Los afanes de la vida y el tiempo que dedicamos al ocio en estos dos últimos siglos nos alejan de lo único que realmente da sentido a nuestra vida y la encamina a su plenitud para la cual fuimos creados, a saber, gozar de la presencia y del amor de Dios en nuestra vida. Lo demás, sin esta realidad de Dios en nosotros, siempre serán intentos fallidos por construir un mundo mejor, y así lo venimos contemplando, década tras década, desde las diferentes ideologías y teorías que se desentienden o se apartan de la Palabra de Dios: de la moral propuesta por Jesucristo y las columnas de la Iglesia sus apóstoles. El cuerpo de Cristo es uno sólo, y todo lo que cree un desequilibrio en él, afecta al resto de sus miembros y por extensión a toda la humanidad
Martes de la 27a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 10,38-42.
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».
Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».
