El verdadero Dios ya se ha mostrado. No hay otro.

Martes de la 34a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 21,5-9.

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
«De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?».
Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin».

Benedicto XVI
papa 2005-2013

Vigésima jornada mundial de la juventud, Homilía de vigilia, Colonia, agosto  2005
“Cuando oigáis hablar de guerras y de revueltas, no os asustéis…,” (Lc 21,9)
Los santos nos muestran el camino hacia la felicidad. Nos enseñan cómo han llegado a ser personas realmente humanas. En las vicisitudes de la historia han sido los que realmente fueron reformadores, los que, a menudo, hicieron salir la historia de sus sombras oscuras en las que constantemente recae de nuevo…Sólo de los santos, de Dios, surge la auténtica revolución, el cambio decisivo del mundo. En el curso del siglo que acabamos recientemente, hemos vivido revoluciones cuyo programa común fue el de no esperar ya nada de Dios sino tomar absolutamente el destino del mundo en las propias manos. Hemos visto que actuando así, un punto de visto parcial y humano, se proclamaba siempre como la medida absoluta de las orientaciones a seguir. Absolutizar lo que no es absoluto sino relativo se llama totalitarismo. Esta actitud no libera al hombre, antes le quita su dignidad y le hace esclavo. No son las ideologías las que salvan al mundo sino únicamente el hecho de volver hacia el Dios vivo, nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que realmente es bueno y verdadero. La auténtica revolución consiste únicamente en el hecho de volverse sin reservas a Dios quien es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. ¿Qué es lo que nos puede salvar sino el amor?... Hay muchos que hablan de Dios. En nombre de Dios se predica también el odio y se ejerce la violencia. Es, pues, importante descubrir el verdadero rostro de Dios...”El que lo ha visto, ha visto al Padre”, dijo Jesús a Felipe (cf Jn 14,9) En Jesucristo, que por nosotros se dejó atravesar el corazón, en él se ha manifestado el auténtico rostro de Dios. Lo seguiremos con la gran muchedumbre de los que nos han precedido. Así caminaremos por el sendero justo. (cf Sal 22)

El amor no se da con medida.

Lunes de la 34a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 21,1-4.
Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo.
Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre,
y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie.
Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir.»

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad

A Simple Path (Un camino sencillo)
“Todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia”
Hay que dar lo que os cuesta algo. No es suficiente dar de lo que os sobra, de lo que podéis prescindir, sino también de lo que no queréis prescindir, cosas a las que estáis apegados. Entonces, vuestra ofrenda se convierte en un sacrificio agradable a los ojos de Dios… Esto es lo que yo llamo el amor en acción. Cada día voy viendo crecer este amor, entre niños, entre hombres y mujeres.

Un día bajaba yo por la calle; un mendigo se me acercó y me dijo: “Madre Teresa, todo el mundo te regala cosas; yo también te quiero dar una cosa. Hoy no he recibido más que veintinueve céntimos para toda la jornada y te los quiero dar.” Reflexioné un momento: si acepto estos céntimos, que prácticamente no valen nada, el pobre se expone a no tener nada para comer esta noche, y si no los acepto, le daré pena. Entonces, alargué la mano y cogí las monedas. Nunca en la vida vi tanta alegría en el rostro de una persona como en aquel hombre, tan feliz de haber podido hacer un regalo a la Madre Teresa. Era para él un sacrificio enorme, él que mendigaba todo el día bajo el sol para esta cantidad irrisoria con la que no se podía comprar nada. Pero era maravilloso también, porque estas monedas de nada, a las que había renunciado se convirtieron en una fortuna porque fueron dadas con tanto amor.

Al comenzar el día

Señor, en el silencio de este día que nace, vengo pedirte paz, sabiduría y fuerza.

Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor;

ser paciente, comprensivo, suave y bueno.

Ver detrás de las apariencias a tus hijos,

como los ves Tú mismo, para así

poder apreciar la bondad de cada uno.

Cierra mis oídos a toda murmuración,

Guarda mi lengua de toda maledicencia.

Que sólo los pensamientos que

bendigan permanezcan en mí.

Quiero ser tan bien intencionado y justo

Que todos los que acerquen a mi, sientan tu presencia.

Revísteme de tu bondad; Señor, y haz que durante éste día yo te refleje.

Amen

El sentido esta en la trascendencia

El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 20,27-40.
Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección,
y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.
Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.
Finalmente, también murió la mujer.
Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?».
Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan,
pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.
Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él».
Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien».
Y ya no se atrevían a preguntarle nada.

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia

Morales sobre el libro de Job
*La esperanza en la resurrección*
           Busquemos minuciosamente en las palabras del bienaventurado Job si la resurrección será verdadera y si en la resurrección el cuerpo será verdadero. He aquí que no podemos poner en dudas la esperanza en la resurrección ya que Job dice “Yo, con mi propia carne, veré a Dios” (Jb 19,26). Acerca de la hesitación sobre la verdadera restauración del cuerpo, sus palabras alejan la duda y toda ambigüedad “Si. Yo mismo lo veré, lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño” (Jb 19,27). La resurrección y la carne, son afirmadas expresamente. ¿Qué queda aún para que sumerjamos nuestro espíritu en la duda? (…)

           Nosotros, seguimos la fe del bienaventurado Job y creemos que después de la resurrección el cuerpo de nuestro Redentor  era verdaderamente palpable. Nosotros, también confesamos que después de la resurrección nuestra carne será a la vez la misma y diferente, la misma por su naturaleza y diferente por su gloria, la misma en su verdad y diferente en su poder. Será sutil, porque será también incorruptible. Será palpable, porque no perderá la esencia de su verdadera naturaleza.

         ¿Con qué esperanza el santo guarda esta confianza en la resurrección, con que certeza la espera?  Sus palabras expresan que la esperanza está en él, guardada en lo profundo de su corazón. Nada en el mundo es para nosotros más cierto que lo que está en lo profundo de nuestro corazón. Y Job ha tenido guardada su esperanza en la resurrección en lo profundo de su corazón.

Y así encontrarás la paz y el gozo de tu corazón

Evangelio según San Lucas 19,45-48.
Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores,
diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones».
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.

Juan Taulero (c. 1300-1361)
dominico en Estrasburgo

«La Escritura dice: Mi casa se llama casa de oración para todos los pueblos. Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos»
     El Señor entró en el Templo y se puso a echar fuera a todos los que compraban y vendían, diciendo: «Mi casa se llama casa de oración. Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos». ¿Cuál es ese templo convertido en cueva de bandidos? Es el alma y el cuerpo del hombre, que son más realmente el templo de Dios que todos los templos edificados (1C 3,1; 6,19).

    Cuando Nuestro Señor quiere llegarse a este último templo, lo encuentra cambiado en un escondite de bandidos y en un bazar de comerciantes. ¿Qué es un comerciante? Son los que dan lo que tienen – a su libre arbitrio- a cambio de lo que no tienen –las cosas de este mundo. ¡El mundo entero está lleno de esa clase de comerciantes! Los encontramos entre los presbíteros y los laicos, entre los religiosos, los monjes y las monjas… Tanta gente llena de su propia voluntad…; tanta gente que buscan en todo su propio interés. Si, por el contrario, tan sólo quisieran comerciar con Dios dándole su propia voluntad, ¡qué comercio tan dichoso no harían!

    El hombre debe querer, debe perseguir, debe buscar a Dios en todo lo que hace; y cuando ha hecho todo eso –beber, dormir, comer, hablar, escuchar- que deje completamente las imágenes de las cosas y obre de manera que su templo quede totalmente vacío. Una vez el templo esté vacío, una vez que habrás echado fuera toda la tropa de vendedores, las imaginaciones que le estorban, entonces podrás ser una casa de Dios (Ef 2,19). Y así encontrarás la paz y el gozo de tu corazón, y ya nada te atormentará, nada de lo que ahora te inquieta, de deprime y te hace sufrir.

Al comenzar la mañana

Señor, en el silencio de este día que nace, vengo pedirte paz, sabiduría y fuerza.

Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor;

ser paciente, comprensivo, suave y bueno.

Ver detrás de las apariencias a tus hijos,

como los ves Tú mismo, para así

poder apreciar la bondad de cada uno.

Cierra mis oídos a toda murmuración,

Guarda mi lengua de toda maledicencia.

Que sólo los pensamientos que

bendigan permanezcan en mí.

Quiero ser tan bien intencionado y justo

Que todos los que se acerquen a mi, sientan tu presencia.

Revísteme de tu bondad; Señor, y haz que durante éste día yo te refleje.

trabajo humano y Reino de Dios

Miércoles de la 33a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 19,11-28.
Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro.
El les dijo: «Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida.
Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: ‘Háganlas producir hasta que yo vuelva’.
Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: ‘No queremos que este sea nuestro rey’.
Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
El primero se presentó y le dijo: ‘Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más’.
‘Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades’.
Llegó el segundo y le dijo: ‘Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más’.
A él también le dijo: ‘Tú estarás al frente de cinco ciudades’.
Llegó el otro y le dijo: ‘Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.
Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado’.
El le respondió: ‘Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré,
¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses’.
Y dijo a los que estaban allí: ‘Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más’.
‘¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!’.
Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene.
En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia».
Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.

San Juan Pablo II (1920-2005)papa

Homilía ante los trabajadores en Luxemburgo, mayo 1985
“Hacedlos fructificar”(cf Lc 19,13): trabajo humano y Reino de Dios.
    Cuando Dios creó la humanidad, el hombre y la mujer, dijo: “Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla” (cf Gn 1,28). Este es, de alguna manera, el primer mandamiento de Dios, relacionado con el orden de la creación. El trabajo humano corresponde a la voluntad de Dios. Cuando decimos: “Hágase tu voluntad…” nos referimos también al trabajo que llena todas las jornadas de nuestra vida. Nos damos cuenta que cumplimos esta voluntad del creador cuando nuestro trabajo y las relaciones humanas que genera están impregnados de los valores de la iniciativa, del coraje, de la confianza, de la solidaridad que son otros tanto reflejos de la imagen de Dios en nosotros…

    El creador ha dotado al hombre del poder de dominar la tierra. Le confía el dominio de la naturaleza por el propio trabajo, por sus capacidades para llegar a un desarrollo feliz de su propia personalidad y de la comunidad entera. Por su trabajo, el hombre obedece a Dios y responde a su confianza. Esto no está ajeno a la petición del Padrenuestro: “Venga a nosotros tu reino.” El hombre actúa para que el plan de Dios se realice, consciente de ser imagen y semejanza de Dios y de haber recibido de él su fuerza, su inteligencia, sus aptitudes para realizar una comunidad de vida por el amor desinteresado hacia sus hermanos. Todo lo bueno y positivo en la vida del hombre se desarrolla y llega a su meta auténtica en el Reino de Dios. Habéis escogido bien el lema: “Reino de Dios, vida del hombre,” porque la causa de Dios y la causa del hombre están ligadas la una a la otra. El mundo progresa hacia el Reino de Dios gracias a los dones de Dios que permiten el dinamismo del hombre. Dicho de otro modo: orar para que venga el Reino de Dios significa orientar todo el ser hacia aquella realidad que es el fin último del trabajo del hombre.

Vino a salvar lo que estaba perdido

Martes de la 33a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 19,1-10.
Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.
Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.
El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.
Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».
Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador».
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».
Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham,
porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia

Morales sobre el libro de Job,
          ¡Llegó la salvación!
“Si suelta las aguas, inundan la tierra” (Jb 12,15) ¿Qué representa la tierra sino al pecador, sobre el que fue portado este juicio “¿Porque eres polvo y al polvo volverás” (Gn3,19)? He aquí por qué la tierra permanece inmóvil cuando el pecador no quiere obedecer a los mandamientos del Señor, cuando levanta su nuca orgullosa y cierra los ojos de su alma a la luz de la Verdad. Mas está escrito “Se ha detenido y hace vacilar la tierra” (Hab 3,6), porque si la verdad se fija en un corazón, el inmovilismo del alma es sacudido. Para eso la gracia del Espíritu Santo, por un don de lo Alto, se difunde en ella con la palabra del predicador. He aquí la tierra revuelta, porque el alma endurecida por el pecado pierde la terquedad de su inmovilismo y el alma que antes se paraba con la nuca rígida ante el Señor, ahora es transformada. Llorando se somete a los mandamientos del Señor. Si vemos la tierra de un corazón inmerso en las aguas de la gracia, soporta sin desagrado los ultrajes que ella misma infligía anteriormente. Ahora distribuye sus bienes y la que antes se dejaba llevar por los hechizos mortales de las vilezas, mortifica su carne por la abstinencia y estima las que la aman. Así, cuando en el alma de un hombre ha sido infundido el don divino, ella empieza a actuar de forma contraria a lo habitual. La tierra es retornada: la protuberancia que ayer sobresalía se envía hacia abajo y la faz que estaba enterrada en la profundidad, se lleva hacia lo alto.

Solo uno merece nuestra reverencia

33er domingo del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 21,5-19.
Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
«De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?».
Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin».
Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.»
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

San Teodoro el Estudita (759-826)
monje en Constantinopla

¡Veneren sólo al Dios vivo!
            “¡Alégrense sin cesar en el Señor!” (Flp 4,4). ¿Por qué no están llenos de alegría y caminan en la alegría? Ustedes fueron jugados dignos de ser atraídos a este estado evangélico por un llamado que discierne y predestina (cf. Rom 8,29-30), llamado de Dios que gobierna todo por su sabiduría.

            Ahora, que por la elevación de su género de vida he aquí que están sobre una altura, vuelvan su mirada hacia la vida miserable y rampante de los hombres. Ella está como sacudida por el mar, proyectada acá y allá por el movimiento incierto de asuntos. En verdad, nada dura, nada permanece  en el mismo estado, lo ven bien. Mismo los reyes pasan, los príncipes caen, los poderosos dueños de la tierra mueren como simples mortales (cf. Sal 81,7), los que están casados se separan abandonando a su pareja o siendo abandonados. La belleza se marchita pronto, la juventud es efímera, el placer fugaz, la riqueza se disipa como el sueño de una sombra. Sólo se encuentran lamentaciones y duelo en las adversidades de los mortales. (…) Pero ustedes mis hermanos, ¿cómo y dónde fueron llamados, cómo subieron a la montaña del Señor (cf. Sal 23,3)? ¿Cómo contemplan las maravillas de la vida celestial? (…)

            Quiera Dios, que los hizo ascender a esas alturas, hacerlos fuertes y afirmarlos para que realicen siempre lo que le agrada, en la santidad y la justicia (cf. Lc 1,75) (…). ¡Hijos míos, veneren sólo  al Dios vivo! (cf. 12,5 ; Apo 14,7)

Orar siempre sin desanimarse:

Sábado de la 32a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 18,1-8.
«En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: ‘Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario’.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: ‘Yo no temo a Dios ni me importan los hombres,
pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'».
Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».

Comentario:

San Clemente de Roma
papa del año 90 a 100 aproximadamente

(Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d’Orval, 1971)
¡Señor y Maestro, escucha nuestra oración!
En la oración y la suplicación, pediremos al que ordena todo, por su bien-amado Hijo Jesucristo, que en el mundo entero conserve intacto el número de sus elegidos. Nos ha llamado, en Jesucristo, de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al conocimiento de su gloria. Para que esperemos, Señor, en tu Nombre, fundamento de toda la creación. (…) Con tus obras has manifestado el orden eterno del mundo, Señor, Creador del universo. Tú permaneces el mismo durante todas las generaciones. Justo en tus juicios, admirable en tu fuerza y magnificencia, pleno de sabiduría cuando creas, prudente para afirmar todos los seres en la existencia. Manifiestas tu bondad hacia todas las cosas visibles, tu fidelidad a todos los que confían en ti, tu, el misericordioso y compasivo. Remites nuestras transgresiones, errores, caídas, debilidades. No tengas en cuenta los pecados de tus servidoras y servidores y purifícanos con el baño de tu verdad. Dirige nuestros pasos para que marchemos en la santidad del corazón, que hagamos lo que es bueno y agradable a tus ojos y a los ojos de nuestros gobernantes. Sí, Maestro, haz brillar tu rostro sobre nosotros, para acordarnos todo bien, en la paz. Para protegernos con tu mano poderosa, arrancarnos del mal con la fuerza de tu brazo y sustraernos al odio injusto de nuestros enemigos. Señor, danos a todos los habitantes de la tierra la concordia y la paz, cómo lo has hecho antiguamente con nuestros padres que te invocaban con piedad, en total confianza y rectitud de corazón.

Si todo es Dios, es que nada es Dios

Evangelio y Lecura del día

Primera Lectura
Sb 13, 1-9 • Si lograron averiguar el principio del cosmos ¿cómo no descubrieron a su dueño?
Eran naturalmente vanos todos los hombres que ignoraban a Dios y fueron incapaces de conocer al que es partiendo de las cosas buenas que están a la vista, y no reconocieron al Artífice, fijándose en sus obras,

sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa, a las lumbreras celestes, regidoras del mundo.

Si, fascinados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Señor, pues los creó el autor de la belleza.

Y si los asombró su poder y actividad, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo.

Pues por la magnitud y belleza de las criaturas, se percibe por analogía el que les dio el ser.

Con todo, a éstos poco se les puede echar en cara, pues tal vez andan extraviados buscando a Dios y queriéndolo encontrar; en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran, y su apariencia los subyuga, porque es bueno lo que ven.

Pero ni siquiera éstos son perdonables, pues, si lograron saber tanto, que fueron capaces de desvelar el cosmos, ¿cómo no descubrieron antes a su Señor?
Palabra de Dios

Salmo 18, 2-5
El cielo proclama la gloria de Dios.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Evangelio
Lc 17, 26-37 • El día en que se manifestará el Hijo del Hombre.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.

Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.

Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre.

Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot.

El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».

Ellos le preguntaron:

«¿Dónde, Señor?».

Él les dijo:

«Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».
Palabra del Señor

Comentario al Evangelio
San Benito de Nursia, abad, copatrón de Europa (s. VI) • Sigamos los caminos que Él nos indica.
Regla, Prólogo, 8-22.

¡Levantémonos, pues!; la Escritura no cesa de despertarnos diciéndonos: «Ha llegado la hora de despertarnos del sueño» (Rm 13, 11). Abramos los ojos a la luz divina. Escuchemos atentamente la poderosa voz de Dios que cada día nos apremia diciéndonos: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón» (Sl 94, 8). Y también: «El que tenga oídos para oír, que escuche lo que dice el Espíritu a las Iglesias» (Ap 2, 7). Y ¿qué es lo que dice? «Venid, hijos, escuchadme, os enseñaré el temor del Señor» (Sl 33, 12). «Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas» (Jn 12, 35).

Buscando entre la multitud del pueblo a su obrero a quien dirige esta llamada, el Señor añade: «¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad?» (Sal 33, 13). Al escuchar esto si tú respondes: «Yo», y Dios te dice: «¿Quieres alcanzar la vida eterna?» Entonces «guarda tu lengua del mal y tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella» (Sal 33, 14-15). Cuando hayáis hecho esto pondré mis ojos sobre vosotros y escucharé vuestras plegarias y «aún antes que me llaméis, os diré: Aquí estoy» (Is 58, 9).

¿Hay algo más dulce, queridos hermanos que esta voz del Señor que nos invita? Fijaos bien cómo el Señor, en su ternura para con nosotros, nos indica el camino de la vida. Ceñidos con la fe y la práctica de las buenas obras, y guiados por el Evangelio, andemos por los caminos que nos señala para poder ser admitidos a contemplar al que nos llama a su reino (1Tes 2, 12). Si queremos habitar en la mansión de su reino apresurémonos practicando las buenas obras, pues de lo contrario no llegaremos jamás.

Espíritu Santo regocijo y luz del alma

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes.
Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me auxilien.

Evangelio
Lc 17, 20-25 • El Reino de Dios está dentro de vosotros.
En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús:

«¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?».

Él les contestó:

«El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: «Está aquí» o «Está allí», porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».

Dijo a sus discípulos:

«Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis. Entonces se os dirá: «Está aquí» o «Está allí»; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación».
Palabra del Señor

Comentario al Evangelio
Santa Teresa del Niño Jesús, doctora de la Iglesia (s. XIX) • Reconocer dentro la presencia de Cristo. Manuscrito A, 83 vº.
Lo que me sostiene en la oración es, por encima de todo, el evangelio; hallo en él todo lo que necesita mi pobrecita alma. Siempre descubro en él luces nuevas, sentidos ocultos y misteriosos.

Comprendo y sé por experiencia, que el reino de Dios está dentro de nosotros. Jesús no tiene necesidad de libros ni de doctores para instruir a las almas; él, el doctor de los doctores, enseña sin ruido de palabras. Nunca le he oído hablar, pero sé que está dentro de mí. Me guía y me inspira a cada instante lo que debo decir o hacer. Descubro, justamente en el momento en que las necesito, luces que hasta entonces no había visto. Y las más de las veces estas ilustraciones no son más abundantes precisamente en la oración, sino más bien en medio de las ocupaciones del día.

Té doy gracias por hacerme rico en mi nada.

Miércoles de la 32a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!».
Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?».
Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado».

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara (1964)
“¡Padre, glorifica tu Nombre!”
“¿Y qué diré: Padre, líbrame de esta hora? ¡Sí, para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!” (Jn 12,27-28). Es el llamado puro y sencillo a Dios, la demanda simple ante lo que requiere la naturaleza. Naturaleza que sufre expresando lo que necesita, reprendiéndose enseguida diciendo: mi Dios, esto u otra cosa, poco importa. Lo único que me importa es su Gloria. “¡Padre, glorifica tu Nombre!” Concédame lo que lo glorificará más. Es lo que le pido, nada más. No tenga en cuenta mi primer pedido. Lo hice, debí hacerlo, porque usted es mi Padre y mi deber es exponerle lo que necesito… Pero después de exponerle lo que necesito, le recuerdo, le digo, le repito, que necesito algo mil veces más grande, más ardiente: ¡verlo glorificado! Es realmente lo único que necesito y que le suplico escuchar. ¡Padre, glorifíquese en mí! “¡Padre, glorifica tu Nombre!”… Mi Señor Jesús, permita que su indigna, miserable pequeña criatura se una a usted y haga con usted esta oración: Mi Dios, le digo con mi Señor Jesús, uniendo mi voz a su voz adorable: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mt 26,39). Mi único deseo, mi sed, es que sea glorificado lo más posible. Mi Padre, haga de mi lo que más le agrade, lo que sea. ¡Mi Padre, glorifique su Nombre!

Oración de la mañana

“Señor, en el silencio de este día que nace, vengo a pedirte paz, sabiduría y fortaleza. Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor; ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno. Ver, detrás de las apariencias, a tus hijos, como los ves tú mismo para así poder apreciar la bondad de cada uno. Cierra mis oídos a toda murmuración, guarda mi lengua de toda maledicencia y que sólo permanezcan en mí los pensamientos que bendicen. Quiero ser tan bien intencionado y justo que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia. Revísteme de tu bondad, Señor, y haz que durante este día yo te refleje. Amén”

El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 17,7-10.

El Señor dijó:
«Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: ‘Ven pronto y siéntate a la mesa’?
¿No le dirá más bien: ‘Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después’?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ‘Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber’.»

Comentario:

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

¡Feliz el que pone en Dios el comienzo y fin de sus obras!

Sería mejor para ti, que te sintieras inútil y pecador y no que estuvieras en la tibieza… ya que si entendieras que eres pecador, te arrancarías a las malas acciones…. Pero eres como un viento tibio que no aporta humedad a los frutos no les da calor.

Eres el que empieza y no termina, rozas el bien al inicio y no te alimentas de él al finalizar. Semejante a un viento que acaricia el rostro pero no nutre el interior. ¿Es mejor un ruido vano o una obra llevada a término?… Entonces, actúa en el silencio de la humildad y no te eleves con orgullo, ya que no contará para nada el que se esfuerza por obtener un orgullo de fuego lo que desprecia cumplir en el abandono del amor.

Vanos e ilusos, los que ponen en ellos mismos su confianza… Los que en su orgullo ponen en ellos mismos su confianza, desean parecer más sabios que sus padres y no quieren caminar según su alianza, sino que en su gran inestabilidad se dan a ellos mismo leyes según su capricho… Lo que puede parecer bueno a los hombres por un error de su espíritu, cuando no fijan intensamente su mirada en Dios y no son envueltos por el soplo del Espíritu Santo, eso irá a la muerte ya que surgió de la vana gloria. (…)

Feliz el que teniendo confianza en mí, pone su esperanza y el comienzo y fin de sus obras en mí, no en él. No caerá.

Es inevitable que haya escándalos

Lunes de la 32a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 17,1-6.

Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo».
Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
El respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería.»

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

A la luz de la fe (Jésus Christ notre Résurrection, Cerf, 1980)
*¡Ilumíname con la luz de la santísima fe!*
¡Oh Abismo! ¡Deidad eterna! ¡Océano sin fondo! ¿Puedes darme más todavía que darte tú mismo? Eres el fuego que arde siempre y nunca se apaga. Eres el fuego que consume el amor propio del alma. Eres el fuego que funde el hielo. Iluminas. A tu llama he conocido la Verdad.

Eres la luz más allá de toda luz, que aclara sobrenaturalmente la mirada de la inteligencia, con tanta abundancia y tanta perfección, que esclareces la luz de la fe. En esta fe, veo que mi alma tiene la Vida y en esta luz te recibo, oh Luz. Con la luz de la fe, poseo la sabiduría en la sabiduría del Verbo. Con la luz de la fe, soy fuerte, constante y perseverante. Con la luz de la fe, espero y no desfallezco en camino. Esta luz me enseña la verdadera vía, sin ella iría hacia las tinieblas. Por eso te suplico, Padre eterno, ilumíname con la luz de la santísima fe. (…)

Oh Trinidad eterna, en la luz que me has dado, con la santísima fe, he conocido el camino de la gran perfección. Me la has mostrado para que te sirva en la luz y no en las tinieblas. Para que sea un reflejo de buena y santa vida y me arranque por fin a la miserable existencia que llevo, por falta mía, en la tiniebla. (…) Revísteme, oh Verdad eterna, revísteme de ti, para que mi vida mortal transcurra en la obediencia verdadera y en la luz de la santísima fe, con la que has embriagado mi alma.

No se puede servir a dos señores

Sábado de la 31a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 16,9-15.
Jesús decía a sus discípulos:
«Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.
Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien?
Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?
Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero».
Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús.
El les dijo: «Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios.»

San Gaudencio de Brescia (¿-c. 406) obispo

“Haceos amigos con los bienes de este mundo”
Los amigos que serán causa de nuestra salvación son, evidentemente, los pobres. Porque, según la palabra de Cristo, autor de la recompensa eterna, él mismo recibe en ellos los servicios que nuestra caridad les habrá prestado. Entonces, los pobres nos acogerán con agrado, no en nombre propio sino en nombre de aquel que, en ellos, ha saboreado el fruto sabroso de nuestra obediencia y de nuestra fe. Aquellos que se ejercitan en estas obras de amor serán recibidos en las moradas eternas del Reino de los cielos, pues el mismo Cristo dirá: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber” (Mt 25,34)…

El Señor añade al final: “Pues si no fuisteis de fiar en los bienes de este mundo, ¿quién os confiará el verdadero bien?” En efecto, nada de lo que hay en este mundo nos pertenece realmente. Porque nosotros que esperamos la recompensa futura estamos invitados a comportarnos en este mundo como huéspedes y forasteros, de manera que todos podamos decir al Señor: “porque yo soy tu huésped, un forastero como mis antepasados” (sl 38,13)

Pero los bienes eternos pertenecen, de suyo, a los creyentes. Estos bienes están en el cielo donde, lo sabemos, “está nuestro corazón y nuestro tesoro” (Mt 6,21) y donde –ésta es nuestra íntima convicción- vivimos ya desde ahora por la fe. Porque, según la doctrina de San Pablo: “Somos ciudadanos del cielo.” (Fl 3,20)

La Luz ha vencido a la oscuridad traspasando la barrera de lo temporal

Viernes de la 31a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 16,1-8.
Jesús decía a sus discípulos:
«Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.
Lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto’.
El administrador pensó entonces: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza.
¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!’.
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’.
‘Veinte barriles de aceite’, le respondió. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez’.
Después preguntó a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. ‘Cuatrocientos quintales de trigo’, le respondió. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y anota trescientos’.
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.»

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)
carmelita descalza, doctora de la Iglesia

Manuscrito autobiográfico B, 4rº
*El buen uso de las riquezas*
¡Oh Jesús! Sé que el amor sólo con amor se paga. Por eso, he buscado, he hallado el modo de desahogar mi corazón devolviéndote amor por amor. “Emplead las riquezas que hacen al hombre injusto en granjearos amigos que os reciban en las moradas eternas.”(Lc 16,9) Este es, Señor, el consejo que das a tus discípulos después de haberles dicho que “los hijos de las tinieblas son más sagaces en sus negocios que los hijos de la luz.” Hija de la luz, comprendí que mis deseos de serlo todo, de abrazar todas las vocaciones, eran las riquezas que podrían hacerme injusta. Por eso las he empleado en granjearme amigos… Acordándome de la súplica de Eliseo a su Padre Elías, cuando se atrevió a pedirle su “doble espíritu” (2R 2,9), me presenté ante los ángeles y los santos, y les dije: “Soy la más pequeña de las criaturas. Conozco mi miseria y mi debilidad. Pero sé también cuánto gustan los corazones nobles y generosos de hacer el bien. Os suplico, pues, oh, bienaventurados moradores del cielo, os suplico que me adoptéis por hija. Sólo vuestra será la gloria que me hagáis adquirir, pero dignaos escuchar mi súplica. Es temeraria, lo sé; sin embargo, me atrevo a pediros que me obtengáis: vuestro doble amor”.

Mártires del siglo XX en España 1523 con nombres y apellidos

Mártires del siglo XX en España

Celebrado 6 De Noviembre

 En el aniversario de la beatificación en 2007 del grupo de 498 mártires de España en época de la Guerra Civil, se conmemoran litúrgicamente en esta fecha todos los mártires, santos y beatos, que dieron en España, en el siglo XX, su testimonio de fe.

 Esta celebración es propia de la Iglesia española; por tratarse de una celebración de carácter exclusivamente local, figura al final de la lista del 6 de noviembre.

 Aunque la fecha hace alusión a la beatificación realizada en Roma en 2007 de 498 mártires, litúrgicamente agrupa a todos los mártires de la misma persecución que no son celebrados en otra fecha, lo que hace que de los 1523 mártires elevados a los altares entre 1987 y 2013, la mayor parte (más de mil), sean conmemorados hoy.

 Homilía del Card. Amato, SDB

l. La Iglesia española celebra hoy la beatificación de quinientos veintidós hijos mártires, profetas desarmados de la caridad de Cristo. Es un extraordinario evento de gracia, que quita toda tristeza y llena de júbilo a la comunidad cristiana. Hoy recordamos con gratitud su sacrificio, que es la manifestación concreta de la civilización del amor predicada por Jesús: «Ahora -dice el libro del Apocalipsis de San Juan- se cumple la salvación, la fuerza y el reino de nuestro Dios y la potencia de su Cristo» (Ap 12, 10). Los mártires no se han avergonzado del Evangelio, sino que han permanecido fieles a Cristo, que dice: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Quien quiera salvar la propia vida, la perderá, pero quien pierda la propia vida por mí, la salvará» (Lc 9, 23-24). Sepultados con Cristo en la muerte, con Él viven por la fe en la fuerza de Dios (cf. Col 2, 12).

 España es una tierra bendecida por la sangre de los mártires. Si nos limitamos a los testigos heroicos de la fe, víctimas de la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado, la Iglesia en catorce distintas ceremonias ha beatificado más de mil. La primera, en 1987, fue la beatificación de tres Carmelitas descalzas de Guadalajara. Entre las ceremonias más numerosas recordamos la del 11 de marzo de 2001, con doscientos treinta y tres mártires; la del 28 de octubre de 2007, con cuatrocientos noventa y ocho mártires, entre los cuales los obispos de Ciudad Real y de Cuenca; y la celebrada en la catedral de la Almudena de Madrid, el 17 de diciembre de 2011, con veintitrés testigos de la fe.

 Hoy, aquí en Tarragona, el Papa Francisco beatifica quinientos veintidós mártires, que «vertieron su sangre para dar testimonio del Señor Jesús» (Carta Apostólica). Es la ceremonia de beatificación más grande que ha habido en tierra española. Este último grupo incluye tres obispos: ­Manuel Basulto Jiménez, obispo de Jaén; Salvio Huix Miralpeix, obispo de Lleida y Manuel Borrás Ferré, obispo auxiliar de Tarragona, y además numerosos sacerdotes, seminaristas, consagrados y consagradas, jóvenes y ancianos, padres y madres de familia. Son todos víctimas inocentes que soportaron cárceles, torturas, procesos injustos, humillaciones y suplicios indescriptibles. Es un ejército inmenso de bautizados que, con el vestido blanco de la caridad, siguieron a Cristo hasta el Calvario para resucitar con Él en la gloria de la Jerusalén celestial.

 2. En el periodo oscuro de la hostilidad anticatólica de los años 30, vuestra noble nación fue envuelta en la niebla diabólica de una ideología que anuló a millares y millares de ciudadanos pacíficos, incendiando iglesias y símbolos religiosos, cerrando conventos y escuelas católicas, detruyendo parte de vuestro precioso patrimonio artístico. El Papa Pío XI, con la encíclica Dilectissima nobis, del 3 de junio de 1933, denunció enérgicamente esta libertina política antirreligiosa.

 Recordemos de antemano que los mártires no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia. Estos hermanos y hermanas nuestros no eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos. Fueron matados por odio a la fe, solo porque eran católicos, porque eran sacerdotes, porque eran seminaristas, porque eran religiosos, porque eran religiosas, porque creían en Dios, porque tenían a Jesús como único tesoro, más querido que la propia vida. No odiaban a nadie, amaban a todos, hacían el bien a todos. Su apostolado era la catequesis en las parroquias, la enseñanza en las escuelas, el cuidado de los enfermos, la caridad con los pobres, la asistencia a los ancianos y a los marginados. A la atrocidad de los perseguidores, no respondieron con la rebelión o con las armas, sino con la mansedumbre de los fuertes.

 En aquel periodo, mientras se encontraba en el exilio, Don Luigi Sturzo, diplomático y sacerdote católico italiano, en un artículo de 1933, publicado en el periódico El Matì de Barcelona, escribía con intuición profética que las modernas ideologías son verdaderas religiones idolátricas, que exigen altares y víctimas, sobre todo víctimas, miles, e incluso millones. Y añadía que el aumento aberrante de la violencia hacía que las víctimas fueran con mucho más numerosas que en las antiguas persecuciones romanas.(1)

 3. Queridos hermanos, ante la respuesta valiente y unánime de estos mártires, sobre todo de muchísimos sacerdotes y seminaristas, me he preguntado muchas veces: ¿cómo se explica su fuerza sobrehumana de preferir la muerte antes que renegar la propia fe en Dios? Además de la eficacia de la gracia divina, la respuesta hay que buscarla en una buena preparación al sacerdocio. En los años previos a la persecución, en los seminarios y en las casas de formación los jóvenes eran informados claramente sobre el peligro mortal en el que se encontraban. Eran preparados espiritualmente para afrontar incluso la muerte por su vocación. Era una verdadera pedagogía martirial, que hizo a los jóvenes fuertes e incluso gozosos en su testimonio supremo.

 4. Ahora planteémonos una pregunta: ¿por qué la Iglesia beatifica a estos mártires? La respuesta es sencilla: la Iglesia no quiere olvidar a estos sus hijos valientes. La Iglesia los honra con culto público, para que su intercesión obtenga del Señor una lluvia beneficiosa de gracias espirituales y temporales en toda España. La Iglesia, casa del perdón, no busca culpables. Quiere glorificar a estos testigos heroicos del evangelio de la caridad, porque merecen admiración e imitación.

 La celebración de hoy quiere una vez más gritar fuertemente al mundo, que la humanidad necesita paz, fraternidad, concordia. Nada puede justificar la guerra, el odio fratricida, la muerte del prójimo. Con su caridad, los mártires se opusieron al furor del mal, como un potente muro se opone a la violencia monstruosa de un tsunami. Con su mansedumbre los mártires desactivaron las armas homicidas de los tiranos y de los verdugos, venciendo al mal con el bien. Ellos son los profetas siempre actuales de la paz en la tierra.

 5. y ahora una segunda pregunta: ¿por qué la beatificación de los mártires de muchas diócesis españolas adviene aquí en Tarragona?

 Hay dos motivos. Ante todo el grupo más numeroso de los mártires es el de esta antiquísima diócesis española, con ciento cuarenta y siete mártires, incluido el obispo auxiliar Manuel Borrás Ferré y los jóvenes seminaristas Joan Montpeó Masip, de veinte años, y Josep Gassol Montseny de veintidós.

 El segundo motivo nos viene del hecho de que, en los pnmeros siglos cristianos, aquí en Tarragona, ecclesia Pauli, sedes Fructuosi, patria martyrum, tuvo lugar el martirio del obispo Fructuoso y de sus dos diáconos, Augurio y Eulogio, quemados vivos en el 259 d.C. en el anfiteatro romano de la ciudad.

 Recordemos brevemente el martirio de estos dos primeros testigos tarraconenses, porque repropone la dinámica esencial de toda persecución, que, por una parte, muestra la arbitrariedad de las acusaciones y la atrocidad de las torturas, y, por otra, la fortaleza sobrehumana de los mártires en el aceptar la pasión y la muerte con serenidad y con el perdón en los labios.

 Tarragona, sede de una floreciente comunidad cristiana, en el siglo III d.C. fue objeto de una violenta persecución, por obra del emperador Valeriano. Fueron víctimas de ella el obispo Fructuoso y los diáconos Augurio y Eulogio. De su martirio tenemos las Actas, que nos transmiten los protocolos notariales del proceso, del interrogatorio, de las respuestas, de la condena y de la ejecución(2). La captura de Fructuoso y de sus diáconos tuvo lugar la mañana del domingo del 16 de enero del 259. Llevado a la cárcel, Fructuoso rezaba continuamente y daba gracias al Señor por la gracia del martirio. Además, también allí continuó su obra de pastor y de evangelizador, confortando a los fieles, bautizando y proclamando el Evangelio a los paganos. Después de algunos días, el 21 de enero, los tres fueron convocados por el cónsul Emiliano para el interrogatorio. Fructuoso y los dos diáconos se negaron a ofrecer sacrificios a los ídolos, reafirmando su fidelidad a Cristo. Los tres fueron entonces condenados a ser quemados vivos. Llevados al anfiteatro, el santo Obispo gritó con fuerza que la Iglesia no quedaría nunca sin pastor y que Dios mantendría la promesa de protegerla en el futuro.

 6. ¿Qué mensaje nos ofrecen los mártires antiguos y modernos? Nos dejan un doble mensaje. Ante todo nos invitan a perdonar. El Papa Francisco recientemente nos ha recordado que «el gozo de Dios es perdonar!… Aquí está todo el Evangelio, todo el Cristianismo! No es sentimiento, no es “buenismo”! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del “cáncer” que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor colma los vacíos, la vorágine negativa que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto, y este es el gozo de Dios!»(3)

 Estamos llamados pues al gozo del perdón, a eliminar de la mente y del corazón la tristeza del rencor y del odio. Jesús decía «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre celestial» (Lc 6, 36). Conviene hacer un examen concreto, ahora, sobre nuestra voluntad de perdón. El Papa Francisco sugiere: «Cada uno piense en una persona con la que no esté bien, con la que se haya enfadado, a la que no quiera. Pensemos en esa persona y en silencio, en este momento, recemos por esta persona y seamos misericordiosos con esta persona».(4)

 La celebración de hoy sea pues la fiesta de la reconciliación, del perdón dado y recibido, el triunfo del Señor de la paz.

  7. De aquí surge un segundo mensaje: el de la conversión del corazón a la bondad y a la misericordia. Todos estamos invitados a convertirnos al bien, no sólo quien se declara cristiano sino también quien no lo es. La Iglesia invita también a los perseguidores a no temer la conversión, a no tener miedo del bien, a rechazar el mal. El Señor es padre bueno que perdona y acoge con los brazos abiertos a sus hijos alejados por los caminos del mal y del pecado.

 Todos -buenos y malos- necesitamos la conversión. Todos estamos llamados a convertirnos a la paz, a la fraternidad, al respeto de la libertad del otro, a la serenidad en las relaciones humanas. Así han actuado nuestros mártires, así han obrado los santos, que -como dice el Papa Francisco- ­siguen «el camino de la conversión, el camino de la humildad, del amor, del corazón, el camino de la belleza».(5)

 Es un mensaje que concierne sobre todo a los jóvenes, llamados a vivir con fidelidad y gozo la vida cristiana. Pero hay que ir contra corriente: «Ir contra corriente hace bien al corazón, pero es necesario el coraje y Jesús nos da este coraje! No hay dificultades, tribulaciones, incomprensiones que den miedo si permanecemos unidos a Dios como los sarmientos están unidos a la vid, si no perdemos la amistad con Él, si le damos cada vez más espacio en nuestra vida. Esto sucede sobretodo si nos sentimos pobres, débiles, pecadores, porque Dios da fuerza a nuestra debilidad, riqueza a nuestra pobreza, conversión y perdón a nuestro pecado.»(6)

 Así se han comportado los mártires, jóvenes y ancianos, Sí, también jóvenes como, por ejemplo, los seminaristas de las diócesis de Tarragona y de Jaén y el laico de veintiún años, de la diócesis de Jaén. No han tenido miedo de la muerte, porque su mirada estaba proyectada hacia el cielo, hacia el gozo de la eternidad sin fin en la caridad de Dios. Si les faltó la misericordia de los hombres, estuvo presente y sobreabundante la misericordia de Dios.

 Perdón y conversión son los dones que los mártires nos hacen a todos. El perdón lleva la paz a los corazones, la conversión crea fraternidad con los demás.

 Nuestros Mártires, mensajeros de la vida y no de la muerte, sean nuestros intercesores por una existencia de paz y fraternidad. Será este el fruto precioso de esta celebración en el año de la fe.

 María, Regina Martyrum, siga siendo la potente Auxiliadora de los cristianos. Amén.

Notas:

 1 Luigi Sturzo, Miscellanea londinese, vol. Il, Anni 1931-1933, Bologna 1967, p. 286. El artículo fue publicado en El Mati de Barcelona, el 19 de dicembre de 1933.

 2 Véase el opúsculo, muy bien documentado, de Pedro Battle Y Huguet, Santos Fructuoso Obispo de Tarragona y Augurio y Eulogio diáconos. Las Actas de su Martirio, Tarragona 1959. Estas Actas fueron conocidas incluso fuera de la iglesia tarraconense; por ejemplo, el poeta español Aurelio Prudencio, hizo una transcripción detallada y fiel en el himno VI de su Peri Stephanon o Libro de las Coronas. El mismo san Agustín, en el sermón en el día de la fiesta de estos santos, comenta el texto.

 3 Papa Francisco, Angelus del 15 de septiembre de 2013. 4 Ib.

 5 Papa Francisco, Meditación del 19 de abril de 2013.

 6 Papa Francisco, Homilía del 28 de abril de 2013

 Listas de los mártires:

 Los 498 mártires beatificados en 2007:

 Obispos: Cruz Laplana y Laguna, Narciso de Estenaga y Echevarria

 Presbíteros diocesanos: Agrícola Rodríguez García de los Huertos, Bartolomé Rodríguez Soria, Domingo Sánchez Lázaro, Enrique Vidaurreta Palma, Félix González Bustos, Fernando Español Berdié, Fortunato Arias Sánchez, Francisco López-Gasco Fernández-Largo, Joaquín de la Madrid Arespacochaga, José María Cánovas Martínez, José Polo Benito, Julio Melgar Salgado, Justino Alarcón Vera, Justo Arévalo Mora, Liberio González Nombela, Mamerto Carchano Carchano, Miguel Beato Sánchez, Pedro Buitrago Morales, Ricardo Pla Espí, Rigoberto Aquilino de Anta y de Barrio, Saturnino Ortega Montealegre, Miguel Abdón Senén Díaz Sánchez, Juan Duarte Martín (Diácono)

 Misioneros de los SS Corazones: Francesc Mayol Oliver, Miquel Pons Ramis, Pau Noguera Trías, Simò Reynés Solivellas

 Carmelitas Descalzos: Alfonso Arimany Ferrer (Alfonso del Sagrado Corazón de María), Antonio Bonet Seró (Antonio María de Jesús), Antonio Bosch Verdura (Jorge de San José), Clemente López Yagüe (Clemente de los Sagrados Corazones), Daniel Mora Nine (Daniel de la Sagrada Pasión), Esteban Cuevas Casquero (Eliseo de Jesús Crucificado), Eufrasio Barredo Fernández (Eufrasio del Niño Jesús), Gregorio Sánchez Sancho (Tirso de Jesús María), Jaime Balcells Grau (Gabriel de la Anunciación), Jaime Gascón Bordas (Jaime de Santa Teresa), José Casas Juliá (Joaquín de San José), José Grijalvo Medel (Ramón de la Virgen del Carmen), José Guillamí Rodó (Romualdo de Santa Catalina), José Luis Collado Oliver (Plácido del Niño Jesús), José María Masip Tamarit (Marcelo de Santa Ana), José Mata Luis (Constancio de San José), José Tristany Pujol (Lucas de San José), Juan Páfila Monlláo (Juan José de Jesús Crucificado), Luis Gómez de Pablo (Félix de la Virgen del Carmen), Luis Minguell Ferrer (Luis María de la Virgen de la Merced), Mariano Alarcón Ruiz (José Mariano de los Ángeles), Melchor Martín Monge (Melchor del Niño Jesús), Nazario Del Valle González (Nazario del Sagrado Corazón), Ovidio Fernández Arenillas (Eusebio del Niño Jesús), Pedro de Alcántara Fortón y de Cascajares (Pedro Tomás de la Virgen del Pilar), Pedro Jiménez Vallejo (Pedro José de los Sagrados Corazones de Jesús y María), Pedro Ramón Rodríguez Calle (Hermilo de San Eliseo), Perfecto Domínguez Monge (Perfecto de la Virgen del Carmen), Ricardo Farré Masip (Eduardo del Niño Jesús), Tomás Mateos Sánchez (José Agustín del Santísimo Sacramento), Vicente Álamo Jiménez (José María de la Virgen Dolorosa)

 Carmelitas de la Antigua Observancia: Ángel María Prat Hostench (Ángel María), Ángel Presta Batlle (Ángel María), Antonio Ayet Canós (Ludovico María), Eliseo María Maneus Besalduch (Eliseo María), Fernando María Llovera Puigsech (Fernando María), Gabriel Escoto Ruiz (José María), Ginés Garre Egea (Elías María), José Luis Raga Nadal (EufrosinoMaría), José Solé Rovira (Andrés Corsino María), Juan María Puigmitjá Rubió (Juan María), Juan Prat Colldecarrera (Pedro Tomás María), Luis Fontdecava Quiroga (Eliseo María), Manuel Serrano Buj (Eduardo María), María de Puiggraciós Josefa Francisca Badía Flaquer (María del Patrocinio de San José), Miguel María Soler Sala (Miguel María), Pedro Dorca Coromina (Anastasio María), Pedro Ferrer Marín (Pedro María)

Orden de Hermanos Menores Franciscanos: Alfonso Sánchez Hernández-Ranera, Anastasio González Rodríguez, Andrés MajadasMálaga, Ángel Remigio Hernández-Ranera de Diego (Ángel), Antonio RodrigoAntón, Benigno Prieto del Pozo, Catalina Caldés Socías (Catalina del Carmen), Domingo Alonso de Frutos, Federico Herrera Bermejo, Félix Echevarría Gorostiaga, Felix Gómez-Pinto Piñero, Felix Maroto Moreno, Francisco Carlés González (Francisco Jesús), José Álvarez Rodríguez, José De VegaPedraza, José Mariano Azurmendi de Larrínaga Mugarza (José María), Julián Navío Colado, León Zarragua Iturrízaga (Miguel), Luis Echevarría Gorostiaga, Marcelino Ovejero Gómez, Martín Lozano Tello, Miquela Rullàn Ribot (Miquela del Sacramento), Perfecto Carrascosa Santos (Perfecto del Santísimo Sacramento), Ramón TejadoLibrado, Ruperto Sáez de Ibarra López de Arcaute (Antonio), Santiago Maté Calzada, Saturnino Río Rojo, Simón Miguel Rodríguez, Valentín Díez Serna, Vicente MajadasMálaga, Víctor Chumillas Fernández

 Dominicos: Abilio Sáiz López, Abraham Furones Furones (Luis), Adelfa Soro Bó (Adelfa Soro de Nuestra Señora del Rosario), Alfredo Fanjul Acebal, Amado Cubeñas Diego-Madrazo, Antonia Adrover Martí (María Rosa), Antonio Varona Ortega, Bernardino Irurzun Otermín, Buenaventura García Paredes, Buenaventura Sauleda Paulís (Josefina), Celestino José Alonso Villar, Cipriano Alguacil Torredenaida, Cristóbal Iturriaga-Echevarría Irazoia, Eduardo González Santo Domingo, Eleuterio Marne Mansilla, Eliseo Miguel Largo, Enrique Cañal Gómez, Enrique Izquierdo Palacios, Estanislao García Obeso, Eugenio Andrés Amo, Felix Alonso Muñiz, Francisco Fernández Escosura, Germán Caballero Atienza, Gregorio Díez Pérez, Higinio Roldán Iriberri, Inocencio García Díez, Isabelino Carmona Fernández, Isidro Ordóñez Díez, Jacinto García Riesco, Jesús Villaverde Andrés, José Delgado Pérez, José Gafo Muñiz, José Luis Palacio Muñiz, José Manuel Julián Mauro Gutiérrez Ceballos (Manuel), José María García Tabar, José María Laguía Puerto, José María López Carrillo, José María López Tascón, José María Palacio Montes, José Menéndez García, José Prieto Fuentes, José Santoja Pinsach, Juan Crespo Calleja, Juan Herrero Arroyo, Juan Mendibelzúa Ocerín, Juan Peña Ruiz (Vicente), Leoncio Arce Urrutia, Luciano Hernández Ramírez (Reginaldo), Manuel Álvarez Álvarez, Manuel Moreno Martínez, Manuel Santiago Santiago, María del Carmen Zaragoza y Zaragoza, Maximino Fernández Marinas, Miguel Menéndez García, Miguel Rodríguez González, Nicasio Romo Rubio, Otilia Alonso González (Otilia Alonso de Santa Rosa de Lima), Pedro Ibañez Alonso, Pedro Luis Luis, Ramona Fossas Románs (Ramona Fossas de Santo Domingo de Guzmán), Ramona Perramón Vila (Ramona Perramón del Dulce ombre de María), Reginalda Picas Planas, Rosa Jutglar Gallart, Santiago Franco Mayo, Santiago Vega Ponce (Pedro), Teófilo Montes Calvo, Teresa Prats Martí (Teresa Prats de San Vicente Ferrer), Vicente Álvarez Cienfuegos, Vicente Rodríguez Fernández, Víctor García Ceballos, Victoriano Santos Ibáñez Alonso (Victoriano), Vidal Luis Gómara

Agustinos: Agustín Renedo Martino, Alfredo Fernando Fariña Castro (José Agustín), Anastasio Díez García, Ángel Pérez Santos, Antolín Astorga Díez, Antonio María Arriaga Anduiza, Arturo García de la Fuente, Avelino Blas Rodríguez Alonso (Avelino), Balbino Villarroel Villarroel, Benito Alcalde González, Benito Garnelo Álvarez, Benito Rodríguez González, Benito Velasco Velasco, Bernardino Álvarez Melcón, Bernardino Calle Franco, Cipriano Polo García, Claudio Julián García San Román, Conrado Rodríguez Gutiérrez, Constantino Malumbres Francés, Dámaso Arconada Merino, Diego Hompanera París, Dionisio Terceño Vicente, Emilio Camino Noval, Enrique Bernardino Francisco Serra Chorro, Epifanio Gómez Álvaro, Esteban García Suárez, Eugenio Cernuda Febrero, Felipe Barba Chamorro, Florencio Alonso Ruiz, Fortunato Merino Vegas, Francisco Fuente Puebla, Francisco Marcos del Río, Froilán Lanero Villadangos, Gabino Olaso Zabala, Gerardo Gil Leal, Gerardo Pascual Mata, Heliodoro Merino Merino, Isidro Mediavilla Campo, Jacinto Martínez Ayuela, Jesús Largo Manrique, Joaquín García Ferrero, José Antonio Pérez García, José Aurelio Calleja del Hierro, José Dalmau Regás, José Gando Uña, José Gutiérrez Arranz, José Joaquín Esnaola Urteaga, José López Piteira, José Noriega González, José Peque Iglesias, Juan Baldajos Pérez, Juan Monedero Fernández, Juan Pérez Rodríguez, Juan Sánchez Sánchez, Julián Zarco Cuevas, Julio Marcos Rodríguez, Julio María Fincias, Leoncio Lope García, Lorenzo Arribas Palacio, Luciano Ramos Villafruela, Lucinio Ruiz Valtierra, Luis Abia Melendro, Luis Blanco Álvarez, Luis Gutiérrez Calvo, Luis Suárez-Valdés Díaz de Miranda, Macario Sánchez López, Manuel Álvarez Rego de Seves, Manuel Formigo Giráldez, Marcos Guerrero Prieto, Marcos Pérez Andrés, Mariano Revilla Rico, Matías Espeso Cuevas, Máximo Valle García, Melchor Martínez Antuña, Miguel Cerezal Calvo, Miguel Iturrarán Laucirica, Miguel Sanromán Fernández, Nemesio Díez Fernández, Nemesio García Rubio, Nicolás de Mier Francisco, Pedro Alonso Fernández, Pedro de la Varga Delgado, Pedro José Carvajal Pereda, Pedro Martínez Ramos, Pedro Simón Ferrero, Primitivo Sandín Miñambres, Ramiro Alonso López, Ricardo Marcos Reguero, Román Martín Mata, Sabino Rodrigo Fierro, Samuel Pajares García, Senén García González, Severiano Montes Fernández, Tomás Sánchez López, Ubaldo Revilla Rodríguez, Víctor Cuesta Villalba, Víctor Gaitero González, Vidal Ruiz Vallejo

Trinitarios: José Vicente Ormaechea y Apoitia (José de Jesús y María), Juan Francisco Joya y Corralero (Juan de La Virgen de Castellar), Juan Otazuay Madariaga (Juan de Jesús y María), Luis de Erdoiza y Zamallora (Luis de San Miguel de los Santos), María Francisca Espejo y Martos (Francisca de la Encarnación), Melchor Rodríguez Villastrigo (Melchor del Espíritu Santo), Prudencio Gueréquiz y Guezuraga (Prudencio de la Cruz), Santiago AltolaguirreAltolaguirre (Mariano de San José), Santiago Arriaga y Arrien (Santiago de Jesús), Segundo García Cabezas (Segundo de Santa Teresa)

 Salesianos de Don Bosco: Anastasio Garzón González, Andrés Gómez Sáez, Andrés Jiménez Galera, Antonio Cid Rodríguez, Antonio Dionisio Torrero Luque, Antonio Enrique Canut Isús, Antonio Mohedano Larriva, Antonio Pancorbo López, Antonio Rodríguez Blanco, Antonio Tomás Fernández Camacho, Carmelo Pérez Rodríguez, Dionisio Ullívarri Barajuán, Emilio Arce Díez, Enrique Sáiz Aparicio, Esteban Cobo Sanz, Esteban García García, Esteban Vázquez Alonso, Federico Cobo Sanz, Félix González Tejedor, Félix Paco Escartín, Florencio Rodríguez Güemes, Francisco Edreira Mosquera, Francisco José Martín López de Arroyave, Francisco Míguez Fernández, Germán Martín Martín, Heliodoro Ramos García, Higinio De Mata Díez, Honorio Hernández Martín, José Blanco Salgado, José Limón Limón, José María Celaya Badiola, José Villanova Tormo, Juan Codera Marqués, Juan Lorenzo Larragueta Garay, Juan Luis Hernández Medina, Justo Juanes Santos, Luis Martínez Alvarellos, Manuel Borrajo Míguez, Manuel Fernández Ferro, Manuel Gómez Contioso, Manuel Martín Pérez, Mateo Garolera Masferrer, Miguel Lasaga Carazo, Miguel Pascual Molina de la Torre, Nicolás de la Torre Merino, Pablo Caballero López, Pablo Gracia Sánchez, Pascual De Castro Herrera, Pedro Artolozaga Mellique, Pío Conde Conde, Rafael Rodríguez Mesa, Ramón Eirín Mayo, Sabino Hernández Laso, Salvador Fernández Pérez, Teódulo González Fernández, Tomás Alonso Sanjuán, Tomás Gil de la Cal, Valentín Gil Arribas, Victoriano Fernández Reinoso, Virgilio Edreira Mosquera

 

—Marianistas: Florencio Arnáiz Cejudo, Joaquín Ochoa Salazar, Miguel Léibar Garay, Sabino Ayastuy Errasti

 

—Congregacion de Religiosas Adoratrices: Aúrea González Fernández (Herlinda), Belarmina Pérez Martínez (Belarmina de Jesús), Concepción Iglesias del Campo (Cecilia), Concepción Vázquez Áreas (Ruperta), Dionisia Rodríguez de Anta (Sulpicia del Buen Pastor), Emilia Echeverría Fernández (Máxima de San José), Felipa Gutiérrez Garay (Felipa), Josefa Boix Riera (Josefa de Jesús), Juana Francisca Pérez de Labeaga García (Blasa de María), Lucía González García (Lucila María de Jesús), Luisa Pérez Adriá (Luisa de la Eucaristía), Magdalena Pérez (Magdalena), Manuela Arriola Uranga (Manuela del Sagrado Corazón), María Dolores Hernández Santorcuato (María Dolores de la Santísima Trinidad), María Dolores Monzón Rosales (María Dolores de Jesús Sacrificado), María García Ferreiro (María de la Presentación), María Prima Ipiña Malzárraga (María Prima de Jesús), María Zenona Aranzábal Barrutia (Borja de Jesús), Mercedes Tuní Ustech (Ángeles), Purificación Martínez Vera (Purificación de María), Rosa López Brochier (Rosaura de María), Sinforosa Díaz Fernández (Sinforosa de la Sagrada Familia), Teresa Vives y Missé (Casta de Jesús)

 

—Carmelitas de la Caridad de Verdruna: Apolonia Lizárraga y Ochoa deZabalegui (Apolonia del Santísimo Sacramento)

 Congregación de la Misión. Paúles: Francisca Pons Sardá (Gabriela de San Juan de la Cruz), María Roqueta Serra (María del Refugio de San Angelo), Teresa Subirá Sanjaume (Esperanza de la Cruz), Vicenta Achurra Gogenola (Daniela de San Bernabé)

 Hijos del Inmaculado Corazón de María. Claretianos: Carmen Fradera Ferragut, Magdalena Fradera Ferragut, Rosa Fradera Ferragut (Rosa de Jesús)

 Hermanos Maristas: Ángel Roba Osorno (Licarión), Aniceto Falgueras Casellas (Anselmo), Antonio Badía Andalé (Hermógenes), Antonio Roig (Antolín), Carlos Brengaret Pujol (Carlos Rafael), Feliciano Ayúcar Eraso (Ramón Alberto), Felipe Ruiz Peña (Gil Felipe), Félix Ayúcar Eraso (Félix León), Fermín Latienda Azpilicueta (Felipe José), Fernando Suñer Estrach (Epifanio), Florentino Redondo Insausti (Leopoldo José), Fortunato Ruiz Peña (Fortunato Andrés), Gregorio Faci Molins (José Carmelo), Isidro Serrano Fabón (Martiniano), Jaime Morella Bruguera (Jaime Ramón), Jerónimo Messegué Ribera (Leónides), Jesús Menchón Franco (Juan de Mata), José Ambrós Dejuán (Víctor Conrado), José Blanch Roca (Victorino José), José Cesari Mercadal (Dionisio Martín), José Miguel Elola Arruti (Vito José), José Mir Pons (Prisciliano), Juan Núñez (Vivencio), Juan Pelfort Planell (Juan Crisóstomo), Juan Tubau (Gaudencio Juan), Julio García Galarza (Frumencio), Leocadio Rodríguez Nieto (Miguel Ireneo), Leoncio Pérez Gómez (Porfirio), Lucio Izquierdo López (Ángel Andrés), Lucio Zudaire Aramendía (Teódulo), Mariano Alonso Fuente (Laurentino), Néstor Vivar Valdivielso (Alberto María), Nicolás Pereda Revuelta (José Federico), Nicolás Ran Goñi (Ismael), Pedro Ciordia Hernández (Baudilio), Pedro Sitjes Puig (Laureano Carlos), Plácido Juan José Fábrega Julià (Bernardo), Ramón Mill (Vulfrano), Santiago Sáiz Martínez (Santiago María), Santos Escudero Miguel (Santos), Segismundo Hidalgo Martínez (Gabriel Eduardo), Serafín Zugaldía Lacruz (Santiago), tr>Casimiro Riba Pi (Bernabé), Trifón Nicasio Lacunza Unzu (Virgilio), Víctor Gutiérrez Gómez (Lino Fernando), Victoriano Gómez Gutiérrez (Silvio), Victoriano Martínez Martín (Isaías María)

 Hermanos de las Escuelas Cristianas (Lasallanos): Agustín Pedro Calvo (Honorato Alfredo), Antolín Martínez Martínez (Dámaso Luis), Antonio Jaume Secases (Jaime Bertino), Antonio Serra Hortal (Adolfo Jaime), Antonio Tost Llavería (Francisco Magín), Baldomero Margenat (Esiquio José), Cecilio Manrique Arnáiz (Cirilo Pedro), Crisógono Cordero Fernández (Estanislao Víctor), Dalmacio Bellota Pérez (Carlos Jorge), Diodoro López Hernando (Teodosio Rafael), Emilio Martínez de la Pera y Álava (Lorenzo Santiago), Esteban Anuncibay Letona (Ovidio Bertrán), Eudaldo Rodas Saurína (Olegario Ángel), Eugenio Cuesta (Hilarión Eugenio), Eusebio Roldán Vielva (Eusebio Andrés), Félix España Ortiz (Benito Clemente), Francisco Del Valle Villar (León Justino), Francisco Malle (Francisco Alfredo), Francisco Pujol Espinalt (Honesto María), Germán García García (Luciano Pablo), Isidro Muñoz Antolín (Ladislao Luis), Ismael Barrio Marquilla (Celestino Antonio), Jaime Mases Boncompte (Lamberto Carlos), Jaime Puigferrer Mora (Miguel de Jesús), Jesús Juan Otero (Arnoldo Julián), José Bardalet Compte (Benedicto José), José Casas Lluch (Ildefonso Luis), José Enrique Chamayou Auclés (Jacob Samuel), José Figueras Rey (Lorenzo Gabriel), José Llorach Bretó (Crisóstomo), José Luis Carrera Comas (Agapio José), José María Aragonés Mateu (Leonardo José), José Mas Pujolrás (José Benito), José Plana (Emerio José), José Ruiz de la Torre (Cándido Alberto), José Trilla Lastra (Felix José), Joseph-Louis Marcou Pecalvel (Louis de Jésus), Juan Delgado (Hugo Julián), Luis Villanueva Montoya (Eustaquio Luis), Marcos Morón Casas (Indalecio de María), Mariano Anel Andreu (Adolfo Mariano), Martín Anglés Oliveras (Victorio), Mateo Molinos Coloma (Dionisio Luis), Modesto Sáez Manzanares (Hermenegildo Lorenzo), Narciso Serra Rovira (Raimundo Eloy), Nicolás Alberich Lluch (Valeriano Luis), Pedro Juan Álvarez Pérez (Felipe José), Pedro Masó (Edmundo Ángel), Ramón Colom (Leónides), Ramón Palos Gascón (Cayetano José), Remigio Ángel Olalla Aldea (Agapito León), Ruperto García Arce (Florencio Miguel), Salvio Tolosa Alsina (Onofre), Santos López Martínez (Mariano León), Urbano CorralGonzález (Josafat Roque), Valeriano Ruiz Peral (Julio Alfonso), Vicente Alberich Lluch (Eliseo Vicente), Vicente Fernández Castrillo (Vicente Justino)

 Seminaristas: Francisco Maqueda López, José Casas Ros

 Laicos: Álvaro Santos Cejudo, Bartolomé Blanco Márquez, Juan De Mata Díez, Prudencia Canyelles I Ginestà, Teresa Cejudo Redondo, Vicente Toledano Valenciano, Antero Mateo García, Miguel Peiró Victorí

 

Los 522 mártires de Tarragona

 Obispos: Manuel Basulto Jiménez, Manuel Borrás Ferré, Salvio Huix Miralpeix.

 

Presbíteros: Agapito Gorgues Manresa, Agustí Ibarra Anguela, Agustín Bermejo Miranda, Alejo Miquel Rosell, Andreu Prats Barrufet, Antoni Pedro Jaime Nogués Martí, Antoni Pedró Minguella, Antoni Prenaferta Soler, Antonio Mateo Salamero, Dalmau Llebaría Tomé, Damián Gómez Jiménez, Eladi Péres Bori, Enric Gispert Domènech, Estanislao Sans Hortoneda, Félix Pérez Portela, Francesc Antonio Mateo  Vidal Sanuy, Francesc Mercader Randé, Francesc Vives Antich, Francesco Company Tarrellas, Francisco López  Navarrete, Francisco Solís Pedrajas, Fulgencio Martínez  García, Isidre Fabregas Gils, Isidre Torres Balsells, Jaume Sanromá Solé, Jaume Tarragó Iglesias, Jerónimo Ramiro Luis Fabregas Camí, Joan Farriol Sabaté, Joan Roca Vilardell, Joan Rofes Sancho, Joan Salvador José Gibert Galofré, Joan Tomás Gibert, Joan Vernet Masip, Joaquín Balcells Bosch, Jocundo Juan José Bonet Mercadé, José Badía Minguella, José García Librán, José Jordán y Blecua, José Antonio Moro Briz, José Nadal y Guiu, Josep Bru Boronat, Josep Bru Ralduá, Josep Civit Timoneda, Josep Colom Alsina, Josep Gomis Martorell, Josep Guardiet Pujol, Josep Juan Salvador Garriga Ferrer, Josep Mª Panadés Tarré, Josep Mañé March, Josep Mª Salvador Antonio Sancho Toda, Josep Masquef Ferrer, Josep Mestre Escoda, Josep Padrell Navarro, Josep Roselló Sans, Juan Bautista Ceró Cedó, Juan Mesonero Huerta, Lluís Domingo Mariné, Lluís Janer Riba, Lluis Sans Viñas, Magín Albaigés Escoda, Magín Isidro Roque Civit Roda, Miquel Grau Antolí, Miquel Juan Antonio Saludes Ciuret, Miquel Luis Bernardo Vilatimó Costa, Miquel Rué Gené, Narcís Tomás Juan Feliu Costa, Juan Huguet Cardona, Pablo Figuerola Rovira, Pablo Salvador Ramón Bertrán Mercadé, Pablo Segalá Solé, Pau Gili Pedrós, Virgili Monfá, Pau Ramón Francisco, Pau Roselló Borgueres, Pedro Sánchez Barba, Pere Luis Juan Farrés Valls, Pere Rofes Llauradó, Pius Salvans Corominas, Rafael Martí Figueras, Ramón Artiga Aragonés, Ramón Martí Amenós, Sebastià Tarragó Cabré, Tomás Capdevila Miquel.

 

Seminaristas: Joan Montpeó Masip, Josep Gassol Montseny, Manuel Aranda Espejo.

 

Sacerdotes Operarios del Sagrado Corazón: Amadeo Monge Altés, Cristobal Baqués Almirall, Joaquín Jovaní Marín, José Manuel Claramonte Agut, José Mª Tarín Curto, José Piquer Arnáu, José Pla Arasa, José Prats Sanjuán, Juan Vallés Anguera, Lorenzo Insa Celma, Mateo Despons Tena, Miguel Amaro Ramírez, Sebastián Segarra Barberá, Tomás Cubells Miguel, Vicente Jovaní Ávila.

 

Hermanos de las Escuelas Cristianas: Adalberto Juan, Agapito Modesto, Agustín María, Alberto Joaquín, Alejandro Antonio, Alejandro Juan, Alejo Andrés, Alfeo Bernabé, Anastasio Lucas, Anastasio Pedro, Andrés Sergio, Ángel Amado, Ángel Gregorio, Anselmo Pablo, Anselmo Félix, Antonio Gil , Aquilino Javier, Arístides Marcos, Arnoldo Cirilo, Arturo, Augusto María , Benildo José, Benito Juan, Benjamín León, Braulio Carlos, Braulio José, Buenaventura Pío, Claudio José, Clemente Adolfo, Clemente Faustino, Crisólogo, Crisóstomo Albino, Daciano, Daniel Antonio, Eladio Vicente, Eleuterio Román, Elías Paulino, Elmo Miguel, Esteban Vicente, Exuperio, Fausto Luis, Félix Adriano, Floriano Félix, Fulberto Jaime, Gilberto de Jesús, Honorio Sebastián, Hugo Bernabé, Ireneo Jacinto, Ismael Ricardo, Jacinto Jorge, Javier Eliseo, Jenaro, José Alfonso, Juan Pablo, Junián Alberto, Justino Gabriel, Leoncio Joaquín, Luis Alberto, Luis Victorio, Magín Pedro, Marciano Pascual, Mariano Pablo, Mario Félix, Nicolás Adriano, Norberto José, Orencio Luis, Oseas, Pablo de la Cruz, Rafael José, Rogaciano, Sinfronio, Sixto Andrés, Vidal Ernesto, Virginio Pedro.

Hermanos Maristas: Abdón, Adrián, Alipio José, Anacleto Luis, Andrés José, Ángel Hipólito, Aquilino, Aureliano, Benedicto Andrés, Benedicto José, Benigno José, Berardo José, Bruno José, Camerino, Cipriano José, Columbanus Paul, Crisanto, Domingo Ciriaco, Eduardo María, Egberto, Eloy José, Emiliano José, Euquerio, Evencio, Fabián, Feliciano, Felipe Neri, Félix Amancio, Félix Lorenzo, Fernando María, Gaspar, Guzmán, Herminio Pascual, Javier Benito, Jean Marie, Jerónimo, Jorge Camilo, Jorge Luis, José Ceferino, José de Arimatea, José Teófilo, Julián José, Julián Marcelino, Julio Fermín, Justo Pastor, León Argimiro, Ligorio Pedro, Luciano, Luis Alfonso, Luis Damián, Luis Daniel, Luis Fermín, Marino, Millán, Narciso, Néstor Eugenio, Pablo Daniel, Pedro, Pedro Jerónimo, Roque, Severino, Teófilo Martín, Teógenes, Timoteo José, Valente José, Victorico María.

 

Benedictinos: Ambrosio María Busquets Creixell, Ángel Fuertes Boira, Ángel María Rodamilans Canals, Anselmo Palau Sin, Aurelio Boix Cosials, Bernardo Vendrell Olivella, Domingo Caballé Bru, Domingo González Millán, Emiliano María Guilá Ximénes, Eugenio María Erausquín Aramburu, Fernando Salinas Romeo, Francisco María Sánchez, Fulgencio Albareda Ramoneda, Hildebrando María Casanovas Vilá, Honorato Suárez Riu, Ildefonso Civil Castellví, Ildefonso Fernández Muñiz, José María Fontseré Masdéu, José María Jordá Jordá, Juan Roca Boch, Leandro Cuesta Andrés, León Alesanco Maestro, Lorenzo Ibáñez Caballero, Lorenzo Santolaria Ester, Lorenzo Sobrevía Cañardo, Luis Palacios Lozano, Mariano Sierra Almázor, Mauro Palazuelos Maruri, Narciso María Vilar Espona, Odilio María Costa Canal, Pedro Vallmitjana Abarca, Plácido María Felíu Soler, Raimundo Lladós Salud, Ramiro Sanz de Galdeano Mañeru, Roberto Grau Bullich, Rosendo Donamaría Valencia, Santiago Pardo López, Vicente Burrel Enjuanes.

 

Capuchinos: Alejandro de Sobradillo, Alejo de Terradillos, Ambrosio de Santibáñez, Andrés de Palazuelo, Ángel de Cañete la Real, Arcángel de Valdavida, Aurelio de Ocejo, Berardo de Visantoña, Carlos de Alcubilla, Carmelo de Coloma, Crispín de Cuevas de San Marcos, Diego de Guadilla, Domitilo de Ayoó, Eloy de Orihuela, Eusebio de Saludes, Eustaquio de Villalquite, Fernando de Santiago de Compostela, Gabriel de Aróstegui, Gil del Puerto de Santa María, Gregorio de la Mata, Honorio de Orihuela, Ignacio de Galdácano, Ildefonso de Armellada, José de Chauchina, José María de Manila, Juan Crisóstomo de Gata de Gorgos, Luis de Valencina, Miguel de Grajal, Norberto Cembranos de Villalquite, Pacífico de Ronda, Primitivo de Villamizar, Ramiro de Sobradillo, Saturnino de Bilbao.

 

Hijas de la Caridad: Andrea Calle González, Carmen Rodríguez Barazal, Concepción Pérez Giral, Dolores Úrsula Caro Martín, Estefanía Irisarri Irigaray, Estefanía Saldaña Mayoral, Gaudencia Benavides Herrero, Isidora Izquierdo García, Joaquina Rey Aguirre, Josefa Gironés Arteta, Josefa Laborra Goyeneche, Josefa Martínez Pérez, Juana Pérez Abascal, Lorenza Díaz Bolaños, Mª Asunción Mayoral Peña, Mª del Rosario Ciércoles y Gascón, Mª Luisa Bermúdez Ruiz, María del Pilar Nalda Franco, María Dolores Barroso Villaseñor, María Severina Díaz-Pardo Gauna, Martina Vázquez Gordo, Melchora Adoración Cortés Bueno, Micaela Hernán Martínez, Modesta Moro Briz, Pilar Isabel Sánchez Suárez, Ramona Cao Fernández, Victoria Arregui Guinea.

 

Hermanos de San Juan de Dios: Avelino Martínez de Arenzana Candela, Baltasar Del Charco Horques, Cristóbal Pérez del Barrio, Cruz Ibáñez López, Estanislao de Jesús Peña Ojea, Feliciano Martínez Granero, Gaudencio Íñiguez de Heredia Alzola, Gumersindo Sanz Sanz, Honorio Ballesteros Rodríguez, Jaime Oscar Valdés, José Miguel Peñarroya Dolz, Juan José Orayen Aizcorbe, Leandro José Aloy Domenech, Leoncio Rosell Laboria, Leopoldo de Francisco Pío, Luís Beltrán Solá Jiménez, Matías Morín Ramos, Mauricio Íñiguez de Heredia Alzola, Publio Fernández González, Raimundo García Moreno, Salustiano Alonso Antonio, Segundo Pastor García, Silvestre Pérez Laguna, Trinidad Andrés Lanas.

 

Claretianos: Abelardo García Palacios, Andrés Felíu Bartomeu, Ángel López Martínez, Ángel Pérez Murillo, Antonio Capdevilla Balcells, Pablo Castellá Barberá, Antonio Lasa Vidaurreta, Antonio Orrego Fuentes, Cándido Catalán Lasala, Claudio López Martínez, Federico Vila Bartrolí, Antonio Vilamassana Carulla, Felipe González de Heredia Barahona, Gabriel Barriopedro Tejedor, Jaime Mir Vime, Jesús Aníbal Gómez Gómez, José María Ruiz Cano, Melecio Pardo Llorente, Otilio del Amo Palomino, Primitivo Berrocoso Maillo, Sebastián Balcells Tonijuan, Tomás Cordero Cordero, Vicente Robles Gómez.

 

Carmelitas de la Antigua Observancia: Adalberto María Vicente Muñoz, Alberto María Marco Alemán, Ángel María Reguilón Lobato, Ángel María Sánchez Rodríguez, Antonio María Martín Povea, Aurelio María García Antón, Bartolomé Fanti María Andrés Vecilla, Carmelo María Moyano Linares, Daniel María García Antón, Eliseo María Camargo Montes, Eliseo María Durán Cintas, Francisco María Pérez Pérez, Jaime María Carretero Rojas, José María González Delgado, José María Mateos Carballido, José María Ruiz Cardeñosa, Pedro Velasco Narbona, Ramón María Pérez Sousa, Silvano María Villanueva González.

 

Hijos de la Sagrada Familia: Antonio Mascaró Colomina, Eduardo Cabanach Majem, Fermín Martorell Vies, Francisco Llach Candell, Jaime Llach Candell, Jaume Puig Mirosa, José Vila Barri, Juan Cuscó Oliver, Juan Franquesa Costa, Narciso Sitjà Basté, Pedro Roca Toscas, Pedro Ruiz Ortega, Pedro Sadurní Raventós, Pedro Verdaguer Saurina, Ramón Cabanach Majem, Ramón Llach Candell, Ramón Oromí Sullà, Roberto Montserrat Beliart, Segismundo Sagalés Vilà.

 

Mercedarios: Amancio Marín Mínguez, Antonio González Penín, Antonio Lahoz Gan, Enrique Morante Chic, Francisco Gargallo Gascón, Francisco Llagostera Bonet, Francisco Mitjá Mitjá, Jaime Codina Casellas, Jesús Massanet Flaquer, José Reñé Prenafeta, José Trallero Lou, Lorenzo Moreno Nicolás, Manuel Sancho Aguilar, Mariano Alcalá Pérez, Mariano Pina Turón, Pedro Esteban Hernández, Serapio Sanz Iranzo, Tomás Campo Marín, Tomás Carbonell Miquel.

 

Paúles: Amado García Sánchez, Andrés Avelino Gutiérrez Moral, Antonio Carmaniú y Mercader, Fortunato Velasco Tobar, Gregorio Cermeño Barceló, Ireneo Rodríguez González, Leoncio Pérez Nebreda, Luis Aguirre Bilbao, Narciso Pascual Pascual, Pelayo José Granado Prieto, Ricardo Atanes Castro, Salustiano González Crespo, Tomás Pallarés Ibáñez, Vicente Vilumbrales Fuente.

 

Carmelitas descalzos: Ángel de San José, Bartolomé de la Pasión, Carlos de Jesús María, Damián de la Santísima Trinidad, Elipio de Santa Teresa, Francisco de la Asunción, José Cecilio de Jesús María, Juan de Jesús, Pedro de San Elías, Silverio de San Luis Gonzaga, Vicente de la Cruz.

 

Mínimas: Asunción, De Santa Margarita de Alacoque de San Ramón, Enriqueta, Filomena de San Francisco de Paula, Josefa del Purísimo Corazón de María, María de Jesús, María de las Mercedes, María de Montserrat, Trinidad.

 

Redentoristas: Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren, José Javier Gorosterratzu Jaunarena, Julián Pozo y Ruiz de Samaniego, Miguel Goñi Áriz, Pedro Romero Espejo, Victoriano (Víctor) Calvo Lozano.

 

Trinitarios: Antonio de Jesús y María Salútregui, Buenaventura de Santa Catalina Gabika-, Esteban de San José Barrenechea Arriaga, Francisco de San Lorenzo Euba y Gorroño, Hermenegildo de la Asunción Iza y Aregita, Plácido de Jesús Camino Fernández.

 

Religiosos de los Sagrados Corazones: Eladio López Ramos, Gonzalo Barrón Nanclares, Isidro Íñiguez de Ciriano Abechuco, Mario Ros Ezcurra, Teófilo Fernández de Legaria Goñi.

 

Siervas de María: Agustina Peña Rodríguez, Aurelia Arambarri Fuente, Aurora López González, Daría Andiarena Sagaseta.

 

Hermanos Carmelitas de la enseñanza: Buenaventura Toldrá Rodón, Isidro Tarsá Guibets, Julio Alameda Camarero, Luis Domingo Oliva.

 

Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor: Gertrudis, Isabel, María Asumpta.

 

Dominicos: José María González Solís, Raimundo Joaquín Castaño González.

 

Franciscanos: Antonio Faúndez López, Buenaventura Muñoz Martínez.

 

Hijos de la Divina Providencia (orionistas): Antonio Isidoro Arrué Peiró, Ricardo Gil Barcelón.

 

Calasancias: Victoria Valverde González.

 

Jerónimos: Manuel de la Sagrada Familia.

 

Laicos: Dolores Broseta Boner, José Gorostazu Labayen, José Mª Povatos Ruiz, Julián Aguilar Martín, Lucrecia García Solanas, Ramón Emiliano Hortelano Gómez, Sebastián Llorens Telarroja.

 

Oh Dios, que enviaste a tu Hijo, para que muriendo y resucitando nos diese su Espíritu de amor.

 

Nuestros hermanos, mártires del siglo XX en España, mantuvieron su adhesión a Jesucristo de manera tan radical y plena que les permitiste derramar su sangre por Él.

 

Danos la gracia y la alegría de la conversión para asumir las exigencias de la fe; ayúdanos, por su intercesión, y por la de María, Reina de los mártires, a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y a promover una viva comunión entre los miembros de tu Iglesia en España; enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores, en la nueva evangelización haciendo de nuestras vidas testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.

 

Te lo pedimos por Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos amén.

La libertad que libera

Jueves de la 31a semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 15,1-10.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido».
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».
Y les dijo también: «Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido».
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte».

San Nersés Shnorhalí (1102-1173)
patriarca armenio

Jesús, Hijo Único del Padre
¡Señor, yo me alejé!
Me alejé, a ejemplo de la oveja,
De tu tropilla que pastaba,
Bajé el número de la centena
Que has dejado en el desierto de lo alto.

Has venido por amor, buscando a la única.
Una vez encontrada, la has llevado al cielo en hombros,
Has completado el número de la tropilla,
Para hacer la alegría de los Ángeles.

Me has llevado a mí también, Señor, con la multitud,
Me has lavado del barro y del fango del pecado,
En ellos de nuevo me revuelco,
Como alguien que está en la basura.

Lávame nuevamente por medio de las lágrimas,
Concede a mi alma impenitente
Un arroyo abundante y burbujeante,
Como manantial desbordante.

Y yo que me perdí voluntariamente,
Hazme retornar a tu voluntad divina.
La voluntad de mi libre arbitrio principesco
Apártala cuando ella no te obedece.