Miércoles de la 7a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 17,11b-19.
Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
«Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.»

Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina

El Heraldo, Libro III (SC 143. Œuvres spirituelles, Cerf, 1968), trad. sc©evangelizo.org
Gustar el conocimiento de Dios
Hacia usted, Vida de mi alma
Hacia usted se vuelve mi corazón
Que una fuerza de ardiente amor
Ha fundido en un único deseo.
Si va hacia alguien otro que usted,
Que en seguida quede sin vida. (…)

Usted es Perla fecunda, riqueza de la humanidad,
Obrero de infinita sabiduría,
Maestro de infinita sabiduría,
Guardian de infinita entrega,
Amigo de infinita fidelidad.

Usted es bondadoso Salvador de total intimidad,
Caricia de infinita delicadeza,
Ternura de infinita bondad,
Amor de infinito ardor,
Abrazo de infinita suavidad,
Celo de infinita pureza. (…)

Lo prefiero a todas las criaturas,
Por usted renuncio los placeres,
Por usted afronto las adversidades.
En todo esto no me importa ser alabado, sino usted sólo.
Porque de esto, como de todo bien, usted es la savia,
Lo proclamo de corazón y de labios.

Bajo el impulso de su ardor,
Uno el impulso de mi piedad
A la virtud de su oración,
Con el fin que la pureza de esta divina unión,
Dónde será disipado el instinto rebelde,
Me conduzca a la cumbre de la suprema perfección. (…)

En seguida Gertrudis experimentó los bienes de su oración. Al terminar, vio que la faz de su alma aparecía brillantemente iluminada de la luz divina y que el conocimiento de Dios era de un gusto más agradable.

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para darme sin medida al prójimo. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos.

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