Martes de la 10a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 5,13-16.
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

El Libro de las Obras Divinas (“Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Éditions des Béatitudes, 2012), trad.
El alma es penetrada con la luz de la razón, como el mundo por el sol
Todos los elementos son distintos en el hombre y respetan un orden determinado. El alma aparece como un fuego y, en ella, la razón es como una luz. El alma es penetrada con la luz de la razón, como el mundo es iluminado por el sol. Así, por la razón, ella puede prever y conocer todas las obras del hombre. (…)

El sol, obscurecido por una nube negra, escondido bajo los relámpagos, truenos y lluvias abundantes, no aparece. Cuando ellos cesan, el sol esparce de nuevo su luz. Así ocurre en el alma del hombre, tan oprimida por el cuerpo que ella actúa según los deseos de la carne y la luz interior de la razón se ensombrece. Porque la cólera es como el relámpago, la avidez como el trueno, los deseos ilícitos de la carne como las lluvias torrenciales. Cuando la penitencia la ha limpiado de sus males, el alma brilla de nuevo en la claridad de la verdadera luz, iluminada por la esperanza de la liberación y la salvación. El alma exhala entonces la razón, como el fuego solar difunde sus rayos, y por ella discierne lo que es celeste de lo que es terrestre.

El alma del hombre es afirmada por el fuego del sol del Espíritu Santo para cumplir el bien, pero el fuego de la pereza y de la negligencia, la debilita. El fuego de la paciencia y de la compunción del espíritu, se unen, hacen producir al hombre frutos buenos, lo confortan y lo ornan de todo lo que es útil para que nada lo pueda separar del servicio y amor de Dios.

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para darme sin medida al prójimo. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos.

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