A esta fiesta yo le añadiría otro título que sería María modelo de Evangelización. Y es que María, tanto de palabra como de obra, proclama la grandeza del Señor. De obras porque en lugar de estar volcada sobre sí misma, preocupada por su estado de gestación o por que dirán los vecinos cuando la vean embaraza sin estar casada (motivo de dilapidación en ese tiempo) no duda en ir a visitar a su parienta Isabel también embarazada de más tiempo para socorrerla en dicho trance. María, sin victimizarse y hacer alarde de los kilómetros recorridos a pie, o del sacrificio de dejar las tareas de su casa, se entrega, muy por el contrario y sin falsa humildad, a la segunda evangelización, que es a proclamar de palabras ante Isabel, las proezas que el Señor ha hecho en ella por haberla elegido como madre del Salvador, el Hijo de Dios altísimo.
De esta manera, María, nos da una gran lección, porque si bien la primera evangelización se debe hacer con buenas obras, entre ella la más importante de todas la de llevar una coherencia de vida entre la Palabra de Dios (en la que decimos creer) y el modo de proceder en el día a día en todos los ámbitos de la vida, también como vemos, no se reserva para sí el gozo de haber encontrado el favor de Dios y, desbordada de agradecimiento, confirma de palabras lo que ya el Espíritu Santo mismo se había encargado de revelar a Isabel.
Hoy María, con sus palabras, se convierte en la primera Evangelizadora de la nueva Alianza, al hacer saber que el Salvador prometido desde antiguo por los profetas ya ha llegado al mundo y, al mismo tiempo, por darnos a conocer de paso y resumidamente la hacción del Todopoderoso, de Dios, ante el hombre, la misma que acompañará a su hijo Jesucristo, que es la Buena Noticia de vida y esperanza para la humanidad, el que inaugurará la única y verdadera nueva era para el hombre. Lo demás es todo repetir lo mismo (nada nuevo hay bajo el sol) con diferentes apariencias.
Hoy, por tanto, María ha de ser tomada como modelo de evagelización, que no cae en el activismo del filántropo, ni en la soberbia del que se siente elegido y por ello superior esperando que los demás se echen a sus pies y reconozcan sus obras. Hoy María, sin falsa humildad, proclama la grandeza de Dios, las proezas que este ha hecho en su vida, así como nosotros por su ejemplo, estamos llamados a proclamar con la vida y pero también con palabras, el amor y los favores de Dios para con nosotros.

Evangelio según San Lucas 1,39-56. Festividad de la Visitación de María.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
María dijo entonces: «Mi alma proclama la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz».
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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