Viernes de la 11a semana del Tiempo Ordinario 19 Junio
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 6,19-23.
Jesús dijo a sus discípulos:
No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban.
Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.
Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado.
Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!
Comentario: Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
Nuestra fe, victoria en el mundo (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936),
La alegría de la fe
Es necesario que el ardor de nuestra fe anime nuestras mínimas acciones. Si nos aplicamos, nuestra vida será plena de luz y alegría. Los más pequeños detalles de nuestras jornadas nos aparecerán como perlas preciosas, que quisiéramos adquirir para componer nuestro tesoro en el cielo. A medida que avanzamos en la fe, que ella es más firme, más ardiente y activa, la alegría llena cada vez más nuestra alma. Las claridades se suman a las claridades, la esperanza se afirma de día en día al ver sus horizontes crecer. Al sentirse más ardientemente el amor, todo resulta más fácil y corremos en la vía de los mandamientos del Señor. (…)
En el cielo, la fuente de nuestra alegría será la pertenencia segura, perfecta e imperdible del bien soberano e inmutable, en la plena luz de la gloria. Aquí abajo, la fuente de nuestra alegría es el inicio de la pertenencia a Dios, la unión anticipada a Dios. Esta pertenencia, esta unión es más íntima cuanto más estamos inmersos en la luz de la fe. La alegría que la fe nos procura es necesaria acá abajo. Es Dios mismo que ha conformado nuestro corazón y lo ha hecho de tal manera que tiene necesidad de alegría.
