“Señor, en el silencio de este día que nace, vengo a pedirte paz, sabiduría y fortaleza. Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor; ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno. Ver, detrás de las apariencias, a tus hijos, como los ves tú mismo para así poder apreciar la bondad de cada uno. Cierra mis oídos a toda murmuración, guarda mi lengua de toda maledicencia y que sólo permanezcan en mí los pensamientos que bendicen. Quiero ser tan bien intencionado y justo que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia. Revísteme de tu bondad, Señor, y haz que durante este día yo te refleje. Amén”

El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 17,7-10.

El Señor dijó:
«Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: ‘Ven pronto y siéntate a la mesa’?
¿No le dirá más bien: ‘Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después’?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ‘Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber’.»

Comentario:

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

¡Feliz el que pone en Dios el comienzo y fin de sus obras!

Sería mejor para ti, que te sintieras inútil y pecador y no que estuvieras en la tibieza… ya que si entendieras que eres pecador, te arrancarías a las malas acciones…. Pero eres como un viento tibio que no aporta humedad a los frutos no les da calor.

Eres el que empieza y no termina, rozas el bien al inicio y no te alimentas de él al finalizar. Semejante a un viento que acaricia el rostro pero no nutre el interior. ¿Es mejor un ruido vano o una obra llevada a término?… Entonces, actúa en el silencio de la humildad y no te eleves con orgullo, ya que no contará para nada el que se esfuerza por obtener un orgullo de fuego lo que desprecia cumplir en el abandono del amor.

Vanos e ilusos, los que ponen en ellos mismos su confianza… Los que en su orgullo ponen en ellos mismos su confianza, desean parecer más sabios que sus padres y no quieren caminar según su alianza, sino que en su gran inestabilidad se dan a ellos mismo leyes según su capricho… Lo que puede parecer bueno a los hombres por un error de su espíritu, cuando no fijan intensamente su mirada en Dios y no son envueltos por el soplo del Espíritu Santo, eso irá a la muerte ya que surgió de la vana gloria. (…)

Feliz el que teniendo confianza en mí, pone su esperanza y el comienzo y fin de sus obras en mí, no en él. No caerá.

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para darme sin medida al prójimo. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos.

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