porque no se representan a sí mismos si no a la Iglesia; no a la iglesia que les gustaría en su ideario imaginario, sino con aquella que confiesan en el credo y que conocían ya antes de que se comprometiesen unos y consagrasen e hiciesen profesión de votos otros. En ocasiones, me temo que ni siquiera esta relación íntima con Dios es suficiente, para que salgan de esa dicotomía, a la que nos están llevando también a la feligresía, entre la revelación dada por Jesucristo y acogida por la Iglesia -que se sitúa en muchas ocasiones más allá de la lógica humana; en el misterio y en lo sobre natural- y la búsqueda insaciable, a veces rayana en el absurdo, por dar una explicación materialista (cientificista) y racional a algo tan inconmensurable como es el mundo espiritual y sus manifestaciones. Búsqueda, por otra parte, frontalmente opuesta a la vida del creyente, con Abrahám a la cabeza, que siempre ha caminado más por fe, que por demostraciones veladas del misterio y de las promesas. Sí hermano, el hombre es, por lo general, el producto de la cultura de su tiempo (a diferencia de la palabra de Dios que es inmutable) y por eso muchos, también en la Iglesia, en mayor o menor grado, nos hemos contaminado con el relativismo, el buenismo y lo correctamente político para no herir sensibilidades y no entrar en conflicto con el mundo y con la propia conciencia. Pero tal renuncia y deriva de la fuente doctrinal y de las escrituras hacia el relativismo moral, no puede salirnos gratuita (del mismo modo que sucede con todo aquello que se aparta de la voluntad de Dios) tras él hemos sido arrojados, al igual que Jean Paul Sartre, a la nada y al vacío más absoluto. Así pasa, porque en el todo vale copiado del mundo, al final lo que no vale es nada: cuando todo se mueve (todos los fundamentos y dogmas del cristianismo son ahora cuestionados) al final sin suelo firme donde apoyarte, o te caes o desiste de andar el Camino, para aferrarte a otros itinerarios que ofrece el mundo más seductores, tal y como pueden ser el materialismo o, bien, los totalitarismos con sus afirmaciones inmutables pseudorreligiosas. Para reseñar algunos dogmas cuestionados, sin entrar en todos y sin analizar en detalle, diremos que es el mismo evangelio que enseña Jesús el que se pone en entredicho: el demonio es poco menos que una figura literaria, los ángeles tampoco existen con identidad propia porque son una representación de Dios, el infierno si existe llega a ser menos que el purgatorio ¡vamos, como un tostarse, a pleno sol, dos días de playa!, los demonios que Jesús expulsaba eran locos (locos que reconocían al hijo de Dios, ¿qué extraño no?), el sacramento de la confesión denostado y un paripé para los más incautos, ya que se da la comunión, a sabiendas y consentidamente (no todos), a personas que viven en pecado publicamente; la Gracia un regalo sin propósito que no debe mover la voluntad del hombre a la conversión, ya que de lo contrario no sería regalo (mezclando don, con la percepción que tenemos de regalo humano); en definitiva que Jesús era masoquista y se puso a ocupar el lugar nuestro en una cruz, pagando por nuestros pecados, para que cada uno se quedase como está, el fornicario fornicando, el ladrón robando, el calumniador calumniando, etc, etc. Dirán que soy un exagerado, pero he escuchado un predicador (y hay muchos que se identifican con este sentir, no voy a dar nombres) en la que se nos decía a los feligreses, en plena cuaresma, que él no venía a hablarnos de conversión -que hasta ahí puede ser razonable siempre que tuviese algo nuevo y provechoso que comunicarnos- para continuar, y esta fue mi sorpresa, diciendo una y otra vez hasta la saciedad, que Dios no nos pide nada (quedémonos pues, si Dios no nos pide nada, contemplando el cielo a ver si nos cae algo de lo alto). No sé como se puede interpretar así la biblia cuando las primeras palabras que el evangelista Marcos pone en boca de Jesús de forma imperativa, ya incluso al comienzo de su Evangelio, son las siguientes: (Marcos 1, 15) «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos (otros traductores sustituyen por: Renuncien a su mal camino) y creed la Buena Noticia. También en Marcos 2, 17 podemos encontrar: Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Es tan obvio que Dios llama a un movimiento de nuestra voluntad, que me apena tener que hacer esta reflexión; sin embargo, estas cosas están sucediendo y hay que darlas a conocer a pesar de que se digan con buena intención, pero ya conocemos lo que dice el refrán a cerca de los bien intencionados. Dios, por tanto, no usa una varita mágica, a especie de Ada Madrina, para cambiar al hombre sin que este ponga de su parte y colabore con la gracia de Dios para que esta produzca su efecto en el caminar diario. ¿Qué sucedería entonces, si no caminasen en fe y obediencia, con todas aquellas personas que no han sido arrebatados de modo espectacular por el Espíritu Santo o no han tenido un encuentro profundo con Dios?

Creo que me he desviado un poco del tema con el que inicié esta reflexión, pero en cualquier caso lo que quería expresar es que no podemos encerrar a Dios en nuestros esquemas mentales y parámetros psicológicos, porque de hacerlo corremos el gran peligro de fabricar un Dios a nuestra medida, un ídolo falso, que a través de la imagen que ha creado de Dios, se de culto a sí mismo. Tal postura dicta mucho de la humildad y obediencia de los santos y del mismo Jesús, que nos revela, entre otras cosas, que ha venido a cumplir la voluntad del Padre la cual, como sabemos, no siempre llegó a coincidir con la suya. Por otro lado, atendiendo a las mismas escrituras deducimos, que el conocimiento de Dios no es alcanzable por el esfuerzo del hombre, aunque este pueda, eso sí, mover la voluntad de Dios; de hecho, hay personas que han leído la biblia o se han puesto a estudiarla y no llegan más allá de ver en esta una obra puramente literaria. Para confirmar lo anterior miremos en (Isaías 55, 8-9) donde se nos revela que el pensamiento del hombre no es el pensamiento de Dios, y (Mt 11, 27) por otra parte, que “nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo”; por lo general a aquellos que se hacen como niños, que aceptan el misterio de Dios, como la Virgen María, escape éste o no de su condicionado y finito entendimiento. Ahora vemos como a través de un espejo decía S. Pablo, y eso ¡ojo! que tuvo revelaciones directas de Dios; y San Juan de la Cruz en su libro “Subida al Monte Carmelo”: “Solo empiezan a tener sabiduría de Dios, quienes dan de mano a su saber, como si fuesen niños ignorantes, y sirven a Dios con amor”. Pues sí hermanitos, hoy se cuestionan muchos dogmas de la Iglesia y enseñanzas bíblicas, mientras que son los ateos, los que ponen un poco de luz, paradójicamente, a lo que perdimos por el camino. Sin más os dejo este enlace para que lo confirméis: La lucida teología del ateo

Pd. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (lucas 18, 8). Puedo aseverar, que cuando me vino este versículo al pensamiento anoche y lo agregué al articulo editado y publicado horas antes, aún no sabia que coincidía con el final del evangelio de hoy 17/11/2018. !Las cosas del Espíritu…¡

P. Ch.

¿Es igual temor de Dios que temer a Dios?

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No es lo mismo temor de Dios que temer a Dios. Hay muchas personas que temen a Dios, pero no tienen temor de Dios. De este modo viven un cristianismo mediocre y tibio que rehuye del compromiso, porque piensan que Dios es un tirano y les va a coartar su libertad y el disfrute de los placeres de la vida. Han malinterpretado el mensaje, concibiendo más bien a Dios como un agua fiestas, un ser despiadado, que los oprime, antes que como a un libertador que los sana y rompe las cadenas que les impiden realizar el proyecto para el que fueron concebidos. Se han quedado en el Dios del NO, no hagas esto, no hagas lo otro, etc. Sin embargo, el Dios que nos revela Jesús, es el Dios del sí: si puedes cantar, si puedes bailar (como David), si puedes gozar de tus sentidos: de una bruma suspendida en el horizonte, de un sol crepuscular sobre el océano, de una buena charla de sobremesa con la familia, de la sonrisa de un niño, de la caricia de un anciano, de la lectura de un buen libro, de la complicidad y carcajada con un amigo. Nuestro Dios (el único que existe) no es el Dios de la negación, aquel que te lee la cartilla a cada tropiezo, sino el Dios que te da la mano para levantarte, el que te señala y alumbra el camino para que no te desvíes por la vereda que desemboca en el lodazal. El que te dice que sí, que puedes, porque no cuentas con tus solas fuerzas, sino con las suyas: yo soy un Dios de poder, él único que existe, el Dios que está por encima de la enfermedad, del pecado y de la muerte. No soy un Dios teoría, soy tu hermano, tu papá, tu fortaleza (es hora de que te lo creas y no de que lo repitas como un papagayo, como el que oye llover, sin más), porque hoy como ayer cumplo mis promesas; estoy aquí para darte vida, curar tus heridas y restaurar lo que hay roto dentro de ti; para sacarte de tu ceguera espiritual, tus miedos, tus hábitos nocivos; para darte luz en la lucha con el tentador, con el seductor, con el engañador, con el padre de la mentira, con el que te dice a cada instante: no, tú no puedes, eres débil, cobarde, un fracasado, estás solo, Dios es una ficción, no hay otra vida, aquí se acaba todo: el fracaso es tu meta, y el placer tu destino y tu Dios. A lo único que puedes aspirar es a vengarte, son todos iguales: ladrones, mentirosos, lujuriosos ¿para que luchar contra corriente si solo intentan quitarte lo que es tuyo? haz tú lo mismo la santidad es para meapilas, el mundo no tiene remedio. Y así, mentira tras mentira, el engañador, el diablo, te va debilitando, quiere que pierdas la fe, que no alcances la vida eterna, que seas como él, un fracasado; el más grande de los fracasados, porque teniéndolo todo, lo perdió todo por vanidad, por vileza, por creerse más que Dios, por rebeldía y por poder. Sí, despierta, el enemigo del alma y de la vida, no quiere que salgas de tu pecado, que cantes ¡Victoria al Rey de Reyes!, que tu jubilo sea gritar por las plazas ¡el Señor, el Dios de Abrahán, el Dios de Jacob y de Moisés; el Dios de Israel y de la Iglesia; aquel que ha cortado las cadenas que me ataban al pecado y me esclavizaban arrastrándome, día y noche, por el lodo! El mentiroso quiere, por tanto, que sigas poniéndote de rodillas ante tus miedos, tus vicios; prefiere verte prisionero como él; condenado para siempre, sin salida; cercado por el fuego que no se puede atravesar. Dios, Jesucristo, sin embargo, cura, sana, abre un horizonte donde la esperanza, la paz, el amor y la eternidad están presentes en una mesa inagotable. Él es alcohol que cauteriza, pero al mismo tiempo bálsamo que regenera. Te dice que tú puedes porque estás ante el Dios de la Creación para el cual nada es imposible, el Dios que hizo caminar sobre el agua a Pedro; un Dios persona, real y resucitado. Estoy contigo y para siempre, mis noes son síes: si a la vida, al amor, a la misericordia, a la verdad, al compartir y repartir, a la libertad de anteponer el amor a la tiranía del cuerpo y a las insidias del maligno: porque Ęl te ha dejado su espíritu, el Espíritu Santo que realiza la obra en ti, cuando desde tu libertad confías en Él y renuncias al pecado. Ahora ha llegado el momento de que pases de tener miedo a Dios, al temor de Dios, que es vislumbrar su grandeza. Lo cual quiere decir que Dios puede suspender en cualquier momento las leyes de la naturaleza, porque Jesús ya venció al pecado al que estaba sometida la naturaleza. Y de este modo la higuera dará su fruto fuera de tiempo, el meteorito será desviado si sus hijos se lo piden y confían; el fuego, desolador, apagado por la lluvia del creador, la enfermedad no tiene la última palabra, ni la muerte. Dios así ya lo ha confirmado en la vida de multitud de personas que han decidido seguirle a lo largo de los siglos, milagro hay todos los días, y el mayor de ellos es que sigamos vivos a pesar de nuestra incredulidad y ceguera para no ver a Dios en la creación y en la buena noticia que nos trajo Jesús: que estamos salvados y redimidos en Él si renunciamos a satanás y al pecado y aceptamos, al mismo tiempo, que Jesús es el camino y la puerta de la vida, de la libertad, de la única salvación posible. Temor de Dios es saber reconocer que frente a Él, al poder infinito de Dios, su bondad y su sabiduria, somos polvo y nada. ¡Bendito sea el Dios que me Salva! ¡Gloria a su nombre Santo!

P. Ch.