Evangelio según San Juan 1, 45_51
45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».
46 Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
47 Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
48 «¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
49 Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
50 Jesús continuó: «Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía».
51 Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Comentario: San Ambrosio (c. 340_397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Carta 2 (PL 16. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d’Orval, 1970l Recoge el agua de Cristo, la que alaba al Señor. Reúne el agua que viene de diversas fuentes, el agua que hace llover las nubes de los profetas. El que recoge en sí mismo el agua de las montañas, o que extrae la de los manantiales, se pone a esparcirla como una nube. Llena con esta agua tu cuerpo y tu espíritu para que tu tierra se humecte, irrigada por sus propias fuentes. Es con una lectura inteligente que nos llenamos el espíritu y el que se llena puede irrigar a otros. En este sentido la Escritura dice: “Cuando las nubes están llenas lluvia, se versan sobre la tierra” (Ecl 11,3). Que tu palabra abundante corra con transparencia y claridad. Versarás así en los oídos de tu pueblo una enseñanza llena de bondad. Seducido por la gracia de tus palabras, te seguirá con gusto adonde lo conducirás. Que tus palabras estén plenas de sabiduría. Salomón lo dijo: “El arma del espíritu es la boca del sabio” (cf. Prov 14,3).En otro lado, “Que tus labios se peguen al sentido (cf. Prov 15,7), es decir, que tu exposición sea clara, tu inteligencia iluminada y tu discurso no tenga necesidad de apoyarse sobre el de otros, sino que sea fuerte con sus propias armas. Que ninguna palabra sin sentido salga en vano de tu boca.
