“El arma del espíritu es la boca del sabio”

Evangelio según San Juan 1, 45_51

45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».
46 Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
47 Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
48 «¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
49 Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
50 Jesús continuó: «Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía».
51 Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Comentario: San Ambrosio (c. 340_397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Carta 2 (PL 16. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d’Orval, 1970l Recoge el agua de Cristo, la que alaba al Señor. Reúne el agua que viene de diversas fuentes, el agua que hace llover las nubes de los profetas. El que recoge en sí mismo el agua de las montañas, o que extrae la de los manantiales, se pone a esparcirla como una nube. Llena con esta agua tu cuerpo y tu espíritu para que tu tierra se humecte, irrigada por sus propias fuentes. Es con una lectura inteligente que nos llenamos el espíritu y el que se llena puede irrigar a otros. En este sentido la Escritura dice: “Cuando las nubes están llenas lluvia, se versan sobre la tierra” (Ecl 11,3). Que tu palabra abundante corra con transparencia y claridad. Versarás así en los oídos de tu pueblo una enseñanza llena de bondad. Seducido por la gracia de tus palabras, te seguirá con gusto adonde lo conducirás. Que tus palabras estén plenas de sabiduría. Salomón lo dijo: “El arma del espíritu es la boca del sabio” (cf. Prov 14,3).En otro lado, “Que tus labios se peguen al sentido (cf. Prov 15,7), es decir, que tu exposición sea clara, tu inteligencia iluminada y tu discurso no tenga necesidad de apoyarse sobre el de otros, sino que sea fuerte con sus propias armas. Que ninguna palabra sin sentido salga en vano de tu boca.

No hay virtud sin amor

Evangelio según San Mateo (22, 34-40)

34 Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
35 y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?».
37 Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
38 Este es el más grande y el primer mandamiento.
39 El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
40 De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

Comentario: Beato Juan Van Ruysbroeck (1293-1381), canónigo regular
Los siete modos del amor espiritual El primer modo de canto celeste es el amor a Dios y al prójimo. El Padre nos envió a su Hijo para enseñárnoslo. El que no conoce ese modo, no puede entrar en el coro celeste, ya que no tiene ni el conocimiento ni el ornamento y deberá vivir eternamente afuera. (…) Amar a Dios y al prójimo en vista de Dios, a causa de Dios y en Dios, he aquí en efecto, lo más sublime y alegre que puede ser cantado en el cielo y la tierra. El arte y la ciencia de este canto son dados por el Espíritu Santo. Cristo, nuestro solista y director de coro, ha cantado desde el inicio y nos entonará eternamente el cántico de fidelidad y amor sin fin. Después, nosotros, también cantaremos con toda nuestra fuerza, tanto aquí abajo como en medio del coro de la gloria de Dios. Así, el amor verdadero y sin fingimientos, es el canto común que tienen todos que conocer para ser parte del coro de los ángeles y santos en el Reino de Dios. El amor es raíz y causa de todas las virtudes interiores y ornamento y verdadero atavío de las buenas obras exteriores. Vive de sí mismo y es su propia recompensa. No puede equivocarse en su acción porque fuimos precedidos y superados por Cristo, que nos ha enseñado el amor y que vivió en el amor con los suyos. Debemos entonces imitarlo, para ser salvados y bienaventurados con él. Tal es el primer modo del canto celeste, que la sabiduría de Dios enseña por medio del Espíritu Santo a todos sus discípulos obedientes.

Nunca es tarde

Evangelio según San Mateo 20,1-16a

1 Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
2 Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
3 Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,
4 les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’.
5 Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
6 Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’.
7 Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.
8 Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’.
9 Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
10 Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.
11 Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,
12 diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’.
13 El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
14 Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
15 ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’.
16a Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».

Comentario:San Nersés Shnorhalí patriarca armenio 1102-1173
Jesús, Hijo Único del Padre, II

Estuve invitado al alba desde el principio,
a mi entrada al mundo,
para trabajar en la viña del mandamiento,
por un denario que llevaba tu efigie.

Yo escuché al que invitaba,
ya al entrar en la viña.
Pero fui negligente en la práctica de la palabra,
por eso no espero recompensa.

Pero, oh Señor, generoso en todo,
hazme gratuitamente el presente de tu gracia,
a ejemplo de los obreros de la hora Once,
que entre en la viña, en el paraíso del Edén. 

Libres para amar

19 Agosto

Lunes de la 20a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 19,16-22.
Luego se le acercó un hombre y le preguntó: «Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?».
Jesús le dijo: «¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos».
«¿Cuáles?», preguntó el hombre. Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,
honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?».
«Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».
Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.

Comentario: Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964)
laica, misionera en la ciudad.

Comunidades según el Evangelio. Comunidades evangélicas para nuestro tiempo (Communautés selon l’Évangile, Seuil, 1973)
Rupturas del cristiano y de la Iglesia
Las rupturas necesarias de la Iglesia y de un cristiano, rupturas necesarias con el mundo para salvar al mundo y rupturas necesarias para que la Iglesia esté en camino, deben estar bien ubicadas donde deben y son fundamentales. Es importante que tomemos conciencia de las rupturas, las rupturas cristianas, ya que sin ellas un cristiano no es cristiano. No podemos devenir carne y sangre de la Iglesia por el bautismo, ser la carne y la sangre de su cuerpo, del cuerpo de Cristo, sin que haya rupturas entre el mundo y nosotros. Por esas rupturas devenimos aptos para participar en la redención de Cristo. “Al mismo tiempo que la Iglesia toma más fuertemente conciencia de ciertas exigencias interiores, es solicitada más fuertemente para las necesidades del mundo al que es destinada”, dice Pablo VI. Igualmente, porque estamos bautizados y hemos recibido al Espíritu Santo, es él que trabaja en nosotros y nos entrena en el camino que imprime a la Iglesia. Sin embargo, todo lo que se moviliza puede producir una ruptura. Podemos decir que la libertad elemental, esencial a los hijos de Dios, posee el riesgo de las rupturas. Pero, una ruptura sólo es cristiana si es motivada por la unión a Cristo y la participación a la obra de Cristo. No se produce una ruptura por la ruptura en sí. Sino que el cuerpo entero, toda la Iglesia de Cristo necesita de esas rupturas fundamentales. (…) Son rupturas que deben hacernos libres para pertenecer única y definitivamente a Jesucristo. Son rupturas que deben, con la gracia de Cristo, darnos la libertad de tratar de vivir una vida plena de caridad, según el Evangelio. Son rupturas que deben darnos la libertad de estar disponibles a su voluntad, en lo más íntimo de la Iglesia.

Un alimento superior y para siempre

18 Agosto

20º domingo del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 6,51-58.
Jesús dijo a los judíos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Comentario: Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad

El banquete eucarístico (Le Christ idéal du prêtre, Maredsous, 1951)
La infinita caridad de Dios en la Eucaristía
“¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente” (1 Jn 3,1), dice la 1º Carta de San Juan. Dios es nuestro Padre, nos ama con una incomprensible dilección. Todo el amor que existe en el mundo viene de él y es solo una sombra de su caridad infinita. (…) El amor tiende a darse, de ese modo se une profundamente al objeto de su afecto. Dios es amor (1Jn 4,8), tiene un deseo siempre actual e intenso de comunicarse con nosotros. (…) El Hijo, que comparte el amor del Padre, ha querido aceptar la condición de servidor y librarse sobre la cruz (cf. Jn 15,13). Todavía ahora, se esconde bajo las apariencias del pan y del vino, en vista de acceder a nosotros y unirnos a él de la forma más estrecha. La santa Eucaristía es el último esfuerzo de la dilección que aspira a darse. Es el prodigio de la omnipotencia puesta al servicio de la infinita caridad. Todas las obras de Dios son perfectas (cf. Dt 32,4). Por eso el Padre celestial preparó a sus hijos un banquete digno de él. No les sirve un alimento material, ni un maná descendido del cielo. Les da el Cuerpo y la Sangre, con el alma y la divinidad de su Hijo Único Jesucristo. En esta vida no comprenderemos jamás la grandeza de ese don. Mismo en el cielo, no lo comprenderemos completamente, porque la Eucaristía es Dios mismo que se comunica y él solo se conoce plenamente. (…) Con la comunión, poseemos la santa Trinidad en nuestro corazón, ya que el Padre y el Espíritu Santo están necesariamente dónde está el Hijo: son tres en una misma y única esencia.

No quebrará la caña doblada

Evangelio del día. Evangelio según San Mateo 12,14_21

14 En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.
15 Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos.
16 Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer,
17 para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:
18 Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones.
19 No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas.
20 No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia;
21 y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

Comentario: Orígenes (c. 185_253), presbítero y teólogo
En el transcurso de una comida, Jesús se levanta, se quita el manto y adopta la actitud de esclavo, tal como lo describen las palabras siguientes: “…tomó una toalla y se la ciñó a la cintura” para no estar del todo desnudo y para enjugar los pies de sus discípulos con su propio manto. (cf Jn 13,2-5) Mirad hasta qué punto se abaja la grandeza y la gloria del Verbo hecho carne, hasta lavar los pies a sus discípulos. “Echó agua en una jofaina”.“Abrahán alzó los ojos y vio tres hombres que estaban de pie delante de él. En cuanto los vio, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y postrándose en tierra, dijo: Mi Señor, por favor, te ruego que no pases de detenerte con tu siervo.” (Gn 18,2-3) Pero no es Abrahán que toma agua ni dice que él mismo va a lavar los pies de los forasteros que han venido hasta él, sino que dice: “Haré que os traigan agua para lavaros los pies.” Tampoco José trajo él mismo agua para lavar los pies a sus once hermanos, sino su mayordomo “los introdujo en la casa, les puso agua para que se lavaran los pies.” (Gn 43,24) Pero aquel que declaró: “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Mt 20,28) dijo con toda verdad: “Aprended de mí que soy sencillo y humilde de corazón.” (Mt 11,29) El Señor vierte, él mismo, el agua en la jofaina. Sabía que nadie, salvo él mismo, podía lavar los pies a sus discípulos para que esta purificación les conceda tener parte con él. El agua, pienso, era una palabra capaz de lavar los pies de los discípulos que se acercaban a la jofaina preparada por Jesús.

La persona más que la ley y la ideología

Evangelio según San Mateo 12, 1_8
1 Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.
2 Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado».
3 Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
4 cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?
5 ¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?
6 Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.
7 Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.
8 Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado».
Comentario:    San Agustín (354_430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Así, pues, en aquel viejo pueblo aún no se celebraba la Pascua en el resplandor de la luz, sino en la sombra cargada de significado (Col 2,17). Y después de cincuenta días de aquella celebración (…) se otorga en el monte Sinaí la ley, escrita con el dedo de Dios. (…) Dios descendió, como está escrito, sobre el monte Sinaí en medio del fuego, golpeando con espanto al pueblo que se mantenía a lo lejos y escribiendo la ley, con su dedo, en la piedra y no en el corazón (Ex 31,18). Al contrario, cuando el Espíritu Santo descendió sobre la tierra, los discípulos estaban todos juntos  en un mismo lugar, y en lugar de asustarles desde lo alto de la montaña,  entró en la casa donde estaban reunidos (Hch 2,1ss). Se oyó de lo alto del cielo un ruido parecido al de un viento violento que se acerca,  pero este ruido no asustó a nadie.
 Habéis oído el ruido, ved también el fuego; pues, sobre la montaña, se distinguían también estos dos fenómenos: el ruido y el fuego. Sobre el monte Sinaí, el fuego estaba rodeado de humo; aquí, al contrario, es de una claridad brillante: “Vieron, dice la Escritura, como unas lenguas de fuego que se repartían.” ¿Era un fuego que sembraba a lo lejos el temor? De ninguna manera: “estas lenguas de fuegos se posaron sobre cada uno de ellos” (…).” Escuchad esta lengua que habla, y comprended que es el Espíritu Santo quien escribe, no sobre la piedra, sino en el corazón. Así pues “la ley del espíritu de vida”, escrita en el corazón y no en la piedra, la ley del espíritu de vida que está en Jesucristo en el cual la Pascua se ha celebrado con toda verdad (1Co 5,7), “os ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.” (Rm 8,2).

Jesús contrario a la ley del Talión

Lunes de la 11a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 5,38-42.
Jesús, dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto;
y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

Carta 42 al rey Luis de Hungría (Lettres, I, Téqui, 1976)
¿Cómo saber si tengo caridad?
            Querido padre: usted puede decirme “Amo la caridad pero ¿cómo saber  si la tengo?”

            Le contestaré: Si el alma encuentra en ella misma las condiciones  que hemos reconocido en la caridad. Se resumen todas en dos principales. Primero, la verdadera y santa paciencia que soporta todas las injurias pequeñas o grandes, de cualquier lugar que provengan, soportándolas con espíritu calmo y tranquilo. Luego, el celo para aliviar las necesidades del prójimo tanto como fuera posible. Así, la primera condición de la caridades soportar las injurias, la segunda condición es dar. ¿Qué dar? El afecto de la caridad, amando al prójimo como a sí mismos y asistiendo a las criaturas según la gracia y dones espirituales y temporales que ofrece Dios. Entonces el alma se encuentra dispuesta a tomar y gustar la palabra de Dios, aplicándose a observarla hasta la muerte. Existen otros signos de la caridad, pero no quiero extenderme demasiado y cito sólo los dos principales.

            ¡Qué feliz es el alma que se nutre en el seno de una tan tierna madre! Ella es humilde, obediente, preferiría morir a no ser sumisa a Jesús crucificado.

Yo daré mi vida por ti.

Viernes de la 7a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 21,15-19.
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos».
Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». El le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas».
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras».
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Homilía sobre el Evangelio según Juan, 88 (PG 59. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d’Orval, 1971), trad.
“Yo daré mi vida por ti” (Jn 13,37)
Después de haber hablado a Pedro del amor que debía tener, Jesús le predice el martirio que le es destinado. Declara así toda la confianza que pone en él. Para darnos un ejemplo de amor y enseñarnos la mejor manera de amar, Jesús dijo a Pedro: “Cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras” (Jn 21,18). Jesús habló así porque Pedro había manifestado querer esto, desearlo, al exclamar “Yo daré mi vida por ti” (Jn 13,37) y al aclarar “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré” (Mt 26,35). Jesús accede a su deseo. Le habla de ese modo no para atemorizarlo sino para reavivar su ardor. Conoce su amor y su impetuosidad, puede anunciarle el género de muerte que le es reservada. Pedro deseaba desde siempre vivir peligros por Cristo. Por eso Jesús pudo decirle “Ten confianza, tus deseos serán cumplidos. Lo que no has soportado en tu juventud, lo afrontarás en tu vejez”. Para llamar la atención del lector, el evangelista agrega: “De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios” (Jn 21,19). Aprenderás con esta palabra que sufrir por Cristo es una gloria y un honor.

La cruz signo de contradicción y por lo mismo de liberación

Lunes de la 7a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 16,29-33.
Los discípulos le dijeron a Jesús: «Por fin hablas claro y sin parábolas.
Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios».
Jesús les respondió: «¿Ahora creen?
Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938)
monje trapense español

Escritos espirituales, 20/01/1937
«Os he dicho todo esto para que encontréis en mí la paz»
“Señor Dios, a lo que yo veo, la paciencia me es muy necesaria; porque en esta vida acaecen muchas adversidades. Pues de cualquiera suerte que ordenare mi paz, no puede estar mi vida sin batalla y sin dolor. Así es, hijo; pero no quiero que busques tal paz, que carezca de tentaciones, y no sienta contrariedades. Antes cuando fueres ejercitado en diversas tribulaciones, y probado en muchas contrariedades”… (Imitación de Cristo, Libro Tercero, cap. 12, 1,2)Qué equivocados andamos a veces los que buscamos la verdadera paz de Dios… Pero es que, la que buscamos, muchas veces no es la de Dios..., sino la del mundo. Cuando el mundo habla de paz..., así se la figura. Cuando el mundo busca la paz..., así la concibe..., silencio, quietud, amor sin lágrimas,... mucho egoísmo oculto. El hombre busca esa paz, para descansar, para no sufrir. Busca la paz humana, la paz sensible... Esa paz que el mundo pinta en un claustro con sol, con cipreses y con pájaros. Esa paz sin tentaciones y sin cruz… Hoy bendigo desde el fondo de mi alma, a ese Dios que tanto… Me quiere con mis miserias, mis pecados, mis lágrimas y mis alegrías. Me quiere en esa paz de la que hablas Tomás de Kempis en el libro de la Imitación… ¡Qué grande es Dios!... La paz de mi alma, es la paz del que nada, de nadie espera... Solamente Dios, solamente la Cruz de Cristo, solamente el deseo de vivir unido a su voluntad, es lo que el alma en el mundo espera, y la espera es tranquila; es con paz, a pesar de que el no ver aún a Dios, es un triste penar; el acompañarle en la Cruz, cuesta a veces copiosas lágrimas, y el verse que aún tenemos voluntad propia y, por tanto, miserias, defectos y pecados, no deja de causar pesar… Todo es combate, dolor, pero Jesús está en el centro, clavado sobre una cruz, y anima al alma a perseverar. En medio de la batalla que libramos en este mundo, Jesús está allí, con el rostro sereno, que nos dice que "el que le sigue no camina en tinieblas" (Jn 8,12)

Todo lo que pidas en el Nombre se té dará

Sábado de la 6a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 16,23b-28.
Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.
Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes,
ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre».

San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia

Sermón de Cuaresma nº5, 5
«Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará»
    Cada vez que hablo de la oración, me parece escuchar dentro de vuestro corazón ciertas reflexiones humanas que he escuchado a menudo, incluso en mi propio corazón. Siendo así que nunca cesamos de orar ¿cómo es que tan raramente nos parece experimentar el fruto de la oración? Tenemos la impresión de que salimos de la oración igual que hemos entrado, nadie nos responde una palabra, ni nos da lo que sea, tenemos la sensación de haber trabajado en vano. Pero ¿qué es lo que dice el Señor en el evangelio? «No juzguéis por las apariencias, sino tened un juicio justo» (Jn 7,24) y ¿qué es un juicio justo sino un juicio de fe? Porque «el justo vive de la fe» (Ga 3,11). Sigue, pues, el juicio de la fe más seguro que el de tu experiencia, porque la fe no engaña, mientras que la experiencia puede inducirnos al error.

    Y ¿cuál es la verdad de la fe sino la que el mismo Hijo de Dios nos promete?: «Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis» (Mc 11, 24). Así pues, hermanos, ¡que ninguno de vosotros tenga en poco su oración! Porque, os lo aseguro, aquel a quien ella se dirige, no la tiene en poca cosa; incluso antes de que ella haya salido de vuestra boca, él la ha escrito en su libro. Sin la menor duda podemos estar seguros de que Dios nos concede lo que pedimos, aunque sea dándonos algo que él sabe ser mucho más ventajosa para nosotros. Porque «nosotros no sabemos pedir como es debido» (Rm 8, 26) pero Dios tiene compasión de nuestra ignorancia y recibe nuestra oración con bondad… Entonces «sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón» (Salmo 36,4)

Amar con el mismo amor del Padre y el Hijo: sin interés y sin límites

Jueves de la 6a semana de Pascua. El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 16,16-20.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver».
Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: «¿Qué significa esto que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver’?. ¿Y que significa: ‘Yo me voy al Padre’?».
Decían: «¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir».
Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: «Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: ‘Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver’.
Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.»

Comentario: San Juan Pablo II (1920-2005) papa

Audiencia general del 16/12/1998, § 2 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
“Voy al Padre”
El punto de partida de nuestra reflexión son las palabras del evangelio que nos señalan a Jesús como Hijo y Revelador del Padre. Todo en él: su enseñanza, su ministerio, e incluso su estilo de vida, remite al Padre (cf. Jn 5, 19. 36; 8, 28; 14, 10; 17, 6). El Padre es el centro de la vida de Jesús y, a su vez, Jesús es el único camino para llegar al Padre. «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6). Jesús es el punto de encuentro de los seres humanos con el Padre, que en él se ha hecho visible: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?» (Jn 14, 9-10). La manifestación más expresiva de esa relación de Jesús con el Padre se da en su condición de resucitado, vértice de su misión y fundamento de vida nueva y eterna para cuantos creen en él. Pero la unión entre el Hijo y el Padre, como la que existe entre el Hijo y los creyentes, pasa por el misterio de la «elevación» de Jesús, según una típica expresión del evangelio de san Juan. Con el término «elevación», el evangelista indica tanto la crucifixión como la glorificación de Cristo. Ambas se reflejan en el creyente: «El Hijo del hombre tiene que ser elevado, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 14-16). Esta «vida eterna» no es más que la participación de los creyentes en la vida misma de Jesús resucitado y consiste en ser insertados en la circulación de amor que une al Padre y al Hijo, que son uno (cf. Jn 10, 30; 17, 21-22).

Y vio Dios que era bueno

Evangelio
Jn 16, 12-15 • El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.
En aquellos días, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará»

Comentario: Dios creador lo conoce todo acerca de Él mismo y de sus criaturas. Es como el mecánico y el ingeniero de un coche, el primero conocerá el coche a fuerza de experimentar y equivocarse, el segundo conocerá sus fundamentos y podrá incluso mejorar el coche y sus piezas cuando algo comience a fallar y al mecánico se le escape de las manos (nunca mejor dicho). Es más, el mecánico llega al conocimiento de la mecánica en sus partes más sofisticadas porque el diseñador y constructor del automóvil cede parte de sus conocimientos en un manual.
Algo parecido pasa con Dios. Queremos saber más que él, experimentamos con nosotros mismos y con el entorno sin tener en cuenta a Dios. De este modo estropeamos nuestro motor y el de los demás (nuestro corazón).
Dios nos va revelando en cada momento lo que necesitamos saber para nuestra salvación, una veces por medio de la razón y otras directamente por la unión de su espíritu con nuestra alma y hay cosas que no nos revela, simplemente porque no nos combine saber hasta después de esta vida. De este modo es mejor obedecer (Padre no se haga lo que yo quiero sino lo que tú quieres. Lucas 22, 42), no especular con lo que no se nos ha sido revelado por la Palabra de Dios, Jesucristo, para no conducir a otros a error inventando una mecánica que nos lleve a la muerte espiritual y en ocasiones también a la corporal. Es la misma Palabra en Mateo 18:6 la que nos advierte de ir por libre:
«Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar».
Por tanto hermano dejemos de inventar y sacarnos conejos de la chistera, porque de Dios y solo de él es el conocimiento y la Iglesia lo tiene por delegación sin poder modificarlo aunque sí esclarecerlo como órgano colegiado, como cuerpo de cristo y no como cuerpo individual cada uno actuando por su cuenta a ver quien tiene la ocurrencia más chocante y llamativa.

A mí lo que Dios, personalmente, pone en mi corazón desde hace unos meses acá, y que incluso puedo contactar a través de la experiencia es que todo lo hace bien. Esto a pesar de las contrariedades de la vida fruto del mal uso de nuestra libertad. Como dice el relato de la creación: Y vio Dios que era bueno.

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor

Que diferente la predicación de Jesús a la que hoy escuchamos en algunos de sus ministros totalmente opuesta a sus enseñanzas y a la del magisterio de la Iglesia.

Así, mientras que en el Evangelio de hoy se nos insta a cumplir los mandamientos de Jesús, en algunas predicaciones actuales escuchamos que no tenemos que hacer nada, solo creer en la resurrección del Señor y que un día nos encontraremos con él en el cielo (sin especificar que tendremos que enfrentar antes un juicio).

¿Se imaginan a un violador, a un adultero, a un empresario explotador, aún maltratador, acosador, etc.,  en misa escuchando una y otra vez hasta la saciedad estás palabras de no hacer nada? Cual sería el título de la película, no es difícil adivinar: licencia para pecar.

Una cosa es estar hablando todo el día del infierno y otra muy diferente rebajar hasta cero las exigencias del evangelio tratando de llenar las Iglesias. Grave error porque el número de creyentes no puede subir porque se aplique esta u otro estrategia psicológica, sino cuando se predique la Verdad Evangelica en su totalidad, (no hay cosa peor que las medias verdades), cuando todos los cristianos estemos unidos, como dice la misma palabra, algo que solo puede venir a través del magisterio integro de la iglesia (lo contrario es la torre de babel, cada cual con su gurú o su teólogo favorito), pero sobre todo y especialmente por medio de la ejemplaridad de los ministros de la iglesia, porqué una cosa es hablar bonito y otra bien diferente es hablar con la propia vida. Jesús era atrayente y hablaba con autoridad porque su ejemplo de vida iba por delante de sus palabras, lo mismo que sucede después con sus Apóstoles, está es la señal más evidente de que los cristianos nos hayamos vuelto tan poco seductores para los demás, la incoherencia. No vale la psicóloga, ni una falsa sonrisa que luego no se ponga a la altura de los hermanos con el ejemplo. Como nos decía S. Pablo: 1Corintios 9:22 Entre los débiles me hice débil, a fin de ganar a los débiles. Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos  por todos los medios posibles.

No creo que estas palabras mías sirvan de algo cuando el propio evangelio ahora para muchos se considera prácticamente una metáfora (es decir un cuento) y la única verdad posible es la de unos cuantos iluminados que ponen en duda todo, que solo creen en si mismos y en el gurú de turno que mayor licencia les de para pecar. Me gustaría saber que signos, estilo de vida y milagros acompaña a estos predicadores para semejante ceguera espiritual (para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados, Marcos 4,12).

Os imaginaís a Jesús en la sinagoga diciendo a los fariseos, no tenéis que cambiar de vida, no tenéis que hacer nada, o a la adultera: nadie te ha condenado yo tampoco vete en paz y sigue como vas, tú pecado no tiene consecuencias ninguna, ni para ti, ni para nadie, ni para la creación que gime con dolores de parto.

Evangelio y comentario de hoy:

Jn 15, 9-11. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Lo que nos une a Dios con más fuerza es el amor. Pero no podemos pensar en el amor como una simple unión afectiva, como un sentimiento de atracción que no tiene consecuencias. Para Dios el amor es real cuando se traduce en obras. Por eso el secreto para permanecer en el amor del Señor está en guardar sus mandamientos.
De este modo, los que amamos a Dios somos los que marcamos la diferencia, pues frente a un mundo que actúa buscando el poder, el placer, la fama o el dinero, nosotros somos lo que actuamos buscando la voluntad de Dios para hacerla. ¿Amas a Dios? Muy simple: pórtate como hijo y transforma el mundo según sus designios.
Buenos días.

Jesús es la palabra de Dios Padre.

Miércoles de la 4a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 12,44-50.
Jesús exclamó: «El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió.
Y el que me ve, ve al que me envió.
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar;
y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó».

Comentario: San Anselmo (1033-1109)
benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia

Meditaciones
«Yo he venido al mundo para que el que cree en mí no quede en las tinieblas»
Oh mi buen Maestro, Jesucristo, estaba yo sin ningún auxilio, no pedía nada, y ni tan sólo pensaba en ello, y tu luz me ha iluminado durante la noche… Tú has alejado de mi el peso que me hundía, tú has repelido a los que me asaltaban, tú me has llamado con un nombre nuevo (Ap 2,17), tomado del tuyo, el nombre de cristiano. Yo estaba ya sin fuerzas, tú me has levantado. Me has dicho: «Confianza, Yo te he rescatado, Yo que he dado mi vida por ti. Si quieres unirte a mi, te liberarás del mal y del abismo en el que estás metido, y te conduciré a mi Reino…»Si, Señor, ¡tú lo has hecho todo por mí! Yo estaba en las tinieblas y no sabía nada..., yo bajaba al abismo de la injusticia, estaba caído en la miseria del tiempo para caer más bajo todavía. Y en la hora en que me encontraba sin ayuda ninguna, tú me has iluminado. Sin que ni siquiera te lo pidiera, me has iluminado. En tu luz he visto lo que eran los otros y lo que yo mismo soy...; tú me has dado la confianza en mi salvación, tú, que has dado tu vida por mí... Lo reconozco, oh Cristo, me debo del todo a tu amor.

Yo les doy Vida eterna

Martes de la 4a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 10,22-30.
Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno,
y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón.
Los judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente».
Jesús les respondió: «Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí,
pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre.
El Padre y yo somos una sola cosa».

Comentario: Símbolo “Quicumque”
atribuido a san Atanasio (entre 430 y 500)

“El padre y yo, nosotros somos UNO”
He aquí la fe católica: veneramos a un Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad, sin confundir a las personas, sin dividir la sustancia: una es, en efecto, la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen una misma divinidad, una gloria igual, una misma majestuosidad eterna. Así como es el Padre, es el Hijo y el Espíritu Santo: increado es el Padre, increado el Hijo e increado el Espíritu Santo… De este modo el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; y sin embargo ellos no son tres dioses, sino un mismo Dios…Esta es la fe sin desviaciones: nosotros creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre: Él es Dios, de la sustancia del Padre, engendrado antes de los siglos; y Él es hombre, de la sustancia de su madre, nacido en el tiempo: Dios perfecto, hombre perfecto, compuesto de un alma razonable y un cuerpo humano, igual al Padre según la divinidad, inferior al Padre según la humanidad. Aunque Él sea Dios y hombre, no existen dos Cristos sino un solo Cristo: uno, no porque la divinidad haya pasado a la carne, sino porque la humanidad fue asumida por Dios; una unión no por mezcla de sustancias, sino por la unidad de la persona. Porque, al igual que el alma razonable y el cuerpo forman un hombre, Dios y el hombre forman un Cristo. Él sufrió por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos, subió a los cielos, y está sentado a la derecha del Padre; desde allí vendrá a juzgar a vivos y muertos.

Yo soy la puerta, fuera de mí no hay otra.

Lunes de la 4a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 10,1-10.
Jesús dijo a los fariseos: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir.
Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.
Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz».
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.»

Comentario: Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
dominico, teólogo, doctor de la Iglesia

Lectura de Juan 10 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d’Orval, 1973)
“Yo soy el Buen Pastor” (Jn 10,11)
Jesús dijo: “Yo soy el Buen Pastor” (Jn 10,11). Es evidente que el título de pastor es propio de Cristo. Lo mismo que un pastor lleva a pastar a su rebaño, así Cristo restaura a los fieles con un alimento espiritual: su propio Cuerpo y su propia Sangre. Para diferenciarse del mal pastor y del ladrón, Jesús precisa que él es el Buen Pastor. Se declara Bueno, porque defiende a su rebaño con el compromiso de un buen soldado por su patria. Por otra parte, Cristo ha dicho que el pastor entra por la puerta y él mismo es la puerta (cf. Jn 10,7). Cuando se declara Pastor, tenemos que entender que es él que entra, por sí mismo. Manifiesta que conoce al Padre por sí mismo, mientras que nosotros lo conocemos por él y es él quien nos da la bienaventuranza. Veamos bien que sólo él es la Puerta, sólo él es la Luz y los demás lo son por participación. Juan Bautista “no era la luz sino el testigo de la luz” (Jn 1,8). Cristo era “la Luz verdadera que al venir a este mundo ilumina a todo hombre” (Jn 1,9). Nadie puede decir que es la puerta, ya que ese nombre está reservado para Cristo. El título de pastor lo ha comunicado a otros, a sus miembros. Pedro lo ha sido, otros discípulos, los obispos. “Les daré pastores según mi corazón” (Jer 3,15), dice el profeta Jeremías. Aunque los responsables de las Iglesias- hijos de ellos- son todos pastores, Cristo dijo “Yo soy el Buen Pastor” para mostrar la fuerza única de su amor. Ningún pastor lo es si no está unido a Cristo, ya que es así miembro del único verdadero Pastor.

La eucaristía pan de Vida Eterna

Lunes de la 3a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 6,22-29.
Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos.
Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias.
Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.
Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello».
Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?».
Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado»

Comentario: San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Homilías sobre el evangelio de Mateo, n° 82, 5; PG 58, 743
“El alimento que permanece para la vida eterna, es el que os dará el Hijo del hombre”
Los judíos en Pascua, comían de pie, con las sandalias puestas y los bastones en las manos, con prisa (Éxodo 12,11). ¡Qué razón más fuerte puede mantenerte despierto! Ellos estaban alistándose para partir hacia la Tierra Prometida y se comportaban como viajeros; y tú, tú vas camino al cielo. Es por eso que siempre debemos permanecer en guardia… Los enemigos de Cristo han golpeado su santísimo cuerpo sin saber lo que hacían (Lucas 23,34); y tú, ¡tú lo recibirás en tu alma impura después de tanta generosidad! Porque Él no se conformó con hacerse hombre, ser flagelado y condenado a muerte: en su amor, quiso unirse aún más a nosotros, identificarse con nosotros no solamente por medio de la fe, sino realmente por la participación de su propio cuerpo…Considera el gran honor que recibes, y a qué mesa estás siendo invitado. Aquel al que los ángeles miran y a la vez tiemblan, aquel al que no se atreven a mirar sin miedo, a causa del resplandor de la gloria que irradia su rostro, nosotros lo convertimos en nuestro alimento y nos unimos en comunión a Él, un solo cuerpo, una sola carne. “¿Quién hablará de las proezas del Señor, quién proclamará todas sus alabanzas?” (Salmo 105,2). ¿Qué pastor nunca ha alimentado a sus ovejas con su propia carne?... A menudo sucede que las madres les confían a nodrizas sus hijos. Cristo no es así: Él nos alimenta con su propia sangre, nos convierte con Él en un solo cuerpo.

Soy yo no teman

Sábado de la 2a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 6,16-21.
Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar
y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos.
El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.
Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo.
El les dijo: «Soy yo, no teman».
Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia

Sermón 50, 1.2.3; PL 52, 339-340)
“La barca tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.”
Cristo sube a una barca. ¿No era él que enjugó el mar, amontonando las aguas por ambos lados para que el pueblo de Israel pudiera pasara a pie enjuto como por un valle? (Ex 14,29) ¿No era él que hizo pasar a Pedro por encima de las aguas, haciendo que las olas formaran un suelo firme y sólido debajo de sus pies? (Mt 14,29) Cristo sube a la barca. Cristo, para atravesar el mar de este mundo hasta el final de los tiempos, sube a la barca de su Iglesia para conducir a los que creen en él hasta la patria del cielo por una travesía apacible, y hacer de aquellos con quien compartió la condición humana, ciudadanos de su reino. Cristo, ciertamente, no tiene necesidad de la barca, pero la barca necesita a Cristo. Sin este timonero celestial, en efecto, la barca de la Iglesia, agitada por las olas, no llegaría nunca a puerto seguro.