Si la casa la construye Dios, nunca caerá

Evangelio según San Lucas 6,43-49.

Jesús decía a sus discipulos:
«No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos:
cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.
El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
¿Por qué ustedes me llaman: ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que les digo?
Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.
Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.
En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande.»

San Hilario (c. 315-367)
obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia

Comentario al salmo 126, PL 9, 696
«Arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla»
«Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles» (Sl 126,1). «Sois el templo de Dios, y el Espíritu del Dios habita en vosotros» (1C 3,16). Esta casa es este templo de Dios, lleno de las enseñanzas y de las gracias de Dios, esta morada que contiene la santidad del corazón de Dios, y que el mismo profeta ha dado testimonio de ello: «Tu templo es santo, maravilloso por la justicia» (Dan 3, 53)???. La santidad, la justicia, la castidad del hombre son un templo para Dios. Esta casa, pues, debe ser construida por Dios. Una construcción levantada con el trabajo de los hombres, no dura; lo que ha sido instituido por las doctrinas de este mundo no se aguanta; nuestras vanos trabajos y nuestros desvelos son guardianes inútiles. Será preciso, pues, construir de otra manera, guardar de otro modo esta casa. Es preciso no fundamentarla sobre el suelo, sobre arena movediza; es necesario poner sus fundamentos sobre los profetas y los apóstoles. Es preciso levantarla con piedras vivas, mantenerla a través de la piedra angular, hacerla subir con estructuras progresivas hasta alcanzar la talla del hombre perfecto, la estatura del cuerpo de Cristo (1P 2,5; Ef 2,20; 4,12-13). Se la debe decorar con el esplendor y la belleza de las gracias espirituales. Si así debe ser construida por Dios, es decir, según sus enseñanzas, no caerá. Y esta casa se extenderá a muchas otras, porque lo que edifica cada fiel aprovecha a cada uno de nosotros para el embellecimiento y crecimiento de la ciudad bienaventurada.

¿Puede un ciego guiar a otro ciego?

¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? Jesús en el Evangelio de hoy nos lanza está pregunta, a la que luego, él mismo Jesús da respuesta, y la respuesta es que debemos ser perfectos para ser buenos guías y discípulos al mismo tiempo. Y es que la sabiduría de Dios en poco o nada tiene que ver con lo que entiende el mundo por sabiduría humana, que es la de acumular conocimientos empíricos y retenerlos en la cabeza, o en lanzar hipótesis: especulaciones metafísicas acerca de lo divino y lo humano. Puesto que, como nos mostraba días atrás el mismo evangelio (1 Corintios 3:19): «La sabiduría humana es es necedad ante Dios. Pues escrito está: Él es el que prende a los sabios en su propia astucia». Por tanto, el verdadero conocimiento parte de Dios, y solo Dios lo otorga a aquellos que se han perfeccionado mediante el amor y la obediencia a su Palabra. Conocimiento que llega através del Espíritu Santo, porque solo en el que es santo y busca la santidad, puede habitar el Paráclito (luz y tinieblas son incompatibles) que es en realidad el que otorga el conocimiento de Dios, pues como dice en otro lugar de las escrituras (Juan 14, 26): «Sin embargo, cuando el Padre envíe al Abogado Defensor como mi representante -es decir, al Espíritu Santo-, él les enseñará todo y les recordará cada cosa que les he dicho.» Esto lo entiendo muy bien el mismo San Francisco de Asís, que prefería tener en su comunidad discípulos que se perfeccionaran en el amor, que a teólogos, porque volviendo de nuevo a las escrituras estás también nos recuerdan que el examen final que nos abrirá las puertas del cielo, no es sobre cuántos conocimientos carguemos en nuestra mochila, sino que el único examen que debemos presentar es el del amor, que implica la caridad, la verdad, y la justicia para con el prójimo y la obediencia para con Dios.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-09-09

LA GRACIA DEL AMOR FRATERNO.
«Señor Jesús, fue tu Gran Sueño: que fuéramos uno como el Padre y Tú, y que nuestra unidad se consumara en vuestra unidad.
Fue tu Gran Mandamiento, Testamento final y bandera distintiva para tus seguidores: que nos amáramos como Tú nos habías amado; y Tú nos amaste como el Padre te había amado a Ti. Esa fue la fuente, la medida y el modelo.
Con los Doce formaste una familia itinerante. Fuiste con ellos sincero y veraz, exigente y comprensivo, y, sobre todo, muy paciente. Igual que en una familia, los alertaste ante los peligros, los estimulaste ante las dificultades, celebraste sus éxitos, les lavaste los pies, les serviste en la mesa.
Nos diste, primero, el ejemplo y, después, nos dejaste el precepto: amaos como os amé.
En la nueva familia o fraternidad que hoy formamos en tu nombre, te acogemos como Don del Padre y te integramos como Hermano nuestro, Señor Jesús, Tú serás, pues, nuestra fuerza aglutinante y nuestra alegría.
Si Tú no estás vivo entre nosotros, esta comunidad se vendrá al suelo como una construcción artificial.
Tú te repites y revives en cada miembro, y por esta razón nos esforzaremos por respetarnos unos a otros como lo haríamos contigo; y tu presencia nos cuestionará cuando la unidad y la paz sean amenazadas en nuestro hogar. Te pedimos, pues, el favor de que permanezcas muy vivo en cada uno de nuestros corazones.
Derriba en nosotros las altas murallas levantadas por el egoísmo, el orgullo y la vanidad. Aleja de nuestras puertas las envidias que obstruyen y destruyen la unidad. Líbranos de las inhibiciones. Calma los impulsos agresivos. Purifica las fuentes originales. Y que lleguemos a sentir como Tú sentías, y amar como Tú amabas. Tú serás nuestro modelo y nuestro guía, oh Señor Jesús.
Danos la gracia del amor fraterno: que una corriente sensible, cálida y profunda corra en nuestras relaciones; que nos comprendamos y nos perdonemos; nos estimulemos y nos celebremos como hijos de una misma madre; que no haya en nuestro camino obstáculos, reticencias ni bloqueos, antes bien, seamos abiertos y leales, sinceros y afectuosos y así crezca la confianza como un árbol frondoso que cubra con su sombra, a todos los hermanos de la casa, Señor Jesucristo.
Así lograremos un hogar cálido y feliz que se levantará, cual ciudad en la montaña, como señal profética de que tu Gran Sueño se cumple, y de que Tú mismo, Señor Jesús, estás vivo entre nosotros. Así sea» -Padre Ignacio Larrañaga-

Podrán matar el cuerpo, pero no el alma.

Hoy Jesús nos habla de los últimos, de los excluidos y proscritos como consecuencia de su fe y su testimonio por el Reino del Hijo de Dios, porque ellos serán, como lo fue el mismo Jesús, recompensados con una corona de gloria, una corona Eterna que no se marchita; para recibir, en abundancia y sin límites, todo lo que aquí en la tierra les correspondía y que a causa del mal uso de la libertad, con maldad y en ocasiones también con alevosía, le negaron sus mismos conciudadanos. Como hemos dicho, Dios respeta la libertad que Él mismo otorgó a los hombres. Dios, por tanto, respeta sus propias leyes, no actúa como un mago, a impulsos, por capricho o por necesidad de ser admirado, sin embargo, Dios es un Dios de Justicia y la Justicia solo brota del corazón que ama, y es por ello que, finalmente, dará a cada uno la recompensa que por sus obras haya levantado, si es que antes, claro, no se arrepiente para que Dios actúe en su misericordia, como así lo demostró Jesús a lo largo de su vida con pecadores como uno de los dos ladrones con él crucificado o con la mujer adúltera.
Hoy por tanto, Jesús con sus palabras, nos lleva a hacer un examen de conciencia, porque los justos por su causa -entre ellos los profetas- claman justicia desde el corazón del Padre, y puede que nosotros, desdé nuestro corazón descarnado por los celos y la envidia, cuando no por nuestra insensibilidad, egoísmo o comodidad, los estemos apartando, rechazando, en ocasiones hasta destruyendo, para no oír esa voz del profeta que, no busca acusarnos, sino todo lo contrario, nuestra salvación como Jesús, y un lugar, también, para todos aquellos que ahora a causa de nuestro egoísmo son privados de los recursos que Dios puso en la Tierra para todos, porque todos para Dios, sin excepción somos el legado de su creación y llamados a participar de sus bienes; el más preciado de todos el de ser sus hijos adoptivos por el bautismo y herederos del Reino Eterno de Dios, por la sangre que Cristo pagó por este mismo pecado y por otros.
Así pués podré matar o apartar al que da testimonio de Dios y pone mi conciencia frente a un espejo, pero no por eso voy a escapar de la Justicia de Dios que lo ve todo y da a cada uno según sus obras.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-09-07

Y pasó toda la noche en oración

El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 6,12-19.
Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Comentario: S. Agustín
«Pasó toda la noche en oración con Dios»
Quien pide al Señor aquella sola cosa […],y esa sola cosa busca (Sal. 26,4), éste pide con seguridad y pide con certeza […]. Esta es la única vida verdadera, la única vida feliz: contemplar eternamente la belleza del Señor, en la inmortalidad e incorruptibilidad del cuerpo y del espíritu. En razón de esta sola cosa, nos son necesarias todas las demás cosas; en razón de ella, pedimos oportunamente las demás cosas. Quien posea esta vida poseerá todo lo que desee, y allí nada podrá desear que no sea conveniente.Allí está la fuente de la vida, cuya sed debemos avivar en la oración, mientras vivimos aún de esperanza. Pues ahora vivimos sin ver lo que esperamos (Rm 8,25), seguros “a la sombra de las alas de aquel ante cuya presencia están todas nuestras ansias (Sal. 35,8; 37,10); pero tenemos la certeza de “nutrirnos un día de lo sabroso de su casa y de beber del torrente de sus delicias, porque “en él está la fuente viva, y su luz nos hará ver la luz” (Sal. 35,8s); aquel día, en el cual todos nuestros deseos quedarán saciados con sus bienes y ya nada tendremos que pedir gimiendo, pues todo lo poseeremos gozando. Pero, como esta única cosa que pedimos consiste en aquella “paz que sobrepasa toda inteligencia” (Fil 4,7), incluso cuando en la oración pedimos esta paz, hemos de decir que ”no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rm 8,26). Porque no podemos imaginar cómo sea esta paz en sí misma y, por tanto, no sabemos pedir lo que nos conviene. […] El Apóstol dice: “Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.” Y añade a continuación: ”El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8,25s).

Apostillando el comentario de S. Agustín tengo que decir que busquemos en todo momento la compañía del Señor y contemplarlo en su gloria por la Eternidad, ella encierra en sí misma todo conocimiento, plenitud y gozo, quien posea esto como nos dice hoy S. Agustín, poseé todo lo demás; o como dice el mismo Evangelio: buscá el Reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura que es lo mismo que decir: busca solo a Dios, y no te ocupes nada de lo que sólo está en sus manos solucionar o no solucionar, ya que sólo el sabe lo que nos conviene para salvación nuestra.

La ley se hizo para los que no aman

Lunes de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Lucas 6,6-11.

Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo.
Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y quédate de pie delante de todos». El se levantó y permaneció de pie.
Luego les dijo: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?».
Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: «Extiende tu mano». El la extendió y su mano quedó curada.
Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.

Comentario
San Cesáreo de Arlés (470-543)
monje y obispo

Sermones al pueblo, n° 57,4
«Los escribas y fariseos le espiaban…con el fin de encontrar un motivo para acusarlo»
El Señor dirá a los que han menospreciado su misericordia : «Hombre, soy yo quien con mis manos te he formado del barro, soy yo quien con mi aliento he puesto el espíritu en tu cuerpo de tierra, soy yo quien se ha dignado darte nuestra imagen y semejanza, soy yo quien te ha puesto en el centro de las delicias del Paraíso. Pero tú, menospreciando los mandamientos de vida, has preferido seguir al seductor antes que al Señor… «Luego, cuando has sido expulsado del Paraíso y, por el pecado, retenido por las ataduras de la muerte, conmovido por la misericordia, para venir al mundo he entrado en un seno virginal, sin perjuicio de su virginidad. He sido recostado en un pesebre, envuelto en pañales; he soportado las dificultades de la infancia y los sufrimientos humanos, a través de los cuales me he hecho semejante a ti con la única finalidad de hacerte semejante a mí. He soportado las bofetadas y salivazos de los que se burlaban de mí, he bebido vinagre mezclado con hiel. Azotado con varas, coronado de espinas, clavado en la cruz, traspasado por la lanza, en medio de los tormentos he entregado mi alma para arrancarte a ti de la muerte. Puedes ver las señales de los clavos de los que he sido suspendido ; puedes ver mi costado traspasado lleno de heridas. He soportado los sufrimientos que eran para tí a fin de poder darte mi gloria; he sufrido tu muerte para que tú vivas por toda la eternidad. He descansado, encerrado en el sepulcro, para que tu puedas reinar en el cielo. «¿Por qué has perdido lo que he sufrido por ti ? ¿Por qué has renunciado a las gracias de tu redención ?... Devuélveme tu vida, por la que he dado la mía ; devuélveme tu vida que, sin cesar, has destruido por las heridas de tus pecados.

Jesús Señor del Sábado

Evangelio según San Lucas 6,1-5.
Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.
Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?».
Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?».
Después les dijo: «El hijo del hombre es dueño del sábado».

Comentario extraído del Catecismo de la Iglesia Católica.

“El hijo del hombre es dueño del sábado”
«La Iglesia, desde la tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que se llama con razón ‘día del Señor’ o domingo» (SC 106). El día de la Resurrección de Cristo es a la vez el «primer día de la semana» (Jn 20,1), memorial del primer día de la creación, y el «octavo día» en que Cristo, tras su «reposo» del gran Sabbat, inaugura el Día «que hace el Señor» (Sal 118, 24), el «día que no conoce ocaso» (cf. Maitines de Pascua del rito bizantino»). El «banquete del Señor» (1Co 11,20) es su centro, porque es aquí donde toda la comunidad de los fieles encuentra al Señor resucitado que los invita a su banquete (cf Jn 21,12; Lc 24,30):

«El día del Señor, el día de la Resurrección, el día de los cristianos, es nuestro día. Por eso es llamado día del Señor: porque es en este día cuando el Señor subió victorioso junto al Padre. Si los paganos lo llaman día del sol, también lo hacemos con gusto; porque hoy ha amanecido la luz del mundo, hoy ha aparecido el sol de justicia cuyos rayos traen la salvación» (San Jerónimo; Ma 3,20).

El domingo es el día por excelencia de la asamblea litúrgica, en que los fieles «deben reunirse para, escuchando la Palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recordar la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y dar gracias a Dios, que los hizo renacer a la esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (SC 106; 1P 1,3): «Cuando meditamos, [oh Cristo], las maravillas que fueron realizadas en este día del domingo de tu santa y gloriosa Resurrección, decimos: Bendito es el día del domingo, porque en él tuvo comienzo la Creación […] la salvación del mundo […] la renovación del género humano […] en él el cielo y la tierra se regocijaron […]. Bendito es el día del domingo, porque en él fueron abiertas las puertas del paraíso para que Adán y todos los desterrados entren en él sin temor»

Oración de la mañana:
Señor, en el silencio de este día que nace,
vengo a pedirte paz,
sabiduría y fuerza.
Hoy quiero mirar el mundo
con ojos llenos de amor;
ser paciente, comprensivo,
humilde, suave y bueno.

Ver detrás de las apariencias a tus hijos,
como los ves Tú mismo,
para, así, poder apreciar
la bondad de cada uno.
Cierra mis oídos a toda murmuración,
guarda mi lengua de toda maledicencia,
que solo los pensamientos que bendigan
permanezcan en mí.

Quiero ser tan bien intencionado y justo
que todos los que se acerquen a mí,
sientan tu presencia.
Revísteme de tu bondad, Señor,
y haz que durante este día,
yo te refleje.
Amén.

Tu intención: tu caballo de Troya

Viernes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Carta I de San Pablo a los Corintios 4,1-5.

Hermanos:
Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora bien, lo que se pide a un administrador es que sea fiel.
En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen ustedes o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo.
Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor.
Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.

Comentario a la 1 lectura: hoy San Pablo, nos recomienda no Juzgar, pero especialmente no Juzgar las cosas de Dios, porque la labor del discípulo de Cristo es la de servir (obedecer) y administrar (conservar y hacer prosperar los bienes que el dueño ha puesto a su recaudo) y el mejor modo de hacerlo, también aquí Pablo nos da la pauta, es la de ser fiel, fiel a las palabras y consignas del Señor.
En la iglesia siempre ha habido tensiones porque no está formada por ángeles, sino por pecadores y ya desde el comienzo, como en nuestros días, hubo quienes en lugar de servir y administrar la Palabra y los sacramentos de Dios y el encargo de extenderla a toda la creación, se dedicaron a juzgar los misterios de Dios y a enseñar falsas doctrinas. Esto sucede cuando pensamos: el Señor dice esto, pero esto no cabe en mi cabeza y yo digo lo otro (en ocasiones hasta lo contrario), el Señor ordena ir por aquí, pero Yo creo…, Yo pienso…, que debo ir por allá. Nos ponemos a juzgar las cosas de Dios (siendo nadas frente a Él) y la de sus discípulos, para tomar nuestras propias decisiones enseñando caminos que desconocemos. Sin embargo Dios que quiere hacernos participes de su mismo Ser y no quiere que permanezcamos eternamente en medio de tinieblas, nos desvelará cuando regrese, como nos dice hoy Pablo, sus misterios, pero también pondrá al descubierto las intenciones del corazón de cada uno de nosotros, las verdaderas.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-09-02

Él caza a los sabios en su astucia.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,18-23):

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Comentario: «Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro». Con estas palabras San Pablo nos está dando a entender que Dios a ordenado toda la creación incluyendo al hombre, para bien y beneficios de todos, no para sacar ventaja o provecho de unos hombres sobre otros por los talentos que Dios a depositado en él, de tal modo que unos vivan en la abundancia y otros carezcan de todo. La sabiduría de los hombres es vana, porque pese a los avances en la ciencia, millones de personas mueren cada año de hambre y por diferentes enfermedades, en algunos frentes incluso va en retroceso como es el avance de las depresiones y enfermedades mentales, de igual manera el hombre es incapaz de controlar la mayoría de los fenómenos de la naturaleza -que le sobrepasan- y, por lo mismo, y a pesar de la vanidad y el orgullo del hombre, sin que éste quiera reconocerlo, estamos en manos de aquél que lo creo todo y que conoce a la perfección como funcionan las leyes de la naturaleza y hasta la más pequeña e insignificante célula o neurona de nuestro cuerpo. Nada se le escapa a Dios, no podemos abarcar sus misterios, y el ritmo progresivo con el cual a dotado al hombre para ir avanzando en su propio progreso y bienestar. Sin apenas dominio de nada el hombre se rebela contra Dios, ¿qué hubiese sido si desde un principio nos hubiese dotado de conocimiento pleno y con la misma libertad que tenemos ahora? Nada somos sin Dios, nuestro esfuerzo inmenso, en ocasiones ocupa toda una vida, para dar con un pequeñísimo avance científico, mientras que por otro lado aparecen nuevas enfermedades propiciadas, en muchos casos, por no respetar las leyes naturales; esto sin contar, que seguimos empeñados en guerras que arrasan con miles de vidas de hermanos. Nos dividimos en bloques, creyendo que uno sabe más que otro, sin saber realmente que el único que sabe es Dios, el cual nos llama a la única unidad y conocimiento válido (el que no mata, ni aniquila al inocente y al desvalido) el conocimiento de vivir según sus enseñanzas y su propia vida. Así, pues, como nos dice hoy Pablo, no debemos poner nuestra confianza en los hombres, porque mientras ellos nos arrastran al caos, al mal, a falsas doctrinas y a la guerra, Dios nos lleva a la paz, al gozo y en algunos casos, también, como sucedió con el mismo Pablo y otros seguidores de Jesús y conversos, en los muchos siglos de cristianismo, al conocimiento revelado de los misterios más íntimos de Dios. Gracias a esa misma revelaciones, sabemos también por Pablo cómo nos dice en otra de sus cartas: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman» 1 CORINTIOS 2:9

Dios es el protagonista.

Carta I de San Pablo a los Corintios 3,1-9.

Hermanos: Por mi parte, no pude hablarles como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo.
Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían tolerarlo, como tampoco ahora,
ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre ustedes, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana?
Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo de Apolo», ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre?
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales ustedes han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor.
Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios.
Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer.
No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado.
Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios.

Comentario: hoy San Pablo nos deja claro lo inmadura que a veces resulta nuestra fe, incluso algunos Santos, entre ellos San Francisco, después de varios años caminando con Dios, llegaron a decir a sus seguidores, «empecemos de nuevo porque hasta ahora poco o nada hemos hecho».
Pare que los tiempos cambian, pero lo que no cambia tanto es el corazón del hombre, que se enfrasca en batallitas personales desestabilizando la comunidad, pensando que va a salvar al mundo o a sus hermanos más cercanos, cuando la realidad, como nos presenta la primera lectura de hoy es bien diferente. Dios es el que salva, el que hace crecer la simiente del Reino en el corazón de los hermanos, nosotros en cambio, solo plantamos o regamos; como bien dice San Pablo «no somos nada». Sin Dios no somos nada por mucho empeño que le pongamos a nuestra pesca, porque allá donde pensamos que no hay peces, o simplemente tenemos temor de echar las redes por respeto humano, pensando que hay tiburones, allí se llenan porque es Dios el que atrae hacia la misma. Sin oración, sin Espiritu Santo (discernimiento), con un exceso de protagonismo, con un celo insano que no respeta la libertad de los demás: el tiempo y el momento que Dios ha dispuesto para la conversión de cada uno (como respeto el nuestro) la cosecha se malogra. Muchas comunidades se han malogrado, por discusiones fútiles y vanas, por apropiarnos de lo que es de Dios, todo le pertenece a Dios, Pablo es de Dios, por él fue llamado, al igual que Apolo, como cualquier otro líder religioso o santo, así pues, no nos apropiemos de lo que sólo a Dios pertenece, porque a Dios solo hay que rendir culto y pleitesía.

Dios suma, no te quita nada.

Evangelio según San Mateo 13,44-46.
Jesús dijo a la multitud:
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.»

Comentario: hoy Jesús nos compara el Reino de los Cielos con lo más valioso que podemos tener en este mundo, algo que nos hace volcar todo nuestro corazón en él, porque al descubrilo sabemos que no hallaremos nunca, jamás, algo comparable a ese tesoro del Reino de Dios.
Así es para los que hemos conocido a Dios, sabemos que él tiene palabras de vida, no solo para alcanzar la Vida Eterna, sino que esas palabras se convierten también en la única brújula fiable que nos guía por esta vida terrena para no tropezar con la oscuridad del mundo y, el propio caos mental que en ocasiones se nos presenta. Hay muchas personas que no se acercan a Dios o no se entregan a él por completo, porque piensan que Dios les va a quitar algo, los va a dejar tristes porque no van a poder disfrutar de las cosas de este mundo, y no es así sino todo lo contrario: si Dios a creado un mundo tan bello es para que disfrutemos de él, siempre y cuando no convirtamos las cosas de este mundo en una idolatría como el Joven rico del Evangelio. Por otro lado, Dios en ningún momento nos impide estar gozosos y alegres, es más nos llama a entonar cantos e himnos, acordémonos del Rey David, de como bailaba y cantaba de gozo delante del Arca de la Antigua alianza. Dios no nos disminuye ni nos resta, Dios es el buen padre que va trazado una senda de amor, de paz, de equilibrio, de gozo y esperanza para con sus hijos. Él nos permite gozar de las cosas temporales, sin hacernos esclavos de las mismas, los hijos de Dios tienen «alas» como los ángeles y no son esclavo de nada de lo que en el orden de la creación es igual o inferior a ellos, es decir el universo entero, exceptuando a Dios creador y Señor del mismo. Dios es ese gran tesoro, ese hallazgo inesperado, que hace que todo lo demás a su lado, nos parezca insignificante comparado con Él. Dios no resta, Dios no quita, puedes danzar, bailar, cantar, gozar, dar gracias, saltar, respirar a pulmón lleno y, por esto mismo, puedes acercarte a él sin miedos; en definitiva, Jesús, hijo del Altísimo, es ese tesoro que por tanto tiempo has estado buscando. ¡Alabado sea el Señor que inflama nuestro corazón con la llama de su amor! ¡Bendito sea por siempre junto al Padre y al Espíritu Santo! ¡Gracias, Señor mio y Dios mío por librarnos de la muerte y el reino de las tinieblas! ¡Gracias por tu sangre derramada en mi rescate, gracias!

Buenos días Paz y Bien.

Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán

Libro de Jeremías 1,17-19.

En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos.
Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país.
Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-«.

Comentario: Hoy celebramos la memoria del Martirio de San Juan Bautista, pero como hace poco comenté esa lectura me he fijado especialmente en la primera, en la cual bien podíamos vernos reflejados todos aquellos que de corazón sincero seguimos a Dios o al menos lo intentamos escudriñando en sus enseñanzas y en la guía de la Iglesia. De esta manera, hemos sidos llamados por Dios, para anunciar el Evangelio de palabras y de obras, no siempre acertamos, porque contra quién más combate, precisamente, el Diablo y las potestades celestes del mal, los espíritus que están en el aire, es precisamente -como nos decía S. Pablo- con aquellos que pretenden llevar una vida coherente con las enseñanzas Evangélicas. También combatimos contra los poderes terrenales que buscan un trono perecedero y efímero en la tierra, un reino hecho de vanidad y codicia, de idolatría al hombre y sus perversas ideologías en oposición abierta a la Verdad que solo puede proceder de Dios, porque él solo la posee. Nosotros hoy, como la Iglesia perseguida en Nicaragua y en tantos otros lugares del planeta, estamos llamados por Dios a dar la cara, a ser valientes, con sólo el poder de la palabra y en clara desventaja e indefensión, frente al poder de las armas y las leyes que hacen los gobiernos, a propósito, para combatir la luz de Dios y que su maldad y perversión no quede al descubierto. Hoy frente a tanta ignominia y padecimientos humanos a causa de los que gobiernan el mundo, nos reconforta oír estás palabras de Jeremías con las que concluye está lectura: «ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-«.»
El Señor ya nos ha librado de las garras del peor enemigo, el Enemigo del alma, pero también lo hará, atendiendo a las palabras de San Pablo, de los poderes terrenales porque aunque estos den muerte al cuerpo, Jamás podrán dar muerte al alma. Jesús nos asegura como al buen ladrón que el nombre de sus fieles y leales; es decir su vida; la vida de los que hemos creído y combatido en está dura batalla, está inscrito en el Cielo para gloria de Dios y premio nuestro con Vida Eterna.

la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres…

Carta I de San Pablo a los Corintios 1,17-25.
Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana, para que la cruz de Cristo no pierda su eficacia.
El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios.
Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes.
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad?
En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación.
Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría,
nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos,
pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos.
Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.

Comentario: El evangelio de hoy es como una continuación del de ayer por eso he puesto la atención en esta primera lectura, en la que Pablo resalta la sabiduría de Dios, oculta en la predicación y las buenas obras del hijo de Dios y sus seguidores, frente a la sabiduría de los hombres que busca el brillo momentáneo de lo fugaz, del espectáculo pasajero, en la elocuencia humana (vanidad) o el prodigio del milagro sin trabajo (de la magia). La sabiduría de Dios es escándalo para el hombre (especialmente para el contemporáneo cuya máxima es el hedonismo) porque prédica a un Dios hecho hombre, pobre, manso, pacífico, humilde, vacío de sí mismo y lleno del Padre, que prédica la cruz (hecha de servicio y donación de si mismo) para levantar al que se ha doblado aplastado por el mundo y para bajar al que se elevado a costa de pisar a los demás. La cruz es sabiduría de Dios, vida para el hombre, eternidad que no se marchita, mientras que la sabiduría del hombre, está en el instante pasajero, que nunca se sacia, porque los instantes van cayendo uno tras otro y no permanecen ni siquiera en el tiempo. En la debilidad de la cruz, de un Dios vencido y entregado, está la resurrección; en su sangre derramada, el cáliz de fortaleza para el hombre, y en su humilde cuerpo triturado a golpes por los hombres, el pan saciante para alimento incluso de todos aquellos que un día fuimos sus verdugos. Así la locura de Dios es más sabía que la sabiduría de los hombres, porque la locura de Dios, conoce sin límites, sin obstáculos: Dios es la misma Sabiduría.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Jesús avisa y el que avisa no es traidor.

Evangelio según San Mateo 24,42-51.

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno?
Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo.
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si es un mal servidor, que piensa: ‘Mi señor tardará’,
y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos,
su señor llegará el día y la hora menos pensada,
y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Comentario: Jesús antes de partir a la Ciudad Celestial Junto al Padre, los Santos y sus Ángeles, nos prometió una segunda venida al mundo para juzgar a sus habitantes, pero no dió fecha, al igual que pasó con su primera venida, ya anunciada siglos antes por los profetas y que, finalmente, tuvo lugar cuando la fe de la mayoría de Israelitas y sus costumbres había alcanzado tal decadencia, que hasta el mismo templo del Señor lo profanaban para llevar acabo en él sus negocios.
Esperamos esa segunda venida de Jesús y que la iniquidad y el mal sean de una vez desterrados de la tierra porque entonces será el juicio y ya no habrá más oportunidades debido a que el tiempo destinado por Dios (el cual él solo conoce) para el arrepentimiento y la conversión del mundo llegó a su fin. Dicen que el que avisa no es traidor, el día llegará (como llegó el de su primera venida) como un ladrón, cuan menos se le espera, ya que la conversión que Jesús busca en nosotros es una conversión verdadera y no un postureo para no caer en el grupo de los que serán apartados: de esa cizaña que, como nos dice en otro pasaje bíblico, será separada del trigo donde ya no tendrá ningún poder porque su destino es, como todo lo que no vale el fuego que a la vez que destruye lo inútil limpia el terreno para que lo nuevo, los corazones de verdad convertidos y entregados brillen con la misma luz que el sol de Justicia que los alumbra, Jesucristo nuestro Dios. Algunas de las señales que precederán a esa segunda venida, como ya sabemos, y la Iglesia nos enseña, son la predicación del Evangelio en el mundo entero (algo que ya sucede, casi al cien por ciento, gracias a Internet), después la gran apostasía, muchos renegarán de Cristo, como consecuencia de la persecución contra los cristianos y a causa de la debilidad de su fe (como vemos la persecución a vuelto más o menos cruenta; también en occidente donde se están implantando leyes con penas de cárcel y multas para los que defienda la vida desde la concepción a la muerte o para los que refuten la ideología de género, etc.), y el anticristo, pues, cada vez se hace más presente y palpable, porque ya muchos de sus principios y postulados no se llevan a escondidas, sino que muy al contrario, se muestran en las mismas redes sociales, dando pelos y señales con manuales esotéricos, mágicos y directamente satánicos, hasta el grado de erigir una estatua a Satán en Detroit. Es más desde los mismos parlamentos, con leyes globalistas, se prepara el control de la población mundial, por medio de la agenda 2030, que será llevada, o se intentará al menos, gracias a los mismos avances tecnológicos. Muchas son las señales que nos indican que estamos a las puertas del final del tiempo para que se consuma el plan de Dios para sus fieles y leales seguidores. Mientras tanto hay que estar igualmente preparados, los años de vida no los tenemos asegurados, y en cuestión de días, de horas, de segundos nos llega la muerte sin avisar. La muerte traidora no nos avisa pero Jesús justo y misericordioso si lo hace, y por eso nos dice: estar preparados porque cuando menos lo espereís se presentará el novio y si no estáis preparados no podréis entrar al banquete de bodas; al banquete del Reino de los Cielos.

Verás cosas más grande todavía

Evangelio según San Juan 1,45-51.
Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».
Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».
«¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús continuó: «Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía».
Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Comentario: hoy la Iglesia celebra la fiesta de S. Bartolomé uno de los doce apóstoles de Jesús y uno de los pilares de la Iglesia. Apóstol y Martí como el resto de apóstoles exceptuando a Juan Evangelista.
En este evangelio senos describe el primer encuentro de Bartolomé con Jesús, encuentro que tiene lugar por medio de una tercera persona, de otro de los que después sería también uno de los doce apóstoles de Jesús, Felipe. Podemos inferir de este evangelio que al igual que Bartolomé nosotros hemos sido llevados hacía el Salvador, Jesús, através de terceras personas, pero en realidad estás solo han sido un instrumento en las manos de nuestro Señor Jesucristo para acercarnos a Él, a la fuente del Amor, que, como en éste Evangelio nos describe, ya conocía a Bartolomé de antemano antes de que se produjese dicho encuentro: del mismo modo que antes de que nosotros nos acercáramos a él, Jesús, ya nos conocía de antemano y fuimos elegidos y llamados a su presencia para hacernos discípulos suyos. Pero no todo el que es llamado y se acerca al Señor, pese a haber visto milagros en su vida o en la de un ser querido cuando ha implorando su misericordia divina, está dispuesto a creer en Él, en el enviado de Dios algo que no sucede con Bartolomé. Así, vemos cómo éste, por las palabras de Jesús y ante su presencia cercana y sencilla, es capaz de reconocer en Jesús al Mesías, y de seguirlo después hasta el martirio, mientras que otros coetáneos suyos (incluyendo a Judas) habiendo visto incluso mayores milagros y proezas que hasta ese momento había visto Bartolomé no creyeron que Jesús era el hijo de Dios, su enviado, el que había de salvarlos y darles Vida. Y es que para reconocer a Jesús y seguirle con todas las consecuencia, como él nos pide, es necesario, no solo acercarse a Jesús con un espíritu curioso, sino con un corazón como el de Bartolomé; es decir, sino ya intachable, como nos describe la escritura de hoy de este Israelita, sí al menos con un corazón abierto, sencillo, noble, libre de prejuicios; un corazón de buena voluntad, que no piensa mal, que no antepone sus intereses o sus ideas (también cabe ideología que viene de la misma raíz) a las palabras de Jesús, que son Vida para el hombre y Sabiduría de Dios. Este corazón noble de Bartolomé, es el que necesitamos y hemos de pedir a Jesús, para que a pesar de ver el milagro o los pequeños milagros que contemplamos cada día, no demos como respuesta a su llamada, un sí con condiciones (sí, pero Yo…; sí, pero espera; sí, pero un milagro más), ante Dios no hay condicionales ni excusas, ante Dios solo cabe un corazón entregado, como ya dijimos, dispuesto a dar y recibir.

Ser Santo es fácil

Evangelio según San Mateo 23,23-26.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

Comentario: San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938) Monje Trapense, nombrado por S. Juan Pablo ll modelo para la Juventud.
No tenemos virtud, no porque sea difícil, sino porque no queremos. No tenemos paciencia…, porque no queremos. No tenemos templanza…, porque no queremos. No tenemos castidad, por lo mismo. Si quisiéramos seríamos santos…, y es mucho más difícil ser ingeniero, que ser santo. ¡Si tuviéramos fe!

Vida interior…, vida de espíritu, vida de oración. ¡Dios mío! ¡eso sí que debe ser difícil! No hay tal. Quita de tu corazón lo que estorba y en él hallarás a Dios. Ya está todo hecho. Muchas veces buscamos lo que no hay, y en cambio pasamos al lado de un tesoro y no lo vemos. Esto nos pasa con Dios, que le buscamos […] en una maraña de cosas, que a nosotros nos parecen mejores cuanto más complicadas. Y, sin embargo, Dios le llevamos dentro, y ahí no lo buscamos. Recógete dentro de ti mismo…, mira tu nada del mundo, ponte a los pies de una Cruz, y si eres sencillo, verás a Dios.

He aquí la vida de oración…, no hay que poner lo que ya está, sino que hay que quitar lo que sobra. Digo lo que ya están suponiendo al alma en gracia de Dios, y si algunas veces Dios no está en ella es porque nosotros no queremos. Tenemos tal cúmulo de atenciones, distracciones, aficiones, deseos de vanidades, presunciones; tanto mundo dentro, que Dios se aleja… pero nada más quererlo Dios llena el alma de tal modo, que hace falta estar ciego para no verlo. ¿Quiere un alma vivir según Dios?… Quite de ella todo lo que nos sea Él…, y ya está. Es relativamente fácil. Si quisiéramos, y con sencillez a Dios se lo pidiéramos, haríamos grandes progresos en la vida del espíritu. Si quisiéramos seríamos santos… Pero somos tan tontos que no queremos… Preferimos perder el tiempo en estúpidas vanidades.

Ni entran ustedes ni dejan entrar a los que quisieran…

Evangelio según San Mateo 23,13-22.

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran!¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes!
¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: ‘Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale’!
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro?
Ustedes dicen también: ‘Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar’.
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?
Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él.
Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita.
Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

Comentario: En ocasiones nos pasa como a los fariseos del Evangelio, que vivimos una fe tibia, estamos en querer y no poder, o más bien en un poder y no querer. Nos quedamos en la superficie de nuestra entrega al Señor, y así andamos renqueantes y desolados, porque nuestra conciencia nos recuerda que no obramos en bien. Dios, aunque no se canse de llamarnos y buscarnos no puede habitar en un corazón que se le resiste que no se entrega de todo; en alguien que, con componendas y justificaciones, quiere recibir los beneficios de Dios sin un verdadero arrepentimiento de sus obras de pecado y, sin buscar un cambio sincero de vida. Como vemos, a Dios nada se le oculta y, por eso pone al descubierto la poca o nula espiritualidad de los fariseos, que, sólo desde la apariencia piensan agradar a Dios y a los hombres y que ambos caigan deslumbrados y rendidos a sus pies. Cierto es, que el cambio cuesta, no es un camino ancho como nos recordaba estos días las escrituras, sin embargo es el único camino que nos conforta, y que nos da la paz. Camino que Dios nos ayuda a recorrer cuando sabe que nuestro propósito es sincero y firme.

Oración:

ORACIÓN DE LA ESPERANZA:


Señor, una vez más estoy delante de tu Misterio.
Estoy constantemente envuelto en tu Presencia que tantas veces se torna en ausencia.

Busco tu Presencia en la ausencia de tu Presencia.
Echando una mirada al inmenso mundo de la tierra de los hombres, tengo la impresión de que muchos ya no esperan en Ti.

Yo mismo hago mis planes, trazo mis metas y pongo las piedras de un edificio del cual el único arquitecto parezco ser yo mismo.

Hoy día los hombres somos, muchas veces, unas criaturas que nos constituimos
en esperanza de nosotros mismos.

Dame, Señor, la convicción más profunda de que estaré destruyendo mi futuro siempre que la esperanza en Ti no estuviere presente.

Haz que comprenda profundamente que, a pesar del caos de cosas que me rodea, a pesar de las noches que atravieso, a pesar del cansancio de mis días, mi futuro está en tus manos y que la tierra que me muestras en el horizonte de mi mañana será más bella y mejor.

Deposito en tu Misterio mis pasos y mis días porque sé que tu Hijo, y mi Hermano
venció la desesperanza y garantizó un futuro nuevo porque pasó de la muerte a la vida. Amén.

(Ignacio Larrañaga, Encuentro, p. 30)

El que se humilla será enaltecido.

Evangelio según San Mateo 23,1-12.

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».

Comentario: Jesús con esta palabra nos está invitando a la sencillez, a la humildad y al servicio. Porque Él mismo, a diferencia de los fariseos y también de muchas personas de este tiempo, ha sido el primero en predicar con el ejemplo: Jesús, en su condición divina, Creador de todo cuanto existe, se despojo de su rango, adoptando la condición humana y viniendo al mundo como uno entre miles de seres humanos en una familia pobre, humilde, sencilla, y servidora como nos muestra la misma escritura de la Virgen María cuando hace un buen recorrido, seguramente a pie, para asistir a su parienta Isabel estando encinta como ella. Esto es lo que nos pide hoy Jesús, ser sencillos, humildes y serviciales porque son virtudes que llevan a la paz y a la justicia, al igual que hace que las relaciones humanas sean más fluidas (sin temor, sin barreras) para que cualquiera se pueda acercar a nosotros y, desde el ejemplo, como Jesús -único y verdadero Maestro- podamos ofrecer un mundo mejor a todos; el mismo que a nosotros, anteriormente, nos ha regalado Dios por medio de su hijo Jesús. Como dice en otra parte el evangelio: «no es más el discípulo que el Maestro» ¿y que mayor humildad que la de Jesús que, siendo Dios, terminó como un despojo humano, irreconocible, condenado en una cruz como delincuente, y abandonado por sus mismos discípulos? Al final, con las apariencias podremos engañar a los hombres, pero nunca a Dios que conoce todos y cada uno de los secretos de nuestro corazón. ¿De que le vale entonces al hombre ganar el mundo entero y su admiración, si ello le lleva a perder su alma?

Oración de la humildad:

Señor Jesús, manso y humilde.

Desde el polvo me sube y me domina esta sed

De que todos me estimen, de que todos me quieran.

Mi corazón es soberbio.

Dame la gracia de la humildad,

Mi Señor manso y humilde de Corazón.

No puedo perdonar,

El rencor me quema,

Las críticas me lastiman,

Los fracasos me hunden,

Las rivalidades me asustan.

No sé de donde me vienen estos locos deseos de imponer mi voluntad,

No ceder, sentirme más que otros.

Hago lo que no quiero.

Ten piedad, Señor,

Y dame la gracia de la humildad.

Dame la gracia de perdonar de corazón

La gracia de aceptar la crítica y aceptar

Cuando me corrijan.

Dame la gracia de poder, con tranquilidad,

Criticarme a mí mismo…

La gracia de mantenerme sereno en los desprecios, olvidos

E indiferencias de otros.

Dame la gracia de sentirme verdaderamente feliz,

Cuando no figuro,

No resalto ante los demás,

Con lo que digo,

Con lo que hago.

Ayúdame Señor, a pensar menos en mi y

A abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar Tú y mis hermanos.

En fin, mi Señor Jesucristo,

Dame la gracia de ir adquiriendo poco a poco

Un corazón manso, humilde, paciente y bueno.

Cristo Jesús, manso y humilde de Corazón,

Haz, mi corazón semejante al tuyo.

Así sea.

No olvidar que en el banquete eres un invitado entre todos los demás.

Evangelio según San Mateo 22,1-14.

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

Comentario: El evangelio nos presenta hoy el Reino de Dios como una boda, un banquete al cual Dios nos invita para hacernos partícipes de sus bienes, pero también de su mismo gozo y alegría. Sin embargo no todos responde de igual manera a esa invitación, unos llevados de su comodidad prefieren seguir a lo suyo, a su vida de siempre, son los conservadores que no quieren arriesgar, dejar atrás sus migajas, para acoger el pan de la abundancia de Cristo, en este caso imagen del Rey. Luego están los que se oponen abiertamente al Rey, a esa llamada, dando muerte a sus enviados, estos son los que en todas las épocas han dado muerte a los profetas y a los que han sembrado la palabra de Dios (los mártires de la Iglesia).
Y finalmente están los aprovechados, aquellos que quieren servirse de los manjares de la boda, es decir las bondades que les pueda reportar de un modo u otro el Reino pero a su modo, sin aceptar las normas que el Rey ha puesto para entrar en el banquete de boda. Estos últimos son los expulsados del Reino, los no elegidos, tal vez los más peligrosos de todos, porque desde dentro, traspasadas una vez las puertas de la boda, (aquellos bautizados que se hacen notar mucho, sean consagrados o laicos), quieren ocupar el lugar que le pertenece al Rey, vistiendo el ropaje cómodo que traían antes de entrar a la boda; es decir todos los que han entrado de hurtadillas a la boda para aprovecharse de sus beneficios; de los deleites que para la carne puede traerles; pero sin renunciar a sus viejas vestiduras, que es el espíritu del mundo. Espíritu incompatible con el vestido blanco de bodas, que representa la pureza de corazón del mismo Rey, con el que quiere que todos nos identifiquemos y vistamos, sin excepción, para el triunfo final y definitivo del hijo de Dios con su Esposa la Iglesia, (el Hijo del Rey) y el mal no pueda tocar a sus elegidos, a los que atendieron los requisitos del Rey de Reyes, el Dios altísimo.
«Muchos son llamados al Reino de Dios, pero pocos los elegidos».

Amigo, no soy injusto contigo.

Evangelio según San Mateo: 20,1-16a.

Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,
les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’.
Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’.
Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.
Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’.
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.
Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,
diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’.
El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos»

Comentario: hoy en día hay una gran controversia sobre si Dios es más misericordioso que justo o viceversa. Sin embargo en este evangelio vemos como ambas características son compatibles y ambas cumplen, a la perfección, dos de los atributos de Dios, como son la Justicia y la Bondad, sin que ninguno de ellos menoscabe su integridad (ya que de lo contrario Dios, dejaría de ser Dios, para actuar arbitrariamente). Así observamos como Dios, en todo momento, por un lado cumple con su palabra con los que llegaron primero y, por otro, se apiada de aquél, que sin querer, estaba sin trabajo, y por lo mismo sin posibilidad de recompensa. Lo importante como aquí vemos es, entonces, responder a la llamada del Señor de la viña -de Dios- y no en que momento del día llame; es decir, a que edad sientas ese llamado o recibas el conocimiento (que lo recibirás) para entender que Jesús es el mismo Dios todo poderoso bajado del Cielo para dar Vida al mundo, una Vida que perdurará por la Eternidad. De este modo, todos hemos sido convocado a trabajar en la viña del Señor; y, por esto mismo, como dice también en la Palabra «a todo el mundo alcanza su pregón», porque Dios justo y misericordioso quiere que todos nos salvemos y recibamos la recompensa de su viña que es el Reino de los Cielos para mayor gloria de su Nombre y Buenaventura nuestra: dicha del hombre, al que ha tomado, también, por hijo y heredero a causa del ofrecimiento de su primogénito, Jesús; es decir, de su sacrificio en Cruz.