«Nadie puede arrebatar nada de las manos de mi padre, porque mi padre es superior a todos».

Estas palabras del Evangelio de hoy nos dan a conocer de quién nos hemos fiado, en manos de quién hemos puesto nuestra vida: de modo que podemos de decir, a boca llena, que en manos de aquél que no nos dejará caer y nos dará la fortaleza para enfrentar cualquier tipo de adversidad, porque aunque por momentos parezca que nos hundimos en el fango o en el abismo, de todo ello saldremos más fuertes si perseveramos en el amor y por el Amor de aquel que por bien nuestro y para nuestra salvación no escatimó ni tan siquiera la vida de su hijo.

De este modo hoy, también, se hacen más actuales que nunca aquellas preguntas que se hacía el apóstol Pablo: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?» preguntas cuya respuesta él ya conoce desde el fondo de su alma y a las que responde seguidamente con esta respuesta: «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó». Palabras que no eran una ilusión o un señuelo para atraer a posibles conversos, sino que fueron el pan suyo de cada día. Y ello por la cantidad de persecuciones que tuvo que enfrentar hasta el punto de que finalmente le fue arrebatada la vida como al Maestro, saliendo de todo ello más que vencedor; sin dejar de enfrentar por otro lado la tentación, por ese aguijón que el mismo decía tener que soportar sobre su carne.

Hoy también San Agustín reflexionando sobre el evangelio nos recuerda que serán los limpios de corazón (los que han confiado sin doblez en Vervo de Dios) los que, como el mismo Jesús nos dice en el Sermón de la Montaña, verán a Dios…

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-05-10

Feliz martes, un abrazo en Cristo que no deja de llamarnos y, por tanto, de amarnos.

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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