Evangelio del día. Evangelio según San Mateo 12,14_21

14 En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.
15 Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos.
16 Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer,
17 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
18 Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones.
19 No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas.
20 No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia;
21 y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

Comentario: Orígenes (c. 185_253), presbítero y teólogo
En el transcurso de una comida, Jesús se levanta, se quita el manto y adopta la actitud de esclavo, tal como lo describen las palabras siguientes: “…tomó una toalla y se la ciñó a la cintura” para no estar del todo desnudo y para enjugar los pies de sus discípulos con su propio manto. (cf Jn 13,2-5) Mirad hasta qué punto se abaja la grandeza y la gloria del Verbo hecho carne, hasta lavar los pies a sus discípulos. “Echó agua en una jofaina”.“Abrahán alzó los ojos y vio tres hombres que estaban de pie delante de él. En cuanto los vio, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y postrándose en tierra, dijo: Mi Señor, por favor, te ruego que no pases de detenerte con tu siervo.” (Gn 18,2-3) Pero no es Abrahán que toma agua ni dice que él mismo va a lavar los pies de los forasteros que han venido hasta él, sino que dice: “Haré que os traigan agua para lavaros los pies.” Tampoco José trajo él mismo agua para lavar los pies a sus once hermanos, sino su mayordomo “los introdujo en la casa, les puso agua para que se lavaran los pies.” (Gn 43,24) Pero aquel que declaró: “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Mt 20,28) dijo con toda verdad: “Aprended de mí que soy sencillo y humilde de corazón.” (Mt 11,29) El Señor vierte, él mismo, el agua en la jofaina. Sabía que nadie, salvo él mismo, podía lavar los pies a sus discípulos para que esta purificación les conceda tener parte con él. El agua, pienso, era una palabra capaz de lavar los pies de los discípulos que se acercaban a la jofaina preparada por Jesús.

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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