imagesPara muchas personas el único y más genuino de los pecados es el de “no matarás”; ésta es la excusa, y estrategia, para saltar por encima de todas las demás reglas morales y cívicas, que,  por ética y principalmente por la religión hemos ido conociendo.
Aun así, si hacemos una reflexión profunda, se debería entender que hay muchas formas de matar, podemos aniquilar la sociedad actual de un plumazo, si todo el mundo evade sus impuestos; la podemos aniquilar de igual manera, con el chisme, ya nadie se fía de nadie porque todos son sospechosos de no guardar las confidencias; se puede aniquilar la sociedad, también, con la mentira, porque después de haber cogido a varias personas en renuncio ya no sabes en quien apoyarte para llevar adelante tus proyectos.

Hay múltiples formas de matar a la sociedad o al individuo; unas veces de forma consciente y otras por omisión o falta de preparación. Detrás de las múltiples manera de acabar con el espécimen humano se esconde el ego: al cual tenemos, primero, que conocer y, luego, contener; porque de lo contrario aremos la vida imposible a los demás y por extensión a nosotros mismos. La vida te devuelve simplemente lo que le das; es implacable, tarde o temprano recibes lo que siembras. Como dice en las Escrituras, el fruto del pecado es la muerte.
Pero ahora me quería remitir, por las fechas en la que estamos, a otro tipo de muerte aún más ominosa; un matar al prójimo bastante más doloroso que acabar con la vida física de otro ser humano, porque como dice el refrán -por cruel que pueda parecer- muerto el perro se acabó la rabia. Me refiero al acoso y entre ellos, al bullyng; que si bien se produce en gran medida en la escuela, se puede prolongar en la calle durante todo el año. Este artículo es para poner en alerta a los padres primero, y, después, a los profesores, para que atajen a tiempo cualquier tipo de violencia, verbal o física, por parte de sus hijos o de sus alumnos, antes de que el niño acosado quede traumatizado o intente suicidarse.
En primer lugar, hacer saber a los padres que los niños y adolescentes son como esponjas que adsorben todo lo que ven y oyen de los adultos, para después vaciarlo sobre los demás. Así, si un padre va de machito por la vida, el niño se conducirá igualmente en la calle y llegará a la violencia para demostrar a los compañeros su hombría. Si el padre o la madre utilizan un lenguaje despectivo e intolerante con respecto a ciertas minorías, como pueden ser personas obesas, homosexuales, paralíticos cerebrales, deficientes mentales, inmigrantes, pobres, indigentes, etc. su hijo atacará de igual manera a los más débiles y desprotegidos cuando encuentre la ocasión para ello. Todas las pautas de conductas que se observan en el domicilio y que, quizás, los padres piensen que quedan reservadas en la privacidad del hogar, luego, son puestas en práctica por sus hijos en la calle. Por ello, hay que tener mucho cuidado con el lenguaje que se utiliza en casa; porque en ocasiones sucede, que, el adulto se muestra muy liberal en los sitios de copas, por aquello de lo políticamente correcto y para quedar bien; pero luego es especialmente mordaz e intransigente para con los colectivos ya citados, en la intimidad de su hogar.
En segundo lugar advertir a los profesores, que atajen cuanto antes este fenómeno que se ha dado en todas las épocas, pero que ha aumentado en el momento presente, de forma alarmante. Y es por ello que en ninguna manera deben quitarle importancia, aunque sea por propio egoísmo; porque después del niño maltratado, por sus compañeros, viene el profesor acosado por el crio envalentonado o los padres amenazados por el adolescente en su propio domicilio. El acoso es una de las peores lacras de nuestra sociedad moderna, que muestra la parte más irracional del ser humano… ir en contra de los de su, propia, especie.
Síntomas que deberían alertar a los padres y profesores debidas al acoso y que podrían ser detonantes de una fuerte depresión y, en ocasiones, hasta del suicidio:
– Baja autoestima.
– Parece estar nervioso e irritable.
– Aislamiento social.
– Declara no tener amigos en el colegio.
– Disminuye la capacidad de concentración y parece más distraído y descuidado que de costumbre.
– Baja el rendimiento escolar.
– Expresa que no quiere ir al colegio e inventa excusas para no hacerlo.
– Puede llevar objetos en su mochila, que le puedan servir como “armas” para su autodefensa.
– Le falta material (dinero, útiles escolares, comida) al llegar a casa.

Algunos indicadores a nivel físico que nos pueden ayudar a detectarlo, son los siguientes:

– Problemas del sueño, tales como miedos nocturnos o enuresis.
– Puede presentar tics nerviosos.
– Disminución del apetito y/o pérdida de peso alarmante.
– Presencia de moratones ó heridas sin causa justificada.
– Dolores de cabeza y/o abdominales sin causa aparente.
– Finge enfermedades o exagera sus dolencias.
– tristeza continuada.
Significativamente a de causarnos alarma el hecho: de que el niño o el adolescente empiece a regalar sus objetos más preciados, ya que puede ser síntoma de que se esté despidiendo de sus seres más queridos, para proceder al suicidio; esto último, siempre, dentro del contexto de los síntomas ya citados con anterioridad.

Por todo lo dicho, no hay forma más cruel de matar a un semejante, que haciéndole el vacío, o yendo a cazarlo directamente por medio del acoso ya sea verbal o físico , como si de animal, de presa, se tratase.
Analicémonos, porque, muchas veces, vamos de buenecitos por la vida y, en realidad, no lo somos tanto.

Si deseas saber más cliquea en los siguientes enlaces:
Acoso escolar prevención de la violencia

Preguntas frecuentes
A continuación tienes un vídeo protagonizado por dos chicos con una canción que parte de una experiencia personal de acoso sufrida en su propia persona:

Bullyn

Pedro chaves Rico                                                   Almendralejo 08/09/2014

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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