hqdefaultAhora, en el presente, es fácil o relativamente fácil, entender el mensaje de Jesús, ya que lo contemplamos desde la iluminación que recibieron los apóstoles y la iglesia a partir del Don del Espíritu Santo en Pentecostés y, del mismo modo, por la evolución cultural, aunque algunos quieran relativizarla, traída por la propagación del cristianismo en occidente durante siglos.

Otra cosa, bien distinta, es que estemos dispuesto a seguir ese mensaje; hay mucha gente que tiene fe, pero que viven como ateos. No lo tenían tan claro, por entonces, los coetáneos de Jesús y por eso terminó como terminó: Ellos esperaban un mesías Político que los sacase del dominio de los Romanos, y Jesús, en cambio, se pone a lavar los pies a los apóstoles, entre ellos al que lo iba a traicionar y entregar a la muerte; esperan al mesías que le solucionase los problemas materiales, mientras Él, en ocasiones, huía de la muchedumbre porque conocía sus intenciones (no habían entendido nada del cambio de vida que les proponía) por eso dice en San Juan.6,24-35 “me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre”. No era un revolucionarios al uso: pagaba sus impuestos; cumplía con los preceptos públicos y religiosos de su tiempo, siempre y cuando no hubiese una urgencia humanitaria más solida que la propia ley. Por otro lado, no emprendió una lucha de clases, ni de género, ni generacional, ni política, ni pedía juicios sumarios contra los pecadores públicos. El no tenia prejuicios contra nadie y a todos intentaba conquistar por el tesoro que escondían sus corazones detrás de las apariencia de poder, de riquezas o pecado de cada cual.  Jesús era un bendito loco, que no molestaba a nadie y que sin embargo puso a muchos en su contra; ya que al mirarle a Él, se veían a si mismos, como en un espejo, en su desnudez espiritual, en su maldad, en su pecado, en su doble vida. Ante Él, el auto-engaño se desvanecía como paja en lumbre. Aquellos hombres no estaban preparados para escuchar la Verdad, a ser consumidos por el fuego de la justicia, a ser devorados por la luz que iluminase sus penumbras interiores y su ceguera espiritual. Aquellos hombres como muchos de nuestros contemporáneos, no querían recibir a un loco que no molestaba a nadie, pero que les cegaba en la propia luz que emana de su cuerpo, de sus palabras y sus hechos. Un loco, que estaba a favor de las ovejas perdidas y descarriadas, de los pecadores; de los que no cuentan a causa de su físico, su posición social, su enfermedad, su edad, sus manos vacías; de los que no buscan honores, de los que siempre se cuestionan si están en el camino correcto, de los que no se imponen por la violencia, de los que no encuentran consuelo porque están aturdidos y aterrados por las injusticias que padecen o ven a su alderredor. Un bendito loco, que escandaliza, como en la lectura del evangelio de hoy: ya que da el mismo salario, al que entró a trabajar a las 8 de la mañana, como al que contrató a las 7 de la tarde, aunque trabajase solo una hora. Un bendito loco al cual no le importa, que hayas hecho de tu vida hasta ahora, donde la hayas malgastado; que estés tramado contra tu hermano, que abortos cometiste o cuales deseaste, no le importa en que pocilga te hayas revuelto. A Dios lo, único, que le importa es ese resquicio que queda en tu alma de su propia imagen, de su amor; para después darte, incluso, al atardecer de tu vida, el salario completo: la misma recompensa que gozan aquellos que en, muy, poco mancillaron su vida o su inocencia; la de los obedientes y las ovejas mansas. ¡Alégrate porque gozas, ya, si te decides a seguir AL LOCO, del salario completo, el salario de los hijos de Dios, el salario de la Vida Eterna y Verdadera, así en la tierra como en los Cielos. Dios te guarde y te bendiga y su Venerable Madre te cobije bajo su protección materna. ¡Que el enemigo no arrebate el salario de los hijos¡ No te dejes engañar por tu ego, los aplausos son espadas afiladas muy difíciles de esquivar. ¡Que dulce es la locura de Dios…! y que envenenada la cordura de hacerse querer por todos.

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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