No me mueve, mi Dios, para quererte…

«Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido»

Con estas palabras entresacadas del Evangelio de hoy Jesús nos está dando a entender hasta que punto el hombre ha llegado a alejarse de Dios y a ensoberbecerse, que ni siquiera hablándole en un lenguaje cuasi infantil, en parábolas, pueden entender un mensaje destinado a su propia salvación. De tal manera que ante la luz del mundo están ciegos y no ven y ante la Palabra de Vida prefieren la muerte con tal de no doblar sus rodillas.

Aquí cabría muy bien como contrapartida a este hombre insensible cerrado a ver y oír, el soneto anónimo de «No me mueve, mi Dios, para quererte» cuyo autor abre los ojos del corazón para ver sin necesidad de recibir, y es que sin fe, es imposible agradar a Dios. Fe y amor pesan lo mismo en la balanza de Dios, pero también en la balanza del hombre que desea que los demás crean en él sin necesidad de tener que demostrar nada, porque si hay necesidad de demostrar continuamente algo es que lo que prima en la relación es el interés y no el amor. De tal modo que se puede afirmar que no hay nada en el plano humano (Dios nos hizo a su imagen y semejanza) que gratifique más a un padre que sus hijos confíen en él, lo mismo pasa con el hijo de recta intención, no hay nada más satisfactorio para él que sus padres depositen en él su confianza.

No puede haber salvación sin amor, sin fe, porque de lo contrario nuestra libertad, condición inherente al ser humano, estaría vendida a los resultados y Dios nos manejaría -por lo ya comentado- a golpe de golosina como se maneja a un perro, que viéndola en mano de su dueño, mueve la cola, se acerca y obedece.

Oración: Soneto anónimo

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-21

Oír no es sinónimo de recibir.

¡El que tenga oídos que oiga!

Así concluye hoy el evangelio sobre la parábola del sembrador, Dios es el sembrador que con su palabra esparce la semilla sobre la tierra que somos nosotros, pero dependiendo en que clase de tierra caiga su palabra, ésta dará fruto o no en el hombre.
En ocasiones la Semilla de la Palabra cae sobre piedra, estos son los que reciben la palabra con agrado pero no echa raíces en ellos por muy diferentes motivos, entre otros, porque se le presenta poca atención, no hay un convencimiento pleno de que la verdadera vida del hombre se sustenta en la Palabra de Dios y en ponerla en práctica, y es así como, finalmente, presta más atención a las tareas de este mundo pensando que todo depende de él.

Los que la siembra cae al borde del camino, en el tiempo actual, se les podría comparar con los inconstantes, con los que quieren estar en todos lados a la vez (se pierden en las redes sociales o en otras distracciones en su afán de novedad) terrenos muy abonados del enemigo que se envuelve bajo la apariencia de bien para arrebatarles la semilla, de tal modo que no puedan dar los frutos del Reino de Dios. Otros que igualmente encajarían dentro de este grupo son aquellos a los que la Palabra les resbala, pasan de seguido de una lectura a otra, como si de un cuento se tratara, y a lo sumo aplican la misma a los demás, y de este modo dicen: ¡Esto le vendría de maravilla a fulanito de tal!

Están de otro lado aquellos en los que la simiente cae entre espina; es decir un ambiente contrario que ahogaría la Palabra en ellos como pueden ser diferentes ideologías donde Dios es el mismo hombre y la religión, por tanto, como mucho, debe estar subordinada a sus teorías, e incluso a su provecho.

Espinas para la Palabra también son los ambientes desfavorable donde uno está insertado en la sociedad, en ocasiones desde la más tierna infancia, ahí entraría la cultura individualista, relativista, materialista, hedonistas y atea de este tiempo, la cual nos va adoctrinando desde todos los medios de comunicación y a todas las horas del día sin que nos demos cuenta. También un ambiente familiar desfavorable, amistades mundanas e incluso un mal ejemplo de personas que se dicen creyentes y de consagrados. Todo esto influye aunque no sea definitivo, ya que por un lado Dios nos hizo libres para elegir y por otro la Palabra va destinada a cada persona en particular, por tanto nuestra salvación no depende de lo que hagan los demás.

Finalmente está la simiente que cae en buena tierra, aquellos que en un momento dado se encuentran con esta palabra de Vida y Esperanza, la escuchan para acogerla receptivamente (sin prejuicios), la meditan detenidamente en su corazón y la ponen seguidamente por obra. Estos últimos son los que dan abundante frutos según la capacidad de cada uno.

Reflexión:
Hoy Jesús me invita a preguntarme, con esta parábola, en que grupo de los mencionados estoy yo y que debo hacer para dar más fruto.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-20

¿Quién es mi madre, mi padre y mi hermano?

«Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».
Con estas palabras Jesús en presencia de su Madre -que por cierto fue entre todos los humanos la que mejor cumplió con la voluntad del Padre- nos está indicado que los vínculos de la fe están por encima de los de la carne. Los vínculos de la carne, como sabemos también por las escrituras no van más allá de esta vida mortal, pues lo que realmente nos mantendrá unidos allí será un amor puro, desinteresado, en una visión de Dios que no nos hará anhelar otra cosa que gozar de su presencia y de ésta perfecta unidad entre Dios y todas las demás criaturas por él redimidas a causa de su obediencia aquí en este mundo. Pero las aspiraciones del cielo no están desconectadas de las aspiraciones de la tierra, porque Jesús, aparte de redimirnos del pecado para poder justificarnos ante el Padre y ante él mismo, vino a establecer su Reino (reino intemporal) ya aquí y ahora entre los hombres que habitamos la tierra (reino de paz, amor y justicia). Por eso Jesús hoy nos recuerda que su madre y sus hermanos son todos aquellos que cumplen con la voluntad del Padre, así como nosotros y por lo mismo, hemos de tener, también, como hermanos (no solo de palabras) a todos aquellos que cada día se levantan con el deseo de hacer realidad en su vida la voluntad del Padre, la que nos dió a conocer su hijo Jesús mientras estuvo con nosotros. Así, pues, no dejemos de cultivar este vínculo fraterno entre los que profesamos el mismo credo, porque todos, gracias a Jesús, hemos sido hecho hijos en un sólo Dios, en el cual no hay división y que, como Padre, también desea que todos permanezcamos unidos, al igual que lo están las tres personas de la Santísima Trinidad, Padre hijo y espíritu Santo. Se podría decir que la única y principal preocupación que muestra Jesús a lo largo de todo el evangelio, a parte de que renunciemos a las obras de Satanás (al pecado), es que en todo momento vivamos la unidad, la paz y la caridad verdadera, no dejando ningún hueco en nuestro corazón para la enemistad con el hermano.

Oración en la mañana (P. Ignacio Larranaga) Señor, en el silencio de este día que nace,
vengo a pedirte paz,
sabiduría y fuerza.
Hoy quiero mirar el mundo
con ojos llenos de amor;
ser paciente, comprensivo,
humilde, suave y bueno.
Ver detrás de las apariencias a tus hijos,
como los ves Tú mismo,
para, así, poder apreciar
la bondad de cada uno.
Cierra mis oídos a toda murmuración,
guarda mi lengua de toda maledicencia,
que solo los pensamientos que bendigan
permanezcan en mí.

Quiero ser tan bien intencionado y justo
que todos los que se acerquen a mí,
sientan tu presencia.
Revísteme de tu bondad, Señor,
y haz que durante este día,
yo te refleje.
Amén. https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-19

Aquí hay uno que es más que Jonás.

Los tiempos no han cambiado, porque el corazón del hombre tampoco cambia y su debilidad y su falta de compromiso con el evangelio le conduce una y otra vez al pecado cuando no al vicio y a la perversión. Luego, cuando la cosa se le tuerce o alguien le predica buscan un signo, como piden a Jesús los fariseos en el Evangelio de hoy, sin darse cuenta que la señal de Dios entre ellos era el mismo Jesús en persona. Hoy Jesús, sigue igualmente vivo entre nosotros, la señal más importante es su Iglesia pese a sus defectos (también hubo un Judas entre los apóstoles), más de 2000 años sin que nadie la haya podido destruir, y acogiendo y atendiendo en todos esos años a los más débiles (niños de la calle, centros de rehabilitación de todo tipo, vida comunitaria, sacramentos, centenares de ateos convertidos cada año, y un largo etc, que no sale a la luz porque los medios sólo buscan el morbo u otros intereses aún más oscuros). No sólo tenemos un signo entre nosotros, como en otras épocas, sino que la degradación del hombre y su ambición ha llegado tan lejos como en las ciudades de Ninive y Sodoma. De esta manera, hoy pende de la humanidad o una buena parte de ella, como ya dimos a entender ayer una gran desgracia, la posibilidad de un conflicto bélico que se puede extender por toda Europa, antesala de una tercera guerra mundial. Aunque alguno pueda pensar que soy alarmista, no es así, porque como también acabo de decir, el corazón del hombre no ha cambiado, y en lugar de seguir el ejemplo de Ninive, nos adentramos cada vez más en el pecado como Sodoma, buscando siempre un chivo expiatorio para no dar nuestro brazo a torcer y aceptar que la solución es la conversión y Jesús como la cabeza del cuerpo de la Iglesia. ¿Hasta cuando, pues, seguiremos buscando culpables para no cambiar y entregarle el corazón a Cristo? ¿Será necesario que sigamos propiciando, con nuestra desobediencia y ambiciones desmedidas más catástrofes a la humanidad?
Pues sí, nos hemos vuelto fríos como esos ídolos de madera, barro y bronce que tienen ojos y no ven, y oído y no oyen. ¿Hasta cuando…? No esperes a que sea demasiado tarde para tí y los tuyos.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-18

Feliz comienzo de semana, Paz y Bien

No discutirá ni gritará…

«No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante». Con estas palabras del Evangelio de hoy, se pone de manifiesto la delicadeza de Jesús: no quebrará lo que ya fue torcido por el pecado personal o por el pecado y la ignominia de otros sobre el débil, sino que, muy por el contrario, el Señor lo restaurará para mayor Gloria de su Nombre y asombro de incrédulos. «No apagará, de igual modo, la mecha humeante» la cual fue sofocada cuando aún daba luz, por los vientos de la cultura actual dominante, enemiga de Dios y del hombre, sino que Él mismo se encargará de prenderla de nuevo para que brille con más luz en ella la sabiduría y el poder de Dios, de tal modo que por esa luz quede al descubierto el engaño del enemigo que busca con denuedo que nos mantengamos esclavos de las pasiones, por un lado y por otro, que estemos divididos y en guerra permanente, especialmente la familia a causa del feminismo militante, la lucha generacional y la ideología de género.
«No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas». De esta manera, serán sus obras y su amor, los que irán por delante de Jesús tronando su majestad; que es la misma gloria del Padre. Así, sin aspavientos, sin alardes, sin atemorizar con gritos, irá preparando los caminos y senderos para que otros, en su Nombre, sean testigos fieles por todo el universo de que el hijo de Dios pasó por este mundo haciendo el bien, sanando a todos y dando su vida, para rescatar y salvar a aquellos que en Él crean para Vida Eterna.
Este es Jesús, el cordero de Dios, humilde, manso y compasivo que conducirá finalmente a las naciones a su justicia y será así como la esperanza se instalará de nuevo en los corazones.
No sabemos cómo lo hará Lo que si sabemos algunos es que el hombre solo endereza el camino cuando está con la soga al cuello. Mientras tanto, hoy por hoy, sigue sin querer reconocer que la mayoría de sus males son consecuencia de su desobediencia a Dios, de su pecado, y de su orgullo que siempre encuentra un chivo expiatorio para explicar sus desgracias. https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-16

No condenar al inocente.

Evangelio según San Mateo 12,1-8.

Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.
Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado».
Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?
¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?
Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.
Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.
Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado».

Comentario: En algunas ocasiones ponemos la ley o el sacrificio por delante de la compasión y la misericordia, y no es que los dos primeros sean necesariamente malos, pues con ellos también podemos agradar a Dios, interceder por los hermanos, reparar el daño causado por nuestro pecado e incluso como dijo Jesús expulsar una especie de Demonio, que solo sale con ayuno y oración. Dicho lo anterior, el sacrificio y la ley muchas veces tan solo sirven como pretexto para lavar nuestras conciencias, comprar el beneplácito de Dios, e incluso para buscar la estima de los otros presentándonos intachables ante ellos, y todo esto a costa, tal vez, de pasar por alto, otros mandamientos igualmente importantes para nuestra salvación, o como nos advierte hoy la escritura la misericordia necesaria para con el prójimo. No siempre es fácil guardar el equilibrio necesario entre precepto y misericordia, con tal de no hundir en la miseria al hermano, ya que no todo el mundo posee el mismo grado de sensibilidad. Jesús en esto nos da grandes lecciones, ya que sin ocultar el precepto (en él no se encontró mácula alguna, entre otra la mentira) sin embargo sabía cómo tocar el corazón del pecador para que no quedará herido de muerte viendo el estado de su alma. Es el mismo equilibrio que San Francisco se cuidó de llevar acabó teniendo en cuánta a su maestro, a Jesús, cuando decía que había que corregir a los hermanos de tal manera, que al final de dicha corrección se sintiese mejor que antes de la misma. Y que, por otro lado, si persistía en el error, nunca había que dejar de amarlo por ello. Una de la mayores maneras de ejercer la misericordia, es la de no cacarear los defectos de los demás poniendo un candado a la puerta de nuestra boca, para luego corregirlo tú a solas, y en privado, buscando la manera, como ya dijimos anteriormente, de que se sienta mucho más reforzado y amado por Dios después de esta, que antes de la misma. Caso de persistir en el error, no nos quedaría otro procedimiento, que el que se nos aconseja en la Escritura, en (Mt 18, 15).
Después de lo dicho, y
en caso de duda, siempre orar y pedir ayuda al Espíritu Santo, para saber guardar el equilibrio necesario, teniendo en cuenta que la verdad sin misericordia, no convence y que la misericordia que no lleva a la verdad, al camino de la salvación, no vale de nada, ni siquiera para el que la ejerce.

Y por último, como nos aconseja, al final de este Evangelio Jesús, no condenar al inocente, porque no siempre uno es responsable de sentir como siente, de tener ciertas inclinaciones muy marcadas o de haber sido educado en una cultura atea, impregnada de contralores.

Oración: La gracia de dialogar. P. Ignacio Larranaga.

Señor Dios, te alabamos y te glorificamos por la hermosura de ese don que se llama diálogo. Es un “hijo” predilecto de Dios porque es como aquella corriente alterna que bulle incesantemente en el seno de la Santa Trinidad.

El diálogo desata los nudos,
disipa las suspicacias,
abre las puertas,
soluciona los conflictos,
engrandece la persona,
es vínculo de unidad
y “madre” de la fraternidad.

Cristo Jesús, núcleo de la comunidad evangélica; haznos comprender que nuestras desinteligencias se deben, casi siempre, a la falta de diálogo.

Haznos comprender que el diálogo no es una discusión ni un debate de ideas, sino una búsqueda de la verdad entre dos o más personas. Haznos comprender que mutuamente nos necesitamos y nos complementamos porque tenemos para dar y necesitamos recibir, ya que yo puedo ver lo que los otros no ven, y ellos pueden ver lo que yo no veo.

Señor Jesús, cuando aparezca la tensión, dame la humildad para no querer imponer mi verdad atacando la verdad del hermano; de saber callar en el momento oportuno; de saber esperar a que el otro acabe de expresar por completo su verdad.

Dame la sabiduría para comprender que ningún ser humano es capaz de captar enteramente la verdad toda, y que no existe error o desatino que no tenga alguna parte de verdad.

Dame la sensatez para reconocer que también y o puedo estar equivocado en algún aspecto de la verdad, y para dejarme enriquecer con la verdad del otro. Dame, en fin, la generosidad para pensar que también el otro busca honestamente la verdad, y para mirar sin prejuicios y con benevolencia las opiniones ajenas.

Señor Jesús, danos la gracia de dialogar. Así sea.

No tengáis miedo…

Jesús tomó la palabra y dijo:
«Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.»

Comentario: como repetía con insistencia S. Juan Pablo II «no tengamos miedo de seguir a Jesús». Así debe ser, porque como observamos en el evangelio de hoy, Jesús no nos impone nada que no podamos llevar a cabo al decirnos, que su yugo es llevadero y su carga ligera. Jesús sin abolir la ley anterior, que se resumía en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, nos da un nuevo mandato, amar al prójimo como Él mismo nos ha amado (dando la vida) y aunque este yugo nos pueda parecer inalcanzable e irrealizable -contradictorio con lo que hoy dice Jesús- no lo es, si tenemos en cuenta que Dios no es un Dios lejano, sino que se ha quedado con nosotros en la Eucaristía para fortalecernos, al igual que el Espíritu Santo que mora en nosotros (somos templos del E. Santo) cuando vivimos en gracia de Dios y nos anima e inspira en nuestras tareas y, por último, como sabemos, esa cercanía de Dios la experimentamos también en la oración, la cual él escucha siempre. No tengamos miedo, no estamos solos, ante los imposibles Jesús hoy nos dice como le dijo a San Pablo: «mi gracia te basta»
Por otro lado el amor que Jesús nos pide cargar, no es una palabra hueca y vacía, una palabra altisonante que se quede en humo. Dios es concreto y desea que apliquemos su Palabra en la vida cotidiana, en las relaciones: que no sea un amor fingido para un momento que estamos reunidos con los sentimientos por las nubes. No, Dios es un Dios vivo, que desea habitar en nuestro corazón para que Palabra y Vida vayan de la mano y su Reino se haga realidad en el mundo que habitamos; es decir en nuestro entorno. De tal manera es así, que Jesús con su vida, con los ejemplos sencillos que nos pone, especialmente en parábolas, nos enseña como hemos de concretar el amor que nos pide; y la manera de hacerlo hoy es con dos palabras que él práctica, en primera persona, entre sus discípulos y con el pueblo al que sirve. Hoy la manera que nos señala el Evangelio es la de ser pacientes como Jesús ( el cual tan solo se alteró una vez, y no por él, sino por el Padre, ya que habían convertido el templo en cueva de ladrones) y humildes también como él, que siendo Dios, se rebajó a la condición humana y nunca hizo alarde de su poder Divino, sino para otra cosa que hacer el bien.
Ser pacientes y humildes, en principio cuesta, pero es el único modo de neutralizar el mal, y por tanto, como nos dice hoy Jesús, de encontrar alivio; es decir la paz que tanto deseamos.

Sí, Padre, porque así lo has querido

Jesús dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Comentario: El evangelio de hoy es cortito pero muy revelador, Jesús en primer lugar da gracias al Padre aunque sea uno con él. Nosotros por el contrario siendo criaturas totalmente vulnerables, creemos que lo que tenemos es fruto exclusivo de nuestro esfuerzo y que lo podemos conservar eternamente, y nada más lejos de la realidad porque no elegimos la familia en la que nacemos, ni la nación, muchas veces ni los políticos que nos gobiernan, ni las personas que nos ayudan en el camino de la vida o las que son piedra de tropiezo para hacernos madurar; e incluso la salud es un don, que no siempre está en relación de lo que nos cuidemos, y así podríamos seguir desglosando situaciones y hechos que nos han puesto o nos han ayudado a estar donde estamos ahora, y a alcanzar lo que conservamos gracias a Dios: la mayor bendición de todas, junto con el don de la vida, él haberle conocido, algo de lo cual deberíamos estar sumamente agradecidos y como Jesús, hoy, dar gracias al Padre por ello.

Luego, Jesús, pasa a revelarnos como funcionan las cosas en el Reino del Padre, parece que al revés de cómo piensan y actúan los hombres en la tierra que les ha sido confiada. De tal modo que son los pequeños; los sencillos; los que comparten y escuchan; los que arriman el hombro ante las necesidades del prójimo; los que tienen hambre y sed de justicia; los que lloran y no tienen derechos; los que emigran y los que sufren todo tipo de injusticias; los huérfanos; los pobres y mendigos; los ancianos y niños que estorban y son maltratados ya incluso antes de nacer; los que se saben necesitados y vulnerables y, por tanto, necesitados de Dios; etc., los que realmente ocupan el primer lugar en el corazón del Padre. Y es por esto que, Jesucristo, conociendo el pensamiento del Padre, nos dice hoy, que son ellos los elegidos, para hacerles comprender los misterios de Dios, los mismos que Él ha venido a revelarnos. Muchos de los cuales, por cierto, ya los estaban viviendo -los pequeños- incluso sin que ellos lo supiesen, como sucedía con nuestra madre la Virgen María antes de la Anunciación del Ángel.
No sucede igual con los sabios o los que se creen sabios, porque ser pequeño para Dios, se trata más de un modo de ser y estar, que de una situación personal (aunque, se de más entre los últimos), los sabios ya recibieron su recompensa porque con ella no se entra en el Reino de los cielos y acaba con su muerte. De tal modo que podemos hacernos la siguiente pregunta ¿Qué alcanza el saber de un hombre hasta el fin de su vida, con todas las parcelas que hay del conocimiento humano y lo mucho que aún queda por descubrir?

También Jesús nos habla de los prudentes de los conservadores, de los que no arriesgan, de los que como dice en otro lugar de las escrituras, “quieren conservar su vida, a costa de enterrar la auténtica vida, la vida del espíritu», la de los verdaderos valores del Reino: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo; más aún, como Jesús nos ha amado.

Muchas veces dudamos de la forma de actuar de Dios y nos hacemos miles de preguntas complicándonos la vida. Hoy Jesús, sin embargo, nos da otra gran lección de pequeñez entre los pequeños y sin más interrogantes viene a decir: «Sí, Padre, porque así lo has querido» (en otra traducción dice: porque así te ha parecido bien), que es como decir: estoy conforme -sin más- de ti me fío.

Para finalizar, pedir a Jesús, incesantemente que nos cuente entre sus elegidos, especialmente que nos haga pequeños, que disminuya nuestro yo, para que nos revele los misterios que encierra la Palabra que ha venido a traernos, con la cual poder vivir con paz, mientras aguardamos su segunda Venida Gloriosa, o hasta que, después de esta vida mortal, lleguemos a su presencia en el Cielo.

Ser Santo es fácil, más que otras tareas…

Hoy S. Rafael Arnaiz, propuesto por San Juan Pablo II como modelo para la juventud, en el comentario al Evangelio de hoy, nos dice que ser Santos es mucho más fácil y sencillo de lo que pensamos, mucho menos que ser por ejemplo ingeniero: algo tan simple como ejercitar nuestro querer y voluntad.
¡Que razón tenía este Santo…! cuántas veces los hombres, nosotros mismos, nos hemos entregado denodadamente en la búsqueda por atrapar el viento¡ es decir, aquello que nunca termina por satisfacernos de todo y que una vez que lo poseemos -si es que lo llegamos a alcanzar- empezamos a desear más de lo mismo o a buscar, por el contrario, nuevas cosas, personas o sensaciones que puedan satisfacer nuestro vacío de Dios, sin saberlo.
Así es, cuántas horas, encierros, años enteros, hemos dedicado a sacar una carrera, empeñando incluso, en algunos casos, la salud mental; cuanto esfuerzo, igualmente, por alcanzar el amor de una persona de la que ni siquiera hemos logrado conocer un mínimo: cuántos viajes, cuántos desvelos, cuántas locuras… Ni que decir, del esfuerzo de titanes, en los que miles de deportistas se dejan su piel por décadas, para alcanzar -como decía el apóstol S. Pablo- una corona efímera, corona que, paradójicamente, luego sólo llegan a alcanzar un número insignificante de ellos, tan reducido que se sitúa por debajo del uno porciento. Y así podríamos seguir desgranando está hilera de esfuerzos fútiles que, incluso en el mejor de los casos, una vez logrados, nos dejan insatisfechos.
Rafael Arnaiz tenía razón (más que un Santo) es mucho más sencillo buscar a Dios y llenar nuestro vacío del Absoluto que nos completa, que dedicar la vida a atrapar sombras, cuando no destellos de luces que, como cometas fugaces, desaparecen en el firmamento de nuestras ambiciones, cuando no de nuestras vanidades y delirios de grandeza; tan sencillo como ejercitar nuestro querer, en el empeño de nuestra voluntad por acercanos con constancia a Dios, la misma que tuvo Rafael Arnaiz, en sus visitas diarias al Santísimo durante su corta estancia en esta vida.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-12

No vine a traer la paz, sino la espada.

Contundentes e inequívocas palabras las de Jesús en este Evangelio, para describirnos, sin ningún tipo de ambigüedad, que nuestro seguimiento, para con él, ha de estar por encima de cualquier otra cosa o persona que nos impida o sea un obstáculo para llevar adelante sus palabras, en definitiva su voluntad y el llamado, si lo hubiera, a la tarea específica para la que él nos requiera.
Por ello y para no escandalizarnos, hemos de tener presente la preeminencia que ocupa, Dios creador de todo cuanto existe, con respecto a sus criaturas, es decir el universo y, por ende, el hombre mismo; el cual, separado de Dios y abandonado al albur de sus propias fuerzas, es nada, tan nada como el mismo lodo del que fue formado. Pero aún hay más, si ese Dios en lugar de usar su poder para esclavizar al hombre, se rebaja hasta el infinito; es decir, hasta tomar su misma humanidad y dar la vida por él, para salvarlo de la muerte de pecado y de una condena eterna… más se pueden entender entonces estás palabras, por un lado, proféticas de Jesús y, por otro, de suma exigencia, siendo Él el primero que, dándonos ejemplo con respecto al Padre celestial, las puso por obra.
De esta manera, como dice hoy la Palabra, muchos se escandalizarán, con el grado de exigencia al que nos lleva la fe en nuestro Señor Jesucristo, y ello dará lugar a controversia y división, en ocasiones, incluso en el seno de la misma familia. Pero dichosos nosotros si así ocurriese, aunque no lo deseemos, porque entonces Jesús nos recompensará y, como dice también en otro lugar, no se avergonzará de nosotros: (Marcos 8, 38) «Porque cualquiera que se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles.»

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-11

«Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de algún modo por mi causa»

Evangelio según San Mateo 10,16-23.

Jesús dijo a sus apóstoles:
«Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre.»

Comentario:
Estas palabras proféticas de Jesús se han cumplido a lo largo de la historia hasta el día de hoy. El Reino de Dios y el de las tinieblas son incompatibles ya que mientras uno es testigo de la Verdad el otro trata de silenciarla con todos los métodos posibles a su alcance para que no salgan a la luz sus crímenes; es decir las leyes que atentan contra la vida del hombre, contra su propia naturaleza, la inmoralidad y las injusticias sociales. A nadie le gusta tener testigos de cargo y por eso, bien desde el poder, como ya hemos dicho o bien desde las bandas organizadas de delincuencia, miles de creyentes son encarcelados y asesinados por todo el planeta. Crímenes que por otro lado, también son silenciados por los medios de comunicación, o cuando menos, no le dan el mismo eco que a aquellos atribuidos a otras causas discriminatorias de las que rápidamente hay manifestaciones por todo el mundo. Así vemos que solamente en México se han asesinado a 7 sacerdotes desde el 2018 y en África se pueden contar por miles los cristianos que son asesinados en las iglesias en sus celebraciones litúrgica. Ni que decir tiene que en los países totalitarios o bien el cristianismo está prohibido directamente o de lo contrario está totalmente adulterado y manipulado por el gobierno para que no pueda actuar según el el evangelio de nuestro Señor.
Jesús no nos engaña, desde el comienzo de su predicación nos habla con toda franqueza, para que no lo acusemos luego de seductor tramposo y por eso, en otro pasaje del Evangelio en (Mateos 5, 11) nos advierte de que a pesar de que él será nuestro proveedor -de que no nos faltara de nada- no por ello dejaremos de ser perseguidos de una forma u otra, y esto porque Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, entre otras -y una de las más importantes- la de ser libre para actuar, sin adherirse, por tanto, obligatoriamente a su voluntad.
Como prueba de ello, de la persecución en este momento histórico que nos ha tocado vivir a continuación dejo un enlace

https://www.abc.es/internacional/abci-trece-cristianos-fueron-asesinados-cada-2020-segun-puertas-abiertas-202101131248_noticia.html

El trabajador merece su salario

«Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.»
Jesús nos invita con este evangelio a dar gratuitamente lo que a su vez nosotros, por su misericordia, hemos recibido. Nos invita, en primer lugar, a anunciar que el Reino de Dios está cerca, tan cerca de los que nos escuchan como dar un sí al Señor, decirle te acepto Jesús como él Dios y Señor de mi vida, creo en ti, espero en tí, y pongo mi vida en tus manos para que hagas de ella como mejor te convenga. Este primer paso es el más difícil de todos, porque solo depende de nuestra voluntad. En cambio, el camino -como todo camino- se va haciendo paso a paso y, en él, Jesús se convierte en nuestro compañero de viaje para, con su ayuda, ir sorteando las dificultades del mismo hasta llegar a la meta: la corona de gloria que nos aguarda en el cielo.
También nos ordena ir sin equipaje, y lo hace, por un lado, para que nos demos cuenta que su reino, como dice en otro lugar de las escrituras, no es de este mundo, al igual que aquellos que nos escuchen se percaten que el Reino de Dios, no es un reino de lo efímero, de lo material, de lo pasajero, sino un reino de paz, amor y Justicia que se perpetua más allá de esta vida en la eternidad; y, por otro lado, para que veamos que Dios es providente y de este modo no andemos preocupados, en demasía, por el sustento y el mañana hasta el grado que ello nos robe la paz. Por eso dice: «El trabajador merece su salario» y Dios se lo da a los trabajadores y cuidadores de su viña, de su Reino.
Después Jesús nos habla en este Evangelio también de las consecuencia que aguardan a aquellos que no escuchen y reciban a sus enviados, un juicio aún más duro que a los habitantes de Sodoma y Gomorra, porque estos, a fin de cuenta, no conocieron ni oyeron hablar del hijo de Dios y del Reino que ha venido a traernos. Y no solo eso, sino que todo aquel que rechace a sus enviados, -ahora los miembros de su iglesia- él mismo se aleja de la gracia de Dios y, por tanto, queda a merced del otro reino, del reino de las tinieblas, muerte para el alma y lo que está repercute para otras áreas de la vida personal y social en las que la persona se desenvuelve.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-07

El corazón dividido

Antes de empezar quiero aclarar que el comentario al Evangelio de hoy, en esta ocasión no es mío.

Evangelio del día

Oseas nos describe la situación del pueblo judío: tener el corazón dividido. Decir de palabra que sigue a Yahvé, pero en su vida de cada día darle la espalda. Mientras seguía a Yahvé le fue bien: “Israel era una viña frondosa”… aumentó sus altares y erigía mejores monumentos. Pero su corazón se apartó de su Dios: “no respetamos al Señor”. Y le llovieron los males. “Desaparece Samaria, y su rey… son destruidos los altozanos de los ídolos”.

El único remedio es volver al amor primero, al amor a Yahvé… “es tiempo de consultar al Señor”. Es el momento de “sembrar justicia” para cosechar misericordia.

Salvando las circunstancias temporales, los seguidores de Jesús de 2022 nos encontramos en una situación parecida. Cuando nos alejamos de Jesús, la luz desaparece de nuestra vida. Cuando le seguimos, como le hemos prometido, el amor reina y dirige nuestros pasos y la felicidad aflora en nuestro corazón.

«El reino de Dios y el reino del mal son incompatibles»
A lo largo de los cuatro evangelistas, vemos que es Jesús el protagonista de predicar su buena y nueva noticia. Pocas veces, aparece Jesús pidiendo a sus doce apóstoles que prediquen su mensaje, como vemos en ese pasaje evangélico.

En esta ocasión, les pide que sean ellos los que proclamen “que el Reino de los Cielos está cerca”. Dios está dispuesto a ser, ya en esta vida terrena, el Rey, el Señor de la sociedad humana y todos sus habitantes. Les pide que de momento vayan solo a los judíos. Ya llegará el momento de ordenarles que vayan a todo el mundo a presentarles esta buena noticia.

El núcleo central de la predicación de Jesús es el reino de Dios, un reino que se prolonga más allá de este modo pero que comienza aquí y ahora en éste. Ese es el gran proyecto de Dios sobre toda la humanidad, una sociedad donde Dios sea el Rey, y no haya ningún otro rey. Si Dios reina, todo lo que se opone a Dios y al Amor va a ser aniquilado.

El enemigo más directo que se opone al Reino de Dios es el mal. Siempre vemos a Jesús, en su actividad misionera, en guerra continua con el mal. Por eso, ya en esa primera ocasión de enviar a sus discípulos a predicar el Reino de Dios, les pide también como los continuadores de su obra que hagan lo mismo que Él, que sigan luchando contra el mal en todas sus manifestaciones, y les da poder para ello: “Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”.

Fray Manuel Santos OP https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-06

El Justificarme me impide alcanzar la promesa del Reino de Dios

En el evangelio de hoy vemos como los Judíos acusan a Jesús de expulsar los demonios con el poder de Satanás, hoy en cambio y por los mismos motivos (hacernos un Dios a nuestra manera y conveniencia) muchos niegan la existencia de los demonios. En una versión y en otra se podría aplicar aquella denuncia del profeta Isaías: «De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido». Pues sí el corazón del hombre se ha endurecido a fuerza de poner muros cerrando su oído y su vista a las enseñanzas de Dios, y por eso, ahora, cualquier tipo de perversión le parece normal. El hombre es el rey de las excusas cuando menos, ésto sino pasa incluso al extremo de retorcer astutamente la Palabra de de Dios para darle un sentido contrario al que nos muestra (señal evidente que la inspiración no les viene precisamente de lo alto sino todo lo contrario). De esta manera debemos estar muy alertas a las excusas y argumentos que ponemos para resistirnos a la voluntad de Dios, porque de un corazón sincero y humillado Dios se compadece, pero de un corazón arrogante cerrado para ver y oír -para dejarse modelar por el alfarero del alma- ya recibió su recompensa la de vivir separado de la gracia de Dios (con todo lo que esto conlleva) por muchas palabras bonitas y seductoras en las que se pueda envolver.
Hoy por tanto, a una de las reflexiones que nos invita este evangelio es a detenernos, salir de todos los ruidos y afanes en los que nos envuelve el mundo, y rendirnos confiados a la palabra de Dios, quitar las telarañas de las justificaciones que nos presentamos a nosotros mismos con tal esquivar la puerta estrecha de la salvación y decirle a Dios: sí quiero y te recibo sin diques de contención con toda mi alma y toda la fuerza de mi corazón si resistencia, o como decía Carlos de Foucauld en oración: Lo que hagas de mí te lo agradezco, Señor,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío.

Señor, aparta lejos de mi, todo impedimento, venga de donde venga, para que no me resista a la Verdad y al Conocimiento que procede de Tí. Amén
¡Te agradezco Señor por tanto bien! ¡Alabado seas por siempre el que Eras, el que eres y el que perdurará triunfante por los siglos de los siglos! Amén

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-05

Tú fe te ha sanado, vete en paz

En el evangelio de hoy se describen dos milagros de Jesús, dos grandes milagros, en los que el acercamiento a Jesús y la fe son claves para que estos se produzcan. Estos dos milagros nos dejan una gran lección, y es que si queremos ser sanados, tenemos por un lado que creer en el Dios de la vida, el Dios hecho hombre Jesús, que ha resucitado y que siguen siendo el mismo que anduvo por Galilea llamando a la conversión para el perdón de los pecados e invitando al Reino de Dios (Reino de paz, amor y justicia). También, porque siendo él, Dios mismo -Jesús- saldó la deuda de nuestro pecado con el precio de su sangre, la única que podía reparar el daño que nosotros causamos por desobediencia. Como decimos Jesús es el mismo ayer que hoy -ha resucitado- y por tanto puede obrar también los mismos milagros que antaño. De facto, los sigue obrando, muchos sabemos que así es porque los hemos visto en amigos y personas cercanas, incluso hemos sido testigos de milagros eucarísticos. Por lo dicho, si queremos alcanzar este favor de Dios, tenemos que arraigar nuestra confianza en Jesús Resucitado y, por supuesto, acercarnos a él, sin orgullo y necesitados, como el alto destinatario del Evangelio de hoy, que, sin miedo al que dirán, se acerca a Jesús a pesar de que su hija estaba ya muerta. No podemos pedir milagros sin encaminar nuestros pasos en la misma dirección que Jesús -sin acercarnos a él y reconocer que es el hijo de Dios, el enviado que nos da la Vida Eterna; y mucho menos si dudamos de él. Jesús desea sanarnos, pero sin fe -como dice en hebreos 11,6- es imposible agradar a Dios. De esta manera, acerquémonos a Jesús, pidamos fe y seremos sanos y salvos. Y una de las formas más eficaces de alcanzar esa fe es através de la adoración eucarística y la comunión, porque es hay donde nos encontramos con el mayor milagro de todos los tiempos, Dios se ha querido quedar vivo entre nosotros, los mortales, bajo las especie de pan y vino, para alimento, no ya solo de la carne, como sucedió con el maná en el Desierto para alimento del pueblo Judío, sino como alimento del alma para poder perdurar y mantenernos en la voluntad de Dios, y si lo hacemos a diario, los resultados serán aún mayores. Prueba y lo verás, eucaristía diaria comulgando en gracia de Dios, y oración ante el tabernáculo, el sagrario. El pastorcito al que se le apareció la virgen de Fátima, se escapaba en los recreos del colegio para ir a acompañar a Jesús sacramentado en el sagrario, porque decía que estaba muy solo.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-04

Un vacío no se llena con otros vacíos

Evangelio de hoy 14º Domingo del Tiempo Ordinario

«No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo»

Frente al glamur, el poder, la admiración, que buscan los que no esperan otro Reino que esta vida terrena, Jesús nos recuerda que la alegría más grande para los que lo siguen es la promesa de su Reino, un reino que comienza aquí y ahora, porque Dios está con nosotros, pero un reino que se extiende más allá de esta vida por toda la eternidad.
En el nombre de Dios y por la gracia del Espíritu Santo podemos obrar hasta milagros, pero sólo a Jesús le corresponde inscribir nuestro nombre en su Reino, de tal manera que uno de los medios más seguros de entrar en esa lista es el de la humildad, trabajar por el bien de los otros, para que otros igualmente puedan entrar a formar parte del Reino de los elegidos. Dios conoce nuestros corazones, por eso pidámosle, incesantemente, que sane nuestros vacíos e inseguridades, para no buscar en las personas, y en las cosas, llenar esas carencias que solamente Dios puede cubrir por su poder infinito y porque nos conoce. Como dice en otra parte de las escrituras: «¡Maldito el hombre que confía en el hombre! ¡Maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del SEÑOR! Será como una zarza en el desierto: no se dará cuenta cuando llegue el bien.

Jesús ha llamado a nuestra puerta, cada día se hace visible a través de múltiples maneras, especialmente por medio de su palabra, el bien está pasando y paseando a nuestro lado. Que Dios no nos coja adorando a las criaturas, para que al final no terminemos como esa zarza estéril del desierto. Esa zarza que puso su confianza en las personas y en lo material y finalmente terminó defraudada o con fuerte depresión y en los casos más extremos, como estamos viendo en las últimas décadas, suicidándose o matando a su pareja.

Oración: Señor te pedimos no caer en la seducción de la vanidad, te pedimos encarecidamente buscar nuestra salvación solo en tí, porque solo tú puedes completar aquello que el mundo y las personas solo pueden dar como migajas y no permanente. ¡Señor inscríbeme en tu lista, y que no sea yo el que me caiga de ella, pensando que tus dones provienen de mí!. Señor auméntame la fe, para esperar en tí, lo que no puedo esperar de las personas ni siquiera de mi mismo! ¡Señor te amo, gracias por él don de la fe, por el vivo, y en el encuentro toda la sabiduría que necesito para llegar a la meta! Gracias, Gracias infinitas…! https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-03

El orgullo, es una bala que siempre sale por la culata.

“Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores»

Hoy Jesús nos llama a la conversión y a la misericordia.
Pero para esa conversión es necesario que antes, como el publicano de este evangelio, no rechacemos la cercanía de aquél que, por ser Dios, puede transformarnos, y aún así y a pesar de que lo dejemos entrar en nuestra casa, es decir en nuestra vida, a través de los sacramentos, la oración y la lectura meditada de la palabra…, aún así Jesús nos dice que hay otro requisito, también importantísimo, para que nuestras vidas sean transformadas y encuentren el verdadero sentido que dé ser y plenitud a nuestras vidas. El requisito es, a saber, que nos reconozcamos como lo que somos, pecadores, dependientes y necesitados del que no es pecador, no es dependiente, es la plenitud y nos conoce porque nos ha creado y porque, además, penetra nuestros pensamientos y, por ende, nada de lo nuestro le es ajeno y oculto. Por esto, Jesús, dice a continuación, que los sanos – o más bien los que se creen sanos porque todos somos pecadores- o aquellos que piensan que no pueden cambiar (y así es, no se puede cambiar sin la gracia de Dios) no necesitan de médico.
Por otro lado, como dijimos al principio, Jesús nos llama a la misericordia y, para ello, se pone él mismo a darnos ejemplo entrando a comer a la casa de un publicano, un recaudador de impuestos para el imperio romano, (persona mal vista por los judíos, ya que se llevaba parte del fruto de su trabajo para dárselo a otro pueblo pecador e impuro que los tenía sometidos). De esta manera, Jesús, entrando en su casa, también nos está invitando a nosotros, a líbranos de todo prejuicio y etiqueta, porque no siempre somos lo que hacemos y aún así, siempre tenemos una oportunidad de cambiar. Ello, siempre y cuando, como ya se mencionó, se dejen las puertas abiertas de la casa, es decir del corazón, para recibir al Dios de la Vida. Misericordia quiero, dice Jesús y no sacrificio, a lo que podríamos añadir, y no componendas. No podemos amar a Dios, si como él no amamos a los más alejados; si los etiquetamos, les damos una patada en el “trasero» para quitarnos el paquete de enmedio y no nos moleste. Algo que, como vemos en el Evangelio de hoy, dista mucho de la enseñanza de Jesús, la de entrar en su casa, no para darle un sermón -y si te vi no me acuerdo- sino para acercarse a su corazón, escuchar sus reclamos, sus necesidades, sus dudas, sus miedos, sus propios prejuicios, y sus heridas. Dios quiere entrar el el corazón de los alejados, de los pecadores, y el modo de hacerlo ahora, es atreves de sus discípulos, de nosotros que, no somos mejores que ellos, sino que empezamos a recorrer antes el camino de la salvación, porque también fuimos llamados por Jesús, antes que ellos, para darles una estancia en nuestro corazón donde hacer crecer la amistad y el amor.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-07-01

Jesús es el médico, porque sólo en él reside la verdad, el amor y la vida.

¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o ‘Levántate y camina’?

Hay una enfermedad que es más grande que cualquier otra, y es la enfermedad del alma. Dice la Palabra de Dios que el pecado es muerte para la vida del hombre y así es. El pecado insensibiliza al hombre, lo hace egoísta y encerrarse en sí mismo, sin importarle lo que pase a su prójimo (aborto, eutanasia, divorcio, hedonismo, etc) lo saca de su propia realidad natural hasta llegar a negar la misma como pasa con la ideología de género. De esta manera, lo enajena mentalmente sublimado sus sentimientos por encima de la razón, la ciencia, el sentido común, la ley natural, y no digamos ya de la ley de Dios. El pecado debilita al hombre haciendolo reo de sus instintos siempre insatisfechos, cuando no de su orgullo y vanidad intentando, como en las guerras, reducir al que tiene otra visión a la nada y al polvo, antes que llegar a un acuerdo (la vida de las personas no cuentan, solo los delirios de grandeza de los que están en el poder y la esclavitud de sus gobernados). El pecado mata la convivencia, porque ve al otro como un objeto antes que como una persona libre, un compañero o compañera que debe saber siempre que pasa por mi mente y como satisfacer todos mis vacíos y deseos insatisfechos. El pecado lleva, igualmente, a que enferme el cuerpo en muchos casos, porque alma y cuerpo forman una unidad sustancial e indivisible que se afectan mutuamente.
Por eso hoy si nos presentásemos ante Jesús para que curase todas nuestras enfermedades, tal vez lo primero que diría éste, al igual que le dijo al paralítico (esclavo de su incapacidad física, pero más de su pecado): «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados». Así pues pidamos antes que la salud física, la salud del alma, una voluntad libre, sin ataduras, un corazón inflamado de amor, capaz de acercarse a la realidad tal y como es, no como me la presenta el mundo que ha renunciado no sólo a Dios, sino a la verdad. A demás de pedirle igualmente a Jesús discernimiento para no caer en las trampas del díablo que son tan sutiles que casi parten de la mismo punto; del punto que conduce a Dios, pero el suyo (el del enemigo del alma) en sentido inverso. Dos líneas en sentido diametralmente opuestos, que mientras una conduce a la vida, la segundo a la muerte y sin que está última sea percibida como tal.

Oración: Señor hoy te pido una sanación integra de mi alma, ayúdame a ver mi ceguera espiritual: a sanar las heridas de mi alma; ayúdame a perdonar de corazón; a dar la vida y a dar vida antes que a pedir cuentas; dame un arrepentimiento sincero de todos mis pecados y haz que caiga a mis pies, por mucho que me duela, toda la oscuridad que hay en mi interior.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-06-30

Recomiendo ver también el comentario al Evangelio que viene hoy de San Cirilo de Alejandría por medio del enlace

Sobrevino una gran calma…

Evangelio según San Mateo 8,23-27.

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!».
El les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Comentario San Agustín (354-430) obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia.

“Sobrevino una gran calma.”

El sueño de Cristo es la manifestación de un misterio. Los tripulantes de la barca representan las alma que atraviesan la vida de este mundo sobre el leño de la cruz. Además, la barca es el símbolo de la Iglesia. Sí, realmente,… el corazón de cada fiel es una barca que navega sobre el mar; no puede naufragar si el espíritu se ocupa en buenos pensamientos.

Alguien te ha injuriado: es el viento que sopla a latigazos. Has montado en cólera: es la corriente que te arrastra. Surge la tentación: sopla el viento. Tu alma se turba: las olas se encrespan. ¡Despierta a Cristo, deja que hable él! “¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?” (Mt 8,27) ¡Imita el viento y el mar: obedece al creador! El mar escucha la orden de Cristo y tú ¿te vas a quedar sordo? El mar obedece, el viento se aplaca ¿vas tú a continuar soplando? ¿Qué queremos decir con esto? Hablar, agitarse, meditar la venganza ¿no es continuar soplando y rehusar apaciguarse por las palabras de Cristo? Cuando vuestro corazón está turbado ¡no os dejéis engullir por las olas! Si, con todo, el viento nos puede, -porque no somos más que hombres- ,si se excitan las pasiones malas del corazón, ¡no desesperemos! ¡Despertemos a Cristo, para poder continuar nuestro viaje sobre un mar apaciguado y así llegar a nuestra verdadera patria.

Te deseo un feliz Martes en la confianza de ser un hijo muy amado de Dios en toda circunstancia, también en la adversidad.