¿Soy luz o tinieblas?

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Jesús, según la primera lectura, nos trae una nueva vida, y en el evangelio nos revela que serán nuestras obras las que nos juzguen. Sabremos que no seremos juzgado por nuestras obras, cuando estás -todas- podamos sacarlas a la vista de todos sin avergonzarnos. Ellas serán luz y guía para el resto de los hombres, como Jesús lo es para nosotros. Ante estas dos enseñanzas de hoy cabría preguntarse. ¿El hecho de haberme acercado a Jesús, ha inaugurado una nueva vida en mi, o por el contrario estoy igual que antes de conocerlo anhelando las mismas cosas y aferrándome  a las mismas seguridades que nos da el mundo? ¿Alguien que no me conozca podría deducir por mis palabra, obras y conducta, ante otra persona atea o agnóstica, que soy un hijo de la luz y, por ende, hijo de Dios? ¿Ante cualquier adversidad reacciono con paz, fe, esperanza, en la confianza de que Dios está conmigo, o cualquier cosa me desborda, como aquellos que solo creen en las seguridades que les dan las personas o las cosas terrenales?
Nacer de nuevo es cambiar el, yo soy como soy, por el yo soy otro Cristo. Así como decía Jesús el que me ve a mí a visto al padre, que la gente pueda decir el que ve a fulanito, está viendo a otro Jesús.
Oración: te pedimos Jesús que nos ayudes a cambiar los deseos y las obras de las tinieblas que están en nuestro corazón y en nuestras manos, por deseos y obras según tu corazón libre, consumido en las llamas del amor. Que el que me vea te vea, y que el incrédulo se acerque a mi, para conocer la fuente de donde emana mi gozo, mi paz y mi sabiduría. Dame Señor, la fe suficiente, para vivir en tu voluntad, y la sabiduría necesaria, para ver que es posible, como ha sido posible a lo largo de la historia en muchos otros hombres, los superhéroes, solo son un invento de la imaginación y de la industria del entretenimiento, los demás somos falibles y débiles que con nuestra determinación y la ayuda del Espíritu Santo -con tu gracia- les podremos alcanzar. Amén.

Lecturas de hoy https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Urgente Covd 19, todos implicados.

coronavirus

Hace unos días enviaba unas sugerencias, vía wassap, para tratar de que se tomaran en consideración algunas medidas más, frente al coronavirus, con tal de contener su expansión, pero parece que no le ha llegado a la gente, puesto que no dejo de observar el mismo comportamiento, también es posible que yo no me haya sabido explicar bien. Ahora quiero rectificar, sustituyendo la palabra terraza por balcón, y hacer que circule de nuevo.
Hay algo que no entiendo, y en lo cual nadie ha caído. Y es en lo siguiente: el porqué no se recomienda o incluso se prohíbe cantar y charlar desde los balcones de bloques de pisos. Lo digo no por lo molesto del canto, sino porque al hablar y cantar se esparce la saliva, cayendo la misma a los vecinos de más abajo, incluso he visto muchos de ellos, con la cabeza vuelta hablando con los de pisos superiores. “Hasta cierto punto puede que sea necesario un poco de distracción y que se toquen las palmas e incluso que se ponga música” (aunque tal vez no le parezca tan saludable a los familiares de los difuntos por Covd 19) con no demasiado volumen para no molestar a los profesionales de la sanidad que les toque descansar a esa hora en sus casas; pero no así, que la gente aproveche para hacer tertulia por el motivo ya expresado. Lo mismo pasaría con el vecino del balcón contiguo, si no hay una separación de más de metro y medio como recomiendan las autoridades. De no llevarse a cabo estas medidas, que alguien me explique de qué sirve el confinamiento si tenemos el mismo peligro dentro de casa que fuera, cual es la diferencia entre hablar con alguien en la calle sin mascarilla, a corta distancia, o en charlar con el vecino de balcón inferior o del costado, también sin protección. Otro detalle a tener en cuenta, para las personas que sacan a pasear el perro sería, si no es urgente, no contestar o hacer llamadas de móvil en la calle, ya que es otra vía para esparcir nuestra saliva y, por ende, el coronavirus en el aire y por el suelo, lo que hace que posteriormente otros viandantes se lo lleven pegado en la suela de sus zapatos o que los niños, si da permiso el gobierno para que salgan unas horas a la calle dentro de unos días, la toquen con sus manos al arrastrarse por el suelo.
Esto lo escribí hace unos días, el motivo de retomarlo es que ya se ha consumado el levantamiento de restricciones que había para mantener aislados a los niños en casa; tal vez porque el gobierno ha sucumbido a la presión de algunos medios de comunicación de masas, y no tanto, así, porque los expertos hayan dado el visto bueno. Lo que recomiendan la mayoría de expertos es que mientras no se hagan tests a la población en su conjunto lo mejor es la cuarentena. Algo que es de sentido común porque es casi imposible contener a un niño de tirarse al suelo, o de tenerlo controlado durante todo el tiempo para que no se vaya donde están otros niños o los padres de estos, y que, al mismo tiempo, se lleve sus manos a la boca, nariz, o a los ojos. Ni siquiera desinfectando las calles todos los días, las mismas quedarían libres del virus ya que, como he expresado anteriormente, la gente de camino al comercio, o paseando el perro, se tiran horas hablando por el teléfono y expulsando, por ende, la saliva al suelo. ¿Cuántas de estas personas saben si han pasado el coronavirus, cuántas si lo están pasando y cuántas son ya “inmunes”? yo diría que el 99% de la población lo ignora, por las mismas
quejas de los sanitarios en redes sociales y por la prensa, que nos comunican que apenas si están llegando estos tests al personal sanitario y a las personas de riesgo. Por lo dicho, si la gente desconoce si es portadora, si no hay tests, y por las medidas de desconfinamiento sin garantía, al paso que vamos, la encerrona, para la mayoría de ciudadanos, puede llegar hasta finales de años o hasta que no haya una vacuna en el mercado, máxime viendo la fotografía que estamos viendo desde el domingo por las calles y plazas, niños jugando al fútbol, sin guantes ni mascarilla y padres agrupados haciendo tertulia, es posible que guardando un poco de distancia, pero los niños yendo de unos a otros sin control alguno (España es diferente, ya lo sabíamos y así nos va). Esperemos que Europa no se canse de conceder créditos para salvar nuestra economía, a causa de nuestra cultura de procrastinar los deberes, porque de lo contrario, algunos van o vamos a pasar más necesidad que en el año del hambre, cuando salgamos de esta: los que salven ¡claro está!P. S. Esta mañana al hilo de lo que vengo diciendo, comentaba un policía en Canal Extremadura Radio, el cual ya ha pasado el coronavirus junto con su familia, que él no sacaría a su hija menor a la calle, hasta más adelante, cuando los niños y los padres no salgan en tropel y la situación esté más controlada. Habría que preguntarse pues, cuál no habrá sido la experiencia vivida, a demás de la información que posea, que ni siquiera habiendo pasado todos la enfermedad, se atreva a sacar a su hija a la calle.

P. S. Esta mañana al hilo de lo que vengo diciendo, comentaba un policía en Canal Extremadura Radio, el cual ya ha pasado el coronavirus junto con su familia, que él no sacaría a su hija menor a la calle, hasta más adelante, cuando los niños y los padres no salgan en tropel y la situación esté más controlada. Habría que preguntarse pues, cuál no habrá sido la experiencia vivida, a demás de la información que posea, que ni siquiera habiendo pasado todos la enfermedad, se atreva a sacar a su hija a la calle.

Pido por el bien de todos, más responsabilidad a los padres, y que hagas correr está información, al menos que se sepa, para que no actuemos desde la ignorancia. Gracias.

Indiferencia

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Hoy me he dado cuenta

de cuán ligero pasa la vida.

No va más allá de un suspiro,

no más lejos de una mirada.

Mirada de suplica, de amor, tal vez de recelo.

Puedes ser feliz y no saberlo,

estar triste y no notarlo,

sentir y no querer,

o querer sentir y no poder.

¿Y si no lloramos, no afirmamos o suspiramos?

¿para que me quieres a tu lado?

mejor me voy a los montes,

a las riberas de los ríos, y a los prados.

mejor escuchar la melodía de los pájaros.

mejor dejarme abrazar por el viento.

Sin sentimientos,

sin suspiros del compañero de viaje,

sin palmada en el hombro,

ni siquiera un reproche.

sin palabras dulces y sinceras

sin tan siquiera un quebranto

¿como puedo alcanzarte?

hay diosas de metal

pero prefiero las de barro

al menos estas últimas lloran

y en su llanto deshacernos y transformarnos.

¿Qué es tu vida, pues?

¿Una mentira al descubierto?

¿Un sueño que termina?

Y si es sueño… nada es.

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Mujer, ¿porqué lloras?

2

Del evangelio de hoy me sorprenden dos hechos significativos, en primer lugar, la pregunta que el Resucitado hace a María Magdalena: ¿que buscas? Jesús ya había hablado con anterioridad a sus discípulos de que resucitaría y, seguramente, a demás de ellos a las mujeres que le seguían. Sin embargo, sus ojos aún estaban enceguecidos -como los nuestros- por los contratiempos de esta vida terrenal, sin poder elevarse por encima de ellos y contemplar que en medio de la tragedia Dios sigue llevando su plan adelante para con nosotros, un plan que trasciende nuestro dolor, nuestras dudas, nuestros miedos y el rechazo de nosotros mismos y nuestra historia de dolor. ¿Que buscas Mujer…? Jesús también nos pregunta ¿Que buscas, Pedro, José, Elena, Víctor, Encarna, Diego, Piedad ¿Qué buscas hombre…? ¿Porqué desesperas…? ¿No te avisé en mi evangelio que todo esto por lo que atraviesas hoy tendría que pasar, pero que yo estaría siempre contigo? ¿No te advertí que en este mundo tendrías que pasar por tribulación pero que la muerte no es el final? De muchas cosas os he hablado, pero seguís mirando hacia el suelo, y no os eleváis para contemplar al Resucitado, a aquel que tiene y posee la Vida, la única necesaria, como le dijo un día Jesús a Marta.

La otra cosa que me llama la atención es que Jesús Resucitado, ahora más que nunca estaba llevando el plan de redención encomendado por el Padre, es decir: liberarnos de la muerte que lleva consigo el pecado, para hacernos criaturas nuevas; puras como el niño que acaba de dar a luz la madre embarazada. No hay reproches para los discípulos, los ha lavado en su sangre de la negación de días antes, del abandono sufrido por ellos cuando más necesitaba oír: contigo hasta la muerte Raboní, aquí estoy a tu lado. Es impresionante las palabras con que se dirige a los apóstoles cuando le habla a María: Jesús sigue pobre y humilde aún en su nueva condición de resucitado y a pesar de haber llevado esta obra impagable de redención por cada uno de nosotros que le costó su propia vida. Jesús no retiene para si el título de Mesías o de Raboní, sino que eleva a sus discípulos -lavados en su sangre- a la condición de hermanos, a su misma condición (María: ve a decir a mis hermanos) y le recalca -para que no tengan ninguna duda- que el Padre suyo no es distinto al nuestro, y que el Dios suyo es nuestro Dios. Es decir: que el mismo Dios y Padre que le ha dado vida y fuerza para llegar a la meta -y que acaba de resucitarlo- es el mismo Dios que nos guiará y nos dará fuerza y vida a nosotros para llegar a su misma meta, la meta de la Resurrección Eterna junto al Padre en el Cielo.

Evangelio según San Juan 20,11-18.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”.
Jesús le dijo: “¡María!”. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir “¡Maestro!”.
Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Un poco de muchos es mucho para pocos

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Pensando en que más se puede hacer frente al coronavirus, en este caso sobre sus consecuencias, quiero plantear una iniciativa para que la tengáis en cuenta y, a su vez, la paséis a todos vuestros contactos en las redes sociales.

El enunciado, que bien parece un trabalenguas, encierra una gran verdad, que un poco que donen muchas personas, supone un gran beneficio para una parte necesitada de la población.

Como todos sabemos esta pandemia traerá penuria económica para muchas familias, si es que no la están sufriendo ya algunas personas. Frente a este lastre, se me ha ocurrido lo siguiente: consiste en que hagamos un cálculo de lo que hayamos ahorrado los fines de semana al estar confinados en casa y lo guardemos en una hucha. Para nadie es desconocido que el fin de semana se gasta un buen montante de dinero, en peluquería, cosmética, restaurantes, cines, cubatas, salidas a casas de campo o a la playa, apuestas deportivas, conciertos, teatros o cualquier otro tipo de ocio.

La idea consiste en que todo ese ahorro lo destinemos a Cáritas, para que palie las necesidades de las personas que se pueden ver abocadas al paro o se queden sin recursos. Sabemos que a muchas personas nos les afectará esta situación laboralmente y es a ellas a las que va destinado esta buena y loable iniciativa, ya que ellas, a fin de cuentas, se quedarán o nos quedaremos como si hubiésemos salido ese fin de semana y, a cambio, estaremos haciendo una gran obra de caridad.

A continuación, os dejo un link con la página web de Cáritas, para hacer dicho donativo, también lo podéis llevar directamente a vuestra parroquia cuando todo esto pase. Si observas bien, en la página, hay una pestaña que se despliega para ingresar el donativo en la diócesis eclesiástica a la que pertenezcas.

No lo olvides, un poco de muchos, es un mucho (o un mundo) para pocos. Que Dios te proteja y te defienda a ti y a toda tu familia de esta pandemia.

Para los creyentes, también, es una oportunidad de poner en práctica una de las recomendaciones de la Iglesia para este tiempo de Cuaresma, como es la limosna.

Sitio web de Cáritas Diocesana España

¡Divina misericordia, guárdanos del coronavirus y renueva nuestro corazón!

Misericordia

Es bueno mantener el sentido del humor haciendo chistes en medio de estos días difíciles en el que está en riesgo nuestra salud y nuestra vida a causa del coronavirus, pero también es necesario, por otro lado, darse un baño de realidad, y hacernos conscientes de la dimensión real del problema. Para algunos esta situación se les habrá impuesto irremisiblemente, por la muerte cercana de algún fallecido, porque estuvieron luchando contra él en primera línea de batalla, como médicos y enfermeros, o por la angustia que sufrieron muchos cajeros y repositores de supermercados por el contacto próximo con el público. Otros que sufrirán este problema una vez que haya pasado serán aquellas personas que se queden sin trabajo, autónomos o empleados.

Sin embargo, para una buena parte de la población sólo les tocará de lejos a causa del encierro domiciliario, o menos, incluso, debido a que vivan en un chalet o en una casa de campo con posibilidad de esparcimiento y recreo.

Mi reflexión va dirigida especialmente a estos últimos, sería conveniente no olvidar esta lección que nos da la naturaleza y Dios, que a fin de cuentas está en el control de todo y tiene un proyecto de salvación para la humanidad y una visión que sobrepasa todo límite, los que tiene el conocimiento humano. Esta realidad que nos ha desbordado y que a muchos nos ha parecido como si estuviésemos viviendo una pesadilla o en medio de una película de ciencia ficción, no lo es (si no fuese por el hecho de que algunos ven tras este virus una conspiración urdida en un laboratorio a instancia de algún gobierno) y, por ello, antes de pasar página y dejar este periodo de nuestra historia encerrado en el baúl de los recuerdos, para contarlo como anécdota algún día a hijos o nietos, debería situarnos frente a lo que somos -nuestros limites- con tal de sacar alguna lección, especialmente que el ser humano no está en el control de todo como creía, que no podemos ser tan prepotentes, indiferentes a los sentimientos de los demás -porque como dice la palabra de Dios, no solo de pan vive el hombre- e individualistas, buena muestra de ello es que el circulo de nuestra propia identidad y relaciones humanas cada vez se está estrechando más, antes era la humanidad porque todos teníamos un mismo padre, a saber Dios; luego el Imperio, después la nación; más tarde la región o comunidad autónoma; finalmente nos quedaba la familia, pero esta también se destruyó primero a causa del hedonismo con el aborto y las separaciones (dejó de ser el núcleo protector natural de la persona desde su concepción) y, últimamente, en aras a una supremacía de sexos por el interés de los políticos a hacerse con el voto de la mitad de la población. Lo último que viene es secuestrar la inocencia de los niños para que sea el gobierno de turno y no los padres los que puedan ejercer autoridad sobre ellos. De este modo lo que ha quedado es un individuo aislado, atrincherado e insensible que es conducido, no por el amor y la confianza -como debería de ser- sino por el miedo. Miedo a ser denunciado por la mujer, miedo a ser asesinada por el hombre, miedo a ser denunciado por mis hijos, miedo a la libertad de expresión porque hay un poder político que impone a fuerza de leyes y comités de vigilancia (no sé con qué eufemismo lo nombran ahora para que parezca menos estalinista) para imponer su concepción ideológica del mundo y del ser humano al resto de la población. Esta es la sociedad que tenemos y de la que nos hemos dotados desde nuestra ignorancia (de ahí el intento de muchos políticos en anular la asignatura de filosofía) y perjuicios ideológicos de clases, azuzados por los políticos, que nos quieren inocular el odio, haciéndonos ver que hay buenos y malos según los bienes materiales que se tengan, y no por lo que cada uno sea o cultive desde su corazón (malos o buenos sentimientos).

Sí, sería bueno que no olvidásemos este virus cvd 19, que nos está confrontado con la realidad de nuestros límites humanos (para otros, en cambio, con su lado más humano y solidario) con el límite de nuestra ignorancia para combatir un minúsculo microorganismo acelular, al igual que pasa con el cáncer y otras muchas enfermedades; con el límite, igualmente, de movernos por intereses egoístas y partidistas procrastinando tareas en las que está en juego la vida de personas; ni que decir tiene, del límite de nuestros propios miedos personales acaparando comida y mascarillas en detrimento de otros que lo necesitaban con más urgencia.

Sin embargo, como contrapartida, este parón en la actividad diaria, puede servir como revulsivo -mientras dure- para conocer mejor a los hijos, a la pareja; también para hacernos más pacientes y tolerantes en una convivencia, casi impuesta, de la que no puedo huir; así mismo para emprender nuevos retos y activar algunas de nuestras áreas creativas, o para cultivarme en una lectura sana. Y no digamos para apreciar y agradecer más los regalos que cada día nos da Dios con las bondades de la naturaleza o la convivencia al aire libre con familiares y amigos.

No obstante, este no es el peor virus de todos, ya señalé alguno anteriormente, el del individualismo y la indiferencia hacia los demás (tantas tareas nos hemos impuesto que olvidamos la principal, preocuparnos e interactuar con los otros, tal vez por no oír a nuestra conciencia: es mejor andar con prisas que pensar o entregar el corazón), pero entre otros virus mortales que acaban al año con miles o millones de personas están el del materialismo, nos olvidamos de los que pasan hambre e injusticias y se los queremos endosar al estado, como si nosotros, como individuos, no tuviésemos la necesidad de cuidar por fe, del hermano, o por solidaridad, de la especie (nos vendemos por cinco euros más de paga al mes, como Esaú lo hizo, por un plato de lentejas, y, de este modo, hemos reducido todos los valores a uno solo, al Dios dinero). No digamos ya del virus del hedonismo o la comodidad: por él se desatiende a los hijos y se rompen miles de familias al cabo del año; la consigna es debo ser feliz a toda costa (felicidad mal entendida porque esta sólo la puede dar la paz interior y el equilibrio emocional) en detrimento de la responsabilidad familiar y de luchar y trabajar por salvarla hasta dar la vida por ella, como Jesús si fuese necesario. Tenemos el virus de las pasiones que rompe igualmente a miles de familias por el apego a los juegos de azar, a las drogas; o a la esclavitud que trae consigo la adicción al sexo y la pornografía. Tenemos en definitiva el virus del ombliguismo que es el culto a nuestra propia imagen, esta idolatría nos ha separado de Dios, que es el único que nos da la verdadera dimensión y conocimiento de nosotros mismos. Esa falsa idolatría nos ha hecho creer que somos buenos, cuando Jesús nos pone en claro que uno solamente es bueno; a saber, nuestro Padre que está en el cielo; es más, nos añade, que si no estamos unidos a Él, que es el único camino, la única verdad y la única fuente de vida, no podremos poseer los bienes celestiales, al Padre mismo. Así es, sin Jesús, perdemos el horizonte del verdadero camino, del verdadero conocimiento, y de la verdadera fuente de gozo, la que nos trae el Espíritu Santo.

No hay mal que por bien no venga y tal vez este virus nos haga salir de nuestra ceguera espiritual y nos retorne al verdadero camino, al camino que nos arrebató el pensamiento modernista haciéndonos creer, con sus luces de bohemia, que el hombre, sin contar con Dios, era capaz de todo.

Cita bíblica Mateo (11, 25-29): En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Os dejo un enlace para que os descarguéis la novela a la divina misericordia. La Divina Misericordia es una devoción que se instauró en la Iglesia a raíz de unas apariciones que tuvo de Jesucristo una hermana, Sor Faustina koswalka, a la cual el mismo Jesús, le pidió que encargarse a un pintor, un cuadro con la misma apariencia con que Él se le había hecho presente. Os dejo un enlace para descargar la novena al móvil u ordenador, o por si la queréis imprimir, y otro para saber más sobre esta devoción. Pidamos al Señor que nos defienda del coronavirus y nos guarde para la vida eterna llevándonos a la conversión:

http://webcatolicodejavier.org/divinamisericordia.html

https://drive.google.com/open?id=1-F97zswaGX8I-MAExcu6NOT-zofUGChe

Comienza la fiesta, seáis todos bienvenidos

hijo pródigo

La lectura del evangelio de hoy nos lleva a la parábola del hijo pródigo de la cual podemos extraer muchas lecciones, porque todos en alguna ocasión hemos sido hijos pródigos, o hermanos envidiosos; aunque a lo largo de nuestra vida hayamos ocupado uno de esos dos roles por más tiempo. Analicemos algunas de esas lecciones ¿experimenté en mi propia carne una vida similar a la del hijo pródigo? Puedo decir que sí, de modo que he de confesar que, como el hijo pródigo (despilfarrador), derroché durante un buen periodo de mi vida la herencia que recibí de Dios, apartándome de las enseñanzas de Jesús por medio del evangelio, y a través de la iglesia y de mis padres. Como hijo pródigo quise ser independiente y me dejé llevar por los cantos de sirena que el mundo me lanzaba prometiéndome una felicidad que se tornó, como todo lo que ofrece el mundo, frívola, efímera y esclavizante; porque todo lo que no proviene de Dios, te encadena a tus pasiones, a tus miedos, a los engaños de Satanás y, también, de los que manejan los destinos del planeta por medio de la política y los medios de comunicación. Como hijo pródigo me sentí desposeído de la herencia: solo, trabajando para mis pasiones y vicios (estos eran mis cerdos), y mi comida -el mismo pecado- que me hundía cada día más en mi propia miseria, hasta que mi alma quedó como un harapo -como un desecho- incapaz de reconocer, como indigente, su olor a cloaca.

Como hijo pródigo miré hacia la casa de mi padre -hacia el cielo- más por necesidad que por verdadero arrepentimiento (en tanta oscuridad andaba mi alma que era incapaz aún de reconocer el amor y la verdad del Padre). Sin embargo, para mi sorpresa, esa nieblas que cubrían mi alma, se fueron despejando cuando vislumbré que mi papa en la entrada de su casa -el umbral del Amor- me estaba esperando apoyado en una columna, y sin ningún reproche a causa de mi ceguera espiritual, me atraía hacia él con voz dulce y delicada, abrazándome entre su pecho, para mostrarme los latidos de gozo inefable que emitía su corazón (mi papá sabía que bajo su protección ya estaba a salvo). Por un instante volví mi mirada a la columna, en la que pude observar este grabado: veinticinco años, dos meses y tres días, por debajo de esta cifra multitud de rayas, una tras otras, hendidas en el pedernal del granito.

Mi hermano ¡pobre hermano mayor…! yo también fui como él. Por largos años no entendí ese amor incondicional de mi Padre, ese amor que no juzga, que no ve a través de etiquetas, ese amor que no lleva en cuenta el mal y que por tanto no guarda rencor. En muchas ocasiones, fui incapaz de ver en mi hermano arrepentido y vuelto a casa, su alma nueva, limpia, renovada por el corazón del Padre. Siempre se me escapaba una sospecha ¿y será de verdad que vuelve para quedarse? ¿porque una fiesta tan grande para mi hermano y un abrazo tan prolongado? ¿por qué mi hermano se ha sentado en la mesa junto a mi Padre, el lugar que deberia ocupar yo? Ignorante de mí, al final me di cuenta, de que tal vez no actué como el pequeño (pidiendo la herencia), más que por amor, respeto, fidelidad y confianza en mi Padre, por miedo a dejar muchos de los privilegios que junto a Él tenía. Había estado tan ciego, que fui incapaz de conocer a mi Padre en su interioridad; de bucear en sus entrañas insondables; de saber que a su lado gozaba prácticamente de los numerosos privilegios que Él tenía por derecho propio. Demasiados años perdidos en un mar de miedos paralizantes; de dudas y preguntas inquisidoras que nunca confié a mi Padre porque lo veía desde un pedestal, inalcanzable.

Y ahora prepárate porque la Fiesta ha comenzado: yo el hijo pequeño a gozar de la libertad de estar bajo el techo de mi Padre (paz, gozo, amor, provisión, conocimiento, voluntad, gracia) y no bajo el paraguas de mis pasiones, y conocimiento limitado sin respuestas . Yo el hijo mayor porque al final he conocido la intimidad de mi padre, también a mí me ama con amor exclusivo y predilecto, por lo que he dejado de arroparme también con mi paraguas; el paraguas del temor (hijo todo lo mío es tuyo). ¡Celebremos cantos de alabanza y de victoria al Padre Eterno, porque la Fiesta acaba de comenzar para todos¡¡Aleluya porque el hijo que estaba perdido ha sido recuperado y sanado! ¡Alegría en la casa del Señor, porque el amor del Padre que estaba oculto a la vista del hijo mayor ha sido desvelado y su temor a quedado derrotado! ¡Bendito sea el Padre que lo ha hecho, ha sido un milagro patente, a Él la gloria y la honra por toda la Eternidad, junto a Jesús y al Espíritu Santo! ¡Amén!

Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: “Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’.
Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'”.
Salmo 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;

no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;

cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.

Solo el amor engendra amor

frases-dia-madre-

En alguna ocasión algunos de mis conocidos me habrán oído decir que, si las mujeres amasen a sus maridos y al resto de la humanidad de igual modo que aman, perdonan, esperan, confían, toleran, cuidan, miman, protegen, comprenden y median, como lo hacen con sus hijos, al mundo no lo conocería ni su padre, ni Dios (dicha expresión -ni Dios- siempre me ha chirriado, pero aquí parece que cuadra a la perfección). Pues sí, ¡se imaginan lo que sería, media población del planeta amando de modo incondicional a la otra media…! Solo el amor engendra amor, al igual que el odio engendra odio. No es precisamente amor lo que enseñan en la sociedad actual los promotores de la Ideología de género y del feminismo, manipulando la realidad y la conciencia de las mujeres -también de ciertas minorías- para sus propios fines hegemónicos y económicos. Sin embargo, no quiero en este momento entrar en más detalle sobre la ideología de género, porque no era este el tema que en principio me ha llevado a escribir este post, sino un cuento que el Cardenal Sarah, introduce en su libro La Fuerza del Silencio, atribuido a un místico musulmán o escuela musulmana, cuya conclusión coincide con el pensamiento que yo también había tenido años atrás, y que he dejado expuesto al principio de este artículo.

A continuación os dejo el cuento y la introducción del Cardenal Sarah ya que merece la pena hacernos consciente de que nuestra felicidad está muy relacionada con la manera en que nuestra mente enfoca el mundo exterior y muy poco con ese mismo mundo externo a nosotros mismos.

En la Cruz, Jesús nos reconcilió con Dios: destruyó la barrera que nos separaba a unos de otros, venció los obstáculos que estorbaban el camino hacia la bienaventuranza eterna. Cristo sufrió por nosotros: nos deja su ejemplo para que sigamos sus pasos. Contemplando la Cruz y haciendo nuestra esta oración, seremos capaces de cualquier diálogo, de cualquier perdón, de cualquier reconciliación. La tradición del islam místico comparte esta misma convicción. Me gustaría relatarle algo tomado de la leyenda dorada de los santos musulmanes:

Un día, Suturá, una buena mujer, fue a visitar a Tierno Bokar, el sabio de Bandiagara: esta aldea de Mali está situada en la meseta del mismo nombre, rodeada de altos acantilados al pie de los cuales viven los dogon, pueblo famoso por su arte austero, su compleja cosmogonía y su hondo sentido de la trascendencia. «Tierno –le dijo Suturá–, estoy muy irritable. Me molesta hasta lo más insignificante. Querría recibir de ti una bendición o una oración que me haga dulce, amable y paciente». No había acabado de hablar cuando su hijo, un niño de tres años que estaba esperándola en el patio, agarró una tabla y le dio un golpe en la espalda. Ella miró al niño, sonrió y, atrayéndolo hacia ella, dijo dándole un cachete cariñoso: «¡Qué niño más malo! Mira cómo trata a su madre…». «Si tan irritable estás, ¿por qué no te enfadas con tu hijo?», le preguntó Tierno Bokar. «Si no es más que un niño –contestó Suturá–. No sabe lo que hace. Con un niño de esta edad no hay quien se enfade». «Vete a casa, querida Suturá –le dijo Tierno– y, cuando alguien te irrite, acuérdate de la tabla y piensa: “Tenga los años que tenga, esta persona está actuando como un niño de tres años”. Sé indulgente: puedes hacerlo, ya que acabas de serlo con tu hijo cuando te ha dado ese golpe. Obra así y no volverás a enfadarte. Vivirás feliz y te sentirás mejor. Las bendiciones que desciendan sobre ti serán mucho mayores que las que puedas recibir de mí: serán las bendiciones de Dios y del propio Profeta. Quien soporta y perdona una ofensa –continuó– se parece a una de esas grandes ceibas que ensucian los buitres al posarse en sus ramas. El aspecto repugnante del árbol solo dura una parte del año. Todos los inviernos Dios envía unos cuantos chaparrones que lo limpian de la copa a las raíces y lo revisten de un nuevo follaje. Procura prodigar el amor que sientes por tu hijo a todas las criaturas de Dios. Porque Dios quiere a sus criaturas como un padre a sus hijos. Entonces llegarás a lo más alto de la escala, allí donde, gracias al amor y la caridad, el alma solo ve y valora la ofensa para perdonarla mejor». Las palabras de Tierno supusieron tanto para Suturá que, a partir de ese día, consideró hijos suyos a todos los que la ofendían y no les respondió más que con dulzura, amor y una paciencia silenciosa y sonriente. Tanto cambió que, al final de su vida, la gente decía: «Paciente como Suturá». Nunca más hubo nada capaz de enfadarla. Cuando murió, se la consideraba prácticamente una santa.

¡Maldito el hombre que confía en el hombre!

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Muchas frustraciones, demasiadas depresiones, muchas búsquedas infructuosas en pos del amor, mucho tiempo perdido esperando cambios ajenos, muchas disputas y enfados en el seno de las familias se hubiesen evitado; muchas personas idealizadas no nos habrían herido, muchos amigos y políticos no nos habrían decepcionado, etc., si con anterioridad hubiésemos conocido las Escrituras, la hubiésemos memorizado e interiorizado y además hubiésemos creído en ella. ¿Por qué digo esto? pues por la enseñanza que nos deja la primera lectura de hoy y del evangelio, que, como es habitual en cuaresma nos invitan a la conversión. La primera lectura nos dice, aunque parezca fuerte, que maldito el hombre que confía en el hombremientras su corazón se aparta del Señor. Por otra parte, la misma lectura nos muestra las consecuencias funestas de obrar así y, por el contrario, los beneficios de poner toda nuestra confianza en Dios; en su palabra. Solo basta echar una mirada al exterior para ver cómo está el mundo; como están aquellas personas que pusieron su confianza en la palabra de los hombres y sus promesas de realización y felicidad ( confieso que yo también caí en la trampa). Cuantos hogares rotos tenemos hoy en día, porque la pareja la o lo decepcionó; cuantas personas (eso lo saben bien los médicos y los farmacéuticos) sostenidas a base de antidepresivos porque se fiaron de los cantos de sirena de novelistas, filántropos, guionistas de series y conductores de programas de televisión. Por otro lado, es alarmante como aumenta cada año el número de suicidios, y el motivo el mismo, se sintieron traicionados y sin salida porque no conocían a Dios y pusieron su esperanza y su corazón en las personas. El Padre Ignacio larrañaga dice algo parecido con otras palabras: no esperes nada de nadie, pero espera todo de ti mismo. Y tiene mucha razón, cuando uno no espera nada de nadie, sólo de Dios y de su propia entrega, no hay criatura humana que te pueda defraudar.

El evangelio redunda más en lo mismo, en esta ocasión haciendo hincapié, en aquellos que no se fiaron de Dios y sus profetas y se entregaron a acumular bienes materiales y el goce de la vida sin tener en cuenta las necesidades de los que sufren. Nos advierte que esto tiene consecuencias en la otra vida, y que después que hayamos sido juzgados por nuestras obras (lo dice Jesús utilizando una parábola) el que esté en el infierno no podrá atravesar sus puertas para reunirse a los redimidos y salvados. A demás nos advierte que el hombre duro de corazón, incluso los tenemos hoy dentro de la iglesia, aunque se les aparezca un muerto, no creerán en la condenación.

Textos bíblicos de las lecturas de hoy 21/03/19:

Libro de Jeremías 17,5-10.

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor!
El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza!
El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.
Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?
Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

Evangelio según San Lucas 16,19-31.

Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes.
A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro,
que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.
El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.
En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
Entonces exclamó: Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.
Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento.
Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí’.
El rico contestó: Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre,
porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento.
Abraham respondió: Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen.
No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán.
Pero Abraham respondió: ‘Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.

Salmo 1,1-2.3.4.6.

¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

¿Soy yo el fariseo?

trajeemperadorWEB (2)

La lectura del Evangelio de hoy, la veo más actual que nunca, no creo que haya habido otro siglo, si acaso igual o parecido, en el que más se haya vivido de la apariencia y la buena imagen que en el actual. La gente por aparentar tener, llega hasta endeudarse; de igual manera sucede que, para no ser discriminado y apartado del grupo en el que me relaciono, donde debería demostrar desacuerdo, muestro conformidad, aunque mi conciencia, y el sentido común me dictamine el precipicio por donde se desliza la sociedad. En una época como la actual en que los vínculos familiares, por otro lado, casi han desaparecido, tampoco es de extrañar que esa carencia afectiva se trate de suplir con un afán desmesurado de protagonismo y charlatanería hueca que aturde y en ocasiones también confunde y escandaliza a los más inocentes. Un tanto parecido pasa con respecto a Dios: si nuestra fe es débil y no tenemos claro que la Palabra de Dios es infalible y se cumple -en ella se nos repite de forma diferente y en multitud de ocasiones, que Dios suple todas nuestras necesidades tanto físicas como espirituales. Cf (Filipenses 4:19), (San Mateo 6:25, 32–33), (Jeremías 31:3)- resulta que buscaremos ponernos a salvo -en lugar de abandonándonos a Dios- sometiéndonos a los postulados de aquellas personas que quieran jugar con nuestros miedos e inseguridades para hacernos reos de su tiranía. Los santos siempre dan en la diana, por eso Santa Teresa de Calcuta, nos muestra en la reflexión al evangelio de hoy, el lugar o medio donde ahogar todos esos reclamos de protagonismo que hacemos cara a los demás, en el silencio de la oración, allí ante la cruz descubrimos nuestra insignificancia ante un Dios torturado que a diferencia nuestra no tiene miedo a dar la vida por mí sanación y salvación.

Seguir el vinculo para meditar en el evangelio de hoy, con el comentario de Santa Teresa de calcuta: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2020-03-10