Reciban el Espíritu Santo.

Pentecostés
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 20,19-23.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Comentario: Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina

El Heraldo, IV (SC 255. Œuvres spirituelles, Le Héraut, IV, Cerf, 1978),
Recibir el Espíritu Santo, llenos de gratitud
Mientras se leía en el evangelio que el Señor entregó el Espíritu Santo a sus discípulos, soplando sobre ellos (cf. Jn 20,22), Gertrudis, con gran devoción, suplicó al Señor que en su generosidad, le diera a ella también el Espíritu del que brota toda ternura. El Señor le respondió: “Si deseas recibir el Espíritu Santo, es necesario, como mis discípulos, tocar primero mi costado y mis manos” (cf. Jn 20,27). Estas palabras le hicieron comprender que si alguien quiere recibir el Espíritu Santo, es necesario que toque el costado del Señor, es decir, considere con gratitud el amor del Corazón divino, ya que por él nos predestinó de toda eternidad a ser sus hijos y herederos de su Reino. Considere también cómo por tantas infinitas bondades nos ha guardado a pesar de nuestra indignidad y continúa el cuidado de su gracia a pesar de nuestra ingratitud. Es necesario además tocar las manos del Señor, es decir recordar con gratitud todos los actos del Señor, que realizó siempre por amor, con los que penó durante treinta y tres años, especialmente en su pasión y muerte, por nuestra redención. Cuando esté ardiendo por este recuerdo y esta gratitud, que ofrezca a Dios todo su corazón para el agrado de la voluntad divina, unido por el amor que hizo decir al Señor: “Como el Padre me ha enviado, yo también los envío” (Jn 20,21). De este modo, que el hombre no quiera ni desee nada sino el soberano agrado de Dios y se ofrezca a sí mismo (…). Si alguien actúa así, recibirá sin dudas al Espíritu Santo, el Paráclito, con los mismos sentimientos que los discípulos lo recibieron con el soplo del Hijo de Dios.

Tú sígueme

La vida del creyente no es una competición al modo humano por ver quién llega antes a la meta o quien asciende más alto, o está más lleno de Dios. No es este modelo el camino de la santificación que propone Jesús.
Dios nos trata como personas diferenciadas unas de otras, cada una con su modo de recibir y de ascender (pasa como a los bebés, unos avanzan a brazadas, otros a gatas y otros girando sobre si mismo como pequeños toneles). Hoy Jesús le dice a Pedro, no te preocupes tanto de tú hermano, y ten puesta la vista en mí para seguir mis indicaciones y mis huellas, puesto que solamente yo conozco tú alma y el itinerario más conveniente para tú ascensión que es la gloria de mi Padre y mi propio regocijo. Tú sígueme, no te disperses, que mi amor por tí es el más grande que puedes recibir. El ejemplo ya puso Santa Teresa para explicar las diferentes estancias del cielo: vasos de diversos tamaños todos llenos hasta el borde, cada uno contiene el agua que le cabe y no necesita más (no reclamaría agua de los otros).

Sábado de la 7a semana de Pascua
Evangelio según San Juan 21,20-25.

Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».
Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?».
Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme
Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «El no morirá», sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?».
Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

Comentario: San Gregorio de Nisa (c. 335-395)
monje, obispo

Homilía sobre el Cantar de los Cantares (La Colombe et la Ténèbre, Cerf, 1992)

Jesús le respondió: “Tú sígueme” (Jn 21,22)
[“Levántate, amada mía, y ven hermosa mía. Paloma mía” (cf. Ct 2,13-14)]. La naturaleza divina lleva al alma humana a participar de ella y la trasciende por su altura en el bien. El alma crece siempre en su participación a lo trascendente y no cesa nunca de ampliarse. Pero el bien divino del que participa, permanece el mismo, manifestándose trascendente al alma que participa cada vez más. Vemos así al Verbo guiar a la Esposa hacia las cimas, con ascensiones en la virtud, como en la subida de una escalera. El Verbo le envía primero un rayo de luz por la apertura de los profetas y la trama de los mandamientos de la Ley. Le pide aproximarse a la luz y devenir bella, tomando en la luz la forma de una paloma. Luego, cuando ella ya tuvo parte de sus bienes en toda la medida de su capacidad, como si todavía no hubiera participado de sus bienes, la atrae de nuevo para la participación de la belleza trascendente. En la medida que progresa hacia lo que surge delante de ella, su deseo aumenta. El exceso de bienes trascendentes que se manifiestan, le hace creer que está al comienzo de su ascensión. Por eso el Verbo dice de nuevo “Levántate” a la que ya se levantó y “Ven” a la que ya vino (cf. Ct 2,13). El que se levanta así, no terminará nunca de levantarse. El que corre hacia el Señor no se agotará nunca en recorrer el espacio de la carrera divina. Siempre hay que levantarse y nunca dejar su carrera, cada vez que el Verbo dice “Levántate” y “Ven”, él nos da la fuerza para subir más alto.

Tú lo sabes todo…

Viernes de la 7a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 21,15-19.
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos».
Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». El le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas».
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras».
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

Comentario: San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

“¿Me amas más que a éstos? – Apacienta mis corderos.” (Jn 21,15)
¡Imitemos a los apóstoles en sus virtudes y no nos quedaremos atrás! En efecto, no son sus milagros que los constituyeron en apóstoles, sino la santidad de su vida. En ella se reconoce al discípulo de Cristo. El Señor mismo nos ha señalado con este signo. Cuando quiso hacer el retrato de sus discípulos y revelar el signo que los distinguiría, dijo: “En esto reconocerán que sois mis discípulos”. ¿Sería por los prodigios que obraban, por los muertos que resucitaban? De ninguna manera. Entonces ¿por qué? “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13,35).

Ahora bien, el amor no es cuestión de milagros sino simplemente de virtud: “El amor cumple todo la ley …” (Rm 13,10).Tened amor unos a los otros y así os pareceréis a los apóstoles, estaréis en el primer puesto. “Si tú me amas, dice Jesús a Pedro, apacienta mis corderos”. Aquí, prestad atención, se valora la virtud, el celo, la compasión, el trabajo de guiar, el olvido de los propios intereses, la preocupación por cumplir con la tarea de la carga pastoral; todo esto es fruto de la virtud, del amor, no de los milagros y prodigios sino del amor.

El pan y el circo no es para siempre también se acaba.

Los de ahora, con sus actos, terminarán haciendo santos a los que nos dejaron décadas atrás y con tanta saña siempre han criticado. ¡El que tenga ojos para ver que vea y entienda…!

Los que hace cuatro años atrás hablaban de casta política, ya no lo hacen porque ellos mismos se convirtieron en casta

Los que hablan de puertas giratorias, nada más llegar al poder, enchufaron a su familia y amiguetes sin pudor alguno.

Por si fuese poco, han intentado abrir vía libre para que no se considere delito las relaciones sexuales entre menores y adultos, bajo la escusa del consentimiento. Como si ambas partes estuviesen al mismo nivel cognitivo, psicológico y perceptivo.

Sus socios de gobierno, por otra parte, que hablaban de regeneración de las instituciones y de la política, no tardaron en politizarlas cada vez más para manipularlas desde dentro a su favor, así como rebajar las penas por malversación de fondos públicos y quitar el delito de sedición, toda una concesión para repetir situaciones indeseables del pasado y aún mayores porque el precio a pagar es gratis.

A los mismos de la regeneración de la vida pública decirles, que si repugnante es la compra de votos con dinero constante y sonante, no menos lo es la compra, por la puerta de atrás,  con míseros regalitos a jóvenes y jubilados, con entradas para el cine y otros espectáculos prescindibles, mientras otros ciudadanos no llegan a final de mes. Y lo peor de todo hacerlo con fondos públicos, el dinero de todos los ciudadanos.

La lista daría para estar escribiendo más de un mes, pero por hoy es suficiente.

En cualquier caso no hay que desgastarse mucho, porque cada vez hay más gente que prefieren migajas a vivir con dignidad por defender verdaderos valores. ¡Que siga el pan y el circo, porque África, ahora más que nunca, comienza en los Pirineos, sin perder de vista que nada es para siempre, porque también el pan y el circo se acabó para el Imperio Romano.
Si desterramos a Dios que apela a nuestras conciencias y dejamos la casa vacía, el demonio que vigila detrás de la puerta, corre listo a asaltarla, que es lo que está sucediendo.

Yo en ellos y tú en mí

En el Evangelio de hoy podemos contemplar la intimidad que Jesús guarda con el Padre hasta el último momento de entregar su vida. Y lo hace intercediendo no sólo por los suyos, como veíamos ayer, sino también por todos los que los seguirián después.

Evangelio según San Juan 17,20-26.

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
«Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno
-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos».

Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida

El buen Jesús (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949)
“Que sean uno como nosotros somos uno” (Jn 17,22)
En su oración sacerdotal, antes de la Pasión, Cristo Jesús hace un pedido para sus apóstoles y los que creerán en su palabra: que sean uno con Él, como Él y su Padre son uno, para que puedan ver su gloria (cf. 17,21.24). Cristo Jesús lo pide como precio de su sacrificio. Esta unidad es la finalidad de la Encarnación y la Redención. Es vital para nuestras almas y la Iglesia. (…) La Iglesia es Cristo difundido o Cristo propagado en sus miembros. Ella lo prolonga sumándole humanidades en las que vierte las riquezas de su gracia y por las que continúa su misión sacerdotal aquí abajo. La gracia divina que nos viene de Cristo, nos encadena a Cristo y nos hace de Cristo. Así, nosotros somos a Cristo y Cristo es a Dios. (…) Tal es el plan de Dios que nos envuelve y los designios que quiere realizar en nosotros y por nosotros. Seremos de Cristo o no tendremos vida sobrenatural. Seremos hijos con el Verbo encarnado en el seno de la Trinidad santa o seremos excluidos del Reino de los cielos. Estas verdades no deben sólo proveer un alimento a nuestra contemplación. Ya que dirigen toda la obra divina de la Redención y de la organización de la Iglesia, deben presidir a la cooperación que nos es pedida para esta obra divina. Esas verdades tan altas están entre las más prácticas para la vida espiritual y el apostolado.

“¡Qué sean uno!”

Interesante el comentario de hoy que bien deberían tener encuenta los hermanos separados y los que dentro de la misma Iglesia de Jesucristo dictan normas o predican atentando contra su unidad.

Miércoles de la 7a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 17,11b-19.

Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
«Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.»

San Cipriano (c. 200-258)
obispo de Cartago y mártir

Sobre la unidad de la Iglesia (De l’unité de l’ Église, Cerf, 1942)

“¡Qué sean uno!”
Hay una sola Iglesia y por su fecundidad siempre en crecimiento, abraza una multitud cada vez mayor. El sol envía muchos rayos, pero su fuente luminosa es única. El árbol se divide en muchas ramas, pero hay sólo un tronco vigorosamente apoyado sobre tenaces raíces. De un manantial salen muchos arroyos y aunque todo tiene una única fuente, esta multiplicidad no se deseca gracias a la abundancia de sus aguas. Separen un rayo solar de la masa del sol, la unidad de la luz no evidencia el fraccionamiento. Saquen una rama a un árbol, la rama rota no podrá germinar. Corten un arroyo del manantial, el arroyo se deseca. Lo mismo ocurre en la Iglesia del Señor. Difunde en el universo los rayos de su luz pero una es la luz que ilumina todo, unidad del cuerpo que no se divide. Extiende sobre la tierra sus ramas de poderosa vitalidad, derrama lejos sus aguas sobreabundantes. Sin embargo, hay una sola fuente, un solo origen, una sola madre. El sacramento de la unidad, ese lazo de concordia indisolublemente coherente, es representado en el Evangelio por la túnica de nuestro Señor Jesucristo. Ella no es dividida ni rota, sino que sorteada para saber quien revestiría a Cristo, llega intacta al que se transforma en maestro. El pueblo de Cristo tampoco puede ser dividido. Su túnica, de una sola pieza, un solo tejido, es figura de la concordia coherente de nuestro pueblo, de aquellos que hemos revestido a Cristo. Indivisible es la unidad. Un cuerpo no puede perder su cohesión ni ser dividido, ni su interior rasgado y dispersado en partes. Todo lo que se aleja del centro de la vida no puede vivir y respirar dividido en partes, ya que pierde lo esencial de su bien.

Esta es la Vida eterna: que te conozcan…

Martes de la 7a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 17,1-11a.
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
«Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti.»

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

Diálogos, La reforma de los pastores, XXV (Le dialogue, II, Téqui, 1976),
“Saben que todo lo que me has dado viene de ti” (Jn 17,7)
¡Dios eterno, Luz más allá de toda luz y foco de toda luz! ¡Oh Fuego más allá de otro fuego, Fuego único que arde sin consumirse! ¡Fuego que consume al pecado y al amor propio en el alma, Fuego que no consume el alma sino que la nutre con un amor insaciable, porque al saciarla no la sacia, ella continúa a desearlo! ¡Oh Fuego soberano, Fuego eterno, abismo de Caridad, cuanto más el alma lo desea, más lo posee, más lo busca, más lo encuentra y lo gusta! Oh Bien supremo y eterno, ¿quién lo ha llevado, Dios infinito, a iluminarme con la luz de su Verdad, a mí, su pequeña criatura? Solamente usted, ¡oh Fuego de amor! El Amor siempre, el Amor sólo, lo ha llevado y lo lleva todavía a crear a su imagen y semejanza a sus criaturas razonables, a hacerles misericordia, colmándolas con gracias infinitas y dones sin medida. Oh Bondad más allá de toda bondad, ¡solo soberanamente bueno! Sin embargo, ¡nos ha dado al Verbo, su Hijo único, para vivir con nosotros, en contacto con nuestro ser de corrupción y nuestras tinieblas! ¿Cuál fue la causa de ese don? El amor. Ya que nos ha amado antes de nuestra creación. ¡Oh Grandeza eterna! ¡Oh grandeza de Bondad! Se abajó, se hizo pequeño para hacer grande al hombre. Hacia cualquier lado que me vuelva, sólo encuentro la inmensidad y fuego de su Caridad.

Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo

La Asención del Señor
El Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Comentario: San Romano el Melódico (?-c. 560)
compositor de himnos

Himno 48, La Ascensión, 2-4, 7-8; SC 283 (trad. SC p. 141s rev.)
“Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”
¿El que descendió sobre la tierra – sólo él sabe cómo – en el momento de irse de nuevo – cómo? Él sólo lo sabe – tomó a aquellos a los que amaba y los llevó a una montaña… para levantarles la cabeza y el espíritu… El Señor, extendiendo los brazos como alas, cubrió así como una águila el nido que cuidaba tiernamente (Dt 32,11) y dijo a sus pequeños: «Os he protegido con mi sombra contra todos los peligros (Sal.90,1): así como yo os he amado, amadme. Yo no me separo de vosotros: estoy con vosotros, ¿quién estará contra vosotros? «(cf Mt 28,20; Rm 8,31)…Con estas palabras, el Salvador les causó a sus apóstoles una gran pena. Posiblemente llorando decían: "¿nos dejas, te separas de aquellos que te quieren?... Esto nos angustia, porque nuestro deseo es estar contigo. Buscamos tu rostro; no hay otro Dios como tú (Sal. 26,8; Is 45,5). No te alejes de los que te quieren, quédate cerca de nosotros y dinos: 'Yo no me separo de vosotros: estoy con vosotros, y ¿quién estará contra vosotros?' " El Señor, viendo las quejas de aquellos que le amaban, los sostuvo como un padre a sus hijos: "no lloréis, amigos, porque no es tiempo de lágrimas… Es la hora de mi alegría: para ir hacia mi Padre ' tomo las alas, y reposaré ' en mi tienda (Sal. 138,9). Porque del firmamento del cielo hice una tienda…, como lo dice Isaías: ' Dios levantó el cielo como una bóveda y como una tienda donde se vive ' (Is 40,22), Dios que dice a los suyos: 'Yo no me separo de vosotros: estoy con vosotros, y ¿quién estará contra vosotros? ' " "Estad ahora alegres y radiantes, 'cantad un cántico nuevo' (Sal. 97,1), porque todo lo que va a suceder es por vosotros. Por amor vuestro descendí aquí abajo y fui por todas partes, con el fin de amaros y de ser acogido por vosotros. También por amor a vosotros subo a los cielos, con el fin de disponer el lugar donde debo estar con vosotros: porque "en la casa de mi Padre hay muchas moradas" (Jn 14,2)… Voy pues a preparar una morada para vosotros y llevaros allí, y 'Yo no me separo de vosotros: estoy con vosotros, y ¿quién estará contra vosotros?' "

La tristeza se convertirá en gozo.

Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. El evangelio de hoy sigue proclamando la alegría que nos trae Jesucristo, una alegría y una paz, como dice en otra parte del Evangelio, diferente a la que da el mundo. El mundo mientras nos habla de trabajar para la paz, cada día invierte más en armamento por un lado, mientras que va sembrado la división en distintos colectivos de la sociedad para crear fanáticos y adeptos incondicionales capaces de batirse el cobre por los políticos caso de que pierdan el poder. Mientras Jesús nos habla de un gozo imperecedero, porque en la tristeza y en la alegría, en la muerte y en la vida, él se manifiesta, nos ilumina y nos acompaña, porque es un Dios real y vivo que nos señala además el camino para alcazar la Vida Eterna. El mundo nos habla de una alegría de pandereta y circo que solo perdura mientras dura el espectáculo, porque la realidad del día a día es otra, y cuando la gente aterriza de la ilusión, sin cruz, que le vendió el mundo o se suicida o se atiborra de antidepresivos y tranquilizantes como estamos viendo: los medicamentos con más auge en las últimas décadas. El gozo que da el Señor es para siempre, porque su palabra no es tramposa: Cielo y Tierra pasarán más mis palabras no pasarán. Pasan los días, pasan los artistas; los políticos con sus promesas incumplidas, pasan los amigos, hasta las guerras y las pandemias pasan, pasan los ideales (lo que hoy es bueno para la humanidad, mañana ya no vale y viceversa), todo pasa menos el gozo del Señor que nos ha hecho salvos por el sacrificio de su hijo en la cruz venciendo a la muerte y al pecado. https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Vuestra tristeza se convertirá en gozo.

Vuestra tristeza se convertirá en gozo. Así concluye el evangelio de hoy, y es cierto. Con la resurrección de Jesucristo sabemos, como dice la canción, que la muerte no es el final del camino, que no somos carne de un ciego destino. El gozo no solo es una esperanza en el mañana sino que es una realidad en el presente porque el Espíritu Santo eleva nuestras oraciones al Padre y así, en muchos momentos de la vida, hemos experimentado como hemos sido iluminados y ha atiendido nuestras necesidades; y sino hagamos un ejercicio en la memoria de nuestro pasado.

El gozo es igualmente palpable cuando observamos que el Espíritu Santo va suscitando en la historia de la Iglesia y en sus peores momentos, hombres Santos que la renuevan, así como nuevos movimientos dentro de la misma, que nos traen a la memoria las palabras de Jesús cuando dijo: Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo o aquellas otras de que las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella.

Evangelio del día
El Evangelio del día
Los santos del día
Oraciones
18 Mayo

Jueves de la 6a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 16,16-20.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver».
Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: «¿Qué significa esto que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver’?. ¿Y que significa: ‘Yo me voy al Padre’?».
Decían: «¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir».
Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: «Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: ‘Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver’.
Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.»

Catecismo de la Iglesia Católica:

Cuando Jesús vuelva
Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta que él mismo no ha sido glorificado por su Muerte y su Resurrección. Sin embargo, lo sugiere poco a poco (…). A sus discípulos les habla de él abiertamente a propósito de la oración (cf. Lc 11, 13) y del testimonio que tendrán que dar (cf. Mt 10, 19-20). Solamente cuando ha llegado la hora en que va a ser glorificado Jesús promete la venida del Espíritu Santo, ya que su Muerte y su Resurrección serán el cumplimiento de la Promesa hecha a los Padres: El Espíritu de Verdad, el otro Paráclito, será dado por el Padre en virtud de la oración de Jesús; será enviado por el Padre en nombre de Jesús; Jesús lo enviará de junto al Padre porque él ha salido del Padre. El Espíritu Santo vendrá, nosotros lo conoceremos, estará con nosotros para siempre, permanecerá con nosotros; nos lo enseñará todo y nos recordará todo lo que Cristo nos ha dicho y dará testimonio de Él; nos conducirá a la verdad completa y glorificará a Cristo. En cuanto al mundo, lo acusará en materia de pecado, justicia y de Juicio.

¿que espítu me guía?

Hoy toca discernir que espíritu me impulsa a hablar, a estar y a actuar ¿El espíritu del mundo (¡como lo hacen todos…!), el espíritu de la carne (cuando soy reo de mis impulsos, tendencias y pasiones), el espíritu de Satanás (deseando el mal y la caída de los otros) o el espíritu de la Verdad, del Hijo de Dios, el Espíritu Santo que nos lleva al entendimiento, conocimiento y práctica del Evangelio?

Miércoles de la 6a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 16,12-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.»

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismal 16, 13 (Les catéchèses, coll. Les pères dans la foi 53-54, Migne 1993),
“El Espíritu de la Verdad los introducirá en toda la verdad” (Jn 16,13)
Acerca del “espíritu” muchas cosas están escritas en las divinas Escrituras. A veces la ignorancia lleva a confusiones porque no se sabe bien de qué “espíritu” se trata en el texto de la Escritura. Por eso es bueno profundizar el conocimiento para saber de qué espíritu la Escritura afirma que es el Santo. (…) Muchas cosas son denominadas “espíritu”. El ángel es llamado espíritu, también nuestra alma, el viento que sopla, una gran virtud, (…) Mismo el demonio nuestro adversario es llamado espíritu. En presencia de las diversas acepciones, ten cuidado de no tomar una acepción por otra, a causa de la homonimia. La Escritura dice de nuestra alma: “El hombre es semejante a un soplo [espíritu], y sus días son como una sombre fugaz” (Sal 144,4) y también “formó el espíritu del hombre en su interior” (Za 12,1). En cuanto al viento [espíritu]: “como cuando el viento del desierto destroza las naves de Tarsis” (Sal 48,8) y “como se estremecen por el viento los árboles del bosque” (Is 7,2) y “el rayo, el granizo, la nieve, la bruma, y el viento huracanado que obedece a sus órdenes” (Sal 148,8). El Señor nos ofrece la buena enseñanza: “El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida” (Jn 6,63). Es decir, de naturaleza espiritual. El Santo Espíritu no habla con una lengua humana propia sino que nos acuerda hablar con sabiduría. Entonces, él mismo habla y asiste.

“Si me voy os enviaré el Paráclito, el Defensor

Martes de la 6a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 16,5-11.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’.
Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido.
Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré.
Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio.
El pecado está en no haber creído en mí.
La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán.
Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.»

San John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra

Sermón “Presencia espiritual de Cristo en la Iglesia” PPS, t. 6, n°10
“Si me voy os enviaré el Paráclito, el Defensor”
Cristo está verdaderamente con nosotros ahora, cualquiera que sea la manera. Él mismo lo dice: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20) (…) Podéis dar esta explicación: “Cristo volvió, pero en espíritu; es su Espíritu quien vino en su sitio, y cuando dijo que Cristo está con nosotros, esto significa solamente que su Espíritu está con nosotros”. Nadie, por cierto, puede negar que el Espíritu Santo vino; ¿pero por qué vino? ¿Para suplir la ausencia de Cristo o para cumplir su presencia? Ciertamente, para hacerlo presente. No imaginemos ni un momento que Dios, el Santo Espíritu pueda venir de tal modo que Dios, el Hijo quede a lo lejos. No, no vino con el fin de que Cristo no venga, sino mucho más bien con el fin de que Cristo pueda volver en su venida. Por el Santo Espíritu entramos en comunión con el Padre y el Hijo. (…) San Pablo escribe: “En Cristo somos integrados en la construcción para ser morada de Dios por Espíritu”, y “Que os conceda ser robustecidos por medio de su Espíritu, en vuestro hombre interior, con el fin de que Cristo viva en vuestros corazones por la fe” (Ef 2,22; 3,16s). El Espíritu Santo suscita y la fe acoge la presencia de Cristo en el corazón. Así pues, el Espíritu no ocupa el lugar de Cristo en el corazón, le asegura este sitio a Cristo. (…) El Espíritu Santo, pues, se digna venir a nosotros con el fin de que por su venida, Cristo pueda venir a nosotros, no material o visiblemente, pero entrando en nosotros. Y así es como está a la vez presente y ausente: ausente en cuanto que dejó la tierra, presente en cuanto a que no dejó al alma fiel. Como él mismo dice: “El mundo no me verá más, pero vosotros me veréis” (Jn 14,19).

Las palabras se las lleva el viento

Es feliz aquel que consigue aceptar aquello que no puede cambiar, bien porque ya pasó y el tiempo nunca retrocede, o porque simplemente no depende de él, sino de la voluntad y la libertad de los otros.

Soportar es sinónimo de resistir y todo lo que se resiste se convierte en enemigo. Por el contrario aceptar es dejar que las personas, cosas o situaciones sean lo que son, cuando se acepta algo, tal y como es, alcanzamos la paz, porque dejó de pelearme contra un imposible.

Sólo puedo cambiarme a mi mismo, en ocasiones mínimamente, a no ser que intervenga la Gracia de Dios, la única que puede hacerme criatura nueva por la acción del Espíritu Santo.

Las palabras se las lleva el viento, pero el el ejemplo prolongado, es el espejo donde los otros se miran, se cuestionan, y los lleva a actuar.

Les he dicho esto para que no se escandalicen.

Lunes de la 6a semana de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 15,26-27.16,1-4a.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Les he dicho esto para que no se escandalicen.
Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.
Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.»

San Pablo VI
papa 1963-1978

Exhortación apostólica «Evangelii nuntiandi », Editrice Vaticana
“Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de la verdad, … él dará testimonio sobre mí.”
“Gracias al apoyo del Espíritu Santo, la Iglesia crece”. El es el alma de esta Iglesia. El es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. El es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por El, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado.Las técnicas de evangelización son buenas, pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin El. Sin El, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin El, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor. Nosotros vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Espíritu. Por todas partes se trata de conocerlo mejor, tal como lo revela la Escritura. Uno se siente feliz de estar bajo su moción. Se hace asamblea en torno a El. Quiere dejarse conducir por El. Ahora bien, si el Espíritu de Dios ocupa un puesto eminente en la vida de la Iglesia, actúa todavía mucho más en su misión evangelizadora. No es una casualidad que el gran comienzo de la evangelización tuviera lugar la mañana de Pentecostés, bajo el soplo del Espíritu. Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización (…). Pero se puede decir igualmente que El es el término de la evangelización: solamente El suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana. A través de El, la evangelización penetra en los corazones, ya que El es quien hace discernir los signos de los tiempos —signos de Dios— que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia.

No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.

6o domingo de Pascua
El Evangelio del día
Evangelio según San Juan 14,15-21.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes:
el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él».

San Hilario (c. 315-367)
obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia

La Trinidad, 2, 31-35
“Yo pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”
“Dios es espíritu” dice el Señor a la Samaritana…; puesto que Dios es invisible, incomprensible e infinito, no está ni sobre un monte, ni en el templo en que Dios debe ser adorado (Jn 4, 21-24). “Dios es espíritu” y un espíritu no se puede circunscribir ni tener al alcance de la mano; por la misma fuerza de su poder, está en todas partes y no está ausente de ningún lugar; por sí mismo sobreabunda en todas las cosas. Por ello es preciso adorar en el Espíritu Santo al Dios que es espíritu…

El apóstol Pablo no quiere decir otra cosa cuando escribe: “El Señor es espíritu; y donde hay el Espíritu del Señor, hay libertad” (2C 3,17)… Que se acaben pues los argumentos de los que rechazan al Espíritu. El Espíritu Santo es uno, derramado por todas partes, iluminando a todos los patriarcas, los profetas y a todo el coro de aquellos que han participado en la redacción de la Ley. Fue él quien inspiró a Juan el Bautista ya desde el seno de su madre; fue, en fin, derramado sobre los apóstoles y todos los creyentes para que conozcan la verdad que les es dada gratuitamente.

¿Cuál es la acción del Espíritu en nosotros? Escuchemos las palabras del mismo Señor: “Tengo todavía muchas cosas por deciros, pero ahora no las podríais soportar. Os conviene que yo me vaya, porque si me voy os enviaré un defensor…, el Espíritu de la verdad que os hará conocer la verdad entera” (Jn 16,7-13)… En estas palabras se nos revelan tanto la voluntad del dador, como la naturaleza y el papel a desempeñar de aquel que nos va a dar. Porque nuestra flaqueza no nos permite conocer ni al Padre ni al Hijo; el misterio de la encarnación de Dios es difícil de comprender. El don del Espíritu Santo, que por su intercesión se hace nuestro aliado, nos ilumina…

Ahora bien, este don único que está en Cristo se nos ofrece a todos en plenitud. No falta en ninguna parte, pero se da a cada uno según la medida del deseo del que lo quiere recibir. Este Espíritu Santo permanece en nosotros hasta la consumación de los siglos, es nuestra consolación en la espera, nos es garantía de los bienes de la esperanza que ha de venir, es la luz de nuestros espíritus y el esplendor de nuestras almas.

No digas que crees en Dios, si no reconoces a Jesucristo como su hijo.

Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes

Jesús no nos engaña, es una característica que lo diferencia del resto de los hombres que antes o después, en algún periodo de la vida, se han servido de ella. En esto estamos advertidos sus discípulos y, por tanto, cuando los agnósticos, incrédulos o diferentes fanáticos de sectas o ideologías, tratan de aislarnos, perseguirnos o incluso matarnos, como ya ha sucedido y sigue sucediendo a causa de nuestra fe, es un riesgo que ya tenemos asumido, como también que en esos momentos como reza en otra parte del Evangelio Dios está con nosotros para sostenernos hasta alcanzar la meta de la salvación (No tengáis miedo yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo, Mateo 28, 20)
Seguir el evangelio y el resto de lecturas y los santos del día en el siguiente enlace:

https://evangeliodeldia.org/SP/gospel/2023-05-13

¿Cuál es el amor más grande?

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros

Este es el principal mandato de Jesús en el evangelio de hoy, él cual el mismo cumplió al pie de la letra, para que tomásemos ejemplo, dando la vida por nosotros. Ese desamor hacia el prójimo se puede ver muy bien reflejado en los pecados capitales, por lo cual hoy deberíamos preguntarnos que tal si reflexionando sobre ellos pasaríamos el mandato del amor de Jesús. Estos pecados a saber son: La soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza. Sin olvidar, por supuesto, el principal ataque hacia el amor, que es la falta de perdón y el rencor permanente.

Para más conocimiento sigue el enlace a las lecturas del día https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Para que vuestro gozo y el mío sea perfecto

Como dice el refrán popular, pedir peras al olmo es estar fuera de la realidad (un imposible), eso también nos puede suceder con Dios, pedimos su protección o que nos saque de los problemas sin atender a sus mandamientos o lo que es lo mismo sin renunciar al pecado. De ello nos habla el evangelio y las lecturas de hoy en el siguiente enlace: https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

Separados de mí, nada pueden hacer

La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos. Así concluye el evangelio de hoy, y como el mismos evangelio en otra parte señala, los frutos del Espíritu Santo son, a saber: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad. De tal modo que para saber si somos ese sarmiento cargado de fruto unido a la vid de Jesucristo, o ese otro seco y estéril que solo sirve para ser consumido por el fuego examinémonos hoy si los frutos anteriormente mencionados están presentes en nosotros en abundancia.

Sigue el enlace para profundizar en el evangelio y en las lecturas del día. https://evangeliodeldia.org/SP/gospel