¡Pero sino perdonan…!

Martes de la 1a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 6,7-15.
Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Comentario: Evagrio Póntico (345-399)
Monje en el desierto de Egipto

Filocalia de Padres Népticos, Capítulos sobre la oración (Philocalie des Pères neptiques, Chapitres sur la prière, DDB-Lattès, 1995

Si deseas rezar
La oración es un retoño de la mansedumbre y de la ausencia de cólera.

La oración es fruto de la alegría y la acción de gracias.

La oración es exclusión de la tristeza y del desaliento. […]

Si deseas rezar correctamente, no entristezcas a nadie, Sin esto, en vano corres.

Está escrito, deja tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano (cf. Mt 5,23-24). Habiendo vuelto, rezarás sin turbación ya que el resentimiento enceguece la razón del que reza y oscurece sus oraciones.

Los que acumulan interiormente penas y resentimientos se asemejan a gente que saca agua para verterla en un barril agujereado. […]

Si quieres rezar “en espíritu”, no tengas aversión por nadie y no tendrás nubes que te obscurezcan la vista durante la oración. […]

La atención en busca de la oración, encontrará la oración. Si algo sigue a la oración, es la atención. Es necesario, entonces, aplicarse.

Tal como la vista es lo mejor de todos los sentidos, la oración es la más divina de todas las virtudes. […]

Cuando en tu oración hayas llegado arriba de toda alegría, es entonces que en verdad has encontrado la oración,

¿Creer al hombre o creer a Dios?

Nunca más actuales que hoy estás palabras de San Pablo. Y si algo tiene la Palabra de Dios es que es Eterna; viva y eficaz para los hombres de todos los tiempos. De esto nos advertía S. Pablo y como veréis se está cumpliendo: (Gálatas 1,8-11) Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (excomulgado, reprobado). Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Lunes de la 1a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 25,31-46. Discípulo y testigo directo de Nuestro Señor Jesús.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad

El buen celo (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936),
¿Cuál es la caridad verdadera?
Pensar en el prójimo más que en nosotros mismos. Pensar en sus intereses, su agrado, su alegría. Este es el signo de la verdadera caridad. Para actuar de esta forma -no sólo una vez sino diez veces, siempre y en todas circunstancias- con respecto a nuestros hermanos, sin distinción, hay que amar verdaderamente a Dios. Semejante amor del prójimo reclama demasiada abnegación como para poder sostenerse largo tiempo, apoyándose sólo en sí mismo. Únicamente es posible si nace de Dios. Por eso, Jesús en persona reporta la caridad hacia el prójimo como el signo por excelencia de Dios, en un alma. (…) ¿Qué es la caridad? Es el amor de Dios, abrazando en un mismo impulso a Dios y a todo lo que le está unido: la humanidad de Cristo y, en Cristo, todos los miembros de su cuerpo místico. Cristo está afligido en los afligidos, enfermo en los enfermos, triste en las almas acabadas de tristeza.¿No es la palabra misma de la verdad infalible "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25,40). Nuestro Señor, al encarnarse, tomó sobre sí mismo todas nuestras debilidades (cf. Is 53,4). Aliviándolas en el prójimo, es a él que aliviamos. (…) Veamos en nuestro hermano a Cristo mismo y lo serviremos con solicitud. (…) Si tenemos esta visión de la fe, nuestro amor será siempre entusiasta, desinteresado y no nos quejaremos si debemos frecuentemente darnos a los otros.

El ayuno purifica el alma y arrastra bendiciones del cielo

Viernes después del Miércoles de Ceniza
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 9,14-15.
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».
Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
El origen de la Cuaresma: acompañar a los catecúmenos en su camino hacia el bautismo en Pascua.
Después de este tiempo dedicado al ayuno, el alma purificada y agotada, llega al bautismo. Repara sus fuerzas por la inmersión en las aguas del Espíritu. Todo aquello que había quedado consumido por las llamas de la enfermedad renace del rocío de la gracia del cielo. Abandonando la corrupción del hombre viejo, el neófito recobra una nueva juventud… Por un nuevo nacimiento, renace como criatura nueva, siendo el mismo que había pecado. Elías,por un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches mereció poner fin, gracias al agua del cielo, a una sequía larga y terrible en toda la tierra (cf 1R 19,8; 18,41). Apagó la sed ardiente del suelo con una lluvia copiosa. Estos hechos se produjeron como ejemplo para nosotros, para que nosotros, después de un ayuno de cuarenta días, merezcamos la lluvia bendita del bautismo, para que el agua celestial riegue toda la tierra árida en los hermanos de todo el mundo. El bautismo como un rocío de salvación pondrá fin a la larga esterilidad del mundo pagano. En efecto, quien no ha sido bañado en la gracia del bautismo padece sequía y aridez espiritual. Por un ayuno de idéntica duración, el santo Moisés mereció hablar con Dios, convivir con él, recibir de manos de Dios los preceptos de la Ley (Ex 24,18)... También nosotros, hermanos, ayunemos con fervor durante este período, para que...se nos abran también a nosotros los cielos y se cierren los infiernos.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

Jueves después del Miércoles de Ceniza
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 9,22-25.
Jesús dijo a sus discípulos:
«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».
Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars

¡Qué preciosa es un alma a los ojos de Dios!
Para conocer el precio de nuestra alma, tenemos que considerar lo que Jesucristo hizo por ella. Mis hermanos, quien de nosotros podrá comprender cuanto el Buen Dios estima nuestra alma. Para hacer feliz a su criatura, ha hecho todo lo que es posible a un Dios. Para sentirse aún más llevado a amarla, la ha creado a su imagen y semejanza. Al contemplarla se contempla a sí mismo. Vemos que da a nuestra alma los nombres más tiernos y los más capaces de mostrar un amor hasta el exceso. A nuestra alma la llama hija, hermana, bien-amada, esposa, su única, su paloma. Pero no es suficiente: el amor se muestra mejor con las acciones que con las palabras. Vean su prisa por venir del cielo, para tomar un cuerpo semejante al nuestro. Esposando nuestra naturaleza, esposó todas nuestras enfermedades, salvo el pecado. O más bien quiso encargarse de la justicia que su Padre pedía para nosotros. Vean su anonadamiento en el misterio de la Encarnación. (…) ¿No es ese, mis hermanos, un amor digno de un Dios que es el amor? Mis hermanos, así nos muestra la estima que tiene por un alma. ¿Es suficiente para hacernos comprender lo que ella vale y cuánto debemos cuidarla? ¡Ah mis hermanos! Si una vez en nuestra vida tuviéramos la felicidad de comprender la belleza y el valor de nuestra alma, estaríamos listos cómo Jesucristo para hacer todos los sacrificios para conservarla. ¡Qué bella es un alma y qué preciosa a los ojos de Dios! ¿Cómo es que hacemos poco caso y tratamos nuestra alma más duramente que a un animal?

¡Señor auméntame la fé!

Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción
Si algo tiene la Palabra salida del Padre, Jesús, es que siempre es actual, viva y eficaz. Hoy, frente al Evangelio, deberíamos preguntarnos si para nosotros también puede ser signo de contradicción, de elevación o de caída.

La Presentación del Señor
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 2,22-40.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

San Nersès Snorhali (1102-1173)
patriarca armenio

Jesús, Hijo Único del Padre (SC 203, Jésus Fils Unique du Père, Cerf, 1973)
“Sus padres llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc 2,22)
Según la santa alianza de los Patriarcas,
has recibido la circuncisión al octavo día,
Para que el corazón incircunciso del hombre,
lo circuncides, gracias a tu Espíritu.

Tú, el Legislador, según la Ley,
entraste al Templo para ser ofrecido.
Tú, el Anciano de los días,
en sus santos brazos el anciano te acariciaba como Niño.

A mí, nacido en el vicio por el pecado,
habías hecho renacer en la Fuente sagrada.
Por el engaño del Malvado, me he despojado de mi nuevo nacimiento
y me sumergí en el lodo de los vicios.

Purifícame de nuevo por tu Nacimiento,
ofreciéndome al Padre que está en el cielo.
Gracias a las súplicas de la Madre de Dios
y del anciano Simeón.

“Confiad a Dios todas vuestras preocupaciones, él cuidará de vosotros”

“Confiad a Dios las preocupaciones, él cuidará de vosotros”(1Pe 5,7).
Evangelio según San Marcos 6,7-13

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;
que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.
Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.
Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

Comentario : Tomás de Celano (c. 1190-c. 1260), biógrafo de San Francisco y de Santa Clara.

Un nuevo aspirante entró en la Orden y así creció el número hasta ocho miembros. Entonces, el bienaventurado Francisco los reunió a todos y les habló largamente sobre el Reino de Dios, sobre el menosprecio del mundo, sobre la renuncia a la propia voluntad y sobre la docilidad. Luego, los dividió en cuatro grupos de a dos y les dijo: “Id, hermanos míos queridos, recorred las diversas regiones del mundo, anunciad la paz a los hombres y predicad la penitencia que obtiene el perdón de los pecados. Sed pacientes en las pruebas, seguros que Dios cumplirá sus designios y será fiel a sus promesas. Responded humildemente a los que os pidan cuenta, bendecid a los que os persigan, dad gracias a los que os insulten y os calumnien: el Reino de los cielos será para vosotros”(cf Mt 5,10-11). Ellos recibieron con gozo la misión que les fue confiada por la santa obediencia y se prosternaron a los pies de San Francisco que los abrazó a cada uno tiernamente y diciéndoles: “Confiad a Dios todas vuestras preocupaciones, él cuidará de vosotros”(1Pe 5,7). Esta era su frase habitual cuando enviaba a un hermano a la misión.

La falta de fe detiene tú progreso

No hay trabajo más sublime y mejor beneficio que trabajar por el Reino de los Cielos, sin desmerecer el trabajo cotidiano mediante el cual nos podemos santificar igualmente cuando lo hacemos desde la honradez, la alegría y la diligencia.

Miércoles de la 4a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 6,1-6.
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa».
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa

Carta encíclica “Laborem exercens”, § 26
¿No es éste el carpintero?
La verdad de que el hombre con su trabajo participa en la obra de Dios, su Creador, ha sido particularmente puesta en relieve por Jesucristo, de quien muchos de sus primeros oyentes de Nazaret «se preguntaban asombrados: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? … ¿No es éste el carpintero?»En efecto, Jesús proclamaba y, sobre todo, ponía por obra el evangelio que le había sido confiado, las palabras de la eterna Sabiduría. Por esta razón, se trataba verdaderamente del «evangelio del trabajo», porque el mismo que lo proclamaba era un trabajador, un artesano como José de Nazaret. Aunque no encontremos en las palabras de Cristo el mandato particular de trabajar – sino más bien, una vez, la prohibición de preocuparse de manera excesiva del trabajo y de los medios de subsistencia (Mt 6, 25-34)- su vida es, a este respecto, suficientemente elocuente: él pertenece al mundo del trabajo, aprecia y respeta el trabajo del hombre. Incluso se puede decir más: mira con amor el trabajo y sus diversas expresiones, viendo en cada una manera particular de manifestar la semejanza del hombre con Dios Creador y Padre. ¿Acaso no es él mismo quien ha dicho: «Mi Padre es el viñador» (Jn 15,1)?... En las parábolas sobre el Reino de Dios, Jesucristo se refiere constantemente al trabajo: al del pastor, del agricultor, del médico, del sembrador, del amo de la casa, del servidor, del intendente, del pescador, del mercader, del obrero. Habla también de los diversos trabajos de las mujeres. Presenta al apostolado semejante al trabajo manual de los segadores o de los pescadores... [He aquí] el grande, aunque discreto, evangelio del trabajo que encontramos en la vida de Cristo y en sus parábolas, en lo que Jesús «ha hecho y enseñado» (Hech 1,1).

La muerte no es el final del camino



Martes de la 4a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 5,21-43.

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva».
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada».
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?».
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?».
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?».
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas».
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme».
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate».
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Homilías sobre san Mateo, nº 31, 1-3
«¿Qué lloros son éstos?… está dormida»
«Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él». Con ello Jesús nos enseña a no temer a la muerte porque la muerta ya no es muerte: desde ahora no es más que un sueño. Y puesto que él mismo tenía que morir, resucitando a otros prepara a sus discípulos, invitándoles así ha tener confianza en él y a no alarmarse de su muerte. Porque después que vino Cristo la muerte ya no es más que un sueño.

Y sin embargo, se reían de él; pero no se indignó por el rechazo de este milagro que iba a obrar; no censuró sus sonrisas a fin de que las mismas sonrisas, junto con las flautas y demás preparativos, dieran por cierta la muerte de la niña. Dándose cuenta de la presencia de los músicos y de la muchedumbre, Jesús les hace salir a todos; obra el milagro en presencia sólo de los padres… como si la despertara de un sueño…

Es evidente que ahora la muerte no es más que un sueño; hoy es una verdad más esplendorosa que el sol. – Pero tú dices, ¡Cristo no ha resucitado a mi hijo!-. Sí, pero lo resucitará, y con mucha más gloria. Porque esta hija a la que devolvió la vida, murió de nuevo, mientras que tu hijo, cuando resucitará, será inmortal para siempre. ¡Qué nadie llore ya, que nadie gima, que nadie critique la obra de Cristo, porque él ha vencido a la muerte! ¿Por qué derramas lágrimas inútiles? La muerte ha llegado a ser un sueño: ¿para qué gemir y llorar?

Los medios que nos devoran y nos roban la paz

La dispersión es un mal que anida en el alma humana desde siempre y que nos impide en muchos casos centrarnos en lo esencial, a saber el Reino de Dios revelado por Jesucristo y su propagación entre todos aquellos hermanos que no lo conocen. Es por eso que uno de los encargos de Jesús en el Evangelio de hoy es que no se distraigan mientras van de camino y tampoco en los pueblos en el tumulto de querer abarcar a todos. Sólo si la semilla del Reino es sembrada con profundidad y sosiego y, a la vez, con el ejemplo arraigará mejor en los que son receptores de la misma.
Hoy hay tantos medios compitiendo por ocupar nuestro espacio libre que Jesús también nos diría, escapa del móvil y de todo aquello que te aleje de lo esencial la palabra de vida abundante que soy yo mismo

Santos Timoteo y Tito, obispos
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 10,1-9.
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.»

Catecismo de la Iglesia Católica § 863-865
*Timoteo y Tito, sucesores de los apóstoles*
Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a través de los sucesores de san Pedro y de los apóstoles, en comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto ella es «enviada» al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. «La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado». Se llama «apostolado» a «toda la actividad del Cuerpo Místico» que tiende a «propagar el Reino de Cristo por toda la tierra» (Vaticano II: AA 2).

«Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia», es evidente que la fecundidad del apostolado, tanto el de los ministros ordenados como el de los laicos, depende de su unión vital con Cristo. Según sean las vocaciones, las interpretaciones de los tiempos, los dones variados del Espíritu Santo, el apostolado toma las formas más diversas. Pero siempre es la caridad, alimentada sobre todo en la Eucaristía, «que es como el alma de todo apostolado» (AA 3).

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad profunda y última, porque en ella existe ya y será consumado al fin de los tiempos «el Reino de los cielos», «el Reino de Dios», que ha venido en la persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón de los que le son incorporados hasta su plena manifestación escatológica. Entonces todos los hombres rescatados por él, hecho en él «santos e inmaculados en presencia de Dios en el Amor» (Ef 1,4), serán reunidos como el único Pueblo de Dios, «la Esposa del Cordero», «la Ciudad Santa que baja del Cielo de junto a Dios y tiene la gloria de Dios; y «la muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero» (Ap 21,9-11.14).

La desconfianza cierra el camino a la verdadera Sabiduría

La palabra de Dios sólo puede ser acogida por un corazón humilde, confiado, un corazón pobre, que frente a Dios se sabe nada. En definitiva, como el mismo Señor nos dice en otro pasaje: un corazón de niño, por eso es tan difícil que se pueda convertir aquel que intenta encerrar a Dios y limitarlo a una ideología, a una idea personal, a una especulación continua de la propia razón. La palabra, por consiguiente sólo puede crecer en los confiados y libres de ataduras.

El Evangelio del día
24 Enero
Evangelio según San Marcos 4,1-20.
Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla.
El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:
«¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar.
Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.
Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó.
Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto.
Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno».
Y decía: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!».
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas.
Y Jesús les decía: «A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola,
a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón».
Jesús les dijo: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?
El sembrador siembra la Palabra.
Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.
Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría;
pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.
Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra,
pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.
Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno».

Comentario: San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
presbítero, fundador

Homilía pronunciada el 28–V–1964, fiesta del Corpus Christi (Es Cristo que pasa: 15, 150)
Sembrar en el mundo entero
«Salió un sembrador a sembrar». La escena es actual. El sembrador divino arroja también ahora su semilla. La obra de la salvación sigue cumpliéndose, y el Señor quiere servirse de nosotros: desea que los cristianos abramos a su amor todos los senderos de la tierra; nos invita a que propaguemos el divino mensaje, con la doctrina y con el ejemplo, hasta los últimos rincones del mundo. Nos pide que, siendo ciudadanos de la sociedad eclesial y de la civil, al desempeñar con fidelidad nuestros deberes, cada uno sea otro Cristo, santificando el trabajo profesional y las obligaciones del propio estado. Si miramos a nuestro alrededor, a este mundo que amamos porque es hechura divina, advertiremos que se verifica la parábola: la palabra de Jesucristo es fecunda, suscita en muchas almas afanes de entrega y de fidelidad. La vida y el comportamiento de los que sirven a Dios han cambiado la historia, e incluso muchos de los que no conocen al Señor se mueven –sin saberlo quizá– por ideales nacidos del cristianismo. Vemos también que parte de la simiente cae en tierra estéril, o entre espinas y abrojos: que hay corazones que se cierran a la luz de la fe. Los ideales de paz, de reconciliación, de fraternidad, son aceptados y proclamados, pero –no pocas veces– son desmentidos con los hechos. Algunos hombres se empeñan inútilmente en aherrojar la voz de Dios, impidiendo su difusión con la fuerza bruta o con un arma menos ruidosa, pero quizá más cruel, porque insensibiliza al espíritu: la indiferencia.

“Padre mío, me pongo entre Tus manos.

No todo el que me diga: “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial (Mt 7, 21).
En el evangelio de hoy Jesús con otras palabras nos recuerda la importancia de vivir en la voluntad del Padre y no, en nuestras convicciones personales, al margen de la misma. Porque si se trata de interpretación libre del Evangelio, al margen de la Iglesia y su Santa Tradición, fundada por Jesucristo, con cual de ellas nos quedamos, las de los teólogos racionalistas, la de los más puritanos por llamarles de algún modo, la de los Ortodoxos, la de los Protestantes, (un reino dividido consigo mismo, como nos recordaba ayer las escrituras, no puede subsistir). Solo podremos estar unidos a Dios y a los hermanos si hacemos la voluntad del Padre Revelada por el Hijo.

Algunos parientes de Jesús se escandalizaban y se avergonzaban de su proceder y de sus palabras y por eso no entraron al recinto para escuchar lo que decía (seguramente por cubrir la propia imagen y la de la familia) las personas nos sucedemos unas a otras pero nuestro modo de proceder no; ya que todos estamos hechos del mismo barro. En el día de hoy tendremos que preguntarnos si a los que ahora nos consideramos familia de Jesús nos sigue sucediendo lo mismo.

Martes de la 3a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 3,31-35.

Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar.
La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera».
El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».
Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Comentario: San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara.
¡Se haga en mí Tu voluntad, mi Dios!
“Padre Mío, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc 23,46). Es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Bien-Amado… Que pueda ser la nuestra… Que sea la oración no sólo la de nuestro último instante, sino la de todos nuestros instantes”.

“Padre mío, me pongo entre Tus manos. Mi Padre, me abandono a Ti, me confío a Ti Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que Tu voluntad se haga en mí, en todas Tus criaturas, en todos Tus hijos, en todos los que Tu Corazón ama. No deseo nada más, Dios mío. Pongo mi alma en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque Te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida. Me pongo en Tus manos con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre…”.

¿Acaso moría Pedro por su gloria o se predicaba a sí mismo?

Buenos días nos de Dios hermanos. No nos olvidemos que la tarea principal para el creyente, como nos recuerda hoy San Agustín, haciendo referencia al Evangelio, es salvar el alma y se puede ser muy caritativo y solidario, pero si uno tiene el alma llena de rencor, celos, ira, envidia, lujuria, fornicación, adicciones, disensiones, protagonismos, todo tipo de avaricia, infidelidad a las enseñanzas de Dios y su cuerpo que es la iglesia, de poco le aprovechará para la otra vida ¡Vamos… para los que aún no han perdido la fe!
Algunos preguntarán como los mismos discípulos hicieron con Jesucristo ¿Quién podrá salvarse entonces? Y Jesucristo nos respondería lo mismo: «Lo que es imposible con los hombres, es posible con Dios (Lucas 18, 27)». ¡Mi gracia te vasta si tú propósito es firme!

Evangelio según San Marcos 3,13-19

Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él,
y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar
con el poder de expulsar a los demonios.
Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro;
Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;
luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo,
y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Comentario: San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Los primeros apóstoles, carneros bienaventurados del rebaño santo, vieron al mismo Señor Jesús pendiente de la cruz, lloraron su muerte, se asustaron de su resurrección, lo amaron hecho poderoso y ellos mismos derramaron su propia sangre por la sangre que vieron. Pensad, hermanos, en lo que significa que unos hombres sean enviados por el orbe de la tierra a predicar que un hombre muerto resucitó y que ascendió al cielo, y que por esta predicación hayan sufrido cuanto la locura del mundo les ha infligido: privaciones, destierros, cadenas, tormentos, fuego, bestias, cruz y muertes. ¿Y esto lo sufrían por no sé qué cosa? ¿Acaso, hermanos míos, moría Pedro por su gloria o se predicaba a sí mismo? Moría uno para que otro fuese honrado; se entregaba a la muerte uno para que otro fuese adorado. ¿Haría esto, acaso, si no estuviese a la raíz la fragancia de la caridad y la conciencia de la verdad? Habían visto lo que anunciaban; en efecto, ¿cuándo estarían dispuestos a morir por algo que no hubieran visto? Se les obligaba a negar lo que habían visto, mas no lo negaron: predicaban la muerte de quien sabían que estaba vivo. Sabían por qué vida despreciaban la vida; sabían por qué felicidad soportaban una infelicidad transitoria, por qué premios despreciaban estos males. Su fe no admite ponerse en la balanza con el mundo entero. Habían escuchado: ¿De qué sirve al hombre ganar todo el mundo si a cambio sufre detrimento en su alma?1 Los encantos del mundo no retrasaron su veloz carrera, ni los bienes pasajeros a quienes emigraban a otro lugar; sea cuanta sea y por deslumbrante que sea esta felicidad, hay que dejarla aquí, no puede ser traspasada a la otra vida; llegará el momento en que también los ahora vivos han de dejarla aquí.

Todas las culturas de Oriente se arrodillan y adoran al único Dios verdadero.

06 Enero. Epifanía del Señor
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 2,1-12.
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén
y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo».
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.
«En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel».
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,
los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.
Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría,
y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938)
monje trapense español

Escritos espirituales, 06/01/1937 (Ed. Monte Carmelo; Obras Completas 1988)
“Entrando en la casa, vieron al Niño”
Adoración de los Reyes…poderosos de la tierra, humillan sus cabezas ante la humilde cuna de un Niño… Oro, incienso y mirra venido de Oriente… Ansiedad en los corazones. Polvo de los caminos recorridos de noche, guiados por una estrella. ¿Dónde está aquél que ha nacido?… Han pasado veinte siglos… Almas que también recorren los caminos de la tierra como los Magos de Oriente, siguen preguntando al pasar: ¿Habéis visto al que ama mi alma? (Can.Cant.3,3) También ahora es una estrella de luz la que iluminando nuestro camino; nos lleva a la humildad de un Portal, y nos muestra aquello que nos ha hecho salir “fuera de los muros de la ciudad” (He 13,13; cf Lc 16,27). Nos enseña a un Dios, que siendo dueño de todo, de todo carece. Al creador de la luz y calor del sol, padeciendo frío…Al que viene al mundo por amor a los hombres, de los hombres olvidado.También ahora como entonces, hay almas que buscan a Dios… Mas por desgracia, no todos llegan a encontrarlo; no todos miran a la estrella que es la fe, ni se atreven a adentrarse en esos caminos que conducen a Él, que son la humildad, el renunciamiento, el sacrificio y casi siempre la Cruz. Cuando esta noche en el coro, me acordaba, sin yo quererlo, de mis días infantiles, de mi casa… de los Reyes…, mis hábitos blancos me decían otra cosa… También yo, como los Magos, vine a buscar un Portal… Ya no soy niño, a quien hay que dar juguetes. Las ilusiones ahora son más grandes y no son de esta vida… Las ilusiones del mundo, como juguetes de niño, hacen feliz cuando se esperan…, después, todo es cartón. Ilusiones del cielo… ilusión que dura la vida y que después no defrauda. ¡Qué contentos volverían los Magos después de haber visto a Dios! Yo también le veré..., no hay más que esperar un poco. Pronto llegará la mañana y con ella la luz. ¡Qué feliz será el despertar!

¡La voz del que grita en el desierto!

Feria de tiempo de Navidad (2 ene.)
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 1,19-28.
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?».
El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías».
«¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No». «¿Eres el Profeta?». «Tampoco», respondió.
Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».
Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».
Algunos de los enviados eran fariseos,
y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».
Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:
él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia».
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

Comentario: Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX

Canon au Précurseur (SC 486, Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004),
¡Ten piedad de mí, Jesús, por la intercesión del Bautista!
Tú, la Voz del Verbo, recibe ahora nuestras voces, oh Bautista, y libera a tu pueblo de las pasiones, peligros, numerosas aflicciones y del castigo eterno.

Indicas siempre, Bienaventurado, al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Suplícale que borre mis graves y largas fallas y réndeme digno de la vida.

Oh mi alma, apresúrate y grita, disipando la oscuridad de las locas pasiones: “¡Ten piedad de mí, Jesús, por la intercesión del Bautista y retírame del cenagal de mis acciones!”

Madre de Dios, Aquel ante el cual se tienen temblando las tropas celestiales y que por pura bondad se unió a los mortales, tú, Purísima, lo traes al mundo. Suplícale insistentemente de tener piedad de tus servidores. (…)

En el bautismo has visto al Espíritu Santo descender sobre el Verbo bajo la forma de una paloma. Fuiste juzgado digno, Bienaventurado, de escuchar la voz del Padre: “Este es mi Hijo que comparte mi trono”. A él la Creación entera canta “¡Celebren al Señor, todas sus obras, exáltenlo por los siglos!”

Madre de Dios, conserva mi inteligencia en la humildad. Joven llena de la gracia de Dios que al dar a luz has aplastado la revuelta del demonio, levántame del barro de las pasiones y alimenta al que con hambre de gracia despliega este canto “¡Celebren al Señor todas sus obras y exáltenlo por los siglos!”

Meditación: Demos gracias a Dios por un año más que comienza en el que nos brida una nueva ocasión para la conversión y para que su Palabra no sea una vez más un grito en el desierto de la rutina diaria y los brazos caídos. Hay que pedir insistentemente al Espíritu Santo que renueva nuestras fuerzas ya que hemos recibido por nuestros padres y por la Iglesia todas las gracias que nos trae el bautismo.

Sobrellevaos mutuamente

La Palabra de Dios no es sólo el Evangelio sino que también consideramos Palabra de Dios el Antiguo y el Nuevo Testamento con las cartas Apostólicas los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis, por eso hoy voy a pasar las dos primeras lecturas. De tenerlas en cuenta dependerá que no se malogre una comunidad, una sociedad, una nación, una familia. Hoy habría muchos menos huérfanos si tanto hombres como mujeres hubieran vivido los valores enunciados en dichos libros revelados por Dios a sus autores. Algunas palabras parecerán atenporales pero es que Dios es Eterno y las culturas humanas, no. Dios conoce más hallá de las apariencias y las modas.
DOMINGO, 31 DE DICIEMBRE
Primera lectura
Si 3, 2-6.12-14 • El que teme al Señor honra a sus padres.
El Señor honra más al padre que a los hijos
y afirma el derecho de la madre sobre ellos.
Quien honra a su padre expía sus pecados,
y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.
Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos
y cuando rece, será escuchado.
Quien respeta a su padre tendrá larga vida,
y quien honra a su madre obedece al Señor.
Hijo, cuida de tu padre en su vejez
y durante su vida no le causes tristeza.
Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él
y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.
Porque la compasión hacia el padre no será olvidada
y te servirá para reparar tus pecados.
Palabra de Dios

Segunda lectura:
Col 3, 12-21 • La vida de familia vivida en el Señor.
Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestios de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo

Este niño será causa de caída y de elevación

5o día de la Octava de Navidad
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 2,22-35.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».

Comentario: Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo

Homilía 15 sobre el evangelio de San Lucas; PG 13, 1838-1839)
“Irse en paz”
Simeón sabía que nadie nos puede hacer salir de la cárcel de nuestro cuerpo con la esperanza de la vida futura, fuera de aquel que él tenía en sus brazos. Por esto dice: “Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz…” (Lc 2,29) porque, mientras no cogía en brazos a Cristo, estaba como encarcelado y no me podía desligarse de sus cadenas. Es de notar que esto no vale únicamente para Simeón sino para todos los humanos. Si alguien sale de este mundo y quiere entrar en el Reino que tome a Jesús en sus manos, que lo estreche entre sus brazos, contra su pecho y entonces se puede ir, lleno de alegría, a donde desea…

“Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios ésos son hijos de Dios” (Rm 8,14). El Espíritu Santo mismo lleva a Simeón al templo. Si tú quieres tener en tus brazos a Jesús y ser digno de salir de tu prisión, esfuérzate por dejarte conducir por el Espíritu Santo hasta llegar al templo de Dios. Ya estás en el templo del Señor Jesús, es decir, en su Iglesia, “el templo construido con piedras vivas” (cf 1P 2,5)…

Si llegas, pues, movido por el Espíritu Santo hasta el templo, encontrarás al Niño Jesús, lo tomarás en tus brazos y dirás: “Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar a tu siervo irse en paz.” Esta liberación y esta partida se realizan en la paz… ¿Quién es el que muere en paz sino aquel que posee la paz de Dios que sobrepasa toda inteligencia y guarda el corazón de los que la poseen? (Flp 4,7) ¿Quién es aquel que sale de este mundo en paz, sino aquel que comprende que Dios ha venido en Cristo a reconciliar el mundo consigo?

La verdad no teme las tramoyas del mentiroso

El Evangelio del día. Santos Inocentes.
Evangelio según San Mateo 2,13-18.
Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado.
Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías:
En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.

Comentario: Eusebio el Galicano (siglo V)
monje, obispo

Sermón 219; PL 39, 2150
« ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?» (Mt 2,2)
El traidor Herodes, engañado por los magos, manda a sus esbirros a Belén y a todos sus alrededores para matar a los niños menores de dos años… Pero nada has obtenido bárbaro cruel y arrogante: puedes hacer mártires, pero no logras encontrar a Cristo. Ese malvado tirano creía que la venida del Señor nuestro Salvador era para echarle de su trono real. Pero no fue así. Cristo no vino a usurpar la gloria de otro, sino para hacernos don de la suya. No vino a apoderarse de un reinado terrenal, sino a concedernos el Reino de los cielos. No vino a quitar dignidades, sino a sufrir injurias y malos tratos. No vino a preparar su cabeza sagrada para una diadema de pedrerías, sino para una corona de espinas. No vino para sentarse gloriosamente encima de los cetros, sino para ser escarnecido y crucificado. Por el nacimiento del Señor «Herodes se turbó y toda Jerusalén con él» (Mt 2,3). ¿Qué hay de extraño que la impiedad se turbe por el nacimiento de la bondad? He aquí que un hombre armado se asusta del que está acostado en un establo, un orgulloso rey tiembla ante el humilde, el que está revestido de púrpura teme al pequeño envuelto en pañales... Fingió querer adorar al que buscaba para hacerlo matar (Mt, 2,8). Pero la verdad no teme a las tramoyas de la mentira... La traición no puede encontrar a Cristo porque no es a través de la crueldad sino de la fe que se debe buscar a Dios que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

La Vida se hizo visible, nosotros somos testigos.

Hoy San Juan nos pone en claro al igual que hace San Pablo en algunas de sus cartas, aunque con otras palabras, que el Evangelio que nos anuncian es el mismo (y no otro) que aquel que han oído, han contemplado y han tocado directamente de nuestro Señor Jesucristo y lo hacen para formar una unión perfecta con Dios y con los hermanos, que es lo que significa la palabra comunión. Hoy en día sin embargo algunos contradicen estás palabras y de este modo nos vienen a decir que el evangelio y las enseñanzas de los apóstoles son escritos de las primeras comunidades cristianas que igual que ponen en boca de Jesús lo que nos ha llegado por las Escrituras podrían a ver puesto cualquier otra cosa, es decir la propia interpretación que algunos predicadores de nuestro tiempo hacen de las mismas. Con esto vemos lo retorcido del corazón del hombre que incapaz de reconocer su pecado de soberbia, achaca a otros (a las primeras comunidades) lo que ellos mismos hacen a la ligera.

Evangelio del día, festividad de San Juan, apóstol y evangelista

Epístola I de San Juan 1,1-4.
Queridos hermanos:
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos.
Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado.
Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.

Comentario:
San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

Tratado sobre Jn 17,8 (S. Augustin et l’augustinisme, Seuil, 1955),
¡Ama y verás a Dios!
El Señor ha venido, doctor de la caridad, pleno de caridad. (…) Reflexionen conmigo, hermanos, acerca de la naturaleza de estos dos preceptos. Ellos no deben solamente venir a su espíritu cuando se los recordamos. Nos deben ser muy conocidos y nunca borrarse de nuestro corazón. Es nuestro deber. Piensen sin cesar que tenemos que amar Dios, con todo el corazón, toda el alma, todo el espíritu, y a nuestro prójimo como a nosotros mismo. (…) El amor de Dios es el primero en el orden de los preceptos, pero el amor del prójimo es el primero en el orden de la realización. El que en dos preceptos te mandaba amar, no podía mandarte amar primero a tu prójimo y a Dios luego, sino a Dios y al prójimo al mismo tiempo. Ya que todavía no ves a Dios, es amando al prójimo que podrás verlo. Al amar a tu prójimo, purificas tu ojo para ver a Dios. Es evidente para Juan “¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?” (1 Jn 4,20). Te decimos “Ama a Dios”. Si me dices “Muéstrame a quien debo amar”, te responderé con las palabras de Juan “Nadie ha visto jamás a Dios” (Jn 1,18). Sin embargo, no te creas extraño a la visión de Dios: “Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él” (1 Jn 4,16). Ama al prójimo y considera que está dentro de ti la fuente del amor al prójimo. Ahí, tanto como sea posible, verás a Dios. (…) “Entonces despuntará tu luz como la aurora” (Is 58,8). Tu luz, es tu Dios, luz matinal que sucederá a la noche de este siglo. Él no se levanta ni se acuesta, ya que permanece eternamente.

Pero aquel que persevere hasta el final se salvará

Los cristianos siempre han sido perseguidos en todas las épocas, no solo con crueldad como pasa ahora en la India, Pakistán, Nigeria y en otros países, sino que también en las supuestas democracias de occidente, con cárcel o sanciones económicos para aquellos que recen frente a un abortorio o manifiesten públicamente y pacíficamente su desacuerdo con algunos temas que plantea la ideología de género (¿Se puede medir, pesar el odio o el amor cuando se manifiesta una opinión o desacuerdo sin incitar a la violencia? esto es equivalente a decir que odias a tu abuela, por ejemplo, porque te gustaría que se tiñese las canas y no lo hace). Este es el panorama de las «democracias occidentales, mientras los políticos sí que se entregan continuamente a hacer declaraciones que incitan a la división de la sociedad y al garracivilismo permanente.

Memoria de San Esteban, primer mártir de la Iglesia
Evangelio según San Mateo 10,17-22.
Jesús dijo a sus apóstoles:
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.

San Fulgencio de Ruspe (467-532)
obispo en África del Norte
Sermón 3, 1-3, 5-6 ; CCL 91 A, 905-909 (trad. cf breviario 26/12)

*Coronados juntos por el humilde Rey de gloria*
Ayer celebramos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el triunfal martirio de su soldado. (…) Nuestro Rey, siendo la excelsitud misma, se humilló por nosotros; su venida no ha sido en vano, pues ha aportado grandes dones a sus soldados, a los que no sólo ha enriquecido abundantemente, sino que también los ha fortalecido para luchar invenciblemente. Ha traído el don de la caridad, por la que los hombres se hacen partícipes de la naturaleza divina. (…)

Así, pues, la misma caridad que Cristo trajo del cielo a la tierra ha levantado a Esteban de la tierra al cielo. (…) Esteban, para merecer la corona que significa su nombre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el prójimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapidaban, para que no fueran castigados. Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando. Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, reina con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, martirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban.