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Hoy celebramos la festividad del Apóstol San Juan Evangelista, al que la tradición de la Iglesia ha atribuido comúnmente el Evangelio Según San Juan, tres Epístolas canónicas y el Apocalipsis. Él fue uno de los primeros discípulos en seguir a Jesús, testigo de la transfiguración, de la pasión del Señor y de su resurrección, el discípulo al que Jesús amaba con especial predilección, y seguramente que por esto mismo Jesús le entrega a María para que la reciba como madre suya.
El Evangelio de hoy nos muestra, con detalle, los primeros acontecimientos que sucedieron posteriormente al enterramiento de Jesús. Como encontraron el sepulcro vacío, con las vendas y el sudario que cubrieron al Señor en ausencia de su cadáver. Lo cual, fue suficiente, según nos relata el mismo Evangelio, para que Juan, viendo lo que se le presentaba ante sus ojos creyese, y esto aún antes que el mismo Jesús se le presentará en persona, ya resucitado, junto al resto de Discípulos días después.

El Evangelista con esto nos está dando una señal: que el acontecimiento más grande vivido hasta entonces como discípulo de Jesús, no fueron todos los hechos extraordinarios y sobrenaturales que contempló de mano de su maestro, sino este momento histórico, en el que se le abren los ojos del alma y el entendimiento, por el cual comprende que todo lo sucedido hasta ese momento, no fue una historia de fracaso, se podría decir que casi un espejismo. Es ahora cuando, realmente, esos ojos que habían estado cerrados para entender durante tanto tiempo el alcance de las palabras y los hechos de Jesús, comienzan a tener sentido. Y esto es así, porque solamente la resurrección puede dar sentido al presente: la resurrección es la esperanza que le va a mover a Juan, así como a nosotros, en el presente, de que nuestro Señor, nuestro maestro, a diferencia de otros muchos guías espirituales, no está en un sepulcro, es un Dios vivo, que nos va a seguir acompañando en esta vida y que, finalmente, nos va ha llevar -por el cumplimiento de sus mismas palabras- a gozar en la Eternidad de su presencia, y no sólo eso, sino que casi de sus mismas prerrogativas, al habernos hechos hijos adoptivos del Padre, mediante el perdón de nuestros pecados, que él mismo canceló en la cruz, al ofrecerse como víctima propiciatoria al Padre.

Hoy podemos proclamar Junto a Juan, a voz en grito y con suma alegría ante los hombres, ¡Jesús ha resucitado! ¡Bendito y alabado el que viene en el Nombre del Señor a dar sentido a mi existencia! ¡Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!
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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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