mini_tren-300x238No es lo mismo saber que conocer, aunque en español esta palabra en muchas ocasiones la utilicemos indistintamente.

Saber se refiere principalmente al almacenamiento de datos en la memoria del celebro que se aprende conceptualmente al leer algo, al escuchar algo, al ver algo, sin necesidad que ello implique a la persona por completo. La RAE lo define en primer lugar como tener noticia del algo o conocimiento de algo, también como estar instruido en algo.

Por conocer, en cambio, se entiende a un saber que además de ser conceptual comprende una relación más estrecha con el objeto o la persona materia de mi estudio o conocimiento, de ahí que la RAE lo defina de este otro modo. Conocer: Averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.

Hablando en el plano material yo puedo saber que existe Honolulú, pero no conocer dicho lugar por no haber estado allí, puedo saber que tengo unos parientes en México, incluso sus nombres, porque me lo dijeron mis abuelos, pero no conocerlos, etc.

La biblia también nos viene a decir que hay un tipo mas completo y genuino que el simple saber de la existencia de algo o de alguien, un conocimiento que implica relación, intimidad y plenitud. (Genesis 4, 1): Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del SEÑOR. Por contraposición podemos ver este otro pasaje (1 Reyes 1, 4): Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al Rey, y le servia, pero el rey nunca la conoció.

Pasando del plano material, al espiritual y siguiendo con esta disertación entre saber y conocer, podríamos decir que los católicos, en su gran mayoría (no voy a entrar a valorar otras religiones porque no las conozco, algunas incluso, no tienen nada que ver con el Dios de la Revelación) nos hemos quedado en el aprendizaje de un Dios conceptual o teórico, por medio de la catequesis, de los sermones, de prácticas religiosas rutinarias, recibidas de los antepasados; lo cual nunca está demás, para saber que la fe, no es un puro fideísmo; es decir creer por creer, sino que tiene un fundamento y una base sólida. Pero, en cambio, tal vez por ignorancia, por confundir saber con conocer, hemos prescindido de una relación intima con Dios, que es a fin de cuentas el conocimiento más perfecto de Dios, de las personas y de las cosas, entendiendo por íntimo, un comunicarse de persona a persona, de tú a tú, y si se trata de objeto, como ya se dijo de atrapar o aprehender sus cualidades.

Me diréis y como se puede además de saber de Dios, conocer a Dios, pues es muy fácil y, de algún modo, se ha dicho muchas veces, pero parece que miles de años de tradición no son fáciles de cambiar en un espacio de corto de tiempo. Tan fácil… que es una práctica que llevamos a cabo, casi a diario, con las personas, o con algunas muy concretas; a saber, con la mujer, con los hijos, con los amigos, con los compañeros de trabajo. Para conocer a alguien, hay que tratarlo, escucharlo, ponerse en su lugar, empatizar con él: llorar y reír con él si es necesario, bailar con él, etc.  Para tratar de conocer a Dios, intimar con Él, pasa un tanto de lo mismo. No se puede conocer a Dios, solamente por lo que otros te hayan hablado de Dios, que siempre será un conocimiento limitado por sus propias carencias humanas, o su cosmovisión del mundo, y que igualmente, pueda tratarse de un saber intelectual acerca de Dios. Para conocer a Dios, por tanto, hay que conocerlo no sólo por intermediarios, sino personalmente. Y que debo hacer para conocerlos personalmente, pues bastante simple, hay que ir donde Él se encuentra personalmente. A Dios lo encontramos de “rodillas” en el sagrario, Él está allí en persona, tan real como el Dios que anduvo en palestina y que se dejó clavar en la cruz, para rescatarnos a ti y a mí de la misera de nuestro pecado; está deseando recibirnos en su casa, como tú a tu mejor amigo en la tuya, para un intercambio de interioridades, de afectos, de emociones, de sentimientos, de corazones. A Dios también se le encuentra personalmente, en la eucaristía, nos lo dice el mismo Jesús: (Juan 6, 56) quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. A Dios se le encuentra en su Palabra, en la meditación y en el estudio de biblia, no como el que oye llover un domingo en misa en medio de toses para cumplir con un precepto, porque al amigo se le conoce escuchándolo, dedicándole tiempo, y abriéndole las puertas de tu corazón, y el corazón de Jesús está en su Palabra: Jesús mismo nos dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Y donde encontrar un corazón más abundante que el suyo; en la meditación de su Palabra, en el silencio e intimidad de nuestra casa; con tiempo y dedicación. Mi Palabra no vuelve a mí de vacío, eso se nos dice en (Isaías 55, 10-11); Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié. A Dios se le encuentra en el sacramento de confesión, como el amigo que le pides perdón por tus faltas para con él, así el mismo Jesús te perdona, por medio del sacerdote, de ese pecado al cual has renunciado de por vida y al que no quieres volver nunca más. Búscalo en el confesionario, y si no lo encuentras, búscalo en la sacristía (no te avergüences) porque como dice la Palabra (la palabra de Dios permanece por la Eternidad, aunque el sacerdote no se ponga a confesar sigue en vigor) no sea que vayas a comer tu propia condenación (1 Corintios 11, 27): Por lo tanto, cualquiera que coma el pan o beba de la copa del Señor de manera indigna será culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor.

Por estas vías llegaras al conocimiento de Dios y por añadidura al mandamiento del amor. El prescindir de una de ellas, te apartará del conocimiento de Dios y no se puede amar, lo que no se conoce. La desidia y la omisión es otra forma de pecado, quizás de las mayores porque te incapacita para obrar correctamente en la voluntad de Dios.

Resumiendo: 1. Estudiar e interiorizar la Palabra  2. buscar el trato intimo con Dios en la oración fundamentalmente en el sagrario  3. frecuentar la eucaristía y el sacramento de la reconciliación.  4 Si aún quieres llegar más lejos, ayunar y estar vigilante, para que no te den gato por libre.

¡Que no te lo cuenten, matén una relación íntima con el Dios revelado en Jesús y Vivirás!  

P. CH.

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quire decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Correo electrónico: karpenss@hotmail.com

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