Jesús pan de vida

Buenos días nos de Dios, una vez más vemos cómo los deseos, anhelos y pensamientos de los hombres no coinciden con los de Dios. Mientras el pueblo busca a Jesús para encumbrado como Rey, el se escapa porque su Reino no es como lo concibe el mundo. Esto mismo nos recuerda Jesús cuando recrimina a San Pedro con palabras muy duras:  ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. también el antiguo testamento nos lo recuerda en (Isaías 55:8-9).

Dios ha dado libre albedrío al hombre y Dios no puede ir contra las propias leyes establecidas por él, porque su pensamiento está por encima del de el hombre y este último es libre para elegir su salvación o su condenación pese a que no nos guste, y esta misma doctrina es confirmada por la Iglesia de la cual decimos en el credo que creemos en ella. Ni siquiera Dios puede parar a los homicidas, ni pederastas, ni psicópatas, ni los que crean confusión, división, y rivalidades. Y todo esto porque hay un bien aún superior, a saber, el de la libertad (creados a imagen y semejanza de Dios) porque de lo contrario seríamos como animales, como burros dirigidos pero a dos patas. Dios nos ha hecho libres y no esclavos, pero nos cuesta arrancar de raíz la simiente del mal y dejar aparcados nuestros asuntos y caminos, para adentrarnos en el pensamiento y la voluntad de Dios.


Evangelio del día  Jn 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Cómo la cierva busca corrientes de agua, así mi alma te busca a ti Señor

Jueves de la 2a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 3,31-36.
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo
da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio.
El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida.
El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.
El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

Confesiones XI, 2.3
«El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida»
Oh Señor, Dios mío, luz de los ciegos y fuerza de los débiles, pero al mismo tiempo luz de los videntes y fuerza de los fuertes, presta atención a mi alma, óyela gritar desde el fondo del abismo (Sl 129,1). Porque si tú no nos escuchas incluso en el abismo, ¿a dónde iremos? ¿A quién vamos a dirigir nuestro clamor? «Tuyo es el día y tuya es la noche» (Sl 73,16). A un signo tuyo, los instantes se esfuman. Da desde ahora ampliamente a nuestros pensamientos el tiempo para escudriñar los lugares escondidos de tu ley y no cierres su puerta a los que llaman a ella (Mt 7,7). No es sin razón que has querido se escribieran tantas páginas llenas de oscuridad y misterio. Estas bellas selvas ¿no tienen sus ciervos (Sl 28,9) que vienen a ella para refugiarse y saciarse, pasearse y alimentarse, acostarse y rumiar? Oh Señor, condúceme hasta el fin y revélame sus secretos. Tu palabra es todo mi gozo, tu palabra es más dulce que un torrente deleitoso. Dame lo que amo, porque amo y ese amor es un don tuyo. No abandones tus dones, no desdeñes tu brizna de hierba sedienta. Que yo proclame todo lo que descubriré en tus libros; haz que «escuche la voz de tu alabanza» (Sl 25,7). Que yo pueda beber tu palabra y considerar las maravillas de tu ley (Sl 118,18) desde el primer instante en que has creado el cielo y la tierra hasta el reino eterno contigo en la ciudad santa.

No ha venido a juzgar sino a salvar

Miércoles de la 2a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 3,16-21.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

San Gregorio Nacianceno (330-390)
obispo y doctor de la Iglesia
Himno 32; PG 37, 511-512
Llegar a la luz
Te bendecimos, Padre de las luces,
Cristo, Verbo de Dios, esplendor del Padre,
Luz de luz, y fuente de luz,
Espíritu de fuego, soplo del Hijo tanto como del Padre.

Trinidad Santa, luz indivisa,
Tú disipas las tinieblas para crear
un mundo luminoso, ordenado y bello,
que lleva en ella tu semejanza.

Tú iluminas al hombre en la razón y la sabiduría,
lo alumbras con el sello de tu Imagen,
para que en tu luz, vea la luz (Sl 36,10),
y todo entero llegue a ser luz.

Tú haces brillar en el cielo inumerables luces,
ordenas al día y a la noche
que se entiendan y compartan el tiempo
alternándose pacíficamente.

La noche pone fin al trabajo del cuerpo cansado,
el día llama a las obras que tú quieres,
nos enseña a huir de las tinieblas, a apresurarnos
hacia el día que ya no tendrá noche.

¡Hombres duros en entendimiento!

Miércoles de la semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 24,13-35.
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».
«¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?»
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

Sermón 235 (PL 38. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d’Orval, 1972)
Encuentra tu fuerza en la fracción del pan
¿Cuándo quiso manifestarse el Señor? “En la fracción del pan” (Lc 24,35). Podemos estar seguros: compartiendo el pan, reconocemos al Señor. Ha querido ser reconocido en ese momento por nosotros, que no lo veríamos en la carne pero comeríamos sin embargo su carne. Sea quien seas, que no portas en vano el nombre de cristiano, que no entras en la iglesia en vano. Tú que escuchas con reverencia y esperanza la Palabra de Dios, encuentra tu fuerza en la fracción del pan. La ausencia del Señor no es una ausencia. Sólo cree: el que no ves está contigo. Cuando Jesús les hablaba, los discípulos no tenían fe. Como no lo creían resucitado, no esperaban poder revivir. Habían perdido la fe, habían perdido la esperanza. Muertos, caminaban con el Viviente; muertos, caminaban con la Vida. La vida caminaba con ellos, pero sus corazones no habían todavía retornado a la vida. Tú, si quieres la Vida, haz lo que hicieron y reconocerás al Señor. Recibieron al extranjero: el Señor parecía un viajero que iba lejos pero supieron retenerlo. “Ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos” (Lc 24,29). Retiene al extranjero si quieres reconocer al Salvador. Lo que la duda había hecho perder, la hospitalidad lo ha devuelto. El Señor manifestó su presencia en la fracción del pan.

¡No teman!

Lunes de la semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 28,8-15.
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
con esta consigna: «Digan así: ‘Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos’.
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo».
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismal 14 (Les Catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993),
¡No teman! ¡Exulten temblando!
“De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él” (Mt 28,9). Ellas lo abrazaron para que se cumpliera la Palabra “Lo agarré, y no lo soltaré” (Ct 3,4). Sin dudas las mujeres eran débiles físicamente, pero viril era su valentía. La abundancia de las aguas no pudo apagar su amor, ni los ríos deglutirlo. Muerto estaba el que buscaban, pero la esperanza de la resurrección no estaba apagada. El ángel, dirigiéndose todavía a ellas: “No teman” (Mt 28,5). No es a los soldados sino a ustedes que digo “No teman”. Ellos temían, porque fueron instruidos por la experiencia, fueron testigos y exclamaron “Verdaderamente este era el Hijo de Dios” (Mt 27,54). Ustedes, al contrario, no tienen que temer porque “en el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor” (1 Jn 4,18). “Vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos” (Mt 27,8). Ellas se van con temor mezclado de alegría. ¿Todavía eso no está escrito? Si. El Salmo 2 narra la pasión de Cristo “Sirvan al Señor con temor; temblando, ríndanle homenaje” (Sal 2,11.12). “Exulten” porque el Señor resucitó, “temblando” ya que el ángel se les apareció como un relámpago.

¿Seré yo Maestro?

Miércoles Santo
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 26,14-25.
Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?». Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?».
El respondió: «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: ‘El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'».
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará».
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: «¿Seré yo, Señor?».
El respondió: «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!».
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: «¿Seré yo, Maestro?». «Tú lo has dicho», le respondió Jesús.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad

Jesús, al que invocamos
«El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará»
Fijaos cuánta compasión ha tenido Jesús con Judas, el hombre que ha recibido tanto amor y, sin embargo, ha traicionado a su propio Maestro, este Maestro que ha guardado un silencio sagrado sin traicionarlo a sus compañeros. En efecto, Jesús fácilmente hubiera podido hablar abiertamente y decir a los demás las intenciones que Judas escondía y sus actuaciones; pero no lo hizo. Prefirió dar prueba de misericordia y caridad: en lugar de condenarle, le llama amigo (Mt 26,50). Tan sólo con que Judas hubiera mirado a Jesús a los ojos como lo hizo Pedro (Lc 22,61), Judas hubiera sido el amigo de la misericordia de Jesús. Jesús ha dado siempre pruebas de misericordia.

A los pobres los tienen siempre con ustedes

Lunes Santo
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 12,1-11.
Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado.
Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:
«¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura.
A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre».
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.
Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro,
porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina

El Heraldo del Amor divino, IV (SC 255, Œuvres spirituelles, Cerf, 1978)
Ofrecer al Señor un perfume precioso
            [El Señor dijo a Gertrudis:] “Si quieres ofrecerme también el perfume que según la Escritura esta mujer derramó devotamente sobre mi cabeza, después de haber roto su recipiente (Mc 14,3), de forma que “la casa se impregnó con la fragancia del perfume” (Jn 12,3), debes saber que lo harás con excelencia amando la verdad. *Si, el que ama la verdad y por defenderla pierde amigos o se expone a otras penas o asume fatigas voluntariamente, es como si rompiera el recipiente de un perfume precioso y lo derramara sobre mi cabeza.* La casa se impregnaría de su bella fragancia. Devendrá la ocasión un buen ejemplo. (…)

           Gertrudis retomó: “Oh Señor, se dice que María había comprado ese precioso perfume. ¿Cómo podría yo rendirle un homenaje tan grande, con una compra semejante? El Señor respondió: “Lo hace el que me ofrece su buena voluntad, en algo que quiere llevar a término porque me ama. Aunque sea grande la pena que debe darse, si procura mi gloria, me compra un perfume preciosísimo. Es lo más agradable para mí, ya que a su propia ventaja prefiere rendirme honor, aún exponiéndose voluntariamente a mil inconvenientes. Si, aunque se encontrara siempre impedido de ejecutar sus designios, realmente él compra el perfume para mí.

A partir de entonces, decidieron darle muerte

Sábado de la 5a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 11,45-56.
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos.
Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación».
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada.
¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?».
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación,
y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús.
Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse.
Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Roberto Belarmino (1542-1621)
jesuita, obispo de Capua, doctor de la Iglesia

Subida del alma hacia Dios.
«A partir de entonces, decidieron darle muerte»
Señor, queremos devolverte amor por amor; y si el deseo de seguirte no procede todavía deSeñor, todo esto que tu nos enseñas puede parecernos muy difícil, demasiado pesado, si tu hubieras hablado desde otra tribuna; pero desde que nos enseñas más por el ejemplo que por palabra, Tú que eres «Señor y Maestro» (Jn 13,14), ¿cómo nos atreveremos a decir lo contrario, nosotros que somos los siervos y los aprendices? Lo que dices es perfectamente cierto, lo que ordenas perfectamente justo. Esta Cruz desde donde hablas da testimonio. Esta sangre fluyendo también da testimonio; gritó con todas sus fuerzas (Gn 4.10). Y, finalmente, incluso la muerte: si ha podido rasgar el velo del templo a distancia y la separación de las piedras más consistentes (Mt 27,51), ¿qué no hará por ella misma y más aún por el corazón de los creyentes?… Señor, queremos devolverte amor por amor; y si el deseo de seguirte no procede todavía de nuestro amor por ti, porque es muy débil, por lo menos que nuestro amor provenga de tu amor. Si nos atraes hacia ti, "nosotros correremos tras el olor de tus perfumes"(Ct 1,4 LXX): Nosotros no deseamos solamente amarte, te seguimos, y estamos decididos a despreciar este mundo%85 puesto que vemos que Tú, nuestro líder, no te has dejado capturar por los placeres de esta vida. Te hemos visto enfrentar la muerte, no en una cama, sino sobre el madero de ajusticiado; y aunque eres rey, no quisiste tener otro trono que este patíbulo... Atraídos por tu ejemplo de rey sabio, rechazamos la llamada de este mundo y sus lujos, y tomando tu cruz sobre nuestros hombros, proponemos seguirte, sólo a TI...Danos la ayuda necesaria; Haz que seamos lo suficientemente fuertes para seguirte.

No se puede creer en Dios, sin creer en su enviado, el hijo.

Miércoles de la 4a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 5,17-30.
Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo».
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: «Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Comentario: San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismal 4 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993).
“Lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo” (Jn 5,19)
Que su alma reciba el dogma fundamental que concierne a Dios: hay un solo Dios, uno sólo, sin nacimiento, sin comienzo, sin cambios ni mutaciones. No fue engendrado por otro, no hay otro ser para tomar la sucesión de su vida. No empezó a vivir en el tiempo, no existe fecha en la que tenga fin. Es a la vez bueno y justo. (…) Único es el autor del cielo y de la tierra, el creador de los ángeles y los arcángeles. Es el autor de una multitud de criaturas, el Padre de uno sólo antes de los siglos, uno sólo que es el Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo, con el que ha hecho todas las cosas, las visibles y las invisibles. Este Padre de nuestro Señor Jesucristo no está circunscrito en un lugar cualquiera, más pequeño que el cielo. Los cielos son la obra de sus manos, su mano abarca toda la tierra. Está en todas las cosas y más allá de todas las cosas. No te imagines que el sol sea más brillante o igual que él, ya que el que ha creado al sol es, sin comparación, mucho más grande y brillante que él. Sabe por anticipado lo que debe existir, es más fuerte que todos los seres, los conoce a todos, realiza lo que desea. No está sumido a las vicisitudes de las cosas, ni al nacimiento, tampoco a la fortuna o a lo ineluctable. Es perfecto desde todo punto de vista y posee todo tipo de virtud. No sufre disminución ni crecimiento, está siempre en el mismo estado, es absolutamente idéntico a sí mismo. Preparó una sanción a los pecadores y a los justos una corona. Muchas personas, de diversas maneras, se perdieron lejos de este Dios único. (…) Establece primero sólidamente en tu alma este dogma de la piedad por medio de la fe.

Sí, os lo anunciamos, este mundo naufragará

Martes de la 4a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 5,1-16.
Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos.
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
[Porque el Angel del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal.]
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?».
El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes».
Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina».
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado,
y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla».
El les respondió: «El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y camina'».
Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina?'».
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía».
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

Comentario: San Máximo de Turín (¿-c. 420) obispo
Sermón para la Cuaresma
«¿Quieres curarte?»: la cuaresma conduce a los catecúmenos a la piscina del bautismo
        El número cuarenta, carísimos hermanos, tiene un valor simbólico, ligado al misterio de nuestra salvación. En efecto, cuando en los primeros tiempos, la maldad de los hombres hubo invadido la superficie de la tierra, durante cuarenta días Dios hizo salirse las aguas del cielo e inundó la tierra entera bajo las lluvias del diluvio (Gn 7). Desde esta época, la historia de la salvación fue anunciada simbólicamente: durante cuarenta días, la lluvia cayó para purificar el mundo. Ahora, durante los cuarenta días de la cuaresma, es ofrecida la misericordia a los hombres para que se purifiquen…
        Sí, el diluvio es el símbolo del bautismo; lo que se produjo entonces todavía se cumple hoy… Cuando los pecados de toda la tierra desaparecieron, ahogados en el fondo del abismo, la santidad pudo elevarse muy cerca del cielo; he aquí lo que se realiza ahora también en la Iglesia del Cristo… Llevada por el agua del bautismo, se eleva cerca del cielo; las supersticiones y los ídolos son engullidos, y sobre tierra se difunde la fe, brotada del arca del Salvador… Por cierto, nosotros mismos somos pecadores, y este mundo será destruido. Sólo escaparán de la ruina, aquellos a los que el arca llevará encerrados en su seno. Esta arca, es la Iglesia… Sí, os lo anunciamos, este mundo naufragará; por eso os exhortamos, a vosotros, a todos los hombres, a refugiarse en este santuario.

Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer

Lunes de la 4a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 4,43-54.
Jesús partió hacia Galilea.
El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún.
Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen».
El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera».
«Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía.
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Comentario: San Gregorio de Narek (c. 944-c. 1010)
monje y poeta armenio

El libro de las oraciones 12,1
“Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer.”
«Todo el que invoca el nombre del Señor se salvará» (Jl 3,5; Rm 19,13).
En cuanto a mi no sólo le invoco,
sino que ante todo creo en su grandeza.

No es por lo que me da
que persevero en mis súplicas,
sino porque es la Vida verdadera
y es en él que respiro;
sin él no hay movimiento ni progreso.

No es tanto por los lazos de la esperanza
que soy atraído sino por los lazos del amor.
No es de los dones
sino del Dador que siempre tengo nostalgia.
No aspiro a la gloria,
sino que quiero abrazarme al Señor de la gloria.
No es la sed de la vida la que siempre me consume,
sino el recuerdo de aquel que da la vida.

No es por el deseo de felicidad que suspiro,
que desde lo más profundo de mi corazón rompo en sollozos,
sino por el deseo de aquel que lo prepara.
No es el descanso lo que busco,
sino el rostro de aquel que pacificará mi corazón suplicante.
No es por el festín nupcial que languidezco,
sino del deseo del Esposo.

En la espera cierta de su poder
a pesar de la carga de mis pecados,
creo con una esperanza inquebrantable
y me pongo confiadamente en la mano del Todopoderoso,
de quien no solamente obtendré el perdón
sino que le veré a él mismo en persona,
gracias a su misericordia y a su compasión
y, aunque merezco perfectamente ser proscrito,
heredaré el cielo.

Para obtener la vida, no alcanza que mi Hijo sea el puente…

4o domingo de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 3,14-21.
Dijo Jesús:
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

C ok comentario: Santa Catalina de Siena (1347-1380) terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

“Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17)
            [Santa Catalina escuchó a Dios decirle:] Abre, hija mía, los ojos de tu inteligencia. Descubrirás a los ciegos y a los ignorantes, verás también a los imperfectos y a los perfectos, los que realmente me siguen. Experimentarás así el dolor por la perdición de los ignorantes y la alegría por la perfección de mis hijos amados. Descubrirás también cómo se comportan los que caminan en mi luz y cómo los que van en las tinieblas.

            Pero antes quiero que mires el Puente que les he construido en mi Hijo único, que contemples su grandeza, que va del cielo a la tierra. La grandeza de la Divinidad está unida a la tierra de la humanidad de ustedes. Por eso te digo que va del cielo a la tierra, por la unión que hizo con el hombre. Eso fue necesario para reconstruir la vía que había sido rota y permitir atravesar la amargura del mundo, para llegar a la vida. Partiendo de la tierra no se podía realizar un puente de una talla suficiente como para pasar el río e incorporarse a la vida eterna. La tierra de la naturaleza humana era incapaz por sí misma, habiendo satisfecho al pecado, de destruir la mancha del pecado de Adán, que corrompió e infectó toda la raza humana. Era entonces necesario unirla a la grandeza de mi naturaleza – Deidad eterna- para que pudiera satisfacer a toda la raza humana. Era necesario que la naturaleza humana experimentara la pena y que la naturaleza divina, unida con la naturaleza humana, aceptase el sacrificio que mi Hijo me ofrecía, para destruir la muerte y rendirles la vida.

            Así, la Grandeza se abajó hasta la tierra de la humanidad. Uniéndose a ella, edificó un puente y restableció la ruta. ¿Por qué de este modo? Para que realmente el hombre viniera a alegrarse con la naturaleza angélica. Pero para obtener la vida, no alcanza que mi Hijo haya devenido el puente: es necesario que ustedes pasen por ese puente.

Nunca uno es justificado por un mal mayor

Sábado de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 18,9-14.
Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
«Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado».

Comentario: San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars

Sermón para el 11º domingo después de Pentecostés (Sermons de Saint Jean Baptiste Marie Vianney, Curé d’Ars, II, Ste Jeanne d’Arc, 1982)
El que juzga es más culpable que el que es juzgado
El fariseo juzgaba temerariamente al publicano como ladrón, porque recibía los impuestos. Demandaba más de lo necesario y se servía de su autoridad para cometer injusticias. Sin embargo, ese supuesto ladrón se retiró justificado de los pies de Dios. El fariseo, que se creía perfecto, se fue, culpable. Esto nos muestra que con frecuencia, el que juzga es más culpable que el que es juzgado. (…) Esos malos corazones, son corazones orgullosos, celosos, envidiosos, ya que son estos tres vicios que engendran los juicios que portamos sobre nuestros vecinos… ¿Han robado a alguien? ¿Se perdió algo? Enseguida, sin tener ningún conocimiento preciso, pensamos que fue tal persona que lo ha hecho. ¡Ah mis hermanos! Si conocieran bien ese pecado verían que es uno de los pecados más a temer, el menos conocido y el más difícil para corregir. Escuchen esos corazones ególatras, imbuidos de ese vicio. Si ellos ven que alguien ejerce un cargo en el que otro ha cometido injusticias, concluyen que el que toma su lugar también hará lo mismo, que no vale más que el anterior, ya que son todos astutos ladrones. (…) ¡Ah mis hermanos! Si tuviéramos la felicidad de estar exentos del orgullo y de la envidia, no juzgaríamos jamás a nadie. Nos contentaríamos con llorar sobre nuestras miserias espirituales y rezar por los pobres pecadores y nada más. Estemos convencidos que el buen Dios nos pedirá cuentas de nuestras acciones y no de las de los otros.

La división no viene de Dios.

Jueves de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 11,14-23.
Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Benedicto XVI
papa 2005-2013

Encíclica « Spe Salvi » § 30-31
« El reino de Dios ha llegado para vosotros »
Los tiempos modernos han hecho aumentar la esperanza de la instauración de un mundo perfecto que, gracias a los conocimientos de la ciencia y a una política científicamente fundada, parecía haber llegado a ser realizable. Así la esperanza bíblica del reino de Dios ha sido remplazada por la esperanza del reino del hombre, por la esperanza de un mundo mejor que sería el verdadero «Reino de Dios». He aquí, en fin de cuentas, lo que parecía ser la esperanza, grande y realista, de la que el hombre tenía necesidad; estaba en condiciones de movilizar — por un cierto tiempo –- todas las energías del hombre… Pero con el curso del tiempo ha llegado a ser claro que esta esperanza se alejaba siempre más. Se han dado cuenta que era quizás una esperanza para los hombres de pasado mañana, pero no una esperanza para mí. Y aunque el «esperar para todos» fuera parte de la gran esperanza humana — en efecto, no puedo llegar a ser feliz contra los otros y sin ellos –- permanece cierto que una esperanza que no me concierne personalmente no es verdadera esperanza. Ha resultado evidente que se trataba de una esperanza contra la libertad…Tenemos necesidad de esperanzas –- de las más pequeñas o de las mayores -– que, día a día, nos mantienen en camino. Pero sin la gran esperanza, que debe sobrepasar el resto, no bastan. Esta gran esperanza no puede ser más que Dios sólo, que abrazo el universo y que puede proponernos y darnos lo que, solos, no podemos alcanzar. Precisamente, el hecho de ser gratificado por un don forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza–- no cualquier dios, sino el Dios que posee un rostro humano y que nos ha amado hasta el final (Jn 13,1) — a cada uno individualmente y a la humanidad entera. Su reino no es un más allá imaginario, colocado en un futuro que no se realiza nunca; su reino está presente allí donde es amado y donde su amor nos alcanza.

Humildad, conciencia y obediencia

Hay quien apela a su conciencia como si está tuviese que ser guía para la comunidad, la elevan a poco menos que a Dogma de fe como si estuviera dotada de clarividencia y exenta de error, olvidando por otro lado que cada hijo de vecino tiene la suya propia. Jesús en cambio, sus discípulos y los Santos siempre nos han en señalado el camino de la humildad y la obediencia como guias para alcanzar el Reino de Dios y la Santidad: obediencia al Evangelio y obediencia a la Iglesia, a su magisterio y a su autoridad como órgano colegiado para atar y desatar.

Miércoles de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 5,17-19.
Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

San Cirilo de Alejandría (380-444)
obispo y doctor de la Iglesia

Homilía 12; PG 77, 1041 s
«No he venido a abolir la ley sino a cumplirla»
Hemos visto a Cristo obedecer las leyes de Moisés, es decir que Dios, el legislador, se sometía, como un hombre, a sus propias leyes. Es lo que nos enseña San Pablo…: « Cuando los tiempos fueron cumplidos, Dios envió a su Hijo; nacido de una mujer, estuvo sujeto a le Ley judía, para rescatar a los que estaban sujetos a la ley » (Ga 4,4-5). Por lo tanto, Cristo rescató de la maldición de la Ley a los que estaban sujetos a ella, pero que no la observaban. ¿De qué manera los rescató? Cumpliendo la Ley; de otra manera, con el fin de borrar la transgresión de la que Adán se hizo culpable, se mostró obediente y dócil en nuestro lugar, hacia Dios Padre. Porque está escrito: « Así como todos han llegado a ser pecadores porque un sólo hombre desobedeció, de la misma forma todos llegarán justos porque un solo hombre obedeció» (Rm 5,18). Con nosotros inclinó la cabeza delante de la Ley, y lo hizo según el plan divino de la Encarnación. En efecto, « Debía cumplir perfectamente lo que es justo» (cf Mt 3,15). Después de haber tomado perfectamente la condición de servidor (Ph 2,7), precisamente porque su condición humana le colocaba con el número de los que llevan el yugo, pagó a los recaudadores, como todo el mundo, el pago del impuesto, mientras que por naturaleza, y como Hijo, estaba dispensado (Mt 18,23-26). Así, cuando le veas observar la Ley, no te extrañes, no pongas en la hilera de los servidores al que es libre, pero mide con el pensamiento la profundidad de un tal designio.

Todo es perecedero y transitorio excepto una cosa

Dios, Revelación de Jesucristo, Iglesia Católica.

Todo es perecedero y transitorio excepto en este mundo una cosa y por eso solo podemos agarrarnos a Dios, que lo conoce todo y puede darnos vida más allá de esta mortal.

Él conoce lo que hay en el corazón del hombre

3er domingo de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 2,13-25.
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?».
Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar».
Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba.
Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos
y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo

Comentario al Evangelio de Juan, 10
Al tercer día resucitaré
        Es grande, el misterio de nuestra resurrección, y extremadamente difícil de sondear. Es anunciado en muchos textos de la Escritura, pero sobre todo en Ezequiél: «El Espíritu del Señor me depositó en un valle lleno de huesos humanos…; estaban completamente secos. El Señor me dijo: Hijo de hombre, ¿estos huesos vivirán? Respondí: Señor, tú lo sabes. Me dijo: profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra del Señor» (Ez 37,1-4)…
        Entonces, cuáles son estos huesos a los que les dice: «Escuchad la palabra del Señor» si no el Cuerpo de Cristo, sobre el que el Señor decía: «Todos mis huesos están dislocados» (Sal. 21,15)… Y así como se efectuó la resurrección del cuerpo verdadero y perfecto de Cristo, un día los miembros de Cristo… serán reunidos, hueso con hueso, juntura con juntura. Nadie privado de esta juntura, alcanzará «el hombre perfecto, a la medida del cuerpo de Cristo en su plenitud» (Ef 4,13). Entonces «todos los miembros del cuerpo, aunque muchos, formarán un solo cuerpo» (1Co 12,12)…
        Digo esto a propósito del Templo sobre el que el Señor dijo: «El celo por tu casa me devora» (Sal. 68,10), y a propósito de los judíos que le pedían les mostrase un signo, y en fin a propósito de su respuesta:… «Deste Templo, y en tres días lo levantaré». Porque hace falta que sea expulsado de este templo, que es el Cuerpo de Cristo, todo lo que niega la razón y lo que depende del comercio, para que de ahora en adelante este templo no sea más una casa de vendedores.
        Hace falta además… que después de su destrucción, por los que niegan la palabra de Dios, sea levantado al tercer día… Gracias a la purificación de Jesús, sus discípulos, habiendo abandonado todo lo que no es razonable y toda forma de comercio y a causa del celo del Verbo, la Palabra de Dios, que está presente en ellos, sus discípulos «serán destruidos» para «ser levantados» por Jesús en tres días… Porque hacen falta tres días enteros para que esta reconstrucción se termine. Por eso, podemos decir de una parte, que la resurrección se efectuó y por otra parte, que tiene que venir: verdaderamente «hemos sido sepultados con Cristo » y » con Él nos levantaremos » (cf Rm 6,4)… «Todos serán vivificados en Cristo, pero cada uno en su puesto: primero, Cristo, como primicia, después, todos los que son de Cristo en su venida» (1Co 15,22s).

Arrepentimiento, perdón y envidia

Sábado de la 2a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 15,1-3.11b-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’.
Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Talasio Líbico y Africano
higúmeno en Libia

Filocalia, Centurias III, 100 ((Philocalie des Pères neptiques, Chapitres sur la prière, DDB-Lattès, 1995),

Has venido a salvarnos, estábamos perdidos
Señor de todo, Cristo, líbranos de todos esos males,
de las pasiones que nos destruyen
y de los pensamientos nacidos de las pasiones.

Gracias a ti fuimos creados,
con el fin de gozar de las delicias del jardín del Paraíso
por ti plantado.

Hemos hecho venir sobre nosotros el deshonor presente,
porque a las bienaventuradas delicias hemos preferido la ruina
de la que recibimos la retribución,
hemos cambiado la vida eterna por la muerte.

Ahora entonces, Señor,
como nos has mirado, míranos al final.
Ya que te has hecho hombre, sálvanos a todos.

Has venido a salvarnos, estábamos perdidos.
No nos apartes de la parte de los salvados.

Resucita las almas y salva los cuerpos,
purifícanos de toda mancha.

Rompe las ligaduras de las pasiones que nos atan,
tú, que has roto los dedos de los demonios impuros.

Libranos de su tiranía,
para que podamos servirte sólo a ti, Luz eterna,
resucitados de los muertos y con los ángeles,
danzando la bienaventurada ronda,
eterna e indisoluble. Amén.

La piedra que desecharon los arquitectos a llegado a ser la piedra angular

Viernes de la 2a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46.
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: «Respetarán a mi hijo».
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: «Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia».
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Tratado sobre el evangelio de Lucas 9, 29-30
La parábola de la viña
La viña es la figura del pueblo de Dios, porque, injertado sobre la vid eterna se levanta por encima de toda la tierra. Brote de un suelo ingrato, brota y florece, se reviste de verdor, pareciéndose al yugo de la cruz cuando sus pámpanos se extienden como brazos fecundos de una viña hermosa… Con razón se llama al pueblo de Cristo la viña del Señor, sea porque está marcado con el signo de la cruz (Ez 9,4), sea porque se recoge de él los frutos en la última estación del año, sea porque como los renglones de la viña, pobres y ricos, humildes y poderosos, siervos y amos, todos en la Iglesia tienen una igualdad perfecta…Cuando se ata la viña, ella se reconduce; cuando se la poda, no es para dañarla sino para hacerla crecer. Lo mismo pasa con el pueblo santo; atándolo se hace libre; humillado se vuelve a levantar; recortado recibe una corona. Mejor aún: igual que el brote, cogido de un árbol viejo, es injertado sobre otra raíz, asimismo el pueblo santo... alimentado en el árbol de la cruz... se desarrolla. Y el Espíritu Santo, esparcido en los surcos de una viña, se derrama en nuestro cuerpo, lavando todo lo impuro y levantando nuestros miembros para dirigirlos hacia el cielo. Esta viña es expurgada por el viñador, es ligada, podada (Jn 15,2)...A veces quema con el sol los secretos de nuestro cuerpo, a veces nos riega con su lluvia. El viñador quiere expurgar la viña para que las zarzas no perjudiquen a los brotes tiernos, vela para que las hojas no hagan demasiada sombra...no priva nuestras virtudes de luz, y no impide la maduración de nuestros frutos.