No se puede creer en Dios, sin creer en su enviado, el hijo.

Miércoles de la 4a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 5,17-30.
Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo».
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: «Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Comentario: San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismal 4 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993).
“Lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo” (Jn 5,19)
Que su alma reciba el dogma fundamental que concierne a Dios: hay un solo Dios, uno sólo, sin nacimiento, sin comienzo, sin cambios ni mutaciones. No fue engendrado por otro, no hay otro ser para tomar la sucesión de su vida. No empezó a vivir en el tiempo, no existe fecha en la que tenga fin. Es a la vez bueno y justo. (…) Único es el autor del cielo y de la tierra, el creador de los ángeles y los arcángeles. Es el autor de una multitud de criaturas, el Padre de uno sólo antes de los siglos, uno sólo que es el Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo, con el que ha hecho todas las cosas, las visibles y las invisibles. Este Padre de nuestro Señor Jesucristo no está circunscrito en un lugar cualquiera, más pequeño que el cielo. Los cielos son la obra de sus manos, su mano abarca toda la tierra. Está en todas las cosas y más allá de todas las cosas. No te imagines que el sol sea más brillante o igual que él, ya que el que ha creado al sol es, sin comparación, mucho más grande y brillante que él. Sabe por anticipado lo que debe existir, es más fuerte que todos los seres, los conoce a todos, realiza lo que desea. No está sumido a las vicisitudes de las cosas, ni al nacimiento, tampoco a la fortuna o a lo ineluctable. Es perfecto desde todo punto de vista y posee todo tipo de virtud. No sufre disminución ni crecimiento, está siempre en el mismo estado, es absolutamente idéntico a sí mismo. Preparó una sanción a los pecadores y a los justos una corona. Muchas personas, de diversas maneras, se perdieron lejos de este Dios único. (…) Establece primero sólidamente en tu alma este dogma de la piedad por medio de la fe.

Sí, os lo anunciamos, este mundo naufragará

Martes de la 4a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 5,1-16.
Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos.
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
[Porque el Angel del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal.]
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?».
El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes».
Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina».
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado,
y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla».
El les respondió: «El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y camina'».
Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina?'».
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía».
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

Comentario: San Máximo de Turín (¿-c. 420) obispo
Sermón para la Cuaresma
«¿Quieres curarte?»: la cuaresma conduce a los catecúmenos a la piscina del bautismo
        El número cuarenta, carísimos hermanos, tiene un valor simbólico, ligado al misterio de nuestra salvación. En efecto, cuando en los primeros tiempos, la maldad de los hombres hubo invadido la superficie de la tierra, durante cuarenta días Dios hizo salirse las aguas del cielo e inundó la tierra entera bajo las lluvias del diluvio (Gn 7). Desde esta época, la historia de la salvación fue anunciada simbólicamente: durante cuarenta días, la lluvia cayó para purificar el mundo. Ahora, durante los cuarenta días de la cuaresma, es ofrecida la misericordia a los hombres para que se purifiquen…
        Sí, el diluvio es el símbolo del bautismo; lo que se produjo entonces todavía se cumple hoy… Cuando los pecados de toda la tierra desaparecieron, ahogados en el fondo del abismo, la santidad pudo elevarse muy cerca del cielo; he aquí lo que se realiza ahora también en la Iglesia del Cristo… Llevada por el agua del bautismo, se eleva cerca del cielo; las supersticiones y los ídolos son engullidos, y sobre tierra se difunde la fe, brotada del arca del Salvador… Por cierto, nosotros mismos somos pecadores, y este mundo será destruido. Sólo escaparán de la ruina, aquellos a los que el arca llevará encerrados en su seno. Esta arca, es la Iglesia… Sí, os lo anunciamos, este mundo naufragará; por eso os exhortamos, a vosotros, a todos los hombres, a refugiarse en este santuario.

Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer

Lunes de la 4a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 4,43-54.
Jesús partió hacia Galilea.
El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún.
Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen».
El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera».
«Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía.
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Comentario: San Gregorio de Narek (c. 944-c. 1010)
monje y poeta armenio

El libro de las oraciones 12,1
“Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer.”
«Todo el que invoca el nombre del Señor se salvará» (Jl 3,5; Rm 19,13).
En cuanto a mi no sólo le invoco,
sino que ante todo creo en su grandeza.

No es por lo que me da
que persevero en mis súplicas,
sino porque es la Vida verdadera
y es en él que respiro;
sin él no hay movimiento ni progreso.

No es tanto por los lazos de la esperanza
que soy atraído sino por los lazos del amor.
No es de los dones
sino del Dador que siempre tengo nostalgia.
No aspiro a la gloria,
sino que quiero abrazarme al Señor de la gloria.
No es la sed de la vida la que siempre me consume,
sino el recuerdo de aquel que da la vida.

No es por el deseo de felicidad que suspiro,
que desde lo más profundo de mi corazón rompo en sollozos,
sino por el deseo de aquel que lo prepara.
No es el descanso lo que busco,
sino el rostro de aquel que pacificará mi corazón suplicante.
No es por el festín nupcial que languidezco,
sino del deseo del Esposo.

En la espera cierta de su poder
a pesar de la carga de mis pecados,
creo con una esperanza inquebrantable
y me pongo confiadamente en la mano del Todopoderoso,
de quien no solamente obtendré el perdón
sino que le veré a él mismo en persona,
gracias a su misericordia y a su compasión
y, aunque merezco perfectamente ser proscrito,
heredaré el cielo.

Para obtener la vida, no alcanza que mi Hijo sea el puente…

4o domingo de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 3,14-21.
Dijo Jesús:
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

C ok comentario: Santa Catalina de Siena (1347-1380) terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

“Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17)
            [Santa Catalina escuchó a Dios decirle:] Abre, hija mía, los ojos de tu inteligencia. Descubrirás a los ciegos y a los ignorantes, verás también a los imperfectos y a los perfectos, los que realmente me siguen. Experimentarás así el dolor por la perdición de los ignorantes y la alegría por la perfección de mis hijos amados. Descubrirás también cómo se comportan los que caminan en mi luz y cómo los que van en las tinieblas.

            Pero antes quiero que mires el Puente que les he construido en mi Hijo único, que contemples su grandeza, que va del cielo a la tierra. La grandeza de la Divinidad está unida a la tierra de la humanidad de ustedes. Por eso te digo que va del cielo a la tierra, por la unión que hizo con el hombre. Eso fue necesario para reconstruir la vía que había sido rota y permitir atravesar la amargura del mundo, para llegar a la vida. Partiendo de la tierra no se podía realizar un puente de una talla suficiente como para pasar el río e incorporarse a la vida eterna. La tierra de la naturaleza humana era incapaz por sí misma, habiendo satisfecho al pecado, de destruir la mancha del pecado de Adán, que corrompió e infectó toda la raza humana. Era entonces necesario unirla a la grandeza de mi naturaleza – Deidad eterna- para que pudiera satisfacer a toda la raza humana. Era necesario que la naturaleza humana experimentara la pena y que la naturaleza divina, unida con la naturaleza humana, aceptase el sacrificio que mi Hijo me ofrecía, para destruir la muerte y rendirles la vida.

            Así, la Grandeza se abajó hasta la tierra de la humanidad. Uniéndose a ella, edificó un puente y restableció la ruta. ¿Por qué de este modo? Para que realmente el hombre viniera a alegrarse con la naturaleza angélica. Pero para obtener la vida, no alcanza que mi Hijo haya devenido el puente: es necesario que ustedes pasen por ese puente.

Nunca uno es justificado por un mal mayor

Sábado de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 18,9-14.
Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
«Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado».

Comentario: San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars

Sermón para el 11º domingo después de Pentecostés (Sermons de Saint Jean Baptiste Marie Vianney, Curé d’Ars, II, Ste Jeanne d’Arc, 1982)
El que juzga es más culpable que el que es juzgado
El fariseo juzgaba temerariamente al publicano como ladrón, porque recibía los impuestos. Demandaba más de lo necesario y se servía de su autoridad para cometer injusticias. Sin embargo, ese supuesto ladrón se retiró justificado de los pies de Dios. El fariseo, que se creía perfecto, se fue, culpable. Esto nos muestra que con frecuencia, el que juzga es más culpable que el que es juzgado. (…) Esos malos corazones, son corazones orgullosos, celosos, envidiosos, ya que son estos tres vicios que engendran los juicios que portamos sobre nuestros vecinos… ¿Han robado a alguien? ¿Se perdió algo? Enseguida, sin tener ningún conocimiento preciso, pensamos que fue tal persona que lo ha hecho. ¡Ah mis hermanos! Si conocieran bien ese pecado verían que es uno de los pecados más a temer, el menos conocido y el más difícil para corregir. Escuchen esos corazones ególatras, imbuidos de ese vicio. Si ellos ven que alguien ejerce un cargo en el que otro ha cometido injusticias, concluyen que el que toma su lugar también hará lo mismo, que no vale más que el anterior, ya que son todos astutos ladrones. (…) ¡Ah mis hermanos! Si tuviéramos la felicidad de estar exentos del orgullo y de la envidia, no juzgaríamos jamás a nadie. Nos contentaríamos con llorar sobre nuestras miserias espirituales y rezar por los pobres pecadores y nada más. Estemos convencidos que el buen Dios nos pedirá cuentas de nuestras acciones y no de las de los otros.

La división no viene de Dios.

Jueves de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 11,14-23.
Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Benedicto XVI
papa 2005-2013

Encíclica « Spe Salvi » § 30-31
« El reino de Dios ha llegado para vosotros »
Los tiempos modernos han hecho aumentar la esperanza de la instauración de un mundo perfecto que, gracias a los conocimientos de la ciencia y a una política científicamente fundada, parecía haber llegado a ser realizable. Así la esperanza bíblica del reino de Dios ha sido remplazada por la esperanza del reino del hombre, por la esperanza de un mundo mejor que sería el verdadero «Reino de Dios». He aquí, en fin de cuentas, lo que parecía ser la esperanza, grande y realista, de la que el hombre tenía necesidad; estaba en condiciones de movilizar — por un cierto tiempo –- todas las energías del hombre… Pero con el curso del tiempo ha llegado a ser claro que esta esperanza se alejaba siempre más. Se han dado cuenta que era quizás una esperanza para los hombres de pasado mañana, pero no una esperanza para mí. Y aunque el «esperar para todos» fuera parte de la gran esperanza humana — en efecto, no puedo llegar a ser feliz contra los otros y sin ellos –- permanece cierto que una esperanza que no me concierne personalmente no es verdadera esperanza. Ha resultado evidente que se trataba de una esperanza contra la libertad…Tenemos necesidad de esperanzas –- de las más pequeñas o de las mayores -– que, día a día, nos mantienen en camino. Pero sin la gran esperanza, que debe sobrepasar el resto, no bastan. Esta gran esperanza no puede ser más que Dios sólo, que abrazo el universo y que puede proponernos y darnos lo que, solos, no podemos alcanzar. Precisamente, el hecho de ser gratificado por un don forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza–- no cualquier dios, sino el Dios que posee un rostro humano y que nos ha amado hasta el final (Jn 13,1) — a cada uno individualmente y a la humanidad entera. Su reino no es un más allá imaginario, colocado en un futuro que no se realiza nunca; su reino está presente allí donde es amado y donde su amor nos alcanza.

Humildad, conciencia y obediencia

Hay quien apela a su conciencia como si está tuviese que ser guía para la comunidad, la elevan a poco menos que a Dogma de fe como si estuviera dotada de clarividencia y exenta de error, olvidando por otro lado que cada hijo de vecino tiene la suya propia. Jesús en cambio, sus discípulos y los Santos siempre nos han en señalado el camino de la humildad y la obediencia como guias para alcanzar el Reino de Dios y la Santidad: obediencia al Evangelio y obediencia a la Iglesia, a su magisterio y a su autoridad como órgano colegiado para atar y desatar.

Miércoles de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 5,17-19.
Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

San Cirilo de Alejandría (380-444)
obispo y doctor de la Iglesia

Homilía 12; PG 77, 1041 s
«No he venido a abolir la ley sino a cumplirla»
Hemos visto a Cristo obedecer las leyes de Moisés, es decir que Dios, el legislador, se sometía, como un hombre, a sus propias leyes. Es lo que nos enseña San Pablo…: « Cuando los tiempos fueron cumplidos, Dios envió a su Hijo; nacido de una mujer, estuvo sujeto a le Ley judía, para rescatar a los que estaban sujetos a la ley » (Ga 4,4-5). Por lo tanto, Cristo rescató de la maldición de la Ley a los que estaban sujetos a ella, pero que no la observaban. ¿De qué manera los rescató? Cumpliendo la Ley; de otra manera, con el fin de borrar la transgresión de la que Adán se hizo culpable, se mostró obediente y dócil en nuestro lugar, hacia Dios Padre. Porque está escrito: « Así como todos han llegado a ser pecadores porque un sólo hombre desobedeció, de la misma forma todos llegarán justos porque un solo hombre obedeció» (Rm 5,18). Con nosotros inclinó la cabeza delante de la Ley, y lo hizo según el plan divino de la Encarnación. En efecto, « Debía cumplir perfectamente lo que es justo» (cf Mt 3,15). Después de haber tomado perfectamente la condición de servidor (Ph 2,7), precisamente porque su condición humana le colocaba con el número de los que llevan el yugo, pagó a los recaudadores, como todo el mundo, el pago del impuesto, mientras que por naturaleza, y como Hijo, estaba dispensado (Mt 18,23-26). Así, cuando le veas observar la Ley, no te extrañes, no pongas en la hilera de los servidores al que es libre, pero mide con el pensamiento la profundidad de un tal designio.

Todo es perecedero y transitorio excepto una cosa

Dios, Revelación de Jesucristo, Iglesia Católica.

Todo es perecedero y transitorio excepto en este mundo una cosa y por eso solo podemos agarrarnos a Dios, que lo conoce todo y puede darnos vida más allá de esta mortal.

Él conoce lo que hay en el corazón del hombre

3er domingo de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 2,13-25.
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?».
Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar».
Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba.
Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos
y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo

Comentario al Evangelio de Juan, 10
Al tercer día resucitaré
        Es grande, el misterio de nuestra resurrección, y extremadamente difícil de sondear. Es anunciado en muchos textos de la Escritura, pero sobre todo en Ezequiél: «El Espíritu del Señor me depositó en un valle lleno de huesos humanos…; estaban completamente secos. El Señor me dijo: Hijo de hombre, ¿estos huesos vivirán? Respondí: Señor, tú lo sabes. Me dijo: profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra del Señor» (Ez 37,1-4)…
        Entonces, cuáles son estos huesos a los que les dice: «Escuchad la palabra del Señor» si no el Cuerpo de Cristo, sobre el que el Señor decía: «Todos mis huesos están dislocados» (Sal. 21,15)… Y así como se efectuó la resurrección del cuerpo verdadero y perfecto de Cristo, un día los miembros de Cristo… serán reunidos, hueso con hueso, juntura con juntura. Nadie privado de esta juntura, alcanzará «el hombre perfecto, a la medida del cuerpo de Cristo en su plenitud» (Ef 4,13). Entonces «todos los miembros del cuerpo, aunque muchos, formarán un solo cuerpo» (1Co 12,12)…
        Digo esto a propósito del Templo sobre el que el Señor dijo: «El celo por tu casa me devora» (Sal. 68,10), y a propósito de los judíos que le pedían les mostrase un signo, y en fin a propósito de su respuesta:… «Deste Templo, y en tres días lo levantaré». Porque hace falta que sea expulsado de este templo, que es el Cuerpo de Cristo, todo lo que niega la razón y lo que depende del comercio, para que de ahora en adelante este templo no sea más una casa de vendedores.
        Hace falta además… que después de su destrucción, por los que niegan la palabra de Dios, sea levantado al tercer día… Gracias a la purificación de Jesús, sus discípulos, habiendo abandonado todo lo que no es razonable y toda forma de comercio y a causa del celo del Verbo, la Palabra de Dios, que está presente en ellos, sus discípulos «serán destruidos» para «ser levantados» por Jesús en tres días… Porque hacen falta tres días enteros para que esta reconstrucción se termine. Por eso, podemos decir de una parte, que la resurrección se efectuó y por otra parte, que tiene que venir: verdaderamente «hemos sido sepultados con Cristo » y » con Él nos levantaremos » (cf Rm 6,4)… «Todos serán vivificados en Cristo, pero cada uno en su puesto: primero, Cristo, como primicia, después, todos los que son de Cristo en su venida» (1Co 15,22s).

Arrepentimiento, perdón y envidia

Sábado de la 2a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 15,1-3.11b-32.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’.
Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Talasio Líbico y Africano
higúmeno en Libia

Filocalia, Centurias III, 100 ((Philocalie des Pères neptiques, Chapitres sur la prière, DDB-Lattès, 1995),

Has venido a salvarnos, estábamos perdidos
Señor de todo, Cristo, líbranos de todos esos males,
de las pasiones que nos destruyen
y de los pensamientos nacidos de las pasiones.

Gracias a ti fuimos creados,
con el fin de gozar de las delicias del jardín del Paraíso
por ti plantado.

Hemos hecho venir sobre nosotros el deshonor presente,
porque a las bienaventuradas delicias hemos preferido la ruina
de la que recibimos la retribución,
hemos cambiado la vida eterna por la muerte.

Ahora entonces, Señor,
como nos has mirado, míranos al final.
Ya que te has hecho hombre, sálvanos a todos.

Has venido a salvarnos, estábamos perdidos.
No nos apartes de la parte de los salvados.

Resucita las almas y salva los cuerpos,
purifícanos de toda mancha.

Rompe las ligaduras de las pasiones que nos atan,
tú, que has roto los dedos de los demonios impuros.

Libranos de su tiranía,
para que podamos servirte sólo a ti, Luz eterna,
resucitados de los muertos y con los ángeles,
danzando la bienaventurada ronda,
eterna e indisoluble. Amén.

La piedra que desecharon los arquitectos a llegado a ser la piedra angular

Viernes de la 2a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 21,33-43.45-46.
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: «Respetarán a mi hijo».
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: «Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia».
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Tratado sobre el evangelio de Lucas 9, 29-30
La parábola de la viña
La viña es la figura del pueblo de Dios, porque, injertado sobre la vid eterna se levanta por encima de toda la tierra. Brote de un suelo ingrato, brota y florece, se reviste de verdor, pareciéndose al yugo de la cruz cuando sus pámpanos se extienden como brazos fecundos de una viña hermosa… Con razón se llama al pueblo de Cristo la viña del Señor, sea porque está marcado con el signo de la cruz (Ez 9,4), sea porque se recoge de él los frutos en la última estación del año, sea porque como los renglones de la viña, pobres y ricos, humildes y poderosos, siervos y amos, todos en la Iglesia tienen una igualdad perfecta…Cuando se ata la viña, ella se reconduce; cuando se la poda, no es para dañarla sino para hacerla crecer. Lo mismo pasa con el pueblo santo; atándolo se hace libre; humillado se vuelve a levantar; recortado recibe una corona. Mejor aún: igual que el brote, cogido de un árbol viejo, es injertado sobre otra raíz, asimismo el pueblo santo... alimentado en el árbol de la cruz... se desarrolla. Y el Espíritu Santo, esparcido en los surcos de una viña, se derrama en nuestro cuerpo, lavando todo lo impuro y levantando nuestros miembros para dirigirlos hacia el cielo. Esta viña es expurgada por el viñador, es ligada, podada (Jn 15,2)...A veces quema con el sol los secretos de nuestro cuerpo, a veces nos riega con su lluvia. El viñador quiere expurgar la viña para que las zarzas no perjudiquen a los brotes tiernos, vela para que las hojas no hagan demasiada sombra...no priva nuestras virtudes de luz, y no impide la maduración de nuestros frutos.

¡Pero sino perdonan…!

Martes de la 1a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 6,7-15.
Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

Comentario: Evagrio Póntico (345-399)
Monje en el desierto de Egipto

Filocalia de Padres Népticos, Capítulos sobre la oración (Philocalie des Pères neptiques, Chapitres sur la prière, DDB-Lattès, 1995

Si deseas rezar
La oración es un retoño de la mansedumbre y de la ausencia de cólera.

La oración es fruto de la alegría y la acción de gracias.

La oración es exclusión de la tristeza y del desaliento. […]

Si deseas rezar correctamente, no entristezcas a nadie, Sin esto, en vano corres.

Está escrito, deja tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano (cf. Mt 5,23-24). Habiendo vuelto, rezarás sin turbación ya que el resentimiento enceguece la razón del que reza y oscurece sus oraciones.

Los que acumulan interiormente penas y resentimientos se asemejan a gente que saca agua para verterla en un barril agujereado. […]

Si quieres rezar “en espíritu”, no tengas aversión por nadie y no tendrás nubes que te obscurezcan la vista durante la oración. […]

La atención en busca de la oración, encontrará la oración. Si algo sigue a la oración, es la atención. Es necesario, entonces, aplicarse.

Tal como la vista es lo mejor de todos los sentidos, la oración es la más divina de todas las virtudes. […]

Cuando en tu oración hayas llegado arriba de toda alegría, es entonces que en verdad has encontrado la oración,

¿Creer al hombre o creer a Dios?

Nunca más actuales que hoy estás palabras de San Pablo. Y si algo tiene la Palabra de Dios es que es Eterna; viva y eficaz para los hombres de todos los tiempos. De esto nos advertía S. Pablo y como veréis se está cumpliendo: (Gálatas 1,8-11) Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (excomulgado, reprobado). Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Lunes de la 1a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 25,31-46. Discípulo y testigo directo de Nuestro Señor Jesús.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad

El buen celo (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936),
¿Cuál es la caridad verdadera?
Pensar en el prójimo más que en nosotros mismos. Pensar en sus intereses, su agrado, su alegría. Este es el signo de la verdadera caridad. Para actuar de esta forma -no sólo una vez sino diez veces, siempre y en todas circunstancias- con respecto a nuestros hermanos, sin distinción, hay que amar verdaderamente a Dios. Semejante amor del prójimo reclama demasiada abnegación como para poder sostenerse largo tiempo, apoyándose sólo en sí mismo. Únicamente es posible si nace de Dios. Por eso, Jesús en persona reporta la caridad hacia el prójimo como el signo por excelencia de Dios, en un alma. (…) ¿Qué es la caridad? Es el amor de Dios, abrazando en un mismo impulso a Dios y a todo lo que le está unido: la humanidad de Cristo y, en Cristo, todos los miembros de su cuerpo místico. Cristo está afligido en los afligidos, enfermo en los enfermos, triste en las almas acabadas de tristeza.¿No es la palabra misma de la verdad infalible "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25,40). Nuestro Señor, al encarnarse, tomó sobre sí mismo todas nuestras debilidades (cf. Is 53,4). Aliviándolas en el prójimo, es a él que aliviamos. (…) Veamos en nuestro hermano a Cristo mismo y lo serviremos con solicitud. (…) Si tenemos esta visión de la fe, nuestro amor será siempre entusiasta, desinteresado y no nos quejaremos si debemos frecuentemente darnos a los otros.

El ayuno purifica el alma y arrastra bendiciones del cielo

Viernes después del Miércoles de Ceniza
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 9,14-15.
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».
Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
El origen de la Cuaresma: acompañar a los catecúmenos en su camino hacia el bautismo en Pascua.
Después de este tiempo dedicado al ayuno, el alma purificada y agotada, llega al bautismo. Repara sus fuerzas por la inmersión en las aguas del Espíritu. Todo aquello que había quedado consumido por las llamas de la enfermedad renace del rocío de la gracia del cielo. Abandonando la corrupción del hombre viejo, el neófito recobra una nueva juventud… Por un nuevo nacimiento, renace como criatura nueva, siendo el mismo que había pecado. Elías,por un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches mereció poner fin, gracias al agua del cielo, a una sequía larga y terrible en toda la tierra (cf 1R 19,8; 18,41). Apagó la sed ardiente del suelo con una lluvia copiosa. Estos hechos se produjeron como ejemplo para nosotros, para que nosotros, después de un ayuno de cuarenta días, merezcamos la lluvia bendita del bautismo, para que el agua celestial riegue toda la tierra árida en los hermanos de todo el mundo. El bautismo como un rocío de salvación pondrá fin a la larga esterilidad del mundo pagano. En efecto, quien no ha sido bañado en la gracia del bautismo padece sequía y aridez espiritual. Por un ayuno de idéntica duración, el santo Moisés mereció hablar con Dios, convivir con él, recibir de manos de Dios los preceptos de la Ley (Ex 24,18)... También nosotros, hermanos, ayunemos con fervor durante este período, para que...se nos abran también a nosotros los cielos y se cierren los infiernos.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

Jueves después del Miércoles de Ceniza
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 9,22-25.
Jesús dijo a sus discípulos:
«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día».
Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars

¡Qué preciosa es un alma a los ojos de Dios!
Para conocer el precio de nuestra alma, tenemos que considerar lo que Jesucristo hizo por ella. Mis hermanos, quien de nosotros podrá comprender cuanto el Buen Dios estima nuestra alma. Para hacer feliz a su criatura, ha hecho todo lo que es posible a un Dios. Para sentirse aún más llevado a amarla, la ha creado a su imagen y semejanza. Al contemplarla se contempla a sí mismo. Vemos que da a nuestra alma los nombres más tiernos y los más capaces de mostrar un amor hasta el exceso. A nuestra alma la llama hija, hermana, bien-amada, esposa, su única, su paloma. Pero no es suficiente: el amor se muestra mejor con las acciones que con las palabras. Vean su prisa por venir del cielo, para tomar un cuerpo semejante al nuestro. Esposando nuestra naturaleza, esposó todas nuestras enfermedades, salvo el pecado. O más bien quiso encargarse de la justicia que su Padre pedía para nosotros. Vean su anonadamiento en el misterio de la Encarnación. (…) ¿No es ese, mis hermanos, un amor digno de un Dios que es el amor? Mis hermanos, así nos muestra la estima que tiene por un alma. ¿Es suficiente para hacernos comprender lo que ella vale y cuánto debemos cuidarla? ¡Ah mis hermanos! Si una vez en nuestra vida tuviéramos la felicidad de comprender la belleza y el valor de nuestra alma, estaríamos listos cómo Jesucristo para hacer todos los sacrificios para conservarla. ¡Qué bella es un alma y qué preciosa a los ojos de Dios! ¿Cómo es que hacemos poco caso y tratamos nuestra alma más duramente que a un animal?

¡Señor auméntame la fé!

Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción
Si algo tiene la Palabra salida del Padre, Jesús, es que siempre es actual, viva y eficaz. Hoy, frente al Evangelio, deberíamos preguntarnos si para nosotros también puede ser signo de contradicción, de elevación o de caída.

La Presentación del Señor
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 2,22-40.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

San Nersès Snorhali (1102-1173)
patriarca armenio

Jesús, Hijo Único del Padre (SC 203, Jésus Fils Unique du Père, Cerf, 1973)
“Sus padres llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc 2,22)
Según la santa alianza de los Patriarcas,
has recibido la circuncisión al octavo día,
Para que el corazón incircunciso del hombre,
lo circuncides, gracias a tu Espíritu.

Tú, el Legislador, según la Ley,
entraste al Templo para ser ofrecido.
Tú, el Anciano de los días,
en sus santos brazos el anciano te acariciaba como Niño.

A mí, nacido en el vicio por el pecado,
habías hecho renacer en la Fuente sagrada.
Por el engaño del Malvado, me he despojado de mi nuevo nacimiento
y me sumergí en el lodo de los vicios.

Purifícame de nuevo por tu Nacimiento,
ofreciéndome al Padre que está en el cielo.
Gracias a las súplicas de la Madre de Dios
y del anciano Simeón.

“Confiad a Dios todas vuestras preocupaciones, él cuidará de vosotros”

“Confiad a Dios las preocupaciones, él cuidará de vosotros”(1Pe 5,7).
Evangelio según San Marcos 6,7-13

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;
que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.
Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.
Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

Comentario : Tomás de Celano (c. 1190-c. 1260), biógrafo de San Francisco y de Santa Clara.

Un nuevo aspirante entró en la Orden y así creció el número hasta ocho miembros. Entonces, el bienaventurado Francisco los reunió a todos y les habló largamente sobre el Reino de Dios, sobre el menosprecio del mundo, sobre la renuncia a la propia voluntad y sobre la docilidad. Luego, los dividió en cuatro grupos de a dos y les dijo: “Id, hermanos míos queridos, recorred las diversas regiones del mundo, anunciad la paz a los hombres y predicad la penitencia que obtiene el perdón de los pecados. Sed pacientes en las pruebas, seguros que Dios cumplirá sus designios y será fiel a sus promesas. Responded humildemente a los que os pidan cuenta, bendecid a los que os persigan, dad gracias a los que os insulten y os calumnien: el Reino de los cielos será para vosotros”(cf Mt 5,10-11). Ellos recibieron con gozo la misión que les fue confiada por la santa obediencia y se prosternaron a los pies de San Francisco que los abrazó a cada uno tiernamente y diciéndoles: “Confiad a Dios todas vuestras preocupaciones, él cuidará de vosotros”(1Pe 5,7). Esta era su frase habitual cuando enviaba a un hermano a la misión.

La falta de fe detiene tú progreso

No hay trabajo más sublime y mejor beneficio que trabajar por el Reino de los Cielos, sin desmerecer el trabajo cotidiano mediante el cual nos podemos santificar igualmente cuando lo hacemos desde la honradez, la alegría y la diligencia.

Miércoles de la 4a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 6,1-6.
Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa».
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa

Carta encíclica “Laborem exercens”, § 26
¿No es éste el carpintero?
La verdad de que el hombre con su trabajo participa en la obra de Dios, su Creador, ha sido particularmente puesta en relieve por Jesucristo, de quien muchos de sus primeros oyentes de Nazaret «se preguntaban asombrados: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? … ¿No es éste el carpintero?»En efecto, Jesús proclamaba y, sobre todo, ponía por obra el evangelio que le había sido confiado, las palabras de la eterna Sabiduría. Por esta razón, se trataba verdaderamente del «evangelio del trabajo», porque el mismo que lo proclamaba era un trabajador, un artesano como José de Nazaret. Aunque no encontremos en las palabras de Cristo el mandato particular de trabajar – sino más bien, una vez, la prohibición de preocuparse de manera excesiva del trabajo y de los medios de subsistencia (Mt 6, 25-34)- su vida es, a este respecto, suficientemente elocuente: él pertenece al mundo del trabajo, aprecia y respeta el trabajo del hombre. Incluso se puede decir más: mira con amor el trabajo y sus diversas expresiones, viendo en cada una manera particular de manifestar la semejanza del hombre con Dios Creador y Padre. ¿Acaso no es él mismo quien ha dicho: «Mi Padre es el viñador» (Jn 15,1)?... En las parábolas sobre el Reino de Dios, Jesucristo se refiere constantemente al trabajo: al del pastor, del agricultor, del médico, del sembrador, del amo de la casa, del servidor, del intendente, del pescador, del mercader, del obrero. Habla también de los diversos trabajos de las mujeres. Presenta al apostolado semejante al trabajo manual de los segadores o de los pescadores... [He aquí] el grande, aunque discreto, evangelio del trabajo que encontramos en la vida de Cristo y en sus parábolas, en lo que Jesús «ha hecho y enseñado» (Hech 1,1).

La muerte no es el final del camino



Martes de la 4a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 5,21-43.

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,
rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva».
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada».
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?».
Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?».
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?».
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas».
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme».
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate».
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro,
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Homilías sobre san Mateo, nº 31, 1-3
«¿Qué lloros son éstos?… está dormida»
«Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él». Con ello Jesús nos enseña a no temer a la muerte porque la muerta ya no es muerte: desde ahora no es más que un sueño. Y puesto que él mismo tenía que morir, resucitando a otros prepara a sus discípulos, invitándoles así ha tener confianza en él y a no alarmarse de su muerte. Porque después que vino Cristo la muerte ya no es más que un sueño.

Y sin embargo, se reían de él; pero no se indignó por el rechazo de este milagro que iba a obrar; no censuró sus sonrisas a fin de que las mismas sonrisas, junto con las flautas y demás preparativos, dieran por cierta la muerte de la niña. Dándose cuenta de la presencia de los músicos y de la muchedumbre, Jesús les hace salir a todos; obra el milagro en presencia sólo de los padres… como si la despertara de un sueño…

Es evidente que ahora la muerte no es más que un sueño; hoy es una verdad más esplendorosa que el sol. – Pero tú dices, ¡Cristo no ha resucitado a mi hijo!-. Sí, pero lo resucitará, y con mucha más gloria. Porque esta hija a la que devolvió la vida, murió de nuevo, mientras que tu hijo, cuando resucitará, será inmortal para siempre. ¡Qué nadie llore ya, que nadie gima, que nadie critique la obra de Cristo, porque él ha vencido a la muerte! ¿Por qué derramas lágrimas inútiles? La muerte ha llegado a ser un sueño: ¿para qué gemir y llorar?