Mi voluntad es tirana y egocéntrica

Jueves de la 1a semana de Adviento
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 7,21.24-27.
Jesús dijo a sus discípulos:
«No son los que me dicen: ‘Señor, Señor’, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia

Sermón 5 (PL 183, in “Lectures chrétiennes pour notre temps”, Orval, 1970),

¡Apoyémonos sobre la roca!
Fijémonos sólidamente a la muralla, apoyándonos con toda nuestra fuerza sobre la roca inquebrantable que es Cristo. La palabra de la Escritura lo reitera: “Me sacó de la fosa infernal, del barro cenagoso; afianzó mis pies sobre la roca y afirmó mis pasos” (Sal 40,3). Así establecidos y confortados, al contemplarlo vemos lo que nos dice y también lo que respondemos a los que nos formulan un reproche. (…) Cuando hayamos progresado un poco en la ascesis espiritual, teniendo como guía al Espíritu Santo que escruta las profundidades de Dios, representémonos cuánto el Señor es bondadoso y es bueno en sí mismo. Pidamos con el profeta ver la voluntad del Señor. Pidámosle poder visitar nuestro corazón y que este sea su templo (cf. Sal 27(26),4). Con él decimos también “Mi alma está deprimida: por eso me acuerdo de ti, desde la tierra del Jordán y el Hermón, desde el monte Misar” (Sal 42,7). Estas dos cosas resumen el contenido de la vida espiritual. Viéndonos a nosotros mismos, nos sentimos turbados y contritos por nuestra salvación. En la contemplación de Dios, respiramos, y la alegría del Espíritu Santo nos procura consolación. De una parte, temor y humildad. De la otra, esperanza y caridad.

La victoria final es del Dios de la vida


Todos caben en el Reino del Dios de la Creación, (sin importar raza, pueblo, condición social) y de Jesucristo su hijo hecho hombre para nuestra conversión mediante la reconciliación que trajo al mundo. Empieza el tiempo de adviento, tiempo también de esperanza, porque la promesas del Antiguo Testamento se cumplieron con la primera venida del Salvador tan Esperado. Él mismo que está dispuesto a nacer cada día en tu corazón (El Amor no lleva cuenta de los delitos porque un Padre nunca pierde la fe en su hijo. Solamente en Dios comienza todo de cer)

Lunes de la 1a semana de Adviento
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 8,5-11.
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole»:
«Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente».
Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo».
Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: ‘Ve’, él va, y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘Tienes que hacer esto’, él lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.
Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos».

Comentario: San Buenaventura (1221-1274)
franciscano, doctor de la Iglesia

Evangelio del Reino
«Muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán en el banquete del Reino»
El reino de los cielos, mayor que la largueza de una caridad sin límites, contiene personas «de toda lengua, pueblo, tribu y nación» (Ap 5,9), no es estrecho, ya que por el contrario, se expande y en consecuencia aumenta la gloria de cada uno. Por lo cual dijo San Agustín: «Cuando están involucrados en la misma alegría, la alegría de cada uno es más abundante, ya que todos se encienden unos a otros.» La magnitud del Reino se expresa por las palabras de la Escritura: «Pídemelo y te daré las naciones como herencia» (Sal 2,8): «Vendrán muchos de Oriente y Occidente, y se juntarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos». Ni la multitud de aquellos que lo deseen, ni la multitud de los ya existentes, ni la multitud de aquellos que lo poseen, ni la multitud de los que llegan, estrecharán el espacio en este Reino y no perjudicarán a nadie.

Pero ¿por qué confío y espero que poseeré el Reino de Dios? Ciertamente, gracias a la generosidad de Dios que me invita: » Buscad primeramente el reino de Dios» (Mt 6:33). A causa de la verdad que me consuela: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre os dará el reino» (Lucas 12:32). Debido a la bondad y la caridad con que me han rescatado: «Tú eres digno, Señor, de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y nos has redimido para Dios, con tu sangre, a hombres de toda tribu, lengua y pueblo y nación. Ha hecho para nuestro Dios, un reino de sacerdotes que reinan sobre la tierra «(Ap 5,9-10).

El es vivo y eficaz no un recuerdo del pasado

Viernes de la 34a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 21,29-33.
Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
«Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.»

Comentario: San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia

Sermón sobre el Cantar de los Cantares 74,6
“..cuando veáis realizarse estas cosas, sabed que el reino de Dios está cerca.” (Lc 21,31)
“En él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28). Dichoso aquel que vive para él, que es movido por él, que vive gracias a él. Me preguntaréis, ya que las huellas de su venida no se pueden descubrir ¿cómo sé yo que está presente? Es porque él es vivo y eficaz (Hb 4,12). A penas llega a mi alma, me despierta de mi sueño. Ha vivificado, excitado y enternecido mi corazón que estaba amodorrado y duro como una piedra (Ez 36,26). Ha empezado a arrancar, a escarbar, a construir y a plantar, a regar mi sequedad, a esclarecer mis tinieblas, a abrir lo que estaba cerrado, a inflamar lo que estaba frío y también a enderezar los caminos tortuosos y allanar lo escabroso de mi alma, (cf Is 40,4) de manera que pueda “bendecir al Señor y que todo lo que hay en mí bendiga su santo nombre” (cf Sal 102,1).El Verbo-Esposo ha venido a mí más de una vez, sin dar señales de su irrupción... Gracias al movimiento de mi corazón me doy cuenta que está allí. He reconocido su fuerza y su poder porque mis vicios y mis pasiones se apaciguaron. La puesta en discusión o en cuestión de mis sentimientos oscuros me ha conducido a admirar la profundidad de su sabiduría. He experimentado su dulzura y su bondad en el ligero progreso de mi vida. Y viendo “renovándose el hombre interior”, (cf 2Cor 4,16) mi espíritu en lo más íntimo de mí mismo, he descubierto algo de su belleza. Al contemplar todo esto en su conjunto, estremezco ante la inmensidad de su grandeza.

La constancia el arma de la victoria

Miércoles de la 34a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 21,12-19.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Comentario: San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968)
capuchino

“Gracias a la constancia, salvarán sus vidas” (Lc 21,19)
No estén preocupados al considerar que el tiempo de la prueba será largo todavía. Es preferible el purgatorio, sufrido por voluntad de Dios, que el deleite por el claustro, pálida figura de la Jerusalén celestial. Sólo llegamos a la salvación si atravesamos el mar agitado, amenazante siempre de convertirse en una tumba. Discierno en ustedes una pequeña inquietud, una preocupación, que impiden a la paciencia y a la constancia de producir todos sus efectos. “Gracias a la constancia, salvarán sus vidas” (Lc 21,19), nos dice el divino Maestro. Gracias a ella poseeremos nuestra vida y, más perfectas serán ellas, más poseeremos nuestra vida enteramente, perfectamente, seguramente. Menos será mezclada de preocupación y turbación, más nuestra paciencia y constancia serán perfectas. (…) Vuélvanse enteramente al muy bondadoso Esposo de la vida, pongan su cabeza sobre el Corazón del tierno Esposo, como el discípulo amado. El Maestro celestial no permitirá que se les caiga un solo cabello (cf. Lc 12,7), como no lo permitió en Getsemaní con sus discípulos.

Todo ser viviente alabe al Señor

Martes de la 34a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 21,5-9.
Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
«De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?».
Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin».

Comentario: Santa Teresa Benedicta de la Cruz
Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa

La oración de la Iglesia
“¡Alabad a Dios en su templo…que todo ser viviente alabe al Señor!” (Sal.150)
En la Antigua Alianza ya existía una cierta comprensión del carácter eucarístico de la oración. La obra prodigiosa de la tienda de la alianza (Ex 25) como, más tarde, la del templo de Salomón, fue considerada como la imagen de toda la creación reunida entorno a su Señor para adorarlo y servirle… Así mismo, según el relato de la creación, el cielo ha sido desplegado como un toldo, los entramados constituían las paredes de la tienda. Así como las aguas de debajo de la tierra fueron separadas de las de encima de la tierra, la cortina del templo separaba el lugar santo del espacio exterior… El candelabro de siete brazos es figura de las luminarias del cielo. Los corderos y los pájaros representan la creación de los seres vivos que pueblan el agua, la tierra y los aires. Y del mismo modo que la tierra fue confiada al cuidado del hombre, al gran sacerdote le compete estar en el santuario…En el lugar del templo de Salomón, Cristo ha construido un templo de piedras vivas (1Pe 2,5), la comunión de los santos. Cristo está en su centro como el sumo sacerdote eterno y sobre el altar está él mismo como sacrificio ofrecido eternamente. Toda la creación participa de esta liturgia solemne: los frutos de la tierra como ofrendas misteriosas, las flores y los candelabros, los tapices y la cortina del templo, el sacerdote consagrado así como unción y bendición de la casa de Dios. Los querubines no están tampoco ausentes. Sus figuras esculpidas por los artistas montan guardia junto al Santísimo. Ahora, los monjes, imágenes vivientes de los ángeles, hacen guardia alrededor del altar para que la alabanza a Dios no cese nunca, ni en la tierra ni en el cielo... Sus cantos de alabanza matutina despiertan la creación desde la aurora para que se una toda ella a enaltecer al Señor: montañas y colinas, ríos y corrientes de agua, mares y vientos, así como todo lo que se mueve en ellos, lluvia y nieve, todos los pueblos de la tierra, todos los hombres de todas las condiciones y de todas las razas, y por fin, los habitantes del cielo, los ángeles y los santos (Dn 3,57-90)... Nos debemos unir, en la liturgia, a esta alabanza eterna de Dios. “Nosotros” ¿quiénes somos nosotros? No se trata solamente de los monjes y monjas..., sino de todo el pueblo cristiano.

El retribuirá tus obras

Cristo Rey
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 25,31-46.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismal, 15 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne, 1993),
¿Cómo ir al encuentro de Cristo, Rey eterno?
¿Cómo entraremos en el Reino? “Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer” (Mt 25,35). Aprendan la ruta. No es necesario recurrir a la alegoría sino cumplir las palabras “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver» (Mt 25,35-36). Si haces esto, tendrás tu parte en el Reino, si no lo haces, serás rechazado. Desde ahora, comienza a cumplir esas obras y persevera en la fe. No seas como las jóvenes necias (cf. Mt 25,3-4), que olvidaron comprar el aceite de las lámparas y fueron prescritas. No te quedes tranquilo teniendo las lámparas en mano, también guárdalas encendidas. ¡Qué la luz de las buenas obras brille delante de los hombres y que el nombre de Cristo no sea profanado por causa tuya! Lleva una vestimenta de incorruptibilidad, distinguiéndote por tus buenas obras. Lo que recibes de Dios para administrarlo con sabiduría, adminístralo bien. ¿Te confiaron la palabra que instruye? Adminístrala bien. ¿Puedes convertir las almas de tus auditores? Hazlo con esmero. Numerosas son las puertas de una buena administración. Ninguno de nosotros puede ser condenado y rechazado, ya que con toda confianza vamos al encuentro de Cristo, Rey eterno que reina en los siglos. Él reina en los siglos, el que juzga a vivos y muertos, cómo escribe san Pablo: “Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos” (Rom 14,9)

La persecución una espada de bendición

Viernes de la 33a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 19,45-48.
Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,
diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones».
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

Carta 133, a fray R. de Capua (Lettres I, Téqui, 1976),
El misterio de la persecución santifica a la Iglesia
Dios me ha revelado particularmente sus secretos y me ha dado a conocer cosas admirables. (…) Dios me explicó especialmente el misterio de la persecución que sufre ahora la santa Iglesia, su renovación, su exaltación en los tiempos a venir. Para hacerme comprender que las circunstancias en las que se encuentra actualmente la Iglesia son permitidas para darle su esplendor, la Verdad suprema me citó dos palabras del santo Evangelio. Primero dijo “Es inevitable que el escándalo llegue al mundo”. Luego agregó “Pero desdichado el que causa el escándalo” (cf. Mt 18,7).Como si dijera que permite este tiempo de persecución para arrancar las espinas que rodean a su Esposa, pero no permite los pensamientos censurables de los hombres. “¿Sabes lo que hago? Como cuando estaba en el mundo hice una fusta con cuerdas y expulsé a los vendedores del Templo, no queriendo que la morada de mi Padre deviniera una cueva de ladrones. Te digo que es ahora lo mismo. Hago una fusta con criaturas y con esa fusta expulso a los mercaderes impuros, avaros e hinchados de orgullo, que venden y compran los dones del Santo Espíritu”. En efecto, con la fusta de la persecución hecha con criaturas, nuestro Señor los expulsa y los arranca por la fuerza a la tribulación de su vida vergonzosa y desreglada. (…) Del mal que hacen los malos cristianos persiguiendo a la Esposa de Cristo, va a nacer así el honor, la luz, el perfume de virtudes para esta Esposa. Eso era tan delicioso, que me parecía que no había comparación entre la ofensa y la bondad infinita que Dios testimoniaba a su Esposa. Me regocijé, temblaba de alegría y veía tan claramente ese tiempo a venir, que me parecía ya poseerlo y gustarlo. (…) Eran misterios tan grandes, que la lengua es incapaz de decirlos, el corazón incapaz de comprenderlos, y el ojo de verlos.

Solo una cosa merecen tus lagrimas

Solo una cosa merecen tus lagrimas

Jueves de la 33a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 19,41-44.
Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».

Comentario: San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars

Sermón para el 9º domingo después de Pentecostés
“Jesús lloró por la ciudad” (Lc 19,41)
Nuestra alma está destinada a pasar su eternidad en el seno de Dios. Mis hermanos, digamos todo en unas palabras: nuestra alma es tan grande, tan preciosa, que sólo Dios la supera. (…) Según esto, mis hermanos, piensen si tenemos que asombrarnos cuando Dios llora amargamente la pérdida de un alma. Además, los dejo reflexionar sobre el cuidado que tenemos que tener para conservar todas las bellezas del alma. (…) Tres cosas son capaces de hacernos llorar. Sólo una es capaz de meritar nuestras lágrimas: cuando lloramos nuestros pecados o los de nuestros hermanos. (…) Es decir, llorar la muerte espiritual del alma, el alejamiento de Dios, el perder el cielo. “¡Oh preciosas lágrimas, raras y escasas son!” ¿Por qué esto, mis hermanos? ¿No es porque ustedes no se dan cuenta de la enormidad de su desdicha, en el tiempo y la eternidad? (…) ¡Lástima! Mis hermanos, es el temor de esta pérdida que ha despoblado el mundo, para llenar de cristianos los desiertos y los monasterios. Ellos comprendían mejor que nosotros que si perdemos nuestra alma, todo está perdido. Ella debe tener un alto precio, para que al mismo Dios le importe tanto. Sí, mis hermanos, ¡los santos han sufrido mucho para poder guardar su alma para el cielo!

El reino de Dios es el reino de la libertad y del amor

Buenos días nos de Dios. Feliz, amorosa y fructífera jornada en nuestro Señor Jesucristo y María Santísima.

Miércoles de la 31a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 14,25-33.
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
«Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.»
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
presbítero, fundador

Homilía 06/02/1960 en Amigos de Dios, cap. 4, pts. 64-66
Edificar una torre
Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería, un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra. Comprendían, ante esa realidad que entraba por los ojos, que todo eso era oración, un diálogo hermoso con el Señor. Los que gastaron sus energías en esa tarea, sabían perfectamente que desde las calles de la ciudad nadie apreciaría su esfuerzo: era sólo para Dios… Convencidos de que Dios se encuentra en todas partes, nosotros cultivamos los campos alabando al Señor, surcamos los mares y ejercitamos todos los demás oficios nuestros cantando sus misericordias. De esta manera estamos unidos a Dios en todo momento… Pero no me olvidéis que estáis también en presencia de los hombres, y que esperan de vosotros -¡de ti!- un testimonio cristiano. Por eso, en la ocupación profesional, en lo humano, hemos de obrar de tal manera que no podamos sentir vergüenza si nos ve trabajar quien nos conoce y nos ama, ni le demos motivo para que sonroje… Y tampoco os sucederá como a aquel hombre de la parábola que se propuso edificar una torre: después de haber echado los cimientos y no pudiendo concluirla, todos los que lo veían comenzaban a burlarse de él, diciendo: ved ahí un hombre que empezó a edificar y no pudo rematar. Os aseguro que, si no perdéis el punto de mira sobrenatural, coronaréis vuestra tarea, acabaréis vuestra catedral, hasta colocar la última piedra.

Estás invitado a la cena

Si la palabra de Dios es verdadera, viva y eficaz como se nos dice en las escrituras y la misma Iglesia proclama (yo lo creo así porque lo he experimentado en mi vida) es necesario tomarla muy enserio, ya que la eternidad es para siempre. Jesús proclama en más de una ocasión y bien claro que no todo el que dice Señor Señor se salvará como tampoco aquel que habiendo escuchado la Palabra pasa de ella de largo, la tergiversa o la acomoda a su propio interés, oportunismo o ideología. Así que no dejes pasar una nueva oportunidad de largo porque el tiempo apremia, no tiene marcha atrás y en ocasiones nos llega la hora de la partida como un ladrón; cuando menos se le espera.

Martes de la 31a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 14,15-24.
En aquel tiempo:
Uno de los invitados le dijo: «¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!».
Jesús le respondió: «Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente.
A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: ‘Vengan, todo está preparado’.
Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes’.
El segundo dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes’.
Y un tercero respondió: ‘Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir’.
A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: ‘Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos’.
Volvió el sirviente y dijo: ‘Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar’.
El señor le respondió: ‘Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa.
Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena'».

San Buenaventura (1221-1274)
franciscano, doctor de la Iglesia

De la vida de perfección. Capítulo VIII, §2-4
El pan de las Nupcias
Si tenéis algunas virtudes, fuentes de buenas obras, o más bien porque sois ricos en virtudes, perseverad en su práctica, progresad siempre, y, por medio de ellas, llevad el combate de Cristo hasta la muerte, afín de que al último día, al término de vuestra vida, recibáis por salario y recompensa de vuestro trabajo la corona de gloria y de honor. Es por eso que Jesucristo, vuestro único amor, os dice en el Apocalipsis: «Manteneos fieles hasta la muerte y os daré la corona de la vida» (Ap.2:10) Esta corona no es otra cosa que la recompensa de la vida eterna, cuya posesión debe encender el deseo todos los cristianos. Levántate pues, amiga de Dios, esposa de Jesucristo, paloma del Rey eterno, ven a las nupcias del Hijo de Dios, pues toda la corte celestial te espera, «todo está preparado» (Mt 22:4;Lc 14:17).

Un siervo bello y noble está listo para servirte, un plato precioso y delicioso ha sido preparado para restaurarte; una sociedad dulce y muy amable está lista para compartir tu felicidad. Levántate pues y apresúrate.

Corre a sus nupcias, pues un siervo de una gran belleza está listo para servirte. Ese siervo, es la asamblea de los ángeles, ¿qué digo? ¡Es el mismo Hijo del Dios eterno! ¿Acaso no se da él mismo como tal en el Santo Evangelio? « En verdad, os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa e irá sirviéndolos uno tras otro» (Lc 12:37). ¡Ohǃ la gloria de los pobres y de los excluidos será grande cuando serán servidos por el Hijo de Dios, por el soberano Rey, y por todo el ejercito del Reino Celestial.

Un alimento precioso y delicioso esta también preparado para alimentarte. El Hijo de Dios, él mismo, preparara la mesa con sus propias manos pues lo afirma en el Evangelio: «yo os dispongo el Reino, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino» (Lc 22:29-30a).
¡Ohǃ ¡que suave y delicioso es ese alimento que Dios en su bondad ha preparado para el pobre! ¡Ohǃ ¡que feliz es aquel que come en el Cielo ese pan preparado en el seno de la Virgen por el fuego del Espíritu Santo! «El que coma este pan vivirá para siempre» (Jn 6:58b). El Rey celestial alimenta y restaura a sus elegidos con ese pan, con ese alimento, como lo dice el Libro de la Sabiduría: « A tu pueblo lo alimentaste con manjar de ángeles» (Sab 16:20).

Tu brillo es luz de luciérnaga

Sábado de la 30a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 14,1.7-11.
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
«Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

Scivias, El Libro de las Obras Divinas, 6 (en “Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012)
“Si te invitan a una fiesta de bodas, no te coloques en el primer lugar” (Lc 14,8)
Dios, según su proyecto original, estableció los bienes en plenitud y acomodó el edificio de virtudes de forma que no hubiera lagunas. Combatió hasta el final a sus enemigos, que tienen el corazón lleno de orgullo, que tratan se subir antes de tener la escalera, que se sientan antes de tener un asiento y de los que la obra es solo un decir: cuando es desenmascarada, desaparece.

De Dios proceden los seres vivos, no tiene comienzo, únicamente él permanece. Vive en sí mismo, puede por sí mismo, conoce de él mismo. El que solo vive, puede y conoce, es Dios. Todas las obras de Dios son distintas y cumplidas en esos tres poderes. Es en él que sus obras tienen capacidad de actuar. (…)

Cuando el hombre en sus proyectos se da a sí mismo su ley, es como si fuera su propio Dios. Entonces, Señor, te muestras a él con tus justos juicios para que sepa que no puede nada contra ti. Pero cuando un hombre llega a despreciar tus enseñanzas al punto de adorar imágenes en tu lugar, entonces, con una justa decisión, combates a tu enemigo…

Dios es la vida que no está opacada por un comienzo y que no tiene fin. Él es nuestro Dios que al ser la Vida, da la vida eterna a los suyos. (…) ¿Quién puede realizar eso sino Dios? Todo lo que Dios puso en un lugar según su orden propio, lo culminó, y no pasa vanamente como los pensamientos de los hombres. Ellos hacen de esos pensamientos empresas que no pueden llevar a buen término.

La ley sin caridad es tiranía

Viernes de la 30a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 14,1-6.
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía.
Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: «¿Está permitido curar en sábado o no?».
Pero ellos guardaron silencio. Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió.
Y volviéndose hacia ellos, les dijo: «Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?».
A esto no pudieron responder nada.

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa

Carta apostólica «Dies Domini», 61
«El sábado se hizo para el hombre» (Mc 2,27)
Al acabar la obra de toda la creación, el «shabbat», el séptimo día bendecido y consagrado por Dios, se une inmediatamente a la obra del sexto día en el que Dios hizo al hombre «a su imagen y semejanza» (Gn 1,26). Este lazo tan estrecho entre el «día del Señor» y el «día del hombre» no se les escapó a los Padres cuando meditaron sobre el relato bíblico de la creación. Ambrosio dice referente a él: «Doy gracias al Señor nuestro Dios, que ha hecho una obra tal en la que pueda descansar. Ha hecho el cielo, pero no leo que descansara; hizo la tierra, pero no leo que descansara; hizo el sol, la luna y las estrellas, y tampoco allí no leo que descansara, pero leo que hizo al hombre y que entonces sí descansó teniendo a alguien a quien perdonar sus pecados». Así, el «día del Señor» estará para siempre unido directamente al hombre». Cuando el mandamiento de Dios dice: «Te acordarás del día del sábado para santificarlo» (Ex 20,8), la pausa ordenada para honorar el día que le es consagrado no es de ninguna manera un mandamiento agobiante para el hombre, sino más bien una ayuda que le permite reconocer la dependencia vital i liberadora respecto al Creador, así como su vocación a colaborar a su obra y acoger su gracia. Honorando el «descanso» de Dios, el hombre se redescubre plenamente a sí mismo; así el día del Señor se revela profundamente marcado por la bendición divina (Gn 2,3), y, gracias a ella, se podría decir, dotado como los animales y los hombres de una especie de «fecundidad» (Gn 1,22.28). Esta fecundidad se expresa, sobre todo, en lo que el sabbat revive y, en un sentido, «multiplica» al mismo tiempo, haciendo crecer en el hombre, por la memoria del Dios viviente, el gozo de vivir y el deseo de promover y dar vida.

No hay escusas…

Buenos días nos de Dios. Té pedimos Señor en esta mañana la fuerza y el coraje necesario para amar con tu mismo corazón: vacío de si, siempre volcado hacia tus hijos buscando el bien y su salvación.

Martes de la 30a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 13,18-21.
Jesús dijo entonces: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo?
Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas».
Dijo también: «¿Con qué podré comparar el Reino de Dios?
Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Homilias sobre los Hechos de los Apóstoles, n° 20
Ser levadura en la masa
Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupe de la salvación de los demás. No puedes excusarte con la pobreza, pues aquella viuda que echó dos monedas de cobre te acusará. Y Pedro decía: No tengo plata ni oro (Ac 3,6). El mismo Pablo era tan pobre que frecuentemente pasaba hambre y carecía del alimento necesario. No puedes aducir tu baja condición, pues aquéllos eran también humildes, nacidos de baja condición. Tampoco vale el afirmar que no tienes conocimientos, pues tampoco ellos los tenían. Ni te escudes detrás de tu debilidad física, pues también Timoteo era débil y sufría frecuentemente de enfermedades. Todos pueden ayudar al prójimo con tal que cumplan con lo que les corresponde.

¿No veis los árboles infructuosos, cómo son con frecuencia sólidos, hermosos, altos, grandiosos y esbeltos? Pero, si tuviéramos un huerto, preferiríamos tener granados y olivos fructíferos antes que esos árboles; esos árboles pueden causar placer, pero no son útiles, e incluso, si tienen alguna utilidad, es muy pequeña. Semejantes son aquellos que sólo se preocupan de sí mismos. (…)

¿Cómo, me pregunto, puede ser cristiano el que obra de esta forma? Si el fermento mezclado con la harina no transforma toda la masa, ¿acaso se trata de un fermento genuino? Y, también, si acercando un perfume no esparce olor, ¿acaso llamaríamos a esto perfume?
No digas: “No puedo influir en los demás”, pues si eres cristiano de verdad es imposible que no lo puedas hacer. (…) No digas que es una cosa imposible; lo contrario es imposible (…). No puede ocultarse la luz de los cristianos, no puede ocultarse una lámpara tan brillante.

La ley sin amor no puede liberar

Lunes de la 30a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 13,10-17.
Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga.
Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera.
Jesús, al verla, la llamó y le dijo: «Mujer, estás curada de tu enfermedad»,
y le impuso las manos. Ella se enderezó en seguida y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud: «Los días de trabajo son seis; vengan durante esos días para hacerse curar, y no el sábado».
El Señor le respondió: «¡Hipócritas! Cualquiera de ustedes, aunque sea sábado, ¿no desata del pesebre a su buey o a su asno para llevarlo a beber?
Y esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo aprisionada durante dieciocho años, ¿no podía ser librada de sus cadenas el día sábado?».
Al oír estas palabras, todos sus adversarios se llenaron de confusión, pero la multitud se alegraba de las maravillas que él hacía

San Gregorio de Narek (c. 944-c. 1010)
monje y poeta armenio

El libro de oraciones, nº 18
«En seguida se puso derecha y glorificaba a Dios»
Hubo un tiempo en que yo no existía, y tú me creaste.
No había pedido nada, y tú me hiciste.
Todavía no había salido a la luz, y me viste.
No había aparecido, y te compadeciste de mí.
No te había invocado todavía, y te ocupaste de mí.
No te había hecho ninguna señal con la mano, y me miraste.
No te había suplicado nada, y te compadeciste de mí.
No había articulado ningún sonido, y me comprendiste.
No había todavía suspirado, y me escuchaste.

Aún sabiendo lo que actualmente iba a ser,
no me despreciaste.
Habiendo considerado con tu mirada precavida
las faltas que tengo por ser pecador,
sin embargo, me modelaste.
Y ahora, a mí que tú has creado,
a mí que has salvado,
a mí que he sido objeto de tanta solicitud por tu parte,
que la herida del pecado, suscitado por el Acusador,
¡no me pierda para siempre!…

Atada, paralizada,
encorbada como la mujer que sufría,
mi desdichada alma queda impotente para enderezarse.
Bajo el peso del pecado, mira hacia el suelo,
a causa de los duros lazos de Satán…
Inclínate hacia mí, tú, el sólo Misericordioso,
pobre árbol pensante que se cayó.
A mí, que estoy seco, hazme florecer de nuevo
en belleza y esplendor
según las palabras divinas del santo profeta (Ez 17,22-24)…
Tú, el sólo Protector,
te pido quieras echar sobre mí una mirada
surgida de la solicitud de tu amor indecible…
y de la nada crearás en mí la misma luz. (cf Gn 1,)

Para que viendo no vean.

Las Escrituras salvo las profecías y algunas excepciones suele ser muy trasparente para que solo quede oculta a aquel que se niega a ver (para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan. Marcos 4:12). Y para esclarecerla, que no para reinterpretarla, ya tenemos el magisterio de la Iglesia, motivo por el que el Señor eligió a sus Apóstoles. Por tanto, la Palabra de Dios, como hoy nos recuerda el evangelio y el comentario al mismo fue concedida para obediencia: para dejar el yugo del pecado, de Satanás y de las enfermedades mediante la fe en el hijo de Dios, único maestro, guía y sanador, por el cual podamos Salvarnos.

El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 6,12-19.
Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados;
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

San Cirilo de Alejandría (380-444)
obispo y doctor de la Iglesia

Comentario sobre el evangelio de San Juan, 3,130 (trad. breviario 28 de octubre)
“Eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles”
Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y “administradores de sus divinos misterios” (1Co 4,1), y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: “Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama” (He 5,4). (…) Si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él (Jn 20,21), era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.” (Lc 5,32) Y también: “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado”. (Jn 6,38) Porque “Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” (Jn 3,17) De este modo, resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido.

Donde está tú tesoro está tú corazón

Los afanes de la vida y el tiempo que dedicamos al ocio en estos dos últimos siglos nos alejan de lo único que realmente da sentido a nuestra vida y la encamina a su plenitud para la cual fuimos creados, a saber, gozar de la presencia y del amor de Dios en nuestra vida. Lo demás, sin esta realidad de Dios en nosotros, siempre serán intentos fallidos por construir un mundo mejor, y así lo venimos contemplando, década tras década, desde las diferentes ideologías y teorías que se desentienden o se apartan de la Palabra de Dios: de la moral propuesta por Jesucristo y las columnas de la Iglesia sus apóstoles. El cuerpo de Cristo es uno sólo, y todo lo que cree un desequilibrio en él, afecta al resto de sus miembros y por extensión a toda la humanidad

Martes de la 27a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 10,38-42.
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».
Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».

El que os escucha a vosotros a mí me escucha

Interesante mensaje el que nos muestra hoy S. Juan Pablo II de principio a fin. Todo lo contrario a el movimiento por el que nos llevan los políticos y los que se venden a su poder, con tal de salvar los muebles: restricción de pensamiento y libertad religiosa, excepto para los nuevos dogmas que el poder mundial nos presenta y que asimismo, cada vez más, son de obligado cumplimiento para todos.
O la iglesia imita a Cristo o se inmola con el mundo hasta que él de nuevo manifieste su poder y su señorio sobre todo lo creado.

Viernes de la 26a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 10,13-16.
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».

San Juan Pablo II (1920-2005)
papa

Encíclica “Redemptoris missio” Libreria Editrice Vaticana)
«El que os escucha a vosotros a mí me escucha ; el que os rechaza a vosotros a mí me rechaza »
Nuestro tiempo es dramático y al mismo tiempo fascinador. Mientras por un lado los hombres dan la impresión de ir detrás de la prosperidad material y de sumergirse cada vez más en el materialismo consumista, por otro, manifiestan la angustiosa búsqueda de sentido, la necesidad de interioridad, el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentración y de oración. No sólo en las culturas impregnadas de religiosidad, sino también en las sociedades secularizadas, se busca la dimensión espiritual de la vida como antídoto a la deshumanización… La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6).La Iglesia debe de ser fiel a Cristo; ella es su cuerpo y recibe la misión de hacerle presente. Es necesario que “siga el mismo camino que Cristo, el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí hasta la muerte, de la cual salió victorioso por su resurrección” (Vaticano II, AG 59). Así pues, la Iglesia debe hacer todo lo posible para realizar su misión en el mundo y llegar a todos los pueblos; tiene también el derecho, concedido por Dios, de llevar a cabo la realización de su plan. La libertad religiosa, a veces todavía limitada o restringida, es la condición y la garantía de todas las libertades que fundamentan el bien común de las personas y de los pueblos. Es de desear que se conceda a todos y en todo lugar la verdadera libertad religiosa… Se trata de un derecho inalienable de toda persona humana. Por otra parte, la Iglesia se dirige al hombre en el respeto total hacia su libertad; la misión no restringe la libertad sino que la favorece. La Iglesia propone; no impone jamás; respeta a las personas y a las culturas, y se detiene ante el altar de la conciencia. A los que, bajo diversos pretextos, se oponen a su actividad misionera, la Iglesia les repite: “¡Abrid las puertas a Cristo!”

No sé pueden separar…

Hoy, tanto la primera lectura como la segunda, nos dejan claro que la caridad sin moral es pura filantropía (solo sirve para la vanidad del que la práctica) y viceversa: la moral sino va acompañada de caridad son fuegos de artificio para justificarse ante Dios, pero para dejar tirado en la cuneta al hermano (acordémonos del Joven Rico del Evangelio).
Carta de San Pablo a los Colosenses 3,1-11.
Hermanos:
Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.
Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios.
Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.
Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría.
Estas cosas provocan la ira de Dios.
Ustedes mismos se comportaban así en otro tiempo, viviendo desordenadamente.
Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras.
Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras
y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador.
Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.
Salmo 145(144),2-3.10-11.12-13ab.
Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre.
Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

El chivo expiatorio de mi mal

El metodo más eficaz de inmovilismo es buscar un culpable o un chivo expiatorio, verbigracia la pandemia, la guerra de Ucrania, el machismo, el cambio climático, Rubiales; para las repúblicas bananeras los Yankees, etc. La cuestión es que las enfermedades mentales van en aumento, así como los suicidios, las agresiones sexuales de todo tipo, la corrupción, los asesinatos, la violación a la propiedad privada y la libertad de expresión, etc, la cuestión es aquí no dimite ningún político, es más muchos de estos temas los exhiben como bandera para mantenerse en el poder.

Hoy tendría que preguntarme cual es mi chivo expiatorio para no salir de mi zona de confort y acallar la voz de mi conciencia.

Esto del chivo expiatorio no es nuevo (porque nada nuevo hay bajo el sol) en el Evangelio de hoy nos encontramos con Juan el Bautista

Martirio de San Juan Bautista
El Evangelio del día
Evangelio según San Marcos 6,17-29.
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano».
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,
porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras y te lo daré».
Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella fue a preguntar a su madre: «¿Qué debo pedirle?». «La cabeza de Juan el Bautista», respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: «Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo

Sermón, 36
“A ti niño, te llamarán profeta del Altísimo” (Lc 1,76)
Entre los títulos de gloria del santo y bienaventurado Juan Bautista, celebramos hoy su fiesta, no sé a cuál de ellas darle preferencia: ¿a su nacimiento milagroso o a su muerte más milagrosa todavía? Su nacimiento aportó una profecía (Lc 1,67s), su muerte la verdad; Su nacimiento anunció la llegada del Salvador, su muerte condenó el incesto de Herodes. Este hombre santo… mereció a los ojos de Dios, no desaparecer de la misma manera que otros hombres de este mundo: dejó este cuerpo recibido del Señor, confesándolo. Juan cumplió en todo la voluntad de Dios, ya que su vida y su muerte corresponden a sus designios… Todavía está en el vientre de su madre cuando ya celebra la llegada del Señor, por sus movimientos de alegría, ya que no podía hacerlo con su voz. Isabel le dice a María: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre" (Lc 1,44). Juan exulta pues, antes de nacer, y antes de que sus ojos no reconozcan al que se presenta al mundo, su espíritu reconoce al que es el Maestro. Pienso que este es el sentido de la frase del profeta: "Antes de formarte en el vientre materno, te conocí; antes de que salieras del seno materno, te consagré" (Jr 1,5). No nos asombremos pues, si encerrado en la prisión por mandato de Herodes, continuó predicando a Cristo a través de sus discípulos (Mt 11,2), ya que, encerrado en el seno de su madre, ya anunciaba, por sus estremecimientos la llegada del Señor.