No sé puede sanar sin renunciar a lo que té enfermo

San Mateo, apóstol y evangelista
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 9, 9-13.
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars.

Perseverar en la gracia de conversión
       El primer medio de perseverar en el camino que conduce al cielo, es ser fiel a seguir y beneficiarse de los movimientos de la gracia que Dios quiere acordarnos. Todos los santos obtienen su felicidad al seguir los movimientos del Espíritu Santo. Los damnificados sólo pueden atribuir su desdicha al desprecio que hicieron de la gracia. Eso es suficiente para hacer sentir a ustedes el valor y la necesidad  del ser fieles.           

            Me dirán ustedes ¿cómo y con que medios podemos saber que correspondemos a la gracia o que la resistimos? Si no lo saben, escúchenme un instante, conocerán lo más esencial. Digo primero que la gracia es un pensamiento que nos hace sentir la necesidad de evitar el mal y hacer el bien. (…) Los santos son santificados por su gran atención para seguir todas las buenas inspiraciones que el Buen Dios les envía. Los damnificados, cayeron en infierno porque las han despreciado. (…)

           Vemos en el Evangelio que todas las conversiones que Jesucristo operó durante su vida se apoyaron sobre la perseverancia. ¿Cómo fue convertido san Mateo? Sabemos que  cuando Jesucristo le dijo de seguirlo, lo siguió. Pero lo que nos asegura que su conversión fue verdadera, es que no entró más en su escritorio y nunca más cometió injusticias. Porque después de comenzar a seguir a Jesucristo, nunca más lo dejó. Ser perseverante en la gracia, renunciar para siempre al pecado, fueron las marcas ciertas de su conversión.

La mujer sujeto activo e imprescindible

Viernes de la 24a semana del Tiempo Ordinario, día 20
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 8,1-3.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Comentario: San Juan Pablo II papa (1920-2005)

Mulieris Dignitatem, § 16

Los doce estaban con Él, y también las mujeres
El hecho de ser hombre o mujer, no comporta ninguna restricción en lo que concierne a la misión, de la misma manera que la acción salvífica y santificante del Espíritu en el hombre no está limitada por el hecho de ser judío o griego, esclavo o libre, según nos viene expresado en las palabras bien conocidas del apóstol Pablo: « Porque todos no formáis más que uno en Cristo Jesús » (Gal 3,28). Esta unidad no suprime las diferencias. El Espíritu, que hace realidad esta unidad en el orden sobrenatural de la gracia santificante, contribuye, en la misma medida, al hecho de que «vuestros hijos e hijas profetizarán» (Jl 3,1). Profetizar significa expresar, a través de la palabra y la vida «las maravillas de Dios» (Hch 2,11), salvaguardando la verdad y la originalidad de cada persona, sea hombre o mujer. La igualdad evangélica, la paridad del hombre y la mujer frente a las maravillas de Dios, tal como nos ha sido manifestada con total claridad en las obras y las palabras de Jesús de Nazaret, constituye el fundamento más evidente de la dignidad y la vocación de la mujer en la Iglesia y en el mundo. Toda vocación tiene un sentido profundamente personal y profético. En la vocación así comprendida, la personalidad de la mujer encuentra una dimensión del todo nueva: es la dimensión de las «maravillas de Dios» de las cuales la mujer es sujeto viviente y testimonio irreemplazable.

A quien más se le perdona más ama. No digas ¡yo soy indigno…!

E_vangelio según San Lucas 7, 36_50.
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.
Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.
Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!».
Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». «Di, Maestro!», respondió él.
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.
Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?».
Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien».
Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.
Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.
Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.
Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor».
Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados».
Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?».
Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Santa Faustina Kowalska
religiosa. Pequeño diario
¡Quiero responder eternamente a tu amor!
Mi Jesús, afirma las fuerzas de mi alma para que el enemigo nada gane. Sin Ti soy sólo debilidad, sin Tu gracia soy un abismo de miseria. La miseria es mi propiedad. Oh herida de la Misericordia, Corazón de Jesús, escóndeme en Tu profundidad como una gota de Tu propia sangre y no me dejes salir por la eternidad. Enciérrame en Tus profundidades y enséñame tú mismo como amarte. Amor eterno, modela Tú mismo mi alma para que sea capaz d un amor recíproco por Ti. Oh amor vivo, hazme capaz de amarte siempre. Quiero responder eternamente a Tu amor con la reciprocidad. Oh Cristo, una sola de tus miradas me es más querida que millones de mundos, que el cielo entero. Tu puedes, Señor, hacer que mi alma te comprenda en toda tu plenitud, tal como eres. Se y creo que puedes todo. Ya que has dignado darte a mí tan generosamente, se que puedes ser más generoso todavía. Hazme entrar en Tu intimidad tan lejos como pueda la naturaleza humana…

¿Con quién puedo comparar a esta generación?

Miércoles de la 24a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 7, 31-35.

Dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: ‘¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!’.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: ‘¡Ha perdido la cabeza!’.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!’.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.»
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa. Carta encíclica «Dives in Misericordia»

*En la Iglesia Cristo nos llama a la conversión*
    La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia—el atributo más estupendo del Creador y del Redentor—y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora. En este ámbito tiene un gran significado la meditación constante de la palabra de Dios, y sobre todo la participación consciente y madura en la Eucaristía y en el sacramento de la penitencia o reconciliación.

    La Eucaristía nos acerca siempre a aquel amor que es más fuerte que la muerte (Ct 8,6): en efecto, « cada vez que comemos de este pan o bebemos de este cáliz », no sólo anunciamos la muerte del Redentor, sino que además proclamamos su resurrección, mientras esperamos su venida en la gloria (Cfr. 1 Cor 11, 26; aclamación en el «Misal Romano»). El mismo rito eucarístico, celebrado en memoria de quien en su misión mesiánica nos ha revelado al Padre, por medio de la palabra y de la cruz, atestigua el amor inagotable, en virtud del cual desea siempre El unirse e identificarse con nosotros, saliendo al encuentro de todos los corazones humanos.

    Es el sacramento de la penitencia o reconciliación el que allana el camino (Lc 3, 3; Is 40, 3) a cada uno, incluso cuando se siente bajo el peso de grandes culpas. En este sacramento cada hombre puede experimentar de manera singular la misericordia, es decir, el amor que es más fuerte que el pecado.

No somos carne de un ciego destino.

Martes de la 24a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 7, 11-17.
Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate».
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo».
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

Comentario: San Gregorio Magno
papa y doctor de la Iglesia

Morales sobre Job, XIV
La esperanza de nuestra resurrección
Por la muerte de la carne permanecemos en el polvo hasta el fin del mundo. Nuestro Redentor, el tercer día, liberado de la aridez de la muerte y en una fresca lozanía, muestra el poder de su divinidad resucitando en su propia carne. (…) Si es verdad que el cuerpo del Señor está vivo después de su muerte, para nuestros cuerpos es hasta el fin del mundo que es postergada la gloria de la Resurrección. Por eso Job tuvo el cuidado de marcar esa postergación diciendo “Porque yo sé que mi Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre la tierra. Y después,… yo, con mi propia carne, veré a Dios” (Jb 19, 25_26). Tenemos la esperanza de nuestra resurrección, ya que estamos en presencia de la gloria de nuestra Cabeza. Que no digan -aún en su fuero interno- que si el Señor resucitó de la muerte es porque siendo Dios y Hombre en una sola y única persona, ha superado con su divinidad la muerte padecida en su humanidad. Y que nosotros, que somos solamente hombres, no podemos desprendernos de una condenación a muerte. Pero he aquí que los cuerpos de numerosos santos han también resucitado a su hora [según los Evangelios]. El Señor quiso mostrarnos en sí mismo la resurrección y nos presenta el ejemplo de seres semejantes a nosotros, por su naturaleza humana, para fortificarnos en la esperanza de la resurrección. Ante el don manifestado por el Hombre Dios en sí mismo, el hombre debía creer que la resurrección se podía producir en él y en otros de su misma naturaleza, puramente humana.

Humildad+fe=amor+compasión

El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 7,1_10.

Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho.
Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor.
Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: «El merece que le hagas este favor,
porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga».
Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa;
por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: ‘Ve’, él va; y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘¡Tienes que hacer esto!’, él lo hace».
Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe».
Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

San Agustín (354)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

Sermón 62
«Señor, yo no soy digno»
En la lectura del evangelio que acabamos de escuchar vemos cómo Jesús alaba nuestra fe juntamente con la humildad. Cuando ha prometido ir a curar al criado del centurión, éste ha contestado: «Señor, no te molestes; yo no soy quién para que entres bajo mi techo; dilo de palabra y mi criado quedará sano». Reconociéndose indigno, se muestra no sólo digno de que Cristo entre en su casa, sino también en su corazón… Porque no habría sido ninguna dicha si el Señor hubiera entrado en su casa y no hubiera entrado también en su corazón. En efecto, Cristo, Maestro en humildad por su ejemplo y sus palabras, se sentó a la mesa en casa de un fariseo orgulloso, llamado Simón (Lc 7, 36s). Pero por mucho que estuviera en su mesa, no estaba en su corazón: allí «el Hijo del Hombre no tuvo donde reclinar su cabeza» (Lc 9, 58). Aquí, ocurre lo contrario: no entra en la casa del centurión, pero posee su corazón... Es pues la fe unida a la humildad lo que el Señor alaba en el centurión. Cuando éste dice: «Señor, no te molestes; yo no soy quién para que entres bajo mi techo», el Señor responde: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe»... El Señor vino primero, según la carne, al pueblo de Israel para buscar primero en ese pueblo su oveja perdida cf Lc 15,4)... Los demás, en tanto que hombres, no podemos conocer la medida de la fe de los hombres. Sólo él que ve el fondo del corazón, él a quien nadie engaña, que ha conocido lo que era el corazón de ese hombre al escuchar su palabra llena de humildad, y, a cambio, le dio una palabra que cura.

Mi yugo es llevadero

Evan_gelio según San Marcos 8, 27_35

27 Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
28 Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas».
29 «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro respondió: «Tú eres el Mesías».
30 Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.
31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;
32 y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
33 Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
34 Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

Comentario: San Cesáreo de Arlés (470_543), monje y obispo.

Cuando el Señor nos dice en el Evangelio: « Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo », nos parece que nos manda una cosa difícil y consideramos que nos impone un yugo pesado. Pero, si el que nos manda es el mismo que nos ayuda a cumplir su mandato, eso ya no es difícil…¿Adónde debemos seguir a Cristo sino allá donde Él se ha ido? Ahora bien, sabemos que Él ha resucitado y ha subido al cielo: es allí donde debemos seguirle. Es necesario, ciertamente, que no nos dejemos invadir por la desesperación, porque, si bien es cierto que no podemos nada por nosotros mismos, tenemos la promesa de Cristo. El cielo estaba muy lejos de nosotros antes que nuestra Cabeza subiera hasta él. En adelante, si somos los miembros de esta Cabeza (Col 1,18) ¿por qué desesperar de poder llegar al cielo? Si es cierto que en esta tierra estamos agobiados por tantas inquietudes y sufrimientos, sigamos a Cristo en quien encontramos la felicidad perfecta, la paz suprema y la tranquilidad eterna. Más,el hombre que desea seguir a Cristo, escuchará estas palabras del apóstol Juan: « Quien declara permanecer en Cristo debe él mismo seguir el mismo camino que Jesús ha seguido » (1Jn 2,6). ¿Quieres seguir a Cristo? Sé humilde tal como Él lo ha sido. ¿Quieres unirte a Él en las alturas? No menosprecies su humillación bajándose hasta nosotros.

Buscar a Dios más allá del cumpli-miento

Evangelio según San Lucas  6, 6-11)

6 Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
7 Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
8 Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y quédate de pie delante de todos». El se levantó y permaneció de pie.
9 Luego les dijo: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?».
10 Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: «Extiende tu mano». El la extendió y su mano quedó curada.
11 Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.

Comentario: San Elredo de Rieval nacido en mil ciento diez, monje cisterciense. El Espejo de la caridad, III 3-6

Cuando el hombre, apartándose del bullicio exterior, se ha recogido en el secreto de su corazón, ha cerrado la puerta a la muchedumbre ruidosa de las vanidades…, cuando en él no queda nada de agitación ni de desordenado, nada que le atraiga, nada que le atenace…, está en la gozosa celebración de un primer “sábado”… Pero se puede salir de esta cámara íntima en la que se alberga su corazón…, para entrar en el descanso gozoso y pacífico de la dulzura del amor fraterno. Está en el segundo “sábado”, el de la caridad fraterna… Una vez purificado por estas dos formas de amor [a sí misma y a su prójimo], el alma aspira tanto más ardientemente los gozos del abrazo divino cuanto más asegurada está. Ardiendo en un deseo extremo, su mirada va más allá del velo de la carne y, entrando en el santuario (Hb 10,20) en que Cristo es espíritu ante su rostro, queda totalmente absorbida por una luz indecible y de dulzura no habitual. Habiéndose hecho el silencio en relación a todo lo que es corporal, sensible, cambiante, con una mirada penetrante se fija en Lo que Es, Lo que siempre permanece, idéntico a sí mismo, Lo que es Uno. Libre para ver que el mismo Señor es Dios (Sl 45,11), celebra sin ninguna duda el “sábado de los sábados” en los dulces abrazos de la misma Caridad.

Confiar es el punto de salida. La humildad la puerta de entrada

Eavangelio según San Lucas  5, 1_11

1 En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
2 Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
3 Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».
5 Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes».
6 Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
7 Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador».
9 El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
10 y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».
11 Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

Comentario: San Ambrosio (c. 340_ 397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia

    “Rema lago adentro”, es decir en la alta mar de los debates. ¿Hay abismos comparables a “…la profanidad de riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios” (cf Rm 11, 33) a la proclamación de la filiación divina?… La Iglesia es conducida por Pedro en la alta mar del testimonio, para contemplar al Hijo de Dios resucitado y al Espíritu derramado.

    ¿Cuáles son las redes que Cristo manda a los apóstoles de echar al agua? No es el conjunto de las palabras, los discursos, la profanidad de los argumentos que no dejan escapar a los que se han quedado en sus redes? Estos instrumentos de pesca de los apóstoles no hacen perecer a la presa sino que la conservan, la salvan de los abismos y la sacan a la luz, conduciéndola de los fondos bajos hacia las alturas…

    “Maestro, dice Pedro, hemos estado toda la noche faenando y no hemos cogido nada, pero puesto que tú lo dices, echaré las redes.” Yo también, Señor, sé que para mí es de noche si tú no me guías. Todavía no he convertido a nadie por mis palabras, todavía es de noche. He hablado el día de la Epifanía; he echado las redes y no he pescado nada. He echado las redes de día. Espero que tú me mandes echar las redes. A tu palabra la volveré a echar. La confianza en uno mismo no vale nada mientras que la humildad es fecunda. Los apóstoles, que hasta entonces no habían pescado nada, a la voz del Señor, capturaron una gran cantidad de peces.

Sólo tú mandas justamente

Evangelio según San Lucas 4, 38_44

38 Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
39 Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
40 Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
41 De muchos salían demonios, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
42 Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
43 Pero él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».
44 Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Comentario: San Agustín (354_ 430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

Desde ahora, Señor, es a ti sólo a quien amo, a ti sólo a quien me uno, a ti sólo a quien busco, a ti sólo a quien estoy dispuesto a servir, porque sólo tú mandas justamente. Deseo someterme a tus órdenes; manda, te lo ruego, manda lo que quieres, pero cúrame, abre mis oídos a fin de que pueda escuchar tus palabras…Recíbeme como a un fugitivo, oh Padre amantísimo. He sufrido demasiado tiempo; demasiado tiempo he estado sometido a tus enemigos y al juego de las mentiras. Recíbeme como a un siervo tuyo que quiere alejarse de todas estas cosas vanas... siento que me es necesario volver a ti; llamo, ábreme la puerta, enséñame como se llega hasta ti... Es hacia ti que quiero ir, dame, pues, los medios para llegar hasta ti. ¡Si tú te alejas, perecemos! Pero tú jamás abandonas a nadie, porque eres el soberano bien; todos los que te buscan con rectitud, te encuentran. Eres tú quien nos enseña como buscarte rectamente. Oh Padre mío, haz que te busque, líbrame del error, no permitas que, en mi búsqueda, encuentre a otra cosa que no seas tú. Si no deseo nada más que a ti, haz que sea a ti sólo a quien encuentre, oh Padre mío.

No es la tentación, sino el asentimiento

Evangelio según San Lucas 4, 31_37

31 Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados.
32 Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
33 En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza;
34 «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
35 Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.
36 El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: «¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!».
37 Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

Comentario:San [Padre] Pío de Pietrelcina, capuchino

Epistolario 3, 626 y 570; CE 34
Las tentaciones no deben asustarte; es a través de ellas que Dios quiere probar y fortificar tu alma, y él te da, al mismo tiempo, la fuerza para vencerlas. Hasta aquí tu vida ha sido la de un niño; desde ahora el Señor quiere tratarte como adulto. Ahora bien, las pruebas de un adulto son muy superiores a las de un niño, y esto explica porque tú, al principio te has turbado tanto. Pero la vida de tu alma pronto recuperará su calma, eso no va a tardar. Ten aún un poco de paciencia, y todo ira mejorando. Deja,pues,caer estas vanas aprehensiones. Acuérdate de que no es la sugestión del Maligno el que hace la falta sino más bien el consentimiento que se da a estas sugestiones. Solamente una voluntad libre es capaz del bien y del mal. Pero cuando la voluntad gime por el efecto de la prueba infligida por el Tentador, y cuando ella no quiere lo que éste le propone, no solamente no hay falta sino que es virtud. Guárdate mucho de caer en una agitación cuando luchas contra tus tentaciones, porque esto no haría sino fortificarlas. Es necesario tratarlas con desprecio y no ocuparte más de ellas. Vuelve tu pensamiento hacia Jesús crucificado, su cuerpo puesto entre tus brazos y di: «¡Esta es mi esperanza, la fuente de mi gozo! Me uno a él con todo mi ser, y no te dejaré hasta que no me hayas dado seguridad»

lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.

Evangelio según San Marcos  7, 1ss

1 Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús,
2 y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
3 Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados;
4 y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
5 Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?».
6 El les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
7 En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
8 Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres».
14 Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien.
15 Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
21 Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
22 los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
23 Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».

Comentario: San Claudio de la Colombière, jesuita 1641Diario Espiritual

            ¿Por qué tan grande pureza en María? Porque ella debía portar al Hijo de Dios en su seno. Si ella no hubiera sido más pura que los ángeles, el Verbo no habría podido venir en ella de forma conveniente. No hubiera venido con agrado, no hubiera podido aportar esos dones preciosos con los que la llenó en el momento que fue concebido en ella. Recibimos en el Santo Sacramento del altar al mismo Jesucristo que María llevó nueve meses en su seno. ¿Cuál es nuestra pureza?

             ¿Qué cuidado tenemos para preparar nuestra alma? ¡Cuántos desechos! Cometemos faltas la víspera, el día, en el acto mismo. ¡Sin embargo, él viene! ¡Qué bondad! ¡Nosotros vamos a él! ¡Qué temeridad! ¿Pero ese Dios de bondad viene con agrado? Examinemos cuáles deben ser sus sentimientos. ¿No siente rechazo ante una corrupción tan grande?  Y nosotros vamos hacia él impúdicamente, sin sentirnos confundidos, sin contrición ni penitencia.

             Voy a tratar de preparar mi corazón de forma que le agrade, que encuentre su delicia, oh mi Dios, para no oponerme a las gracias inmensas que recibiré, si yo tuviera cuidado de purificarme, si supiese lo que pierdo. Oh mi Dios, ¡mi ignorancia justifica un poco mi negligencia! (…) Con mis cuidados me voy a poner  a purificarme, estaré en estado de beneficiarme con sus visitas, para que pueda venir a mí con agrado. Venga, mi Señor, encontrará, con su santa gracia, mi corazón cada vez más puro.

No dejes que se consuma el plazo en nada, tu vida tiene un propósito

Evangelio según San Mateo 25, 14_30

14 Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,
16 el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
17 De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,
18 pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
19 Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
20 El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. ‘Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado’.
21 ‘Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
22 Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado’.
23 ‘Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
24 Llegó luego el que había recibido un solo talento. ‘Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.
25 Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!’.
26 Pero el señor le respondió: ‘Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,
27 tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
28 Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,
29 porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
30 Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes’.

Comentario: San Nersés Shnorhalí 1102_1173, patriarca armenio

Fui semejante al mal servidor,
Que nada ganó por los talentos confiados.
Mismo lo he superado,
Porque perdí el don de la gracia.

No hice duplicar tu talento,
Ni cuadripliqué los dos, ni decuplé los cinco,
De forma de completamente reinar
Sobre las diez ciudades de la sensibilidad.

Enterré bajo tierra el único talento,
Ocultándolo en el velo de los vicios,
No puse dinero en el banco
De forma que tengas el interés. (…)

A Ti, oh Salvador de mi alma,
Llorando dirijo estas palabras:
“Ya que está todavía en mis manos hacer el bien
Concédeme la gracia de agradarte con él”.

Así escucharé la alegre sentencia
Como el servidor fiel:
“¡Entra en la celeste casa,
En la alegría de tu Señor!”

Donde está tú tesoro está tú corazón

Evangelio según San Mateo  13, 44-46

44 Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
45 El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
46 y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»

Comentario:  San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia. *Vida de San Francisco, Leyenda mayor, c. 746*
Entre los dones espirituales recibidos de la generosidad de Dios, Francisco obtuvo, particularmente, el de enriquecer siempre su tesoro de simplicidad gracias a su gran amor a la pobreza. Viendo que aquella que había sido la compañera habitual del Hijo de Dios había llegado a ser, a partir de entonces, objeto de una animadversión universal, la cogió como esposa y se consagró a ella con un amor eterno. No contentándose con «dejar por ella al padre y a la madre» (Gn 2,24), repartió entre los pobres todo lo que podía tener (Mt 19,21). Nadie ha guardado su dinero tan celosamente como Francisco conservó su pobreza; nunca nadie ha vigilado su tesoro más cuidadosamente como él ésta perla de la que habla el Evangelio.

    Nada le producía una herida mayor que encontrar en sus hermanos alguna cosa que no fuera conforme a la pobreza de los religiosos. Desde el inicio de su vida religiosa hasta su muerte, no tuvo otra riqueza que su túnica, una cuerda como cinturón, unos pantalones; no le hacía falta nada más. A menudo, pensando en la pobreza de Jesucristo y de su Madre, lloraba: «He aquí, decía, el porque la pobreza es la reina de las virtudes; es ella la que ha brillado en el Rey de reyes (1Tm 6,15) y en la Reina, su madre».

    Un día que los hermanos le preguntaron cuál es la virtud que nos hace más amigos de Cristo, abriendo, por así decir, el secreto de su corazón, les respondió: «Saben, hermanos, que la pobreza espiritual es el camino privilegiado para la salvación, porque es la savia de la humildad y la raíz de la perfección; sus frutos son innumerables aunque escondidos. Ella es ese «tesoro escondido en el campo» que, para comprarlo, dice el Evangelio, es preciso venderlo todo y cuyo valor nos debe empujar a despreciar toda otra cosa».

¡La lengua piedra de tropiezo para tantos…!

Evangelio según San Marcos 6, 17_29 Jueves

17 Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
18 Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano».
19 Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,
20 porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
21 Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
22 La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras y te lo daré».
23 Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
24 Ella fue a preguntar a su madre: «¿Qué debo pedirle?». «La cabeza de Juan el Bautista», respondió esta.
25 La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: «Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
26 El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
27 En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
28 El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
29 Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Comentario: Liturgia bizantina. Odas y estiqueros de las maitines Profeta nacido de un profeta (Lc 1,67), bautizaste al Señor, fuiste «la voz que grita en el desierto: Arrepiéntanse» (Mt 3,2). Reprendiste a Herodes por su impío libertinaje. Es por eso que corriste para anunciar el Reino de los Cielos a los que estaban cautivos adónde descansan los muertos… Precursor como profeta, baptizador y mártir como voz del Verbo, su mensaje, su antorcha, tú el más grande de los profetas según el testimonio dado por Dios (Mt 11,9), implora al Señor que salve de toda prueba y de toda desgracia a los que festejan con amor tu radiante memoria. (…) Vengan todos los pueblos, celebremos al profeta, mártir y baptizador del Salvador: es él, que como un ángel en carne (Mc 1,2 griego) reprendió a Herodes por su injusta relación, condenando su incorrecta acción. Pero a causa de una danza y de un juramento, decapitaron la venerable cabeza de aquél que anuncia hasta en los infiernos la buena nueva de la resurrección de entre los muertos y que sin cesar intercede ante el Señor por la salvación de nuestras almas. Vengan, todos los fieles, celebremos al profeta, mártir y baptizador: yéndose al desierto encontró su descanso, alimentándose de saltamontes y de miel salvaje; reprendió al rey que violaba la ley. Y nosotros, los temerosos, nos exhortaba diciendo: «Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca».

La imagen sirve para engañar pero no para vivir

Evangelio según San Mateo 23, 27-32

27 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre!
28 Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.
29 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos,
30 diciendo: ‘Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas’!
31 De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.
32 ¡Colmen entonces la medida de sus padres!

Comentario: San Gregorio de Nisa (c. 335-395), monje, obispo
La salud del cuerpo es un bien para la vida humana. Ahora bien, se es dichoso no sólo por conocer la definición de salud, sino por vivir en buena salud… El Señor Jesús no dice que se es dichoso por saber alguna cosa referente a Dios, sino que se es feliz por la posesión de él dentro de sí. En efecto, «dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). No dice que Dios se deja ver por cualquiera que haya purificado la mirada de su alma…; en otra parte lo dice más claramente: «El Reino de Dios está dentro de vosotros» (Lc 17,21). Esto es lo que nos enseña: el que ha purificado su corazón de toda criatura y de toda atadura desordenada, ve la imagen de la naturaleza divina en su propia belleza…
Hay en ti, en cierta medida, una capacidad para ver a Dios. El que te ha formado ha depositado en tu ser una inmensa fuerza. Dios, al crearte, ha encerrado en ti la sombra de su propia bondad de manera semejante a cuando se imprime el dibujo de un sello en la cera. Pero al pecado ha escondido esta huella de Dios; ha quedado escondida bajo unas manchas. Si a través de una vida perfecta purificas las manchas fijadas en tu corazón, la belleza divina brillará de nuevo en ti. De la misma manera que un pedazo de hierro del que se ha quitado su herrumbre brilla bajo la luz del sol, igualmente ocurre en el hombre interior: en lo que el Señor llama «corazón», encontrará de nuevo la semejanza con su modelo cuando haya quitado las manchas de herrumbre que estropeaban su belleza.

¿Donde hallar la paz y el descanso buscado?

Evangelio según San Mateo  23, 23_26

23 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
24 ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
25 ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

Comentario: Orígenes (c. 185_253), presbítero y teólogo.
Homilías sobre el libro de Josué, nº 5, 2
   Marchemos a la guerra como Josué; asaltemos la ciudad más considerable de este mundo –la malicia- y destruyamos las orgullosas murallas del pecado. ¿Acaso no mirarás a tu alrededor para ver qué camino has de tomar y qué campo de batalla vas a escoger? Sin duda te van a parecer extrañas mis palabras; y sin embargo son verdaderas: limita tu búsqueda a ti solo. En ti está el combate que vas a emprender, en tu interior el edifico de malicia que has de socavar; tu enemigo sale del fondo de tu corazón.

     Y no soy yo quien lo digo sino el mismo Cristo; escúchale: «del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias» (Mt 15,19). ¿Te das cuenta de la fuerza de este ejército enemigo que avanza contra ti desde el fondo de tu corazón? Ahí tienes a nuestros enemigos, a los que hemos de matar al primer combate, los que están en primera línea para ser derribados. Si somos capaces de derribar sus murallas y exterminarlos hasta que no quede ni uno sólo para poderlo narrar, ni tan sólo uno para volver a atacar (Jos 11,14), si no queda ni uno para revivir y volver a ocupar nuestros pensamientos, entonces Jesús nos dará el gran descanso.

El miedo a la perdida un lastre para la salvación



Lunes de la 21a semana del Tiempo Ordinario.
Evangelio según San Mateo 23,13-22.
«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes!
¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: ‘Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale’!
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro?
Ustedes dicen también: ‘Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar’.
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?
Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él.
Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita.
Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

Comentario: San Clemente de Roma, papa del año 90 a 100 aproximadamente
Carta a los Corintios 7-13, PA 1, 108-110

*“Volveos a mí de todo corazón” (Jl 2,12)*
    Si recorremos los tiempos antiguos, nos daremos cuenta de que, de generación en generación, el Maestro ha ofrecido la posibilidad de convertirse a todos aquellos que quieren retornar a él. Noé anunciaba la conversión y los que le escucharon se salvaron. Jonás anunció a los Ninivitas la destrucción que les amenazaba. Se arrepintieron de sus pecados y Dios escuchó sus súplicas y alcanzaron la salvación, aunque fueron extraños a Dios…

    Por su voluntad todopoderosa, Dios quiere que todos los que él ama lleguen a la conversión. Por esto debemos obedecer a su magnífica y gloriosa voluntad. Imploremos humildemente su misericordia y su bondad. Confiemos en su compasión abandonando las preocupaciones frívolas, la discordia y la envidia que nos llevan a la muerte…

    Permanezcamos humildes, hermanos míos, rechacemos todo sentimiento de orgullo, de jactancia, de vanidad y de cólera… Apeguémonos firmemente a sus preceptos y a los mandamientos del Señor Jesús, siendo dóciles y humildes ante sus palabras. Ya que la palabra divina nos dice: “Yo me fijo en el humilde y abatido que tiembla ante mi palabra” (Is 66,2).

¿Qué palabra no tiene fecha de caducidad?

Evangelio según San Juan 6, 60-69

60 Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?».
61 Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza?
62 ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
63 El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
64 Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
65 Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
66 Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
67 Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?».
68 Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.
69 Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

Comentario: Benedicto XVI, papa 2005-2013

Homilía en la Celebración eucarística en la 20 Jornada Mundial de la Juventud, 21/08/05

En la última Cena, la novedad más importante reside en la nueva profundidad que se da a la antigua plegaria de bendición de Israel, que se vuelve en la palabra de transformación y nos da a nosotros la posibilidad de participar de la hora de Cristo (Jn 13,1). Jesús no nos ha dado la misión de repetir la Cena pascual, la cual, además, en tanto que aniversario, no se puede repetir a discreción. Nos ha dado la misión de entrar en su «hora».Entramos en ella gracias a la palabra que viene del poder sagrado de la consagración: una transformación que se realiza por la palabra de alabanza, que nos pone en continuidad con Israel y con toda la historia de la salvación, y que, al mismo tiempo, nos da la novedad hacia la cual esta plegaria tiende por su más profunda naturaleza. Esta plegaria, llamada por la Iglesia «plegaria eucarística», constituye la Eucaristía. Esta palabra es palabra de poder, que transforma los dones de la tierra de manera totalmente nueva en don de sí mismo de Dios y que nos compromete en este proceso de transformación. Es por eso que a este acontecimiento le llamamos Eucaristía, traducción de la palabra hebrea «beraka»: acción de gracias, alabanza, bendición, y así transformación desde el Señor, presencia de su «hora». La hora de Jesús es la hora en la cual el amor es vencedor. En otras palabras, es Dios quien ha vencido, porque él es el Amor. La hora de Jesús quiere llegar a ser nuestra hora y llegará a serlo si nosotros mismos, a través de la celebración de la Eucaristía, nos dejamos arrastrar en este proceso de transformación que el Señor prevé. La Eucaristía debe llegar a ser el centro de nuestra vida.