«Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás».

Jesús como veíamos en evangelios anteriores sabe de dónde viene, quién es y a donde va. Conoce la misión que le ha sido encomendada por su Padre: la misión de darnos vida por la remisión de nuestro pecados, y no cualquier vida, sino vida Eterna. Una vida que nos llena de paz, de sabiduría, de certidumbre, de amor; una vida que traspasa la barrera de la muerte, saltando por encima de ella, de la muerte física y de la muerte espiritual. Jesús a venido a darnos vida porque él es el autor de la vida, de la creación; ya lo demostró con su propia resurrección, Él ha vencido a Satanás y a la muerte, y nos da esa misma promesa de vida Eterna para nosotros en el Evangelio de hoy; para todos aquellos que se dejen y luminar por su Palabra, aquellos que confíen y no duden que Jesús es la lámpara que ilumina la oscuridad de la noche y las tinieblas del día, por los que discurren ahora nuestros pasos en medio de este mundo contradictorio y hostil que mata a sus propios hijos y, que, cada vez más, se encamina a su propia destrucción.

Jesús es la solución, pero Jesús también, respeta sus principios, la libertad que nos dió ya desde el principio de la creación: libertad para elegir entre la vida y la muerte, entre su Palabra y nuestro yo, entre el camino ancho de la perdición y el camino estrecho de vaciarse de uno mismo, de darse y humillarse, como Jesús mismo hizo, para que la paz, la vida, el amor y la unidad, vuelvan sobre nosotros; es decir, para que recuperemos aquello que se nos dió y que ya tuvimos al principio de la creación.

Hoy redundando en estas mismas palabras de Jesús he recordado aquellas otras de San Juan Pablo II, las que dirigió a los Jóvenes en su visita a Chile, palabras de esperanza que reproduzco a continuación:
«El amor vence siempre. ¡El amor vence siempre, como Cristo ha vencido! El amor vence siempre aunque, en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos impotente. Cristo parecía impotente en la Cruz. ¡Dios siempre puede más!».

«¡Jóvenes chilenos: No tengáis miedo de mirarlo a Él! Mirad al Señor: ¿Qué veis? ¿Es solo un hombre sabio? ¡No! ¡Es más que eso! ¿Es un profeta? ¡Sí! ¡Pero es más aún! ¿Es un reformador social? ¡Mucho más que un reformador, mucho más! Mirad al Señor con ojos atentos y descubriréis en Él el rostro mismo de Dios. Jesús es la Palabra que Dios tenía que decir al mundo. Es Dios mismo que ha venido a compartir nuestra existencia de cada uno. Al contacto de Jesús despunta la vida. Lejos de Él solo hay oscuridad y muerte. Vosotros tenéis sed de vida. ¡De vida eterna! ¡De vida eterna! Buscadla y halladla en quien no sólo da la vida, sino en quien es la Vida misma».

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-04-07

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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