imagesEsta noche tuve un sueño con el que Dios parecía quererme comunicar algo y, de hecho, me comunicaba algo; porque a fin de cuentas, todo lo que acontece, es porque él lo permite y muy pocas o ninguna porque se decida a coartar nuestra libertad o a vengarse de  nuestros enemigos. El Padre que se nos muestra en el evangelio es aquél que permite a Judas, en el ejercicio de su libre voluntad, que traicione a su hijo. Del mismo modo que es el Padre Eterno, él que deja caer la lluvia sobre justos e injustos o brillar el sol sobre malos y buenos, como nos lo revela Jesucristo con su predicación en Mateo 5, 45. Así de consecuente es Dios con sus propias leyes: Él es, por antonomasia, el Dios de la PALABRA que cumple su PALABRA.
En el sueño aparecía, el que suscribe, duchándose para salir de casa a altas horas de la noche; cuando de repente hubo un apagón que dejó a  oscuras toda la estancia. Como pude, a tientas, terminé de ducharme y fui encontrando, poco a poco, la indumentaria para poder salir a la calle, aún, a pesar que ya me había percatado que el apagón era general y  la noche profunda y oscura: noche de luna nueva. Obstinado, no obstante, en mi idea de salir -para finiquitar unos asuntos pendientes y sin contar con luz en el móvil, al que se le había acabado la batería- no tardé mucho tiempo en atravesar el umbral de la puerta. Medio a tientas, flanquee algunas calles, con ayuda de algunas velas que desde los ventanales, parpadeaban cual antorchas; pero que se fueron difuminando a medida que los vecinos, poco a poco, se iban entregando al confort  de sus lechos. De esta guisa, casi sin darme cuenta -noche que era cerrada también en nubes- me quedé por completo a oscuras, desorientado y completamente perdido; aunque no, por ello, dejaba de andar; por momentos, hasta a gatas.
El sueño, como la mayoría de ellos, quedó inconcluso; aunque, pronto, pude encontrar su significado; que, por cierto, estaba relacionado con la charla que mantuvimos, por la tarde, un grupo de amigos, correligionarios, en un café.
Vienen días en la vida del cristiano oscuros, de apagón de todos los interruptores, donde te sientes un naufrago a la deriva que no avanzas; donde el mundo te ve un extraño, un paria; un rebelde sin causa, al que su propio Dios parece haber soltado de de la mano. No obstante -y ante la ceguera espiritual de no poder ver en esos momentos, el mucho amor que Dios tuvo para conmigo cuando era un muerto en vida consumido por el pecado- y a pesar de la seguridad que te brinda la casa del Padre, aún a oscuras, decides arrojarte a la calle buscando tu propia luz: una luz hecha de un Dios a tu medida, de la luz inconsistente y frágil, que desprenden velas efímeras, que no tardarán mucho en apagarse: las velas de los otros.
Eso era lo que me estaba diciendo el sueño: Dios y los acontecimientos, en ocasiones, nos ponen a prueba, porque necesitamos madurar y avanzar en nuestra fe. Pero como niños pataleamos, porque deseamos estar, continuamente, en los brazos que nos da la seguridad de nuestro padre o nuestra madre: no queremos estar solos en ningún momento; no queremos tropezar, por consiguiente, no podemos aprender a andar, madurar y ser responsables, de este modo, de nuestra propia historia.
Oración: Padre Celestial, haznos conscientes, por el poder de tu Santo Espíritu, de aceptar el fracaso y las contrariedades de la vida; danos templanza para no castigarnos, a nosotros mismos, aceptando luces de muerte: la lujuria, el placer, la compañía interesada y egoísta de los otros, la inhibición a la responsabilidad de tomar la rienda de nuestra vida y, especialmente, de los falsos maestros, que disfrazados de corderos mansos, nos prometen paraísos terrenales. ¡Bendito seas Padre Eterno, porque has estado y sigues estando -aunque en muchas ocasiones no te sienta cercano- grande y poderoso para conmigo¡ ¡Alabado seas mi Señor¡ ¡Hazme, Dios mio, por tu S. Espíritu humilde y confiado como la Virgen María¡

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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  1. pepa tov dice:

    Espero que el Espíritu Santo te acompañe siempre

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