EN EL JUEGO DE LA VIDA…

A continuación del vídeo dejo varías reflexiones que me han surgido a raíz del mismo.

1- Pensamos que somos libres cuando en realidad estamos siendo dirigidos, por los que poseen el poder y el “conocimiento”, con señuelos que nos distraen de la intención real que esconden tras los mismos. Lo más bochornoso es que cuanto más libre te crees más esclavo eres, porque ni siquiera te planteas que te pueden estar manipulando.
2- Hay frases hechas incrustadas en el pensamiento colectivo, que en lugar de hacernos avanzar como personas y como sociedad nos llevan al individualismo (a la sociedad del descarte; a tratar las personas como objetos) Hay juegos en los que, si ganamos todos, todos saldremos beneficiados, como el “juego de la vida”.
3- El orgullo, la soberbia y el resentimiento, son sentimientos, que nos llevan al desencuentro intergeneracional y en ocasiones incluso son espoleado, a propósito, por los gobernantes como arma de manipulación de masas. De esta manera, mientras los de abajo estén enfrentados todo el tiempo, los unos contra los otros, se olvidan de quienes realmente los están controlando, oprimiendo y manipulando para mantener sus privilegios elitistas.
4- Mejor es mirar a la gente de frente y con las cartas bocarriba, ya que, por lo general, todo lo que se hace por la espalda se vuelve en contra de uno mismo. Siempre hay alguien que te observa y te pagará con la misma moneda. Por otro lado, hay gente más experimentada que tú y es capaz de leer rápidamente tus movimientos soterrados para neutralizarte.
5- Nada bueno es fácil, o casi todo lo bueno conlleva un gran esfuerzo. No parece ser la máxima de nuestra época, donde todo lo queremos en el momento y sin esfuerzo. Muchos venden su alma y su cuerpo para conseguir el triunfo fácil. La pena es que esto trae siempre daños colaterales, el pecado no solo se queda en el que lo comete, sino que toca de una forma u otra a todos los que están alrededor.
6- Nunca se cierran de todos los caminos: Este adagio sí que me lo apropio. Aún cuando se cierren los caminos, siempre te quedará la libertad individual de revelarte contra ello, o por el contrario aceptar y asumir, de buen grado, los hechos consumados. No obstante, la última palabra la tiene siempre Dios.
7- Al final tampoco ganó la partida el viejo, como parece. No la ganó el viejo, porque cosechó lo que antes sembró con señuelos: renunció a los verdaderos valores que había recibido, es decir, a la bondad, la belleza, la lealtad, la trascendencia, la compasión, etc., por el valor que enseñó a sus hijos, lo bueno es lo útil, el único valor por el que se rige la sociedad actual. Y de ahí, que, si ya no eres útil a mis intereses, te aborto, te excluyo de mi círculo, me divorcio, te ignoro, te envío al geriátrico, o simplemente te pongo una inyección y te mato.
8- Claro que la joven tampoco gana, porque en cien años, como dice el refrán, todos calvos jjjjj.
9- ¿Moraleja, no será también la Covid 19, fruto de una sociedad que solo se rige por intereses de poder y económicos?
10- De todos modos, hay que ser positivo y pensar que mientras hay vida hay esperanza, nunca es tarde para rectificar y volver a la verdadera fuente de la Sabiduría y de la Paz, que a estas alturas todos tenemos claro donde está aunque no todos estén dispuestos a aceptar por temor a perder su batallita personal.
11- Y hablando de partidas, la gran santa española y Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús, decía: que al final de la jornada -es decir, de la vida- AQUEL QUE SE SALVA SABE Y EL QUE NO, NO SABE NADA.

María Modelo de fe

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No a los sabios, ni a los iluminados.

ConocimientoNo, no es a los sabios (filósofos, políticos, teólogos, alquimistas, iluminados, científicos), ni a los prudentes (aquellos que anteponen en bienestar personal; la crítica, el no molestar, etc., a la verdad) a los que Dios revela su Ser, sino precisamente a aquellos que no cuentan para el mundo, a los pequeños (humildes, dóciles, confiados, vacíos de sí), aquellos que no se pueden jactar de sus estudios, porque apenas si alcanzaron a sacarse la primaria, aquellos que no tienen que guardar ningún prestigio, porque ya lo perdieron por su condición sociedad y personal, o porque su identidad la pusieron en Dios y no en la escala que Él les permitió conquistar.
Parece contradictorio que Dios oculte su Ser a aquellos que le están dando vueltas todo el día, a la ciencia, a los números, a lo oculto, o a las escrituras y se lo revele a aquellos que no entiende de astros, física, nanopartículas, historia, hebreo, latín o griego. Pero no, no es contradictorio, porque la palabra de Dios -las Escrituras- no es un libro de cábalas, un manual de buenas costumbres, un libro de historia, ni un jeroglífico impresionante que descifrar, ni tan siquiera un libro donde cultivar la inteligencia o adquirir conocimientos, entre otras cuestiones, porque este libro científicamente “desafía” las leyes de la naturaleza e incluso los hechos estrictamente históricos, ya que la mismas Escrituras remite a otros libros históricos de su época -denominados Anales- para completar todos los acontecimientos que acaecieron en determinada época o reinado del pueblo judío cf: (1 Reyes 15, 23). Ni tan siquiera es un instrumento del que uno se sirve para cambiar el modelo de sociedad, como está de moda entre algunos teólogos desde hace cincuenta años atrás (Su Palabra no es un instrumento en manos de ningún grupo de presión, ni de nadie para imponer algo, entre otras cosas porque Dios respeta la libertad del hombre, aunque su Iglesia la conduzca Él por medio del Espíritu Santo). Por el contrario, la Palabra de Dios -como las mismas Escrituras nos pone de manifiesto- es viva y eficaz; es decir, es actualmente viva (no se mueve en un plano teórico e ideológico desconectado de la realidad personal), el hombre no solo conoce intuitivamente que esa Palabra es Única y Verdadera, sino que es eficaz para su vida: lo hace Libre y eficiente para vivir en plenitud esa realidad -que es él mismo- creada para reproducir la imagen de Dios en él; una palabra tan eficaz, que como onda expansiva toca e impacta a todos aquellos que conviven con un cristiano lavado y purificado en la sangre del Cordero, que es Jesucristo.
Tampoco el Ser de Dios es revelado a aquellos que hagan más méritos ante Dios, porque si todos somos vasijas de barro ¿qué mérito podemos tener ante Él, que no sea otro, que un corazón disponible, para servirle?
Finalmente, Jesús, en el evangelio de hoy, nos propone encontrarnos con Él, que, a diferencia del mundo, del Demonio y de nuestra propia concupiscencia, nos trae también un yugo, pero no uno limitante ni gravoso de llevar como el de los anteriores, sino liviano y suave; el yugo de la humildad y la paciencia que apacigua todos los corazones, y que redunda en nuestro beneficio porque nos deja paz y nos conduce a la fraternidad. Jesús por otra parte, no habla con palabras huecas, el mismo se presenta como modelo de humildad y paciencia. Así fue, sin ningún tipo de enfrentamiento, ni revolución, partió la historia de la humanidad en dos mitades, y el corazón del hombre, también en un antes y un después: de la esclavitud del pecado, a la libertad de los hijos de Dios; de las tinieblas y oscuridad del mundo, a la luz de la Verdad y a la transparencia de vida; de la depresión y la incertidumbre, a la ilusión y a la esperanza; de la muerte a la resurrección

Evangelio según San Mateo 11,25-30.

Jesús dijo:
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.”

Proselitismo ¿sí o no?

Hoy parece que, desde ciertos púlpitos, incluso desde el más alto de nuestra esfera católica, se nos dan mensajes parciales de la Palabra de Dios, y en ocasiones incluso algunos que nos hacen dudar de si no entran en contradicción con esta misma Palabra. Hace ya unas décadas se nos viene diciendo que la evangelización ha de ser por atracción y no por proselitismo. Estoy de acuerdo, en esta afirmación, siempre que todos tengamos un mismo concepto de la palabra proselitismo. Si entendemos por proselitismo, usar cualquier método de persuasión para que una persona se adhiera a nuestra fe católica, como puede ser la mentira, el chantaje con préstamos a personas económicamente necesitadas, o el más frecuente de todos, el chantaje emocional, como suelen utilizar muchas sectas protestantes, con el miedo al infierno o el miedo al fin del mundo, pues estoy de acuerdo, con esa afirmación. Pero no parece que todos entiendan así la palabra proselitismo. Meses atrás, leí la noticia de que un alto cargo de nuestra Iglesia Católica, no voy a dar nombre pues seguramente lo hizo por convicción, no me cabe la menor duda (convicción que raya más el hecho cultural, que de credo) reprendió a una señora tachándola de proselitista, la cual le acababa de decir, que dos personas conocidas suyas, de diferentes credos, las había logrado convencer para que se pasasen al catolicismo. Yo -claro está- me quedé estupefacto por esta reprimenda (de la que además alardeaba el personaje al que me refiero), porque si uno está convencido de la verdad que encierra su credo y no lo proclama, es como si se avergonzase del mismo y prefiriese que las demás personas permaneciesen el error. Por otro lado, soy consciente, que si la evangelización no va acompañada del ejemplo de la persona que proclama su fe, no tiene la misma eficacia que si esta persona la vive desde la coherencia, en ocasiones, incluso puede ser hasta contraproducente para su interlocutor. De cualquier modo, no hay que olvidar que ningún creyente alcanza, de todo, la meta del cristianismo, que consiste en ser la imagen fiel de Jesucristo. La fe es un camino que hay que recorrer unos van por delante y otros más atrás (todos somos pecadores) y por lo mismo no se nos puede exigir la perfección absoluta para dar testimonio de nuestra esperanza; es decir, de nuestra fe.  

Incluso la máxima del principio -evangelizar por atracción- tendría sentido en una sociedad, donde las personas no estuviesen replegadas sobre sí mismas; donde la comunicación sobre el credo de las personas, no se hubiese limitado o intentado restringir para el ámbito de la privacidad de cada quien (como sucede en la cultura occidental de los países más “desarrollados”) y las personas con las que interactuamos no sintiesen pudor de preguntarnos qué es lo que nos motiva a llevar una vida diferente al común de los mortales.

Por otro lado, tengo que decir, que hay personas muy entrañables y cariñosas, que cultivan cierto don para la comunicación, y que además son generosas, amables y serviciales, pero que, sin embargo, en muchos aspectos morales, bien por la cultura del momento, bien por flojera o bien por ignorancia, dejan mucho que desear con respecto a otros valores morales que estamos llamados a vivir desde el cristianismo. No obstante, parece que estas personas no dudan, en cambio, en proclamar sus ideologías mundanas o incluso sus apegos y apetitos carnales, sin ningún tipo de pudor, para atraernos hacia sus postulados o modo de vida. Ahora bien, yo me pregunto: ¿no es esto proselitismo? Si ellos no se esconden ¿por qué nosotros, estando convencidos de que andamos en el camino correcto para nuestra salvación presente y futura, habríamos de tapar nuestra luz -la lámpara de la que habla el evangelio- para que alumbre a todos los de la casa?  

En la lectura del Evangelio de hoy queda bien claro que Jesús no solo quería que sus discípulos hiciesen más discípulos (valga la redundancia) por atracción -de ahí que los envié con el poder para hacer milagros y sin provisiones (sin ostentación de bienes materiales) siendo la Providencia Divina su único apoyo, sino que además los envía a predicar de palabra: a proclamar que el Reino de Dios está cerca. Curioso que Jesús les diga, que está cerca, y no que les dijese ya está entre ustedes. Señal de que este Reino, solo llegaría plenamente, con su resurrección, una vez concluida la misión encomendada por el Padre.

Concluyo con unas palabras de la Venerable Madeleine Delbrêl:  ¿Cómo no evangelizar si el Evangelio está en nuestra piel, manos, corazón, cabeza? Debemos decir por qué tratamos de ser lo que queremos ser y tratamos de no ser lo que no queremos ser. Debemos predicar, porque predicar es decir públicamente algo sobre Jesucristo, Dios y Señor. No se puede amar y callar.

Evangelio según San Mateo 10,7-13.

Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.”
No lleven encima oro ni plata, ni monedas,
ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Palabra + fe = Vida

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Interesante las enseñanzas que da San Pablo a su discípulo Timoteo, en la primera lectura de hoy.

La primera de ellas, es que la persecución contra el creyente es inherente a la vida del cristiano y prueba de su fidelidad, aunque a pesar de esa persecución (como las que había padecido Pablo) por el Nombre de Jesús, nuestra vida está en sus manos y no seremos abatidos por el enemigo, a no ser que Dios, por el motivo que sea -indudablemente siempre será para un mayor bien- lo consienta.

La segunda consideración a tener en cuenta, es que nos insta a ser fieles a las enseñanzas recibidas: Timoteo la recibió directamente de Pablo, y nosotros las hemos recibido, esa misma enseñanza, por las Escrituras y, también, por la Iglesia depositaria de la fe del Evangelio y de esas mismas enseñanzas de los apóstoles transmitidas de generación en generación, a través de los muchos siglos de existencia de la Iglesia.

La tercera enseñanza que nos muestra San Pablo, es que no se jacta de sí mismo, o de otros maestros, sino que vuelve a remitir a la enseñanza de las Escritura, y a la fe en Jesucristo. Es en la unión inseparable de estas dos fuentes, donde encontramos la sabiduría necesaria para nuestra salvación. Y esto, termina concluyendo Pablo, porque toda escritura está inspirada por Dios, y es útil para nuestro camino de perfección y de aquel al que se lo señalemos.

Oración: Señor Jesús, dame un corazón puro y desinteresado, para discernir tu Palabra tal y como Tú deseas mostrármela, para que no me busque a mi mismo en ella, sino sólo tu voluntad. Haz que tu Santo Espíritu penetre en mi corazón, como espada afilada, cuando esté meditando las Escrituras, para que esta se haga vida en mí y no quede yo confundido ante lo que no proviene de ti.

Propósito: me propongo desde ahora, que no pase un solo día sin escuchar e integrar tu Palabra en mi vida con toda mi fuerza, así como pedirte, por otro lado, que, en todo momento, agrandes mi fe en Ti, porque como dice en otra parte de las escrituras: la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios. Pues escrito está: Él es el que prende a los sabios en su propia astucia.

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 3,10-17.

Tú, en cambio, has seguido de cerca mi enseñanza, mi modo de vida y mis proyectos, mi fe, mi paciencia, mi amor y mi constancia,

así como también, las persecuciones y sufrimientos que debí soportar en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones no he tenido que padecer! Pero de todas me libró el Señor.
Por lo demás, los que quieren ser fieles a Dios en Cristo Jesús, tendrán que sufrir persecución.
Los pecadores y los impostores, en cambio, irán de mal en peor, y engañando a los demás, se engañarán a sí mismos.
Pero tú permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido: tú sabes de quiénes la has recibido.
Recuerda que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús.
Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia,
a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien.

Salmo 119(118),157.160.161.165.166.168.

Son muchos los que me persiguen y oprimen,
pero yo no me desvié de tus prescripciones.

Lo primordial de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios permanecen para siempre. Los poderosos me persiguen sin motivo,
pero yo temo únicamente tu palabra.

Los que aman tu ley gozan de una gran paz,
nada los hace tropezar.
Yo espero tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandamientos.

Yo observo tus mandamientos y tus prescripciones,
porque tú conoces todos mis caminos.

Evangelio según San Marcos 12,35-37.

Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David?

El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿Cómo puede ser hijo suyo?”. La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

Itinerario de Vida

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Interesante la primera lectura de hoy, que parece ir en contra de la última corriente de pensamiento. En primer lugar, se nos recuerda que, en el camino de la vida y la piedad, o santificación, no hay imposibles por muy inclinada que esté nuestra carne al pecado. Y el modo de lograrlo es acercándonos a la fuente del conocimiento ¿cuál el humano? no, el Divino manifestado en Dios y en Cristo Jesús. ¿Y donde podemos conocer a Dios y a Jesús? pues en las fuentes de la revelación que como bien sabemos o deberíamos saber se encuentran en La Palabra de Dios (la Biblia), la Tradición de la Iglesia y, por último, en el Magisterio de la Iglesia; el cual, en ningún momento, puede ir en contra de los dos anteriores sino esclarecerlos a la luz del don del Espíritu Santo operante de modo particular a partir de Pentecostés. Por lo tanto, acercándonos al conocimiento imprescindible de esas tres fuentes, también encontraremos la Gracia del Espíritu Santo -necesaria- por medio de la fe, para entrar en ese camino de perfección y santidad, que en muchas ocasiones rechazamos porque nos resulta infranqueable o inasumible por nuestros deseos concupiscentes o por nuestro corto razonamiento humano.

Por otra parte, para alcanzar esa unión con Dios, en los últimos tiempos, parece que se nos está trazando un camino a la inversa de lo que nos pone de manifiesto esta primera lectura del apóstol Pedro (de ahí la necesidad de conocer las Escrituras y meditarlas en profundidad). Así es, mucho se nos ha insistido en las últimas décadas tanto dentro de la Iglesia, como incluso en el mundo, con la corriente que trajo el movimiento hippie, acerca del amor. Claro que, para entender este concepto, deberíamos de nuevo adentrarnos en los evangelios, porque para Jesús amar va mucho más allá de un sentimiento (que es lo que nos presenta el mundo), sino que implica también una tarea, un empeño, un esfuerzo, una ascética o renuncia, lo que se ha dado en llamar amor oblativo, y en muchas ocasiones, también, la corrección fraterna y la verdad -para que nadie se pierda por falta de conocimiento- aunque eso me reste popularidad o conlleve, por otro lado persecución. Pero no es del significado de la palabra amor, tal y como se entiende desde el Evangelio de lo que quería hablar, sino de ese camino inverso por el que se nos lleva hoy; de este modo, parece que para el apóstol Pedro, el amor, es el colofón final (posiblemente también la consecuencia) de todo un itinerario que viene antes, y del cual hoy casi no se habla o se prescinde, bien por miedo a ser rechazado o porque yo mismo soy más del mundo que del Espíritu. Y el camino que nos presenta Pedro, antes de llegar al amor, es, a saber: el de la fe (examinemonos como estamos de Fe), seguido de la virtud (o moral), el conocimiento (del que ya hemos hablado), la templanza, la perseverancia, la piedad, la confraternización, y por último, el amor.

Oración: Gracias Señor por tu Palabra, ella me lleva, una vez más, a la verdad, a la identificación y unión contigo, a renovar mis fuerzas y seguir apostando por Ti. Gracias por tus promesas, porque efectivamente, he conocido que solo en Ti, está la vida y hay vida. ¡Alabado y bendecido seas por siempre mi Señor y Salvador Jesús!

Epístola II Carta de San Pedro 1,2-7.

Lleguen a ustedes la gracia y la paz en abundancia, por medio del conocimiento de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.
Su poder divino, en efecto, nos ha concedido gratuitamente todo lo necesario para la vida y la piedad, haciéndonos conocer a aquel que nos llamó por la fuerza de su propia gloria.
Gracias a ella, se nos han concedido las más grandes y valiosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a participar de la naturaleza divina, sustrayéndose a la corrupción que reina en el mundo a causa de los malos deseos.
Por esta misma razón, pongan todo el empeño posible en unir a la fe, la virtud; a la virtud, el conocimiento;
al conocimiento, la templanza; a la templanza, la perseverancia; a la perseverancia, la piedad;
a la piedad, el espíritu fraternal, y al espíritu fraternal, el amor.

No he venido a Juzgar al mundo, sino a salvarlo.

camino iluminado por rayos de solJesús se presenta como la luz del mundo. Él es la luz porque no procede de este mundo, está en un nivel superior, el de la Eternidad, que es la Dimensión de la inmortalidad, la dimensión única y exclusiva de Dios. Estaba junto al Padre y una de las pruebas que nos da de ser la Luz que viene a iluminar a los hombres, es que no ha venido al mundo en nombre propio, es decir a representarse a si mismo, porque si así fuese, podría hacerlo buscando algún tipo de interés personal. Otro dato que nos revela para decir que es la Luz que viene a iluminar las tinieblas que cubren al hombre es, que, por proceder del Padre, por conocerlo -por experiencia propia y no de oídas- puede testificar que sus mandatos, los del Padre (no es una opción aunque a pesar de todo Dios nos ha dado libre albedrío y de ahí se deriva el que el hombre tenga que afrontar un juicio después de esta vida), son vida para el hombre, y no una vida cualquiera sino una Vida ya en la Eternidad de Dios (fuera de todo límite). Los limites los pone el hombre cuando en lugar de acoger la Luz -a Jesús que viene a mostrarnos la Voluntad y las Palabras que el Padre le ha revelado para la salvación del hombre- este permanece indiferente o contrario a estas Palabras de Vida. Algo también a resaltar de este evangelio de hoy, quizás lo más llamativo y tranquilizante, es que Jesús, no ha sido enviado, para Juzgar a nadie, no está observándonos por una mirilla, para ver donde caemos e ir anotando con una x, como en la escuela, nuestros fallos, sino muy al contrario, ha venido para salvarnos. Como dice en otra parte del evangelio (en 1 juan 2,1): Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Podemos estar entonces tranquilos, de que Jesús no está ahí, señalando con el dedo nuestras faltas, nuestros fallos, nuestro pecado, no viene a hurgar en tu herida, sino a sanarla, a borrarla, a darte, en definitiva, una vida nueva, un comenzar cada día desde cero sin dedo acusador, cuando tú reconoces tus fallos ante Él y tu deseo de entrar en su voluntad, viviendo de su Palabra. Mas que nuestras faltas (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra) lo que nos mantendrá en las tinieblas y en la oscuridad de este mundo y en la eternidad, es nuestra incredulidad o el rechazo a conocer y vivir la Palabra de Jesús, lo que es lo mismo que rechazar a Jesús, porque en Él ambas cosas se identifican, su Palabra con su Persona.

Oración: Te doy gracias Jesús, por haberme hecho experimentar en primera persona, que tu Palabra es Luz para mi caminar por este mundo, una luz que me ha alumbrado en los momentos más difíciles de mi vida por medio de tu Palabra en los Evangelios. Palabra que se convierte en el bálsamo que cicatriza mis heridas y que me pone al descubierto las trampas de este mundo y como salvarlas. Gracias Jesús, porque me has comprado con el precio de tu sangre, para que viva en la alegría y en el gozo de los redimidos, de los que andan en la luz: en tu Luz que es Vida y salvación Eterna.

Evangelio según San Juan 12,44-50.

Jesús exclamó: “El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió.
Y el que me ve, ve al que me envió.
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar;
y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó”.

¿Soy luz o tinieblas?

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Jesús, según la primera lectura, nos trae una nueva vida, y en el evangelio nos revela que serán nuestras obras las que nos juzguen. Sabremos que no seremos juzgado por nuestras obras, cuando estás -todas- podamos sacarlas a la vista de todos sin avergonzarnos. Ellas serán luz y guía para el resto de los hombres, como Jesús lo es para nosotros. Ante estas dos enseñanzas de hoy cabría preguntarse. ¿El hecho de haberme acercado a Jesús, ha inaugurado una nueva vida en mi, o por el contrario estoy igual que antes de conocerlo anhelando las mismas cosas y aferrándome  a las mismas seguridades que nos da el mundo? ¿Alguien que no me conozca podría deducir por mis palabra, obras y conducta, ante otra persona atea o agnóstica, que soy un hijo de la luz y, por ende, hijo de Dios? ¿Ante cualquier adversidad reacciono con paz, fe, esperanza, en la confianza de que Dios está conmigo, o cualquier cosa me desborda, como aquellos que solo creen en las seguridades que les dan las personas o las cosas terrenales?
Nacer de nuevo es cambiar el, yo soy como soy, por el yo soy otro Cristo. Así como decía Jesús el que me ve a mí a visto al padre, que la gente pueda decir el que ve a fulanito, está viendo a otro Jesús.
Oración: te pedimos Jesús que nos ayudes a cambiar los deseos y las obras de las tinieblas que están en nuestro corazón y en nuestras manos, por deseos y obras según tu corazón libre, consumido en las llamas del amor. Que el que me vea te vea, y que el incrédulo se acerque a mi, para conocer la fuente de donde emana mi gozo, mi paz y mi sabiduría. Dame Señor, la fe suficiente, para vivir en tu voluntad, y la sabiduría necesaria, para ver que es posible, como ha sido posible a lo largo de la historia en muchos otros hombres, los superhéroes, solo son un invento de la imaginación y de la industria del entretenimiento, los demás somos falibles y débiles que con nuestra determinación y la ayuda del Espíritu Santo -con tu gracia- les podremos alcanzar. Amén.

Lecturas de hoy https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Urgente Covd 19, todos implicados.

coronavirus

Hace unos días enviaba unas sugerencias, vía wassap, para tratar de que se tomaran en consideración algunas medidas más, frente al coronavirus, con tal de contener su expansión, pero parece que no le ha llegado a la gente, puesto que no dejo de observar el mismo comportamiento, también es posible que yo no me haya sabido explicar bien. Ahora quiero rectificar, sustituyendo la palabra terraza por balcón, y hacer que circule de nuevo.
Hay algo que no entiendo, y en lo cual nadie ha caído. Y es en lo siguiente: el porqué no se recomienda o incluso se prohíbe cantar y charlar desde los balcones de bloques de pisos. Lo digo no por lo molesto del canto, sino porque al hablar y cantar se esparce la saliva, cayendo la misma a los vecinos de más abajo, incluso he visto muchos de ellos, con la cabeza vuelta hablando con los de pisos superiores. “Hasta cierto punto puede que sea necesario un poco de distracción y que se toquen las palmas e incluso que se ponga música” (aunque tal vez no le parezca tan saludable a los familiares de los difuntos por Covd 19) con no demasiado volumen para no molestar a los profesionales de la sanidad que les toque descansar a esa hora en sus casas; pero no así, que la gente aproveche para hacer tertulia por el motivo ya expresado. Lo mismo pasaría con el vecino del balcón contiguo, si no hay una separación de más de metro y medio como recomiendan las autoridades. De no llevarse a cabo estas medidas, que alguien me explique de qué sirve el confinamiento si tenemos el mismo peligro dentro de casa que fuera, cual es la diferencia entre hablar con alguien en la calle sin mascarilla, a corta distancia, o en charlar con el vecino de balcón inferior o del costado, también sin protección. Otro detalle a tener en cuenta, para las personas que sacan a pasear el perro sería, si no es urgente, no contestar o hacer llamadas de móvil en la calle, ya que es otra vía para esparcir nuestra saliva y, por ende, el coronavirus en el aire y por el suelo, lo que hace que posteriormente otros viandantes se lo lleven pegado en la suela de sus zapatos o que los niños, si da permiso el gobierno para que salgan unas horas a la calle dentro de unos días, la toquen con sus manos al arrastrarse por el suelo.
Esto lo escribí hace unos días, el motivo de retomarlo es que ya se ha consumado el levantamiento de restricciones que había para mantener aislados a los niños en casa; tal vez porque el gobierno ha sucumbido a la presión de algunos medios de comunicación de masas, y no tanto, así, porque los expertos hayan dado el visto bueno. Lo que recomiendan la mayoría de expertos es que mientras no se hagan tests a la población en su conjunto lo mejor es la cuarentena. Algo que es de sentido común porque es casi imposible contener a un niño de tirarse al suelo, o de tenerlo controlado durante todo el tiempo para que no se vaya donde están otros niños o los padres de estos, y que, al mismo tiempo, se lleve sus manos a la boca, nariz, o a los ojos. Ni siquiera desinfectando las calles todos los días, las mismas quedarían libres del virus ya que, como he expresado anteriormente, la gente de camino al comercio, o paseando el perro, se tiran horas hablando por el teléfono y expulsando, por ende, la saliva al suelo. ¿Cuántas de estas personas saben si han pasado el coronavirus, cuántas si lo están pasando y cuántas son ya “inmunes”? yo diría que el 99% de la población lo ignora, por las mismas
quejas de los sanitarios en redes sociales y por la prensa, que nos comunican que apenas si están llegando estos tests al personal sanitario y a las personas de riesgo. Por lo dicho, si la gente desconoce si es portadora, si no hay tests, y por las medidas de desconfinamiento sin garantía, al paso que vamos, la encerrona, para la mayoría de ciudadanos, puede llegar hasta finales de años o hasta que no haya una vacuna en el mercado, máxime viendo la fotografía que estamos viendo desde el domingo por las calles y plazas, niños jugando al fútbol, sin guantes ni mascarilla y padres agrupados haciendo tertulia, es posible que guardando un poco de distancia, pero los niños yendo de unos a otros sin control alguno (España es diferente, ya lo sabíamos y así nos va). Esperemos que Europa no se canse de conceder créditos para salvar nuestra economía, a causa de nuestra cultura de procrastinar los deberes, porque de lo contrario, algunos van o vamos a pasar más necesidad que en el año del hambre, cuando salgamos de esta: los que salven ¡claro está!P. S. Esta mañana al hilo de lo que vengo diciendo, comentaba un policía en Canal Extremadura Radio, el cual ya ha pasado el coronavirus junto con su familia, que él no sacaría a su hija menor a la calle, hasta más adelante, cuando los niños y los padres no salgan en tropel y la situación esté más controlada. Habría que preguntarse pues, cuál no habrá sido la experiencia vivida, a demás de la información que posea, que ni siquiera habiendo pasado todos la enfermedad, se atreva a sacar a su hija a la calle.

P. S. Esta mañana al hilo de lo que vengo diciendo, comentaba un policía en Canal Extremadura Radio, el cual ya ha pasado el coronavirus junto con su familia, que él no sacaría a su hija menor a la calle, hasta más adelante, cuando los niños y los padres no salgan en tropel y la situación esté más controlada. Habría que preguntarse pues, cuál no habrá sido la experiencia vivida, a demás de la información que posea, que ni siquiera habiendo pasado todos la enfermedad, se atreva a sacar a su hija a la calle.

Pido por el bien de todos, más responsabilidad a los padres, y que hagas correr está información, al menos que se sepa, para que no actuemos desde la ignorancia. Gracias.

Indiferencia

amor-escultura-noche

Hoy me he dado cuenta

de cuán ligero pasa la vida.

No va más allá de un suspiro,

no más lejos de una mirada.

Mirada de suplica, de amor, tal vez de recelo.

Puedes ser feliz y no saberlo,

estar triste y no notarlo,

sentir y no querer,

o querer sentir y no poder.

¿Y si no lloramos, no afirmamos o suspiramos?

¿para que me quieres a tu lado?

mejor me voy a los montes,

a las riberas de los ríos, y a los prados.

mejor escuchar la melodía de los pájaros.

mejor dejarme abrazar por el viento.

Sin sentimientos,

sin suspiros del compañero de viaje,

sin palmada en el hombro,

ni siquiera un reproche.

sin palabras dulces y sinceras

sin tan siquiera un quebranto

¿como puedo alcanzarte?

hay diosas de metal

pero prefiero las de barro

al menos estas últimas lloran

y en su llanto deshacernos y transformarnos.

¿Qué es tu vida, pues?

¿Una mentira al descubierto?

¿Un sueño que termina?

Y si es sueño… nada es.

banco

Mujer, ¿porqué lloras?

2

Del evangelio de hoy me sorprenden dos hechos significativos, en primer lugar, la pregunta que el Resucitado hace a María Magdalena: ¿que buscas? Jesús ya había hablado con anterioridad a sus discípulos de que resucitaría y, seguramente, a demás de ellos a las mujeres que le seguían. Sin embargo, sus ojos aún estaban enceguecidos -como los nuestros- por los contratiempos de esta vida terrenal, sin poder elevarse por encima de ellos y contemplar que en medio de la tragedia Dios sigue llevando su plan adelante para con nosotros, un plan que trasciende nuestro dolor, nuestras dudas, nuestros miedos y el rechazo de nosotros mismos y nuestra historia de dolor. ¿Que buscas Mujer…? Jesús también nos pregunta ¿Que buscas, Pedro, José, Elena, Víctor, Encarna, Diego, Piedad ¿Qué buscas hombre…? ¿Porqué desesperas…? ¿No te avisé en mi evangelio que todo esto por lo que atraviesas hoy tendría que pasar, pero que yo estaría siempre contigo? ¿No te advertí que en este mundo tendrías que pasar por tribulación pero que la muerte no es el final? De muchas cosas os he hablado, pero seguís mirando hacia el suelo, y no os eleváis para contemplar al Resucitado, a aquel que tiene y posee la Vida, la única necesaria, como le dijo un día Jesús a Marta.

La otra cosa que me llama la atención es que Jesús Resucitado, ahora más que nunca estaba llevando el plan de redención encomendado por el Padre, es decir: liberarnos de la muerte que lleva consigo el pecado, para hacernos criaturas nuevas; puras como el niño que acaba de dar a luz la madre embarazada. No hay reproches para los discípulos, los ha lavado en su sangre de la negación de días antes, del abandono sufrido por ellos cuando más necesitaba oír: contigo hasta la muerte Raboní, aquí estoy a tu lado. Es impresionante las palabras con que se dirige a los apóstoles cuando le habla a María: Jesús sigue pobre y humilde aún en su nueva condición de resucitado y a pesar de haber llevado esta obra impagable de redención por cada uno de nosotros que le costó su propia vida. Jesús no retiene para si el título de Mesías o de Raboní, sino que eleva a sus discípulos -lavados en su sangre- a la condición de hermanos, a su misma condición (María: ve a decir a mis hermanos) y le recalca -para que no tengan ninguna duda- que el Padre suyo no es distinto al nuestro, y que el Dios suyo es nuestro Dios. Es decir: que el mismo Dios y Padre que le ha dado vida y fuerza para llegar a la meta -y que acaba de resucitarlo- es el mismo Dios que nos guiará y nos dará fuerza y vida a nosotros para llegar a su misma meta, la meta de la Resurrección Eterna junto al Padre en el Cielo.

Evangelio según San Juan 20,11-18.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”.
Jesús le dijo: “¡María!”. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir “¡Maestro!”.
Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Un poco de muchos es mucho para pocos

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Pensando en que más se puede hacer frente al coronavirus, en este caso sobre sus consecuencias, quiero plantear una iniciativa para que la tengáis en cuenta y, a su vez, la paséis a todos vuestros contactos en las redes sociales.

El enunciado, que bien parece un trabalenguas, encierra una gran verdad, que un poco que donen muchas personas, supone un gran beneficio para una parte necesitada de la población.

Como todos sabemos esta pandemia traerá penuria económica para muchas familias, si es que no la están sufriendo ya algunas personas. Frente a este lastre, se me ha ocurrido lo siguiente: consiste en que hagamos un cálculo de lo que hayamos ahorrado los fines de semana al estar confinados en casa y lo guardemos en una hucha. Para nadie es desconocido que el fin de semana se gasta un buen montante de dinero, en peluquería, cosmética, restaurantes, cines, cubatas, salidas a casas de campo o a la playa, apuestas deportivas, conciertos, teatros o cualquier otro tipo de ocio.

La idea consiste en que todo ese ahorro lo destinemos a Cáritas, para que palie las necesidades de las personas que se pueden ver abocadas al paro o se queden sin recursos. Sabemos que a muchas personas nos les afectará esta situación laboralmente y es a ellas a las que va destinado esta buena y loable iniciativa, ya que ellas, a fin de cuentas, se quedarán o nos quedaremos como si hubiésemos salido ese fin de semana y, a cambio, estaremos haciendo una gran obra de caridad.

A continuación, os dejo un link con la página web de Cáritas, para hacer dicho donativo, también lo podéis llevar directamente a vuestra parroquia cuando todo esto pase. Si observas bien, en la página, hay una pestaña que se despliega para ingresar el donativo en la diócesis eclesiástica a la que pertenezcas.

No lo olvides, un poco de muchos, es un mucho (o un mundo) para pocos. Que Dios te proteja y te defienda a ti y a toda tu familia de esta pandemia.

Para los creyentes, también, es una oportunidad de poner en práctica una de las recomendaciones de la Iglesia para este tiempo de Cuaresma, como es la limosna.

Sitio web de Cáritas Diocesana España

¡Divina misericordia, guárdanos del coronavirus y renueva nuestro corazón!

Misericordia

Es bueno mantener el sentido del humor haciendo chistes en medio de estos días difíciles en el que está en riesgo nuestra salud y nuestra vida a causa del coronavirus, pero también es necesario, por otro lado, darse un baño de realidad, y hacernos conscientes de la dimensión real del problema. Para algunos esta situación se les habrá impuesto irremisiblemente, por la muerte cercana de algún fallecido, porque estuvieron luchando contra él en primera línea de batalla, como médicos y enfermeros, o por la angustia que sufrieron muchos cajeros y repositores de supermercados por el contacto próximo con el público. Otros que sufrirán este problema una vez que haya pasado serán aquellas personas que se queden sin trabajo, autónomos o empleados.

Sin embargo, para una buena parte de la población sólo les tocará de lejos a causa del encierro domiciliario, o menos, incluso, debido a que vivan en un chalet o en una casa de campo con posibilidad de esparcimiento y recreo.

Mi reflexión va dirigida especialmente a estos últimos, sería conveniente no olvidar esta lección que nos da la naturaleza y Dios, que a fin de cuentas está en el control de todo y tiene un proyecto de salvación para la humanidad y una visión que sobrepasa todo límite, los que tiene el conocimiento humano. Esta realidad que nos ha desbordado y que a muchos nos ha parecido como si estuviésemos viviendo una pesadilla o en medio de una película de ciencia ficción, no lo es (si no fuese por el hecho de que algunos ven tras este virus una conspiración urdida en un laboratorio a instancia de algún gobierno) y, por ello, antes de pasar página y dejar este periodo de nuestra historia encerrado en el baúl de los recuerdos, para contarlo como anécdota algún día a hijos o nietos, debería situarnos frente a lo que somos -nuestros limites- con tal de sacar alguna lección, especialmente que el ser humano no está en el control de todo como creía, que no podemos ser tan prepotentes, indiferentes a los sentimientos de los demás -porque como dice la palabra de Dios, no solo de pan vive el hombre- e individualistas, buena muestra de ello es que el circulo de nuestra propia identidad y relaciones humanas cada vez se está estrechando más, antes era la humanidad porque todos teníamos un mismo padre, a saber Dios; luego el Imperio, después la nación; más tarde la región o comunidad autónoma; finalmente nos quedaba la familia, pero esta también se destruyó primero a causa del hedonismo con el aborto y las separaciones (dejó de ser el núcleo protector natural de la persona desde su concepción) y, últimamente, en aras a una supremacía de sexos por el interés de los políticos a hacerse con el voto de la mitad de la población. Lo último que viene es secuestrar la inocencia de los niños para que sea el gobierno de turno y no los padres los que puedan ejercer autoridad sobre ellos. De este modo lo que ha quedado es un individuo aislado, atrincherado e insensible que es conducido, no por el amor y la confianza -como debería de ser- sino por el miedo. Miedo a ser denunciado por la mujer, miedo a ser asesinada por el hombre, miedo a ser denunciado por mis hijos, miedo a la libertad de expresión porque hay un poder político que impone a fuerza de leyes y comités de vigilancia (no sé con qué eufemismo lo nombran ahora para que parezca menos estalinista) para imponer su concepción ideológica del mundo y del ser humano al resto de la población. Esta es la sociedad que tenemos y de la que nos hemos dotados desde nuestra ignorancia (de ahí el intento de muchos políticos en anular la asignatura de filosofía) y perjuicios ideológicos de clases, azuzados por los políticos, que nos quieren inocular el odio, haciéndonos ver que hay buenos y malos según los bienes materiales que se tengan, y no por lo que cada uno sea o cultive desde su corazón (malos o buenos sentimientos).

Sí, sería bueno que no olvidásemos este virus cvd 19, que nos está confrontado con la realidad de nuestros límites humanos (para otros, en cambio, con su lado más humano y solidario) con el límite de nuestra ignorancia para combatir un minúsculo microorganismo acelular, al igual que pasa con el cáncer y otras muchas enfermedades; con el límite, igualmente, de movernos por intereses egoístas y partidistas procrastinando tareas en las que está en juego la vida de personas; ni que decir tiene, del límite de nuestros propios miedos personales acaparando comida y mascarillas en detrimento de otros que lo necesitaban con más urgencia.

Sin embargo, como contrapartida, este parón en la actividad diaria, puede servir como revulsivo -mientras dure- para conocer mejor a los hijos, a la pareja; también para hacernos más pacientes y tolerantes en una convivencia, casi impuesta, de la que no puedo huir; así mismo para emprender nuevos retos y activar algunas de nuestras áreas creativas, o para cultivarme en una lectura sana. Y no digamos para apreciar y agradecer más los regalos que cada día nos da Dios con las bondades de la naturaleza o la convivencia al aire libre con familiares y amigos.

No obstante, este no es el peor virus de todos, ya señalé alguno anteriormente, el del individualismo y la indiferencia hacia los demás (tantas tareas nos hemos impuesto que olvidamos la principal, preocuparnos e interactuar con los otros, tal vez por no oír a nuestra conciencia: es mejor andar con prisas que pensar o entregar el corazón), pero entre otros virus mortales que acaban al año con miles o millones de personas están el del materialismo, nos olvidamos de los que pasan hambre e injusticias y se los queremos endosar al estado, como si nosotros, como individuos, no tuviésemos la necesidad de cuidar por fe, del hermano, o por solidaridad, de la especie (nos vendemos por cinco euros más de paga al mes, como Esaú lo hizo, por un plato de lentejas, y, de este modo, hemos reducido todos los valores a uno solo, al Dios dinero). No digamos ya del virus del hedonismo o la comodidad: por él se desatiende a los hijos y se rompen miles de familias al cabo del año; la consigna es debo ser feliz a toda costa (felicidad mal entendida porque esta sólo la puede dar la paz interior y el equilibrio emocional) en detrimento de la responsabilidad familiar y de luchar y trabajar por salvarla hasta dar la vida por ella, como Jesús si fuese necesario. Tenemos el virus de las pasiones que rompe igualmente a miles de familias por el apego a los juegos de azar, a las drogas; o a la esclavitud que trae consigo la adicción al sexo y la pornografía. Tenemos en definitiva el virus del ombliguismo que es el culto a nuestra propia imagen, esta idolatría nos ha separado de Dios, que es el único que nos da la verdadera dimensión y conocimiento de nosotros mismos. Esa falsa idolatría nos ha hecho creer que somos buenos, cuando Jesús nos pone en claro que uno solamente es bueno; a saber, nuestro Padre que está en el cielo; es más, nos añade, que si no estamos unidos a Él, que es el único camino, la única verdad y la única fuente de vida, no podremos poseer los bienes celestiales, al Padre mismo. Así es, sin Jesús, perdemos el horizonte del verdadero camino, del verdadero conocimiento, y de la verdadera fuente de gozo, la que nos trae el Espíritu Santo.

No hay mal que por bien no venga y tal vez este virus nos haga salir de nuestra ceguera espiritual y nos retorne al verdadero camino, al camino que nos arrebató el pensamiento modernista haciéndonos creer, con sus luces de bohemia, que el hombre, sin contar con Dios, era capaz de todo.

Cita bíblica Mateo (11, 25-29): En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Os dejo un enlace para que os descarguéis la novela a la divina misericordia. La Divina Misericordia es una devoción que se instauró en la Iglesia a raíz de unas apariciones que tuvo de Jesucristo una hermana, Sor Faustina koswalka, a la cual el mismo Jesús, le pidió que encargarse a un pintor, un cuadro con la misma apariencia con que Él se le había hecho presente. Os dejo un enlace para descargar la novena al móvil u ordenador, o por si la queréis imprimir, y otro para saber más sobre esta devoción. Pidamos al Señor que nos defienda del coronavirus y nos guarde para la vida eterna llevándonos a la conversión:

http://webcatolicodejavier.org/divinamisericordia.html

https://drive.google.com/open?id=1-F97zswaGX8I-MAExcu6NOT-zofUGChe

Comienza la fiesta, seáis todos bienvenidos

hijo pródigo

La lectura del evangelio de hoy nos lleva a la parábola del hijo pródigo de la cual podemos extraer muchas lecciones, porque todos en alguna ocasión hemos sido hijos pródigos, o hermanos envidiosos; aunque a lo largo de nuestra vida hayamos ocupado uno de esos dos roles por más tiempo. Analicemos algunas de esas lecciones ¿experimenté en mi propia carne una vida similar a la del hijo pródigo? Puedo decir que sí, de modo que he de confesar que, como el hijo pródigo (despilfarrador), derroché durante un buen periodo de mi vida la herencia que recibí de Dios, apartándome de las enseñanzas de Jesús por medio del evangelio, y a través de la iglesia y de mis padres. Como hijo pródigo quise ser independiente y me dejé llevar por los cantos de sirena que el mundo me lanzaba prometiéndome una felicidad que se tornó, como todo lo que ofrece el mundo, frívola, efímera y esclavizante; porque todo lo que no proviene de Dios, te encadena a tus pasiones, a tus miedos, a los engaños de Satanás y, también, de los que manejan los destinos del planeta por medio de la política y los medios de comunicación. Como hijo pródigo me sentí desposeído de la herencia: solo, trabajando para mis pasiones y vicios (estos eran mis cerdos), y mi comida -el mismo pecado- que me hundía cada día más en mi propia miseria, hasta que mi alma quedó como un harapo -como un desecho- incapaz de reconocer, como indigente, su olor a cloaca.

Como hijo pródigo miré hacia la casa de mi padre -hacia el cielo- más por necesidad que por verdadero arrepentimiento (en tanta oscuridad andaba mi alma que era incapaz aún de reconocer el amor y la verdad del Padre). Sin embargo, para mi sorpresa, esa nieblas que cubrían mi alma, se fueron despejando cuando vislumbré que mi papa en la entrada de su casa -el umbral del Amor- me estaba esperando apoyado en una columna, y sin ningún reproche a causa de mi ceguera espiritual, me atraía hacia él con voz dulce y delicada, abrazándome entre su pecho, para mostrarme los latidos de gozo inefable que emitía su corazón (mi papá sabía que bajo su protección ya estaba a salvo). Por un instante volví mi mirada a la columna, en la que pude observar este grabado: veinticinco años, dos meses y tres días, por debajo de esta cifra multitud de rayas, una tras otras, hendidas en el pedernal del granito.

Mi hermano ¡pobre hermano mayor…! yo también fui como él. Por largos años no entendí ese amor incondicional de mi Padre, ese amor que no juzga, que no ve a través de etiquetas, ese amor que no lleva en cuenta el mal y que por tanto no guarda rencor. En muchas ocasiones, fui incapaz de ver en mi hermano arrepentido y vuelto a casa, su alma nueva, limpia, renovada por el corazón del Padre. Siempre se me escapaba una sospecha ¿y será de verdad que vuelve para quedarse? ¿porque una fiesta tan grande para mi hermano y un abrazo tan prolongado? ¿por qué mi hermano se ha sentado en la mesa junto a mi Padre, el lugar que deberia ocupar yo? Ignorante de mí, al final me di cuenta, de que tal vez no actué como el pequeño (pidiendo la herencia), más que por amor, respeto, fidelidad y confianza en mi Padre, por miedo a dejar muchos de los privilegios que junto a Él tenía. Había estado tan ciego, que fui incapaz de conocer a mi Padre en su interioridad; de bucear en sus entrañas insondables; de saber que a su lado gozaba prácticamente de los numerosos privilegios que Él tenía por derecho propio. Demasiados años perdidos en un mar de miedos paralizantes; de dudas y preguntas inquisidoras que nunca confié a mi Padre porque lo veía desde un pedestal, inalcanzable.

Y ahora prepárate porque la Fiesta ha comenzado: yo el hijo pequeño a gozar de la libertad de estar bajo el techo de mi Padre (paz, gozo, amor, provisión, conocimiento, voluntad, gracia) y no bajo el paraguas de mis pasiones, y conocimiento limitado sin respuestas . Yo el hijo mayor porque al final he conocido la intimidad de mi padre, también a mí me ama con amor exclusivo y predilecto, por lo que he dejado de arroparme también con mi paraguas; el paraguas del temor (hijo todo lo mío es tuyo). ¡Celebremos cantos de alabanza y de victoria al Padre Eterno, porque la Fiesta acaba de comenzar para todos¡¡Aleluya porque el hijo que estaba perdido ha sido recuperado y sanado! ¡Alegría en la casa del Señor, porque el amor del Padre que estaba oculto a la vista del hijo mayor ha sido desvelado y su temor a quedado derrotado! ¡Bendito sea el Padre que lo ha hecho, ha sido un milagro patente, a Él la gloria y la honra por toda la Eternidad, junto a Jesús y al Espíritu Santo! ¡Amén!

Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: “Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’.
Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'”.
Salmo 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;

no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;

cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.

Solo el amor engendra amor

frases-dia-madre-

En alguna ocasión algunos de mis conocidos me habrán oído decir que, si las mujeres amasen a sus maridos y al resto de la humanidad de igual modo que aman, perdonan, esperan, confían, toleran, cuidan, miman, protegen, comprenden y median, como lo hacen con sus hijos, al mundo no lo conocería ni su padre, ni Dios (dicha expresión -ni Dios- siempre me ha chirriado, pero aquí parece que cuadra a la perfección). Pues sí, ¡se imaginan lo que sería, media población del planeta amando de modo incondicional a la otra media…! Solo el amor engendra amor, al igual que el odio engendra odio. No es precisamente amor lo que enseñan en la sociedad actual los promotores de la Ideología de género y del feminismo, manipulando la realidad y la conciencia de las mujeres -también de ciertas minorías- para sus propios fines hegemónicos y económicos. Sin embargo, no quiero en este momento entrar en más detalle sobre la ideología de género, porque no era este el tema que en principio me ha llevado a escribir este post, sino un cuento que el Cardenal Sarah, introduce en su libro La Fuerza del Silencio, atribuido a un místico musulmán o escuela musulmana, cuya conclusión coincide con el pensamiento que yo también había tenido años atrás, y que he dejado expuesto al principio de este artículo.

A continuación os dejo el cuento y la introducción del Cardenal Sarah ya que merece la pena hacernos consciente de que nuestra felicidad está muy relacionada con la manera en que nuestra mente enfoca el mundo exterior y muy poco con ese mismo mundo externo a nosotros mismos.

En la Cruz, Jesús nos reconcilió con Dios: destruyó la barrera que nos separaba a unos de otros, venció los obstáculos que estorbaban el camino hacia la bienaventuranza eterna. Cristo sufrió por nosotros: nos deja su ejemplo para que sigamos sus pasos. Contemplando la Cruz y haciendo nuestra esta oración, seremos capaces de cualquier diálogo, de cualquier perdón, de cualquier reconciliación. La tradición del islam místico comparte esta misma convicción. Me gustaría relatarle algo tomado de la leyenda dorada de los santos musulmanes:

Un día, Suturá, una buena mujer, fue a visitar a Tierno Bokar, el sabio de Bandiagara: esta aldea de Mali está situada en la meseta del mismo nombre, rodeada de altos acantilados al pie de los cuales viven los dogon, pueblo famoso por su arte austero, su compleja cosmogonía y su hondo sentido de la trascendencia. «Tierno –le dijo Suturá–, estoy muy irritable. Me molesta hasta lo más insignificante. Querría recibir de ti una bendición o una oración que me haga dulce, amable y paciente». No había acabado de hablar cuando su hijo, un niño de tres años que estaba esperándola en el patio, agarró una tabla y le dio un golpe en la espalda. Ella miró al niño, sonrió y, atrayéndolo hacia ella, dijo dándole un cachete cariñoso: «¡Qué niño más malo! Mira cómo trata a su madre…». «Si tan irritable estás, ¿por qué no te enfadas con tu hijo?», le preguntó Tierno Bokar. «Si no es más que un niño –contestó Suturá–. No sabe lo que hace. Con un niño de esta edad no hay quien se enfade». «Vete a casa, querida Suturá –le dijo Tierno– y, cuando alguien te irrite, acuérdate de la tabla y piensa: “Tenga los años que tenga, esta persona está actuando como un niño de tres años”. Sé indulgente: puedes hacerlo, ya que acabas de serlo con tu hijo cuando te ha dado ese golpe. Obra así y no volverás a enfadarte. Vivirás feliz y te sentirás mejor. Las bendiciones que desciendan sobre ti serán mucho mayores que las que puedas recibir de mí: serán las bendiciones de Dios y del propio Profeta. Quien soporta y perdona una ofensa –continuó– se parece a una de esas grandes ceibas que ensucian los buitres al posarse en sus ramas. El aspecto repugnante del árbol solo dura una parte del año. Todos los inviernos Dios envía unos cuantos chaparrones que lo limpian de la copa a las raíces y lo revisten de un nuevo follaje. Procura prodigar el amor que sientes por tu hijo a todas las criaturas de Dios. Porque Dios quiere a sus criaturas como un padre a sus hijos. Entonces llegarás a lo más alto de la escala, allí donde, gracias al amor y la caridad, el alma solo ve y valora la ofensa para perdonarla mejor». Las palabras de Tierno supusieron tanto para Suturá que, a partir de ese día, consideró hijos suyos a todos los que la ofendían y no les respondió más que con dulzura, amor y una paciencia silenciosa y sonriente. Tanto cambió que, al final de su vida, la gente decía: «Paciente como Suturá». Nunca más hubo nada capaz de enfadarla. Cuando murió, se la consideraba prácticamente una santa.

¡Maldito el hombre que confía en el hombre!

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Muchas frustraciones, demasiadas depresiones, muchas búsquedas infructuosas en pos del amor, mucho tiempo perdido esperando cambios ajenos, muchas disputas y enfados en el seno de las familias se hubiesen evitado; muchas personas idealizadas no nos habrían herido, muchos amigos y políticos no nos habrían decepcionado, etc., si con anterioridad hubiésemos conocido las Escrituras, la hubiésemos memorizado e interiorizado y además hubiésemos creído en ella. ¿Por qué digo esto? pues por la enseñanza que nos deja la primera lectura de hoy y del evangelio, que, como es habitual en cuaresma nos invitan a la conversión. La primera lectura nos dice, aunque parezca fuerte, que maldito el hombre que confía en el hombremientras su corazón se aparta del Señor. Por otra parte, la misma lectura nos muestra las consecuencias funestas de obrar así y, por el contrario, los beneficios de poner toda nuestra confianza en Dios; en su palabra. Solo basta echar una mirada al exterior para ver cómo está el mundo; como están aquellas personas que pusieron su confianza en la palabra de los hombres y sus promesas de realización y felicidad ( confieso que yo también caí en la trampa). Cuantos hogares rotos tenemos hoy en día, porque la pareja la o lo decepcionó; cuantas personas (eso lo saben bien los médicos y los farmacéuticos) sostenidas a base de antidepresivos porque se fiaron de los cantos de sirena de novelistas, filántropos, guionistas de series y conductores de programas de televisión. Por otro lado, es alarmante como aumenta cada año el número de suicidios, y el motivo el mismo, se sintieron traicionados y sin salida porque no conocían a Dios y pusieron su esperanza y su corazón en las personas. El Padre Ignacio larrañaga dice algo parecido con otras palabras: no esperes nada de nadie, pero espera todo de ti mismo. Y tiene mucha razón, cuando uno no espera nada de nadie, sólo de Dios y de su propia entrega, no hay criatura humana que te pueda defraudar.

El evangelio redunda más en lo mismo, en esta ocasión haciendo hincapié, en aquellos que no se fiaron de Dios y sus profetas y se entregaron a acumular bienes materiales y el goce de la vida sin tener en cuenta las necesidades de los que sufren. Nos advierte que esto tiene consecuencias en la otra vida, y que después que hayamos sido juzgados por nuestras obras (lo dice Jesús utilizando una parábola) el que esté en el infierno no podrá atravesar sus puertas para reunirse a los redimidos y salvados. A demás nos advierte que el hombre duro de corazón, incluso los tenemos hoy dentro de la iglesia, aunque se les aparezca un muerto, no creerán en la condenación.

Textos bíblicos de las lecturas de hoy 21/03/19:

Libro de Jeremías 17,5-10.

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor!
El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza!
El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.
Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?
Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

Evangelio según San Lucas 16,19-31.

Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes.
A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro,
que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.
El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.
En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
Entonces exclamó: Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.
Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento.
Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí’.
El rico contestó: Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre,
porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento.
Abraham respondió: Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen.
No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán.
Pero Abraham respondió: ‘Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.

Salmo 1,1-2.3.4.6.

¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

¿Soy yo el fariseo?

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La lectura del Evangelio de hoy, la veo más actual que nunca, no creo que haya habido otro siglo, si acaso igual o parecido, en el que más se haya vivido de la apariencia y la buena imagen que en el actual. La gente por aparentar tener, llega hasta endeudarse; de igual manera sucede que, para no ser discriminado y apartado del grupo en el que me relaciono, donde debería demostrar desacuerdo, muestro conformidad, aunque mi conciencia, y el sentido común me dictamine el precipicio por donde se desliza la sociedad. En una época como la actual en que los vínculos familiares, por otro lado, casi han desaparecido, tampoco es de extrañar que esa carencia afectiva se trate de suplir con un afán desmesurado de protagonismo y charlatanería hueca que aturde y en ocasiones también confunde y escandaliza a los más inocentes. Un tanto parecido pasa con respecto a Dios: si nuestra fe es débil y no tenemos claro que la Palabra de Dios es infalible y se cumple -en ella se nos repite de forma diferente y en multitud de ocasiones, que Dios suple todas nuestras necesidades tanto físicas como espirituales. Cf (Filipenses 4:19), (San Mateo 6:25, 32–33), (Jeremías 31:3)- resulta que buscaremos ponernos a salvo -en lugar de abandonándonos a Dios- sometiéndonos a los postulados de aquellas personas que quieran jugar con nuestros miedos e inseguridades para hacernos reos de su tiranía. Los santos siempre dan en la diana, por eso Santa Teresa de Calcuta, nos muestra en la reflexión al evangelio de hoy, el lugar o medio donde ahogar todos esos reclamos de protagonismo que hacemos cara a los demás, en el silencio de la oración, allí ante la cruz descubrimos nuestra insignificancia ante un Dios torturado que a diferencia nuestra no tiene miedo a dar la vida por mí sanación y salvación.

Seguir el vinculo para meditar en el evangelio de hoy, con el comentario de Santa Teresa de calcuta: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2020-03-10

Fiel y agradecido como perro

el perro capitan

Sin confundir en el orden natural y en el de la creación el valor supremo que el hombre tiene frente al resto de animales (años atrás lo teníamos muy claro, sobre todos los que nos hemos criado en el mundo rural) me ha surgido una reflexión observando las características del perro. De todos son conocidas muchas de las cualidades que tiene; entre otras, sus ganas de jugar, por lo general despreocupado de lo que sucede en su entorno; su obediencia cuando se le enseña con tesón ciertas prácticas de higiene y convivencia con el hombre; la prontitud que muestra para defender a su amo y a su vivienda; su fidelidad incluso después de haber sido castigado; la inclinación a dar y recibir afecto, así como su disponibilidad para ayudar a las personas en diversos trabajos, recuérdese por ejemplo a bomberos, policías, invidentes, ancianos, etc.

Después de haber señalado todas estas características, haciendo una extrapolación de las mismas a las personas, en el caso que me voy a referir a las personas creyentes, me he dado cuenta que nuestra actitud con respecto a Dios, dista en gran medida de la que tiene el perro con respecto a su dueño, habiéndonos otorgado Dios, no obstante, algo inconmensurablemente mayor que no tiene el perro, como es la libertad y el poder de raciocinio; incluso, para más inri, su propia vida por la cual hemos pasado de ser esclavos a hijos predilectos.

Dios, no solo nos otorgó la vida, sino que, al hacernos semejantes a él, libres y con capacidad de raciocinio, puso bajo los pies del hombre la creación entera y, junto a ella, por el espíritu que habita en nosotros, posibilidades infinitas de alcanzar, como criaturas, sus más preciados dones, los dones de Dios; a saber, la paz, la justicia y el amor.

Con todas estas posibilidades del hombre, abiertas hasta el infinito (porque infinito es nuestro Padre Celestial) especialmente desde la muerte y resurrección de Jesús por nosotros; no es precisamente veneración, fidelidad, obediencia, reciprocidad, afecto y servicio lo que siempre, y con especial entusiasmo mostremos a Dios, al igual que el perrito hace con su dueño, al menos en mi caso, no quiero generalizar.

Dicho lo anterior y teniendo en consideración que el hombre está dotado de dones cualitativamente superiores a los de cualquier otro animal (sin ningún mérito por nuestra parte) nuestra actitud hacia Dios debería ser la de un agradecimiento inconmensurable y reverencial, sin olvidar de donde venimos y lo que somos. El hombre mismo en el orden de lo natural tiene un refrán que luego es incapaz de llevar a cabo con respecto a Dios en el orden de lo sobrenatural, que reza así: no muerdas la mano que te da de comer. Dicho de otro modo, con respecto a nuestro creador, podríamos decir: no dejes de alabar, bendecir y agradecer con tu boca y con tu vida, ni un instante, a aquel que te sostiene en medio del universo con su amor, poder y justicia infinita.

Y si aún esta reflexión no nos hace recapacitar de lo vulnerables y dependientes que somos; también de lo amados por Él -que se hizo hombre por nosotros para llevar acuesta nuestros pecados y miserias- debería hacernos pensar, ahora que está en todos los medios de comunicación la infección por el Coronavirus, de que le sirve a este hombre de la modernidad y el relativismo su vanidad y engreimiento, diciendo que reniega de Dios (como el hijo pródigo) o como diría Nietzsche por boca de un loco (no pudo elegir mejor personaje), «he matado a Dios» en su desesperación de no encontrar respuestas a los silencios que en ocasiones Dios quiere someter a sus hijos por su propio bien, si ni siquiera es capaz de poner freno con toda su ciencia a este minúsculo agente infeccioso imperceptible al ojo humano.

¡Pobre Superhombre…! échate a temblar, porque peores cosas están pasando y aún pueden sucedernos, si no nos convertirnos a Dios. Dios no miente y escrito está: en Mateo cap. 24, por boca del mismo Jesús; también en El Apocalipsis, he incluso en la Parábola de los Viñadores homicidas, que nos recuerda al mismo hijo de Dios. Si no queremos ver los Signos de los Tiempos, entre ellos la apostasía general, veamos entonces los signos que nos ofrece el devenir cotidiano: miles de refugiados, cientos de cristianos asesinados cada años, miles de niños abandonados en las calles, otros tantos, demasiados, abusados en su entorno familiar, sin olvidar a las personas secuestradas, a las mujeres violadas, a los hombres indefensos por leyes injustas o las guerras, todo esto sin mencionar las catástrofes “naturales”, terremotos, tsunamis, cambio climático, etc.

A continuación te dejo un enlace al cap 8 de la carta de S. Pablo a los Romanos, que nos llena de esperanza a pesar de los tiempos que estamos viendo: https://www.sanpablo.es/biblia-latinoamericana/la-biblia/nuevo-testamento/carta-a-los-romanos/8

Bailando sobre la cuerda floja

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Hablar de la muerte, se ha convertido casi en un tema tabú, en los últimas décadas, muy poca gente quieren abordar este asunto y sin embargo es el hecho más trascendente de nuestra vida personal y, en general, en la de todos los seres humanos. Es el único evento no programado (con excepción de los suicidios) e inmutable de nuestra historia, todo lo demás -desde la concepción hasta la muerte- está sujeto a cambio y en alguna medida, aunque no siempre, podemos ser agentes de ese mismo cambio con el poder de nuestra voluntad.

Así es, cuanto mayor me voy haciendo más consciente soy de esta realidad (supongo que será igual para todos), incluso tenemos un refrán muy descriptivo para definirlo que a menudo nos lo recuerda: el hombre propone, pero Dios dispone.

Todo lo que nos es desconocido, nos produce inseguridad y miedo, especialmente la muerte porque nadie ha regresado de allí. Y si alguien ha vuelto, casos hay de personas que dicen haber pasado por esa experiencia, ninguna de ellas puede aportar pruebas o demostrarlo con hechos; es cuestión de fe, creerlas o no. El caso es que volvieron en su mismo cuerpo para morir de nuevo. No sólo da respeto o miedo pensar en la muerte porque, a ciencia cierta, no sabemos que existe del otro lado, sino porque a ojo vista, podemos constatar que, la persona una vez que fallece, su cuerpo se corrompe (exceptuando los cuerpos de algunos santos) sin que quede rastro de él en muy pocos años. Por lo comentado se deduce que, dejar la existencia, o al menos la única existencia que conocemos, no es agradable; a nadie le gusta desaparecer sin más. Ni le gusta desaparecer, ni tampoco que mueran aquellas personas a las que se les ama; sobre todo si son padres, hijos o es el cónyuge el que deja la existencia. Este mal encaje de la muerte, muchas veces no se trata de otra cosa, que de un miedo solapado a la soledad, a quedarse sin un pilar de apoyo, y, en última instancia, a la proyección de uno mismo en otro: se pierde algo, cuando pensamos que es de nuestra propiedad, por un lado, o cuando sabemos que una persona o varías, entorno a las cuales hemos asentado nuestro proyecto de vida, nos ha dejado para siempre.

Por lo ya expuesto, nos resulta penoso confrontar el tema de la muerte: ni anteriormente a que se produzca la nuestra propia, ni siquiera, cuando se sufre la de un ser querido. La muerte nos coloca ante un misterio que nos sobrepasa; y es que la vida no nos pertenece; ni nos pertenece antes de nacer, ni cuando se agota o se nos escapa poco después de salir del vientre materno, que es la única vida que conocemos por ahora. Partiendo de esta premisa -que la vida no la controlamos- se nos deberían encender con ello, también, otras alarmas; a saber, que la vida de los hijos no es patrimonio, como dice la Ministra Española María Isabel Celaá, del Estado, ni tan siquiera lo es de los padres, ya que las personas no son sujetos de posesión de nadie, sino todo lo contrario, libres: todos y cada uno somos una realidad única, genuina e irrepetible, que por compartir un mismo código genético -el genoma humano- nos iguala y nos incapacita, a su vez, para que nadie esté por encima de nadie, y mucho menos para decidir sobre el destino, la vida o la muerte de los otros. Los creyentes además de compartir esta evidencia científica que pone en un mismo nivel a todos los seres humanos, tenemos la certeza de la fe, que nos dice que por el hecho de tener un padre en común -Dios creador de cuanto existe- igualmente nadie está por encima de nadie, y mucho menos para decidir sobre una vida que no le pertenece, o para aferrarse a ella como parte de su propiedad.

Teniendo en cuenta las premisas anteriores -que la vida no nos pertenece- nos podríamos ahorrar muchos disgustos, ya que uno tendría que ver la vida y a las personas, ante todo, como un “regalo”, una oportunidad para desarrollar todo el potencial humano (que es mucho), tanto el de los demás como el nuestro, a su más alto nivel, sobre todo si tenemos en cuenta que fuimos creados a imagen de Dios. Nadie añora, ni sufre por lo que no le pertenece, por lo que no es de su propiedad (de hacerlo sufriría en vano e inútilmente); ante la muerte uno no pierde nada, suelta donde estuvo antes algo que no es suyo. Estamos de acuerdo que entre las personas se desarrollan vínculos afectivos, pero para evitar la frustración y caer en depresión no hay bálsamo que calme más una pérdida, que aceptar las leyes de la naturaleza (una razón tienen cuando están ahí) y junto a ellas poner el fundamento de nuestro ser, no en las personas y en las cosas, sino en aquel que nos dió el ser, y que conoce en plenitud nuestro cimientos, a saber, Dios mismo. Para hacer más llevadera nuestra pérdida (la de un ser querido) siempre resulta imprescindible, salir de nosotros mismos, del circulo viciado y vicioso de nuestros pensamientos, para mirarnos en el escaparate del vecino. También hay pérdidas semejantes a la de un fallecimiento, cuando un hijo, esposo-a, hermano, amigo, etc., desaparecen de nuestro lado, sin querer saber nada de nosotros, y no tardamos tanto en sobreponernos porque, como ya hemos dicho, nadie es dueño de nadie.

Ante la muerte, por consiguiente, no hay que buscar culpables, no hay muertes prematuras, porque la vida es el preludio de la muerte, y la muerte -para los cristianos- la antesala de la vida más genuina; a saber, la Eternidad para la que fuimos creados (a esto me refería con tener claro dónde está el fundamento de nuestro ser y existencia, para no entrar en depresión). En ningún lugar está escrito el derecho a vivir tantos o cuantos años en la vida material; y mucho menos que las personas nos pertenecen para nuestro gozo y disfrute mientras nosotros vivamos: ¿dónde quedó patentado ese derecho de disfrute de un ser humano como objeto de posesión? ¿dónde el culpable de una pérdida, cuando nadie nos dió billete para permanecer en este planeta Tierra por x años? Aquí no hay salvoconductos, ni normas establecidas, ni dinero que compre a la parca; o aceptas esta realidad, o te amargas buscando motivos y responsabilidades que nunca llegarás a entender porque escapan de toda lógica humana. La muerte es una realidad en nuestra vida, la realidad más incontestable, como lo son muchas de sus causas: los terremotos, los accidentes laborales y de tráfico, los asesinatos, los tsunamis, las gripes, las pandemias, el cáncer, los aludes, huracanes, el vecino psicópata, y hasta las tejas y cornisas asesinas de toda la vida.

Me vuelvo a repetir, considera tu vida y la de los demás como un regalo que hay que apreciar mientras dure, y cuando este se desvanezca, conserva de él los mejores recuerdos, dando gracias, porque te tocó a ti esa lotería. Seríamos más felices si en lugar de añorar la pérdida o nuestra propia partida de este mundo, que se escapa a nuestro conocimiento y voluntad, comenzásemos a disfrutar y agradecer las cosas sencillas que están a nuestro alcance y que nos depara la vida cotidiana (el agua, no sabe igual, para una persona que recorre 15 kilómetros en proveerse de ella, que para aquel que la puede tomar del grifo en cada momento, no digamos la escuela, el hospital, etc.), ahora con el coronavirus nos haremos más consciente de ello: de la libertad de salir a la calle en cualquier momento y disfrutar de las bondades que nos regala la naturaleza, así como también del regocijo de disfrutar de una amistosa y sosegada charla con un amigo o conocido en la terraza de un bar.

Como persona de fe voy a ir, aún, un poco más lejos con el tema de la muerte. La Palabra de Dios nos revela en la Biblia, que la tierra es solo un lugar de paso, al menos la tierra tal y como la conocemos hasta la próxima venida de Cristo. En cualquier caso, no conozco a ninguna persona humana que en el presente siglo o en el anterior haya pasado de los 150 años. Podremos intentar construir un paraíso aquí en la tierra, que difícil lo veo, puesto que si no hemos hecho caso a Jesús, hijo de Dios, que dió hasta su última gota de sangre para que nosotros dejásemos nuestro egoísmo atrás, difícilmente lo va a conseguir la última Coca-Cola del desierto; es decir, el último filósofo de moda, el último teologillo agnóstico, el último pseudocientífico espiritista de la Nueva-Era, o el último político totalitarista, encantador de masas, que aparezca haciendo prodigios por ahí; ni siquiera una confabulación de todos juntos a la vez.

Conocemos también, por las Escrituras, que el príncipe de este mundo, de este mundo material, es el Diablo, y está intentando, como muchos otros congéneres, hacernos ver que con la muerte se acaba todo, se acaba nuestra esperanza, esa esperanza de alcanzar el Reino de Dios en su plenitud después de esta vida; de gozar de la felicidad de la que aquí nunca gozaremos, junto con los santos, junto a los ángeles, en la compañía de la Santísima Trinidad y la Virgen María para siempre.

A los cristianos, o al menos a los cristianos acomodados de occidente, nos pasa muchas veces como a los gourmets, que disfrutan más por el hecho de saborear un menú nuevo, que degustando uno bueno ya conocido. Nos hemos acostumbrado, no todo el mundo, desde luego, a escuchar la palabra de Dios como el que oye llover, (inconscientemente decimos: esta música ya me suena). Pero resulta que la palabra de Dios no es cualquier cosa, es la cosa más novedosa, y excelente que pueda existir (en realidad no habría palabras para describirla). Se describe en las Sagradas Escrituras, a la Palabra de Dios como vida abundante, lo que desde luego no es, es circo y pandereta. Esta vida abundante, es la preparación y entrada (el cheque) para la otra vida; para participar de la vida Eterna junto a Dios. Pero el que quiere esa entrada tiene que pagar como en el circo, con la diferencia de que allí, nadie entra con papeleta de acompañante, ni por recomendación de Sacerdote. La Palabra de Dios sólo se convierte en vida abundante, cuando como el sibarita con la comida, se le dedica su tiempo, degustándola; o mejor, aún, como cuando, María la madre de Dios, la meditaba en su corazón para ponerse al servicio de lo que Dios quería comunicarle con esa palabra. Para ella la Palabra, cada vez que la escuchaba, era una lluvia que regaba su corazón haciéndolo cada día más humilde y dependiente de Aquel que sabía era su dueño. Y la música que acompañaba a esa lluvia de la Palabras le decía siempre que se derramaba, que la vida es Dios y que Dios es la vida.

En muchas ocasiones se nos habla de la muerte en la biblia, Jesús mismo habla de la muerte, y le da un valor primordial en su predicación, incluso su vida terrena está, desde un principio, orientada como meta a ese desenlace final, preconizada incluso por los profetas: (Isaías 53, 4-54) Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados.…

Dicen que el que avisa no es traidor, Jesús pagó un alto precio por nuestros pecados, con su vida, y nos avisa, (precisamente porque es compasivo y misericordioso) en su predicación de las consecuencias de no estar preparados -vigilantes- para el día en que nos sorprenda la muerte. De la necesidad de tener, no sólo encendida la lámpara, sino una previsión de aceite para cuando esta se consuma. Así es, hay que tener encendida la llama del amor a Dios y al prójimo, no del amor humano, que busca su propio interés, sino del amor Divino que da la vida por el prójimo; por la mujer, por los hijos, también por el compañero, como el padre Maximiliano Kolbe, que se ofreció a morir, en lugar de un padre de familia en Auschwitz, o la de tantos religiosos y seglares que dan a diario su vida para ayudar en las necesidades perentorias de sus hermanos, pero también para salvar sus almas. La recarga del aceite, entre otras herramientas espirituales -como la oración y el ayuno- es la misma Palabra de Dios. Con las Escrituras, con la memoria que Jesús guardaba en su corazón y en su mente de la Torah fue como enfrentó en su vida personal las tentaciones de Satanás, el cual, como león rugiente anda buscando a quien devorar (1 Pedro 5, 8). Tanto celo guarda en su tarea de destruir, matar, y condenar al fuego del infierno el Diablo, que ni siquiera reparó en tentar, en la sequedad del desierto material y espiritual, al mismo Jesucristo.

No es para pasar por alto, como el que oye llover, las advertencias de Jesús sobre el infierno o sobre quedar fuera del Reino de Dios, por no estar vigilantes y preparados cuando llegue nuestra muerte, esto no es baladí: Jesús no miente, la Eternidad es para siempre y la muerte de Dios en la cruz, no tiene precio. Más bien es como para despertar de nuestra tibieza y mediocridad espiritual, no para temblar de miedo, pero si para ser prudentes, sensatos como aquellas doncellas que aguardaban al novio sin miedo, en mitad de la noche, con la lámpara encendida y el combustible necesario para la espera. Fiel, el novio, vino cuando menos se le esperaba y las doncellas no prudentes, aquellas que fueron a buscar aceite, se les cerró la puerta, porque su momento también se les había pasado. Nos encontraremos con Jesús -Justo Juez- el día de nuestra muerte, que como ya dijimos en un principio, puede ser ahora, esta noche, o mañana, no serias el primero -pensando que eso es para más tarde- al que le cayó de repente cuando menos lo esperaba.

Vivimos en la cuerda floja constantemente, en más de una ocasión las fuerzas del mal nos oprimen, nos engañan, y nos insinúan que no merece la pena seguir en el combate de la fe; guardando las enseñanzas de Dios; manteniendo la lámpara encendida del amor y la fidelidad a sus mandamientos. Satanás, es tan malo, que nos hace ver de los demás, de nosotros mismos y de la vida, los aspecto negativos; nos roba la esperanza en un Dios leal y cercano, en el cual y con el cual lo podemos todo. Que no sea, entonces, para nosotros, la Palabra de Dios como un libro de literatura, porque no lo es; la muerte de Jesús clavado en una cruz no es literatura, la sangre de un inocente no tiene precio, y menos si ese inocente es Dios mismo. Y el que no pueda vivir desde el amor, que es a lo que nos invita Jesús, que viva al menos desde el temor, porque la vida terrena pasa pronto (para algunos está pasando en este momento) y la Eternidad es para Siempre. Como repetía muchas veces mi amiga Elisa Vivas: Tú decides, ante ti hay dos caminos, el ancho y el estrecho. Conociendo, además, que el estrecho -que es el que nos conduce a Dios- es, aunque un tanto hostil, transitable. (Mateo 11,28-30) En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

(Efesios 5:15-16) Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.