8755539-un-monton-de-piedras-un-solo-corazon-posicionada-sobre-un-fondo-blanco1-300x199A causa de los medios de comunicación laicistas que contaminan y envenenan el alma del hombre, en unas ocasiones y, en otras, a causa de los ataques, directos, de los enemigos de la religión para imponer sus propios criterios –siempre fundamentados en su ínfima ciencia, en su filosofía, en su teología o en satisfacer sus apetitos carnales-; muchos de los miembros de la iglesia han sucumbido y han optado por los valores del mundo: unas veces por que ellos mismos están sometidos a la tiranía del pecado y, otras, a causa de una caridad mal entendida. Se juega a ser padrecitos, cuando en realidad la paternidad requiere: compasión y misericordia, sí; pero, también, autoridad y límites. A estas alturas deberíamos tener, todos, las ideas bastantes claras. Y para el que no las tenga, intentaré en la medida de lo posible clarificarlas:
A los laicos decirles que con Dios no se mercadea. No podemos comprar la voluntad de Dios, con velas al santo, con novenas, con el rezo de una estampilla, con una oración en cadena. Ni tan siquiera, podemos comprarlo rezando el rosario o yendo a misa una vez a la semana, si vivimos, luego, el resto de la misma con criterios no evangélicos, es decir, desentendiéndonos de las obligaciones para con la sociedad, para con los hermanos y, finalmente, escondiendo a Dios en la cartera hasta que pase el monaguillo el cepillo en la misa el día de guardar.
¿Qué buscas, hermano, cuando te acercas a la casa del Señor? Haz por una vez en tu vida un acto de sinceridad contigo mismo, tengamos el suficiente temor de Dios para hacerlo, no por su celo o ira, sino por su magnanimidad: ¿Te acercas a la Casa del Señor buscando amistades para mitigar tu soledad? ¿Te acercas a la casa del señor para adquirir conocimientos acerca de Dios y luego pavonearte de ello ante los demás, engordando tu ego? ¿Te acercas a la casa del Señor en busca del amuleto que te salve de todos tus males? ¿Te acercas a la casa del señor para alcanzar reconocimiento social? ¿Te diriges a la casa del señor para ocultar tu doble moral o, tal vez, para servirte de su buena imagen? ¿No será por este cura, en concreto, al que idolatras, por lo que te mantienes en la casa de Dios? ¿O te diriges, finalmente, a la Casa del Señor, para conocer la voluntad de Dios y con humildad, tal y como hizo María, decirle: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Es decir, hágase en mí conforme a tu deseo, tu voluntad, tu pensamiento, tu conocimiento; no en una actitud de escucha pasiva, sino de obediencia que me lleva a la acción.
Hermano Dios es un dios “celoso”, que no admite competidores Dice la Biblia; como, también, nos dice que no admite medias tintas: “porque no eres ni frío ni caliente te vomito”. Ni tan siquiera, Dios, da respuestas siempre a los que siguen su voluntad; porque bien dice la Palabra que “sus caminos no son nuestros caminos y sus pensamientos, igualmente, tampoco coinciden con los nuestros”. Por tanto Dios nos hablará, de una forma u otra, cuando estemos lo suficientemente preparados para poder dar credibilidad a lo que nos esté diciendo; y nos ayudará, igualmente, en la medida de nuestra fe. Pero, del mismo modo, bajo su criterio que puede no coincidir con el nuestro. Queridos hermanos, en resumen, a Dios no se le compra. Ha sido Él, por el contrario, el que nos ha comprado a precio de sangre para que podamos ser otro Cristo, no como Él, sino en Él.
Hermanos, que no seamos como el pueblo de Israelita, que anduvo cuarenta años, perdido, dando vueltas por el desierto sin encontrar la tierra prometida a la que, muchos, ni siquiera pudieron entrar porque dudaron de la palabra de Dios. No seamos como ese pueblo que tenía a Dios de su parte pero al que no pudieron conocer debido a que confiaron más en su propia fuerza y sabiduría; cuando no, en otros ídolos hechos del mismo barro que ellos. Y aunque hayas buscado a Dios de forma interesada, no importa, hasta de eso se vale Dios, para darse a conocer, lo importante es que salgas de ti mismo, para dejarte transformar por su Palabra, por la buena nueva del evangelio.
A los pastores, lo que ya decía anteriormente: dejad de ser padrecitos para ser pastores, la gente no es tonta y sabe lo que va buscando, y no siempre se acercan a la iglesia, como dije anteriormente, para buscar a Dios, porque si así fuese, los que estamos dentro de ella, ya, habríamos puesto el mundo del revés, como lo hicieron los doce apóstoles en su día, puesto que el Espíritu Santo es el mismo entonces que ahora ¿o piensan que ya no es el mismo? Tenemos, hermanos, obligación de acoger a todo el mundo en la Iglesia, pero no tenemos necesidad de llenar las iglesias, a cualquier precio, para satisfacer los egos de cada cual (entre otros, el reconocimiento público de sus errores o elección de vida personal) a costa de menoscabar la Palabra de Dios y la unidad de la Iglesia, “representante de Cristo en la tierra” ¿o lo dudan?
De siempre, por otra parte, ha habido en los templos personas -incluso de misa diaria- que no han tomado la comunión y nadie las ha señalado o las ha discriminado por eso. No es necesario llenar las iglesias a cualquier costo, para echar el sermón, quedar muy mono, porque me ha escuchado mucha gente, y si te vi no me acuerdo, hasta la semana que viene. Querido pastor, querido hermano, enséñennos, más bien, que la salvación consiste en la comunión de espíritu, es decir, en hacerse uno con Cristo en pensar, en sentir y en obrar. Y, entonces, Dios mismo morará en nosotros:
1 Corintios 3, 16 ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois”. Parece que en Europa se ha dejado de pecar: a pocos sacerdotes se les ve en el confesionario y no pocas personas se acercan, en cambio, a comulgar. Yo me pregunto ¿no estarán o estaremos comiendo nuestra propia condenación como se nos dice en 1 Corintios 11:27-29? No mis queridos pastores, no os dejéis engañar por vuestros conocimientos filosóficos y teológicos, vosotros deberíais saber mejor que nadie que esto, de la salvación y de la gracia, no va de conceptos y palabras, sino de corazón, de entrega y de echar horas ante el sagrario. Conceptos y palabras, por otra parte, por las que se nos cuelan los demonios ¿o es que se exterminaron todos los que existían, cuando Jesucristo los precipitó por un acantilado dentro de una manada de cerdos? Palabras, por otro lado, con las que justifican que unidad y uniformidad no es lo mismo ¡pues claro que no es lo mismo! no todos son consagrados, no todos sanan, no todos profetizan, no todos hablan en lenguas. Pero sí que la Palabra de Dios -¿o dudan que sea palabra de Dios?- nos insta a la unidad de pensamiento y no a la diversidad o “des-uniformidad” ¿o no fue este acaso el motivo, el de guardar y preservar la unidad, por el que nacieron los concilios y el magisterio de la iglesia?
Sí, si veo muy bien que se recoja el pensar del pueblo, y se exponga allí donde proceda ¿o se han olvidado, ya, que la iglesia es jerárquica y no un patio de recreo? ¿No sabíais todas estas cosas al poco de entrar en el seminario? ¿O es que, acaso, no fuisteis libres a la hora de profesar los votos?: “Ustedes deben considerar ansiosamente una y otra vez qué clase de carga es esta que están tomando sobre ustedes por su propia voluntad. Hasta aquí ustedes son libres. Aún pueden, si lo desean, regresar a las metas y deseos del mundo”.
¿Qué es eso, entonces, de opinar en público o en privado? No en boca de pocos, de ustedes, consagrados, he oído estas palabras: “la iglesia dice, pero yo opino”. Te guste o no, tú no puedes opinar por tu cuenta, hiciste un voto de obediencia, y tu sitio para dar tu opinión es el obispado o en los cauces que la misma iglesia tiene al uso para ello.
Otra cosa bien distinta es que el pastor en su oficio de guía espiritual y bajo la dirección de las Escrituras y la iluminación de la Iglesia y a través de la obra del Espíritu Santo en su misma persona, ante un caso particular de una persona concreta, intente gradualmente -sin que la letra mate al espíritu y la vida que hay en ella- mostrar la Verdad Evangélica a la persona, una Verdad que no es relativa, porque entonces dejaría de ser Verdad; Mateo 24, 35: “Cielo y tierra pasará más mi palabra no pasara”.
¿Qué es fuerte lo que digo? Más fuerte eran las palabras de Jesús a sus contemporáneos cuando los tildaba de sepulcros blanqueados o cuando le dijo a su discípulo Pedro: “Apártate de mí satanás”. Siendo qué, Pedro, buscaba, aunque fuese con criterios del mundo, el bien de Jesús, al que sin duda alguna amaba.
Seguro que pensareis que yo no soy Jesús para hablar de este modo. Y así es, pero como ocultar esto que corroe mis entrañas, esto que siento necesidad de decir porque es una verdad que no es mía; una verdad que yo mismo aprendí de ustedes, pastores, en mi casa que es la vuestra, la Iglesia.
Por cierto, no hace mucho escuché una premonición -no digo profecía porque esto más bien corresponde a la iglesia dilucidarlo- en la que se decía, que los protestantes terminarían adoptando los criterios católicos y los católicos los protestantes. Por lo que he ido observando y escuchando en algunos sacerdotes católicos de un tiempo a esta parte; esto es ya, en el presente, una realidad en su pensamiento. El relativismo en el que nada el mundo, parece que también ha tomado asiento en, no pocos, miembros de la Iglesia.
Después de esta disertación, hermanos, no me cabe otra cosa que decirles, y lo digo con el corazón por delante, que me considero el más pecador de entre todos los que puedan leer este artículo; pero por esto mismo, le pido al Señor, que, por más grave que sea mi pecado, me dé la valentía suficiente de reconocerlo ante Él y no justificarme arrastrando a otros tras de mí. Porque, solamente, el que reconoce su enfermedad puede curarse; solo el que reconoce su pecado y no justifica su delito puede alcanzar el perdón y la misericordia de Dios; solo el que reconoce, finalmente, que nada es y nada puede sin la Gracia del Espíritu Santo, puede comenzar una vida nueva en Él.

Filipenses 2, 1-21
1. Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión,
2. les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón un mismo pensamiento.
No hagan nada por rivalidad o vanagloria, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos.
4. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás.
5. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
6. Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente:
7. al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
9. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,
10. para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos,
11. y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor».
12. Por eso, queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido: trabajen por su salvación con temor y temblor, no solamente cuando estoy entre ustedes, sino mucho más ahora que estoy ausente.
13. Porque Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor.
14. Procedan en todo sin murmuraciones ni discusiones
15. así serán irreprochables y puros, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación extraviada y pervertida, dentro de la cual ustedes brillan como haces de luz en el mundo,
16. mostrándole la Palabra de Vida. De esa manera, el Día de Cristo yo podré gloriarme de no haber trabajado ni sufrido en vano.
17. Y aunque mi sangre debiera derramarse como libación sobre el sacrificio y la ofrenda sagrada, que es la fe de ustedes, yo me siento dichoso y comparto su alegría.
18. También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo.
19. Espero, con la ayuda del Señor Jesús, enviarles muy pronto a Timoteo para tener noticias de ustedes y experimentar yo mismo un alivio.
20. Porque no encuentro a otro, que tome tan a pecho como él los asuntos de ustedes.
21. Todos los demás buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús.

 

Acerca de renaceralaluz

Decidí, hace mucho tiempo, vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos; es decir, intentar, en todo momento, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a la donación y, también, al amor para con los enemigos.

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