Hoy el Señor mediante una parábola, como en otras ocasiones, nos invita a la humildad, a reconocer nuestras debilidades y nuestros pecados ante él, ya que como nos dice en otra parte del Evangelio, Jesús ha venido a rescatar a los enfermos, es decir a los pecadores, o a aquellos que desde la sinceridad de su corazón, son capaces de mirarse en el espejo de su conciencia y reconocer lo que hay en ella de oscuridad y de muerte: de pecado.
Sólo así desde la sinceridad con Dios -que lo penetra y conoce todo de mí, incluso mejor que yo mismo- es la única manera de que Jesús pueda actuar en mí interior y cambiar mi dolor y mi oscuridad en alegría y en vida. Por eso,  como decía ayer Santa Catalina, que Dios respeta nuestra libertad, si yo no reconozco que mi alma necesita ser sanada ante Él; es decir, que me asaltan los malos pensamientos, que los juicios y los prejuicios hacia los demás me acompañan, que la crítica tampoco me falta, que la mirada se me va donde no debe, que predico paz, tolerancia, unidad, anticlericalismo y mis acciones son todo lo contrario …Si no reconozco, como decía, que estoy enfermo, no iré al médico del alma, a Dios, el cual no me va a inyectar su medicina -su Santo Espíritu- para devolverme a la verdadera vida: al gozo y a la luz de los que han lavado sus manchas en la sangre del Cordero humilde y humillado Jesucristo.

*Oración:* Señor que yo como el publicano del Evangelio, en lugar de compararme con los otros,  tratando de minimizar o esconder mis faltas, que desee con toda la fuerza y entrega de mi corazón en un acto de sinceridad y necesidad, mostrarte las mías para que tú me ayudes a cambiar. Reconozco Padre, ante tú divina misericordia que no soy mejor que los demás: tal vez no tenga sus mismos pecados, pero tengo los míos y cualquier pecado a tu vista es un rechazo para que la gracia del Espíritu Santo habite en  mí y pueda dar frutos para de amor, paz y justicia para tu Reino, y para que yo, a mi vez, pueda disfrutar de esa paz que sólo tú dejas.
Sí, mí Señor, confieso en tu divina presencia que necesito parar el carro de mi actividad, explorar mi alma, como el enfermo hace con su cuerpo y después de ver cuáles y donde están mis defectos y debilidades,  presentártelos para decirte humildemente, de corazón a corazón, que dejo atrás mi pecado y así tú puedas sanar mi alma, que solo deseo seguir humildemente tus mismas pisadas para amarte, dejarme amar por tí, y que pongas tu corazón en el mío, para amar al prójimo como tú me amás.
https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-03-26

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Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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