El postureo no lleva al cielo

15 Octubre
E_vangelio según San Lucas 11, 37_41.
Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa.
El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.
Pero el Señor le dijo: «¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia.
¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?
Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.

Comentario: San Bernardino de Siena (1380_1444) franciscano

Tratado sobre la caridad
Den como caridad lo que tienen y todo será puro (Lc 11,41)
Ya enseñé que la caridad se hace con el corazón, las palabras y las obras. Nunca tendrás una excusa para esto: cuando veas la necesidad de un pobre, debes tener compasión. Si vas al hospital y no puedes curar la pena de un enfermo, ofrécele al menos la caridad del corazón y ten compasión. Puedes darle también una caridad que le será muy apreciada: la palabra. Con la bondad de pocas palabras, aliviarás su pena. Una omisión de estas palabras no se podría excusar. En cualquier estado o condición que veas al infortunado, puedes consolarlo. Agrada tanto al pobre la caridad con una palabra, que enseguida se reconforta y apacigua. Escucha la Escritura Santa: “¿No calma el rocío el calor ardiente?” (Ecli 18,16). Recuerda la sensación que experimenta en tiempos de gran calor, cuando encuentras un abundante rocío a la mañana. Lo mismo, a veces, no pudiendo asistir a un pobre con los bienes de este mundo, lo sostienes con tu palabra y es renovado y consolado, aunque no fuera aliviado en su requerimiento material. Pero dices: si es sordo ¿cómo ofrecerle esta caridad? No es excusa tampoco. Puedes por lo menos coser sus vestimentas, ayudarlo a vestirse, a calentarse, ingeniarte según los medios. Nadie es dispensado de compartir con el que lo necesita. (…) No tienes excusa ante Dios si no lo asistes. Ofrécele la caridad con alegría.

Desatar los lazos de la maldad, y arrancar todo yugo de esclavitud

Evangelio según San Lucas 11, 29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.

Comentario: Afraates (¿-c. 345)
monje, obispo cerca de Mossul

Las Disertaciones, nº 3, Del ayuno; SC 349
«¿Cuál es el ayuno que yo quiero? ¿Acaso no es abrir las prisiones injustas?» (Is 58,6)
Los ninivitas ayunaron con un ayuno completo cuando Jonás les predicó la conversión. (…) Esto es lo que está escrito: “Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, y aplacó el incendio de su ira” (Jon 3,10). No dice: “Vio que ayunaban a pan y agua y se vestían de saco y ceniza”, sino: “Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta”. Porque el rey de Nínive había dicho: “Que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos” (v. 8). Hicieron un ayuno sincero y fue aceptado. Porque, amigo mío, cuando se ayuna, la abstinencia de la maldad es siempre la mejor.Es mejor que la abstinencia de pan y de vino, mejor que “humillarse a sí mismo, mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza” como dice Isaías (58,5). En efecto, cuando el hombre se abstiene de pan, de agua o de cualquier alimento, cuando se cubre de saco y ceniza y se aflige, eso es agradable a los ojos de Dios. Pero lo que a Dios más le place es: “(...) desatar los lazos de la maldad, y arrancar todo yugo de esclavitud” (v. 6). Entonces para este hombre “brotará tu luz como la aurora, te precederá tu justicia, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca faltan” (v. 8-11). No se parece en nada a los hipócritas “que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan” (Mt 6,16).

¿Quienes son los Sarracenos de nuestro tiempo?

No te irás de vacío

Jueves de la 27a semana del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 11,5-13.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: ‘Amigo, préstame tres panes,
porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle’,
y desde adentro él le responde: ‘No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos’.
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.
Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?
¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!».

San Nersés Shnorhalí (1102-1173)
patriarca armenio

Jesús Hijo Único del Padre, II (SC 203. Jésus Fils Unique du Père, Cerf, 1973)
¡Nada tengo, reciba lo que pido!
Antes de la llegada del amigo
Que reclamará mi alma,
Él, que es celestial entre los seres celestiales,
Y que me conducirá al cielo,

Él, que es tu amigo, bueno por naturaleza,
Y que he rechazado, por aceptar al malvado,
Al umbral de luz de tu aurora,
Yo llego con un alma tenebrosa.

Dame, en lugar de tres panes
Confesar a tu Trinidad de Personas,
Y tu Cuerpo celestial,
Por la gracia de haber conocido a las tres Hipostasias.

Entre las buenas acciones
Para poner delante del amigo del bien,
Sólo tengo la fe en tu gracia
Y el último viático de vida.

Contra mí, suplicante inoportuno
No pretextes que las puertas están cerradas,
O que los niños están en su lecho,
Y las almas inocentes se reposan.

No digas que es imposible
Porque significaría que no quieres
Ya que si lo quieres absolutamente
Es algo que se realiza para el bien.

El alma tiene tanta necesidad de Dios como el cuerpo del oxígeno

Evangelio según San Lucas 11,1-4.
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».
El les dijo entonces: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación».

Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida

Quiero ver a Dios, Primeras oraciones (Je veux voir Dieu, éd. du Carmel, 1949),
Cuando recen, digan “Padre Nuestro… “ (Lc 11,2)
Debutantes con el alma ardiente y generosa, llenos de grandes deseos (…) en el seguimiento de Cristo: he aquí los apóstoles en el comienzo de la vida pública. Vieron a su Maestro sumergido largas horas en oración silenciosa, completamente absorbido por ella. Quisieran poder imitar su actitud, seguir al Maestro hasta esas profundidades apacibles y misteriosas. Releamos la escena evangélica. “Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a rezar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. El les dijo entonces: “Cuando recen, digan: Padre, santificado sea tu Nombre,…” (Lc11,1-2). Preguntaban sobre la ciencia de la oración y Jesús les enseña una oración vocal. Pero ¡qué oración vocal! Sencilla y sublime que en fórmulas concisas precisa la actitud filial del cristiano delante de Dios, enumera los votos y preguntas que debe presentarle. El Padre Nuestro es la oración perfecta que la Iglesia pone sobre los labios en el instante más solemne del sacrificio. Es la oración de los pequeños que no saben nada más, la oración de los santos que recitan las plegarias más plenas. (…) Frecuentemente, entonces, en las diversas etapas de la vida espiritual que podamos estar, en los más diversos estados de fervor o sequedad, para aprender a rezar, humildemente, reposadamente, recitemos el Padre Nuestro. Es la oración que Jesús ha compuesto para nosotros. Enseñándonos el Padre Nuestro, Jesús ha consagrado la excelencia de esta oración vocal.

Ve, y procede tú de la misma manera

Lunes de la 27a semana del Tiempo Ordinario
E_vangelio según San Lucas 10, 25_37.
Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Comentario: San Nersés Shnorhalí (1102-1173)
patriarca armenio

¡Con el remedio de Vida del Espíritu, sáname!
Desde Jerusalén, nuestro Paraíso,
Culpable como Adán,
Descendí hasta la vil Jericó,
Caí en manos del Bandido.

Me despojaron de la luz,
Cubrieron mi alma de las heridas del pecado,
Partieron dejándome medio muerto,
Pero después de la muerte, me dan la guerra todavía.

Moisés el Levita,
Aarón el antiguo Sacerdote,
La nación del Gran Patriarca,
Los Profetas de la antigua Ley,

Vieron las heridas de mis sufrimientos incurables,
Las terribles heridas ,
Vinieron con el remedio de palabras solamente,
Y no pudieron curarlas.

A ti que llamaban Samaritano,
Los que no tienen pudor entre el pueblo judío,
Mostraré los sufrimientos de mi alma,
A tus ojos divinos que la ven.

Ten piedad de mí como tuviste piedad de Adán,
Pon el remedio sobre la herida profunda de mi alma,
Recúbrela con mi vestimenta primera,
De la que me despojaron los bandidos.

Versa sobre el aceite y el vino,
El remedio de vida del Espíritu de lo Alto,
Dando de nuevo el Espíritu de la unción,
Y la copa de la Nueva Alianza.

Llévame sobre la montura de la Cruz,
Hasta el albergue, a la Iglesia,
Confíame al Gran Sacerdote,
Que ofrece su Cuerpo en sacrificio.

Da, en vez de los dos denarios,
La Palabra del Antiguo y del Nuevo Testamento,
Para curar con ella mi alma,
Tal como por el pan vivirá el cuerpo.

El que ama ha nacido de Dios

E_vangelio según San Marcos 10, 2_16.
Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?».
El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?».
Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella».
Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él».
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

San Juan Pablo II (1920_2005)
papa

Homilia del 12 de Octubre de 1980
«Ellos ya no son dos; no son mas que uno»
«Lo que Dios ha unido, el hombre no lo debe separar» Esta expresión «contiene la grandeza esencial del matrimonio y al mismo tiempo la intensidad moral de la familia» Nos deseamos hoy esa magnitud y esa dignidad para todos los esposos del mundo; deseamos esa intensidad sacramental e integridad moral para todas las familias. ¡Y lo pedimos para el bien del hombre!. Por el bien de cada hombre. El hombre debería llegar a la vida sólo a través de la familia. Y la familia debe ubicarse en las bases mismas de todo esfuerzo a fin de que nuestro mundo humano sea para siempre mas humano. La persona no puede escapar a estas solicitudes: ninguna sociedad, ningun pueblo, ningun sistema; ni el Estado, ni la Iglesia, ni el mismo individuo.El amor, que une a un hombre con una mujer como esposos, es al mismo tiempo don y mandato....el amor es don: " *el amor procede de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios* (1Jn 4,7)Y al mismo tiempo el amor es un mandamiento, el mas grande amor..."Amarás" (Mt. 22, 37_39). Obedecer al mandamiento del amor nos llevará a realizar todas las obligaciones de la familia cristiana. A fin de cuentas, todas se reducen a estas: la fidelidad y la honestidad conyugal, la paternidad responsable y la educación. La "pequeña iglesia"-la Iglesia doméstica-indica que la familia vive en el espíritu del mandamiento del amor: su verdad interior, su esfuerzo cotidiano, su belleza espiritual y su fuerza...Si Dios es el amor El es accesible. Si nosotros destruimos esta estructura inseparable, donde habla el mandamiento de Cristo, entonces el amor del hombre se separará de sus raíces más profundas, perderá sus raíces de plenitud y de verdad, que son esenciales. Imploramos en favor de todas las familias cristianas, de todas las familias del mundo, para que les sea concedido esta plenitud y verdad en el amor, esa que evoca el mandamiento de Cristo.

El poder viene de lo Alto. La humildad de aceptar lo que eres.

Sábado día 5 octubre
E_vangelio según San Lucas 10, 17_24.
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron llenos de gozo y dijeron a Jesús: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».
El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!».

San Juan Casiano (c. 360_435)
fundador de la Abadía de Marsella

Conferencias VII-IX, Los carismas divinos (SC 54. Conférences VIII-XVII

Alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo (Lc 10,20)

La humildad es la madre de todas las virtudes, el fundamento inquebrantable del edificio celestial, el don propio y magnífico del Salvador. El que no busca imitar al manso Señor en la sublimidad de sus prodigios sino en la virtud de la paciencia y la humildad, sin peligro de envanecerse, podrá hacer todos los milagros que el Señor ha realizado. (…). Si se hace un prodigio en nuestra presencia, no es lo maravilloso de los signos que hace a su autor estimable a nuestros ojos, sino la belleza de su vida. No es el saber si los demonios le son sumisos que debemos preguntarnos, sino si posee la caridad que el Apóstol proclama. Por eso, es un mayor milagro extirpar de la propia carne el foco de la lujuria, que expulsar los espíritus inmundos del cuerpo de alguien. Es un signo más magnífico, contener los movimientos salvajes de la cólera con la virtud de la paciencia, que comandar a las potencias del aire. Es más grande excluir del propio corazón las mordidas devoradoras de la tristeza, que alejar las enfermedades y fiebres corporales de otros. Finalmente, es a justo título, una virtud más noble y progreso más sublime curar las languideces de su propia alma, que las del cuerpo del otro. Cuanto más el alma está elevada por sobre la carne, más se prefiere su salvación. Más su sustancia va adelante por su excelencia y valor, más grave y funesta será su ruina. Acerca de las sanaciones corporales, es dicho al bienaventurado Apóstol: “No se alegren de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo” (Lc 10,20). No eran sus poderes que realizaban esos prodigios, sino la virtud del Nombre que ellos invocaban. Por eso, se les advierte de no reivindicar ni beatitud ni gloria por lo que sólo se realizaba por el poder y virtud de Dios. Sus nombres meritaban estar inscriptos en el cielo, únicamente por la pureza íntima de sus vidas y sus corazones

No hay más que un fundamento y está a tu alcance

Evangelio según San Lucas 10,1-12.
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.»
Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:
‘¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca’.
Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

San Pío X (1835-1914)
papa 1903-1914

Encíclica «El supremo apostolado»
Enviados por Cristo al mundo entero *Nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, Cristo Jesús* (1C 3,11). Él es el único a quien «el Padre consagró y envió al mundo» (Jn 10,36), «reflejo de su gloria, impronta de su ser» (Hb 1,3), verdadero Dios y verdadero hombre; sin él nadie puede conocer a Dios como es debido, porque «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar» (Mt 11,27). De donde se sigue que «restaurar en Cristo» (Ef 1,10) y hacer volver a los hombres a la obediencia a Dios, son una sola y misma cosa. Y es por ello que el fin hacia el cual deben converger todos nuestros esfuerzos, es llevar al género humano a reconocer la soberanía de Cristo. Una vez hecho esto, el hombre se encontrará, por ahí mismo, llevado a Dios: no un Dios inerte y despreocupado de las realidades humanas, como algunos filósofos lo han imaginado, sino un Dios vivo y verdadero, un Dios en tres personas en la unidad de su naturaleza, creador del mundo, haciendo llegar a todas las cosas su providencia infinita, justo dador de la Ley que juzgará la injusticia y dará su recompensa a la virtud. Ahora bien, ¿dónde se encuentra el camino que nos hace llegar a estar junto a Jesucristo? Está delante de nuestros ojos: es la Iglesia. San Juan Crisóstomo ya nos lo dijo y con razón: «La Iglesia es tu esperanza, la Iglesia es tu salvación, la Iglesia es tu refugio». Es por esto que Cristo, después de haberla adquirido al precio de su sangre, la ha establecido. Es por esto que le ha confiado su doctrina y los preceptos de su Ley, prodigándole, al mismo tiempo, los tesoros de su gracia para la santificación y la salvación de los hombres. Ved pues, venerables hermanos, cuál es la obra que se nos ha confiado...: no tener otra meta que formar en todos a Jesucristo... Es la misma misión que Pablo atestigua haber recibido: «Hijitos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros» (Gal 4,19). Ahora bien, ¿cómo cumplir con semejante deber sin antes estar «revestidos de Cristo»? (Gal 3,27). Y revestidos hasta el punto de poder decir: «para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21).

La simplicidad es gozo y paz 

Santos Ángeles Custodios

El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 18,1-5.10.

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?».
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.
El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.»

Comentario: Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa

Diario, nº 1741 (La Divina Misericordia

Los espíritus angélicos Te cantan sus himnos eternos
            Oh Dios, que eres la felicidad en ti Mismo y para esta felicidad no necesitas a ninguna criatura, ya que eres en Ti Mismo la plenitud del amor, pero por tu insondable misericordia llamas a las criaturas a la existencia y las haces participes de Tu felicidad eterna y de Tu eterna vida interior divina que vives Tú, Único Dios, Trinitario en Personas.

            En Tu insondable misericordia has creado los espíritus angélicos y los has admitido a Tu amor, a Tu familiaridad divina. Los has hecho capaces de amar eternamente; aunque los has colmado, oh Señor, tan generosamente del resplandor de belleza y de amor, no obstante no ha disminuido nada Tu plenitud, oh Dios, ni tampoco su belleza y amor Te han completado a Ti, porque Tú en Ti Mismo eres todo. Y si los has hecho participes de Tu felicidad y les permites existir y amarte, es únicamente gracias al abismo de Tu misericordia, a tu bondad insondable por la cual Te glorifican sin cesar, humillándose a los pies de Tu Majestad y cantando sus himnos eternos: Santo, Santo, Santo…

Adorado seas, Único en la Santísima Trinidad,
Dios misericordioso, Insondable, infinito, inconcebible.
Sumergiéndose en Ti, su mente no logra comprenderte,
Por lo tanto repiten sin cesar su eterno: Santo…

Glorificado seas, nuestro misericordioso Creador y Señor,
Omnipotente, pero lleno de piedad inconcebible.
Amarte es una tarea de nuestra existencia,
Cantando nuestro himno eterno Santo…

Bendito seas, oh Dios misericordioso,
Amor eterno,
Tú estás por encima de los cielos, zafiros y firmamentos,
La pura legión de espíritus Te alaba así,
Con su himno eterno, tres veces Santo.

Devolver bien por mal es la llave

Evangelio según San Lucas 9,51-56.
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?».
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.

San Juan Bosco (1815-1888)
educador, fundador de comunidades religiosas.

Carta a sus hermanos (Prière du Temps présent, Cerf, 1971),

«No impidan que los niños se acerquen a mí» (Mc 10,14)
            Es más fácil ponerse en cólera que soportar, amenazar al niño que persuadirlo. Diría mismo que nuestra impaciencia y nuestro orgullo se sienten mejor imponiendo castigos a los recalcitrantes, en vez de enderezarlos con firmeza y soportarlos con dulzura. Sin embargo, es la caridad de Pablo la que les recomiendo. La caridad que tenía con los convertidos recientes, yendo hasta las lágrimas y la súplica cuando los encontraba poco dóciles o inaccesibles a su amor.

            Pongan atención en no actuar impulsivamente. Al castigar, es difícil de conservar el equilibrio para que no crean que actuamos por autoritarismo o porque damos curso a nuestro enojo. Miremos a nuestros jóvenes como hijos sobre los que tenemos que ejercer la autoridad. Hagámonos sus servidores, exactamente como Jesús, que vino para obedecer y no para mandar. No tengamos vergüenza de dominar a su manera, sólo dominemos para servir.

            Así actuaba Jesús con los discípulos, que eran ignorantes y groseros. Más aún, los sostenía cuando no eran suficientemente fieles y mostraba bondad y amistad de familia con los pecadores. Tanto, que ciertas personas estaban estupefactas, otras escandalizadas  y, muchas al fin, volvían esperando el perdón de Dios. Por eso, él nos ha pedido ser mansos y humildes de corazón.

En la sabiduría de Dios el más pequeño es el más grande

Evangelio según San Lucas 9, 46-50.
Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo,
les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande».
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros».
Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia

Morales sobre Job, XIV
La Iglesia humildemente, en la verdad
            “Aunque fuera verdad que cometí un error, mi error me concierne sólo a mí” (Jb19,4). Lo propio de los heréticos es llenarse de vana arrogancia por su ciencia, despreciar la simplicidad de una fe recta y juzgar sin mérito la vida de los humildes. La santa Iglesia, al contrario, ante toda verdad que llega a su verdadera sabiduría, abaja humildemente su pensamiento, huyendo de la suficiencia de la vana ciencia, la fatuidad de la búsqueda sobre los misterios, la presunción de sondar los problemas que son más allá de sus fuerzas. Le es más útil aplicarse a ignorar lo que no puede sondear, que a definir frontalmente lo que ignora.

           Se dice que está con nosotros el que está por nosotros  e, inversamente, no está con nosotros el que está contra nosotros. Ya que el herético se envanece con su propia ciencia y los fieles se humillan en el sentimiento de su ignorancia, el bienaventurado Job puede decir en su nombre, pero también en acuerdo con la Iglesia universal: “Aunque fuera verdad que cometí un error, mi error me concierne sólo a mí”. Es como decir claramente a los heréticos: Su ciencia no está con ustedes porque ella está contra ustedes, porque los endurece un loco orgullo. Pero mi error, mi ignorancia, está por mí, porque lejos de tener el orgulloso atrevimiento de hacer una encuesta sobre Dios, me mantengo humildemente en la verdad.

Cortar = a no dialogar y justificar el mal

Evangelio del día
26o domingo del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 9,38-43.45.47-48.

Juan le dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros».
Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.
Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.
Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.
Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,
donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Comentario: Juliana de Norwich (1342-después de 1416)

Revelaciones del amor divino, cap. 35-36
*Frente a la misericordia de Dios, reconocer plenamente nuestro pecado*


        Dios mismo es justicia por excelencia. Todas sus obras son justas, ordenadas desde toda la eternidad por su gran potencia, sabiduría y bondad. De la misma manera que lo ajustó todo lo mejor posible, trabaja sin cesar y conduce cada cosa a su fin… La misericordia es la obra de la bondad de Dios; continuará actuando tanto tiempo como se le permita al pecado atormentar a las almas justas. Cuando este permiso sea retirado… todo se establecerá en la justicia, para quedar establecido allí eternamente. Dios permite que caigamos. Pero con su poder y su sabiduría, nos guarda. Por su misericordia y su gracia, nos eleva a una alegría infinitamente más grande. Así quiere ser conocido y amado en la justicia y en la misericordia, ahora y para siempre…

        Yo, no haré nada más que pecar. Pero mi pecado no impedirá a Dios obrar. La contemplación de su obra, es alegría celeste para el alma temerosa, que desea siempre cumplir amorosamente la voluntad de Dios con la ayuda de la gracia. Esta obra comenzará aquí abajo. Será gloriosa para Dios y de gran ventaja para todos aquellos que le aman en la tierra. Cuando lleguemos al cielo, seremos testigos de una alegría maravillosa.
Esta obra perdurará hasta el último día. La gloria y la santidad que emanarán de esto subsistirán en el cielo, delante de Dios y todos sus santos, para siempre… Esta será la mayor alegría: ver que Dios mismo es el autor.

El hombre, él, no es más que pecador. Me parecía que nuestro Señor me decía: «¡Ve pues! ¿No tienes allí ocasión para humillarte? ¿No tienes allí ocasión para amar? ¿No tienes allí ocasión para conocerte a ti mismo? ¿No tienes allí ocasión para regocijarte en mí? Entonces, por amor a mí, regocíjate en mí. Nada puede gustarme más.

Nada nuevo bajo el Sol

Ahí donde se queman libros, se acaba quemando también seres humanos Heinrich Heine.
Paso en la Alemania Nací. Ahora apenas se leen libros pero se intentan cerrar redes sociales y silenciar medios de comunicación  ¿Acabaran encerrando en las cárceles, quemado o ejecutando de nuevo a los disidentes que se resistan al pensamiento oficial y único del gñobalismo?

El cielo es real

https://www.religionenlibertad.com/ciencia_y_fe/893969570/loreto-joven-madre-camino-neocatecumenal-estuve-muerta-senti-felicidad-indescriptible.html

Esta misma experiencia la he vivido yo en Chile, en el pueblito de San Pedro de Atacama, yo sabía que no estaba en mi cuerpo y que la sensación de plenitud y felicidad que sentí por breve tiempo (no sé exactamente cuánto) jamás la había experimentado con mi cuerpo físico por medio de mis sentidos. Experiencia que se repitió años después en mi misma casa una vez más. Es algo que no suelo contar porque luego cada persona lo interpreta a su manera. Lo único que puedo decir es que tengo plena consciencia que yo estaba fuera de mi cuerpo físico mortal, y que la sensación de plenitud, paz y felicidad que experimenté son inefables, algo que no venia de este mundo. Yo pensaba como esa chica ojalá me quedase aquí para siempre y es también la experiencia que describe en el Monte Tabor Pedro en la transfiguración de Jesucristo cuando dice -arrebatado por la felicidad que le invade en ese momento de plenitud- que quería levantar allí una tienda para quedarse a vivir para siempre.
El cielo es real y por consiguiente sería bueno estar preparados para poder recibirlo el día de nuestra muerte.

Muéstrame tu rostro

Evangelio de hoy. San Lucas 9,7-9

7 El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: «Es Juan, que ha resucitado».
8 Otros decían: «Es Elías, que se ha aparecido», y otros: «Es uno de los antiguos profetas que ha resucitado».
9 Pero Herodes decía: «A Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?». Y trataba de verlo

Nada mejor que esta oración para el comentario del Evangelio de hoy:

Tu rostro busco, Señor
Manual de Oracion, Padre Ignacio Larrañaga

«Deja por un momento tus preocupaciones habituales,
hombre insignificante; entra por un instante dentro de ti mismo, alejándote del tumulto de tus pensamientos
confusos y las preocupaciones inquietantes que te oprimen.
Descansa en Dios por un momento, descansa sólo un instante en El. Entra en lo más profundo de tu alma;
aleja de ti todo, excepto a Dios y lo que te pueda ayudar
a encontrarlo. Cierra la puerta de tu habitación,
y búscalo en el silencio. Di a Dios con todas tus fuerzas, díselo al Señor . “Busco tu rostro. Tu rostro busco, Señor”.
Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame cómo
y en dónde tengo que buscarte, en dónde y cómo te alcanzaré.Si no estás en mí, Señor, si estás ausente,
¿en dónde te encontraré? Si estás en todas partes,
¿por qué no te haces aquí presente? Es cierto que habitas
en una luz inaccesible, pero ¿en dónde está esa luz inaccesible? ¿Cómo me acercaré a ella? ¿Quién me guiará
y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿En qué huellas, en qué signos te reconoceré? Nunca te vi, Señor y Dios mío, no conozco tu rostro. Dios Altísimo,
¿qué hará este desterrado lejos de Ti? ¿Qué hará este servidor, sediento de tu amor, que vaga lejos de Ti? Desea verte, y tu Rostro está muy distante de él. Desea reunirse contigo, y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte, e ignora dónde moras. No suspira, sino por ti,
y nunca vio tu Rostro.Señor, Tú eres mi Dios.
Tú eres mi Señor, pero no te conozco. Tú me creaste
y me redimiste. * Tú me pediste cuanto tengo,
pero aún no te conozco. Fui creado para verte, y aún
no pude alcanzar el fin para el que fui creado.Y Tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo esconderás tu rostro? ¿Cuándo mirarás hacia nosotros? ¿Cuándo nos escucharás? ¿Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu Rostro? ¿Cuándo responderás a nuestros deseos? Señor, escúchanos, ilumínanos, revélate a nosotros. Atiende a nuestros deseos, y seremos felices.
Sin ti, todo es fastidio y tristeza. Compadécete de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos para llegar a Ti, ya que sin Ti nada podemos. Enséñame a buscarte,
muéstrame tu Rostro, porque si Tú no me lo enseñas
no te podré encontrar. No te podré encontrar si Tú
no te haces presente. Te buscaré deseándote,
te desearé buscándote. Amándote te encontraré. Encontrándote, te amaré. Amén.»

El mejor plan siempre es el de Dios

Martes de la 25a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 8, 19_21.
Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte».
Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».

San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208)
obispo, teólogo y mártir

Contra la herejías, III, 22
Somos sus hermanos porque su madre escuchó la palabra y la puso en práctica
    La Virgen María fue obediente cuando dijo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Eva, por el contrario, fue desobediente; desobedeció cuando todavía era virgen… De la misma manera, pues, que Eva desobedeciendo fue causa de muerte para ella misma y para todo el género humano, María, teniendo por esposo aquel que ya anteriormente le había sido destinado y siendo sin embargo virgen, obedeciendo llegó a ser causa de salvación para ella misma y para todo el género humano… Porque lo que ha sido atado no puede desatarse sino es deshaciendo, en sentido inverso, las argollas del nudo; de esta manera una primera atadura es desligada por una segunda, y la segunda no hace otro servicio que el de desligamiento con respecto a la primera.

    Por eso el Señor dice que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros. (Mt 19,30) También el profeta hace la misma afirmación diciendo: “A cambio de tus padres tendrás hijos”(Sl 44, 17). Porque el Señor, siendo “el primogénito de entre los muertos” y acogiendo en su seno a los padres antiguos, los hace renacer a la vida de Dios, siendo él mismo “el primero en todo” (Col 1,18) porque Adán se hizo el primero de los muertos. Por eso Lucas comienza su genealogía por el Señor, para hacerla remontar desde Cristo hasta Adán (Lc 3,23s), indicando con ello que no son los padres los que han dado la vida al Señor, sino todo lo contrario, es él quien los ha hecho renacer a través del Evangelio de la vida. Así, de la misma manera, el nudo de la desobediencia de Eva ha sido desatado por la obediencia de María, porque lo que le virgen Eva había atado por su incredulidad, la Virgen María lo ha desatado por su fe.

La luz que más alumbra, la que deja al descubierto toda oscuridad

23 Septiembre

Lunes de la 25a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 8, 16-18.
Jesús dijo a la gente:
«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener».

Comentario: San Cromacio de Aquilea (¿-407)
obispo

Homilías sobre el Evangelio de Mateo 5,1.3-4.
“Pon la lámpara sobre el lampadario”
    El Señor llama a sus discípulos “luz del mundo” (Mt 5,14), porque, después de haber sido iluminados por el, que es la luz verdadera y eterna (Jn 1,9), se han convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas. Porque él mismo es “el Sol de justicia”(Ma 3, 20) el Señor puede también llamar a sus discípulos “luz del mundo”. Es por ellos, como por los rayos resplandecientes, que él vuelque la luz de su conocimiento sobre la tierra entera… Iluminados por ellos, nosotros mismos, de las tinieblas que éramos, somos  nosotros vueltos en luz, como dice San Pablo: “Antes vosotros erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor, vivid como hijos de la luz” (Ef 5, 8). Y todavía “Vosotros sois hijos de la luz, hijos del día, no lo somos de la noche ni de las tinieblas” (1Ts 5,5). San Juan tiene razón al afirmar en su carta: “Dios es luz” (1,5) “El que está en Dios está en la luz” (1, 7)… También nosotros ya que hemos sido librados de las tinieblas del error, debemos vivir en la luz, como hijos de la luz… Es lo que dice el Apóstol: “En medio de ellos, aparecéis, como lumbreras de luz en el mundo, vosotros que lleváis la palabra de vida (Fl  2,15)…

    Esta lámpara resplandeciente, que ha sido encendida para  servir nuestra salvación, debe siempre brillar en nosotros… Esta lámpara de la ley y de la fe, no debemos por tanto ocultarla, sino colocarla siempre en la Iglesia como sobre el lampadario, para la salvación de un gran número, a fin de alegrarnos de la luz de su verdad, y brillar en todos los creyentes.

En la simplicidad y confianza de un niño está la salvación

Evangelio según San Marcos 9, 30_37

30 Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
31 porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará».
32 Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
33 Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?».
34 Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
35 Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».
36 Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
37 «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».

Comentario:  San Basilio (c. 330_379), monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia

Acuérdate tú de este proverbio: “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes”(Pr 3,4). Ten presente la palabra del Señor: “quien se humilla será elevado, y quien se eleva será abajado”(Mt 23, 12)… Si te parece tener una cosa buena, ponlo en tu cuenta, pero sin olvidar tus faltas; no te engríes de que hoy tu haces el bien, no apartes el mal reciente y pasado; si el presente te da motivo de vanagloria, acuérdate del pasado;¡es así que tú percibirás el estúpido absceso! Y si tus ves a tu prójimo pecar, guárdate de no considerar en él esa falta, pero piensa también lo que hace y dónde él hace el bien; y recuerda, tú le descubrirás mejor que a ti, si examinas en conjunto tu vida y no haces el cálculo de cosas fragmentarias. Pues Dios no examina al hombre de un modo fragmentario…Estamos nosotros llamados a recordar todo eso para preservarnos del orgullo, nos abajamos para ser elevados.Imitemos al Señor que bajó del cielo hasta el último descenso... Pero después de tal descenso, el hizo brillar su gloria, glorificando con él a aquellos que habían sido despreciados con él. Tales en efecto estaban bien, sus bienaventurados primeros discípulos, ellos que pobres y desnudos, recorrerán el universo, sin palabras de sabiduría, sin escolta fastuosa, solos, errantes y en la pena, vagabundos, sobre la tierra y el mar, golpeados por varas, lapidados, perseguidos, y finalmente expuestos a la muerte. Tales son para nosotros las enseñanzas divinas de nuestro Padre. Imitémosles para llegar, también nosotros, a la gloria eterna, ese don perfecto y verdadero de Cristo.