El engaña a los hombres pero no a Dios

11 Octubre

Martes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 11,37-41.

Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa.
El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer.
Pero el Señor le dijo: «¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia.
¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?
Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia.

Comentario al evangelio de Lucas, 7, 100-102
«El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?»
«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato». Como veis, nuestros cuerpos son llamados aquí con los nombres de objetos de tierra y frágiles, que una simple caída puede romper. Y los íntimos sentimientos del alma son llamados por expresiones y gestos del cuerpo, tal como lo que encierra el interior de una copa se deja ver por fuera. .. Ved, pues, que no es el exterior de una copa o de un plato lo que nos ensucia el interior.

Como buen maestro, Jesús os ha enseñado cómo limpiar las manchas de nuestro cuerpo, diciendo: «Más bien dad como limosna lo que tenéis y todo le demás será puro en vosotros» ¡Veis bien cuántos remedios hay! La misericordia nos purifica. La palabra de Dios también nos purifica, tal como está escrito: «Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he anunciado» (Jn 15,3)…

Es el punto de partida de un buen pasaje: el Señor nos invita a buscar la simplicidad y condena el estar ligado a lo que es superfluo y ramplón. Los fariseos, a causa de su fragilidad, son comparados, y no sin razón, a la copa y al plato: observan escrupulosamente puntos que no tienen ninguna utilidad para nosotros, y olvidan aquello donde se encuentra el fruto de nuestra esperanza. Cometen, pues, una gran falta, despreciando lo mejor. Y sin embargo, también a esta falta se le ha prometido el perdón si viene detrás de la misericordia y la limosna.

Aquí hay uno que es más que Jonás

Lunes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario.

Evangelio según San Lucas 11,29-32.
Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia

Sermón 3; PL 52, 303-306 ; CCL 24, 211-215
“Esta generación malvada pide una señal…” (cf Lc 11,29)
Jonás mismo decide que le echen a la mar: “Agarradme y tiradme al mar” (Jn 1,12) dice, lo cual significa la pasión voluntaria del Señor… He aquí, que sale de las profundidades del mar un monstruo, un gran pez se acerca que tiene que cumplir y manifestar la resurrección del Señor, o mejor dicho, engendrar este misterio. He aquí un monstruo, imagen terrorífica del infierno, que con sus fauces abiertos se lanza sobre el profeta, saborea y asimila el poder de su creador, y devorándolo come su propia incapacidad de engullir ya nunca más a nadie. La estancia en sus entrañas prepara la estancia del visitante de arriba: así, lo que había sido causa de desdicha se transforma en embarcación inconcebible de una travesía necesaria, guardando a su pasajero y echándolo, al cabo de tres días, a la orilla. Así se dio a los paganos lo que se arrebató a los enemigos de Cristo. Y cuando éstos pidieron un signo, el Señor determinó que este único signo les sería dado, por el cual comprenderían que la gloria que esperaban recibir de Cristo sería otorgada a los paganos… Por la maldad de sus enemigos, Cristo fue sumergido el las profundidades del caos del infierno; durante tres días ha recorrido todos sus rincones (1P 3,19) . Y cuando resucitó manifestó la crueldad de sus enemigos, la propia grandeza y su triunfo sobre la muerte. Será, pues, justo que los habitantes de Nínive se levantaran el día del juicio para condenar a esta generación, porque ellos se convirtieron por la proclamación de un solo profeta naufragado, extranjero, desconocido, mientras que la gente de esta generación, después de tantas obras admirables y prodigios, con todo el esplendor de la resurrección, no llegaron a acoger la fe ni se convirtieron. Han rechazado creer en el signo mismo de la resurrección.

Apacigua tu corazón y escucharás a Dios

Viernes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 11,15-26.
Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’.
Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada.
Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio».

Diadoco de Foticé (c. 400-?) obispo

Cien capítulos sobre el conocimiento, 6, 26s; PG 65, 1169s

El Espíritu Santo vence a los espíritus del mal que hay en nosotros
Discernir sin error el mal del bien es una luz de verdadero conocimiento… En efecto, los que luchan deben tener pacificado el pensamiento y así su espíritu podrá discernir la diferencia existente entre las diversas sugestiones que atraviesan su pensamiento, y pondrá las que son buenas y vienen de Dios en el tesoro de su memoria, y rechazará las malas y diabólicas. Cuando el mar está en calma, los pescadores se percatan de los movimientos que se dan en sus profundidades de tal manera que se puede decir que no se les escapa ninguno de los seres que recorren sus senderos; pero cuando el mar está agitado por el viento, en su oscura agitación esconde lo que sin esfuerzo muestra cuando está tranquilo. […]Es tan sólo el Espíritu Santo quien puede purificar el espíritu, porque a no ser que entre en él uno más fuerte a desvalijar al ladrón, no se podrá volver a poseer el botín. Es necesario, pues, por todos los medios, especialmente por la paz del alma, ofrecer un refugio al Espíritu Santo a fin de que la lámpara del conocimiento brille siempre en nosotros. Puesto que si ella luce sin cesar en los repliegues del alma, no sólo se hacen del todo evidentes las insinuaciones duras y oscuras del demonio, sino que éstas se debilitan considerablemente al ser desbaratadas por esta santa y gloriosa luz. Por eso el apóstol Pablo dice: «No extingáis al Espíritu» (1 Tes 5,19).

Reflexión: Vivamos como se nos recomienda en el comentario de hoy, tranquilos, en paz, huyendo de la dispersión y de la mucha información o desinformación que nos llega, dejemos todo aquello que no está en nuestras manos resolver en manos de Dios, y así apaciguados podremos discernir que viene del espíritu de Dios -si la Verdad buscamos- y que, del Diablo.

Santificado sea tu nombre con nuestras obras

Evangelio según San Lucas 11,1-4.
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».
El les dijo entonces: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación».

San Juan Damasceno (c. 675-749)
monje, teólogo, doctor de la Iglesia

Homilía sobre la Transfiguración, 10 ; PG 96, 545
Un día, en alguna parte, Jesús rezaba
«Jesús rezaba aparte» (Lc 9,18). La oración encuentra su fuente en el silencio y la paz interior; es ahí dónde se manifiesta la gloria de Dios (cf Lc 9,29). Porque, cuando cerremos los ojos y los oídos, cuando nos encontremos dentro en presencia de Dios, cuando liberados de la agitación del mundo exterior estemos dentro de nosotros mismos, entonces veremos claramente en nuestras almas el Reino de Dios. Porque el Reino de los cielos o, si se prefiere, el Reino de Dios, está en nosotros mismos: es Jesús nuestro Señor quien nos lo dijo (Lc 17,21).
Sin embargo, los creyentes y el Señor rezan de modo diferente. Los servidores, en efecto, se acercan al Señor en su oración, con un temor mezclado de deseo, y la oración se hace para ellos un viaje hacia Dios y hacia la unión con Él, que los alimenta de su propia sustancia y los fortalece. ¿ Pero Cristo, cuya alma santa es el mismo Verbo de Dios, cómo va a rezar? ¿ Cómo el Maestro va a presentarse en una actitud de petición? Si lo hace ¿no es que después de haber revestido nuestra naturaleza, quiere instruirnos y mostrarnos el camino que, por la oración, nos hace subir hacia Dios? ¿ No quiere enseñarnos que la oración contiene en su seno la gloria de Dios?

Una sola cosa es necesaria ¿A saber?

Martes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario. Día de S. Francisco de Asís.

Evangelio según San Lucas 10,38-42.
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».
Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada».

Comentario: Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)
carmelita descalza, doctora de la Iglesia

Manuscrito autobiográfico C, 36
“María ha elegido la mejor parte”
Un alma abrasada de amor no puede estar inactiva. Como santa Magdalena, permanece a los pies de Jesús, escuchando sus palabras tiernas e inflamadas. Parece que no da nada, pero da mucho más que Marta, que anda inquieta y nerviosa con muchas cosas y querría que su hermana la imitase. Jesús no reprende a Marta por los trabajos. A esos trabajos se sometió humildemente su divina Madre durante toda su vida, ya que tenía que preparar la comida de la Sagrada Familia. Jesús querría corregir sólo la inquietud de su ardiente anfitriona.

Así lo entendieron todos los santos y especialmente los que han llenado el universo con la luz de la doctrina evangélica. ¿No fue en la oración donde los santos Pablo, Agustín, Juan de la Cruz, Tomás de Aquino, Francisco, Domingo y tantos otros amigos ilustres de Dios extrajeron aquella ciencia divina que cautivaba a los más grandes genios? Un sabio decía: «Denme una palanca, un punto de apoyo, y levantaré el mundo». Lo que Arquímedes no pudo lograr, porque su petición no se dirigía a Dios y porque la hacía desde un punto de vista material, los santos lo lograron en toda su plenitud. Por punto de apoyo el Todopoderoso se dio Él mismo, únicamente Él. Y como palanca, la oración, que abrasa con el fuego del amor. Así levantaron el mundo. Así lo siguen levantando los santos que aún militan en la tierra. Hasta el fin del mundo, así lo seguirán levantando los santos que vendrán.

Oración: hoy día de S. Francisco de Asís pasamos está hermosa oración a él atribuida.

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.

Amén. ❤‍🔥

¿ Y quién es mi prójimo?»

Lunes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario.
Evangelio según San Lucas

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo

Homilía sobre el evangelio de Lucas 34, 3.7-9; GCS 9, 201-202.204-205
«Cristo, el buen Samaritano»
Según un antiguo que quiso interpretar la parábola del buen Samaritano, el hombre que descendía de Jerusalén a Jericó representa a Adán, Jerusalén el paraíso, Jericó el mundo, los ladrones las fuerzas hostiles, el sacerdote la Ley, el levita los profetas, el Samaritano Cristo. Por otro lado, las heridas simbolizan la desobediencia, la montura el propio cuerpo del Señor….Y la promesa de volver, hecha por el samaritano, figura, según este interprete, la segunda venida del Señor…Este Samaritano “lleva nuestros pecados” (Mt 8,17) y sufre por nosotros. El lleva al moribundo y lo conduce a un albergue, es decir dentro de la Iglesia. . Ella está abierta a todos, no niega sus auxilios a ninguna persona de todos y todos están invitados por Jesús. “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cansados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28) Después que hubo curado sus heridas, el Samaritano no se marchó enseguida, se quedó toda la jornada en el hostal cerca del moribundo. El curo sus heridas no solamente en el día , también por la noche, lo rodeo de toda su diligente solicitud....Verdaderamente este guardián de las almas se muestra más cercano de los hombres que la Ley y los Profetas “ haciendo prueba de bondad” lo contrario de “que cayo en manos de los bandidos”” el se muestra su “prójimo” tanto en palabras y en hechos. Así nos lo hace posible, escuchando esta palabra” “Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo” (1Co 11,1), de imitar a Cristo y de tener piedad de aquellos que “caen en las manos de los bandidos”, nos acercamos a ellos, derramamos el vino y el aceite sobre sus heridas y se las vendamos, después los cargamos sobre nuestra propia montura y llevaremos su carga. También, nos exhorta, el Hijo de Dios dirigiéndose a todos nosotros, mas que a los doctores de la Ley: “Ve, y procede tú de la misma manera”.

El que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza

Evangelio del día
El Evangelio del día
Los santos del día
Oraciones
30 Septiembre

Viernes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 10,13-16.
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».

Comentario: hoy Jesús se queja de la falta de actitud de los habitantes de dos ciudades donde había realizado numerosos milagros; los cuales de nada sirvieron para la conversión de sus habitantes.

En ocasiones pedimos milagros a Dios, y si miramos hacia atrás vemos que él en muchas ocasiones nos ha atendido, pero no pasan bien unos días, en ocasiones hasta horas, para que olvidemos su favor volviendo a la misma vida de siempre; es decir a vivir según nuestros propios criterios donde Dios es un juguete de quita y pon; la maquinita del bar donde se le echa una moneda y sale la bola de plástico con el regalo para el niño. Dios no es un juguete en nuestras manos, Dios es nuestro Creador, el que maneja los hilos de la historia, un Dios infinitamente misericordioso, pero también justo que dará a cada uno lo mismo que este se ha negado a recibir de Dios dándole la espalda; a saber: libertad, vida, paz y salvación.
Lo mismo dice para los que rechazan a sus discípulos, Dios ama a los suyos, y estos le duelen tanto, que quien los rechaza por hablar y predicar en su nombre -en el nombre de Jesús- a él lo rechaza. Ojalá, hoy, volviendo la vista atrás y viendo los milagros que Dios ha hecho en nuestras vidas, en la vida de nuestros familiares y amigos, en la vida de tantos y tantos miles de personas que se han convertido, reflexionemos para que Dios no tenga que decirnos ¿Hasta cuando? ¡Cuidado porque el tiempo se acaba, no somos dueños del tiempo y con él se van también las oportunidades!

«Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón»

Evangelio del día
26 Septiembre

Lunes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 9,46-50.
Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo,
les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande».
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros».
Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes».

Comentario: San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella

Conferencias, n°15, 6-7
Venid y aprended de mí (Mt 11,29)
Los grandes en la fe de ninguna manera se vanagloriaban del poder que tenían de obrar maravillas. Confesaban que no eran sus propios méritos los que actuaban sino que era la misericordia del Señor la que lo había hecho todo. Si alguien se admiraba de sus milagros, rechazaban la gloria humana con estas palabras tomadas de los apóstoles: «Hermanos, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis fijamente, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho caminar a éste?» (Hch 3,12). Nadie, a su juicio, debía ser alabado por los dones y maravillas que sólo son propias de Dios… Pero sucede, a veces, que hombres inclinados al mal, reprobables por lo que se refiere a la fe, echan demonios y obran prodigios en nombre del Señor. Es de esto que un día los apóstoles se quejaron al Señor: «Maestro, decían, hemos visto un hombre que echa a los demonios en tu nombre, y se lo hemos prohibido porque no es de los nuestros». Inmediatamente Cristo respondió: «No se lo impidáis, porque el que no está contra vosotros está con vosotros». Pero cuando al final de los tiempos esta gente dirá: «Señor, Señor, ¿no es en tu nombre que hemos profetizado? ¿No hemos echado demonios en tu nombre? ¿Y en tu nombre hemos hecho muchos milagros?» él asegura que replicará: «Nunca os he conocido; alejaos de mí, malvados». (Mt 7,22s). A los que ha concedido la gloria de los signos y milagros, el Señor les advierte de no creerse mejores a causa de ello: «No os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos» (Lc 10,20). El autor de todos los signos y milagros llama a sus discípulos a recoger su doctrina: «Venid, les dice; y aprended de mí» –no a echar a los demonios por el poder del cielo, ni a curar leprosos, ni a devolver la vista a los ciegos, ni a resucltar a los muertos, sino que dice: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,28-29).

Tú eres el Mesías, el hijo de Dios.

¿Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?

Ante esta pregunta que Jesús lanza a sus discípulos, Pedro, el discípulo que luego eligiera como cabeza visible de la iglesia, le responde que Jesús es el Mesías, y en el Evangelio de Mateo (16,16), apostilla con «hijo de Dios». A continuación, Jesús pide a sus discípulos que no revelen está verdad inspirada por el E. Santo a Pedro, porque Jesús sabía cual y como sería la misión que el Padre le había encomendado llevar a cabo con su venida al mundo -rescatarnos para la Vida Eterna, por el perdón de los pecados- tarea que podía ser bastante más dificultosa realizar si el pueblo llegaba a saber que ya estaba entre ellos el Mesías anunciado siglos antes por los profetas, al cual estaban esperando. Un Mesías hecho a la medida del hombre, un rey que los liberaría de la opresión del pueblo Romano, y no tanto aquel que los liberase de las cadenas que los harían verdaderamente libres y dignos ante Dios y ante ellos mismos, la de sus pecados. Hoy Jesús tal vez nos podría lanzar la misma pregunta y nosotros también cuestionarnos que clase de Mesías buscamos, ¿un Mesías echo a mi medida? o el Mesías que se presenta a sí mismo como verdad y vida del mundo, el Mesías que da su Vida, para que tú puedas encontrar la verdadera vida, el verdadero camino de la libertad, la paz y la justicia, que exiges a otros, especialmente a los poderes públicos; en definitiva lo mismo que esperaba de Jesús aquel pueblo que siempre volvía sobre sus idolatrías, sobre sus injusticias para con los más débiles y sobre la debilidad concupiscente de su propia carne (su pecado).

Oración: Necesitamos de Ti

Necesitamos de Ti, de Ti solamente,
y de nadie mas.
Solamente Tú que nos amas,
puedes sentir por todos nosotros que sufrimos, la compasión que cada uno siente en relación consigo mismo.

Solo Tú puedes medir que grande
que inconmensurablemnte grande es la necesidad que hay de Ti en este mundo, en esta hora.

Todos necesitan de Ti, también  aquellos
que no lo saben, y estos necesitan
bastante mas, que los que lo saben.

El hambriento piensa que debe buscar pan y, mientras tanto, tiene hambre de Ti.

El sediento juzga necesitar agua,
mientras siente sed de Ti.

El enfermo se ilusiona en desear
salud: su verdadero mal, sin embargo es
la ausencia de Ti.

Quien busca la belleza del mundo,
sin darse cuenta, te busca a Ti.
Que eres la belleza plena.

El que en sus pensamientos busca la verdad, sin darse cuenta te desea a Ti. Que eres la única verdad digna de ser conocida.

El que se esfuerza por conseguir la paz,
esta buscándote a Ti. Única Paz donde pueden descansar los corazones inquietos.

Ellos te llaman sin saber que te llaman,
y su grito es, misteriosamente,
mas doloroso que el nuestro.
Te necesitamos… Ven Señor.

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2022-09-23

Herodes, deseaba ver a Jesús

Días atrás las escrituras nos dice de Herodes, que respetaba a Juan Bautista, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Y que cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. Hoy también nos revela de este gobernante que deseaba ver a Jesús por las maravillas que oía hablar de él. De alguna manera Herodes era un hombre que andaba buscando sentido a su vida, un hombre que a pesar de su posición social y su poder era capaz de reconocer la verdad que encierra la palabra del profeta de Dios y admirar la santidad como algo que ennoblece a la persona. Herodes por esto mismo busca tener un encuentro con Jesús muy a pesar de que los fariseos, subidos en el carro de su sabiduría y vanidad, anduviesen tras Jesús para desacreditarlo e incluso matarlo.
Esta lectura tendría que interpelarnos en medio de un mundo bastante farisaico que subido en el carro de sus «logros» y vanidad, desdeña tener un encuentro con Jesús y con la verdad. Y esto sucede, en ocasiones por miedo a no ser señalados por el poder dominante de lo políticamente correcto; es decir de la mentira impuesta, y en otras, porque nos han hecho creer que desde la propia experiencia y sabiduría tenemos el poder suficiente para realizarnos (así le llaman ahora) como personas autónomas y libres. Es decir que el que no se ha dado el Ser a si mismo, cree tener el poder para conocerse a sí mismo desdeñando la palabra que viene de su Creador.
Los poderes del mundo, por muy diversos intereses ocultos e incluso velados, nos han llevado a hacernos creer -como la antigua serpiente- que alcanzaremos el verdadero conocimiento por nosotros mismos, mientras nos han puesto encontrá de Aquél que verdaderamente lo poseé porque que viene de Dios y es Dios mismo, Jesús. Pero como dijo Mark Twain»: Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados».
Se podrá creer en Jesús o no, pero lo que si es una verdad incuestionable es la limitación y finitud del hombre (del ser humano) y que con su *solo* poder introspectivo o empírico tengan una explicación, o la pueda tener en el futuro (por esos mismos límites), fuera de la Revelación, exacta y veraz de las razones últimas de la existencia del mundo, de su propio misterio, e incluso de Dios.

Los sanos no tienen necesidad de Médico

El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 9,9-13.
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Comentario: Jesús ha venido especialmente para salvar a los que están en oscuridad y sombras de muerte a causa de su propia ignorancia y pecado. Pero Jesús sabe que sin misericordia, sin un trato personal y humilde hacia el que no ha conocido a Dios y el amor que le tiene, es imposible tocar su corazón. De esta manera, Jesús, libre de todo prejuicio hacía el pecador (en el caso del Evangelio de hoy Mateos, el recaudador de impuestos) entra en su casa, come con él y con su testimonio abre el entendimiento y el corazón de aquél hombre publicano.
Muchos Mateos hay en el mundo actual, que sin saberlo buscan a Dios, y lo buscan a ciegas allí donde no se encuentra, pero también hay muchos fariseos, que levantan muros de exigencias e incluso rechazo hacia aquellos que como Mateo, son pecadores públicos o viven en la indigencia. Muchas veces sin ser fariseos también se nos olvida la paciencia y misericordia que Dios a tenido para con nosotros a lo largo de toda nuestra vida y exigimos a los demás, que en pocos días o en pocas semanas, entiendan lo que a nosotros nos ha costado años conocer acerca de Dios y al cambio de vida que nos llevó, en la decisión, tal vez, más comprometida de nuestra vida.
Misericordia nos pide hoy Jesús, porque el sacrificio y el cumplimiento sin compasión, sin ponernos en el lugar de los demás, sin observar primero nuestro pasado y nuestro pecado actual, no puede esperar ser respondido por Dios.

¿Quien es Madre y mis hermanos?

Evangelio de hoy
Evangelio según San Lucas 8,19-21.
Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte».
Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».

Comentario: Es la palabra de Dios la que realmente nos hace familia de Dios, hijos del padre y hermanos coherederos de Jesús por el su sacrificio en la cruz. Y no es la Palabra de Dios revelada sin más, sino que está Palabra no tiene efecto si no se hace vida en nosotros, sino se practica como hoy nos indica Jesús. ¿Y quien mejor que María fue obediente a la palabra de Dios, hasta comprometer su vida entera? María es modelo para nosotros de compromiso con la Palabra de Dios: es modelo de humildad, de justicia, de caridad, de obediencia, de silencio que asume el misterio de Dios y que guarda y aguarda en su corazón alcanzar la sabiduría para más adelante que aún su naturaleza humana es incapaz de contener, abarcar y comprender. María es la madre de Jesús pero a demás, por sus obras, Dios la a elegido también como madre nuestra para que ella, como criatura humana, sea a la vez modelo nuestro en las luchas y batallas que tenemos que afrontar en la vida (muchas veces sin entender). Siete espadas atravesaron el alma de María y la última, la más dolorosa de todas (ver el asesinato de aquél le dijeron sería el Mesías y sobre el cual tantas alabanzas vertieron), no la derribó porque también en la noche más oscura del alma, de la suya, no dejó de confiar en la Palabra de Dios, en la voluntad del Padre -como Jesús mismo- entregando la vida que más amaba en este mundo.
¿Hoy deberíamos preguntarnos, hasta que punto yo estoy comprometido con la palabra de Dios, hasta que punto pesa más mi opinión que sus designios y mandatos, por muy ocultos que estos sean a mi limitado y pequeño entendimiento? ¿Hasta que punto estoy dispuesto a renunciar a lo más querido, pensando cómo María y, a la luz del libro del Santo Job, que el Señor nos lo Dió y el Señor dueño de todo (por algún designio oculto o velado) nos lo quito? ¡Alabado sea Dios, y bendecido de múltiples gracias aquel que práctica su palabra!

Al que tiene se le dará, al que no…

Evangelio según San Lucas 8,16-18.
Jesús dijo a la gente:
«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener».

Comentario: Jesús es la luz del mundo porque es Dios, no es un hombre más aunque se humillara a tal extremo que adoptara la misma condición humana para salvar a la criatura que el mismo había creado por amor y a imagen y semejanza suya.
Jesús ha venido como luz -la única verdadera- a iluminar nuestra inteligencia y nuestros corazones porque está en la esencia de su ser alumbrar lo que está en oscuridad de muerte, iluminar lo que Satanás quiere que permanezca bajo tinieblas para su propia ganancia, que no puede ser otra cosa que la muerte, la desesperación y la amargura.
Hoy Jesús nos revela que no hay nada oculto que no deba ser descubierto, por eso Jesús con su venida a este mundo, nos pone al descubierto con su palabra y su vida, que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob no era un invento del hombre y, de esta manera, todas las tinieblas sobre la orfandad del hombre y su sin razón sobre esta tierra que habita, han adquirido un sentido a la luz, del que es Luz por sí mismo. Luz que disipa toda duda, toda confusión, toda oscuridad, todo camino sin salida y sin retorno. Dios es la Luz y nos llama a los que hemos sido alumbrados por él a ser testigos de esta luz que lleva a la salvación y que nos arrebata del dominio de la mentira donde él mundo y Satanás nos tenían envueltos para nuestra perdición y la de los nuestros.
Hoy Jesús, conocedor de lo que hay más allá de las tinieblas que nos envuelven, finaliza este evangelio con una advertencia y es que al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener». Por eso, hoy y cada día llenémonos y retengamos la única fuente de Verdad y Sabiduría, a Jesús mismo, que con su Luz, su Evangelio, nos enseña el camino de la vida abundante; la vida que nos da más incluso de lo que realmente esperábamos para mayor gloria y alabanza de su Nombre.

Para finalizar recordemos lo que hoy nos dice S. Agustín en la lectura de Completas y también el Apóstol: *Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo*

La mujer tan digna ante Dios como el hombre

Evangelio según San Lucas 8,1-3.
Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Comentario: San Juan Pablo II (1920-2005)

Mulieris Dignitatem, § 16
«Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres»
Desde el comienzo de la misión de Cristo, la mujer muestra, con relación a él y a todo su misterio, una particular sensibilidad que corresponde a una de las características de su feminidad. Además conviene señalar que esta verdad se confirma de manera particular en el misterio pascual, no solamente en el momento de la crucifixión sino todavía más al amanecer del día de la resurrección. Las mujeres son las primeras en estar junto al sepulcro. Son las primeras que lo encuentran vacío. Son las primeras en oír: «No está aquí: ha resucitado, como había dicho» (Mt 28,6). Son las primeras en abrazar sus pies (Mt 28,9). También son las primeras llamadas a anunciar esta verdad a los apóstoles (Mt 28,1-10; Lc 24,8-11). El Evangelio de Juan (cf también Mc 16,9) pone de relieve el papel particular de María de Magdala. Es la primera que se encuentra con Cristo resucitado... Por eso mismo se la ha llamado «apóstol de los apóstoles». María de Magdala fue, ante los apóstoles, testimonio ocular de Cristo resucitado y, por esta razón, fue también la primera en dar testimonio de él ante los mismos.

Este acontecimiento es, en un sentido, como el coronamiento de todo lo que se ha dicho anteriormente sobre la transmisión, hecha por Cristo, de la verdad divina a las mujeres, en un plano de igualdad con los hombres. Se puede decir que así se han visto cumplidas las palabras del profeta: «Derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán» (Jl 3,1). Cincuenta días después de la Resurrección de Cristo, estas palabras son de nuevo confirmadas en el Cenáculo de Jerusalén, al descender el Espíritu Santo, el Paráclito (Hch 2,17). Todo lo que aquí se ha dicho sobre la actitud de Cristo respecto a las mujeres confirma e ilumina, en el Espíritu Santo, la verdad sobre la igualdad del hombre y la mujer.

Mujer aquí tienes a tu hijo.

Bienaventurada Virgen María de los Dolores, Memoria
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 19,25-27.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo».
Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Comentario:
Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157)
abad cisterciense

1er sermón para el día de la Asunción; PL 185A, 187

«Ahí tienes a tu madre»
Maria ha engendrado un hijo; y tal como es el Hijo único del Padre de los cielos, es el hijo único de su madre en la tierra… Sin embargo, esta sola virgen madre, que ha tenido la gloria de dar a luz al Hijo único de Dios, abraza a este mismo Hijo en todos los miembros de su Cuerpo (todos los bautizados hijos a la vez de la Iglesia) y no se avergüenza de ser llamada la madre de todos aquellos en quienes ella reconoce a Cristo ya formado o a punto de serlo. Eva, que antaño legó a sus hijos la condena a muerte incluso antes que nacieran, ha sido llamada «la madre de los vivientes» (Gn 3,20)… Pero puesto que no realizó el sentido de su nombre, es María la que realiza el misterio (dicha misión solo alcanzable desde la fe). Como la Iglesia, de la cual ella es símbolo, es la madre de todos los que renacen a la vida. Es, verdaderamente, la madre de la Vida que da vida a todos los hombres; y engendrándola, en alguna manera, regenera a todos los que van a vivir de ella…

Esta bienaventurada madre de Cristo, que se sabe madre de los cristianos en razón de su misterio, muestra ser también su madre por su solicitud para con ellos y por el afecto que les demuestra. No es dura para con ellos como si no fueran suyos. Sus entrañas, fecundadas una sola vez pero no agotadas, no dejan de dar a luz al fruto de la bondad. «El fruto bendito de tu vientre» (Lc 1,42), dulce madre, te ha llenado de una bondad inagotable: nacido de ti una sola vez, permanece en ti para siempre.

Oración: Hoy la Iglesia nos presenta este hermoso salmo recordando especialmente a los que sufren persecución por dar testimonio de su fe, como el mismo Jesús la padeció por dar testimonio del Padre y de su misma Divinidad.

Salmo 31(30),2-3a.3bc-4.5-6.15-16.20.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.

Sé para mí una roca protectora,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen.
¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti, en la presencia de todos.

Dios no envío a su hijo para juzgar al mundo, sino para salvarlo.

14 Septiembre

Exaltación de la Santa Cruz, Fiesta
El Evangelio del día

Jesús dijo a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»

Comentario: Se podría comparar el Reino de Dios como una carrera que transcurre por un entorno paradisíaco donde todos gozan y todos tienen premio, así fue en el principio de la creación, pero resulta que para que algo funcione y no sea un caos todo tiene unas reglas, el mismo orden del universo se rige con unas leyes matemáticas para que el universo no colapse y los planetas choquen entre sí. Del mismo modo Dios puso unas normas al hombre estando en el paraíso al principio de la creación, normas que el hombre se saltó, conociéndolas, por lo que se puede decir que él mismo se descalificó de dicha carrera quedando excluido de todos sus beneficios. No obstante Dios que es misericordioso, tuvo a bien, meternos de nuevo a todos en esa carrera de gloria y dicha mediante el rescate que Jesús pagó por nosotros comprándonos para Dios Padre, y justificándonos ante él mismo al precio de su Sangre. Jesús por tanto, como bien dice el evangelio de hoy no ha venido a juzgarnos, sino todo lo contrario a sálvarnos. A sálvarnos a todos, y para ello, de principio, todos tenemos el dorsal para correr en esta carrera. Si aceptas entrar a correr Jesús no te va a poner impedimento, porque no excluye a nadie, no juzga; todos estamos invitados en la carrera de principio, y no importa tu nacionalidad, tus cualidades, tus defectos, absolutamente nada de lo que hicistes con anterioridad a aceptar esa invitación, a entrar en esta carrera de salvación, la cual tiene también una meta, con una recompensa aún mayor de vida Eterna Junto a Dios. Pero… pero resulta que Dios es orden, transparencia, luz, verdad, vida, al contrario que el Príncipe de las Tinieblas, que es engaño, confusión, caos, desorden. Y por lo mismo, como Dios es orden, nos dice con verdad, desde principio, como debemos participar en la carrera de la Vida Eterna, en la carrera del bien y del gozo, para que esa salvación nos alcance y nosotros mismos no nos descalifiquemos saliéndonos de ella. La norma, el orden, la vida, es creer en él hijo de Dios, en Jesucristo, segunda persona de la Trinidad, Dios mismo -por el cual fueron creadas todas las cosas- y por el cual y mediante el cual, solamente, podemos salvarnos. Así es, puesto que fuera de Él no hay más Dios, menos aún, otro ser humano como nosotros (falible) que tenga el Poder y en el que resida la Verdad, que solo Dios posee.

Buenos días nos de Dios, hoy estamos llamados como S. Pablo nos conmina a la lucha, es una pelea, una batalla que tenemos que librar, pero sabemos que es la pelea y la batalla buena la que nos califica. Por eso nos dice en (1 Timoteo 6:11-12): Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado.

Yo te ordeno, levántate

El Evangelio del día
Los santos del día
Oraciones
13 Septiembre

Martes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario
El Evangelio del día
Evangelio según San Lucas 7,11-17.
Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate».
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo».
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Comentario: San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, 5, 89, 91-92 (Véricel, El Evangelio comentado, p.132)
« Joven, a ti te digo: Levántate»
Incluso si los síntomas de la muerte han quitado toda esperanza de vida, incluso si los cuerpos de los difuntos yacen cerca de la tumba, con la voz de Dios, los cadáveres ya listos para descomponerse se levantan, recuperan la palabra; el hijo es regresado a su madre, es llamado de la tumba, fue arrancado de ella. ¿Cuál es tu tumba? Tus malas costumbres, tu falta de fe, (la rutina, el orgullo, egocentrismo, el apego al dinero, tu apego a esa misma muerte que has cavado entorno tuyo, tus miedos, y complejos). Es de esa tumba que Cristo te libera, de esa tumba que resucitarás, si escuchas la Palabra de Dios. Incluso si tu pecado es tan grave que no puedes lavarlo por ti mismo por las lágrimas de tu arrepentimiento, la Iglesia, tu madre, llorará por ti, ella que interviene por cada uno de sus hijos como una madre viuda por su hijo único. Pues ella se compadece de una forma de sufrimiento espiritual que es natural para ella cuando ve que sus hijos son arrastrados hacia la muerte a causa de vicios funestos…

Que llore entonces, esta piadosa madre; que la muchedumbre la acompañe; que no solamente una muchedumbre sino una multitud considerable se compadezca de esta dulce madre. Entonces resucitarás en tu tumba, serás liberado; quienes cargan el féretro se pararán y te pondrás a decir palabras de vida, todos quedarán sorprendidos. El ejemplo de uno sólo corregirá a muchos y alabarán a Dios de habernos dado tales remedios para evitar la muerte

Guardemos de la prudencia egoísta.

Lunes de la 24ª semana del Tiempo Ordinari.
*Evangelio según San Lucas 7,1-10.*
Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún.
Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho.
Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor.
Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: «El merece que le hagas este favor,
porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga».
Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa;
por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: ‘Ve’, él va; y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘¡Tienes que hacer esto!’, él lo hace».
Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe».
Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Comentario: San Francisco de Asís (1182-1226)
fundador de los Hermanos menores

“No soy digno de que vengas a mi casa.” (Lc 7,6) Por el amor de Dios, suplico a todos los hermanos, –los que predican, los que oran, los que trabajan con sus manos, clérigos y laicos–, de crecer en la humildad en todo, de no gloriarse vanamente, de encontrar su gozo o enorgullecerse interiormente por las buenas palabras y las buenas acciones que Dios dice o cumple a veces en ellos o a través de ellos. Según la palabra del Señor: “No os alegréis que los espíritus se os sometan.” (Lc 10,20) Estemos plenamente convencidos: no tenemos nada más que nuestras faltas y pecados. Alegrémonos más bien en las pruebas cuando hemos de soportar, en el cuerpo o en el alma, toda clase de tribulaciones en este mundo por amor de la vida eterna.

Hermanos, guardémonos de todo orgullo y de toda vana gloria. Guardémonos de la sabiduría de este mundo y de la prudencia egoísta. El que es esclavo de sus tendencias egoístas pone mucho interés en preparar discursos, pero pone poco interés en pasar a las obras. En lugar de buscar la religión y la santidad interior del espíritu, desea una religión y una santidad exteriores bien visibles a los ojos de los hombres. De ellos dice el Señor: “Os lo digo en verdad, ya han recibido su paga.” (cf Mt 6,2) En cambio, aquel que es dócil al espíritu del Señor quiere humillarse por ser egoísta, vil y bajo en esta carne. Se ejercita en la humildad y en la paciencia, en la pura simplicidad y en la paz verdadera del espíritu. Desea siempre y por encima de todo el temor filial de Dios, la sabiduría de Dios y el amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.

24º Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 15,1-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido».
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».
Y les dijo también: «Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido».
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte».
Jesús dijo también: «Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’.
Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'».

Comentario del Evangelio según Lucas, (SC 52, Traité sur l’évangile de Luc, Cerf, 1958)

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia

“Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará” (Ef 5,14)
“Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti” (Lc 15,18). Esta es nuestra primera confesión al Creador, al Señor de misericordia, al juez de la falta. Aunque Dios conoce todo, espera la expresión de ese reconocimiento, ya que “con la boca se confiesa para obtener la salvación” (Rom 10,10). (…)

Aunque aquello se dijo el hijo menor, hablar no es suficiente, es necesario volver al Padre. “Entonces partió”. ¿Dónde buscarlo, dónde encontrarlo? Tú, primero levántate y parte, tú que hasta ahora estabas sentado o somnoliento. El apóstol Pablo escribe: “Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos” (Ef 5,14). (…) Levántate, corre a la Iglesia, ahí está el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El que te escucha hablar en lo secreto de tu alma viene a tu encuentro y cuando estás todavía lejos te ve, corre. Él ve en tu corazón, corre para que nadie te atrase, te abraza. (…) Cristo se arroja a tu cuello para liberar tu nuca del yugo de la esclavitud y poner su yugo de ternura. (…) Se arroja a tu cuello mientras proclama: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio” (Mt 18,27-28). Esta su forma de abrazarte, si te conviertes.

«Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies” (Lc 15,22). La ropa es la vestimenta de la sabiduría (…), hábito espiritual y vestido nupcial. El anillo es el sello de una fe sincera y la marca de la verdad. En cuanto a las sandalias, es la predicación de la Buena Noticia.