Él caza a los sabios en su astucia.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,18-23):

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Comentario: «Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro». Con estas palabras San Pablo nos está dando a entender que Dios a ordenado toda la creación incluyendo al hombre, para bien y beneficios de todos, no para sacar ventaja o provecho de unos hombres sobre otros por los talentos que Dios a depositado en él, de tal modo que unos vivan en la abundancia y otros carezcan de todo. La sabiduría de los hombres es vana, porque pese a los avances en la ciencia, millones de personas mueren cada año de hambre y por diferentes enfermedades, en algunos frentes incluso va en retroceso como es el avance de las depresiones y enfermedades mentales, de igual manera el hombre es incapaz de controlar la mayoría de los fenómenos de la naturaleza -que le sobrepasan- y, por lo mismo, y a pesar de la vanidad y el orgullo del hombre, sin que éste quiera reconocerlo, estamos en manos de aquél que lo creo todo y que conoce a la perfección como funcionan las leyes de la naturaleza y hasta la más pequeña e insignificante célula o neurona de nuestro cuerpo. Nada se le escapa a Dios, no podemos abarcar sus misterios, y el ritmo progresivo con el cual a dotado al hombre para ir avanzando en su propio progreso y bienestar. Sin apenas dominio de nada el hombre se rebela contra Dios, ¿qué hubiese sido si desde un principio nos hubiese dotado de conocimiento pleno y con la misma libertad que tenemos ahora? Nada somos sin Dios, nuestro esfuerzo inmenso, en ocasiones ocupa toda una vida, para dar con un pequeñísimo avance científico, mientras que por otro lado aparecen nuevas enfermedades propiciadas, en muchos casos, por no respetar las leyes naturales; esto sin contar, que seguimos empeñados en guerras que arrasan con miles de vidas de hermanos. Nos dividimos en bloques, creyendo que uno sabe más que otro, sin saber realmente que el único que sabe es Dios, el cual nos llama a la única unidad y conocimiento válido (el que no mata, ni aniquila al inocente y al desvalido) el conocimiento de vivir según sus enseñanzas y su propia vida. Así, pues, como nos dice hoy Pablo, no debemos poner nuestra confianza en los hombres, porque mientras ellos nos arrastran al caos, al mal, a falsas doctrinas y a la guerra, Dios nos lleva a la paz, al gozo y en algunos casos, también, como sucedió con el mismo Pablo y otros seguidores de Jesús y conversos, en los muchos siglos de cristianismo, al conocimiento revelado de los misterios más íntimos de Dios. Gracias a esa misma revelaciones, sabemos también por Pablo cómo nos dice en otra de sus cartas: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman» 1 CORINTIOS 2:9

Dios es el protagonista.

Carta I de San Pablo a los Corintios 3,1-9.

Hermanos: Por mi parte, no pude hablarles como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo.
Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían tolerarlo, como tampoco ahora,
ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre ustedes, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana?
Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo de Apolo», ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre?
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales ustedes han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor.
Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios.
Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer.
No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado.
Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios.

Comentario: hoy San Pablo nos deja claro lo inmadura que a veces resulta nuestra fe, incluso algunos Santos, entre ellos San Francisco, después de varios años caminando con Dios, llegaron a decir a sus seguidores, «empecemos de nuevo porque hasta ahora poco o nada hemos hecho».
Pare que los tiempos cambian, pero lo que no cambia tanto es el corazón del hombre, que se enfrasca en batallitas personales desestabilizando la comunidad, pensando que va a salvar al mundo o a sus hermanos más cercanos, cuando la realidad, como nos presenta la primera lectura de hoy es bien diferente. Dios es el que salva, el que hace crecer la simiente del Reino en el corazón de los hermanos, nosotros en cambio, solo plantamos o regamos; como bien dice San Pablo «no somos nada». Sin Dios no somos nada por mucho empeño que le pongamos a nuestra pesca, porque allá donde pensamos que no hay peces, o simplemente tenemos temor de echar las redes por respeto humano, pensando que hay tiburones, allí se llenan porque es Dios el que atrae hacia la misma. Sin oración, sin Espiritu Santo (discernimiento), con un exceso de protagonismo, con un celo insano que no respeta la libertad de los demás: el tiempo y el momento que Dios ha dispuesto para la conversión de cada uno (como respeto el nuestro) la cosecha se malogra. Muchas comunidades se han malogrado, por discusiones fútiles y vanas, por apropiarnos de lo que es de Dios, todo le pertenece a Dios, Pablo es de Dios, por él fue llamado, al igual que Apolo, como cualquier otro líder religioso o santo, así pues, no nos apropiemos de lo que sólo a Dios pertenece, porque a Dios solo hay que rendir culto y pleitesía.

Dios suma, no te quita nada.

Evangelio según San Mateo 13,44-46.
Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»

Comentario: hoy Jesús nos compara el Reino de los Cielos con lo más valioso que podemos tener en este mundo, algo que nos hace volcar todo nuestro corazón en él, porque al descubrilo sabemos que no hallaremos nunca, jamás, algo comparable a ese tesoro del Reino de Dios.
Así es para los que hemos conocido a Dios, sabemos que él tiene palabras de vida, no solo para alcanzar la Vida Eterna, sino que esas palabras se convierten también en la única brújula fiable que nos guía por esta vida terrena para no tropezar con la oscuridad del mundo y, el propio caos mental que en ocasiones se nos presenta. Hay muchas personas que no se acercan a Dios o no se entregan a él por completo, porque piensan que Dios les va a quitar algo, los va a dejar tristes porque no van a poder disfrutar de las cosas de este mundo, y no es así sino todo lo contrario: si Dios a creado un mundo tan bello es para que disfrutemos de él, siempre y cuando no convirtamos las cosas de este mundo en una idolatría como el Joven rico del Evangelio. Por otro lado, Dios en ningún momento nos impide estar gozosos y alegres, es más nos llama a entonar cantos e himnos, acordémonos del Rey David, de como bailaba y cantaba de gozo delante del Arca de la Antigua alianza. Dios no nos disminuye ni nos resta, Dios es el buen padre que va trazado una senda de amor, de paz, de equilibrio, de gozo y esperanza para con sus hijos. Él nos permite gozar de las cosas temporales, sin hacernos esclavos de las mismas, los hijos de Dios tienen «alas» como los ángeles y no son esclavo de nada de lo que en el orden de la creación es igual o inferior a ellos, es decir el universo entero, exceptuando a Dios creador y Señor del mismo. Dios es ese gran tesoro, ese hallazgo inesperado, que hace que todo lo demás a su lado, nos parezca insignificante comparado con Él. Dios no resta, Dios no quita, puedes danzar, bailar, cantar, gozar, dar gracias, saltar, respirar a pulmón lleno y, por esto mismo, puedes acercarte a él sin miedos; en definitiva, Jesús, hijo del Altísimo, es ese tesoro que por tanto tiempo has estado buscando. ¡Alabado sea el Señor que inflama nuestro corazón con la llama de su amor! ¡Bendito sea por siempre junto al Padre y al Espíritu Santo! ¡Gracias, Señor mio y Dios mío por librarnos de la muerte y el reino de las tinieblas! ¡Gracias por tu sangre derramada en mi rescate, gracias!

Buenos días Paz y Bien.

Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán

Libro de Jeremías 1,17-19.

En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos.
Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país.
Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-«.

Comentario: Hoy celebramos la memoria del Martirio de San Juan Bautista, pero como hace poco comenté esa lectura me he fijado especialmente en la primera, en la cual bien podíamos vernos reflejados todos aquellos que de corazón sincero seguimos a Dios o al menos lo intentamos escudriñando en sus enseñanzas y en la guía de la Iglesia. De esta manera, hemos sidos llamados por Dios, para anunciar el Evangelio de palabras y de obras, no siempre acertamos, porque contra quién más combate, precisamente, el Diablo y las potestades celestes del mal, los espíritus que están en el aire, es precisamente -como nos decía S. Pablo- con aquellos que pretenden llevar una vida coherente con las enseñanzas Evangélicas. También combatimos contra los poderes terrenales que buscan un trono perecedero y efímero en la tierra, un reino hecho de vanidad y codicia, de idolatría al hombre y sus perversas ideologías en oposición abierta a la Verdad que solo puede proceder de Dios, porque él solo la posee. Nosotros hoy, como la Iglesia perseguida en Nicaragua y en tantos otros lugares del planeta, estamos llamados por Dios a dar la cara, a ser valientes, con sólo el poder de la palabra y en clara desventaja e indefensión, frente al poder de las armas y las leyes que hacen los gobiernos, a propósito, para combatir la luz de Dios y que su maldad y perversión no quede al descubierto. Hoy frente a tanta ignominia y padecimientos humanos a causa de los que gobiernan el mundo, nos reconforta oír estás palabras de Jeremías con las que concluye está lectura: «ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-«.»
El Señor ya nos ha librado de las garras del peor enemigo, el Enemigo del alma, pero también lo hará, atendiendo a las palabras de San Pablo, de los poderes terrenales porque aunque estos den muerte al cuerpo, Jamás podrán dar muerte al alma. Jesús nos asegura como al buen ladrón que el nombre de sus fieles y leales; es decir su vida; la vida de los que hemos creído y combatido en está dura batalla, está inscrito en el Cielo para gloria de Dios y premio nuestro con Vida Eterna.

la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres…

Carta I de San Pablo a los Corintios 1,17-25.
Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.
El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios.
Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes.
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad?
En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación.
Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría,
nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos,
pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos.
Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.

Comentario: El evangelio de hoy es como una continuación del de ayer por eso he puesto la atención en esta primera lectura, en la que Pablo resalta la sabiduría de Dios, oculta en la predicación y las buenas obras del hijo de Dios y sus seguidores, frente a la sabiduría de los hombres que busca el brillo momentáneo de lo fugaz, del espectáculo pasajero, en la elocuencia humana (vanidad) o el prodigio del milagro sin trabajo (de la magia). La sabiduría de Dios es escándalo para el hombre (especialmente para el contemporáneo cuya máxima es el hedonismo) porque prédica a un Dios hecho hombre, pobre, manso, pacífico, humilde, vacío de sí mismo y lleno del Padre, que prédica la cruz (hecha de servicio y donación de si mismo) para levantar al que se ha doblado aplastado por el mundo y para bajar al que se elevado a costa de pisar a los demás. La cruz es sabiduría de Dios, vida para el hombre, eternidad que no se marchita, mientras que la sabiduría del hombre, está en el instante pasajero, que nunca se sacia, porque los instantes van cayendo uno tras otro y no permanecen ni siquiera en el tiempo. En la debilidad de la cruz, de un Dios vencido y entregado, está la resurrección; en su sangre derramada, el cáliz de fortaleza para el hombre, y en su humilde cuerpo triturado a golpes por los hombres, el pan saciante para alimento incluso de todos aquellos que un día fuimos sus verdugos. Así la locura de Dios es más sabía que la sabiduría de los hombres, porque la locura de Dios, conoce sin límites, sin obstáculos: Dios es la misma Sabiduría.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Jesús avisa y el que avisa no es traidor.

Evangelio según San Mateo 24,42-51.

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno?
Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si es un mal servidor, que piensa: ‘Mi señor tardará’,
y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos,
su señor llegará el día y la hora menos pensada,
y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Comentario: Jesús antes de partir a la Ciudad Celestial Junto al Padre, los Santos y sus Ángeles, nos prometió una segunda venida al mundo para juzgar a sus habitantes, pero no dió fecha, al igual que pasó con su primera venida, ya anunciada siglos antes por los profetas y que, finalmente, tuvo lugar cuando la fe de la mayoría de Israelitas y sus costumbres había alcanzado tal decadencia, que hasta el mismo templo del Señor lo profanaban para llevar acabo en él sus negocios.
Esperamos esa segunda venida de Jesús y que la iniquidad y el mal sean de una vez desterrados de la tierra porque entonces será el juicio y ya no habrá más oportunidades debido a que el tiempo destinado por Dios (el cual él solo conoce) para el arrepentimiento y la conversión del mundo llegó a su fin. Dicen que el que avisa no es traidor, el día llegará (como llegó el de su primera venida) como un ladrón, cuan menos se le espera, ya que la conversión que Jesús busca en nosotros es una conversión verdadera y no un postureo para no caer en el grupo de los que serán apartados: de esa cizaña que, como nos dice en otro pasaje bíblico, será separada del trigo donde ya no tendrá ningún poder porque su destino es, como todo lo que no vale el fuego que a la vez que destruye lo inútil limpia el terreno para que lo nuevo, los corazones de verdad convertidos y entregados brillen con la misma luz que el sol de Justicia que los alumbra, Jesucristo nuestro Dios. Algunas de las señales que precederán a esa segunda venida, como ya sabemos, y la Iglesia nos enseña, son la predicación del Evangelio en el mundo entero (algo que ya sucede, casi al cien por ciento, gracias a Internet), después la gran apostasía, muchos renegarán de Cristo, como consecuencia de la persecución contra los cristianos y a causa de la debilidad de su fe (como vemos la persecución a vuelto más o menos cruenta; también en occidente donde se están implantando leyes con penas de cárcel y multas para los que defienda la vida desde la concepción a la muerte o para los que refuten la ideología de género, etc.), y el anticristo, pues, cada vez se hace más presente y palpable, porque ya muchos de sus principios y postulados no se llevan a escondidas, sino que muy al contrario, se muestran en las mismas redes sociales, dando pelos y señales con manuales esotéricos, mágicos y directamente satánicos, hasta el grado de erigir una estatua a Satán en Detroit. Es más desde los mismos parlamentos, con leyes globalistas, se prepara el control de la población mundial, por medio de la agenda 2030, que será llevada, o se intentará al menos, gracias a los mismos avances tecnológicos. Muchas son las señales que nos indican que estamos a las puertas del final del tiempo para que se consuma el plan de Dios para sus fieles y leales seguidores. Mientras tanto hay que estar igualmente preparados, los años de vida no los tenemos asegurados, y en cuestión de días, de horas, de segundos nos llega la muerte sin avisar. La muerte traidora no nos avisa pero Jesús justo y misericordioso si lo hace, y por eso nos dice: estar preparados porque cuando menos lo espereís se presentará el novio y si no estáis preparados no podréis entrar al banquete de bodas; al banquete del Reino de los Cielos.

Verás cosas más grande todavía

Evangelio según San Juan 1,45-51.
Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».
Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
«¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús continuó: «Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía».
Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Comentario: hoy la Iglesia celebra la fiesta de S. Bartolomé uno de los doce apóstoles de Jesús y uno de los pilares de la Iglesia. Apóstol y Martí como el resto de apóstoles exceptuando a Juan Evangelista.
En este evangelio senos describe el primer encuentro de Bartolomé con Jesús, encuentro que tiene lugar por medio de una tercera persona, de otro de los que después sería también uno de los doce apóstoles de Jesús, Felipe. Podemos inferir de este evangelio que al igual que Bartolomé nosotros hemos sido llevados hacía el Salvador, Jesús, através de terceras personas, pero en realidad estás solo han sido un instrumento en las manos de nuestro Señor Jesucristo para acercarnos a Él, a la fuente del Amor, que, como en éste Evangelio nos describe, ya conocía a Bartolomé de antemano antes de que se produjese dicho encuentro: del mismo modo que antes de que nosotros nos acercáramos a él, Jesús, ya nos conocía de antemano y fuimos elegidos y llamados a su presencia para hacernos discípulos suyos. Pero no todo el que es llamado y se acerca al Señor, pese a haber visto milagros en su vida o en la de un ser querido cuando ha implorando su misericordia divina, está dispuesto a creer en Él, en el enviado de Dios algo que no sucede con Bartolomé. Así, vemos cómo éste, por las palabras de Jesús y ante su presencia cercana y sencilla, es capaz de reconocer en Jesús al Mesías, y de seguirlo después hasta el martirio, mientras que otros coetáneos suyos (incluyendo a Judas) habiendo visto incluso mayores milagros y proezas que hasta ese momento había visto Bartolomé no creyeron que Jesús era el hijo de Dios, su enviado, el que había de salvarlos y darles Vida. Y es que para reconocer a Jesús y seguirle con todas las consecuencia, como él nos pide, es necesario, no solo acercarse a Jesús con un espíritu curioso, sino con un corazón como el de Bartolomé; es decir, sino ya intachable, como nos describe la escritura de hoy de este Israelita, sí al menos con un corazón abierto, sencillo, noble, libre de prejuicios; un corazón de buena voluntad, que no piensa mal, que no antepone sus intereses o sus ideas (también cabe ideología que viene de la misma raíz) a las palabras de Jesús, que son Vida para el hombre y Sabiduría de Dios. Este corazón noble de Bartolomé, es el que necesitamos y hemos de pedir a Jesús, para que a pesar de ver el milagro o los pequeños milagros que contemplamos cada día, no demos como respuesta a su llamada, un sí con condiciones (sí, pero Yo…; sí, pero espera; sí, pero un milagro más), ante Dios no hay condicionales ni excusas, ante Dios solo cabe un corazón entregado, como ya dijimos, dispuesto a dar y recibir.

Ser Santo es fácil

Evangelio según San Mateo 23,23-26.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

Comentario: San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938) Monje Trapense, nombrado por S. Juan Pablo ll modelo para la Juventud.
No tenemos virtud, no porque sea difícil, sino porque no queremos. No tenemos paciencia…, porque no queremos. No tenemos templanza…, porque no queremos. No tenemos castidad, por lo mismo. Si quisiéramos seríamos santos…, y es mucho más difícil ser ingeniero, que ser santo. ¡Si tuviéramos fe!

Vida interior…, vida de espíritu, vida de oración. ¡Dios mío! ¡eso sí que debe ser difícil! No hay tal. Quita de tu corazón lo que estorba y en él hallarás a Dios. Ya está todo hecho. Muchas veces buscamos lo que no hay, y en cambio pasamos al lado de un tesoro y no lo vemos. Esto nos pasa con Dios, que le buscamos […] en una maraña de cosas, que a nosotros nos parecen mejores cuanto más complicadas. Y, sin embargo, Dios le llevamos dentro, y ahí no lo buscamos. Recógete dentro de ti mismo…, mira tu nada del mundo, ponte a los pies de una Cruz, y si eres sencillo, verás a Dios.

He aquí la vida de oración…, no hay que poner lo que ya está, sino que hay que quitar lo que sobra. Digo lo que ya están suponiendo al alma en gracia de Dios, y si algunas veces Dios no está en ella es porque nosotros no queremos. Tenemos tal cúmulo de atenciones, distracciones, aficiones, deseos de vanidades, presunciones; tanto mundo dentro, que Dios se aleja… pero nada más quererlo Dios llena el alma de tal modo, que hace falta estar ciego para no verlo. ¿Quiere un alma vivir según Dios?… Quite de ella todo lo que nos sea Él…, y ya está. Es relativamente fácil. Si quisiéramos, y con sencillez a Dios se lo pidiéramos, haríamos grandes progresos en la vida del espíritu. Si quisiéramos seríamos santos… Pero somos tan tontos que no queremos… Preferimos perder el tiempo en estúpidas vanidades.

Ni entran ustedes ni dejan entrar a los que quisieran…

Evangelio según San Mateo 23,13-22.

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran!¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes!
¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: ‘Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale’!
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro?
Ustedes dicen también: ‘Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar’.
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?
Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él.
Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita.
Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

Comentario: En ocasiones nos pasa como a los fariseos del Evangelio, que vivimos una fe tibia, estamos en querer y no poder, o más bien en un poder y no querer. Nos quedamos en la superficie de nuestra entrega al Señor, y así andamos renqueantes y desolados, porque nuestra conciencia nos recuerda que no obramos en bien. Dios, aunque no se canse de llamarnos y buscarnos no puede habitar en un corazón que se le resiste que no se entrega de todo; en alguien que, con componendas y justificaciones, quiere recibir los beneficios de Dios sin un verdadero arrepentimiento de sus obras de pecado y, sin buscar un cambio sincero de vida. Como vemos, a Dios nada se le oculta y, por eso pone al descubierto la poca o nula espiritualidad de los fariseos, que, sólo desde la apariencia piensan agradar a Dios y a los hombres y que ambos caigan deslumbrados y rendidos a sus pies. Cierto es, que el cambio cuesta, no es un camino ancho como nos recordaba estos días las escrituras, sin embargo es el único camino que nos conforta, y que nos da la paz. Camino que Dios nos ayuda a recorrer cuando sabe que nuestro propósito es sincero y firme.

Oración:

ORACIÓN DE LA ESPERANZA:


Señor, una vez más estoy delante de tu Misterio.
Estoy constantemente envuelto en tu Presencia que tantas veces se torna en ausencia.

Busco tu Presencia en la ausencia de tu Presencia.
Echando una mirada al inmenso mundo de la tierra de los hombres, tengo la impresión de que muchos ya no esperan en Ti.

Yo mismo hago mis planes, trazo mis metas y pongo las piedras de un edificio del cual el único arquitecto parezco ser yo mismo.

Hoy día los hombres somos, muchas veces, unas criaturas que nos constituimos
en esperanza de nosotros mismos.

Dame, Señor, la convicción más profunda de que estaré destruyendo mi futuro siempre que la esperanza en Ti no estuviere presente.

Haz que comprenda profundamente que, a pesar del caos de cosas que me rodea, a pesar de las noches que atravieso, a pesar del cansancio de mis días, mi futuro está en tus manos y que la tierra que me muestras en el horizonte de mi mañana será más bella y mejor.

Deposito en tu Misterio mis pasos y mis días porque sé que tu Hijo, y mi Hermano
venció la desesperanza y garantizó un futuro nuevo porque pasó de la muerte a la vida. Amén.

(Ignacio Larrañaga, Encuentro, p. 30)

El que se humilla será enaltecido.

Evangelio según San Mateo 23,1-12.

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».

Comentario: Jesús con esta palabra nos está invitando a la sencillez, a la humildad y al servicio. Porque Él mismo, a diferencia de los fariseos y también de muchas personas de este tiempo, ha sido el primero en predicar con el ejemplo: Jesús, en su condición divina, Creador de todo cuanto existe, se despojo de su rango, adoptando la condición humana y viniendo al mundo como uno entre miles de seres humanos en una familia pobre, humilde, sencilla, y servidora como nos muestra la misma escritura de la Virgen María cuando hace un buen recorrido, seguramente a pie, para asistir a su parienta Isabel estando encinta como ella. Esto es lo que nos pide hoy Jesús, ser sencillos, humildes y serviciales porque son virtudes que llevan a la paz y a la justicia, al igual que hace que las relaciones humanas sean más fluidas (sin temor, sin barreras) para que cualquiera se pueda acercar a nosotros y, desde el ejemplo, como Jesús -único y verdadero Maestro- podamos ofrecer un mundo mejor a todos; el mismo que a nosotros, anteriormente, nos ha regalado Dios por medio de su hijo Jesús. Como dice en otra parte el evangelio: «no es más el discípulo que el Maestro» ¿y que mayor humildad que la de Jesús que, siendo Dios, terminó como un despojo humano, irreconocible, condenado en una cruz como delincuente, y abandonado por sus mismos discípulos? Al final, con las apariencias podremos engañar a los hombres, pero nunca a Dios que conoce todos y cada uno de los secretos de nuestro corazón. ¿De que le vale entonces al hombre ganar el mundo entero y su admiración, si ello le lleva a perder su alma?

Oración de la humildad:

Señor Jesús, manso y humilde.

Desde el polvo me sube y me domina esta sed

De que todos me estimen, de que todos me quieran.

Mi corazón es soberbio.

Dame la gracia de la humildad,

Mi Señor manso y humilde de Corazón.

No puedo perdonar,

El rencor me quema,

Las críticas me lastiman,

Los fracasos me hunden,

Las rivalidades me asustan.

No sé de donde me vienen estos locos deseos de imponer mi voluntad,

No ceder, sentirme más que otros.

Hago lo que no quiero.

Ten piedad, Señor,

Y dame la gracia de la humildad.

Dame la gracia de perdonar de corazón

La gracia de aceptar la crítica y aceptar

Cuando me corrijan.

Dame la gracia de poder, con tranquilidad,

Criticarme a mí mismo…

La gracia de mantenerme sereno en los desprecios, olvidos

E indiferencias de otros.

Dame la gracia de sentirme verdaderamente feliz,

Cuando no figuro,

No resalto ante los demás,

Con lo que digo,

Con lo que hago.

Ayúdame Señor, a pensar menos en mi y

A abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar Tú y mis hermanos.

En fin, mi Señor Jesucristo,

Dame la gracia de ir adquiriendo poco a poco

Un corazón manso, humilde, paciente y bueno.

Cristo Jesús, manso y humilde de Corazón,

Haz, mi corazón semejante al tuyo.

Así sea.

No olvidar que en el banquete eres un invitado entre todos los demás.

Evangelio según San Mateo 22,1-14.

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

Comentario: El evangelio nos presenta hoy el Reino de Dios como una boda, un banquete al cual Dios nos invita para hacernos partícipes de sus bienes, pero también de su mismo gozo y alegría. Sin embargo no todos responde de igual manera a esa invitación, unos llevados de su comodidad prefieren seguir a lo suyo, a su vida de siempre, son los conservadores que no quieren arriesgar, dejar atrás sus migajas, para acoger el pan de la abundancia de Cristo, en este caso imagen del Rey. Luego están los que se oponen abiertamente al Rey, a esa llamada, dando muerte a sus enviados, estos son los que en todas las épocas han dado muerte a los profetas y a los que han sembrado la palabra de Dios (los mártires de la Iglesia).
Y finalmente están los aprovechados, aquellos que quieren servirse de los manjares de la boda, es decir las bondades que les pueda reportar de un modo u otro el Reino pero a su modo, sin aceptar las normas que el Rey ha puesto para entrar en el banquete de boda. Estos últimos son los expulsados del Reino, los no elegidos, tal vez los más peligrosos de todos, porque desde dentro, traspasadas una vez las puertas de la boda, (aquellos bautizados que se hacen notar mucho, sean consagrados o laicos), quieren ocupar el lugar que le pertenece al Rey, vistiendo el ropaje cómodo que traían antes de entrar a la boda; es decir todos los que han entrado de hurtadillas a la boda para aprovecharse de sus beneficios; de los deleites que para la carne puede traerles; pero sin renunciar a sus viejas vestiduras, que es el espíritu del mundo. Espíritu incompatible con el vestido blanco de bodas, que representa la pureza de corazón del mismo Rey, con el que quiere que todos nos identifiquemos y vistamos, sin excepción, para el triunfo final y definitivo del hijo de Dios con su Esposa la Iglesia, (el Hijo del Rey) y el mal no pueda tocar a sus elegidos, a los que atendieron los requisitos del Rey de Reyes, el Dios altísimo.
«Muchos son llamados al Reino de Dios, pero pocos los elegidos».

Amigo, no soy injusto contigo.

Evangelio según San Mateo: 20,1-16a.

Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,
les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’.
Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’.
Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.
Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’.
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.
Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,
diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’.
El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos»

Comentario: hoy en día hay una gran controversia sobre si Dios es más misericordioso que justo o viceversa. Sin embargo en este evangelio vemos como ambas características son compatibles y ambas cumplen, a la perfección, dos de los atributos de Dios, como son la Justicia y la Bondad, sin que ninguno de ellos menoscabe su integridad (ya que de lo contrario Dios, dejaría de ser Dios, para actuar arbitrariamente). Así observamos como Dios, en todo momento, por un lado cumple con su palabra con los que llegaron primero y, por otro, se apiada de aquél, que sin querer, estaba sin trabajo, y por lo mismo sin posibilidad de recompensa. Lo importante como aquí vemos es, entonces, responder a la llamada del Señor de la viña -de Dios- y no en que momento del día llame; es decir, a que edad sientas ese llamado o recibas el conocimiento (que lo recibirás) para entender que Jesús es el mismo Dios todo poderoso bajado del Cielo para dar Vida al mundo, una Vida que perdurará por la Eternidad. De este modo, todos hemos sido convocado a trabajar en la viña del Señor; y, por esto mismo, como dice también en la Palabra «a todo el mundo alcanza su pregón», porque Dios justo y misericordioso quiere que todos nos salvemos y recibamos la recompensa de su viña que es el Reino de los Cielos para mayor gloria de su Nombre y Buenaventura nuestra: dicha del hombre, al que ha tomado, también, por hijo y heredero a causa del ofrecimiento de su primogénito, Jesús; es decir, de su sacrificio en Cruz.

Lo que para los hombres es imposible, para Dios es posible.

El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 19,23-30.
Jesús dijo entonces a sus discípulos: «Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos.
Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos».
Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?».
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible».
Pedro, tomando la palabra, dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.

Comentario: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.» Así concluye el evangelio de hoy, para Dios no importa, cuántos hayan sido tus delitos y pecados, no le interesa tu pasado ya que, como el mejor de los padres, está siempre dispuesto a perdonar. Y no solo eso, si no a darte lo mejor de sí mismo sin juzgarte, sin llevar cuenta del pasado, y sin mirarte desde ningún tipo de etiqueta. Al contrario, Dios, como en la Parábola del Hijo Pródigo, lo único que ve es que este, su hijo querido «estaba muerto por el pecado y ha vuelto a la Vida», este hijo que había perdido tiempo atrás «lo ha recuperado» Y si esto hace Dios con cada uno de nosotros, yo te pregunto y me preguntó ¿a que viene ahora juzgar el pasado de los demás hermanos en la fe que han cambiado de vida? ¿A que viene disminuirlos, anularlos o incapacitarlos? ¿A caso tú estás libre de pecado? ¿Es la envidia insana del hijo mayor de la Parábola? ¿O es que acaso los tuyos, tus pecados, son más fáciles de ocultar? ¿Si Dios procede así con nosotros, que es Justo y nunca cometió pecado, ni se dejó esclavizar por ningun tipo de adicción, cuánto más estamos obligados nostros a proteger, a cuidar el buen nombre del hermano que se ha convertido y ha vuelto a la casa de Dios, la casa del Padre, para vivir en fidelidad a su Palabra?
De esta manera, como hoy dice la palabra, muchos de los primeros “o más bien de los que se tienen a sí mismos por primeros» serán los últimos y muchos de los últimos serán los primeros, porque como dice, también en (Lucas 7, 47): el deudor al que más se le perdona es el más agradecido, al igual que suele suceder con la vida espiritual, la persona que más suele amar a Dios, es aquella a la que más graves pecados y delitos le han sido perdonados.
Volvamos, a Dios de corazón, entonces, y no de palabras; sabiendo como hoy nos dice este evangelio -y muchos han experimentado en propia carne- que se puede cambiar de Vida aunque en principio a nosotros nos parezca imposible. Así es, como nos dice hoy Jesús: «Dios hace posible lo que para el hombre es imposible». Contamos con un Dios todo poderoso, que nos ayuda con la Gracia Santificante del Espíritu Santo, y los Sacramentos de nuestra Madre Iglesia a hacer posible el deseo de nuestra voluntad -de cambiar de vida- y, de este modo, formar parte de esa gran familia que goza y disfruta del amor y la protección del Padre; también de sus bienes, ya (aquí y ahora en el presente) desde esta morada terrenal.

Una sola carne, un solo corazón, una prole viva y sana

Evangelio según San Mateo 19,3-12.

Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?».
El respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;
y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?».
El les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.
Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio».
Los discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse».
Y él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.
En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!»

Comentario: Jesús con el evangelio de hoy proclama la indisolubilidad del matrimonio, llamados desde el principio varón y hembra -porque así los creó Dios- a formar una sola carne en una comunidad de amor, bendecida y sellada por Dios mediante el sacramento del matrimonio. El matrimonio que no consiste en otra cosa, según las catequesis de S. Juan Pablo ll, que en perfeccionar aún más la imagen de Dios en él hombre: Él cual siendo tres personas distintas son la manifestación de un único Dios que ama sin límites hasta el punto de crear al hombre, para que éste, a su vez, mediante una unidad plena, también, e indisoluble (una sola carne) de frutos de amor en los hijos y estos se sientan seguros, amados y parte igualmente de un todo, donde él vínculo principal es el amor que circula entre Dios y todos su miembros. Amor que engendrará por expansión, una sociedad, también unida, sana, fuerte, fructífera y compasiva donde los más débiles, sean a su vez, los más queridos y protegidos, como Dios proclama en las bienaventuranzas, y como los mismos padres hacen con los hijos más débiles en el seno familiar.
Si de este modo Dios lo dispuso desde el principio -la indisolubilidad en una sola carne- también los padres, atendiendo a esta llamada de Jesús en el Evangelio de hoy, deben poner todo su empeño por echar cada día leños al fuego del hogar, para que permanezca viva la llama del amor, que trasciende lo puramente físico y cuyo fin último es extender el Reino de Dios por el vínculo del amor a través de la prole. Echar leña al fuego que hace que cada uno viva para el otro, y cierra puertas para todo aquello que pueda venir de fuera a poner en peligro el matrimonio. Con la ayuda de Dios y la colaboración nuestra, manteniéndonos unidos a él, es más fácil quitar los obstáculos que se presenten.

Sin perdonar no podemos agradar a Dios.

Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo».
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Comentario: Jesús nos ha amado hasta el extremo; es decir, hasta dar su propia vida por nosotros y eso para poder reconciliarnos con el Padre y consigo mismo, ya que el agravio de nuestra desobediencia a Dios, de nuestro pecado, es tan grande (aunque nosotros seamos incapaces de percibirlo) debido al salto cualitativo entre creador y criatura, se puede decir que insalvable, que solo alguien que esté en el mismo rango que Dios, podía saldar la deuda del hombre contraída con Dios por su pecado. Pero como sabemos Dios solo hay uno, y tuvo que ser su hijo entonces, por ser Dios también, el único que podía pagar mediante su sangre, el agravio a Dios por nuestros pecados. De esta manera si Dios ha sido infinitamente generosos con nosotros, bastante más incluso que el rey de la parábola, que no dio la vida por su servidor y porque a fin de cuentas, siervo y rey eran hombres, criaturas iguales por su naturaleza humana. ¿Cuanto más deberíamos serlo nosotros, perdonando al prójimo, como nos pide hoy Jesús, con éste ejemplo? Pues también Jesús nos da la respuesta en el Evangelio de hoy, hasta setenta veces siete, que para la mentalidad judía quería decir hasta el infinito; es decir siempre. Y además nos pide que lo hagamos de corazón. También este de corazón lo podemos encontrar en su vida, porque la vida y los gestos de Jesús no contradicen sus palabras, y este ejemplo lo encontramos cuando pide perdón al Padre en la cruz, por los allí presentes que le estaban dando muerte pero, en el fondo, por toda la humanidad; por tí y por mí, pues a causa de nuestras transgresiones dió su vida, porque en realidad, cuando ofendemos a Dios, ni siquiera tenemos una visión, un perspectiva clara, de la gravedad y el alcance de nuestros pecados. ¡Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen! No sabían que estaban dando muerte a su mismo creador.
Como dice en otra parte de la palabra, no es más el siervo que su Señor y, por eso, sí deseamos alcanzar la gloria y la resurrección a la Vida Eterna, como Jesús, también tenemos que ser obedientes a sus mandamientos, como el mismo Jesús lo fue, a su vez, con el Padre.

Oración: La gracia de respetarnos. Padre Ignacio Larranaga.

Jesucristo, Señor y hermano nuestro.

Pon un candado a la puerta

de nuestro corazón

para no pensar mal de nadie,

no prejuzgar,

no sentir mal,

para no suponer ni interpretar mal,

para no invadir el santuario sagrado de las intenciones.

Señor Jesús, lazo unificante de nuestra fraternidad.

Pon un sello de silencio en nuestra boca para cerrar el paso a toda murmuración o comentario desfavorable, para guardar celosamente hasta la sepultura las confidencias que recibimos olas irregularidades que observamos, sabiendo que la primera y concreta manera de amar es guardar silencio.

Siembra en nuestras entrañas fibras de delicadeza. Danos un espíritu de alta cortesía para reverenciarnos unos a otros como lo haríamos contigo mismo. Y danos, al mismo tiempo, la exacta sabiduría para enlazar convenientemente esa cortesía con la confianza fraterna.

Señor Jesucristo, danos la gracia de respetarnos. Así sea

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-11

El que quiera servirme será honrando por mi padre.

Evangelio según San Juan 12,24-26

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Comentario: las escrituras de hoy están bastante claras, aunque me gustaría destacar de ella, como el corazón y el pensamiento de Dios, es cuasi el anverso de el del hombre, y de este modo nos dice, «que para vivir hay que morir». Hay que morir a todo egocentrismo que mata el amor en nosotros y disminuye al hermano, y hay que morir a toda clase de idolatría; por tanto a toda doctrina, culto, filosofía, cultura, que no proceda de Dios, pués el corazón del hombre está contaminado al igual que su pensamiento por el pecado, y por lo mismo no exento de error, como tampoco de la influencia de Satanás, es por esto que la misma Palabra nos advierte en varias ocasiones de esto mismo con otras palabras, verbigracia: «no apartaos ni a izquierda ni a derecha» «Yo soy el Señor, y no hay ningún otro; Fuera de Mí no hay Dios. Yo te fortaleceré, aunque no me has conocido.» Como bien dice uno de los más grandes predicadores de la Iglesia Católica en este siglo: todos los ismos, conducen al abismo y todas las alternativas a Dios, que solo es uno y único, al vacío, la nada, cuando no, al engaño.

Por otro lado también sorprende, por ser el revés del mismo pensamiento humano, las últimas palabras de Jesús en el evangelio de hoy, todo un Dios omnipotente, creador de todo cuanto existe, incluyendo al ser humano, honrando al hombre, su criatura. Como vemos una manera de actuar muy diferente a los gobernantes y poderosos de la tierra que, a fin de cuentas, son como cualquier otra cosa creada: polvo y nada.
Para concluir, decir, que hoy celebramos la festividad de San Lorenzo, diácono y mártir de la iglesia, y con respecto a esta onomástica también viene un comentario muy interesante en el enlace que dejó a continuación:

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-10

¡Ay de aquél que escandalice a uno de estos pequeños…!

En el Evangelio de hoy Jesús nos invita al cambio y nos pone como modelo a los niños, que son alegres, sencillos, espontáneos, generosos; que viven sin prisas, fuera del tiempo, gozando de la naturaleza, del juego, de la amistad a la que se entregan sin prejuicios. Siempre confían, se dan sin medida, especialmente confían en su Padre que los sacará de todo peligro; con él de la mano, pueden pasar por enmedio de un campo de batalla sin ningún temor. Ellos, por otro lado, no guardan rencor eternamente, no juzgan e interpretan lo que hay en el cofre del corazón ajeno, porque si en el suyo no hay maldad tampoco la puede haber en el de los demás (ni se lo plantean). Cuando aman, lo hacen de verdad, desinteresadamente, sin buscar recompensa.

Con este corazón puro nos creó Dios, a imagen suya, y a él desea que regresemos para que se realice ese paraíso en la tierra que Él, desde un principio, tenía en su pensamiento para nosotros. Por eso Jesús, amonesta de manera contundente a todos aquellos que se aprovechan de la inocencia y la bondad de un niño; porque rompen desde temprana edad el corazón de Dios en esos pequeños, y los predispone a caer en terreno del enemigo (de Satanás), a la desconfianza, al miedo, a la inseguridad, a la venganza, a la depresión; tal vez, incluso, arrepentir el modelo del que abusó de él, que es aún peor. ¡Hay de aquél que escandalice a uno de estos pequeños…! Incluso a aquellos que conservan de mayores el corazón de un niño. Pidamos entonces a Dios que libre a los inocentes del mal, tal y como nos enseña el Padre nuestro, que no nos olvidemos de ellos en nuestras oraciones. Pero que también libre a los adultos, sin juzgar a nadie, de las garras del enemigo, de la perversión, de los complejos, del pecado, porque son el modelo en que se miran esos pequeños y el futuro de un mundo mejor o, por el contrario, de un mundo cada vez más insufrible, un mundo que nos cierra las puertas del Reino de Dios.

Hoy con este evangelio, se hace más necesario que nunca recitar con todo fervor y poner en práctica la oración de S. Francisco por la paz.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Maestro, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
Amén.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-09

Jesús vela por los suyos.

Evangelio de hoy
según san Mateo (17,22-27):

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?»
Contestó: «Sí.»
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?»
Contestó: «A los extraños.»
Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Comentario: Jesús en este evangelio anuncia a sus discípulos anticipadamente su muerte y resurrección, para ir preparándolos para acontecimiento tan traumático y desgarrador para ellos. Jesús, además, sabía cual de sus discípulos lo iba a entregar y por eso en la última cena, en la que celebra la Pascua Judía con sus discípulos, también señala quien seria de ellos, y a continuación le dice a Judas, que hiciese lo que tenía que hacer; es decir que concluyese su traición. De esta manera vemos como Jesús, en el Plan Divino, se entrega voluntariamente a la muerte, porque a diferencia de otras veces, en la que escapó cuando intentaron arrestarlo o matarlo, en ésta, conociendo los planes del Padre para la salvación del hombre, no detiene a Judas, ni siquiera se esconde o huye para escapar de esa muerte tan cruel que le esperaba y que, como ya dijimos conocía por anticipado. De esta manera vemos, como Jesús estaba, más volcado sobre los demás (preparando a sus discípulos para que pudiesen afrontar su muerte) que sobre su propio bienestar, o sobre la tragedia que se cernía sobre su vida, la cual dejaba siempre en manos del Padre Celestial, en el cual tenía depositada toda su confianza.
En segundo lugar podemos observar, como a pesar de la venida de Jesús y de dar su vida, para nuestra conversión, muchos, y cada vez parece que más, pasan de largo desatendiendo sus palabras y vemos cómo hoy, al igual que entonces, los gobernantes ponen grandes yugos sobre sus gobernados, mientras ellos ponen a salvo sus vidas, las de sus familiares y amigos, con la recaudación de impuestos de extraños, es decir del resto del pueblo.

Quedémonos, no obstante, con lo positivo, sabiendo que Jesús a cambiado a lo largo de los siglos, y lo sigue haciendo hoy en día, el corazón de multitud de personas (muchos de ellos, incluso, con vidas desechas) sus testimonios se pueden encontrar en las mismas redes sociales, y al menos, para ellos, para su entorno y para gloria del Reino de Dios, la muerte de Jesús no ha sido en vano hasta el día que llegue su manifestación definitiva sobre el hombre y sobre la tierra.

Oración: buenos días Señor y Dios nuestro, te alabamos y te bendecimos en este nuevo amanecer que nos otorgas. Te pedimos que nos alejes del mal y que, igualmente, nostros tampoco le demos entrada en nuestro corazón. Por otro lado, agradecemos, los méritos de tu pasión y muerte, porque con ella nos has devuelto la filiación divina, y nos has hecho participes de las alegrías del cielo; en el cual también nos preparas una morada Junto al Padre.
Para terminar, mi querido Jesús, te pedimos ese amor semejante al tuyo, más volcado sobre las necesidades de los demás, y su Salvación Eterna, que por el bienestar propio, el cual a ejemplo tuyo, depositamos en el tierno y generoso corazón del Padre Celestial.

El que quiera salvar su vida, la perderá…

El Señor nos llama hoy de nuevo a hacernos pequeños, a desposeernos de todo aquello que es incompatible con el amor, que es él mismo, y que nos enreda en nuestro orgullo y egoísmo, al igual que en una multitud de pasiones y desenfrenos que dañan la convivencia entre hermanos, y desintegran nuestra propia alma, porque mata el amor para el cual Dios nos había creado desde un principio. El mundo quiere vivir, vivir a su modo, y lo que encuentra en cambio es muerte, el mundo está sembrado de cadáveres por doquier y el mundo se niega a verlo, incluso cuando acechan a la puerta de su casa o los tiene ya dentro. No queremos renunciar a nosotros mismos para vivir de Dios, y la muerte llega en forma de depresión (los antidepresivos son los medicamentos más solicitados después de los analgésicos), los suicidios es la primera o la segunda causa de muerte no natural en países desarrollados dependiendo de la edad, la primera entre jóvenes, se niega la vida al inocente desde el seno materno, por que unos padres quieren vivir la vida, la misma que perderán luego por que mataron el amor desde su propios cuerpos. Queremos vivir, y miles de jóvenes dan muerte a su futuro vendiendo su cuerpo en páginas pornográficas por dinero, y esto parece no importarle a nadie: es normal los gobiernos quieren esclavos o muertos, antes que personas libres, duenas de su destino y que no se les opongan. La ideología de género parece insaciable, el diablo quiere dar muerte al hombre en su identidad, al igual que matar las relaciones entre hombre y mujeres; y, por consiguiente, a la misma familia, de tal modo que uno se sienta más inseguro en su propia casa (por miedo a una denuncia falsa) que viviendo solo o renunciado a la propia condición. Vamos buscando la vida y encontramos cadáveres andantes con nombres y apellidos, por todos lados, nada parece satisfacernos, la gente se pelea por dos céntimos en las grandes superficies, para descuidar la tienda del vecino; no digamos ya de las peleas a causa de las herencias o escalar en las empresas a costa del compañero; y de este modo vamos sembrado cadáveres para asegurar un futuro, que no tardará en llegar a su final, si es que este no lo encontramos antes de que se ponga el sol. Queremos salvar la vida y lo que encontramos a cambio es el lazo del cazador, de la ideología, del poder (guerras por todos lados), del dinero, de los placeres mundanos que raramente no terminan en vicios, del individualismo. No queremos a Dios autor de la Vida, y por eso a cambio encontramos la muerte, muerte que nos hace ciegos e insensibles al amor y, por consiguiente, a oler la putrefacción del cadáver que cargamos dentro. Hoy más que nunca se cumplen las palabras de Jesús, «el que busque su vida la perderá y el que la pierda por mí la encontrará»

Oración por la paz en el mundo:
Señor Jesús, tú guías sabiamente
la historia de tu Iglesia y de las naciones,
escucha ahora nuestra súplica.
Nuestros idiomas se confunden
como antaño en la torre de Babel.
Somos hijos de un mismo Padre
que tú nos revelaste
y no sabemos ser hermanos,
y el odio siembra más miedo y más muerte.
Danos la paz que promete tu Evangelio,
aquella que el mundo no puede dar.
Enséñanos a construirla como fruto
de la Verdad y de la Justicia.
Escucha la imploración de María Madre
y envíanos tu Espíritu Santo,
para reconciliar en una gran familia
a los corazones y los pueblos.
Venga a nosotros el Reino del Amor,
y confírmanos en la certeza
de que tú estás con nosotros
hasta el fin de los tiempos. Amén.
Paz.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-08-05