En el evangelio de hoy Jesús nos pide nacer de lo Alto que es lo mismo que nacer nuevo, o nacer del Espíritu.
El Espíritu de Dios es libre, no sabemos cuándo se va a mover en nosotros y por donde nos va a llevar, porque Dios es libre, sondea nuestro corazón hasta lo más recóndito, intercede por nosotros al padre con gemidos inenarrables y nos va modelando y cristificando hasta hacernos uno con Dios. Pero hay que nacer de nuevo para que el Espíritu de Dios actúe en nosotros, y de esta manera poder nacer de lo Alto, porque de lo alto fuimos engendrados con un soplo divino en nuestra arcilla de barro, y a lo Alto estamos llamados a volver para mayor gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y todo lo que glorifica a Dios en nosotros, también redunda en beneficio nuestro, porque Él nos ha amado tanto que incluso ha tenido a bien entregar la vida de su hijo por nosotros.

Pero si el Espíritu de Dios es libre como el viento; es decir el Espíritu Santo, nosotros también hemos de ser libres para que él haga su misión y nos eleve a las alturas hasta que alcancemos la Vida Eterna. Jesús fue enteramente libre para actuar en la voluntad del Padre, que para eso vino; él no necesitaba nacer de nuevo, porque desde el principio el Espíritu de Dios actuaba libremente en él, nosotros por el contrario hemos de nacer de nuevo, porque el sopló de Dios en nosotros, no se puede unir al Espíritu Santo, sin dicha libertad. De esta manera, no podemos aferranos a nuestras cadenas; es decir, a nuestro pasado, a nuestros miedos, a lo correctamente político (al que dirán, que se decía antes) a nuestras elucubraciones mentales intentando negar lo indescifrable de Dios; tampoco podemos estar atados a vicios y pecados, siempre los mismos, lo cual no quiere decir que caigamos, pues como decía S. Juan Evangelista: hijitos míos no pequéis, pero si alguno pecara abogado tiene (Jesús mismo) ante el Padre.

Por lo comentado, si no nacemos de nuevo, de la libertad de los hijos de Dios, tampoco el Espíritu de Dios nos puede llevar a lo Alto, y lo más alto en ocasiones está en la cruz, en dejar atrás como Jesús, todo lo que nos ata al mundo y a nosotros mismos, pero como Jesús también salimos vencedores en la cruz; en lo que dejamos atrás, en nuestros despojos de muerte y miseria, porque donde está el cadáver allí se reúnen los buitres. Ahora en Dios, somos el pan de ángeles del desierto, el pan de la eucaristía; alimento de vida que no sirve a la carroña: (Santiago 4:7)
Así que, entréguense a Dios, resistan al diablo y el diablo huirá de ustedes.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-04-26

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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