La lectura de hoy parece contradecir el carácter de Jesús siempre compasivo, atento y amable a los reclamos de las personas más vulnerables tanto en sus necesidades físicas como en las heridas psicoafectivas que la vida de pecado ha dejado en sus corazones. En el caso que nos ocupa hoy sucede lo contrario, es como si Jesús quisiera desentenderse de aquella mujer que no forma parte del pueblo destinado en un primer momento (el pueblo judío) a conocer la intimidad de Dios y los designios para entrar a gozar de su Reino. Pero si observamos atentamente a la lectura de hoy y a la vida de Jesús, nos daremos cuenta de que no es así, en primer lugar, este modo de actuar de Jesús sugiere, que lo que deseaba transmitir al resto de los allí presentes es que siendo ellos los llamados en primer lugar a conocer las buenas noticias que el traía para salvar sus vidas, no debían desaprovechar esa oportunidad ahora que el mismo Dios estaba presente ante sus ojos, era por tanto el momento idóneo, como reza el proverbio, de subirse al carro. Y, en segundo término, no era desprecio hacia la mujer, porque esta no era indiferente para Jesús, si lo hubiese sido, hubiera pasado de largo sin más, sin haber entablado una conversación con esta, como hacia con todos aquellos que le salían al paso, pobres, ricos, leprosos, posesos, ladrones, mujeres de mala vida, y un largo etc. El modo de actuar de Jesús no es el de dejarse llevar por los prejuicios, como en nuestra época, que tenemos muy bien interiorizado aquello de que al enemigo ni agua, y de este modo en lugar de conocer la interioridad y las razones de los otros, de los que piensan diferentes a mí, pasamos de largo de ellos, cuando no los criticamos duramente y levantamos un muro infranqueable, donde deberíamos haber tendido un puente, para desactivar todas las guerras.

De este modo Jesús entabla una conversación con una mujer que para los de su mismo pueblo es considerada -por su paganismo y etnia- como un perrito, inmerecedora de cualquier favor. Pero, es más, con esta oportunidad que Jesús le ofrece de alegar en su favor, para escudriñar su corazón y lo que le aflige, esta mujer, mostrando una fe y humildad inconmensurable obra el milagro que anhelaba por manos de Jesús, y de este modo adelanta y se coloca por encima de los allí presentes y de los destinados a conocer, en primer lugar, las primicias del Reino de Dios que Jesús vino atraerles.

Así pues, este Evangelio nos deja la enseñanza de aquello que mueve el corazón de Dios, por encima de todo: no es la pertenencia a un pueblo, a una clase, a una religión, a una práctica, etc., lo que lo activa es la fe y la humildad de todas las personas que temen a Dios y se reconocen nada ante su poder, señorío, majestad, gloria e infinita misericordia. Bien claro de que esto es así, lo vemos en otro pasaje bíblico (Marcos 6, 1-6)  Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Él se asombraba de su falta de fe.

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quire decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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