Lucas 9, 28-36

Todas las personas que han tenido un experiencia del cielo -o cercana a ella- cuentan, que la paz y el amor que sintieron es indescriptibles y, por ello, desean quedarse del otro lado, en la eternidad. Algo similar es lo que percibieron los apóstoles Pedro, Juan y Santiago, al experimentar la gloria de Dios con la transfiguración de Jesús en el monte Tabor, cuando Pedro dice: ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas.
Pero lo más importante de este pasaje bíblico no es, precisamente, el milagro de la transfiguración de Jesús: si no la proclamación por parte de Dios mismo, del Padre eterno, mediante una voz perceptible -a todos los que allí se encontraban- proclamar que aquel hombre era su hijo. Y, por tanto, no un hombre más, un sabio, un santón al estilo hindú, sino que aquel hombre era el mismo Dios .
La voz del Padre celestial proclama: “Este es mi hijo, el elegido, escuchadlo”. Es decir, Jesús es el elegido por el Padre y no otro, para la redención del mundo, al cual debemos escuchar. En la sociedad actual hay una gran número de personas que no desean escuchar la palabra de Jesús, unas por comodidad, para no reprimir sus instintos o su ego; otras, por prejuicio, piensan que es algo del pasado de gente que no está en la onda; otros por posicionamientos ideológicos cuyo ideario es diametralmente inverso a las palabras de Cristo; y, finalmente, hay otros que se dejan arrastrar por titulares de prensan: titulares que, por otro lado, están al servicio de grupos de poder, generalmente políticos o mercantilistas.
No obstante, no son estos los peores, sino aquellos que, como el perro del hortelano, ni comen ni dejan; son los que, desde dentro mismo de la Iglesia de Jesús, llevan una doble vida o, simplemente, escandalizan al resto del pueblo de Dios, porque se posicionan en privado en contra del magisterio, mientras que en público o ante la jerarquía callan y agachan la cabeza. De este modo hay quien, por ejemplo, niega la existencia del infierno; quienes dicen que no existen los ángeles, otros que se oponen a la ley natural, otros que proclaman que si Dios conoce nuestras necesidades para que pedirle; cuando escrito está: Mateo 7, 7-8: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca encuentra; y al que llama se le abre. Y, luego, quedan los que buscan interpretaciones rebuscada a textos que están libres de cualquier tipo de interpretación, y sobre los que la, misma, iglesia ha asentado doctrina.
Por otro lado, en Proverbios 30, 5-6 también se nos advierte de la importancia de no manipular la Palabra de Dios: Toda palabra de Dios es acrisolada; él es un escudo para los que en él se refugian. No añadas nada a sus palabras para que no te reprenda y te tenga por falsario.
Queridos hermanos, Dios no es un juguete en nuestras manos, tenemos un porvenir y un presente halagüeño con Él, no dejemos escapar la Vida de Cristo, por la mediocridad del mundo.

Pedro Chaves Rico                                                                                 16/09/2014

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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