Viernes de la 1a semana de Adviento
El E_vangelio del día
Evangelio según San Mateo 9,27-31.
Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David».
Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron y él les preguntó: «¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?». Ellos le respondieron: «Sí, Señor».
Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Que suceda como ustedes han creído».
Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: «¡Cuidado! Que nadie lo sepa».
Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.

Comentario: Hildebrand (siglo XIII)
monje cisterciense

Opúsculo sobre la contemplación
“Ten piedad de nosotros, hijo de David”
Jesús bendito, mi esperanza, mi expectativa, mi amor, tengo que decirte una cosa, algo sobre ti, una palabra llena de dolor y miseria. Tú eres el Verbo, el único engendrado del Padre no-engendrado, hecho carne por mi, Palabra salida del corazón del Padre, Palabra pronunciada por el Padre una sola vez (cf Hb 9,26), Palabra a través de la cual “en los últimos días” (Hb 1,2) tu Padre celestial me ha hablado, dígnate escuchar, tú, Palabra de Dios, la palabra que abundantes deseos hacen salir de mi corazón. Escucha y ve: mi alma está triste y turbada cuando cada día me dicen: “¿Dónde está tu Dios?” (Sl 41,4). No puedo responder nada, temo que no estés aquí, no siento tu presencia.Mi corazón arde en deseos de ver a mi Señor. ¿Dónde están, en efecto, mi paciencia y mi constancia? Eres tú, Señor, Dios mío, y ¿qué voy a hacer? Te busco y no te encuentro; te deseo y no te veo; te persigo y no te alcanzo. ¿Cuál es mi fuerza para que te pueda tener? ¿Hasta dónde puedo soportar? ¿Hay algo más triste que mi alma? ¿Algo más miserable? ¿Algo más probado? ¿Crees tú, amor mío, que mi tristeza se cambiará en gozo cuando te veré? (Jn 16,20)… “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1S 3,9). ¡Señor, mi Dios, que yo pueda escuchar lo que tu me dices. Di a mi alma: Yo soy tu salvación! (Sl 84,9;34,3). Dime algo más, Señor, y habla de manera que yo pueda escuchar: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo” (Lc 15,31). ¡Ah!, Verbo de Dios Padre, eso es lo que he querido escuchar.

Avatar de Desconocido

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

Puedes dejar tu opinión sobre esta entrada