El Papa, nos pidió en los primeros días de su pontificado que saliésemos a la periferia, que no deberíamos escudarnos diciendo que no tenemos tiempo, y nos específica, además, dónde está esa periferia: en los que necesitan comprensión, consuelo y ayuda. La periferia no está ya, solamente, en los arrabales; la periferia está, por tanto, poco más allá del umbral, hacia fuera, del templo parroquial.

Vivimos en un mundo sumido en la tristeza, en la soledad, en la desesperación, y angustiado por las, diferentes, tragedias que se ciernen por doquier: especialmente se encuentra atenazado por el individualismo y miedo al porvenir. Los creyentes sabemos, que, Dios tiene una respuesta para este hombre posmoderno, que ha perdido el rumbo, el sentido de su vida, que ha trastocado los valores llamando: a lo bueno malo y a lo malo bueno. A la vez, la persona, se ha visto ninguneada por el capital, por haber colocado el dinero como valor supremo;  por encima -llegado el caso- del, propio, ser humano y sus necesidades básicas. No solo ha sido ninguneado, por el capital; también, lo ha sido, por los políticos, que han primado lo inmediato, la permanencia en el poder y el amiguismo, por encima de los valores y principios que cimientan a los pueblos como la educación, la cultura, la tradición, y la atención a los más indefensos. Ni que decir, tiene, el daño que han hecho al hombre, con millones de muertos, décadas atrás, ideologías totalitarias como el comunismo o los nacionalismos, (algunas, de estas, presentes en el terrorismo hasta hace unos días en nuestra nación) a los que parecemos abocados de nuevo por la sinrazón del ser humano a creerse protagonista exclusivo de su destino. Sabemos, por ello, los cristianos, que, Dios tiene respuesta para todo esto, porque lo hemos experimentado en nuestras vidas: nos ha hecho hombres nuevos, esperanzados, en medio de la ruina que se palpa en rededor nuestro, y, también, por que sus normas y mandatos son para todos los hombres, es decir, de carácter universal y quedan fuera, por esto mismo, del interés egoísta o partidario de un grupo, raza, ideología, o nación. Por consiguiente, es hora de salir, como bien dice el Papa, a la periferia, No podemos, los cristianos, quedarnos impasibles contemplando el cielo, sabiendo que a los adolescentes se les desmoronan  pronto sus altas metas y grandes ideales en medio de un mundo que renunció a Dios por conquistar la tierra que, a no muy tardar, será su propia sepultura. ¿Cómo no salir a la periferia a contarles nuestro gozo, nuestro retazos de eternidad? Si los, que son del mundo de la materia vana y hueca, hacen malabares, no solo para comer, si no, también, para acumular lo que ni siquiera van a llegar a necesitar nunca, ¿como nosotros vamos a ser menos que ellos, sabiendo que nos estamos jugando más, a saber, la felicidad presente y la eternidad después? Usemos los medios que nos dan los tiempos presentes, tal y como lo utilizan ellos: que hacen pasquines y los reparten en comercios, nosotros también; que se anuncian en la radio, la iglesia local también; que reparten cartas en buzones con propaganda de cualquier tipo, nosotros hagamos lo mismo invitando por correo a nuestras catequesis, grupos parroquiales, a la eucaristía, etc; que colocan carteles en calles y plazas, coloquemos nosotros también carteles con lemas como este: si tenes un cuerpo mortal y un alma inmortal ¿por qué solo cuidas tu cuerpo? te invitamos a tu parroquia. ¿Si vas al gimnasio, por qué no fortaleces también tu espíritu? solamente allí podrás encontrar el tesoro que esconde tu vida. ¿Si lavas el cuerpo, porque no limpiáis tu pasado y comienzas una nueva vida? Dios te da esa oportunidad en el confesionario,  ven, aún, estás a tiempo. Salgamos, pues, a la periferia del mundo, pero no nos dejemos arrastrar por el mundo, porque entonces el Diablo habrá ganado la batalla definitiva a la Vida. </h2

Pedro Chaves Rico                                               Almendralejo 23-09-2014

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

Puedes dejar tu opinión sobre esta entrada

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s