El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 20,27-40.
Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección,
y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.
Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.
Finalmente, también murió la mujer.
Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?».
Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan,
pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.
Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él».
Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien».
Y ya no se atrevían a preguntarle nada.

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia

Morales sobre el libro de Job
*La esperanza en la resurrección*
           Busquemos minuciosamente en las palabras del bienaventurado Job si la resurrección será verdadera y si en la resurrección el cuerpo será verdadero. He aquí que no podemos poner en dudas la esperanza en la resurrección ya que Job dice “Yo, con mi propia carne, veré a Dios” (Jb 19,26). Acerca de la hesitación sobre la verdadera restauración del cuerpo, sus palabras alejan la duda y toda ambigüedad “Si. Yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño” (Jb 19,27). La resurrección y la carne, son afirmadas expresamente. ¿Qué queda aún para que sumerjamos nuestro espíritu en la duda? (…)

           Nosotros, seguimos la fe del bienaventurado Job y creemos que después de la resurrección el cuerpo de nuestro Redentor  era verdaderamente palpable. Nosotros, también confesamos que después de la resurrección nuestra carne será a la vez la misma y diferente, la misma por su naturaleza y diferente por su gloria, la misma en su verdad y diferente en su poder. Será sutil, porque será también incorruptible. Será palpable, porque no perderá la esencia de su verdadera naturaleza.

         ¿Con qué esperanza el santo guarda esta confianza en la resurrección, con que certeza la espera?  Sus palabras expresan que la esperanza está en él, guardada en lo profundo de su corazón. Nada en el mundo es para nosotros más cierto que lo que está en lo profundo de nuestro corazón. Y Job ha tenido guardada su esperanza en la resurrección en lo profundo de su corazón.

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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