Miércoles de la 34a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 21,12-19.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Comentario: San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968)
capuchino

“Gracias a la constancia, salvarán sus vidas” (Lc 21,19)
No estén preocupados al considerar que el tiempo de la prueba será largo todavía. Es preferible el purgatorio, sufrido por voluntad de Dios, que el deleite por el claustro, pálida figura de la Jerusalén celestial. Sólo llegamos a la salvación si atravesamos el mar agitado, amenazante siempre de convertirse en una tumba. Discierno en ustedes una pequeña inquietud, una preocupación, que impiden a la paciencia y a la constancia de producir todos sus efectos. “Gracias a la constancia, salvarán sus vidas” (Lc 21,19), nos dice el divino Maestro. Gracias a ella poseeremos nuestra vida y, más perfectas serán ellas, más poseeremos nuestra vida enteramente, perfectamente, seguramente. Menos será mezclada de preocupación y turbación, más nuestra paciencia y constancia serán perfectas. (…) Vuélvanse enteramente al muy bondadoso Esposo de la vida, pongan su cabeza sobre el Corazón del tierno Esposo, como el discípulo amado. El Maestro celestial no permitirá que se les caiga un solo cabello (cf. Lc 12,7), como no lo permitió en Getsemaní con sus discípulos.

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para darme sin medida al prójimo. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos.

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