Miércoles de la 4a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 12,44-50.
Jesús exclamó: «El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió.
Y el que me ve, ve al que me envió.
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar;
y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó».
Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
*La unión a Dios y la salvación de las almas*
La criatura que desea ardientemente la gloria de Dios y la salvación de las almas, procura ejercitarse cierto tiempo en las virtudes ordinarias y en el conocimiento de sí misma, para así conocer mejor la bondad de Dios hacia ella. Del conocimiento surge el amor y el que ama procura seguir la verdad y revestirse de ella. Nada hace gustar tanto a la criatura esta verdad, nada le procura tanta luz, como la oración humilde y continua, fundada en el conocimiento de sí misma y de Dios. Esta oración, así comprendida, une el alma con Dios.
Siguiendo entonces las huellas de Jesucristo crucificado, por deseo, por afecto, por unión de amor, la criatura deviene otro Cristo. Es lo que Cristo ha querido enseñarnos con estas palabras “El que me ame será amado por mi Padre y yo me manifestare a él” (Jn 14,21) y “que ellos sean uno, como nosotros somos uno – yo en ellos y tú en mi- que sean uno” (Jn 17,22). Encontramos palabras semejantes en muchos lugares de la Escritura. Ya que Cristo es la Verdad, ellas nos hacen ver que por amor el alma deviene una con él.
Para mostrarlo más claramente, recuerdo lo que conocí por una sierva de Dios En un arrebatamiento del espíritu durante su oración, Dios abriendo velos le había hecho contemplar el amor que tiene por sus servidores. Le decía “Abre los ojos de tu inteligencia y mira en mí: verás la dignidad y la belleza de mi criatura razonable. Además de la belleza que he dado a las criaturas creándolas a mi imagen y semejanza, contempla a los que son revestidos de la vestimenta nupcial, es decir de la caridad, embellecida con la multitud de las virtudes. Ellos son uno conmigo por amor”.
