¿No les parece que uno solo muera por el pueblo?

Sábado de la 5a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 11,45-56.
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos.
Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación».
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada.
¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?».
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación,
y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús.
Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse.
Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?».

Comentario: San Cirilo de Alejandría (380-444)
obispo y doctor de la Iglesia

Comentario a la carta a los Romanos, 15,7
«A fin de reunir a los hijos de Dios dispersos»
Está escrito: «Nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo y somos miembros unos de otros» (Rm 12,5) y es Cristo quien nos une mediante los vínculos de la caridad: «Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas» (Ef 2,14). Conviene, pues, que tengamos un mismo sentir: que «si un miembro sufre, los demás miembros sufran con él y que, si en miembro es honrado, se alegren todos los demás miembros» (1C 12,26). Por eso dice san Pablo: «Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios» (Rm 15,7). Nos acogemos unos a otros si nos esforzamos a tener un mismo sentir «llevando los unos las cargas de los otros; conservando la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz» (Ef 4,2-3). Así es como nos acogió Dios a nosotros en Cristo; pues no engaña el que dice: «Tanto amó Dios al mundo, que le entregó su Hijo por nosotros» (Jn 3,16). En efecto, fue entregado como rescate para la vida de todos nosotros, y así fuimos arrancados de la muerte, redimidos de la muerte y del pecado. San Pablo explica el objetivo de esta realización de los designios de Dios, cuando dice que «Cristo consagró su ministerio al servicio de los judíos, por exigirlo la fidelidad de Dios» (Rm 15,8). Pues, como Dios había prometido a los patriarcas que los bendeciría en su descendencia futura y que los multiplicaría como las estrellas del cielo, por eso apareció en la carne y se hizo hombre el que era Dios y la Palabra en persona, el que conserva toda cosa creada y da a todos la incolumidad, por su condición de Dios. Vino a este mundo en la carne, mas «no para ser servido», sino, al contrario, como dice él mismo, «para servir y entregar su vida por la redención de todos» (Mc 10,45).

La realidad como dice el refrán siempre supera la ficción.

La sabiduría y las obras de Jesus dan fe de su origen

Viernes de la 5a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 10,31-42.
Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?».
Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios».
Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses?
Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada-
¿Cómo dicen: ‘Tú blasfemas’, a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: «Yo soy Hijo de Dios»?
Si no hago las obras de mi Padre, no me crean;
pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre».
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos.
Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.
Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad».
Y en ese lugar muchos creyeron en él.

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismal n°4,7 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi n° 53-54, Migne, 1993),
¡Cree en el Hijo de Dios!
Cree en el Hijo de Dios, el solo y único, nuestro Señor Jesucristo, el engendrado Dios de Dios, el engendrado vida de vida, el engendrado luz de luz, el semejante en todo al que lo ha engendrado. El que no adquirió el ser en el tiempo, sino que antes de todos los siglos, eternamente y sin falla ha sido engendrado del Padre, sabiduría de Dios, poder y justicia. Él se sienta a la derecha del Padre, antes de todos los siglos. No es después de su Pasión, como a veces se ha creído, que fue coronado por Dios a causa de su paciencia y recibió el trono a la derecha del Padre. Posee la dignidad real desde que existe -engendrado de toda eternidad- y está sentado con su Padre, ya que es sabiduría y fuerza, ejerciendo la realeza con su Padre y autor de todas las cosas por el Padre. Nada falta a su dignidad para que sea divina, conoce al que lo engendró cómo es conocido por el que lo engendró. Acuérdate de lo que está escrito en el Evangelio: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11,27)

Es mi padre el que me glorifica.

El anhelo más grande del hombre es no morir, o dicho de otra manera: vivir eternamente. Jesús hoy nos muestra el camino para que ese deseo se haga realidad en cada uno de nostros, a saber, ser fiel a su Palabra; como él -Jesus mismo- lo fue con respecto al Padre Eterno. San Pablo lo deja aún mas claro cuando dice: el que venga con una Evangelio diferente, sea Anatema (apartado, excluido, excomulgado). Cf: Gálatas 1,8

Jueves de la 5a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 8,51-59.
Jesús dijo a los judíos:
«Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás».
Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: ‘El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás’.
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?».
Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman ‘nuestro Dios’,
y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: ‘No lo conozco’, sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.
Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?».
Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy».
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

San Cesáreo de Arlés (470-543)
monje y obispo

Homilía 83
Abraham vió mi día
¿Entonces, dónde se efectuó este encuentro [de Abraham y de sus tres visitadores]? «En la encina de Mambré», lo que significa «visión» y además «perspicacia». ¿Veis en qué lugar el Señor puede organizar un encuentro? Es verdad que las cualidades de clarividencia y de perspicacia de Abraham le gustaban al Señor; tenía el corazón puro, de modo que le era posible ver a Dios (cf Mt 5,8). En tal lugar, en tal corazón, el Señor podía pues reunir a sus convidados.
En el Evangelio, el Señor habló a los judíos de este encuentro; les dice: «Abraham, vuestro padre, exultó al pensar que vería mi día. Lo vio y desbordó de alegría «. » Vio mi día «, dice, porque reconoció el misterio de la Trinidad. Vio en su día al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y a las tres personas reunidas en un solo día, totalmente en un Dios Padre, un Dios Hijo y un Dios Espíritu Santo, que son tres en un sólo Dios.
En efecto, cada persona divina en particular es un Dios separado, y simultáneamente las tres juntas son Dios. No es incongruente identificar al Padre, al Hijo y al Santo Espíritu en las tres medidas de harina que aporta Sara, ya que hay unidad de sustancia.
Podemos sin embargo avanzar otra interpretación y ver en Sara la imagen de la Iglesia: las tres medidas de harina pueden ser interpretadas como la fe, la esperanza y la caridad. Estas tres virtudes reúnen en efecto los frutos de la Iglesia universal; todo hombre que mereció reunir en él estas tres virtudes, puede estar asegurado de recibir la Trinidad entera en su corazón.

Tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes

Evangelio según San Juan 8,31-42.
Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos:
conocerán la verdad y la verdad los hará libres».
Ellos le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: ‘Ustedes serán libres’?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado.
El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre.
Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres.
Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes.
Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre».
Ellos le replicaron: «Nuestro padre es Abraham». Y Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él.
Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso.
Pero ustedes obran como su padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios». Jesús prosiguió:
«Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.

Comentario: San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismal n°4 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi n° 53-54, Migne, 1993)
«La verdad los hará libres»
Al conocimiento de nuestra luminosa, gloriosa y santa fe, quienquiera que seas, agrega el conocimiento de ti-mismo. Hombre, eres doble por naturaleza, compuesto de un alma y un cuerpo. Es Dios mismo el creador del cuerpo y el alma. Tienes un alma libre, obra de arte de Dios, a imagen de su autor, inmortal por gracia de Dios que la hizo inmortal. Por su gracia le ha conferido la prerrogativa de ser un ser vivo, con uso de razón, incorruptible, con la facultad de hacer lo que desea. (…) Antes de nacer en este mundo, el alma no cometió ninguna falta. Pero después de venir sin faltas, he aquí que deliberadamente pecamos. (…) El alma es inmortal y -de hombre o mujer- todas las almas son semejantes, sólo los miembros del cuerpo difieren. No hay una categoría de almas que pequen por naturaleza y otra categoría de almas que hagan el bien por naturaleza. Unas y otras actúan por libre elección, la sustancia de las almas es siempre de una misma estructura y semejante. El alma es libre y el diablo puede hacerle sugerencias, pero no tiene el poder de obligarla contra su libre elección. Él esboza en ti un pensamiento de fornicación: si quieres lo recibes, si no quieres lo rechazas. Si fornicarías obligadamente, ¿por qué Dios habría preparado la gehenna? Si la naturaleza y no el libre arbitrio te hicieran hacer el bien, ¿por qué razón Dios habría preparado las coronas inefables? (…) Acabas de aprender, querido amigo, en la medida deseada por el momento, lo que concierne al alma.

lo que aprendí de él es lo que digo

Martes de la 5a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 8,21-30.
Jesús dijo a los fariseos:
«Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir».
Los judíos se preguntaban: «¿Pensará matarse para decir: ‘Adonde yo voy, ustedes no pueden ir’?».
Jesús continuó: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
Por eso les he dicho: ‘Ustedes morirán en sus pecados’. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados».
Los judíos le preguntaron: «¿Quién eres tú?». Jesús les respondió: «Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo.
De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo».
Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
Después les dijo: «Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó.
El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada».
Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.

Comentario: San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Catequesis Bautismal, n° 3, 16 s
«Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy»
¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo?… Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio. Uno de los soldados se acercó con la lanza y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre (Jn 19,33-34): agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada…“Del costado salió sangre y agua.” No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio… He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambos del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva (Cf. Gn 2,22). Por esta misma razón, afirma San Pablo: “Somos miembros de su cuerpo, formado de sus huesos” (Cf. Hch 17,29; Gn 2,23), aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto. Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre, y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes Él mismo ha hecho renacer.

Vete en paz

Jesús no se adhiere a la ley que no tiene en cuenta el cambio de vida, lo que hoy podria equivaler a lo Politicamente Correcto; es decir, mantener el tipo. Jesus no vino a condenar (Él mismo lo dijo), pero a cambio enseña el camino de la Verdad y la Vida, para que nadie se pierda o lo que es lo mismo para que todos se salven.

Lunes de la 5a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 8,1-11.
Jesús fue al monte de los Olivos.
Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos,
dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?».
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra».
E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí,
e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?».
Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».

Comentario: San Juan Pablo II (1920-2005) papa

Mulieris dignitatem, c. 5
“El que esté sin pecado que le tire la primera piedra”
Cristo es aquel que “sabe lo que hay en el interior del hombre” (Jn 2, 25), en el hombre y en la mujer. Conoce la dignidad del hombre, lo que vale a los ojos Dios. Con su mismo ser, Cristo confirma para siempre este valor. Todo lo que dice y todo lo que hace tiene su definitivo cumplimiento en el misterio pascual de la redención. La actitud de Jesús frente a las mujeres que encuentra a lo largo de su camino durante su ministerio mesiánico es el reflejo del designio eterno de Dios que, creando a cada una de ellas, la escoge y la ama en Cristo (cf Ef 1,1-5)… Jesús de Nazaret confirma esta dignidad, la recuerda, la renueva, hace de ella un componente del mensaje del Evangelio y de la redención para el cual es enviado al mundo…Jesús entra en la concreta situación histórica de estas mujeres, situación agravada por la herencia del pecado. Esta herencia se reconoce notablemente por la costumbre de discriminar a la mujer frente al hombre, y queda marcada por ella. Desde este punto de vista, el episodio de la mujer sorprendida en adulterio es particularmente elocuente. Al final, Jesús le dice: “No peques más”, pero antes despierta la conciencia de pecado en los hombres que la acusan… Parece que Jesús dice a los acusadores: esta mujer, con todo su pecado ¿no hace visible y por encima de todo también vuestras propias transgresiones, vuestra injusticia masculina, vuestros abusos? Aquí se encierra una verdad que vale para todo el género humano… Se deja sola a una mujer, se la expone a la opinión pública con “su pecado”, siendo así que detrás de su pecado se esconde un hombre pecador, culpable del pecado de ella, corresponsable de este pecado. Y sin embargo, el pecado del hombre no atrae la atención, se pasa bajo el silencio… ¡Cuántas veces la mujer, de esta manera, se lo carga todo ella sola!... ¡Cuántas veces se queda sola, abandonada con su maternidad, y el hombre, el padre del niño, no quiere aceptar su responsabilidad! Y junto a las numerosas madres solteras en nuestra sociedad, debemos pensar también en aquellas que, muy a menudo, bajo diversas presiones, incluso por parte del hombre culpable “se liberan” del hijo antes de su nacimiento. Sí, “se liberan”, pero ¿a qué precio?

¿Quién es el que modela de nuevo el vaso desintegrado?

5o domingo de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 11,1-45.
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta.
María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo».
Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea».
Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?».
Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».
Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo».
Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará».
Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto,
y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo».
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él».
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros.
Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama».
Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro.
Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado.
Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado,
preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás».
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!».
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?».
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima,
y dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto».
Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?».
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste.
Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!».
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar».
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

Homilía atribuida a San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquia, obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Sobre Marta, Marie, Lázaro, y el profeta Elías (Le Saint Prophète Élie, coll. Spiritualité Orientale n° 53, Bellefontaine, 1992),
“¡Lázaro, ven afuera!” (Jn 11,43)
El Señor pronuncia sólo estas palabras: “¡Lázaro, ven afuera!” (Jn 11,43), como un señor que llama a su servidor. ¿El servidor salió por obedecer a su señor? Salió sin tardar. El Hades no esperó, la muerte no se rebeló, las fuerzas inferiores no lo retrasaron. Porque fueron golpeados por el temor. El Hades, que retenía a Lázaro en su propio lugar, desde hacía tres días, fue dislocado por todos lados como una nave sin anclajes, hasta obtener tranquilidad. Las potencias inferiores no concebían que Lázaro finalizaría por ser arrancado de los lugares subterráneos. Pero cuando la voz del Señor de improviso descendió en el sepulcro con una gran luz y comenzó a hacer crecer otra vez el cabello en la cabeza de Lázaro, llenar de nuevo la médula en sus huesos vacíos, hacer correr sangre viva en las venas, los poderes inferiores llenos de temor se gritaron unos a otros: “¿Quién es el que llama? ¿Quién es ese poderoso? ¿Quién es el que modela de nuevo el vaso desintegrado? ¿Quién es el que despierta un muerto cómo de un sueño? ¿Quién es el que rompe las puertas de hierro? ¿Quién es el que grita: “¡Lázaro, ven afuera!” (Jn 11,43)? Porque su voz tiene un sonido humano, pero su potencia es una potencia divina. ¿Quién es el que llama? No es un hombre. Su forma es la de un hombre, pero su voz es la de un Dios. Reenviemos Lázaro, hagámoslo rápidamente remontar, no sea que descienda aquí el que llama, si tarda el que está llamando”. Los muertos empezaron a estremecerse y moverse. Decían: “Que uno sólo nos perjudique, para que no los perdamos a todos”. Es así que Lázaro se lanzó fuera del seno del Hades, confesando, alabando y glorificando a nuestro Señor Jesucristo.

El siervo se hace libre, cuando sabe y acepta lo que es.

Anunciación del Señor
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 1,26-38.
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces: Yo soy la servidora del Señor que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Cimentario: Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia.

Oraciones de Hildegarde (in “Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012),
¡Salve, tú, en la que Dios encontró su complacencia!
¡Salve, Hija Generosa, Gloriosa, Inmaculada!
¡Pupila de castidad, sustancia de santidad, Placer de Dios!
En ti se derramó la efusión celeste
Con la que el Verbo soberano revistió la carne, en ti.

Lis resplandeciente que Dios admiraba más que a otra criatura,
Tú, la más bella y dulce, tú, en la que Dios encontró su complacencia
Cuando puso en ti todo el ardor de su calor
Para que, de ti, Su Hijo gustara la leche materna.

Tu seno fue entonces pleno de alegría,
Toda la sinfonía celeste resonó en ti.
Virgen, tú portabas al Hijo de Dios y tu pureza fue magnificada en Dios.
Tus entrañas se regocijaron
Como hierba inundada de rocío, recibiendo de él su verdor.

¡Así advino en tu seno, Madre de toda alegría!
¡Que la Iglesia resplandezca de alegría y resuene en armonía
Cantando a la tan dulce Virgen, Madre admirable, la Madre de Dios! Amén.

Para meditar: Maria tuvo el privilegio mas grande porque su entrega a Dios era incondicional: sin reservas y sin limites ¿Le pongo limites yo al Señor, Dios, creador, todo poderoso?

Oración: Pedir por la gracia de vaciarse desi, para llenarse de Dios.

“El reino de Dios está dentro de vosotros.”

Buenos dias nos de Dios. Siempre estamos a tiempo, por muy graves que sean nuestros pecados, de volver a Dios y refugiarnos en su Divina misericordia. La comprensión, la paciencia y la compasión que en ocasiones no tenemos ni para con nosotros mismos, Dios la tiene. Él sabe de nuestra debilidad e insignificancia, todos los poderosos han caido en la fosa, al igual que el resto. Sólo Jesús ha resucitado para la Vida Eterna y en sus manos esta el Juicio y la Misericordia para que nosotros la podamos alcanzar tambien junto a Él.

Salmo 34(33),17-18.19-20.21.23.
El Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.

El cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.
Pero el Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en El no serán castigados.

Evangelio según San Juan 7,1-2.10.25-30
Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas.
Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: «¿No es este aquel a quien querían matar?
¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías?
Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es».
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: «¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.
Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió».
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

Comentario:
Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo

Comentarios sobre San Juan 19,12; PG 14, 548
“Nadie le puso la mano encima porque no había llegado su hora.”
Muchas veces, buscar a Jesús es un bien porque es la misma cosa que buscar la Palabra, la verdad y la sabiduría. Pero, me diréis, que las palabras “buscar a Jesús” son a veces pronunciadas a propósito de aquellos que le persiguen. Por ejemplo: “Buscaron una ocasión para prender a Jesús, pero nadie le puso la mano encima porque no había llegado su hora.”… Jesús sabe de quien se tiene que alejar y con quien puede permanecer sin ser descubierto todavía, para que quien lo busque lo encuentre en el tiempo favorable. El apóstol Pablo dice a los que no poseen todavía a Jesús y no lo han contemplado: “No digas en tu corazón: “ ¿Quien subirá al cielo? ¡Atiende! Para hacer descender a Cristo. ¿Quién descenderá al abismo? ¡Atiende! Para hacer subir a Cristo de entre los muertos. ¿Qué dicen las Escrituras? “La palabra está cerca de ti la tienes en tu boca, la tienes en el corazón.” (cf Rm 10,6-8) Cuando el Señor dice, empujado por el amor a los hombres: “Me buscaréis.” (cfJn 8,21) da a entender las cosas del Reino de Dios. Para que los que le buscan no lo busquen fuera de ellos mismo diciendo: -Aquí está- o bien, -éstá allí-. El evangelio les dice: “El reino de Dios está dentro de vosotros.” (Lc 17,21) Mientras guardamos la semilla de la verdad depositada en nuestra alma, y los mandamientos, la Palabra no se alejará de nosotros. Pero si el mal se extiende en nosotros y nos corrompe, entonces Jesús nos dirá: “Me voy, y me buscaréis y moriréis por vuestro pecado.”

Solo hay una verdad, la que ha bajado de lo Alto, Jesús

Evangelio según San Juan 5,31-47.
Jesús dijo a los judíos:
Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría.
Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.
Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes.
Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro,
y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.
Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.
Mi gloria no viene de los hombres.
Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes.
He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir.
¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?
No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza.
Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí.
Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

Carta 25, al cardenal Pedro de Lune (Lettres, Téqui, 1976)
¡Ser testigos de la verdad!
Muy reverendo y muy querido Padre en Cristo, el manso Jesús, yo, Catalina, servidora y esclava de servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa sangre, con el deseo de verlo amar sinceramente la dulce verdad. (…) Es en su sangre que conocemos la verdad a la luz de la santísima Fe, que ilumina el ojo de la inteligencia. Entonces el alma se abrasa y se alimenta con el amor de esta verdad. Por amor a la verdad, ella preferiría la muerte al olvido de la verdad. El alma no calla la verdad cuando es tiempo de hablar, no teme a los hombres del mundo. No teme perder la vida porque está dispuesta a darla por amor a la verdad. Sólo teme a Dios. La verdad reprende fuertemente, porque tiene por compañera a la santa justicia, que es una perla preciosa que debe brillar en toda criatura con uso de razón. (…) La verdad calla cuando es tiempo de callar. Al callar, grita con la paciencia ya que no ignora sino que discierne y conoce dónde se encuentra el honor de Dios y la salvación de las almas. ¡Oh muy amado Padre, apasiónese por esta verdad! (…) Le pido, por amor de Jesús crucificado y su suave sangre esparcida con tanto ardor, devenir el esposo de la verdad, con el fin de cumplir en usted la voluntad de Dios y el deseo de mi alma, que desea verlo morir por la verdad. Finalmente, permanezca en la santa y tierna caridad de Dios. Manso Jesús, Jesús amor.

Creer en Dios, es creer en el Hijo o viceversa

Este evangelio nos deja claro que Dios Padre y Dios Hijo, es decir Jesucristo, se complacen el uno en el otro y tienen un mismo sentir, Jesús actua en el amor y fidelidad al Padre y por esta misma fidelidad el Padre a entregado el juicio sobre el hombre a Jesucristo; pues el hombre no está por encima del hijo. Este evangelio por tanto nos deja claro que no vale aquella máxima de muchas personas de nuestra época que dicen: yo creo en Dios -tiene que haber algo superior- pero no creo que Jesus fuese el hijo de Dios (Dios mismo) o solo sigo de sus enseñanzas -como si se tratase de un guia espiritual humano más- lo que se identifica con mis anhelos o mi forma de pensar.

Está claro que nuestras obras, segun el Evangelio, nos jugaran en base al mismo obrar y sentir de Jesus. Y el evangelio de hoy nos deja claro que la primera de todas es creer en el Hijo de Dios, con todo lo que ello implica. Por tanto, no solo basta ser buenos (concepto que, como cajón de sastre, cada cual puede interpretar a su modo) sino que hay que unirse a Jesus como Jesus lo estaba al Padre haciendo su voluntad. Y para conocerla debemos conocer antes las Escrituras donde Dios revela a los hombres dicha voluntad: voluntad perfecta para nuestra Salvacion Eterna.
Sigue el enlace para ver el evangelio del dia.
https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2023-03-22

Noy hay que confundir ley con moral, verdad o caridad

Martes de la 4a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 5,1-16.
Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos.
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
[Porque el Angel del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal.]
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?».
El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes».
Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina».
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado,
y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla».
El les respondió: «El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y camina'».
Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina?'».
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía».
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella

De la protección de Dios, Conferencias (SC 54, Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958),
“¿Quieres curarte?” (Jn 5,6)
Demostraríamos fácilmente que el hombre tiene sin cesar necesidad del auxilio divino. Por sí sola y sin ayuda de Dios, la fragilidad humana no puede lograr nada de lo relativo a la salvación. (…) Muchas veces deseamos ejecutar un designio útil, nada falta al ardor de nuestro deseo ni a una perfecta buena voluntad. Pero si el Señor en su misericordia no nos da la fuerza de cumplirlas, una debilidad que llega al imprevisto puede rendir inútiles los deseos formados e impedir la buena realización de nuestras resoluciones. ¡Es enorme la multitud de los que desean lealmente consagrarse a seguir la virtud, pero son pocos los que llegan a realizar ese sueño y perseverara en sus esfuerzos! (…) La protección divina nos sigue inseparablemente. La ternura de Dios por su creatura es tan grande, que su Providencia no estaría satisfecha de acompañarnos sino que nos precede siempre. El salmista, que había hecho la experiencia, lo testimonia abiertamente: “Él vendrá a mi encuentro con su gracia” (Sal 59(58),11). Si percibe en nosotros un comienzo de buena voluntad, enseguida derrama sobre nosotros su fuerza y luz, nos impulsa hacia la salvación, dando crecimiento a la semilla sembrada por él o que surge de tierra por nuestros esfuerzos. Así lo proclama el profeta: “Antes que llamen yo les responderé, estarán hablando y ya los habré escuchado” (Is 65,24); “Él se apiadará de ti al oír tu clamor, apenas te escuche, te responderá” (Is 30,19). No sólo nos inspira santos deseos, también nos prepara las ocasiones para retornar a la vida, así como las situaciones favorables para llevar buenos frutos y, claramente, muestra a los perdidos el camino recto hacia la salvación.

La humildad conmueve el corazón de Dios

Evangelio según San Lucas 18,9-14.
Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
«Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado».

Comentario: Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad

La humildad (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936),
“Todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado” (Lc 18,14)
            Vean al fariseo: es un hombre convencido de su importancia, seguro y lleno de sí mismo. El “yo” de este hombre se nota en las palabras, en la actitud. (…) El fariseo tiene el “corazón doble”, como dice el Salmista (Sal 11,3), su desprecio hacia el publicano muestra que se cree mucho más perfecto. Es a él mismo que reserva una gloria que en apariencia da a Dios. (…) No pide nada a Dios, porque considera que no necesita nada, se basta a él mismo. Sólo expone su conducta a la aprobación de Dios. (…) En el fondo, el personaje está prácticamente persuadido que toda su perfección viene de él mismo. (…)

            En cuanto al otro actor de la escena, el publicano, ¿qué hace? Se tiene a distancia no osando ni levantar los ojos ya que se siente miserable. ¿Piensa que tiene títulos que pueda hacer valer ante Dios? Ninguno. Tiene conciencia de aportar sólo sus pecados (…) Se fía únicamente de la misericordia divina. No espera nada que no sea de ella. Toda su confianza, toda su esperanza, están en Dios. (…)

            ¿Cómo reacciona Dios con esos dos hombres? Diversamente. Expresa: “Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero” (Lc 18,14). Cristo Jesús finaliza la parábola estableciendo la ley fundamental que rige nuestra relación con Dios y ofrece la lección que tenemos que aprender: “Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado” (Lc 18,14). Vean hasta qué punto el orgullo es el enemigo de la unión del alma con Dios. (…) Y como Dios es el principio de toda gracia, el orgullo es para el alma el más terrible de todos los peligros. En cambio, la humildad es la vía más segura para alcanzar la santidad y encontrar a Dios.

Amar de todo corazón…

Hoy Jesús nos recuerda y nos propone aún con mayor énfasis los dos mandamientos que resumen el resto de la ley entregada a Moisés; a saber amarás al Señor sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. De esta manera podríamos examinar que cosas, (tanto internas como externas) y personas nos atan para no amar a Dios y al prójimo de todo corazón y con plena libertad.

Sigue el enlace para profundizar en el Evangelio. https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2023-03-17

El que no está conmigo está contra mí

Jueves de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 11,14-23.
Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

Comentario: San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars

Sermón para el II Domingo de Pascua (Sermons de Saint Jean Baptiste Marie Vianney, Curé d’Ars, Ste Jeanne d’Arc, 1982)
Las armas del cristiano contra el demonio
Un cristiano que hace un santo uso de la oración y los sacramentos, es tan temible para el demonio, como lo sería un dragón a caballo -con ojos brillosos, armado con coraza, sable y pistolas- frente a su enemigo desarmado. Su sola presencia lo derriba y lo pone en fuga. Pero, si desciende de su caballo y deja sus armas, su enemigo le cae encima, lo pisotea y se convierte en amo. En cambio, cuando porta armas, su sola presencia parecería anular al enemigo. Imagen adecuada de un cristiano que porta las armas de la oración y los sacramentos. Si, si, un cristiano que reza y frecuenta los sacramentos con las disposiciones necesarias, es más temible al demonio que ese dragón del que les hablé. (…) ¿Por qué? Porque los sacramentos nos dan fuerza para perseverar en la gracia de Dios. Nunca se ha visto un santo alejarse de los sacramentos y perseverar en la amistad con Dios. En los sacramentos han encontrado toda la fuerza para no dejarse vencer por el demonio. Cuando rezamos, Dios nos da amigos, nos envía un santo o un ángel para consolarnos (…), nos hace sentir su gracia abundantemente para fortificarnos y animarnos. En los sacramentos no es un santo o un ángel que viene, sino Dios mismo con sus rayos para aniquilar nuestro enemigo. El demonio, viéndolo en nuestro corazón, se precipita como un desesperado en los abismos. Por eso, el demonio hace lo posible para que nos alejemos y profanemos. Si, mis hermanos, el demonio pierde toda su fuerza cuando una persona frecuenta los sacramentos.

Jesús guía y fuerza para cumplir la ley y hasta para superarla en el Espíritu.

En el Evangelio de hoy Jesús nos pide seguir las enseñanzas de los profetas y los mandamientos de la ley. Mandamientos, dados a Moisés y dictados por Dios. Estos son guía en el camino de la salvación, pues todo lo que de Dios proviene es bueno y eterno, sin fecha de caducidad. Sin los mandamientos, en la pura especulación humana, el hombre se pierde y termina confundiendo el bien con el mal y el mal con el bien, algo de lo que ya nos advierte las escrituras, y como vemos que sucede en nuestros días con leyes que priman la muerte por encima de preservarla, algo inscrito hasta en el mismo ADN humano. Vida que, por cierto, el hombre no se da a si mismo. Para ver el Evangelio de hoy sigue el enlace: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Perdonar de corazón y no sólo de palabra

Perdonar de corazón, esa es la clave para estar en paz con uno mismo, con el hermano y sobre todo con Dios, con el cual tenemos la deuda mayor; la de su propia vida. El victimismo no me exime de mis deudas.

Martes de la 3a semana de Cuaresma
Evangelio según San Mateo 18,21-35.
Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo».
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Isaac el Sirio (siglo VII)
monje cercano a Mossoul

Discursos espirituales, primera serie, Nº 58
“¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?” (Mt 18,33)
La compasión, por un lado, y el juicio por simple equidad por otro, si permanecen en el mismo corazón son como un hombre que adora a Dios y los ídolos en una misma casa. La compasión es el contrario del juicio por simple justicia. El juicio estrictamente de justicia de equidad implica la misma repartición de una medida semejante para todos. Da a cada uno lo que merece, no más. No se excede ni por un lado ni por otro, no discierne en la retribución. Pero la compasión nace de la gracia, se inclina hacia todos los seres con un mismo afecto, se distancia de la pena equitativa para los que son dignos de castigo y colma más allá de toda medida a los que son dignos del bien. La compasión es, pues, compañera de la justicia, el juicio sólo está de parte del mal...Como un grano de arena no pesa tanto como el oro, la justicia equitativa de Dios no pesa tanto como su compasión. Como un puñado de arena que cae en el océano son las faltas de todo ser humano en comparación con la providencia y la piedad de Dios. Así como una fuente que mana con abundancia no podría ser restañada por un puñado de polvo, así la compasión del Creador no puede ser vencida por la malicia de las criaturas. El que guarda resentimiento cuando ora es como un hombre que siembra en el mar y espera la cosecha.

No rechaces al que te revela el camino de la salvación y cuanto de desviado estás de él, aunque te hiera el alma

Lunes de la 3a semana de Cuaresma
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 4,24-30.
Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio».
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
Extraído de la Biblia
San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Dos viudas; PL 16,247-276
La fe de la viuda de Sarepta, que acoge al que Dios le envía
En el tiempo en que el hambre azotaba a la tierra entera ¿por qué Elías fue enviado a casa de una viuda? Una gracia singular se concede a dos mujeres: un ángel a una virgen; un profeta a una viuda. A aquélla Gabriel; a ésta Elías. ¡Han sido escogidos los más eminentes de entre los ángeles y de entre los profetas! Pero la viudedad no merece ninguna alabanza por sí misma a no ser que se le junte la virtud. En la historia no faltan viudas; y, sin embargo hay una que se distingue de entre todas y que las alienta con su ejemplo… Dios es particularmente sensible a la hospitalidad: en el Evangelio, por un vaso de agua fresca promete recompensas eternas (Mt 10,42); aquí, por un poco de harina o de aceite, una profusión infinita de riquezas…

¿Por qué nos creemos dueños de los frutos de la tierra siendo así que la tierra es una perpetua ofrenda?… Hacemos recaer en provecho nuestro el sentido de una mandamiento universal: “todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra” (Gn 1,29-30); recogiendo para nosotros no encontramos más que vació y necesidad. ¿Cómo podríamos esperar en la promesa si no aceptamos la voluntad de Dios? Actuando sanamente, obedeciendo el precepto de la hospitalidad y haciendo honor a nuestros huéspedes: ¿acaso nosotros no somos huéspedes aquí abajo?

¡Cuán perfecta es esta viuda! Abatida por una gran hambre continuaba, sin embargo, venerando a Dios. Sus provisiones no las guardaba para ella sola; las compartía con su hijo. ¡Un bello ejemplo de ternura, y un ejemplo aún más bello de fe! Seguro que prefería a su hijo antes que a cualquier otra persona: y pone al profeta de Dios por encima de su propia vida. Creed que, ciertamente, no sólo le ha dado un poco de su alimento, sino toda su sustancia; no ha guardado nada para ella; así como su hospitalidad la ha llevado a una donación total, su fe la ha conducido a una confianza total.