¡ No se inquieten ni teman !

Evangelio según San Juan 14,23-29.

Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes.
Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»
Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman !
Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes’. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.

Comentario: Santa Teresa de Ávila (1515-1582)
carmelita descalza y doctora de la Iglesia

Relaciones, 46 y 48

«El que me ama… y vendremos a él y haremos morada en él»
Estaba una vez recogida con esta compañía que traigo siempre en el alma y parecióme estar Dios de manera en ella, que me acordé cuando san Pedro dijo: «Tú eres Cristo, hijo de Dios vivo» (Mt 16,16); porque así estaba Dios vivo en mi alma. Esto no es como otras visiones, porque lleva fuerza con la fe; de manera que no se puede dudar que está la Trinidad por presencia y por potencia y esencia en nuestras almas. Es cosa de grandísimo provecho entender esta verdad. Y como estaba espantada de ver tanta majestad en cosa tan baja como mi alma, entendí: «No es baja, hija mía, pues está echa a mi imagen» (Gn 1,27).

Estando una vez con esta presencia de las tres Personas que traigo en el alma, era con tanta luz que no se puede dudar el estar allí Dios vivo y verdadero... Yo estaba pensando cuán recio era el vivir que nos privaba de no estar así siempre en aquella admirable compañía, y... díjome el Señor: «Piensa, hija, cómo después de acabada no me puedes servir en lo que ahora, y come por Mí y duerme por Mí, y todo lo que hicieres sea por Mí, como si no lo vivieses tú ya, sino Yo, que esto es lo que dice san Pablo» (Gal 2,20).

Dichosos vosotros cuando os persigan y calumnien por mi causa.

Evangelio según San Juan 15,18-21

La lectura de hoy me retrotrae a aquellos otros versículos en gálatas 1,10 que dicen: «Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.» O aquellos otros que nos dicen: no pueden servir a dos señores… No pueden servir a Dios y a las riquezas. El seguimiento de Cristo trae consecuencias, porque un siervo no es más que su Señor, y así como recibiremos bendiciones y consolación del Padre como las recibió su hijo también tendremos que enfrentar crítica y hasta persecución como su hijo, no a causa de nuestra vanidad y doctrina, sino como consecuencia de predicar la misma palabra de Cristo y vivir coherente a ella en todo los ambientes y ámbitos de la vida en los que Dios nos ponga.
Pero como decía también Pablo en todo ello saldremos vencedores porque ninguna tribulación podrá separarnos de su amor, del amor de Dios, a lo que cabría añadir que a cambio en este camino recuperamos la Libertad y la Vida. La libertad porque ya no somos esclavos del pecado y del mundo y la Vida porque solo la vida en Cristo, puede llenar nuestro vacíos (la búsqueda de sentido), y cicatrizar nuestras heridas.

Así pues, abramos los ojos, la mente y el corazón: las riquezas pasarán, las amistades pasarán, la familia pasará, el mundo pasará, solo Dios y su Palabra permanecerá eternamente y nos acompañará con gozo, en la tribulación, la enfermedad, el tránsito de la muerte a la vida eterna y para siempre en el más allá.

Para finalizar tendríamos que volver a la pregunta del principio, no para castigarnos sino para volver al camino:
¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.»

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-21

Ya no os llamo siervos, sino amigos.

Evangelio según San Juan 15,12-17

No se porque, a día de hoy, muchas personas, incluso dentro de la iglesia, tienen la imagen de Dios, como un Dios severo y de castigo, el cual nos hace pagar por cada uno de nuestros pecados. Es obvio que la oscuridad y la luz son incompatibles, porque está última deja de existir cuando queda iluminada por la luz, y así el que muere en tinieblas de pecado, en oscuridad total, habiendo rechazado a Jesús en vida también lo rechazará más allá de esta, de tal manera que viéndose a sí mismo iluminado por la luz de Dios, su conciencia, se resista a ver su inmundicia y muera (por eso el antiguo testamento nos recuerda que si alguien veía el rostro de Dios moría y el mismo Dios le dice a Moisés cuando esté le pide ver su gloria lo siguiente: Voy a hacer pasar toda mi bondad delante de ti… Pero te aclaro que no podrás ver mi rostro, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo (Éxodo 33, 19-20).

De lo comentado se desprende, que el Juicio principal es la misma separación de Dios que por voluntad propia nosotros buscamos aquí y más allá de esta vida porque seremos lo que somos y nos llevaremos lo que guardamos en la mochila del alma. Dicho lo anterior, Jesús nos revela en este evangelio su cercanía, su amistad, nos dice que ya no somos siervos sino amigos, por tanto no es el Dios del látigo o el castigo, ese Dios con el cual nuestros propios Padres (por su ignorancia) en épocas anteriores nos amenazaban para que dejáramos de molestarles portandonos bien. El mismo Jesús en otra parte del Evangelio nos dice que su Padre deja salir el sol sobre buenos y malos y deja caer la lluvia sobre justos e injustos Mateo 5, 45. Así pues debemos, de una vez por todas, rechazar esa imagen de un Dios vengativo que al estilo del karma en la religión Hindú nos hace pagar por nuestros pecados. Si por algo Jesús dió la vida fue, precisamente, para perdonar nuestros pecados y liberarnos al mismo tiempo del poder del mal y el maligno sobre nosotros. Una vez arrepentidos de corazón y confesados nuestros pecados, no tenemos que tener más remordimiento (más pendiente como dicen los mexicanos) porque Dios los lavó con su sangre y quedan borrados para siempre de su corazón y por eso podemos ser nacidos de nuevo. Jesús no es vengativo, no nos castiga, por el contrario ha venido a darnos vida, vida en abundancia, la vida del cielo. Dios es un Dios de amor, nos lo muestra nuevamente la Palabra de hoy, y si algo pagamos en vida es las propias consecuencia de nuestras decisiones erróneas sin tener en cuenta la palabra de vida de Dios. Para poner un ejemplo: si alguien bebé alcohol más de la cuenta día tras día, lo más seguro es que termine con una cirrosis hepática, pero esto será la consecuencia de nuestros actos, no un castigo de Dios, ya que la naturaleza humana tiene sus limitaciones. En otras ocasiones tendremos que pagar por las decisiones erróneas de otros (no como castigo de Dios) pero en cualquier caso podemos ser auxiliados por el Padre, pues también es palabra de Dios lo que hoy Jesús nos dice casi al final del Evangelio: Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Oración: Estás con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Estás con nosotros omnipotencia divina con nuestra fragilidad. Estás con nosotros amor infinito que nos acompañas en todos nuestros pasos. Estás con nosotros protección soberana y garantía de éxito en las tentaciones. Estás con nosotros fuerza que sostiene nuestra vacilante generosidad. Estás con nosotros en nuestras luchas y fracasos, en nuestras dificultades y pruebas. Estás con nosotros en nuestras decisiones y ansiedades para devolvernos el coraje. Estás con nosotros en las tristezas para comunicarnos el entusiasmo de tu alegría. Estás con nosotros en la soledad como compañero que nunca falla. Estás con nosotros en nuestra misión apostólica para guiarnos y sostenernos. Estás con nosotros para conducirnos al Padre por el camino de la sabiduría y de la eternidad. Amén

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-20

Para que vuestro gozo sea perfecto…

Jesús en el evangelio de hoy vuelve a recordarnos lo importante de cumplir sus mandamientos, porque de ello se deriva su gozo y también el nuestro. Jesús sabe cómo hombre que una de las cosas que más paz deja al ser humano es cumplir con la tarea asignada y si se hace bien, mejor aún. Pero como Dios también conoce que deberes son necesarios que llevemos a término para que ese gozo sea perfecto y no una brisa pasajera.

De tal modo que, como decíamos también ayer… para conocer sus mandatos hay que estar muy atentos a su Palabra y retenerla para luego poder actuar según su voluntad; voluntad que sin abolir la antigua ley por la que comienza a preguntar al Joven Rico (los diez mandamientos) nos lleva aún más lejos, entre otras cosas a amar al enemigo, y a desapropiarnos de todo lo que nos impida acercanos a Dios y estar disponibles para su misión. Desapropiarnos entre otras cosas del hombre viejo que fuimos antes de nuestro encuentro con Jesús, porque en el Espíritu Santo recibimos la gracia para que se forje el nuevo hombre en nosotros a imagen de Jesús a la que estamos impelidos por el precio de su sangre. De esta manera pués, sigamos cada día atentos al Evangelio para que nuestro gozo sea colmado desde la transformación que el Espíritu Santo nos da por medio de la oración y los sacramentos, para pasar luego a acción evangelizadora de palabra pero también con nuestro ejemplo y con obras de amor y caridad.

Oración: CONVERSIÓN TOTAL.

Sé que algo me estás pidiendo, Señor Jesús.
Tantas puertas abiertas de un solo golpe. El panorama de mi vida ante mis ojos: no como en un sueño. Se que algo esperas de mí, Señor, aquí estoy, al pie de la muralla: todo está abierto sólo hay un camino libre, abierto al infinito, el absoluto. Pero yo no he cambiado, a pesar de todo. Tendré que tomar contacto contigo, Señor; Buscare tu compañía, aún por largo tiempo. Para morir, pero entonces enteramente. Como esos heridos que sufren, Señor; te pido que acabes conmigo. Estoy cansado de no ser tuyo, de no ser Tu.


https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-19

Porque separados de mí, nada pueden hacer

Evangelio según San Juan 15,1-8.

En el evangelio de hoy Jesús nos compara con los sarmientos de una vid, que separados de él quedan estériles, se secan y solo sirven para ser arrojados al fuego. Jesús también nos da a conocer que por la palabra anunciada por él estamos purificados, Jesús es la misma palabra de Dios hecho hombre, el nos ha purificado de todo pecado mediante su sacrificio en la cruz, pero para permanecer en ese estado de gracia, necesitamos arraigarnos en él, seguir unidos a él como el sarmiento a la vid y así recibir vida en abundancia, la misma vida de Cristo que nunca se apaga y salta hasta la vida eterna. Jesús es la Palabra de Dios, y sin retener su palabra en nuestros corazones y llevarla a la práctica nos secamos y no podemos dar los frutos que como hijos de Dios se espera que demos (Es como si al ir a recoger los frutos del almendro nos encontrásemos con espinas).

Así, pues, es necesario, una vez que hemos conocido a Jesús, permanecer firmemente unidos a Él, para que no volvamos a la tristeza y desesperanza de los que viven al margen de la Palabra de Jesús y podamos, así dar frutos de vida eterna para Dios y los hermanos.

Oración: Viniste como amigo

Llegaste a mí, humilde y discretamente, para ofrecerme tu amistad.

Me elevaste a tu nivel, abajándote Tú al mío, y deseas un trato familiar, pleno de abandono.

Permaneces en mí misteriosamente, como un amigo siempre presente, dándoseme siempre, y colmando por completo todas mis aspiraciones.

Al entregártenos, poseemos contigo toda la creación, pues, todo el universo te pertenece.

Para que nuestra amistad sea perfecta, tú me asocias a tus sufrimientos y alegrías, compartes conmigo tus esperanzas, tus proyectos, tu vida.

Me invitas a colaborar en tu obra redentora, a trabajar contigo con todas mis fuerzas.

Quieres que nuestra amistad sea fecunda y productiva, para mí mismo y para los demás.

Dios amigo del hombre,
Creador amigo de la creatura, Santo amigo del pecador.

Eres el Amigo ideal, que nunca falla en su fidelidad y nunca se rehúsa a sí mismo.

Al ofrecimiento de tan magnífica amistad, quisiera corresponder
como Tú lo esperas y mereces, procediendo siempre como tu amigo. Amén.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-18

Mi paz os dejo

Jesús dijo a sus discípulos:
«Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman !
Me han oído decir: ‘Me voy y volveré a ustedes’. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.
Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí,
pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»

Jesús ha venido al mundo para librar al hombre de su ignorancia, y de este modo darnos la paz que nos deja el actuar desde su voluntad que solo busca el bien y nuestra entrada en la gloria eterna.

Anteriormente a Jesús la influencia del mal (a causa de la desobediencia de nuestros primeros padres) tenía menos consecuencia para la vida de las personas porque actuaban desde la cultura sin ser de todo responsables de sus actos, es por eso que algunos teólogos dicen que Jesús descendió al infierno antes de volver al Padre, para darle una última oportunidad a todo aquel que lo aceptase como Señor y Salvador de su vida, como hijo de Dios.

Desde que Jesús regreso al Padre ya no es así para todo aquel que ha oído hablar de Jesús y ha rechazado entrar en el camino que él ha venido a darnos para nuestra paz, aquí y ahora, y nuestra felicidad eterna más allá de esta vida.

Es por eso que la furia del príncipe de este mundo (Satanás) es la de robarnos la paz que Jesús da y, por ende, poner todas las trampas posibles para que la salvación que Jesús nos ofrece, mediante su sacrificio en la cruz, no pueda alcanzarnos por nuestra oposición y rechazo.

Ahora somos plenamente responsables de nuestros actos, porque como dice la Palabra «a todo el mundo alcanza su pregón», ya no solo por las obras de la creación, sino por los medios de comunicación globales de los que disponemos, y porque muchos, como bautizados, tenemos el deber de indagar y formarnos en la fe recibida.

Mi paz os dejo, dice Jesús en el evangelio de hoy, no la paz superficial que da el mundo, que puede impedir una guerra, pero que nos roba por otro lado la paz interior por el desamor, la ambición a cualquier precio, el desarraigo de las familias, los traumas psicológicos a posteriori por los abortos provocados, los suicidios masivos por depresiones, el acoso y derribo de los más débiles (bullying, violaciones), los asesinatos de mujeres que no cesan, el reclamo publicitario sin escrúpulos de los medios de comunicación a la pornografía, a la violencia y a juego, etc.

Jesús nos da su paz gratuitamente, hasta el punto de haber dado su vida por ti y por mí, mientras el príncipe de este mundo nos da destellos de felicidad efímeros que poco después nos dejan vacíos, insatisfechos, perturbados, encadenados y sin medios y fuerzas para cicatrizar las heridas que nos dejó el mundo por la misma influencia del príncipe de este mundo.

Mi paz os dejo, dice Jesús, adentrémonos pués, de lleno, en buscar a Jesús, en abrirle nuestra alma, para recibir la paz que sólo él puede dar de modo definitivo para gozo y felicidad nuestra y la de nuestro entorno.

Oración: INSTRUMENTOS DE TU PAZ

Hazme un instrumento de tu paz; donde haya odio lleve yo amor, donde haya injuria, tu perdón, Señor donde haya duda, fe en ti.

Maestro ayúdame a nunca buscar querer ser consolado cómo consolar; ser comprendido como comprender, ser amado como yo amar.

Hazme un instrumento de tu Paz que lleve tu esperanza por doquier, donde haya oscuridad, lleve tu luz, donde haya pena tu gozo Señor.

Hazme un instrumento de tu paz; es perdonando que nos das perdón, es dando a todos que Tú te nos das; muriendo es que volvemos a nacer.

Iremos a él y habitaremos en él.

En el evangelio de hoy Jesús nos llama a ser fieles a sus palabras, como el mismo lo fue a la voluntad y a la palabra del Padre, condición necesaria para que Jesús y el Padre puedan morar en nosotros y de este modo se cumpla el Salmo 82 donde dice: que por ser hijos del Altísimo, somos Dioses (en el sentido de poder participar de su justicia, amor y sabiduría).
Dios, por tanto quiere manifestarse en una unidad de amor y acción en nuestros corazones, en nuestras vidas. Y así será, por tanto, en la medida que seamos fieles a las Palabras y mandatos que de Él recibimos cada día en el Evangelio; Evangelio que recibimos por la predicación y enseñanzas de los apóstoles que, posteriormente, fueron puestas por escrito y que como S. Pablo nos recuerda, hemos de guardar celosamente, no prestando oídos a nadie que venga ha enseñarnos una Palabra diferente, aunque de un ángel mismo se tratara (ya sabemos que el demonio tiene la capacidad para disfrazarse de ángel de luz, por eso se le conoce también como el padre de la mentira)

Oración: buenos días Señor, gracias por un día más de vida, de amor, de esperanza, de gloria, de resurrección y perdón. Por tu palabra de hoy, nos das a conocer que antes que manifestarte al mundo con prodigios y portentos, quieres hacerte presente en nuestro corazón y ser uno con cada uno de nosotros, tú eres el Dios de la relación, de la intimidad; el que nos guías internamente, nos acompaña; el que nos das a conocer por el Espíritu Santo, que, realmente, solo tú tienes palabras verdaderas, de vida Eterna, que se cumplen en nosotros. Y que como el agua cala y empapa la tierra, haciéndola dar buenos frutos, así mismo son los que reciben tu Palabra, la acogen gozosos en su corazón y la realizan en ellos en obediencia.
Gracias Espíritu Santo, por enseñarnos tantas cosas, y te pedimos un poco avergonzados que te tengamos más presente en nuestra camino de fe. Gracias.


https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-16

Sin amor es difícil agradar a Dios y reproducir su imagen


San Matías, apóstol, Fiesta

Evangelio según San Juan 15,9-17.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros

Comentario: hoy solo voy apuntulizar una cosa porque el evangelio es bastante elocuente por si mismo. Sólo quería decir que tal vez uno de los motivos por el cual no consigamos los favores que pidamos al Padre en el nombre de Jesús sea, precisamente, por no cumplir el mandamiento de su Hijo, que como hemos podido observar hoy en el Evangelio dice así: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
De tal manera que deberíamos revisarnos cada día sobre el amor: ¿No le hablo a alguien? ¿Guardo rencor y no perdonó? ¿Deseo mal a alguien? ¿Hablo mal del prójimo, critico, insulto? ¿Hiero al prójimo con mis palabras? ¿Socorro al necesitado, al pobre, al que está solo, visitó a mis padres, abuelos, tios, vecinos enfermos, etc? ¿Valoro al que se esfuerza y hace bien su trabajo? ¿Corrijo para humillar o para ayudar?
Por lo comentado, antes que pedir al Padre por nuestras necesidades personales y familiares, pidámosle pués que nos conceda la gracia de poder amar con su mismo amor, y perdón por nuestras faltas de caridad

Oración:
LA GRACIA DEL AMOR FRATERNO.

Señor Jesús,
fue tu Gran Sueño: que fuéramos uno como el Padre y Tú, y que nuestra unidad se consumara en vuestra unidad.

Fue tu Gran Mandamiento, Testamento final y bandera distintiva para tus seguidores: que nos amáramos como Tú nos habías amado; y Tú nos amaste como e lPadre te había amado a Ti. Esa fue la fuente, la medida y el modelo.

Con los Doce formaste una familia itinerante. Fuiste con ellos sincero y veraz, exigente y comprensivo, y, sobre todo, muy paciente. Igual que en una familia, los alertaste ante los peligros, los estimulaste ante las dificultades, celebraste sus éxitos, les lavaste los pies, les serviste en la mesa. Nos diste, primero, el ejemplo y, después, nosdejaste el precepto: amaos como os amé.

En la nueva familia o fraternidad que hoy formamos en tu nombre, te acogemos como Don del Padre y te integramos como Hermano nuestro, Señor Jesús, Tú serás, pues, nuestra fuerza aglutinante y nuestra alegría.

Si Tú no estás vivo entre nosotros, esta comunidad se vendrá al suelo como una construcción artificial.

Tú te repites y revives en cada miembro, y por esta razón nos esforzaremos por respetarnos unos a otros como lo haríamos contigo; y tu presencia nos cuestionará cuando la unidad y la paz sean amenazadas en nuestro hogar. Te pedimos, pues, el favor de que permanezcas muy vivo en cada uno de nuestros corazones.

Derriba en nosotros las altas murallas levantadas por el egoísmo, el orgullo y la vanidad. Aleja de nuestras puertas las envidias que obstruyen y destruyen la unidad. Líbranos de las inhibiciones. Calma los impulsos agresivos. Purifica las fuentes originales. Y que lleguemos a sentir como Tú sentías, y amar como Tú amabas. Tú serás nuestro modelo y nuestro guía, oh Señor Jesús.

Danos la gracia del amor fraterno: que una corriente sensible, cálida y profunda corra en nuestras relaciones; que nos comprendamos y nos perdonemos; nos estimulemos y nos celebremos como hijos de una misma madre; que no haya en nuestro camino obstáculos, reticencias ni bloqueos, antes bien, seamos abiertos y leales, sinceros y afectuosos y así crezca la confianza como un árbol frondoso que cubra con su sombra, a todos los hermanos de la casa, Señor Jesucristo.

Así lograremos un hogar cálido y feliz que se levantará, cual ciudad en la montaña, como señal profética de que tu Gran Sueño se cumple, y de que Tú mismo, Señor Jesús, estás vivo entre nosotros.

Así sea.

No se inquieten por nada

Jesús dijo a sus discípulos:
«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.»

Así comienza el Evangelio de hoy. En él, Jesús invita a sus discípulos, -antes de su partida de este mundo para irse junto al Padre- a la serenidad, a no inquietarse. Y posteriormente, empieza a dar la explicación. No se deben inquietar, porque aunque se vaya y sus discípulos no puedan gozar más de su presencia física, él sabe que su misión no ha terminado de todo y que les acompañará siempre, primero enviándoles el Espíritu Santo y después, como dice en el Evangelio de hoy preparándoles una morada o «habitación» en el cielo. Esa morada que prepara para que gozemos de su presencia en el cielo, no es ni más ni menos, que todas las llamadas a la conversión que nos hace cada día, todas las situaciones y personas que pone en nuestro camino para que reflexionemos y nos edifiquemos en su amor. Jesús nos está preparando esa morada para que su corazón y el nuestro puedan latir en armonía más allá de esta vida, ya sin miedos, sin complejos, sin dolor, sin resentimientos, sin detenerse en el mal, sin dudas. Jesús nos está preparando un sitio con los santos y los ángeles en el cielo, su tarea no terminó con su partida, y por eso ya empezamos a recibir las primicias de su trabajo en nosotros aquí y ahora en la tierra. Y esto sucede cuando realmente, decidimos llegar al Padre, a Dios, a través de Jesús, único camino, verdad y vida que nos lleva a la salvación; palabras, por cierto, con las que cierra Jesús este Evangelio de hoy.

Oración: Acto de Abandono

En tus manos, oh Dios, me abandono,
modela esta arcilla,
como hace con el barro el alfarero.
Dale forma, y después, si así lo quieres
hazla pedazos.
Manda, ordena ¿Que quieres
que yo haga?
¿ Que quieres que yo no haga?.

Elogiado y humillado, perseguido,
incomprendido y calumniado,
consolado, dolorido, inútil para todo,
solo me queda decir a ejemplo de tu madre:
» Hágase en mí según tu Palabra».

Dáme el amor por excelencia,
el amor de la cruz;
no una cruz heróica que pudiera satisfacer
mi amor propio;
sino aquellas cruces humildes y vulgares
que llevo con repugnancia.
Las que encuentro
cada día en la contradicción,
en el olvido, el fracaso, en los falsos
juiciso en la indiferencia,
en el rechazo y el menosprecio de los demás,
en el malestar y en la enfermedad,
en las limitaciones intelectuales
y en la aridez, en el silencio del corazón.

Solamente entonces Tú sabrás que te amo,
aunque yo mismo no lo sepa,
pero eso basta. Amén.
P. I G L

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-13

La gracia de la humildad

«Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.»
Jesús en el Evangelio de hoy nos invita no solo a conocer su Palabra, palabra que viene y recibe del Padre, como nos hace saber en muchas ocasiones, sino a practicarla.
De este modo pues, hoy nos invita, a ser felices de dos modos, en primer lugar con humildad, reconociendo que el siervo no es más que su señor. Nosotros los cristianos sabemos quién es nuestro Señor, de tal manera que llamamos Señor a Jesús como Verbo Encarnado y como Dios, y por lo mismo llegamos a comprender por este evangelio que tenemos el deber de ser humildes servidores sujetándonos a las palabras y mandamientos de Jesús (como él mismo se sometió a lo que había oído del Padre y a su Voluntad) sin añadir ni quitar nada que pueda contradecir dicha Palabra o ponerla en duda.
Y en segundo lugar nos llama a ser felices estando sujetos también a aquel que nos envía, en ocasiones oímos la voz muy clara del Señor que nos ha llamado a una misión y otras veces esa voz nos llega por medio de la Iglesia, en la que Jesús mismo delegó el poder de atar y desatar.
De tal modo que en esto consiste la felicidad, en ser humildes servidores que no actúan por iniciativa propia, sino como servidores y enviados de aquél -Jesús- que conoce al Padre Eterno; y, por ende, sabe lo que nos conviene, edifica y nos salva.

Oración: buenos días Jesús mío, Señor mío y Dios mío. En el día de hoy te pido que me des la gracia de la humildad y por eso compartiré con mis hermanos está hermosa oración del Padre Ignacio Larranaga :

Señor Jesús, manso y humilde.

Desde el polvo me sube y me domina esta
sed insaciable de estima, esta apremiante
necesidad de que todos me quieran. Mi
corazón está amasado de delirios imposibles.

Necesito redención.
Misericordia, Dios mío.
No acierto a perdonar,
el rencor me quema,
las críticas me lastiman,
los fracasos me hunden,
las rivalidades me asustan.

Mi corazón es soberbio. Dame la gracia de la
humildad, mi Señor, manso y humilde de corazón.

No sé de dónde me vienen estos locos deseos de
imponer mi voluntad, eliminar al rival, dar curso
a la venganza. Hago lo que no quiero.
ten piedad, Señor, y dame la gracia de la humildad.

Gruesas cadenas amarran mi corazón: este corazón
echa raíces, sujeta y apropia cuanto soy y hago,
y cuanto me rodea. Y de esas apropiaciones me
nace tanto susto y tanto miedo, ¡infeliz de mí,
propietario de mí mismo! ¿ Quién romperá mis
cadenas? ¡Tú gracia mi Señor pobre y humilde. Dame la gracia de la humildad.
La gracia de perdonar de corazón.
La gracia de aceptar la crítica y la contradicción,
ó al menos de dudar de mí mismo cuando me corrijan.
Dame la gracia de hacer tranquilamente la autocrítica.

La gracia de mantenerme sereno en los desprecios,
olvidos e indiferencias; de sentirme verdaderamente
feliz en el silencio y el anonimato; de no fomentar
autosatisfacción de los sentimientos, palabras y
hechos.

Abre, Señor, espacios libres dentro de mí para que
los puedas ocupar Tú y mis hermanos.

En fin, mi Señor Jesucristo; dame la gracia de ir
adquiriendo paulatinamente un corazón desprendido
y vacío como el tuyo; un corazón manso, paciente y
benigno. Cristo Jesús, manso y humilde de corazón,
haz mi corazón semejante al tuyo. Amén

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-12

Jesús luz del mundo disipa nuestras tinieblas

Hoy en lugar de hacer yo el comentario al Evangelio del Día lo he tomado de Juan Lozano

Hay que estar un poco trastornado para anunciar en una sinagoga judía que Jesús ha resucitado; es lo que hacen Bernabé y Saulo en la primera lectura de hoy. ¿De dónde les viene esa alegría? En una ciudad de costumbres judías donde nunca habían oído hablar de Jesucristo, ellos dan testimonio de Él. ¿Son bien recibidos? No creo que les resultara fácil esta misión. ¿Se arrepintieron de su osadía evangelizadora? No, porque fueron enviados por el Espíritu Santo, leemos en el texto. Me detengo en este hecho porque es una muestra muy evidente de que el Espíritu de Jesús Resucitado estaba moviendo con mucha fuerza el corazón de estos hombres y cuando esto sucede, la acción evangelizadora es imparable.

A menudo topamos con dificultades en nuestro caminar diario: no salen los planes tal y cómo habíamos previsto, no encontramos la comprensión merecida entre los que nos rodean, tenemos la sensación de que al otro lado del túnel no hay ninguna luz porque no vemos un futuro esperanzador… En momentos así por los que todos atravesamos de vez en cuando, no podemos olvidar lo que el Espíritu Santo, el “Defensor”, es capaz de hacer si lo dejamos habitar en nosotros. Fuerte como un movimiento de tierra que hace temblar los cimientos, capaz de romper las cadenas más robustas. Miremos a aquellos que, como Bernabé y Saulo, han confiado, en medio de las adversidades, en la promesa que Jesús nos recuerda hoy en el Evangelio: “el que cree en mí no quedará en tinieblas”.

Oír la Palabra y cumplirla para obtener esa confianza y paz interior nos permiten mirar la realidad de otra manera. Claro que tenemos derecho a protestar y a desahogarnos, pero un creyente no puede derrumbarse porque no está solo. Tenemos que creer siempre en la asistencia amorosa de Dios a través de su Espíritu, porque incluso en medio de las oscuridades y cárceles de nuestra vida, aunque no la veamos, la acción del Defensor está actuado, no se detiene.

Jesús ha venido al mundo como luz, leemos en el Evangelio de hoy. Dejemos que esta claridad ilumine nuestras sombras, disipe nuestras tinieblas y nos permita fijar el rumbo en Jesús Resucitado, guía de nuestro caminar.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-11

Nada nos separará del amor de Dios

«Nadie puede arrebatar nada de las manos de mi padre, porque mi padre es superior a todos».

Estas palabras del Evangelio de hoy nos dan a conocer de quién nos hemos fiado, en manos de quién hemos puesto nuestra vida: de modo que podemos de decir, a boca llena, que en manos de aquél que no nos dejará caer y nos dará la fortaleza para enfrentar cualquier tipo de adversidad, porque aunque por momentos parezca que nos hundimos en el fango o en el abismo, de todo ello saldremos más fuertes si perseveramos en el amor y por el Amor de aquel que por bien nuestro y para nuestra salvación no escatimó ni tan siquiera la vida de su hijo.

De este modo hoy, también, se hacen más actuales que nunca aquellas preguntas que se hacía el apóstol Pablo: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?» preguntas cuya respuesta él ya conoce desde el fondo de su alma y a las que responde seguidamente con esta respuesta: «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó». Palabras que no eran una ilusión o un señuelo para atraer a posibles conversos, sino que fueron el pan suyo de cada día. Y ello por la cantidad de persecuciones que tuvo que enfrentar hasta el punto de que finalmente le fue arrebatada la vida como al Maestro, saliendo de todo ello más que vencedor; sin dejar de enfrentar por otro lado la tentación, por ese aguijón que el mismo decía tener que soportar sobre su carne.

Hoy también San Agustín reflexionando sobre el evangelio nos recuerda que serán los limpios de corazón (los que han confiado sin doblez en Vervo de Dios) los que, como el mismo Jesús nos dice en el Sermón de la Montaña, verán a Dios…

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-10

Feliz martes, un abrazo en Cristo que no deja de llamarnos y, por tanto, de amarnos.

Yo soy la puerta de entrada y salida

Jesús en el evangelio de hoy se nos presenta de nuevo como un pastor entregado a sus ovejas a las cuales protege en su redil y a las cuales apacienta fuera de él, siendo él mismo la puerta de entrada que cobija y la puerta de salida hacia la abundancia que abre. Sus ovejas le conocen porque reconocen su voz, la cual les acompaña cada día y saben que esa voz siempre anda pendiente de ellas. Una voz que las protege, las guía y las aparta de precipicios de difícil retorno. Una voz que le pone guardianes e hitos de noche y día, sus ángeles, Santos, y sus Sacramentos contra los asaltantes y atracadores, los cuales solo buscan destruir y matar. Los mismos que entran en el redil sin pasar por la puerta (la puerta estrecha) para conducir a las ovejas con señuelos que imitan la voz del pastor, pero cambiando sus caminos. Este ladrón, al contrario que el Buen Pastor se pone detrás de ellas para evitar los peligros y cuando más distraídas están las deja al borde del acantilado para que caigan. Jesús, como nos dice hoy el Evangelio, es la puerta de entrada y salida, mientras que el ladrón busca otros accesos ideando planes y estrategias para seducir a las ovejas. Sin embargo, las ovejas que ya conocen al Buen Pastor no son fáciles de engañar y se apartan de esa voz, que como canto de sirena, pretende hipnotizarlas, para que en lugar de vida solo encuentren la misma muerte que el asaltante carga escondida en su mochila a las espaldas.

Oración. Buenos días Señor, hoy, de nuevo, escuchamos tu voz tratando de ponernos a salvo de asaltantes y ladrones que quieren confundirnos y dividirnos, para tener más fácil, con sus engañosas y seductoras palabras, sacarnos de tú redil: redil en el que estamos a salvo, porque tus palabras son Vida y en ellas no hay engaño. Señor tú eres el Buen Pastor que has dado la vida por mí, me has rescatado del precipicio de la muerte y, por eso mismo, no me apartaré de tu palabra y de tu ejemplo, que serán para mi, el cayado que me seguirá conduciendo por praderas de abundancia.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-09

Corre por «cañadas oscuras» hasta llegar al lugar donde se encuentra la oveja perdida…

*4º Domingo de Pascua»*
Evangelio según San Juan 10,27-30.

*Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.*
*Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.*
*Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre.*
*El Padre y yo somos una sola cosa»*

Comentario: Basilio de Seleucia (¿-c. 468)
obispo

“Yo soy el buen pastor, el verdadero pastor.” (Jn 10,11)
Abel, el primer pastor, fue la admiración del Señor que gustoso acogió su sacrificio y prefirió mucho más al dador que al don que éste le ofrecía (Gn 4,4). La Escritura elogia también a Jacob, pastor del rebaño de Labán, haciendo notar los desvelos que tenía para con sus ovejas: «Estaba yo que de día me devoraba el resistero, y de noche la helada» (Gn 31,40); y Dios recompensó a ese hombre su trabajo. También Moisés fue pastor en los montes de Madián, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios a los goces [en el palacio del Faraón]. Dios, admirando su elección, le recompensó dejándose ver por Moisés (Ex 3,2). Y después de la visión, Moisés no abandono su oficio de pastor, sino que con su cayado mandó a los elementos (Ex 14,16) y pastoreó al pueblo de Israel. También David fue pastor pero su cayado de pastor fue cambiado en cetro real y recibió la corona. No te sorprenda que todos estos pastores sean cercanos a Dios. El mismo Señor no se sonrojó por ser llamado «pastor» (Sls 22; 79). Dios no se sonroja de pastorear a los hombres, igual que no se sonroja por haberlos creado.

Pero fijémonos ahora en nuestro pastor, Cristo; contemplemos su amor por los hombres y su suavidad para conducirlos a las praderas. Se alegra de las ovejas que lo rodean igual que busca a las que se extravían. No son para él obstáculo alguno ni los montes ni los bosques; corre por «cañadas oscuras» (Sl 22/23, 4) hasta llegar al lugar donde se encuentra la oveja perdida… Le vemos en los abismos; da orden de salir de allí; es así como busca el amor de sus ovejas. El que ama a Cristo es el que sabe oír su voz.

Y muchos creyeron en el Señor.

Hoy nos detenemos en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles 9,31-42.

La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo.
Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a los santos que vivían en Lida.
Allí encontró a un paralítico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años.
Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama». El se levantó en seguida,
y al verlo, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor.
Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir «gacela». Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas.
Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba.
Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes.
Pedro salió en seguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas.
Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: «Tabitá, levántate». Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.
El la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida.
La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor.

Comentario: En está primera lectura de hoy, vemos como la Palabra de Jesús es veraz y se cumple. Los discípulos de Jesús, comienzan a obrar los mismos milagro que el Maestro cuando estaba entre ellos y de este modo dan cumplimiento al anuncio que Jesús les hizo de que harían los mismos milagros y signos que él cuando, después de su partida de este mundo, les enviara el Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, el mismo Espíritu que hemos recibido todos y cada uno de los cristianos en el momento de ser bautismo y por el cual podemos alcanzar también sus dones, entre ellos el SABIDURÍA
ENTENDIMIENTO,
CONSEJO, FORTALEZA
CIENCIA, PIEDAD
TEMOR DE DIOS.
El espíritu que acompaña a los apóstoles es, por tanto, el mismo que nos asiste y acompaña a nosotros. Y como Dios que es, no se muda, ni cambia, porque está completo en sí mismo, y no está sometido a las leyes de la física. Lo cual quiere decir que nostros podemos hacer las mismas obras que los discípulos de Jesús, no por mérito propio sino por la promesa de Jesús y porque el Espíritu Santo es el que realiza la obra en nosotros, especialmente si tenemos fe. De esto saben algo el movimiento de la Renovación Carismático dentro de la Iglesia Católica, en el cual en sus asambleas hablan en lenguas, se interpretan y por la oración de intercesión de todos los hermanos el Espíritu Santo ha obrado milagros.
De todo esta enseñanza podemos deducir que solo la falta de fe y el abandonarse a la voluntad de Dios, nos puede separar de los mismos signos y milagros que hacían los apóstoles para que el mundo crea y se convierta.

¡Dios se da, loco de amor!

Evangelio según San Juan 6,52-59.

Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».
Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.



Comentario: Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

¡Dios se da, loco de amor!

¡Trinidad eterna, Trinidad eterna! ¡Oh fuego! ¡Oh abismo de caridad! ¡Loco de amor por tu creatura! ¡Verdad eterna, fuego eterno! ¡Eterna sabiduría! ¿Sólo la sabiduría vino a este mundo? No. Ya que la sabiduría no fue separada de la potencia, ni la potencia separada de la clemencia. Oh sabiduría, no viniste sola sino escoltada por la entera Divinidad. ¡Trinidad eterna! ¡Locura de amor! ¿Qué beneficio sacas de nuestra redención? Ninguno, ya que no tienes necesidad de nosotros, tú, nuestro Dios. El beneficio es solamente para el hombre. ¡Oh preciosa caridad!

La primera vez nos diste tu divinidad y toda tu humanidad. Luego te ofreciste entero en alimento y previenes nuestros desfallecimientos, fortificándonos en el curso de nuestra peregrinación aquí abajo. Hombre, ¿qué te ha legado tu Dios? Él mismo, en su totalidad, su divinidad y entera humanidad veladas bajo la apariencia de pan. ¡Oh fuego de amor! Después de habernos creado a tu imagen y semejanza, ¿no te alcanzaba habernos recreados sobrenaturalmente en la Sangre de tu Hijo, que tuviste que darnos además tu divina esencia en alimento? ¡Así lo quiso tu caridad, en una locura de amor! Has dado tu Verbo en la redención y la Eucaristía y le diste tu entera esencia, loco de amor por tu creatura.

Oración:Oración: buenos días hoy en el mes de María, a ejemplo suyo, te pedimos Padre, que en nombre Jesús, ninguna circunstancia por difícil y dolorosa que sea, nos lleve a claudicar y a la desesperación, tomando el mismo ejemplo de la Virgen María ante la cruz de su hijo, porque no hay resurrección y vida sin renuncia, sin aceptar la voluntad de Dios y el mundo con sus contrariedades. Este también fue el camino de Jesús (y nosotros ahora somos caminantes en el desierto de la vida) que, sometiendo su carne a las necesidades como en las tentaciones del desierto, debido al hambre, sin usar su condición divina, no claudicó ante las mismas. Negar la cruz es negar la realidad de la vida, y como decía Ortega y Gasset: toda realidad que se niega depara su venganza. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,23-24).

Yo lo resucitaré en el último día

Evangelio según San Juan 6,44-51.

Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios.Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

Comentario:
Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022)
monje
¡Se celeste como tu Maestro!
Tal como es el primer hombre, terrestre, así son los que nacen de él. Tal como es Cristo, nuestro Maestro celeste, celestes (transparentes, santos…) también son los que han creído en él, renacidos de lo Alto y bautizados en el Santo Espíritu (cf.1Cor 15,48; Jn 3,3; Hech 1,5). Tal como el Espíritu que los hace nacer, Dios verdadero, así son los que nacen de él, dioses por adopción de Dios e hijos del Altísimo, como dicen los labios divinos. (…)

No vaciles. Si eres cristiano, debes ser como Cristo: celeste. Si tú no lo eres, ¿Cómo llamarte cristiano? Como el Maestro es celeste, así son celestes los que han creído en él. Todos los que piensan según el mundo, viven según la carne, no pertenecen al Dios Verbo que vino de lo Alto, sino al que fue moldeado de tierra, al hombre terrestre.

Así debes pensar, juzgar, creer, buscando devenir celeste, según la palabra del que vino desde los cielos y dio la vida al mundo (cf. Jn 6,33). Es él el Pan que desciende de lo Alto y los que lo comen no verán la muerte (cf. Jn 6,50 s). Siendo celestes, serán para siempre libres de la corrupción y revestidos de la incorruptibilidad; separados de la muerte y estrechamente unidos a la vida, ya que devienen inmortales e incorruptibles. Por eso son llamados celestes.

Yo soy el pan de la vida

En el evangelio de hoy Jesús nos recuerda que él bajo del Cielo para cumplir con la voluntad del Padre, cuya voluntad es que todos nos salvemos. Por tanto, como nos dice Jesús también en (Juan 12, 47) Él no ha venido a Juzgar a nadie sino para que todos se salven. Jesús añade a continuación: son mis palabras las que les juzgan, palabras que me ha revelado el Padre. Y estás palabras juzgan, sigue diciendo Jesús, porque yo conozco que son Palabras de Vida Eterna y, por consiguiente, quién las rechaza, él mismo está rechazando la Inmortalidad, entendiendo está en el sentido espiritual de la felicidad total junto a Dios más allá de esta vida, aunque ya en esta, Dios le da a muchos de los que en Jesús han creído un anticipo de lo que alcanzarán después. Sin olvidar por otro lado, la promesa de que tendrán sus necesidades perentorias resueltas, eso sí, sin estar uno exento de persecución, porque el que se hace justo por Jesucristo, es rechazado también como Jesucristo, para que sus pecados no queden -por contraste- al descubierto.

Oración: te agradezco Padre por este nuevo día, porque tú mayor felicidad consiste en que todos nos salvemos acogiendo las palabras de tu amado hijo Jesús en el corazón, pues para eso lo enviaste al mundo. Palabras no de hombres, sino de Dios, palabras de Vida Eterna que nos dan vida abundante ya, aquí y ahora. Te agradezco Padre por tu generosidad, al habernos entregado a Jesús, tu hijo ¡y a que precio…! para salvación del mundo.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-04

¿Aún no me conoces?

Evangelio según San Juan 14,6-14.

Jesús dijo a Tomás: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Si ustedes me conocen, conocerántambién a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: ‘Muéstranos al Padre’?
¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre.»
Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.»

Comentario de San Bruno de Segni (c. 1045-1123) obispo

«Creed lo que os digo: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí»
«Yo soy el camino.» ¿Por qué? Porque «nadie va al Padre sino es por mí». » Yo soy la verdad.»¿Cómo es esto? Porque nadie conoce al Padre, si no por mí: «nadie conoce al Padre, si no el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11,27)… «Yo soy la vida «, porque nadie tiene la vida, si no por mí. «Si me conocéis, conoceréis también a mi Padre. Desde ahora usted lo conocéis y lo habéis visto.»
Jesús nos dice: «¿Queréis venir al Padre? ¿Queréis conocerlo? Conocedme primero, a mi al que veis, y así conoceréis después al que todavía no veis. Ya lo habéis visto, pero no a él mismo; lo habéis visto en mí. Lo habéis visto, pero en espíritu y por la fe. Es él quien habla en mí, porque no hablo de mismo. Cuando me escucháis, lo véis; porque, cuando se trata de realidades espirituales, no hay diferencia entre ver y oír: el que oye, ve lo que oye. Así, véis al Padre cuando lo escucháis hablar