«Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».

Estas son las palabras de admiración que pronuncian los discípulos de Emaús ante los discípulos cuando se vuelven a Jerusalén para comunicarles que también a ellos se les ha aparecido Jesús.
Es curioso que estos dos discípulos derrotados y apenados por el asesinato de su líder, de Jesús, no lo reconociesen mientras se volvían a su casa de camino a la aldea de Emaús. Es después una vez que han llegado a casa, cuando una oración y un gesto de Jesús aparentemente intrascendente los despierta de su ensimismamiento y frustración.

Es cierto que Jesús ha resucitado y a subido al Padre tal y como él anuncio a los apóstoles y como ellos mismos pudieron comprobar en su ascensión al cielo días después. Pero al margen de este anuncio de Jesús, que regresaba al Padre, hizo algunos más, entre otros, el de que se quedaba, aunque parezca contradictorio, al mismo tiempo entre los hombres en uno de los alimentos más humildes y a la vez más consumido por el hombre; a saber, en él pan.
Gran misterio este, el de la eucaristía, donde Jesús a querido quedarse ¡De que manera no pronunciaría la bendición Jesús al Padre por este alimento y de que modo no lo repartiría! que no fue hasta ese instante cuando los Discípulos de Emaús, finamente, se despiertan de su letargo y reconocen que estaban ante la presencia del hijo de Dios, del mismo Jesús resucitado.

Jesús se ha ido pero al mismo tiempo se ha quedado con nosotros, y si realmente queremos ver su acción en nuestras vidas; si queremos salir de nuestras derrotas, de nuestros imposibles, de nuestra servidumbre al mal, como los discípulos de Emaús, tenemos que acercarnos más amenudo a la eucaristía, a adorarlo en la hostia consagrada y comer su cuerpo. Hay un dato curioso entre los cristianos de todo el mundo que solo tiene lugar entre los católicos y no es debido a otra cosa que a la eucaristía y es la «cristificación» del mismo cuerpo humano por medio de ella. Es así que después de la muerte algunos santos; es decir su cuerpo, permanece incorrupto total o parcialmente.

Jesús es nuestro alimento de vida y el cristiano que se acerca a diario a la eucaristía y se alimenta del cuerpo de Cristo ve, en propia persona, como esta lo fortalece ante las tentaciones; como su vida se va transformando poco a poco; como los imposibles se vuelven alcanzables y como, por el contrario, también, está más expuesto a sucumbir a las tentaciones y al derrotismo cuando deja de alimentarse de Cristo, Vivo en la eucaristía, más de tres días seguidos.

Oración: Señor dame la fe necesaria para descubrirte en la eucaristía y acercarme a ella con toda reverencia, contrición y habiendo perdonado a todos mis enemigos, para que tú cuerpo realice en mí lo que tú, que no mientes, has afirmado. Y lo que tú has afirmado mi querido Jesús en (Juan 6, 53-54) es lo siguiente: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida».

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-04-20

Acerca de renaceralaluz

Decidí hace ya mucho tiempo vivir una vida coherente en razón de mis principios cristianos, lo que quiere decir que intento, en la medida que alcanzan mis fuerzas, llevar a la vida lo que el corazón me muestra como cierto: al Dios encarnado en Jesucristo con sus palabras, sus hechos y su invitación a salir de mi mismo para donarme sin medida. Adagio: El puente más difícil de cruzar es el puente que separa las palabras de los actos. Correo electrónico: 21aladinoalad@gmail.com

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