Para que viendo no vean.

Las Escrituras salvo las profecías y algunas excepciones suele ser muy trasparente para que solo quede oculta a aquel que se niega a ver (para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan. Marcos 4:12). Y para esclarecerla, que no para reinterpretarla, ya tenemos el magisterio de la Iglesia, motivo por el que el Señor eligió a sus Apóstoles. Por tanto, la Palabra de Dios, como hoy nos recuerda el evangelio y el comentario al mismo fue concedida para obediencia: para dejar el yugo del pecado, de Satanás y de las enfermedades mediante la fe en el hijo de Dios, único maestro, guía y sanador, por el cual podamos Salvarnos.

El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 6,12-19.
Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

San Cirilo de Alejandría (380-444)
obispo y doctor de la Iglesia

Comentario sobre el evangelio de San Juan, 3,130 (trad. breviario 28 de octubre)
“Eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles”
Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y “administradores de sus divinos misterios” (1Co 4,1), y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: “Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama” (He 5,4). (…) Si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él (Jn 20,21), era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.” (Lc 5,32) Y también: “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado”. (Jn 6,38) Porque “Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” (Jn 3,17) De este modo, resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido.

Donde está tú tesoro está tú corazón

Los afanes de la vida y el tiempo que dedicamos al ocio en estos dos últimos siglos nos alejan de lo único que realmente da sentido a nuestra vida y la encamina a su plenitud para la cual fuimos creados, a saber, gozar de la presencia y del amor de Dios en nuestra vida. Lo demás, sin esta realidad de Dios en nosotros, siempre serán intentos fallidos por construir un mundo mejor, y así lo venimos contemplando, década tras década, desde las diferentes ideologías y teorías que se desentienden o se apartan de la Palabra de Dios: de la moral propuesta por Jesucristo y las columnas de la Iglesia sus apóstoles. El cuerpo de Cristo es uno sólo, y todo lo que cree un desequilibrio en él, afecta al resto de sus miembros y por extensión a toda la humanidad

Martes de la 27a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 10,38-42.
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».
Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».

El que os escucha a vosotros a mí me escucha

Interesante mensaje el que nos muestra hoy S. Juan Pablo II de principio a fin. Todo lo contrario a el movimiento por el que nos llevan los políticos y los que se venden a su poder, con tal de salvar los muebles: restricción de pensamiento y libertad religiosa, excepto para los nuevos dogmas que el poder mundial nos presenta y que asimismo, cada vez más, son de obligado cumplimiento para todos.
O la iglesia imita a Cristo o se inmola con el mundo hasta que él de nuevo manifieste su poder y su señorio sobre todo lo creado.

Viernes de la 26a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 10,13-16.
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa

Encíclica “Redemptoris missio” Libreria Editrice Vaticana)
«El que os escucha a vosotros a mí me escucha ; el que os rechaza a vosotros a mí me rechaza »
Nuestro tiempo es dramático y al mismo tiempo fascinador. Mientras por un lado los hombres dan la impresión de ir detrás de la prosperidad material y de sumergirse cada vez más en el materialismo consumista, por otro, manifiestan la angustiosa búsqueda de sentido, la necesidad de interioridad, el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentración y de oración. No sólo en las culturas impregnadas de religiosidad, sino también en las sociedades secularizadas, se busca la dimensión espiritual de la vida como antídoto a la deshumanización… La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6).La Iglesia debe de ser fiel a Cristo; ella es su cuerpo y recibe la misión de hacerle presente. Es necesario que “siga el mismo camino que Cristo, el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí hasta la muerte, de la cual salió victorioso por su resurrección” (Vaticano II, AG 59). Así pues, la Iglesia debe hacer todo lo posible para realizar su misión en el mundo y llegar a todos los pueblos; tiene también el derecho, concedido por Dios, de llevar a cabo la realización de su plan. La libertad religiosa, a veces todavía limitada o restringida, es la condición y la garantía de todas las libertades que fundamentan el bien común de las personas y de los pueblos. Es de desear que se conceda a todos y en todo lugar la verdadera libertad religiosa… Se trata de un derecho inalienable de toda persona humana. Por otra parte, la Iglesia se dirige al hombre en el respeto total hacia su libertad; la misión no restringe la libertad sino que la favorece. La Iglesia propone; no impone jamás; respeta a las personas y a las culturas, y se detiene ante el altar de la conciencia. A los que, bajo diversos pretextos, se oponen a su actividad misionera, la Iglesia les repite: “¡Abrid las puertas a Cristo!”

No sé pueden separar…

Hoy, tanto la primera lectura como la segunda, nos dejan claro que la caridad sin moral es pura filantropía (solo sirve para la vanidad del que la práctica) y viceversa: la moral sino va acompañada de caridad son fuegos de artificio para justificarse ante Dios, pero para dejar tirado en la cuneta al hermano (acordémonos del Joven Rico del Evangelio).
Carta de San Pablo a los Colosenses 3,1-11.
Hermanos:
Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.
Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios.
Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.
Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría.
Estas cosas provocan la ira de Dios.
Ustedes mismos se comportaban así en otro tiempo, viviendo desordenadamente.
Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras.
Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras
y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador.
Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.
Salmo 145(144),2-3.10-11.12-13ab.
Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre.
Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

El chivo expiatorio de mi mal

El metodo más eficaz de inmovilismo es buscar un culpable o un chivo expiatorio, verbigracia la pandemia, la guerra de Ucrania, el machismo, el cambio climático, Rubiales; para las repúblicas bananeras los Yankees, etc. La cuestión es que las enfermedades mentales van en aumento, así como los suicidios, las agresiones sexuales de todo tipo, la corrupción, los asesinatos, la violación a la propiedad privada y la libertad de expresión, etc, la cuestión es aquí no dimite ningún político, es más muchos de estos temas los exhiben como bandera para mantenerse en el poder.

Hoy tendría que preguntarme cual es mi chivo expiatorio para no salir de mi zona de confort y acallar la voz de mi conciencia.

Esto del chivo expiatorio no es nuevo (porque nada nuevo hay bajo el sol) en el Evangelio de hoy nos encontramos con Juan el Bautista

Martirio de San Juan Bautista
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 6,17-29.
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano».
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,
porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras y te lo daré».
Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella fue a preguntar a su madre: «¿Qué debo pedirle?». «La cabeza de Juan el Bautista», respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: «Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo

Sermón, 36
“A ti niño, te llamarán profeta del Altísimo” (Lc 1,76)
Entre los títulos de gloria del santo y bienaventurado Juan Bautista, celebramos hoy su fiesta, no sé a cuál de ellas darle preferencia: ¿a su nacimiento milagroso o a su muerte más milagrosa todavía? Su nacimiento aportó una profecía (Lc 1,67s), su muerte la verdad; Su nacimiento anunció la llegada del Salvador, su muerte condenó el incesto de Herodes. Este hombre santo… mereció a los ojos de Dios, no desaparecer de la misma manera que otros hombres de este mundo: dejó este cuerpo recibido del Señor, confesándolo. Juan cumplió en todo la voluntad de Dios, ya que su vida y su muerte corresponden a sus designios… Todavía está en el vientre de su madre cuando ya celebra la llegada del Señor, por sus movimientos de alegría, ya que no podía hacerlo con su voz. Isabel le dice a María: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre" (Lc 1,44). Juan exulta pues, antes de nacer, y antes de que sus ojos no reconozcan al que se presenta al mundo, su espíritu reconoce al que es el Maestro. Pienso que este es el sentido de la frase del profeta: "Antes de formarte en el vientre materno, te conocí; antes de que salieras del seno materno, te consagré" (Jr 1,5). No nos asombremos pues, si encerrado en la prisión por mandato de Herodes, continuó predicando a Cristo a través de sus discípulos (Mt 11,2), ya que, encerrado en el seno de su madre, ya anunciaba, por sus estremecimientos la llegada del Señor.

Un corazón que guarda rencor no ama

Hoy el evangelio y el comentario vienen a decirnos que el amor no puede estar parcelado ni dividido, porque de ser así es el mal el que sale vencedor haciéndonos daño a nosotros mismos.

Viernes de la 20a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 22,34-40.
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?».
Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

El Diálogo, el don de la discreción 5,6 (Le dialogue, Téqui, 1976),
“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo”
[Santa Catalina escuchó a Dios decirle:] Quiero que sepas que no hay ni virtud ni defecto que no se ejerzan por intermedio del prójimo. El que permanece enemistado conmigo, causa daño al prójimo y a sí mismo, que es su prójimo principal. Y les hace daño, ya sea en general como en particular. En general, porque tienen que amar a su prójimo como a sí mismos y por este amor tienen el deber de asistir con la oración, la palabra, el consejo, la asistencia espiritual, según la medida necesaria. Si no lo pueden realmente hacer porque no tienen los medios, por lo menos tengan el deseo. Si no me aman, no aman tampoco al prójimo. Al no amarlo, no lo ayudan y entonces se hacen daño a sí mismos. Se privan de mi gracia, al mismo tiempo que frustran al prójimo, al no ofrecer oraciones y santos deseos por él. Toda asistencia dada al prójimo debe proceder de la dilección por él, del amor que tenemos. Podemos decir también, que no existe un vicio que no dañe al prójimo. Porque si no amamos, no sabemos vivir en la debida caridad. Todos los males provienen de un alma privada de caridad, caridad hacia mí y hacia el prójimo. Al no hacer más el bien, hacen el mal. ¿Contra quién hacen así el mal? Primero contra sí mismos y, luego, contra el prójimo. No es a mí al que hacen el daño, ya que el mal no me puede tocar. Sin embargo, me hacen daño porque yo considero que lo que hacen al prójimo, me lo hacen a mí.

La constancia y la fe, tienen recompensa

20o domingo del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 15,21-28.
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio».
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!».
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

San Beda el Venerable (c. 673-735)
monje benedictino, doctor de la Iglesia

Homilía sobre los evangelios, I,22; PL 94, 102-105
“Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz!” (Mt 9,22)
El evangelio nos muestra aquí la fe grande, la paciencia y la humildad de la cananea… Esta mujer tenía una paciencia realmente poco común. En su primera petición al Señor, éste no le responde palabra. No obstante, lejos de dejar de insistir, ella implora con más ahínco el auxilio de su bondad… El Señor, viendo el ardor de nuestra fe y la tenacidad de nuestra perseverancia en la oración, tendrá compasión de nosotros y nos concederá lo que le pedimos. La hija de la cananea tenía un demonio que la atormentaba. Una vez expulsada la mala agitación de nuestros pensamientos y deshechos los nudos de nuestros pecados, la serenidad del espíritu volverá a nosotros, junto con la posibilidad de obrar rectamente... Si, al igual que la cananea, perseveramos en la oración con firmeza inquebrantable, la gracia de nuestro Creador se nos hará presente: corregirá todos nuestros errores interiores, santificará todo lo que es impuro, pacificará toda agitación. Porque el Señor es fiel y justo. Nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda inmundicia si le invocamos con la voz atenta de nuestro corazón.

La unidad indivisible de la vocación

Viernes de la 19a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 19,3-12.
Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?».
El respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;
y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido».
Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?».
El les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.
Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio».
Los discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse».
Y él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.
En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!».

Comentario: Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964)
laica, misionera en la ciudad.

Comunidades según el Evangelio (Communautés selon l’Évangile, Seuil, 1973),
“Otros decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos” (Mt 19,12)
Los célibes a causa del Reino, son una pequeñísima parte de la humanidad, que renuncia a algo propio para dejarse tomar por Dios, sin división. “El que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo,… y así su corazón está dividido” (1 Cor 7,33-34), dice San Pablo. Si esa pequeñísima parte de la humanidad tiene esa iniciativa con el Señor, es sólo para vivir el Amor con el que Él ama a la humanidad. Reducirlo a una historia personal lo disminuye a algo insignificante. El celibato por el Reino es una misión de amor vivida de parte del mundo entero. Esto lleva a los que son llamados a él, a aceptar la elección de soledad que el Señor hizo por ellos. Un celibato que no tuviera una parte de soledad sería un sucedáneo. La aceptación de esta soledad faz a Dios es como el precio, la medida de nuestra disponibilidad para el amor. El matrimonio es el encuentro de dos vocaciones en un mismo hogar. Estos dos seres se condicionan, se influencian y se ayudan. En el celibato se está faz a Dios y Cristo deviene el cónyuge. Es su Reino que se transforma en el hogar y la humanidad tiene lugar de hijos. (…) Esta disponibilidad es la expresión de una misma opción: por el desarraigo de la tierra y por la implantación en Cristo. “Otros decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos” (Mt 19,12), dice el Evangelio. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,37-39), es el mandamiento del Señor que el célibe a causa del Reino toma en su estado más puro y directo.

¿Somos capaces de perdonar hasta dar la vida? Alguien lo hizo por tí.

Jueves de la 19a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.
Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo».
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Comentario:
San León Magno (¿-c. 461)
papa y doctor de la Iglesia

Homilía 48, 2-5 (PL 54, 299-300, in “Lectures chrétiennes pour notre temps”, 1971 Abbaye d’Orval),
¡Crezcamos en misericordia!
El Señor dijo: “No vine a llamar a los justos sino a los pecadores” (Mt 9,13). No está permitido a un cristiano odiar a alguien. Sin el perdón de pecados ningún hombre puede ser salvado. Aquellos que la sabiduría del mundo desprecia, no sabemos en cuánto la gracia del Espíritu le da precio.

Sea santo el pueblo de Dios y sea bueno. Santo para apartarse de lo que está prohibido, bueno para actuar según los mandamientos. Aunque sea grande tener una fe justa y una sana doctrina, y dignas de alabanza la sobriedad, ternura y pureza, todo es vano sin la caridad. Una conducta excelente sólo es fecunda si es engendrada por el amor. (…)

Los creyentes deben hacer la crítica de su propio espíritu y examinar atentamente los sentimientos íntimos de su corazón. Si encuentran en el fondo de su conciencia algún fruto de la caridad, que no duden que Dios está en ellos. Para devenir cada vez más capaces de recibir un huésped tan grande, que perseveren y crezcan en misericordia con los actos. Si Dios es amor, la caridad no puede conocer límites, ya que ningún límite pude encerrar la divinidad.

Jesucristo hijo del Rey de Reyes

Lunes de la 19a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 17,22-27.
Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:
lo matarán y al tercer día resucitará». Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?».
«Sí, lo paga», respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?».
Y como Pedro respondió: «De los extraños», Jesús le dijo: «Eso quiere decir que los hijos están exentos.
Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti».

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Comentario del Salmo 48,14-15. CSEL 64, 368-370
Por su pasión, Cristo pagó nuestra deuda
¿Quién será tan poderoso hasta el punto de ofrecer por sí mismo una expiación que podría añadir algo a la que ofreció Cristo por nosotros, cuando reconcilió el mundo con Dios por su sangre? ¿Hay una víctima mayor, más generoso sacrificio, mejor abogado que Jesús que intercede por los pecadores y que ha dado la vida por nuestra redención? Así, pues, ya no hay que ofrecer ninguna expiación o rescate por nosotros, ya que el rescate de todos es la sangre de Cristo, Nuestro Señor, la única que nos reconcilió con el Padre. Jesús consumió su obra hasta el final ya que tomó sobre si nuestros sufrimientos y dice: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). (...) El hombre no puede dar nada como rescate para su salvación porque ha sido purificado una vez por todas del pecado, gracias a la sangre de Cristo. Pero el hombre no está eximido de los esfuerzos para observar los preceptos de la vida y de la observancia de los mandamientos del Señor. Mientras vivimos estaremos sujetos a los padecimientos, perseveraremos en ellos para vivir eternamente, liberados ya de la muerte definitiva gracias a la redención del Señor.

Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios.

19o domingo del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 14,22-33.

Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».

Comentario: San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara

Salmo 55 (Méditations sur les psaumes, Nouvelle Cité, 2002)
¡Llamemos a Dios al auxilio!
Eres bueno, mi Dios, por repetirnos frecuentemente: “¡Llámenme al auxilio, yo vendré!… ¡Llámenme, lo escucharé!” (…) ¡Llamemos a Dios al auxilio en la tentación! No tratemos de luchar con nuestras fuerzas, con las fuerzas de la naturaleza, en la tentación, en la dificultad. Actualmente los espíritus de las tinieblas son más fuertes que nosotros, más fuertes y más sutiles. Nuestra concupiscencia natural es fuerte y nuestra alma muy débil. Una de las trampas del demonio es absorbernos mucho desde los primeros momentos de la tentación. Tanto, que ponemos todo nuestro esfuerzo (cuando lo hacemos) para resistirla. Pero sólo ponemos nuestro esfuerzo, sin pensar en llamar al auxilio al único que puede salvarnos, Dios, o sin recurrir a nuestro buen ángel o a los santos. El demonio pone un velo alrededor nuestro para impedirnos mirar en alto y elevar los ojos al cielo. Trata de rendirnos “mudos” como los poseídos del Evangelio, nos absorbe y trata que no tengamos la idea de llamar al auxilio a Dios. Habiéndonos así separado del que nos da la fuerza, nos vence fácilmente. Desde el comienzo de la tentación, no tratemos de resistir por nuestras propias fuerzas sino de llamar a Dios. Desde el momento de sentirnos tentados, tengamos recurso a la oración, pongámonos a rezar. Así, en un instante, reportaremos la victoria, de otro modo seremos siempre vencidos. Entonces, en la tentación, ¡rezar, rezar, rezar!

¿Por qué nosotros no pudimos…?

Sábado de la 18a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 17,14-20.
Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas,
le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua.
Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar».
Jesús respondió: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí».
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado.
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?».
«Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes»

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

Carta 125 al Hno. J. de Padoue, 79 (Lettres, Téqui, 1976),
Desplazar montañas con la Cruz de Cristo
Nuestro buen Salvador dijo: “Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: «Trasládate de aquí a allá», y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes” (Mt 17,19). Si, querido padre, creo que es la verdad. Cuando el alma fiel pone su fe y su esperanza en el madero de la santísima Cruz, en la que encontramos al Cordero consumido por el fuego de la divina caridad, ella adquiere una fe muy grande. Tan grande será esa fe que no habrá montaña, es decir, pecado, montaña de orgullo, de ignorancia, negligencia, que no pueda desplazar por virtud de la santísima Cruz. Nuestra voluntad hará que la montaña pase del vicio a la virtud, de la negligencia al celo, del orgullo a la verdadera y perfecta humildad. Contemplando Dios abajado hasta el hombre, alzaremos la montaña de la ignorancia y nos humillaremos con el verdadero y perfecto conocimiento de nosotros mismos. Veremos que no somos nada y que sólo hacemos obras vanas. El alma encuentra entonces las pruebas de la bondad de Dios y su ardiente amor: comprende que ella ha sido amada mismo antes de ser creada (…). El alma confirma así que su fe está viva, no muerta, y demuestra que ha conformado su voluntad a la de Dios. Mandó a las montañas trasladarse y las montañas se trasladaron, porque ha devenido fuerte al seguir la voluntad de Dios.

Obras son amores…


Ante un mundo que nos presenta la lujuria, el hedonismo y la riqueza material como meta. Jesús nos presenta hoy la cruz como único camino de salvación. Está no por masoquismo sino como un camino de amor a Dios y al prójimo que construye, resuelve y edifica. Es el mismo itinerario que Kiko Arguello mostraba sin miedo a miles de Jovenes en la JMJ de Lisboa, junto con una voluntad de libre adhesión (sin libertad no hay persona) al llamado de Dios para todos y en particular a la vocación religiosa al que respondieron tres mil jóvenes dando un paso adelante.

Viernes de la 18a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 16,24-28.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino».

Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida

Quiero ver a Dios (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949)
Ley de vida
He aquí una ley muy austera. Jesús precisa la cualidad del esfuerzo que pide: “el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo” (Mt 11,12). Los discípulos de Cristo deben ejercer una violencia, se deben hacer violencia a sí mismos para realizar el precepto formal del Maestro: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24). El camino del Calvario, vía de ascensión hacia Dios, es áspero y sangrante como la subida del Carmelo. A los discípulos de Emmaús, todavía escandalizados por el drama del Calvario, Jesús dirá: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” (Lc 24,25-26). Proclama la ley que se impuso, que ellos seguirán y les ha anunciado. El discípulo no está sobre el Maestro; si el mundo los odia, deben saber que antes lo han odiado a él; lo han perseguido, los perseguirán…Envía como a corderos en medio de lobos (cf. Mt 10, 16.24; Jn 15,18.20). Ley dolorosa que es ley de vida. (…) Recordemos que Cristo anunció la victoria de la cruz sobre el Calvario, la victoria sobre sus enemigos cuando vendrá sobre las nubes del Cielo con su cruz (…). Ese día triunfarán con él los que pasaron por la gran tribulación y serán purificados en la sangre del Cordero (cf. Apo 7,14).

https://www.religionenlibertad.com/nueva_evangelizacion/893705524/dia-subireis-cruz-anuncia-kiko-3000-jovenes-encuentro-vocacional.html

Las migajas de los elegidos es vida para el mundo

Con el sacrificio de Jesús en la cruz, para saldar la deuda contraída por nosotros a causa del pecado, no solo hemos sido adoptados como hijos de pleno derecho, sino que podemos hacernos uno con Él por medio de la eucaristía. Testigos de ello son los Santos, algunos de los cuales fueron marcados con los mismos estigmas de Jesucristo, e incluso su cuerpo quedó incorrupto como signo visible de su pureza interior.

Miércoles de la 18a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 15,21-28.
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio».
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!».
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

Comentario:
Papa Francisco
Homilía del 7 de abril de 2013, para la toma de posesión de la cátedra del Obispo de Roma
*»Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.»*
            Hermanos y hermanas, no perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios. Pensemos en los dos discípulos de Emaús: el rostro triste, un caminar errante, sin esperanza. Pero Jesús no les abandona: recorre a su lado el camino, y no sólo. Con paciencia explica las Escrituras que se referían a Él y se detiene a compartir con ellos la comida (Lc 24,13s). Éste es el estilo de Dios: no es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida, también con las personas. Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar. Recordémoslo en nuestra vida de cristianos: Dios nos espera siempre, aun cuando nos hayamos alejado. Él no está nunca lejos, y si volvemos a Él, está preparado para abrazarnos.

            A mí me produce siempre una gran impresión releer la parábola del Padre misericordioso (Lc 15,11s), me impresiona porque me infunde siempre una gran esperanza. Pensad en aquel hijo menor que estaba en la casa del Padre, era amado; (…) y se va (…). ¿Y el Padre? ¿Había olvidado al Hijo? No, nunca. (…) Está allí, lo ve desde lejos, lo estaba esperando cada día, cada momento: ha estado siempre en su corazón como hijo, incluso cuando lo había abandonado (…). Y en cuanto lo ve, todavía lejano, corre a su encuentro y lo abraza con ternura, la ternura de Dios, sin una palabra de reproche: ha vuelto. Y esta es la alegría del padre. (…) Dios siempre nos espera, no se cansa.

Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios

Martes de la 18a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 14,22-36.
Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.
Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos,
rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron curados.

Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas

Canon nocturno, Liturgia de las Horas, Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí, s. IX (Canon de minuit, 4º Ode, SC 486, Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004),
¡Tiéndeme la mano Señor, en medio del mar de esta vida!
El profeta escuchó tu venida, Señor, y el pensamiento que serías dado a luz por una virgen y aparecerías entre los hombres lo llenó de temor y dijo: “Escuché lo que hiciste escuchar y me llené de temor. ¡Gloria a tu poder!” He pecado, he incumplido contigo, empujé hasta el límite tu majestad y me sumergí en el abismo de la desesperación, ¡oh único Compasivo! Manifiéstate ahora, en medio de la noche, como anteriormente te manifestaste a los discípulos caminando sobre el mar, oh Verbo, y dame la divina serenidad. Mi alma en todo momento entre tus manos. Mi Dios y mi socorro, único que sondeas los corazones, conoces todas mis reflexiones, conoces las olas, la tempestad, el tumulto de mis pensamientos. Te he visto caminar, también ahora, sobre el mar agitado de mi corazón. He aquí que he deseado tus preceptos, en tu justicia hazme vivir. Perdona oh mi Creador, sé indulgente, tú que me formaste, ten piedad de mí. Déjate doblegar, sé misericordioso, compasivo. Ya que estoy en medio del mar de esta vida, tiende tu mano realmente divina y levántame como a Pedro. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Una vez, el Profeta te vio anticipadamente, Doncella, como un candelabro a siete flamas, llevando el fuego del conocimiento de Dios, haciéndolo brillar sobre los que están en peligro en las tinieblas de la ignorancia, oh Toda Inmaculada. Por eso grito hacia ti. “¡Te ruego, ilumíname!”

La voz del profeta clama en el desierto para hacer del mismo un vergel

Sábado de la 17a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 14,1-12.

En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,
y él dijo a sus allegados: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,
porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla».
Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes
que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran
y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.
Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

San Pedro Damián (1007-1072)
benedictino, obispo de Ostia, doctor de la Iglesia

Homilías 24-25
Precursor con su vida y su muerte
Juan fue Precursor de Cristo por su nacimiento, su predicación, bautismo y muerte… ¿Se puede encontrar una sola virtud, un género de santidad, que el Precursor no haya poseído en su más alto grado? ¿Cuál de los santos ermitaños se ha impuesto por regla no alimentarse con otra cosa que miel silvestre y ese desagradable alimento, la langosta? Algunos renuncian al mundo y huyen de los hombres para vivir santamente. Juan es todavía un niño cuando se adentra en el desierto y elige resueltamente habitar en la soledad. Renuncia al derecho de sucesión al sacerdocio de su padre, para poder con toda libertad, anunciar al verdadero y soberano Sacerdote. Los profetas han anunciado por adelantado la venida del Salvador, los apóstoles y otros discípulos que enseñan en la Iglesia, dan testimonio que esta venida realmente tuvo lugar. Pero Juan lo muestra ya presente entre los hombres. Son muchos los que han guardado la virginidad y no han manchado la blancura de sus vestidos (cf. Apo 14,4), pero Juan renuncia a toda compañía humana a fin de arrancar las apetencias de la carne desde sus raíces, y habita entre las bestias salvajes lleno de fervor espiritual Juan, en el centro del coro púrpura de los mártires, lo preside como maestro de todos ya que combatió valientemente y murió por la verdad. Llegó a ser el adalid de todos los que combaten por Cristo y fue el primero en plantar en el cielo el estandarte triunfal del mártir.

Sin fe no hay cambio ni milagro

Viernes de la 17a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 13,54-58.
Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. «¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?».
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia».
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

San Máximo el Confesor (c. 580-662)
monje y teólogo

Capita theologica, 1, 8-13 : PG 90, 1182-1186.
«¿No es el Hijo del Carpintero?»
El Verbo de Dios ha nacido por todos una vez según la carne . Pero, a causa de su amor a los hombres, desea nacer sin pararse según el espíritu en estos que le desean. El se hace niño pequeño y se desarrolla en ellos al mismo tiempo que las virtudes; se manifiesta en la medida en que sabe que el que le recibe es capaz. Actuando de este modo, no puede tener celos el que espera el brillo de su propia grandeza, porque él capacita y mide la capacidad de estos que desean verle.De este modo el Verbo de Dios se revela siempre a nosotros a la manera que nos conviene y sin embargo vive invisible en todos, por la inmensidad de su misterio. Por esto el Apóstol por excelencia, considerando la fuerza de este misterio, dice con sensatez: «Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y siempre» (Hb 13,8); contempla este misterio siempre nuevo que la inteligencia jamás terminará de escrutar... La fe sólo puede comprender este misterio, ella que está en el fondo de todo lo que desborda la inteligencia y desafía la expresión.

Todo Té puede aprovechar

La palabra de hoy nos viene a decir que todo puede aprovechar al hombre de fe (las cosas de este mundo también) mientras se ordenen y no colisionen con la voluntad y los mandamientos del Señor que se orientan siempre al Bien Supremo; a saber, la unidad de todo lo creado con Dios sin interferencias del mal y del Maligno.
Solo que hay que pedir mucho discernimiento al Espíritu Santo para no caer en el autoengaño o en las trampas del Diablo que nos presenta lo malo como bueno

Jueves de la 17a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 13,47-53.
Jesús dijo a la multitud: «El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron.
Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

Concilio Vaticano II
Gaudium et Spes, 39, 2-3
«El Reino de los cielos se compara a una red que es arrojada en el mar»
Cierto, bien sabemos nosotros que de nada le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo (Lc 9, 25), no obstante la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: «reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz»(Rm 8,19-21). Misteriosamente, el Reino está ya presente en nuestra tierra; espera su perfección cuando el Señor venga.

¿Buscas tu tesoro en el sitio idóneo?

El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 13,44-46.

Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»

Comentario: Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964)
laica, misionera en la ciudad.

La alegría de créer
Un tesoro liberado
Es increíble la cantidad de cosas que nos impiden ser ágiles, ligeros.
No nos damos cuenta, pero
si de un día al otro, somos desposeídos,
nos encontraremos espontáneamente vecinos con mucha gente
que nos parecía que habitaban en el fin del mundo. (…)
El que quiere encontrar fácilmente esos hermanos diversos
que pueblan el mundo,
necesita una real indiferencia por todo lo que no es
esa fe desnuda, esencial,
que le hace perder la memoria y los gustos
y su propia originalidad.
Esta fe que nos hace banales
de la gran banalidad que todos los santos han aceptado
y los ha conducido hasta el extremo de la tierra.
Porque el precio de la pobreza es un precio exorbitante.
Se compra con el sacrificio de lo que no es
el Reino de los cielos.
Entonces, los que encontraremos en el camino
tenderán las manos ávidas de un tesoro que surgirá de nosotros,
un tesoro liberado de nuestros recipientes de tierra,
de nuestros variados canastos, bolsos, valijas,
de un tesoro simplemente divino, que será a la moda para todos,
Ya que cesará de ser cubierto de nuestra moda.

Entonces seremos ágiles y devenidos parábolas,
parábola de la perla única,
minúscula, redonda, preciosa,
por la que hemos vendido todo.