Lunes de la 4a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 10,11-18.
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».
San Juan Clímaco (c. 575-c. 650)
monje en el Monte Sinaí
La Santa Escala (Carta al Pastor, 2-4.9a.40.9b.28, rev.)
*Pastor sigue al único Pastor*
El verdadero pastor es aquel que, por su bondad, su celo y su oración, es capaz de buscar y de volver al buen camino las ovejas racionales que están perdidas. El piloto es aquel que obtuvo, por la gracia de Dios y por sus propios trabajos, una fuerza espiritual que lo vuelve capaz de arrancar el barco de las olas desencadenadas y del propio abismo. El médico es aquel que alcanzó la salud del cuerpo y del alma, y no necesita ningún remedio para ellos.
Un buen piloto salva su barco y un buen pastor vivifica y cura a sus ovejas enfermas. Cuando las ovejas estén pastando, el pastor no debe cesar de servirse la flauta de sus palabras, sobre todo cuando el rebaño se apresta a dormir. Pues el lobo no teme a nada tanto como al eco de la flauta pastoril. Cuanto más fielmente sigan las ovejas al pastor y hagan progresos, tanto más responderá por ellas ante el Señor de la casa.
La caridad permite conocer al verdadero pastor, porque por caridad el gran Pastor quiso ser crucificado.
