Quiero traer a colación la memoria, de Don Manuel, en estos días próximos a la onomástica de su fallecimiento; qué, a su vez,  coincide con el hecho insólito que se produjo por estas fechas, también navideñas, en Fuente del Maestre, cuando una niña desahuciada por varios especialistas, por padecer una enfermedad irreversible, sanó, contra todo pronostico, saliendo del coma en el que se hallaba, mientras Don Manuel se encontraba, ese mismo día, rezando el rosario en casa de la madre.
¿Que puedo yo decir de Don Manuel que no conozca todo Fontanés desde el más joven hasta el más anciano? Más que su bondad de sobra conocida por todos, querría hacer hincapié en su constancia. No lo hizo doblegar la enfermedad amiga de su cuerpo hasta el último de sus días; ni el frío ni el calor (en verano, a más de 40º C, enfundado en su sotana), cuando iba a visitar a los enfermos a los que otorgaba consuelo espiritual, para hacer más llevadera su enfermedad y, después, para arrancarles una sonrisa. Tampoco el trabajo lo doblegó aun cuando estaba disponible las 24 horas del día para sus feligreses. Ni siquiera se vanaglorió en los tiempos que la Iglesia ocupó un puesto de relevancia en la vida civil, ni sucumbió a las críticas sobre su pesadez o a las humillaciones a que fue sometido por parte de dos personas, muy cercanas a él, en los últimos años de su vida; de lo cual, el mismo, me hizo confidencia. No sucumbió a la tentación del dinero o el lujo; si no qué, por el contrario, puso el suyo propio a disposición de los Fontaneses más necesitados. No se replegó a los dictámenes de los políticos con los cambios que trajo la democracia, antes bien, siempre mantuvo una misma línea de pensamiento; la que, según él, era acorde con el Evangelio y la Iglesia de la que fue fiel servidor, por cierto, no muy alejada de la visión que de ella tenia San Francisco de Asís. De esta manera, podría seguir dando pinceladas de don Manuel que antes de ser escuchado quiso oír; antes de ser servido, dar; antes de quejarse, entender el dolor ajeno; antes de juzgar perdonar y antes de separar y diferenciar a sus feligreses los reunió a todos en nombre de Jesucristo; para el que solo existe una clase, el género humano.
Desde su muerte, hace años ya, nunca falta una flor en el monumento que el pueblo erigió en su memoria. Por cierto, este no es un caso aislado, a poco más de 18 kilómetros tuvimos otro sacerdote ejemplar, Don Jesús Nuñez Mancera; además de otros muchos repartidos por la geografía española y mundial. No obstante, en los noticieros venden más los casos de pederastas, infiltrados en el seno de la iglesia, que no el de vidas ejemplares como la de don Manuel. También se echa de menos en los los medios de comunicación -será porque eso no induce al morbo- temas como la doctrina social de la iglesia, las misiones y la ingente cantidad de voluntarios, católicos, que trabajan día a día sin ninguna clase de interés o recompensa en Cáritas, impartiendo catequesis, visitando cárceles y enfermos o, bien, contribuyendo con su propio dinero, para sostener las misiones sin esperar a que sean los gobiernos, de países ricos, los que terminen con la desigualdades; puesto que el hambre, para ellos, no tiene espera.
Bien podrían tomar nota sindicatos y políticos, para hacer lo mismo y sumar voluntades en estos tiempos difíciles. Al final, si gana el pueblo ellos también ganarán y de esta forma podrán lavar la imagen tan denostada, qué, en los últimos años, ellos mismos se han labrado a base de corrupción, privilegios y acoso y derribo al contrincante político
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Autor: Pedro Chaves Rico.

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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