Hoy toca discernir que espíritu me impulsa a hablar, a estar y a actuar ¿El espíritu del mundo (¡como lo hacen todos…!), el espíritu de la carne (cuando soy reo de mis impulsos, tendencias y pasiones), el espíritu de Satanás (deseando el mal y la caída de los otros) o el espíritu de la Verdad, del Hijo de Dios, el Espíritu Santo que nos lleva al entendimiento, conocimiento y práctica del Evangelio?
Miércoles de la 6a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 16,12-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.»
San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 16, 13 (Les catéchèses, coll. Les pères dans la foi 53-54, Migne 1993),
“El Espíritu de la Verdad los introducirá en toda la verdad” (Jn 16,13)
Acerca del “espíritu” muchas cosas están escritas en las divinas Escrituras. A veces la ignorancia lleva a confusiones porque no se sabe bien de qué “espíritu” se trata en el texto de la Escritura. Por eso es bueno profundizar el conocimiento para saber de qué espíritu la Escritura afirma que es el Santo. (…) Muchas cosas son denominadas “espíritu”. El ángel es llamado espíritu, también nuestra alma, el viento que sopla, una gran virtud, (…) Mismo el demonio nuestro adversario es llamado espíritu. En presencia de las diversas acepciones, ten cuidado de no tomar una acepción por otra, a causa de la homonimia. La Escritura dice de nuestra alma: “El hombre es semejante a un soplo [espíritu], y sus días son como una sombre fugaz” (Sal 144,4) y también “formó el espíritu del hombre en su interior” (Za 12,1). En cuanto al viento [espíritu]: “como cuando el viento del desierto destroza las naves de Tarsis” (Sal 48,8) y “como se estremecen por el viento los árboles del bosque” (Is 7,2) y “el rayo, el granizo, la nieve, la bruma, y el viento huracanado que obedece a sus órdenes” (Sal 148,8). El Señor nos ofrece la buena enseñanza: “El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida” (Jn 6,63). Es decir, de naturaleza espiritual. El Santo Espíritu no habla con una lengua humana propia sino que nos acuerda hablar con sabiduría. Entonces, él mismo habla y asiste.