Feria de tiempo de Navidad (2 ene.)
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 1,19-28.
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?».
El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías».
«¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No». «¿Eres el Profeta?». «Tampoco», respondió.
Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».
Algunos de los enviados eran fariseos,
y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:
él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia».
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
Comentario: Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX
Canon au Précurseur (SC 486, Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004),
¡Ten piedad de mí, Jesús, por la intercesión del Bautista!
Tú, la Voz del Verbo, recibe ahora nuestras voces, oh Bautista, y libera a tu pueblo de las pasiones, peligros, numerosas aflicciones y del castigo eterno.
Indicas siempre, Bienaventurado, al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Suplícale que borre mis graves y largas fallas y réndeme digno de la vida.
Oh mi alma, apresúrate y grita, disipando la oscuridad de las locas pasiones: “¡Ten piedad de mí, Jesús, por la intercesión del Bautista y retírame del cenagal de mis acciones!”
Madre de Dios, Aquel ante el cual se tienen temblando las tropas celestiales y que por pura bondad se unió a los mortales, tú, Purísima, lo traes al mundo. Suplícale insistentemente de tener piedad de tus servidores. (…)
En el bautismo has visto al Espíritu Santo descender sobre el Verbo bajo la forma de una paloma. Fuiste juzgado digno, Bienaventurado, de escuchar la voz del Padre: “Este es mi Hijo que comparte mi trono”. A él la Creación entera canta “¡Celebren al Señor, todas sus obras, exáltenlo por los siglos!”
Madre de Dios, conserva mi inteligencia en la humildad. Joven llena de la gracia de Dios que al dar a luz has aplastado la revuelta del demonio, levántame del barro de las pasiones y alimenta al que con hambre de gracia despliega este canto “¡Celebren al Señor todas sus obras y exáltenlo por los siglos!”
Meditación: Demos gracias a Dios por un año más que comienza en el que nos brida una nueva ocasión para la conversión y para que su Palabra no sea una vez más un grito en el desierto de la rutina diaria y los brazos caídos. Hay que pedir insistentemente al Espíritu Santo que renueva nuestras fuerzas ya que hemos recibido por nuestros padres y por la Iglesia todas las gracias que nos trae el bautismo.
