Habla, pueblo habla

Nos jugamos mucho en estas elecciones y no solo en lo económico que, como vemos, mes a mes, la economía se contrae, el paro va en aumento y todas las previsiones de los expertos reducen el crecimiento de nuestro PIB con respecto a años anteriores. Sin embargo, sigue el derroche de dinero para aumentar el clientelismo de diversos colectivos, entre ellos el feminista y LGTB, y amordazándose a los sindicatos, afines a la ideología de Pedro Sánchez, regándolos con subvenciones millonarias procedente de los impuestos de todos los españoles. Igualmente se sigue subvencionando a los partidos políticos, algunos de los cuales se dedican a abrir heridas del pasado, para dividir a los españoles y mantenerlos entretenidos con mitos y leyendas ocultando los hechos reales del pasado.   

Pero como decía, anteriormente, nos jugamos mucho más que lo económico, están en juego nuestras libertades, y la defensa de la vida, el cerco cada día es más fuerte contra todos aquellos que se salgan del Pensamiento Único, es decir de las leyes que establecen ciertos gobiernos, presionados por organismos internacionales, por lobbies de poder y medios de comunicación que viven de explotar el morbo, para hacer aflorar, con ello, los instintos más primarios y bajos del ser humano. De igual modo, la libertad de conciencia y deontológica cada día está más amenazada para profesionales no solo con el aborto, sino con la introducción, ahora, en el programa electoral del PSOE, de una ley para legalizar la eutanasia: no solo representa una amenaza para los profesionales sino para todas aquellas personas que se les convenza de que son un estorbo, por su edad o su enfermedad para la sociedad (en algunos países, ni siquiera forma parte ya de una decisión del paciente o de sus familiares, sino de un Juez o un tribunal, que al más puro estilo nazi decide, motu proprio, quien es acto para vivir y quien no). La amenaza para la libertad de expresión viene igualmente con el nuevo delito de odio, una caza de brujas, que se ha introducido ya en muchas autonomías, para que nadie pueda opinar, ni siquiera con argumentos científicos, en contra de la Ideología de Género. Delito sin embargo que no puede servir cuando se trata de atacar al varón, blanco, hetero-patriarcal, bla, bla…, incluso suprimir este delito para cuando el ataque sea contra la iglesia o contra algún miembro de la misma, como también propone algún partido de la izquierda; es decir la ley del embudo. Ahora bien, yo me pregunto: cuando no existe incitación al odio, cuando no existe agresión física, ni insulto, contra una persona o un determinado colectivo, supongamos el feminista, sino que se trata de contrastar evidencias, argumentos científicos y de sentido común, contra una determinada proposición ideología ¿cuál es la vara de medir, entonces, del odio, si este, como el amor, es una cualidad interna del alma, invisible a los “rayos x”; a los ojos del hombre?. Por cierto, yo he conocido a algunos adúlteros, que eran super cariñosos y amabilísimos con sus mujeres, y nadie podría sospechar, ni siquiera sus propias mujeres, su doble juego ¿Como se puede medir, vuelvo a repetir, el odio o el amor, dónde está el baremo, quien fue el mesías que lo inventó? ¿Se puede decir que usted odia a su padre, a su madre, o a su hijo, porque no le concede, o no está de acuerdo con él en todo lo que propone? ¿de igual manera se puede decir que usted odia a un colectivo, minoritario, porque no está de acuerdo en todo lo que este le proponga no solo para él sino para toda la sociedad y en su modo de contradecir la pura realidad empírica?

Pues sí, estas son las propuestas de la mayoría del arco de partidos políticos en España, que nos proponen leyes restrictivas contra la libertad de expresión -con multas y con cárcel- contra aquellos que se manifiestan pacíficamente ante una clínica abortiva, por ejemplo; o contra aquellos, otros, que opinan y argumentan contra leyes que atentan contra la integridad moral de sus hijos en los colegios, por la introducción de la Ideología de Género, por ejemplo; o por la discriminación del hombre frente a la mujer -la presunción de inocencia- ante cualquier acusación sin pruebas de un delito de violencia de “genero”. Y la última que viene, si gana la Izquierda, en la que solo se podrán contar del Franquismo, lo malo, obviando la propia historia, y hecha a la medida de personas que ni siquiera vivieron en ese periodo histórico porque aún no habían nacido.  Así, pues, si no estamos asistiendo a una dictadura, en cubierta, que alguien me lo explique. Y podría seguir hablando de los medios de comunicación, subvencionados directa e indirectamente por los gobiernos autonómicos, o de las últimas declaraciones de Pedro Sánchez, donde el subconsciente le jugó una mala pasada y puso contra las cuerdas al poder judicial, diciendo que dependía del gobierno, etc, etc, etc. El problema es que esto no tiene visos de solución, porque la mayoría de partidos están conformes y satisfechos con esta dictadura, real y mediática, con apariencia de democracia, porque piensan que es suficiente con pedir nuestro voto cada cuatro años (últimamente cada 6 meses) sin contar luego con la ciudadanía entre elección y elección.

Esto es lo que tenemos, el peligro está ahí y esconder la cabeza como el avestruz, no quita para que te pase por encima la apisonadora.

Lo ideal seria no votar, hasta que nos dotásemos de una democracia, donde el pueblo eligiese directamente a sus representantes y, por otra parte, fuese el mismo pueblo el que propusiese las leyes de las que desea dotarse. Pero, no obstante, considero que no votar o dar tu voto a aquellos que, claramente, quieren coartar y restringir tus libertades, es contribuir a un panorama muy poco halagüeño, sobre todo, por lo que estamos viendo en Latinoamérica; es decir, que el gobierno de izquierda que va entrando últimamente en esos países, no sale, luego, ni a tiros, por más que lleve al país a la miseria. Y dice el refrán que «Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar»

https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_Ciudadano_hacia_la_Rep%C3%BAblica_Constitucional

¿Miedo a la vejez de tus padres?

Para los que apoyan directamente o indirectamente la eutanasia. Para aquellos que un día sustituirán el deber y el amor por un rato de placer, de ocio, o para heredar -convenciendo a sus padres, dependientes, que pidan la eutanasia- les recomiendo que lean estas palabras surgidas de un corazón agradecido:

“Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”.

Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla. Lento, lento, impreciso.
Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo.
Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar.

Es cuando el padre, que en otro tiempo había mandado y ordenado, hoy solo suspira, solo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana -todo corredor ahora está lejos.
Es cuando uno de los padres, antes dispuesto y trabajador, fracasa en ponerse su propia ropa y no recuerda tomar sus medicamentos.

Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida.
Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz.

Todo hijo es el padre de la muerte de su padre. Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo.
Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas.

Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres.

La primera transformación ocurre en el cuarto de baño. Seremos los padres de nuestros padres los que ahora pondremos una barra en el baño.
La barra es emblemática. La barra es simbólica. La barra es inaugurar el “destemplamiento de las aguas”.
Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores.
No podemos dejarlos ningún momento.

La casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extenderán en forma de barandillas.

Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones. Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación.

Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados. ¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros?
Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra.

Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día.
Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta sus últimos minutos.

En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla, tratando de cambiar las sábanas cuando Joe gritó desde su asiento: Deja que te ayude. Reunió fuerzas y tomó por primera vez a su padre en su regazo. Colocó la cara de su padre contra su pecho.

Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso. Se quedó abrazándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su infancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo interminable.
Meciendo a su padre de un lado al otro. Acariciando a su padre. Calmando él a su padre. Y decía en voz baja:

– ¡Estoy aquí, estoy aquí, papá! “Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí”.

Carlos Fuentes.

Donde está mi tesoro, allí está mi corazón

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En la primera lectura y en el salmo, se nos habla de asegurar la Vida Eterna, y no la terrena, con las ganancias materiales, porque esta es la raíz de todos los males: incluso de la pérdida de la fe. Nos habla también de armonizar la piedad con la sana doctrina traída por Jesucristo. Como dice en otra parte del Evangelio: no podemos servir a Dios y al dinero. Servir al dinero es someterse en muchos casos a la inmoralidad del que te paga (bien al político que encumbras, bien al empresario privado que te contrata). Servir al dinero, por otra parte, nos recuerda la lectura, que nos acarrea grandes males ya en esta vida (lo vemos, especialmente, en la división que trae a las familias, en los negocios y a la hora de heredar), pero también nos condena para siempre, en la eternidad, a permanecer en oscuridad, lejos del Amado, según la Palabra de Dios. Por último, el Evangelio y una hermosa catequesis de S. Juan Pablo II como comentario, nos recuerda la dignidad de la mujer y su colaboración con el hombre, para la introducción y posterior evangelización del mundo. Esta lectura me traslada a mi, personalmente, a la armonía de la familia de Nazaret donde todos (Jesús, José y María, con su fe, su amor y voluntad) en estrecha unidad, alumbraron al nuevo hombre que quedaría, posteriormente, redimido por la Sangre de Cristo en la cruz, para vivir en el amor y de la Gracia. ¡Alabado sea Dios por siempre que nos da su gozosa serenidad!
Seguir las lecturas en el siguiente enlace: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

No eres ni un número, ni una etiqueta.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Comentario a las lecturas de hoy:
En la primera lectura el apóstol pone en alza el ser Joven (la juventud es una etapa de la vida en la que se puede amar y servir a Dios, con tanta entrega o más que cualquier otra), invita igualmente el apóstol al discípulo joven a vivir en valores morales, aquellos que emanan del evangelio, y a vivir coherentemente la Fe, porque es el único modo de que otros se conviertan y se salven. En el salmo, que va en consonancia con la 1 lectura, el salmista nos recuerda, que los preceptos de Dios son Eternos y Perfectos, y el hombre o mujer que los acoge en su corazón para hacerlos suyos, es una persona que se hace sabía (sabía porque Dios es Conocimiento Perfecto que es el que los proclama y, por tanto, conoce lo que nos conviene) termina el salmista diciendo que el que teme al Señor (es decir el que le da crédito a sus palabras y vive conforme a su voluntad) ese es un hombre prudente: esta persona es, por tanto, lo contrario a una persona temeraria (imprudente) que vive según sus propios criterios o bajo los criterios de otro humano semejante a el. El evangelio me habla, te habla, del amor que Dios nos tiene. No eres un número más para Dios, entre muchas otras personas, no le importa la etiqueta con que te haya bautizado el mundo, él sabe de tus luchas, soledades, anhelos. También conoce tus miserias, tus limitaciones, tus tropiezos, y a pesar de todo ello, te levanta, te valora, no mira la etiqueta para tirarte a la basura o darte de lado. El rompe moldes, rompe esa etiqueta y te dice al corazón, te amo hijito mio, hijita mía, el mundo no te conoce yo sí, porque te cree de la nada, te di un pedacito de mi corazón, estás diseñado para amar y para amarte (así que perdónate como yo te perdono) y comienza a andar de nuevo, que yo estaré a tu lado todos los días de tu vida, dándote mi Gracia, para que alcances, con ella y con tu entrega, el ideal conque yo te diseñé: alcanzar la vida eterna y ser la imagen visible de mi mismo, del AMOR; de Dios Padre, Hijo y E. Santiago.
Sigue el enlace arriba en azul para ver las lecturas.

Pd. Que Dios te bendiga y que tengas un día en paz.

Solo Tú tienes palabras de Vida

Señor hoy muchos hombres quieren poner tus mandamientos a precio de saldo, sin embargo, en la primera lectura Tú nos recuerdas que tus mandamientos no son superiorres a nuestras fuerzas y que están al alcance nuestro: en mi boca y en mi corazón. Te pido Señor que nunca, nuca, yo engañe a mi corazón y que mi boca no sirva de instrumento para predicar palabras de hombres o sugerencias del Diablo. Los hombres son como veletas, ninguno más grande a otro, porque todos participan de la misma naturaleza y, por cuánto, todos, también, pecaron y no están exentos de error. Señor tú Palabra es mi pilar y mi fundamento, la roca y el, único, refugio donde estoy a salvo (así, lo he experimentado en mi vida). Qué yo te siga conociendo y amando más cada día, para no defraudar las expectativas que tú pusiste en mi, dando tu sangre y tu vida a cambio de la mía.

¡Aún, Señor, me siento débil y temeroso como un niño, pero seguiré asido de tu mano confiando en tí…! ¡Bendito seas Señor por enamorarme tanto! A ti la honra y la gloria por siempre! Amén.

A la memoria de mi Padre

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Para mí, papá, fuiste un gran hombre, un hombre bueno, y por eso no me hubiera atrevido a exigirte más de lo que a cualquier otro señor eminente de tu tiempo. Naciste ocho años después de que comenzase a rodar el siglo XX. Yo vine al mundo cuando tú tenías cincuenta y tres años cumplidos. No obstante, a pesar de tu edad avanzada, nunca eché de menos un padre joven. A esa edad trabajabas como uno de treinta, me dabas tu protección y, aunque no fuiste especialmente afectuoso, jamás pusiste tu mano sobre mí para castigarme. Tampoco es que te hiciese falta, ya que tu modo de imponer respeto consistía en saber estar en tu lugar en todo momento.

Por aquellas fechas muchos trabajos del campo se hacían a mano, así, pues, papá, a pesar de que tenías las tuyas bien curtidas, se te agrietaban con surcos semejantes a los que hacían las rejas de tu arado, en tierra firme, con el rigor de las temperaturas invernales. Aquellas manos, padre, solamente me las mostraste en una ocasión; no para buscar mi compasión, sino para que supiese la dureza que comportaba el trabajo a la intemperie. Ese era tu habitual modo de proceder, ya que raramente nos hablabas de tus preocupaciones, de tus luchas y fatigas. Sí, padre, déjame que lo cuente: yo te observaba y, en tu determinación recia, descubrí que tenías corazón de niño, un corazón sensible que hizo que aflorasen, en más de una ocasión, lágrimas a tu rostro; especialmente en las bodas de mis hermanos. Ni que decir tiene que respetabas a mi madre y que de tu boca raramente salió un improperio que te afeara. Recuerdo con nostalgia mis vacaciones, porque aprovechabas ese periodo de mi vida para llevarme contigo al trabajo. Me despertabas de madrugada para salir de casa, montados a lomo de mula, antes de que apuntase el alba: yo iba sentado a horcajadas delante de ti y, en el trayecto que había hasta llegar a la finca, aprovechabas para cantarme, al oído, uno de los milagros que Dios tuvo a bien concederle a San Antonio de Padua siendo aún niño.

El canto relataba un hecho insólito, sucedió mientras el padre de Antoñito asistía a la misa dominical matutina en su ciudad. Antes de dirigirse a la celebración su padre le encargó que protegiese el huerto familiar del ataque de las aves. Antoñito, obediente a su padre, en lugar de espantar a los pajarillos, se puso a hablar con ellos, invitándolos a recogerse en una nave que había, en el mismo huerto, hasta que finalizase la misa. Así lo hicieron las aves que, escuchando atentamente sus indicaciones, le obedecieron. Cuando llegó el padre de la celebración dominical, sin dar crédito a lo que veían sus ojos, rápidamente se dirigió al pueblo para dar cuenta al obispo; el cual, a su vez, animó al resto de paisanos para ir a presenciar tan insólito suceso. Los lugareños al oír la noticia -aunque quedaron un tanto perplejos- siguieron al padre y al obispo para verificar lo que había pasado in situ, donde contemplaron, efectivamente, a los pajarillos que aún estaban parados en la nave, inquietos, esperando a que Antoñito les diese la orden de batir sus alas para reemprender el vuelo. Sí, papá, acuérdate, me gustaba de tal manera aquella canción que te la hacía repetir, una y mil veces, hasta que llegábamos a la finca, si es que íbamos de camino, o hasta entrar en casa en el trayecto de vuelta.

Para terminar con la evocación de lo que fue la personalidad de mi padre quiero hacer mención, entre otras virtudes, al buen humor que destilaba: siempre que salía de casa para el trabajo iba canturreando y, no solo eso, ya que una de sus aficiones preferidas consistía en alegrar la vida de las personas con sus ocurrencias y sus chistes. De este modo sacaba punta a cualquier acontecimiento cotidiano que se prestase para ello: se trataba, por lo general, de un chascarrillo sano, con el cual arrancaba la sonrisa a todos los amigos que pasaban por casa. Por lo ya comentado sobre él, por su estoicismo, por su paciencia y por otras cualidades que le hacían brillar con luz propia, tengo que concluir diciendo que, por encima de todo, fue un hombre bueno y sencillo, que pasó por la vida haciendo favores sin desear mal a nadie: un señor que respetaba y se hacía respetar, un hombre que se conformó con lo que le ofrecía su entorno y que, por lo mismo, necesitó tan pocos accesorios y bienes para vivir, que los únicos objetos personales que le encontré en su mesilla de noche cuando falleció fueron, a saber, un reloj de cubierta de plástico, una petaca en la que guardaba algunos documentos sin importancia y el equivalente, dentro de la misma, de lo que vendrían a ser hoy unos doce euros; monedas que iba juntando, poco a poco, no para sus gastos sino para convidar a los nietos por su cumpleaños. Con esas pequeñeces, con su buen talante, con ver a sus hijos felices, con llevar el sustento diario a casa y poco más, se daba por satisfecho.

De tal modo su aquiescencia constituyó uno de los principales motores de su vida, que nunca le vi lamentarse por no haber alcanzado una posición social relevante en su entorno; aunque no le faltase inteligencia para ello. Es más, en muchas ocasiones, me relataba la historia de un hijo que, a modo de cuento de la lechera (especulando en su imaginación), iba exponiendo ante su papá, uno por uno, los logros que alcanzaría a medida que se hiciese mayor. Al glosario del mozalbete el padre contestaba a cada uno de los logros que el hijo le mostraba: ¿y después qué más conseguirás hijo mío? así una y otra vez ¿y después qué otro logro más, hijo mío? hasta conducir al hijo a sus últimos días, frete a la vejez, en el precipicio de la muerte. Entonces mi padre, al llegar a ese punto del relato, callaba con la intención de hacerme meditar sobre la ambición desmedida. Ahora se lo agradezco, porque no he llegado a tener éxito en la vida, ni a triunfar tal y como lo entiende el mundo actual; sin embargo, no me he frustrado por ello y he podido saborear el éxito que para Dios y para mi padre eran suficientes: dormir en el lecho, al caer la noche, con la certidumbre de estar en paz conmigo mismo y de no haber pisoteado a nadie por el camino; al menos, no, conscientemente.

La Esperanza (hermosa compañera)

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Gracias Señor porque en la segunda lectura de este Domingo -festividad de la Santísima Trinidad- una vez más, Tú nos das la promesa en la esperanza. Y de este modo conocemos que nuestra lucha, nuestro esfuerzo, nuestra fidelidad, en tu amor, será recompensado. Así es, pues ya, de un modo u otro, Tú nos haces experimentar las primicias de ese Amor=Gozo. Gracias Señor, porque la Esperanza permanece firme, en todo lo alto, sabiendo además, como nos reveló San Pablo en otra de sus Cartas, que las tribulaciones de este mundo no son nada en comparación con la retribución que espera a los que te aman, a los que te amamos, una vez hayamos partido de este destierro. que es, como sabemos, el mundo material. ¡Bendito seas Señor por confirmarnos, un día más, en la fe; por enchir nuestro corazón de tu amor, de tu Paternidad inconmensurable ante la insignificancia de nuestras pobrezas y limitaciones! ¡A tí y solo a tí sea la gloria!

P. Ch.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Milagro Eucarístico

MILAGRO o, al menos, hecho sin posible explicación humana.
Enviado por el Padre Justo Lofeudo, Misionero de la Sagrada Eucaristía. Como se puede ver el video es real. Lo envió después de verificarlo. Fue el sábado pasado 8 de junio en la Catedral de Resistencia (Chaco. Argentina) en la capilla de adoración perpetua. Los fogonazos de luz intermitentes son parecidos a los del milagro del sol en Fatima y en otros lugares con apariciones Marianas. Muchas señales nos está enviando el Señor en los úlmos años. Es posible que su venida cada vez esté más cerca y nos esté llamando, con ello, la atención de que se nos acababa el tiempo para el arrepentimiento y la conversión.  El video habla por si solo de la presencia de Jesús vivo en el Eucaristia.

LA PEDAGOGÍA DE DIOS

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No decaigas ante la opresión y las pruebas, no desandes el camino ya recorrido. Dios tiene su pedagogía y ésta, como Él mismo, es perfecta. También a ti te invita, en este pasaje bíblico, a pasar de la angustia a un lugar espacioso y sin estrechez, donde tu mesa, bien servida, estará llena de manjares (de las delicias de Dios). Siguel el enlace:

http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PLC.HTM?fbclid=IwAR0lvQ7VhhZny7KkmNgjxULMV1B0a8PdBP5kHRlxd4Xc7c1KnJQMtdJ6CHI

Dando vida a los pensamientos

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Difícil es vivir sin autoengañarse; mecanismo de autodefensa que nos hace la vida más cómoda, pero, a la vez, menos comprometida y genuina.

Cuanto más descubro el mundo y sus mecanismos más pequeño me reconozco en él. Como dice el Padre Ignacio Larrañaga: Todo seguirá igual después de mi muerte.

No hay nada que haga madurar más deprisa que el dolor y nada menos inmovilista que nadar contra corriente. Hoy la corriente de la cultura global es torrencial y muy pocos se deciden a cuestionarla y mucho menos a combatirla.

Puedo proponer un modelo de sociedad, pero teniendo siempre presente (por aquello de la imposición en que incurren todos los gobiernos sin contar con el pueblo) que la persona no es una rata de laboratorio con la que se deba experimentar. El hombre se cimenta en cinco pilares básicos: la familia, la moral, la tradición, la libertad y la historia. Cuando se prescinde o anula uno de ellos la sociedad se desmorona por vivir ajena a la realidad de sí misma: algo en lo que incurren todas las ideologías.

Las personas cambian los sistemas de gobierno, por el contrario, se perpetúan. Por tanto, si me dan la posibilidad de elegir prefiero hacerlo entre personas, que no entre sistemas; esto siempre y cuando ¡claro está! que yo tenga la posibilidad de elegir personalmente a quien desee que me represente, y no a quien me impongan unas listas cerradas.

No al paternalismo y a la compasión para con los desheredados, no sea que vayamos a fomentar la mendicidad y el pesebrismo. Démosle, por el contrario -si realmente es cierto que creemos en la igualdad entre personas- lo que les pertenece por justicia y derecho. Estamos en campaña y no hace mucho se presentó por estos lares un gobernante a prometernos más subsidios, en lugar de prometer fomentar el empleo. Mientras tanto, la región se despuebla, por falta de oportunidades, de su valor más preciado; a saber, la juventud.

No te prometo nada, Señor, solo autenticidad a cada paso del camino recorrido, porque como dijo el Gran Poeta «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» y mi única pretensión seria, que al final del recorrido del mío, encuentre tu mano extendida para salvar el precipicio del absurdo aparente de la vida.

Hoy he contemplado un paisaje que cualquier pintor lo hubiese querido retener en su memoria plástica, para inmortalizarse en él. En aquel éxtasis de placer y gratitud, escuche una voz interior que me decía: no te diluyas en mí, tu misión consiste en ser testigo del Sueño de su Creador, para que tanta belleza y tanto amor no se precipiten en el vertedero del olvido de las prisas de los hombres y mujeres de este siglo.

Un psiquiatra, no recuerdo ahora quien, sentenció: “buscamos lo auténtico, pero cuando lo encontramos lo rechazamos por su envoltorio” ¿Es posible que esto mismo nos haya pasado con Jesús? Él entró en la historia de la humanidad como uno más entre los pobres, entre los humildes; sin obstentación y sin ambiciones personales de poder.

Prefiero asirme a Dios antes que a la nada y al sentido común antes que a la tiranía alienante de la moda y del sistema cerrado de las Ideologías.

Etiquetar a una persona o a un grupo de personas es destruirlo, al final las palabras son espíritu y el espíritu es vida. Uno termina por creerse lo que dicen de él y con eso lo cercenan e incluso lo matan. Si Jesús hubiese mirado la etiqueta que arrastraba la mujer adúltera, y no a su corazón, esta nunca habría cambiado de vida. Y ello, simplemente, porque los “buenos” hubiesen terminado con su vida.

No te etiquetes a ti mismo como bueno o de estar en el grupo de los buenos, porque como dice Jesús: Uno solo es bueno, Dios. Y si Uno solo es bueno… solo éste, también, conoce que es lo que conviene y lo que no conviene. Cuando uno se cree bueno, también se cree con derecho a decidir sobre la vida y a la muerte de los demás. Los políticos deben creerse, en su inmensa mayoría, estar en el grupo de los buenos, ellos han decidido ya por Dios, quien debe vivir y quien no.